Y mañana, el dinosaurio ya no estará allí
Después de más de una semana, termina el escrutinio en las elecciones gallegas con los votos de los emigrantes. Da vértigo tanta velocidad, si no fuera porque el sistema de recepción del correo electoral no gusta a nadie: urge una modernización. Aunque tarde, se están recontando los últimos votos y parece claro que el escaño 38, el que estaba pendiente en Pontevedra, no baila al son del PP. Touriño ya estará preparando el pacto con el BNG. Le toca a Fraga una jubilación forzosa, tras la pérdida del gobierno de la Xunta, que sus múltiples candidatos a sucederle en el partido tendrán que gestionar con la ayuda del paisano colocado al frente de la nave de la calle Génova. Más trabajo para Mariano, como si no tuviera bastante con el ‘fuego amigo’ de quienes preferían que la caída de Galicia en manos de ZP hubiera significado un tropiezo, quizás fatal, en su plan de Reconquista de la Moncloa. Hemos perdido Covadonga, le habrá dicho Fraga a Rajoy. Y siempre nos quedará el gusto de la ‘victoria moral’, especialidad del PP que no sabe igual sin las oportunas dosis de indignado pataleo, que en el ámbito futbolístico es denominado ‘teatro’, ante las supuestas malas artes del adversario. Menos peleas por lo pasado y más mirar hacia lo que viene. El dinosaurio ya no está y tenemos dos años por delante sin elecciones. O no, que dirá Rajoy pensando en un adelanto electoral que no haga demasiado larga la carrera de fondo también conocida por travesía del desierto.
