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	<title>Comments on: Humanismo cristiano</title>
	<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/</link>
	<description>Obsesiones cotidianas contadas sin acritud</description>
	<pubDate>Mon, 08 Sep 2008 16:37:18 +0000</pubDate>
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		<title>By: Berengario</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4572</link>
		<dc:creator>Berengario</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2004 12:09:30 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4572</guid>
		<description>En primer lugar, y atestiguado el nominalismo de la descripción, es necesario a mi entender realizar alguna precisión:

Si la expresión "humanismo cristiano" significa abrazar el conjunto de valores de una determinada confesión, aun solo en su vertiente pública,  se convierte en sectarismo en una sociedad que, no por acoger diversas creencias y sustratos (o adstratos) culturales, sino por la propia evolución de su pluralidad no debe ni puede identificarse con un sistema de pensamiento determinado, máxime tan dogmático como el de la Iglesia católica. 

Por otra parte, al optar, circunstancia no segura a día de hoy, por el calificativo "occidental" en lugar de "cristiano" no presenta una diferencia fundamental puesto que se sostiene que estos mismos valores occidentales, al menos los que han conformado el "humanismo" en cuanto base ideal e ideológica de la acción política, son los procedentes de la tradición evangélica. Por tanto únicamente los que se opongan a esta perspectiva antropológica no estimarán adecuada la novedad. Sin embargo en tal caso la realidad es que supone una identificación con postulados asumidos solo parcialmente por la sociedad, con lo cual quedan a descubierto las soflamas universalistas y la pretensión de incluir a todo el espectro de la ciudadanía, intrínseca a cualquier ambición de gobierno. De ahí la futilidad de plantear la modificación de una palabra desconociendo su verdadera función semántica: la de adoptar el acervo de la derecha moderada histórica sin someterse necesariamente aunque sin polemizar a servidumbres desfasadas.

En cuanto a la interesantísima discusión cristológica entablada aquí mi conocimiento dista de ser exhaustivamente sistemático, pero merece señalarse, a modo de apunte, que el cristianismo es en origen una religión apocalíptica, esto es, no sitúa su campo de acción en un mundo que estimaba próximo al fin. Algunas de las cartas de San Pablo son especialmente iluminadoras. En este marco el Cristo representa el fin del mundo. Más tarde por motivos obvio desplazado a la segunda venida o “Parusía”. Solo más tarde absorbe la idea de justicia terrena característica de la filosofía griega, y también de las grandes religiones orientales, que subordinan el exterior divino al interior humano. 

Consecuentemente la figura de Cristo cambia. No es la de terminar de una vez con los males temporales y salvar a los elegidos, que sólo se actualizará en el Juicio Final, sino la de, en la línea de diversos logia, sublimar la espiritualidad en su vertiente social, aun sin ejercitar daño, lo cual inhibe de plantear una resistencia violenta y facilitará a la postre su integración y triunfo en el orbe civil romano. Jesús pasa de cúlmen  a modelo de comportamiento. Y el Antiguo Testamento se reinterpreta según “el camino progresivo de salvación”, permitiendo la participación activa de los cristianos en un mundo asaz imperfecto y destinado a perecer en última instancia.

Esto ayuda a explicar el tono revolucionario de determinadas afirmaciones hechas desde la perfección de un mundo finito. Que luego se humanizan y tienden a las sucesivas aproximaciones hacia esa deseada conclusión.

También habría que diferenciar los sinópticos, que presentan a un hombre que gradualmente adquiere conciencia de su naturaleza y misión, del Evangelio joánico que narra la encarnación primigenia del Verbo, estableciendo en definitiva la inmanencia del Hijo desde siempre. Tan solo su manifestación en el mundo es contingente dentro de la Providencia histórica de Dios.

La afirmación de separación entre Iglesia y estado con la metáfora de la moneda del César no es, puesto que toda convivencia estaba enmarcada en el Estado, sino una apelación a la naturaleza extraña de las nuevas ideas con respecto a toda sociedad. No en vano nace con ella Occidente la espiritualidad, así como la salvación ulterior, individualista e introspectiva. Si hay que atribuir a la aportación igualitaria (ante Dios) una sensibilidad mayor con los sectores más desprotegidos del colectivo, forzosamente la idea heredada de tolerancia (no libertad) de la Antigüedad grecolatina supuso un acicate a la Ilustración protoliberal, sin que nos confundan sus referencias evangélicas, tan falsas o ciertas como el inmovilismo ultramontano fundamentado en textos de Trento.  No se buscaba la amoralidad, sino ser inmoral impunemente, lo que de todas formas ha llevado al relativismo, y desorientación, actual.

Finalmente el Estado de derecho mantiene la autoridad  de socializar actitudes, incluso las privadas y religiosas. Sus límites no impiden el ejercicio consciente y ordenado de constreñir la convivencia al bien común, volublemente interpretado pero que representa la  razón de su existencia. En cualquier caso la acción estatal, incluida la propia idea de la justicia, que persigue exclusivamente la coexistencia pacífica de múltiples individuos, no está interesada en desmontar toda creencia no sociópata, como fue el cristianismo, repitámoslo, en sus primeros momentos, si bien podría constituir tal cosa si niega ahora la legitimidad del Estado o promueve un sistema de valores alternativo. 

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		<content:encoded><![CDATA[<p>En primer lugar, y atestiguado el nominalismo de la descripción, es necesario a mi entender realizar alguna precisión:</p>
<p>Si la expresión &#8220;humanismo cristiano&#8221; significa abrazar el conjunto de valores de una determinada confesión, aun solo en su vertiente pública,  se convierte en sectarismo en una sociedad que, no por acoger diversas creencias y sustratos (o adstratos) culturales, sino por la propia evolución de su pluralidad no debe ni puede identificarse con un sistema de pensamiento determinado, máxime tan dogmático como el de la Iglesia católica. </p>
<p>Por otra parte, al optar, circunstancia no segura a día de hoy, por el calificativo &#8220;occidental&#8221; en lugar de &#8220;cristiano&#8221; no presenta una diferencia fundamental puesto que se sostiene que estos mismos valores occidentales, al menos los que han conformado el &#8220;humanismo&#8221; en cuanto base ideal e ideológica de la acción política, son los procedentes de la tradición evangélica. Por tanto únicamente los que se opongan a esta perspectiva antropológica no estimarán adecuada la novedad. Sin embargo en tal caso la realidad es que supone una identificación con postulados asumidos solo parcialmente por la sociedad, con lo cual quedan a descubierto las soflamas universalistas y la pretensión de incluir a todo el espectro de la ciudadanía, intrínseca a cualquier ambición de gobierno. De ahí la futilidad de plantear la modificación de una palabra desconociendo su verdadera función semántica: la de adoptar el acervo de la derecha moderada histórica sin someterse necesariamente aunque sin polemizar a servidumbres desfasadas.</p>
<p>En cuanto a la interesantísima discusión cristológica entablada aquí mi conocimiento dista de ser exhaustivamente sistemático, pero merece señalarse, a modo de apunte, que el cristianismo es en origen una religión apocalíptica, esto es, no sitúa su campo de acción en un mundo que estimaba próximo al fin. Algunas de las cartas de San Pablo son especialmente iluminadoras. En este marco el Cristo representa el fin del mundo. Más tarde por motivos obvio desplazado a la segunda venida o “Parusía”. Solo más tarde absorbe la idea de justicia terrena característica de la filosofía griega, y también de las grandes religiones orientales, que subordinan el exterior divino al interior humano. </p>
<p>Consecuentemente la figura de Cristo cambia. No es la de terminar de una vez con los males temporales y salvar a los elegidos, que sólo se actualizará en el Juicio Final, sino la de, en la línea de diversos logia, sublimar la espiritualidad en su vertiente social, aun sin ejercitar daño, lo cual inhibe de plantear una resistencia violenta y facilitará a la postre su integración y triunfo en el orbe civil romano. Jesús pasa de cúlmen  a modelo de comportamiento. Y el Antiguo Testamento se reinterpreta según “el camino progresivo de salvación”, permitiendo la participación activa de los cristianos en un mundo asaz imperfecto y destinado a perecer en última instancia.</p>
<p>Esto ayuda a explicar el tono revolucionario de determinadas afirmaciones hechas desde la perfección de un mundo finito. Que luego se humanizan y tienden a las sucesivas aproximaciones hacia esa deseada conclusión.</p>
<p>También habría que diferenciar los sinópticos, que presentan a un hombre que gradualmente adquiere conciencia de su naturaleza y misión, del Evangelio joánico que narra la encarnación primigenia del Verbo, estableciendo en definitiva la inmanencia del Hijo desde siempre. Tan solo su manifestación en el mundo es contingente dentro de la Providencia histórica de Dios.</p>
<p>La afirmación de separación entre Iglesia y estado con la metáfora de la moneda del César no es, puesto que toda convivencia estaba enmarcada en el Estado, sino una apelación a la naturaleza extraña de las nuevas ideas con respecto a toda sociedad. No en vano nace con ella Occidente la espiritualidad, así como la salvación ulterior, individualista e introspectiva. Si hay que atribuir a la aportación igualitaria (ante Dios) una sensibilidad mayor con los sectores más desprotegidos del colectivo, forzosamente la idea heredada de tolerancia (no libertad) de la Antigüedad grecolatina supuso un acicate a la Ilustración protoliberal, sin que nos confundan sus referencias evangélicas, tan falsas o ciertas como el inmovilismo ultramontano fundamentado en textos de Trento.  No se buscaba la amoralidad, sino ser inmoral impunemente, lo que de todas formas ha llevado al relativismo, y desorientación, actual.</p>
<p>Finalmente el Estado de derecho mantiene la autoridad  de socializar actitudes, incluso las privadas y religiosas. Sus límites no impiden el ejercicio consciente y ordenado de constreñir la convivencia al bien común, volublemente interpretado pero que representa la  razón de su existencia. En cualquier caso la acción estatal, incluida la propia idea de la justicia, que persigue exclusivamente la coexistencia pacífica de múltiples individuos, no está interesada en desmontar toda creencia no sociópata, como fue el cristianismo, repitámoslo, en sus primeros momentos, si bien podría constituir tal cosa si niega ahora la legitimidad del Estado o promueve un sistema de valores alternativo.</p>
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		<title>By: xy</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4571</link>
		<dc:creator>xy</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2004 10:17:36 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4571</guid>
		<description>"también algún que otro derecho, por ejemplo a opinar públicamente qué le parece el divorcio, el aborto, las políticas de justicia social, la guerra, etc."

completamente de acuerdo,la iglesia tiene derecho a expresarse pero cuando lo haga yo tengo derecho a criticar a la iglesia tambien.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;también algún que otro derecho, por ejemplo a opinar públicamente qué le parece el divorcio, el aborto, las políticas de justicia social, la guerra, etc.&#8221;</p>
<p>completamente de acuerdo,la iglesia tiene derecho a expresarse pero cuando lo haga yo tengo derecho a criticar a la iglesia tambien.</p>
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		<title>By: Pantagruel</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4570</link>
		<dc:creator>Pantagruel</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2004 08:18:02 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4570</guid>
		<description>Lamento contestarte a vuela pluma. Estos días ando muy liado y a penas puedo permitirme una intervención que reclamaría más claridad expositiva y un poco más de desarrollo pues toca puntos tan clave como la antropología cristiana y a la definición de la Iglesia como institución, comunidad de creyentes y continuadora de la misión de Pedro (que por cierto es el mismo que negó a Cristo tres veces, el mismo que a su muerte huyó fuera de Jerusalén y el mismo que en el primer concilio que recogen los Hechos tuvo una posición más bien vacilante respecto a los alimentos y a los gentiles)

No es porque hombre y Dios no sean lo mismo por lo que pueden unirse. Es porque se comprendían de forma separada por lo que se subraya y acentúa que a partir de "El hijo del Hombre" ambas no pueden comprenderse una sin la otra. El hombre tiene una naturaleza humana y divina, participa del amor de Dios y se une a él. Cierto que Cristo significa la máxima realización del ser humano para el creyente y por tanto es un Acontecimiento único, pero también implica que su llegada inaugura un tiempo distinto en que para el católico la separación hombre/dios ya no puede tener lugar. Por cierto, hay algunas opiniones casi heréticas para las que necesitaría más conocimientos de cristología de los que dispongo, pero no se puede afirmar que Jesús de Nazaret es Dios por decisión de Dios, al menos desde el catolicismo, o "Dios en tanto que es Dios, no en tanto que hombre". Tampoco puede decirse que Dios provoca una interrupción de lo contingente, una entrada de lo infinito en lo finito, pues Dios es también Dios de la Historia y por tanto se hace histórico en Cristo. El hombre no experimenta la presencia de Dios en tanto accede a la eternidad (eso se hace tras la resurrección) sino lo experimenta en su vida temporal, en su finitud.

Todos los hombres para el Cristianismo son iguales en relación a Dios. OK. Pero también por mandato de Jesús, porque su salvación es universal y porque su mandamiento de comunión es igualmente universal. No por un hermanamiento en la miseria. Tras el Advenimiento del Mesías el hombre no está en pecado, precisamente está ya arrojado a la Salvación. El hombre religado no es un mutilado, infantil o débil, sino que su madurez y plenitud las alcanza al abrirse a aquello que lo trasciende.

Sobre la definición de humanismo el problema está en la comprensión previa del propio término hombre. Para el creyente el hombre no puede definirse sin relación a su dimensión religiosa, ni para el cristiano puede definirse sin atender a Jesús y a Dios. Con lo que "el hombre únicamente existente en relación a la Humanidad" leído por un cristiano sigue siendo válido pues en la Humanidad está implícita la fe, la religión, y la historia de su relación con Dios desde Abraham hasta Jesús de Nazaret y más allá. No me parece pues que sean términos opuestos pues todo depende de la concepción antropológica que manejemos. 

Anyway, el término humanismo cristiano es vago. Se utiliza tanto como reclamo para acentuar una serie de valores compasivos (la atención asistencial a los pobres, la preocupación por la familia,...) como para cierto sector intelectual católico del que Aranguren y José Mª Valverde fueron las figuras por antonomasia. Un poco un cajón de sastre.

Algunos intérpretes hallan en la frase "dad al César lo que es del César..." una separación inicial de la esfera civil y de la esfera espiritual. Con lo que hay cierta base evangélica para defender la autonomía tanto de la organización ciudadana de su existencia como de la organización de la comunidad de creyentes. Igualmente, las polémicas de Jesús con los Levitas a propósito de la Ley invalidarían al cristianismo como base para montar un Estado de tipo teocrático. De hecho, la revolución sobre la concepción del Mesías del cristianismo es precisamente desvincularlo de la idea de un Soberano Triunfante, un nuevo David, y convertirlo en un líder espiritual que establece una nueva alianza Dios-Hombre. El problema, entonces, no es tanto la separación, como la tentación de la Iglesia de organizarse como un Estado y en última instancia ser ella misma El Estado, substituirlo. Por tanto, no estaríamos tanto ante un enfrentamiento entre dos centros que aspiran a ocupar la arena política compitiendo por la supremacía, como ante una Institución que ha procurado comerse esa arena ilegítimamente. Se debe pues limitar la ambición de la Iglesia a convertirse en una “Civitas Dei” que aniquilara a cualquier otra forma de ciudad. En síntesis, el problema es más bien la inclinación teocrática de la Iglesia, la tentación a la confusión trono-altar, etc. que a una competencia entre ambas esferas. Más bien, en los Evangelios existe suficiente material como para prevenirse de ella.

Por otro lado, en la configuración del Estado puede haber una tentación antireligiosa, como ejemplifica la prohibición del culto en las sociedades soviéticas. En este sentido, surge en el Estado una inclinación igualmente peligrosa para las relaciones Iglesia-Estado, la de afirmar un credo oficial, precisamente la ausencia de credos. De nuevo, la única respuesta posible es afirmar el límite del poder del Estado y alejarlo de pronunciarse a cerca de cuestiones de fe.

Existen algunas afirmaciones que basan tu discurso como la noción de Verdad revelada, el mandato de conversión y de predicación, incluso al pecado que quizás en sus implicaciones responden a los clichés de la mayor parte de creyentes y a la crítica a la religión ilustrada pero que han pasado a mejor vida en la teología cristiana actual. Hacia el final de tu discurso, igualmente, existen una serie de imprecisiones. Por ejemplo "El Estado de derecho se basa en la diversidad de fidelidades, es decir, no en la infidelidad sino en la ausencia de fidelidades". Más bien debería defenderse que el Estado de derecho se basa en la fidelidad a las leyes y en la neutralidad hacia todo aquello que no tiene que ver con las leyes, esto es, la religión. Pero esto necesitaría más elaboración.

Insisto, el conflicto Iglesia-Estado se debe a la existencia de dos tentaciones: la de la Iglesia por sustituir al poder político y convertir a la religión en mera productora de leyes; y la del Estado, por legislar sobre las creencias religiosas de sus ciudadanos. La primera, está anulada en el Evangelio, a pesar de como en muchas otras cosas el devenir histórico de la Iglesia Católica se lo haya saltado a la torera. Respecto al Estado, como bien señala José Carlos Rodríguez, debe contemplar a la Iglesia como una institución social sin más y evitar hacer pronunciamientos sobre lo que deben creer o no sus ciudadanos. Esa institución social tiene deberes pero también algún que otro derecho, por ejemplo a opinar públicamente qué le parece el divorcio, el aborto, las políticas de justicia social, la guerra, etc.

Por último, a mí me parece estupendo que el PP quite de sus estatutos la alusión al humanismo cristiano. Personalmente me parecía obscena la utilización que el PP ha hecho de la religión, tanto como obscenas me parecían las connivencias simoníacas de la Iglesia durante las últimas legislaturas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Lamento contestarte a vuela pluma. Estos días ando muy liado y a penas puedo permitirme una intervención que reclamaría más claridad expositiva y un poco más de desarrollo pues toca puntos tan clave como la antropología cristiana y a la definición de la Iglesia como institución, comunidad de creyentes y continuadora de la misión de Pedro (que por cierto es el mismo que negó a Cristo tres veces, el mismo que a su muerte huyó fuera de Jerusalén y el mismo que en el primer concilio que recogen los Hechos tuvo una posición más bien vacilante respecto a los alimentos y a los gentiles)</p>
<p>No es porque hombre y Dios no sean lo mismo por lo que pueden unirse. Es porque se comprendían de forma separada por lo que se subraya y acentúa que a partir de &#8220;El hijo del Hombre&#8221; ambas no pueden comprenderse una sin la otra. El hombre tiene una naturaleza humana y divina, participa del amor de Dios y se une a él. Cierto que Cristo significa la máxima realización del ser humano para el creyente y por tanto es un Acontecimiento único, pero también implica que su llegada inaugura un tiempo distinto en que para el católico la separación hombre/dios ya no puede tener lugar. Por cierto, hay algunas opiniones casi heréticas para las que necesitaría más conocimientos de cristología de los que dispongo, pero no se puede afirmar que Jesús de Nazaret es Dios por decisión de Dios, al menos desde el catolicismo, o &#8220;Dios en tanto que es Dios, no en tanto que hombre&#8221;. Tampoco puede decirse que Dios provoca una interrupción de lo contingente, una entrada de lo infinito en lo finito, pues Dios es también Dios de la Historia y por tanto se hace histórico en Cristo. El hombre no experimenta la presencia de Dios en tanto accede a la eternidad (eso se hace tras la resurrección) sino lo experimenta en su vida temporal, en su finitud.</p>
<p>Todos los hombres para el Cristianismo son iguales en relación a Dios. OK. Pero también por mandato de Jesús, porque su salvación es universal y porque su mandamiento de comunión es igualmente universal. No por un hermanamiento en la miseria. Tras el Advenimiento del Mesías el hombre no está en pecado, precisamente está ya arrojado a la Salvación. El hombre religado no es un mutilado, infantil o débil, sino que su madurez y plenitud las alcanza al abrirse a aquello que lo trasciende.</p>
<p>Sobre la definición de humanismo el problema está en la comprensión previa del propio término hombre. Para el creyente el hombre no puede definirse sin relación a su dimensión religiosa, ni para el cristiano puede definirse sin atender a Jesús y a Dios. Con lo que &#8220;el hombre únicamente existente en relación a la Humanidad&#8221; leído por un cristiano sigue siendo válido pues en la Humanidad está implícita la fe, la religión, y la historia de su relación con Dios desde Abraham hasta Jesús de Nazaret y más allá. No me parece pues que sean términos opuestos pues todo depende de la concepción antropológica que manejemos. </p>
<p>Anyway, el término humanismo cristiano es vago. Se utiliza tanto como reclamo para acentuar una serie de valores compasivos (la atención asistencial a los pobres, la preocupación por la familia,&#8230;) como para cierto sector intelectual católico del que Aranguren y José Mª Valverde fueron las figuras por antonomasia. Un poco un cajón de sastre.</p>
<p>Algunos intérpretes hallan en la frase &#8220;dad al César lo que es del César&#8230;&#8221; una separación inicial de la esfera civil y de la esfera espiritual. Con lo que hay cierta base evangélica para defender la autonomía tanto de la organización ciudadana de su existencia como de la organización de la comunidad de creyentes. Igualmente, las polémicas de Jesús con los Levitas a propósito de la Ley invalidarían al cristianismo como base para montar un Estado de tipo teocrático. De hecho, la revolución sobre la concepción del Mesías del cristianismo es precisamente desvincularlo de la idea de un Soberano Triunfante, un nuevo David, y convertirlo en un líder espiritual que establece una nueva alianza Dios-Hombre. El problema, entonces, no es tanto la separación, como la tentación de la Iglesia de organizarse como un Estado y en última instancia ser ella misma El Estado, substituirlo. Por tanto, no estaríamos tanto ante un enfrentamiento entre dos centros que aspiran a ocupar la arena política compitiendo por la supremacía, como ante una Institución que ha procurado comerse esa arena ilegítimamente. Se debe pues limitar la ambición de la Iglesia a convertirse en una “Civitas Dei” que aniquilara a cualquier otra forma de ciudad. En síntesis, el problema es más bien la inclinación teocrática de la Iglesia, la tentación a la confusión trono-altar, etc. que a una competencia entre ambas esferas. Más bien, en los Evangelios existe suficiente material como para prevenirse de ella.</p>
<p>Por otro lado, en la configuración del Estado puede haber una tentación antireligiosa, como ejemplifica la prohibición del culto en las sociedades soviéticas. En este sentido, surge en el Estado una inclinación igualmente peligrosa para las relaciones Iglesia-Estado, la de afirmar un credo oficial, precisamente la ausencia de credos. De nuevo, la única respuesta posible es afirmar el límite del poder del Estado y alejarlo de pronunciarse a cerca de cuestiones de fe.</p>
<p>Existen algunas afirmaciones que basan tu discurso como la noción de Verdad revelada, el mandato de conversión y de predicación, incluso al pecado que quizás en sus implicaciones responden a los clichés de la mayor parte de creyentes y a la crítica a la religión ilustrada pero que han pasado a mejor vida en la teología cristiana actual. Hacia el final de tu discurso, igualmente, existen una serie de imprecisiones. Por ejemplo &#8220;El Estado de derecho se basa en la diversidad de fidelidades, es decir, no en la infidelidad sino en la ausencia de fidelidades&#8221;. Más bien debería defenderse que el Estado de derecho se basa en la fidelidad a las leyes y en la neutralidad hacia todo aquello que no tiene que ver con las leyes, esto es, la religión. Pero esto necesitaría más elaboración.</p>
<p>Insisto, el conflicto Iglesia-Estado se debe a la existencia de dos tentaciones: la de la Iglesia por sustituir al poder político y convertir a la religión en mera productora de leyes; y la del Estado, por legislar sobre las creencias religiosas de sus ciudadanos. La primera, está anulada en el Evangelio, a pesar de como en muchas otras cosas el devenir histórico de la Iglesia Católica se lo haya saltado a la torera. Respecto al Estado, como bien señala José Carlos Rodríguez, debe contemplar a la Iglesia como una institución social sin más y evitar hacer pronunciamientos sobre lo que deben creer o no sus ciudadanos. Esa institución social tiene deberes pero también algún que otro derecho, por ejemplo a opinar públicamente qué le parece el divorcio, el aborto, las políticas de justicia social, la guerra, etc.</p>
<p>Por último, a mí me parece estupendo que el PP quite de sus estatutos la alusión al humanismo cristiano. Personalmente me parecía obscena la utilización que el PP ha hecho de la religión, tanto como obscenas me parecían las connivencias simoníacas de la Iglesia durante las últimas legislaturas.</p>
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	<item>
		<title>By: Juan Carlos I</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4569</link>
		<dc:creator>Juan Carlos I</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2004 07:19:08 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4569</guid>
		<description>Jejejejeje, ¿el humanismo cristiano? Que bueno, como nos queremos a nosotros mismos, humanismo cristiano, como el de mi tutor el tio Paco, ese si era un cristiano, aunque no se si humanista. Luego, cada vez que me reuno con los banqueros me doy cuenta de lo cristianos que son todos ( y humanistas, claro). Entre los yates de Mallorca, tambien hay mucho cristiano humanista...y por supuesto, yo tambien soy cristiano, si no seria muy dificil aceptar los chollos y los botines de la vida sin pensar "Soy cristiano y buen tipo". Estos buenos amigos de la banca, por poner solo un ejemplo, cuando pillan la libretilla y el lapicero y les sale la suma de que les sobran dos empresas que mejor harian en vender a piezas, no pueden por lo menos que pensar "soy cristiano y humanista, menos mal , porque si no seria un hijodeputa". Y es que nunca una hostia a la semana en la edad adulta ha rsultado tan util.Como decian antes "es justo y necesario".</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Jejejejeje, ¿el humanismo cristiano? Que bueno, como nos queremos a nosotros mismos, humanismo cristiano, como el de mi tutor el tio Paco, ese si era un cristiano, aunque no se si humanista. Luego, cada vez que me reuno con los banqueros me doy cuenta de lo cristianos que son todos ( y humanistas, claro). Entre los yates de Mallorca, tambien hay mucho cristiano humanista&#8230;y por supuesto, yo tambien soy cristiano, si no seria muy dificil aceptar los chollos y los botines de la vida sin pensar &#8220;Soy cristiano y buen tipo&#8221;. Estos buenos amigos de la banca, por poner solo un ejemplo, cuando pillan la libretilla y el lapicero y les sale la suma de que les sobran dos empresas que mejor harian en vender a piezas, no pueden por lo menos que pensar &#8220;soy cristiano y humanista, menos mal , porque si no seria un hijodeputa&#8221;. Y es que nunca una hostia a la semana en la edad adulta ha rsultado tan util.Como decian antes &#8220;es justo y necesario&#8221;.</p>
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	<item>
		<title>By: Scardanelli</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4568</link>
		<dc:creator>Scardanelli</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2004 00:32:44 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4568</guid>
		<description>Pantagruel, a partir de tus interesantes objeciones profundizaré un poco más en las ideas que simplemente había apuntado, aunque lamentablemente he de hacerlo con cierta premura. Disculpa, por tanto, las posibles imprecisiones.

En efecto, en el Catolicismo hombre y Dios van unidos, pero porque no son lo mismo es por lo que pueden unirse. Sin embargo, la cuestión es que en el Humanismo ya no es así porque ya no hay dios, sino tan sólo hombre. Es más, el hombre de la religión cristiana no es el Hombre en cuanto tal del Humanismo. El Hombre-Dios es uno muy específico. Tanto es así que incluso tiene una biografía que es exactamente ésa que se cuenta en el Libro y no otra. Tiene su historia, una historia particular que, absurdamente, remedia todas las historias, las pasadas y las por venir, al vincularlas, de hecho o de derecho, a ella. En principio podría haber servido cualquier hombre, aunque no "todo hombre", pero una vez que el Acontecimiento tiene lugar y fecha ya no sirve cualquiera. Sólo el hombre Jesús de Nazaret es Dios. Es Dios en tanto que es Dios, tautológicamente, no en tanto que hombre. El centro del sistema cristiano no es la humanidad del hombre natural, como ocurre en el Humanismo, sino el dios sobrenatural que lo puede todo, que puede incluso morir tras hacerse mortal. Jesús es Dios por una decisión muy concreta, histórica, pero por una incomprensible decisión DE DIOS, que decide irrumpir en la dimensión de lo contigente, que decide hacer contingente, temporal, lo que es necesario y eterno. Esta infinitud-finita, este más allá que de repente está más acá, es el absurdo, el milagro, en que se basa el Cristianismo, absurdo inaceptable por el Humanismo porque lo imposible es inexplicable, pero que precisamente para la religión debe seguir siendo un sin sentido para tener sentido religioso.

Para el cristianismo todos los hombres son iguales, pero lo son simplemente EN RELACIÓN A DIOS, porque Dios es soberano, todopoderoso, y frente a Él todo hombre es igualmente impotente, tan mísero como cualquier otro hombre. Frente a Dios, o bajo Dios, los hombres son idénticos en vanidad. Es un hermanamiento en la miseria. El hombre, al nacer, cae a lo temporal, se ve arrojado a la tierra de la cual han huido los dioses, y, tras ligarse a lo eterno, es salvado de la miseria por el arbitrio del cielo, donde se ha refugiado lo divino, al morir. Por eso se precisa la religión, la renovación del ligamiento que une al hombre con Dios, el retorno a la dependencia de esta nada que es el hombre mientras anda a solas, independiente, con el todo que es el Dios absoluto y criador. Sólo así el hombre vale la pena. Pero aun en el caso de que la criatura se salve y se valide, el hombre no es entendido nunca en tanto hombre, como hace el Humanismo, sino en tanto criatura del criador, en tanto producto de Dios, en tanto hijo del Padre. Si se suprime a Dios desaparece la relación en la cual el hombre tiene sentido y, con ella, el hombre mismo, que se vuelve inhumano. El hombre del Humanismo es el hombre inhumano del Cristianismo porque es el hombre abstracto, desconectado, es decir, el pecador, el que desoye la voluntad de Dios hasta el punto de que ni siquiera sabe que puede oírla. El hombre del Cristianismo, en cambio, es el hombre inhumano del Humanismo, porque es el niño, el falto de razón, el inmaduro, el servidor, es decir, el hombre que aún no se ha hecho hombre sin más, el hombre que, por ser dependiente, no ha actualizado toda la dignidad humana posible, que tan sólo es ejecutable tras desprenderse de todo accesorio, de lo que no sea la propia esencia humana. Por todo lo anterior, la Religión, y entiendo por tal cosa únicamente lo que se suele llamar "religión monoteísta", va unida conceptualmente a la Monarquía, incluyendo dentro de dicho término a la tiranía. En cambio, al Estado de derecho liberal o República democrática le acompaña la doctrina humanista, basada en el individuo abstracto y libre, el hombre únicamente existente en relación a la Humanidad. En la Monarquía el soberano es representante de Dios en la tierra, al igual que lo es el Papa, soberano de la Iglesia. Ambas son instituciones jerárquicas y reciben su validez de Dios. Sin suponer a Dios no hay justificación necesaria de la Monarquía ni de la Iglesia. En la República democrática el poder de cada hombre se supone cedido al Estado, que representa la encarnación política de la voluntad popular. El soberano es el Pueblo, entendido como unión de los hombres en un solo hombre que sostiene y que trasciende a cada hombre particular. El Pueblo es, dentro de una comunidad política, el representante del Hombre común arrancado de sus comunidades, de igual manera que el Humanismo supone a la Humanidad, a la comunidad de todos los hombres arrancados de sus pueblos, como representante del Hombre. Como se ve, Humanismo y Cristianismo coinciden, pues, en creer en un ser supremo, en un sostén único y trascendente, en relación al cual se sitúan el resto de seres, que serán iguales mientras dure dicha relación.

Respecto a la separación Iglesia-Estado o Monarquía-República, o, si se quiere, respecto a la negación por parte del Estado de derecho de cualquier creencia vinculante, no me refería a la objeción de conciencia privada del creyente, pues en tal caso la religión ya ha dejado de funcionar como religión, como fe pública de una comunidad de adeptos, convirtiéndose en moral individual. En tal caso habría una confrontación de pareceres en el interior de una determinada creencia vinculante, confrontación en la que un individuo, o toda la comunidad de adeptos, defendería que su sistema ético está por encima del sistema político. Es decir, que defenderían que su dios, reducido a mero valor, es un valor moral superior. Pero la religión no es una ética privada ni trata de valores, sino de verdades reveladas en las que, si Dios quiere, se cree, se las reconoce como Verdad porque son verdades reveladas por el único ser supremo. El intento de persuasión general por parte de la comunidad cristiana, e incluso la posible aprobación de sus opiniones por toda la comunidad política, tiene lugar según leyes no cristianas, en términos de defensa de intereses de un grupo de presión en esencia idéntico a cualquier otro. El Estado de derecho permite al catolicismo que predique que solamente el catolicismo es la religión verdadera y que, por tanto, ha de ser extendida, como su nombre indica, universalmente. Tolera que el católico diga en público los dogmas católicos que desee, pero no le da permiso para que actúe como católico consecuente. Si la Iglesia intentara hacer efectivo el dogma, que es dogma universal, chocaría con la oposición estatal. El mensaje de Dios consiste en salvar al pagano, en rescatar al infiel de su mentira. Creer el mensaje es a su vez devenir mensajero. Quien cree, pero no extiende la creencia es tan pecador como el que más. Y quien tiene dos fidelidades es un infiel, porque mientras es fiel a una es infiel a otra. Esto es aceptable por el Estado democrático pero no por el Cristianismo. El Estado de derecho se basa en la diversidad de fidelidades, es decir, no en la infidelidad sino en la ausencia de fidelidades. Pero la Religión consiste en la fidelidad a Dios. Dividir la fidelidad es ser infiel a Dios, ser un pecador. Aceptar el Estado de derecho, es decir, la ausencia de fidelidad, es la máxima desobediencia a Dios, que exige máxima fidelidad a su voluntad, a la verdad única e irreductible. El Estado reduce toda verdad única e irreductible a opinión sustituible y diversa. Es decir, niega a Dios. La idea de tolerancia religiosa no es, para el cristianismo, una opinión, sino un error. Si triunfa el Cristianismo, termina el Estado de derecho, porque debe imponer obediencia a Dios. Y si triunfa el Estado de derecho, acaba el Cristianismo, porque debe imponer desobediencia a Dios.

Resumiendo, un Estado de derecho consecuente sólo admite el cristianismo inconsecuente, es decir, sin consecuencias. Tolera la opinión cristiana, como tolera la opinión más subversiva, pero no su acción. Tolera al "cristiano no practicante" como tolera al "comunista no practicante". Ahora bien, ¿un cristianismo inactivo, pasivo, es cristianismo? El "cristiano" de un Estado de derecho que no hace el cristiano, ¿qué es sino un simple portador de ideas, un ciudadano que tiene la forma universal de ciudadano y que sólo se diferencia del resto por llenar esa forma común de un contenido cristiano? ¿Acaso no es un no cristiano, un falso cristiano, mera apariencia? En un Estado de derecho nadie puede ser cristiano, como nadie puede ser comunista, anarquista, fascista o musulmán. Tan sólo se puede ser demócrata, liberal, humanista y, sobre esta identidad imprescindible, ser portador de cualquier idea reducida a opinión. Hay que actuar de una forma determinada, pero se puede pensar sin determinaciones. Obviamente, dentro de esa forma de actuar determinada cabe una amplia libertad de actuación, pero siempre dentro de SUS límites. De aquí procede la confusión de quienes creen que dentro de la República democrática se puede ser otra cosa que ciudadano. La forma liberal admite, dentro de sí, algunos contenidos cristianos, pero, en caso de llenarla así, la actuación no sería cristiana sino completamente liberal, pues liberal es precisamente eso, llenar esa forma con unos u otros de esos contenidos legítimos. Mientras la idea que se piensa no se hace ley pública, no hay encarnaciones de la idea, sino simples pensamientos de ideas. En democracia el Cristianismo muere porque se queda en idea estéril y los cristianos en pensadores pasivos.

Humildemente,
Scardanelli.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Pantagruel, a partir de tus interesantes objeciones profundizaré un poco más en las ideas que simplemente había apuntado, aunque lamentablemente he de hacerlo con cierta premura. Disculpa, por tanto, las posibles imprecisiones.</p>
<p>En efecto, en el Catolicismo hombre y Dios van unidos, pero porque no son lo mismo es por lo que pueden unirse. Sin embargo, la cuestión es que en el Humanismo ya no es así porque ya no hay dios, sino tan sólo hombre. Es más, el hombre de la religión cristiana no es el Hombre en cuanto tal del Humanismo. El Hombre-Dios es uno muy específico. Tanto es así que incluso tiene una biografía que es exactamente ésa que se cuenta en el Libro y no otra. Tiene su historia, una historia particular que, absurdamente, remedia todas las historias, las pasadas y las por venir, al vincularlas, de hecho o de derecho, a ella. En principio podría haber servido cualquier hombre, aunque no &#8220;todo hombre&#8221;, pero una vez que el Acontecimiento tiene lugar y fecha ya no sirve cualquiera. Sólo el hombre Jesús de Nazaret es Dios. Es Dios en tanto que es Dios, tautológicamente, no en tanto que hombre. El centro del sistema cristiano no es la humanidad del hombre natural, como ocurre en el Humanismo, sino el dios sobrenatural que lo puede todo, que puede incluso morir tras hacerse mortal. Jesús es Dios por una decisión muy concreta, histórica, pero por una incomprensible decisión DE DIOS, que decide irrumpir en la dimensión de lo contigente, que decide hacer contingente, temporal, lo que es necesario y eterno. Esta infinitud-finita, este más allá que de repente está más acá, es el absurdo, el milagro, en que se basa el Cristianismo, absurdo inaceptable por el Humanismo porque lo imposible es inexplicable, pero que precisamente para la religión debe seguir siendo un sin sentido para tener sentido religioso.</p>
<p>Para el cristianismo todos los hombres son iguales, pero lo son simplemente EN RELACIÓN A DIOS, porque Dios es soberano, todopoderoso, y frente a Él todo hombre es igualmente impotente, tan mísero como cualquier otro hombre. Frente a Dios, o bajo Dios, los hombres son idénticos en vanidad. Es un hermanamiento en la miseria. El hombre, al nacer, cae a lo temporal, se ve arrojado a la tierra de la cual han huido los dioses, y, tras ligarse a lo eterno, es salvado de la miseria por el arbitrio del cielo, donde se ha refugiado lo divino, al morir. Por eso se precisa la religión, la renovación del ligamiento que une al hombre con Dios, el retorno a la dependencia de esta nada que es el hombre mientras anda a solas, independiente, con el todo que es el Dios absoluto y criador. Sólo así el hombre vale la pena. Pero aun en el caso de que la criatura se salve y se valide, el hombre no es entendido nunca en tanto hombre, como hace el Humanismo, sino en tanto criatura del criador, en tanto producto de Dios, en tanto hijo del Padre. Si se suprime a Dios desaparece la relación en la cual el hombre tiene sentido y, con ella, el hombre mismo, que se vuelve inhumano. El hombre del Humanismo es el hombre inhumano del Cristianismo porque es el hombre abstracto, desconectado, es decir, el pecador, el que desoye la voluntad de Dios hasta el punto de que ni siquiera sabe que puede oírla. El hombre del Cristianismo, en cambio, es el hombre inhumano del Humanismo, porque es el niño, el falto de razón, el inmaduro, el servidor, es decir, el hombre que aún no se ha hecho hombre sin más, el hombre que, por ser dependiente, no ha actualizado toda la dignidad humana posible, que tan sólo es ejecutable tras desprenderse de todo accesorio, de lo que no sea la propia esencia humana. Por todo lo anterior, la Religión, y entiendo por tal cosa únicamente lo que se suele llamar &#8220;religión monoteísta&#8221;, va unida conceptualmente a la Monarquía, incluyendo dentro de dicho término a la tiranía. En cambio, al Estado de derecho liberal o República democrática le acompaña la doctrina humanista, basada en el individuo abstracto y libre, el hombre únicamente existente en relación a la Humanidad. En la Monarquía el soberano es representante de Dios en la tierra, al igual que lo es el Papa, soberano de la Iglesia. Ambas son instituciones jerárquicas y reciben su validez de Dios. Sin suponer a Dios no hay justificación necesaria de la Monarquía ni de la Iglesia. En la República democrática el poder de cada hombre se supone cedido al Estado, que representa la encarnación política de la voluntad popular. El soberano es el Pueblo, entendido como unión de los hombres en un solo hombre que sostiene y que trasciende a cada hombre particular. El Pueblo es, dentro de una comunidad política, el representante del Hombre común arrancado de sus comunidades, de igual manera que el Humanismo supone a la Humanidad, a la comunidad de todos los hombres arrancados de sus pueblos, como representante del Hombre. Como se ve, Humanismo y Cristianismo coinciden, pues, en creer en un ser supremo, en un sostén único y trascendente, en relación al cual se sitúan el resto de seres, que serán iguales mientras dure dicha relación.</p>
<p>Respecto a la separación Iglesia-Estado o Monarquía-República, o, si se quiere, respecto a la negación por parte del Estado de derecho de cualquier creencia vinculante, no me refería a la objeción de conciencia privada del creyente, pues en tal caso la religión ya ha dejado de funcionar como religión, como fe pública de una comunidad de adeptos, convirtiéndose en moral individual. En tal caso habría una confrontación de pareceres en el interior de una determinada creencia vinculante, confrontación en la que un individuo, o toda la comunidad de adeptos, defendería que su sistema ético está por encima del sistema político. Es decir, que defenderían que su dios, reducido a mero valor, es un valor moral superior. Pero la religión no es una ética privada ni trata de valores, sino de verdades reveladas en las que, si Dios quiere, se cree, se las reconoce como Verdad porque son verdades reveladas por el único ser supremo. El intento de persuasión general por parte de la comunidad cristiana, e incluso la posible aprobación de sus opiniones por toda la comunidad política, tiene lugar según leyes no cristianas, en términos de defensa de intereses de un grupo de presión en esencia idéntico a cualquier otro. El Estado de derecho permite al catolicismo que predique que solamente el catolicismo es la religión verdadera y que, por tanto, ha de ser extendida, como su nombre indica, universalmente. Tolera que el católico diga en público los dogmas católicos que desee, pero no le da permiso para que actúe como católico consecuente. Si la Iglesia intentara hacer efectivo el dogma, que es dogma universal, chocaría con la oposición estatal. El mensaje de Dios consiste en salvar al pagano, en rescatar al infiel de su mentira. Creer el mensaje es a su vez devenir mensajero. Quien cree, pero no extiende la creencia es tan pecador como el que más. Y quien tiene dos fidelidades es un infiel, porque mientras es fiel a una es infiel a otra. Esto es aceptable por el Estado democrático pero no por el Cristianismo. El Estado de derecho se basa en la diversidad de fidelidades, es decir, no en la infidelidad sino en la ausencia de fidelidades. Pero la Religión consiste en la fidelidad a Dios. Dividir la fidelidad es ser infiel a Dios, ser un pecador. Aceptar el Estado de derecho, es decir, la ausencia de fidelidad, es la máxima desobediencia a Dios, que exige máxima fidelidad a su voluntad, a la verdad única e irreductible. El Estado reduce toda verdad única e irreductible a opinión sustituible y diversa. Es decir, niega a Dios. La idea de tolerancia religiosa no es, para el cristianismo, una opinión, sino un error. Si triunfa el Cristianismo, termina el Estado de derecho, porque debe imponer obediencia a Dios. Y si triunfa el Estado de derecho, acaba el Cristianismo, porque debe imponer desobediencia a Dios.</p>
<p>Resumiendo, un Estado de derecho consecuente sólo admite el cristianismo inconsecuente, es decir, sin consecuencias. Tolera la opinión cristiana, como tolera la opinión más subversiva, pero no su acción. Tolera al &#8220;cristiano no practicante&#8221; como tolera al &#8220;comunista no practicante&#8221;. Ahora bien, ¿un cristianismo inactivo, pasivo, es cristianismo? El &#8220;cristiano&#8221; de un Estado de derecho que no hace el cristiano, ¿qué es sino un simple portador de ideas, un ciudadano que tiene la forma universal de ciudadano y que sólo se diferencia del resto por llenar esa forma común de un contenido cristiano? ¿Acaso no es un no cristiano, un falso cristiano, mera apariencia? En un Estado de derecho nadie puede ser cristiano, como nadie puede ser comunista, anarquista, fascista o musulmán. Tan sólo se puede ser demócrata, liberal, humanista y, sobre esta identidad imprescindible, ser portador de cualquier idea reducida a opinión. Hay que actuar de una forma determinada, pero se puede pensar sin determinaciones. Obviamente, dentro de esa forma de actuar determinada cabe una amplia libertad de actuación, pero siempre dentro de SUS límites. De aquí procede la confusión de quienes creen que dentro de la República democrática se puede ser otra cosa que ciudadano. La forma liberal admite, dentro de sí, algunos contenidos cristianos, pero, en caso de llenarla así, la actuación no sería cristiana sino completamente liberal, pues liberal es precisamente eso, llenar esa forma con unos u otros de esos contenidos legítimos. Mientras la idea que se piensa no se hace ley pública, no hay encarnaciones de la idea, sino simples pensamientos de ideas. En democracia el Cristianismo muere porque se queda en idea estéril y los cristianos en pensadores pasivos.</p>
<p>Humildemente,<br />
Scardanelli.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>By: hayek</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4567</link>
		<dc:creator>hayek</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Sep 2004 21:10:58 +0000</pubDate>
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		<description>El marxismo no es "humanista" es una doctrina que despoja a los hombres de toda su humanidad; como cualquier otro colectivismol</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El marxismo no es &#8220;humanista&#8221; es una doctrina que despoja a los hombres de toda su humanidad; como cualquier otro colectivismol</p>
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		<title>By: Ictineo</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4566</link>
		<dc:creator>Ictineo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Sep 2004 19:58:56 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4566</guid>
		<description>Por si no tenía gracia: Que conste que yo apunto a Lukacs en la interpretación del "joven Marx" como una de las formas de humanismo. Es que me veo venir a Scardanelli repartiendo yoyhas de correción como panes.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Por si no tenía gracia: Que conste que yo apunto a Lukacs en la interpretación del &#8220;joven Marx&#8221; como una de las formas de humanismo. Es que me veo venir a Scardanelli repartiendo yoyhas de correción como panes.</p>
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	<item>
		<title>By: Ictineo</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4565</link>
		<dc:creator>Ictineo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Sep 2004 19:48:19 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4565</guid>
		<description>Secundo a Savonarola cuando dice que los terminos en los que se define el pensamiento ligado al "humanismo cristiano" reclamado por el PP hasta hoy están suficientemente determinados por el cuerpo teórico y práctico surgido del Concilio Vaticano II.
Desde luego que el PP es más que honesto cuando, al igual que el PSOE hizo en su día, se deshace de una referencia ideológica tan poco ligada a su inmediato discurso (y acción) política.
Pero como parto de la perversa premisa de que los partidos políticos no hacen anuncios públicos para demostrar su honestidad intrínseca sino con la saludable intención de aumentar su número de potenciales votantes, me atrevo a sugerir una interpretación para la necesidad de substituir el precedente concepto y aludir a un vago "humanismo de tradición occidental":

LOS MARXISTAS ATEOS TAMBIÉN SON BIENVENIDOS.

Tomo nota. Ya tengo alternativa al PCPE en las próxima becerrada.

Salud camaradas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Secundo a Savonarola cuando dice que los terminos en los que se define el pensamiento ligado al &#8220;humanismo cristiano&#8221; reclamado por el PP hasta hoy están suficientemente determinados por el cuerpo teórico y práctico surgido del Concilio Vaticano II.<br />
Desde luego que el PP es más que honesto cuando, al igual que el PSOE hizo en su día, se deshace de una referencia ideológica tan poco ligada a su inmediato discurso (y acción) política.<br />
Pero como parto de la perversa premisa de que los partidos políticos no hacen anuncios públicos para demostrar su honestidad intrínseca sino con la saludable intención de aumentar su número de potenciales votantes, me atrevo a sugerir una interpretación para la necesidad de substituir el precedente concepto y aludir a un vago &#8220;humanismo de tradición occidental&#8221;:</p>
<p>LOS MARXISTAS ATEOS TAMBIÉN SON BIENVENIDOS.</p>
<p>Tomo nota. Ya tengo alternativa al PCPE en las próxima becerrada.</p>
<p>Salud camaradas.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>By: José Carlos Rodríguez</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4564</link>
		<dc:creator>José Carlos Rodríguez</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Sep 2004 18:46:16 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4564</guid>
		<description>David, me refería al comentario de Ernesto de Hang over. Debería haberlo especificado.


Por otro lado, y sobre el anticlericalismo. Coincido con el laicismo del Estado. Es decir. La Iglesia, como institución social privada, debería no recibir ninguna ayuda por parte del Estado. Pero tampoco ninguna persecución.

Lo que es válido para la Iglesia, lo es para otras instituciones que están abundante y escandalosamente financiadas por el Estado: los sindicatos y las organizaciones empresariales. Y lo mismo hay que decir de infinidad de instituciones privadas.

Luego si nos acogemos al liberalismo para la Iglesia Católica (y es mi caso) deberemos aplicarlo por igual a cualquier otra institución.



Un saludo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>David, me refería al comentario de Ernesto de Hang over. Debería haberlo especificado.</p>
<p>Por otro lado, y sobre el anticlericalismo. Coincido con el laicismo del Estado. Es decir. La Iglesia, como institución social privada, debería no recibir ninguna ayuda por parte del Estado. Pero tampoco ninguna persecución.</p>
<p>Lo que es válido para la Iglesia, lo es para otras instituciones que están abundante y escandalosamente financiadas por el Estado: los sindicatos y las organizaciones empresariales. Y lo mismo hay que decir de infinidad de instituciones privadas.</p>
<p>Luego si nos acogemos al liberalismo para la Iglesia Católica (y es mi caso) deberemos aplicarlo por igual a cualquier otra institución.</p>
<p>Un saludo.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>By: JM</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4563</link>
		<dc:creator>JM</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Sep 2004 17:27:11 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.lapaginadefinitiva.com/weblogs/iwasaki/2004/09/21/humanismo-cristiano/#comment-4563</guid>
		<description>Este Hayek !!
Cada vez que va al servicio deja algo de masa cerebral en el papel !!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Este Hayek !!<br />
Cada vez que va al servicio deja algo de masa cerebral en el papel !!</p>
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	</item>
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