Paseo por la blogosfera (4)
Como suele ser habitual en los posts publicados bajo este epígrafe, voy a sugerir un recorrido por la blogosfera. La primera etapa del paseo de las cinco que van a continuación es un comentario sobre la sindicación de contenidos RSS. “¿Erre-ese-qué?” es justamente lo que un servidor respondía hasta hace poco cuando escuchaba algo sobre RSS. La semana pasada descubrí Bloglines, que es la aplicación más utilizada para esto del RSS, y me enteré por fin de cuál es el funcionamiento de esta forma de navegar. Sindicar contenidos y poder estar al tanto de las actualizaciones de los distintos weblogs que sueles visitar tiene ventajas inmensas. Tantas que recién me empiezo a manejar con Bloglines, ya estoy demandando que todos los blogs y, sobre todo, los medios digitales se apunten al RSS para ahorrarme el tiempo que se pierde en visitas inútiles.
1. En Error500: «La sindicación de contenidos en formatos estándares (ya sea RSS, RDF o Atom) sigue poco en su vía de modificar el modo de navegar que teníamos hasta ahora. Se acabó eso de ir página tras página de los favoritos para comprobar si se han actualizado, ahora se dispone de un software (agregador) que contrasta si se han modificado y nos informa. El último que se ha subido al carro de los agregadores (software que realiza esta función) es Yahoo que ya está a punto de poner en producción esta opción a través de My Yahoo». «El avance imparable del RSS».
2. Los dos periódicos de mayor tirada en España se han lanzado a vender enciclopedias a sus lectores. El sentido que tienen todas estas promociones puestas en marcha por la prensa diaria es analizado por José Cervera en Perogrullo: «Si la inversión se concentra (como está sucediendo) en comprar audiencia, no se invierte en el negocio principal (obtener, procesar y distribuir información). La calidad del producto baja. Además, el control de la empresa pasa a la rama de los gerentes, honorabilísimos personajes de importante misión pero que tienden a ver el mundo en términos de promociones de marketing; porque eso sí lo entienden. De modo que cuando hay que recortar, se recorta en la redacción, o en Internet. Lo cual agrava el problema inicial, puesto que no importa lo que digan los ejecutivos periodísticos, la gente no es idiota y sí se da cuanta cuando la calidad de un medio disminuye». «¿Estamos a setas, o estamos a rolex?».
3. Daniel L. Salort escribe en Blogs Idesapiens sobre el filósofo italiano Bobbio: «Tirios y troyanos aplaudieron y rechazaron a Norberto Bobbio, uno de los pensadores y filósofos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y fallecido esta semana. Cuando unos se regocijaban por las críticas a los otros recibían a su vez las propias. Es decir: pensador liberal sí, pero con negaciones demasiado fuertes al liberalismo como para que fueran aceptadas. Socialista sí, pero con negaciones demasiado fuertes que el marxismo nunca pudo digerir. Demócrata sí, pero con negaciones demasiado fuertes que a los gobiernos con triunfos electorales siempre les pareció fuera de lugar. Y de la jerarquía católica ni hablar». «Norberto Bobbio: ¿Eclecticismo?».
4. Se está celebrando en Huesca el Congreso de Periodismo Digital y Antonio Delgado ha dedicado una serie de posts en Caspa tv a analizar las ponencias dedicadas a los weblogs. Implacable es, como no podía ser de otra manera, la crítica que hace a algunas de ellas. Por ejemplo: «El objetivo de la ponencia, como su nombre bien indica, trata de hacer una distinción, fijándose en sus características principales, entre el fenómeno de los weblogs y los medios digitales. Durante 11 páginas nos encontramos con argumentaciones erradas, sin fundamento, mil veces rebatidas y que llega al climax con las conclusiones finales, que se acompaña a modo de tabla». Los comentarios a esa tabla y al resto de ponencias en Weblogs en el V Congreso de Periodismo Digital (I), (II), (III), (IV) y (V). [Y el último de la serie sobre la mesa redonda y la repercusión en la prensa: (y VI)]
5. Sobre un programa de investigación llamado Haarp, en Alaska, parece que hay más rumores que información. En Oficina de Objetos Perdidos, jose escribe: «Fenómenos como el recalentamiento del planeta, las olas de calor que lo invaden durante los últimos años, tantos huracanes, tormentas, inundaciones, movimientos sísmicos han sido explicados públicamente y a la perfección por la ciencia establecida, esgrimiendo argumentos absolutamente plausibles. Y no los pongo yo en duda porque no soy quién, pero es que existen posiciones oficiales en contra de Haarp: “La eurodiputada sueca Maj Britt Theorin ha liderado en la UE un sector que consiguió que en 1998 la Comunidad estudiase el programa. El resultado se publicó al año siguiente y afirmaba que “pese a los convenios existentes, la investigación militar sigue basándose en la manipulación medioambiental como arma”». «La nueva caja de Pandora».
Diccionario: Frivolidad
(Nuevas entradas del Diccionario Políticamente Incorrecto: incorrecciones animadas de ayer y hoy… de ésas que tanto nos gustan a la gente de orden)
- Broma: Dícese, en el contexto adecuado, del programa electoral del adversario político. Ser una broma es lo más que se le permite ser al conjunto de ocurrencias que el principal partido de la oposición presenta para perder las elecciones. Al existir una claridad manifiesta acerca de qué candidato ha mostrado mejores credenciales centristas para alcanzar la presidencia del gobierno, y habida cuenta de que los otros sólo llegan al poder con el apoyo de los enemigos de la patria, las propuestas que dicen presentar en serio quienes andan desorientados desde la caída del muro de Berín no merecen ni ser tomadas en consideración. A ver si asumen primero quién es el ganador aquí y después ya veremos si les dejamos debatir esas ideas de broma que defienden. Sinónimos de ‘broma’ son también ‘despropósito’, ‘inconstitucional’ y ‘peligro para la unidad, la estabilidad, la libertad y unas cuantas cosas más que terminan en -ad’.
- Frivolidad: Cualidad de todos los planteamientos disparatados que el circo que tienen montado los desleales al gobierno difunde malintencionadamente para distraer la atención del pueblo soberano. Aplicable a cualquier proyecto que, deslizándose por su propia irresponsabilidad, se aleja de la quintaesencia reformista para acercarse a las ideas de los izquierdosos rompepatrias. Los frívolos tienden a no tomarse en serio los problemas que preocupan a la gente de bien, de ahí la ligereza con que ponen en riesgo mediante propuestas temerarias los logros de los líderes firmes y con convicciones que nos gobiernan. La frivolidad es igualmente reconocida por la insolvencia con que políticos radicales, y de los que no se puede fiar uno, se atreven incluso a ¡presentarse a las elecciones! Habrase visto semejante atrevimiento: ¿acaso hay alternativa a un partido que ya tenemos comprobado que es lo mejó der mundo?
Bush en medio minuto
Hoy se falla el concurso ‘Bush in 30 seconds’, convocado en la red por la organización MoveOn.org y que ha movilizado a cientos de personas que han querido ilustrar en un vídeo de 30 segundos las políticas de George Bush. Esta oposición online ha dado lugar a una creatividad inesperada. Los 15 clips finalistas son buen ejemplo de los diferentes estilos que se pueden utilizar para contar cuán desastrosa está siendo la presidencia de Bush sin acudir a elementos demasiado convencionales de la publicidad política. Los responsables del sitio han destacado, incluso, una cosa bien cierta: el mensaje de estas películas es claro, pero no por ello son agresivas como en muchas ocasiones lo es la propaganda partidista.
Hay un poco de todo. Algunos son muy obvios, y hacen uso de la plasticidad del Hood Robbin’, que le quita dinero al presupuesto social para dárselo a los ricos. O el clip de Bush’s Repair Shop, que muestra gráficamente los efectos de las catastróficas soluciones que salen de la cabeza del presidente. Uno de los más originales es el del escritorio presidencial: el medio ambiente, la seguridad social… todo va a la papelera en el clip Desktop, que termina con la inquietante pregunta ‘what’s next’. Otros son directos: un mensaje en positivo con el clip ‘Imagine’; el dedicado expresamente a las mentiras de Bush con el ‘Polygraph’.
Existen también quienes apuestan por vídeos con protagonista infantil: ‘What Are We Teaching Our Children?’ y su efectividad en la transmisión de la idea de la inquietud que representa el discurso agresivo de Bush en boca del futuro representado por los niños; y ‘Child’s Play’, donde niños trabajan para rebajar la creciente deuda del país. Aunque si de dejar tras el visionado un mensaje directo en la mente de los espectadores se trata, uno de los mejores es el anuncio ‘Wake Up America’. El ganador, dentro de poco en Bushin30seconds.com.
Política en los mass media
Leyendo la columna quincenal sobre radio de la revista Almacén, me entero de la existencia de la web npr.org de la radio estadounidense National Public Radio (NPR). En el artículo en cuestión, Ramiro Cabana explica con su particular estilo cómo es y cómo funciona esta red de emisoras de EEUU, radio independiente, pública y de calidad, mantenida por multitud de donantes privados. Pues bien, en la NPR pude escuchar el pasado martes un debate entre los precandidatos demócratas a la presidencia: una muestra más de que en aquel país se toman en serio la realización de espacios en los medios de comunicación a través de los cuales se pueda desarrollar la discusión política.
No pretendo hablar ahora de las implicaciones más evidentes, y habitualmente nefastas, de los modelos electorales que disfrutamos en occidente: simplificación de ideas, sociedad del espectáculo, etc. La política pasada por el filtro mediático es la única que, por desgracia, existe conforme se acercan unas elecciones. Pero sin necesidad de apelar a utopías, puesto que una desmediatización (ya, ya sé que el palabro no está en el DRAE) de la política se me antoja imposible en el medio plazo, hay que considerar que incluso en nuestros modos de hacer campañas hay clases y clases. Insistiendo en la idea de que los debates de candidatos en TV, y en radio, son positivos para la democracia de partidos, he de reconocer que siento envidia de la sociedad estadounidense y de tradiciones como la de los debates que allí ni se discuten.
Mientras aquí el PP se está planteando aceptar el debate entre Rajoy y Zapatero sólo si les viene bien para la campaña (por ahora dicen que no, al ver las encuestas a su favor), en EEUU se celebran estos encuentros entre los políticos demócratas que aspiran a ser candidatos de su partido, del mismo modo que se enfrentarán ante las cámaras en su momento los presidenciables demócrata y republicano.
La televisión, la radio, la prensa… no son medios ideales para la discusión política. La confrontación programática termina reducida a una decena de eslóganes y las ideologías que se presentan ante la ciudadanía tienen como principal argumento una imagen basada en el color de la corbata y el peinado que luzca el candidato. Pero lo cierto es que los medios informativos son armas de la propaganda partidista los 365 días del año. Y nada es más lógico, en consecuencia, que las campañas, centradas en intervenciones de los políticos en los medios, incluyan debates entre candidatos y debates sectoriales con los integrantes de los equipos con que cuenta cada partido.
El riesgo de que la política termine contaminada por los modos y el estilo de los programas de telebasura se puede evitar, justamente, haciendo de los debates en TV un pilar de la próxima campaña para las generales. Aunque quizá esto sería pedir cambios demasiado radicales a la oferta televisiva, en la cual un espacio bastante criticado, como es la tertulia del programa de María Teresa Campos, resulta ser el único dedicado en las principales cadenas a la discusión sobre temas políticos en horario estelar.
Año nuevo, deseos viejos
Estamos a dos meses de unas elecciones, y semejante perspectiva al comienzo del año se tiene que notar en algo. En vez de iniciar ahora la escritura de la consabida lista de buenos propósitos (sí, esos que nunca se cumplen, y que únicamente sirven para constatar meses después que, otro año más, volvemos a incumplir los compromisos que nos marcamos en enero), vamos a formular una serie de buenos deseos imbuidos por el idealismo de estas fechas. Con un poco de suerte, estos deseos pre-electorales se nos pueden hacer realidad gracias a la intermediación de los Magos de Oriente. Porque lo cierto es que, como no vengan junto a los regalos que cargan los camellos, los deseos se volverán ‘buenos propósitos’, una de cuyas características es que nunca se cumplen… tal que si fueran promesas realizadas por políticos en campaña. ¿Seremos los ciudadanos capaces alguna vez de transformar estos viejos ‘deseos’ en ‘demandas’ exigibles a los candidatos en las elecciones?
En primer lugar, los electores estamos viéndonos venir la campaña desde la misma noche de las últimas elecciones (da igual, en este sentido, considerar que hablamos de las catalanas, las madrileñas o las municipales). Lo que es lo mismo que decir que desde el 25 de mayo el ambiente político únicamente gira en torno al desgaste del adversario y la propagación de eslóganes. ¿Nos lo merecemos? Cualquiera de los temas debatidos estos últimos meses ha estado mediatizado por el maniqueísmo propio de los combates electorales (hasta la terminología se presta a la confrontación: ‘combate’). Así no vamos a ningún lado, excepto a crispar el ambiente previo a las elecciones. Por lo menos, dejémoslo claro: este clima de tensión política en el que todo consiste en darle una pedrada al contrario más gorda que la que él te lanza a ti, sólo es tolerable en estas circunstancias. Después de ir a las urnas, a ver si volvemos a la normalidad propia de los países civilizados.
Incluso considerando que es lógico que en unas elecciones, con lo que se juega cada partido, se practique el juego sucio (se le falte el respeto al adversario, se aproveche cualquier desliz para descalificarlo), hay que poner un límite a la conocida propensión de ciertos políticos al insulto. No estaría nada mal que las semanas que restan para la pelea por el último voto del último indeciso los candidatos de los principales partidos impusieran un estilo de elegancia y buenas maneras en el trato con el odiado contrincante. Si se odian en realidad, que lo disimulen. Y si evitan mostrar desprecio, con palabras insultantes y discursos descalificatorios, muchos lo agradeceríamos.
Otros de los deseos más largamente invocados por una parte del electorado es el de los debates. Los partidos suelen preferir siempre que los mensajes de campaña lleguen a la gente con los tradicionales minutos de conexión en directo con los mítines en los informativos de TV. Primero aparece uno, después el otro, y sueltan el conocido discurso de defensa y contraataque de cada día de campaña. Pero lo que ya nos va tocando es presenciar un debate en vivo con los candidatos de los dos principales partidos. En política, la solidez del discurso se demuestra cuando has de defenderlo a la vez frente a tu oponente y frente a los espectadores en TV. Y no hará falta, a continuación, colocar un número para votar con el móvil al ganador por SMS: esos espectadores serán los mismos ciudadanos que acudan a votar en marzo.
Por último, los electores deberán digerir en próximas semanas la catarata de promesas que hagan los partidos. No hay por qué dudar de que todos van a presentar un proyecto atractivo para la mayoría con multitud de propuestas. Lo deseable es, en cualquier caso, que lo que cada partido añada a su programa electoral no sea después vendido como fuegos de artificio, con más vistosidad que contenido, o las promesas se conviertan en caramelos demagógicos con los que atraer al votante indeciso. Se agradecerá que de repente todos los políticos presenten soluciones a los problemas de los ciudadanos, pero es de esperar que no fuera todo mera mercadotecnia (como esa estrategia tan conocida de prometer en campaña que nosotros, y sólo nosotros, les vamos a bajar los impuestos si nos votan). Ojalá sea el programa el objeto de discusión antes de las elecciones, y no las abstracciones que unos y otros manejan para, indefectiblemente, determinar dónde está el Bien y dónde reside el Mal.
Son bastantes deseos, algunos tan reiterados seguramente en otras citas electorales que es lógico tener pocas esperanzas de que se recomponga un ambiente ideal, nunca antes reproducido, las semanas previas al 7 de marzo: respeto exquisito hacia al adversario, debate serio de ideas y propuestas, transparencia en los discursos para no manipular los sentimientos de la gente. PP y PSOE, como partidos mayoritarios, deberían al menos rebajar el nivel de beligerancia hacia las posiciones del otro: la maquinaria de cualquiera de los dos funcionando a pleno rendimiento puede hacer insoportable siquiera la expresión de una discrepancia respecto del argumentario oficial. Otro deseo vendría a ser que la mayoría de los columnistas y tertulianos no se plegaran sin más a la propaganda que en cada momento sea más productiva para los intereses de “los nuestros”.
Personalmente, me conformaría con un par de cosas muy concretas: estas elecciones generales deberían dar lugar a la exposición de dos proyectos distintos y al debate de éstos, y no a la pugna en torno al monotema Españaza que el partido en el Gobierno piensa exprimir hasta que el último voto antinacionalista periférico recaiga en él. Y por otro lado, lo que quiera que los candidatos Rajoy y Zapatero, y los demás también, por supuesto, representen debe ser tomado con un mínimo respeto para que la campaña y la precampaña no se conviertan en una competición para ver quién dice el mayor despropósito y la barbaridad más increíble. Si así fuera, sería señal de que los partidos tratan a la ciudadanos como seres inteligentes, que es lo mínimo que se puede pedir.
