La última lágrima
A pocas horas para que acabe el año, es el momento para un último deseo. Si aquello que pedimos hace doce meses sigue sin hacerse realidad, podemos volver a insistir para que el 2004 se muestre todo lo generoso que el 2003 no lo ha sido. La nochevieja es la ocasión también para el último sorbo de felicidad del año. Es la noche en la que se aprovecha hasta la última gota de la alegría propia de estas circunstancias. Aunque los deseos que pedimos, por desgracia, se esfumarán con la nochevieja porque nadie garantiza que con el nuevo año las cosas estén impelidas a cambiar por imperativo del calendario.
Pero al finalizar un año se recuerda cuál ha sido el último pensamiento que nos ha pasado por la cabeza, el último sentimiento que nos estremeció, la última ilusión fraguada con el mismo material del que dicen que están hechos los sueños. Cuando muchos lean estas líneas, ya habrán tenido el primer sueño, o la primera pesadilla, del 2004. El único remedio que se me ocurre para conjurar que los malos recuerdos de este año que termina desbaraten las ilusiones del nuevo año es que nos quedemos sólo con lo mejor del 2003. Que la última palabra, la última nota, la última lágrima del año sea la mejor.
Así, no me queda más que presentar el disco del año -según el New York Times, aunque a mi personalmente no me hacía falta que el NYT lo dijera para saberlo-, uno de los mejores trabajos musicales de 2003: «Lágrimas Negras», con el talento de Bebo Valdés y Diego El Cigala. «Valdés, el pianista que ha ayudado a moldear la música Cubana durante los últimos 60 años, se encuentra con El Cigala, el tradicional cantaor flamenco de ‘hierro y sangre’; utilizando boleros como medio, fusionan dos lenguajes que resultan en un bellísimo tercer camino». (Ben Ratliff en NYT, 28-12-2003). La mezcla de flamenco y jazz caribeño da lugar a perlas como esta, mitad bolero, mitad son cubano:
«Aunque tú me has echado en el abandono,
Y aunque tú has muerto mis ilusiones,
En vez de maldecirte con justo encono,
En mis sueños te colmo,
En mis sueños te colmo de bendiciones…»
Que nadie que quiera adentrarse en este universo mágico deje de pasarse por esta página, donde puede escuchar un poco de la genialidad de estos dos monstruos: «Bebo&Valdés. Lágrimas Negras».

¡Vaya!, ahora nos hemos convertido en asociados del “País de las tentaciones”.
Con una diferencia, Skeletor: yo no recibo ni un triste eurillo por esto.
Y quiero creer que Ben Ratliff tampoco.
tienes muuuucha razón, son dos monstruos!
Pues peor aún.
Que bien, otro disco más de la factoria trueba con la bendición del país de las tentaciones, éxito seguro.
De jazz latino no entiendo nada, de flamenco, algo. El cigala, bien, me parece bien, el nuevo flamenco, flamenco fussion, flamenco pegacontodo, pues bien, es popular, vende mucho, le ha dado vidilla a muchos profesionales, de lo que me alegro un montón. Pero el flamenco es mucho más que estas fusiones, que el flamenco no lo inventó camarón, como es doctrina oficial del país, que lo proclama el mejor cantaor de todos los tiempos, el alfa y el omega, y a ketama y a los nuevos flamenquitos los nombra el no va más del arte, de la calidad, con su toque étnico, muy en la línea de lo politicamente correcto, siempre según el país. Vamos, que son buenos, que al que les guste que los escuche, pero lo dicho, el flamenco es algo más …
Pues, bueno OTRO disco mas de “mestizaje y buen rollito”, el grupo PRISA pone en marcha su maquina de promocion al igual que hace con su hijo prodigo (Alejandrito Sanchez), y asi el suplemento de El Pais, la SER, los 40 execrables, y, como no, el Pais de los “Pijillos” se hacen eco de un disco que muy posiblemente sea buenisimo en su estilo (es algo que no discuto), pero para ser sinceros no hubiera vendido tanto de no ser por la publicidad que recibe…
El año que viene le soltaran un ONDAS, un premio TP, otro mas de la SGAE (panda de hideputas!), algun grammy latino y el inefable premio “Academia de las Ciencias Musicales Españolas” en la categoria de “Musicas del mundo: mestizaje y buen rollito” creada en exclusiva para ellos. ¿Que no sabeis de la existencia de esta Academia? Pero si es la que todos los años le da el mismo premio a Alejandrito, la Vejiga de Van Gogh y Rosendo (que parece que sea el unico rockero que hay en este pais…).
Asi es el negocio musical en este pais. Un par de discos buenos, doscientos malos y un buen aparato mediatico…
Yo sigo saboreando al mejor Clapton (Layla & other assorted songs, 1970). Altamente recomendado.
Vaya Petrus, como buen gaditano has resultado ser un purista… saludos al Cabrero y a Rafael de Paula
Coincido con petrus, sin necesidad de caer en purismos, en que el flamenco es algo más. No quiero dar a entender lo que no es, pues lo cierto es que en Lágrimas negras lo único flamenco es la voz de El Cigala. Aunque no se puedan negar las bondades (comerciales, también) de los nuevos flamencos, es un disparate descomunal colocar esas creaciones como el culmen artístico del flamenco que ahora a todo el mundo parece gustar.
Por otra parte, el disco de Bebo y Cigala es algo bien distinto. Me atrevo a decir que a bastante gente le ha cautivado más el piano de Valdés que otra cosa.
Es curioso, en cualquier caso, que se hable tanto del Pais de las Tentaciones y Los 40 (que, he de afirmar y afirmo, no he leído/escuchado en mi vida) y no se resalte que el disco ha sido seleccionado por el NYT. Quizá soy un poco raro al no haber sido consciente de que el disco ha tenido tanta publicidad y ha vendido tanto (no lo sabía, la verdad), pero después de repasar la música que personalmente había descubierto durante del año me hizo gracia coincidir con el crítico neoyorquino en este disco en concreto.
Al tal Ben Ratliff le gusta más, creo, el jazz latino; y aquí era más conocido el flamenco de El Cigala. Lo bueno de estas uniones es que tanto aquí como allí se pueden apreciar los dos estilos con trabajos bien hechos como este.
Me importa un pijo si esas estrofas corresponden a unos cantantes protegidos del grupo PRISA,solo se que me han llegado al corazón. AMUNT VALENCIA.
Pos a mi lo que verdá me gusta del tal Cigala es cuando sale en Torrente-2 cagandose en los muertos del Segura por robal el borso a la vieha de las tragaperras….ah, y tambien disiendole a su primo el de la flagoneta der papar despuedes del choque : ” nus tien quindernizar1!!!payoooo!”
Total odio el flamenco ,a mi ponerme a los Ramones (2 muertos y otro con cancer de prostata) y dejarme de cosas gays desas.
P.D. :Suena de fondo el disco “No me gusta del rock,que me den musica country” de la Romantica Banda Local.
Yoyah pa todos!
Ahora en serio y por curiosidad, podriamos poner lo que estais escuchando en el winamp mientras leeis LPD? Empiezo con la mia y aluego comentamos a ver quien es el mas friki!!!
P.D. : Charlie no hace surf
Rambo baila mambo
y el coronel Kurtz
lo hace de vez en cuando!
1. Lene Marlin - You weren’t there (3:31)
2. Australian blonde - Mary (LIOTL) (3:26)
3. Australian blonde - A brief honeymoon with Julia (4:17)
4. 10.000 Maniacs - Don’t go back to Rockville (4:39)
5. La’s - There she goes (2:42)
6. Chris Isaak - Somebody’s crying (2:48)
7. Gigolo aunts - Even though (the one before the last) (4:29)
8. Kneivel - Your love is the place i come from (4:16)
9. The Corrs - Rainy day (4:05)
10. B-52’s - Deadbeat Club (4:54)
11. Chris Isaak - Back on your side (3:03)
12. Christina y los subterraneos - Palido (4:15)
13. The Corrs - Queen of Hollywood (Unplugged) (4:43)
14. Hole - Awful (3:16)
15. Hole - Boys on the radio (5:09)
16. Hole - Malibu (3:50)
17. Housemartins - Drop down dead (3:01)
18. Lou Reed - Romeo had Juliette (3:11)
19. Mark Knopfler - Irish boy (4:44)
20. Morrisey - You’re the one for me fatty (2:57)
21. Pastels - Nothing to be done (3:52)
22. Pete Yorn - I wanna be your boyfriend (2:50)
23. Pete Yorn - Long way down (3:39)
24. The Primitives - Don’t want anything to change (1:52)
25. R.E.M. - Try not to breathe (3:50)
26. Los sencillos - Dejame en paz (3:51)
27. Sheryl Crow - My favorite mistake (4:07)
28. Sixpence none the richer - Don’t dream it’s over (4:03)
29. The Smiths - The boy with the thorn in his side (3:15)
30. Solas - I will remember you (4:43)
31. Suzanne Vega - No cheap thrill (3:10)
32. Teenage fanclub & Jad Fair - Near to you (4:14)
33. Teenage fanclub - Don’t look back (3:06)
34. Teenage fanclub - Everything flows (4:38)
35. Teenage fanclub - Starsign (3:42)
36. Teenage fanclub - Belt (2:19)
37. Teenage fanclub - Empty space (4:33)
38. Teenage fanclub - Some people try to fuck with you (2:32)
39. Teenage fanclub - Tell me what you see (2:53)
40. Transvision vamp - Crawl out your window (3:44)
Suscribo de cabo a rabo tu comentario, Petrus. Has puesto el dedo en la llaga. Tanto “El País de las Tentaciones” como “El País Semanal”, esos magazines frívolos para la elite progresista, que funcionan en la práctica como “fomentadores de tendencias”, como excitantes de caprichos, es decir, como publicidad encubierta de ciertos grandes grupos de la industria de la “cultura”, están haciendo mucho daño al arte, a los artistas y al público que pretende saber cuánto vale de verdad lo que se oferta, ya que actúan como cómplices de las discográficas y de su afán por conseguir beneficios a toda costa. Es evidente que éstas desean sobre todas las cosas vender sus productos al mejor precio posible y que, para lograrlo, no les importa valerse con descaro de la mentira, dando gato por liebre, o pop aflamencado por flamenco, a quien no está en condiciones de averiguar de qué ingredientes se componen los artículos que adquiere. Pero más preocupante es que un diario, que, al menos en teoría, debería limitarse a transmitir noticias, a testificar lo que ocurre, ya sea en la política o en el mercado, le haga el juego a las argucias promocionales de la industria de esta manera tan torpe. Si, por ejemplo, sale al mercado un nuevo disco de música pop ligera con adornos flamencos, de eso y de nada más debería informarnos la prensa, por mucho que el folleto de propaganda que reciba de la discográfica de turno se emperre en disfrazar la evidencia, adjudicando a la obra la etiqueta de “flamenco” (o, cuando ese camuflaje resulta insostenible, calificándola como “fusión flamenca”) por ser éste un género hoy más prestigioso. En caso de no actuar así, el diario se descalifica a sí mismo, ya que un testigo que describe un suceso aceptando utilizar, sin crítica previa, los mismos términos contaminados que usa, con toda la intención, una de las partes en litigio, pierde cualquier pretensión de imparcialidad y, por tanto, también la condición de testigo, puesto que desde el momento en que prefiere decantarse por unas categorías descriptivas viciadas ya ha tomado partido por unos en detrimento de los otros.
Con el Cigala sucede lo mismo que con Carmen Linares, Estrella Morente, Joaquín Cortés o Sara Baras, gentes con mucho oficio, sin duda muy competentes en lo suyo, en la depurada producción de brillantes funciones, cuya máxima ambición es ofrecer un eficaz y entretenido espectáculo de calidad para todos los públicos, pero que apenas sí rozan circunstancialmente el meollo trágico del gran flamenco. Sus astutas habilidades técnicas no provocan molestia a los oídos educados de las personas civilizadas que leen periódicos de prestigio y que sólo consumen insípidas diversiones que carecen del riesgo de causar desazón. Estas estrellas flamencas de nuevo cuño pueden provocar, como mucho, un “jondo” aburrirrimiento, un absoluto desinterés en el respetable, pero en ningún caso se antojan desagradables, turbadoras o temibles. Su música complaciente puede sonar sin miedo en nuestros coches, o en el autocar que nos lleva en uno de esos absurdos viajes organizados con gentes extrañas, porque incluso los pasajeros a los que no les atrae ni pizca son capaces de soportar sus acordes. Pero probad a hacer lo mismo con Terremoto padre y su desfile intransigente de siguiriyas, soleares y bulerías y ya veréis cuánto tarda la mayoría en pediros, por lo más sagrado, que les libréis de esa tortura. Cuando la música complaciente falla, uno simplemente se desinteresa de ella sin importarle que prosiga. Pero, tanto si gusta como sino, el flamenco de genio siempre interesa, ya que obliga a todos los oyentes a que le presten atención, aunque sólo sea como paso previo para poderlo rechazar. El “flamenco fusión” pasa desapercibido mientras suena tranquilamente, de fondo, en unos grandes almacenes, pero si en su lugar restallara el flamenco genuino éste lucharía con denuedo por pasar de su arrinconamiento en el trasfondo de la escena a ocupar todo el primer plano, con lo que no tardaría mucho en oírse las primeras quejas de los que preguntarían qué rayos suena por los altavoces. Esto ocurre así porque el artista que se toma en serio el dolor de los más profundo de la existencia no se deja escuchar como mera música “ambiental”, como fondo agradable que tolera la superposición de actividades que no le conciernen, sino que exige al auditorio la más profunda atención: parar, dejarlo todo y concentrarse.
A falta de verdaderos colosos del cante, del toque y del baile, son los segundones de lujo los que logran, mediante una astuta operación de márketing de las discográficas, pasar a ser considerados primeras figuras del flamenco. Pero sin el apoyo decidido y decisivo de El País, en connivencia con sus simpatizantes en el mundillo de la intelectualidad progresista, nunca ocuparían estos mediocres el alto trono que ahora usurpan. Sí, replicaréis con razón, tampoco hay en estos momentos nadie destacadamente superior a un Morente, a un Agujetas o a un Poveda, pero la cuestión que planteo es que los criterios con los que juzgan los críticos no pueden derivarse tan sólo de la máxima altura que alcanzan los más altos del presente, sino que tienen que contar con toda la historia del flamenco, esto es, con el magisterio de Tío Borrico, de Juan Talega, de Mairena, de Caracol, de Sabicas y de tantos otros, para que se relativicen los logros actuales y no se hinfle en exceso el valor de las grabaciones simplemente pasables. Si se llega a la conclusión de que no hay nadie que merezca sentarse en el trono destinado a los más grandes, entonces la silla tiene que continuar vacía y el crítico certificar, sin que le duelan prendas, que aún no hay reyes, aunque sí una respetable corte de excelentes nobles. En este punto, sin embargo, topamos con un serio obstáculo que impide hacer realidad esta situación discriminatoria ideal: que El País necesita llenar semanalmente sus numerosos suplementos, y que debe hacerlo, además, con contenidos que valgan la pena, aunque para ello tenga que inventarlos. Puesto que se dice y se repite a sí mismo sin descanso que constituye un periódico ejemplar, de primera línea y de renombre mundial, ha de convencer a sus lectores de que aquellos personajes de los que trata con fastidiosa asiduidad en sus páginas más ligeras son merecedores de tal excelencia y, en consecuencia, que conforman la flor y nata de sus respectivos campos. El mensaje soterrado que pretende transmitir con esta insistente estrategia de persuasión es el siguiente: “para los mejores lectores, que eligen el mejor de los diarios, los mejores de cada profesión”. Aquí ya empiezan a operar sin freno alguno los eufemismos y el periodista, que asume acríticamente la corrupción mercantil del lenguaje, empieza a llamar “fusión” a lo que no es sino concesiones comerciales, devaluación artística, simplificación intolerable. Con todo esto no afirmo que Morente, por ejemplo, no haga buen flamenco, que a veces lo hace y del mejor, pero es evidente que aflamencar el rock, que versionar a Leonard Cohen “a la manera flamenca”, por mucho que se haga con rigor, y por mucho que en algún caso no se quede en mero maquillaje sino que se consiga una fiel traducción de un lenguaje a otro, resulta más vendible que no una sucesión inmisericorde de sobrios palos mayores en estado puro.
Otro poderoso factor ha ejercido una notable influencia en el hecho de que el grupo Prisa haya apostado resultamente desde el principio por la “nueva ola” flamenca frente a cierto frente purista, asociado a actitudes retrógradas y a ideologías conservadoras (de igual manera que, en el ámbito lírico, ha apoyado con claridad a la corriente socialdemócrata de la poesía de la experiencia frente a la mal llamada poesía del silencio, siempre sospecha, según el crítico oficial de la sección literaria, de dogmatismo tradicionalista). Este segundo factor lo constituye el determinado espectro de público prototípico comprador del diario. Desde sus orígenes, El País se dirige naturalmente a una clase media burguesa de pulcros profesionales bien situados, de moderado pensamiento liberal, aunque con ciertas inquietudes sociales, que no están en absoluto dispuestos a ensuciar los altavoces de sus flamantes equipos musicales de última tecnología con el barro de las gastadas botas de un descamisado cantaor, ni con las deficiencias sonoras de grabaciones antiguas que representan un insulto para las modernas “prestaciones” de los aparatos anunciados en las páginas publicitarias del EPS. Además, frecuentemente este grupo privilegiado siente la perentoria necesidad de acudir a algún sarao social para mezclarse con gente tan limpia, tan guapa y tan moderna como ellos, por lo que es preciso crear para su propio disfrute periódicas promociones de artistas a su imagen y semejanza, es decir, atractivos, pulidos y profesionalmente intachables. En el mágico y enrollado mundo de El País no se permite que ninguno de sus integrantes desentone lo más mínimo, por lo que quienes encarnan inmejorablemente su modelo de “artista” flamenco son esos inquietantes presentadores perfectos de CNN Plus, jóvenes, inteligentes, guaperas y falsamente humildes. Porque esa es otra, la desaforada fijación por la juventud que tiene el grupo Prisa y que comporta que no podamos soñar jamás con que un buen día un viejo indomable como el Tío Borrico se erija en el arquetipo que determine su visión del arte flamenco.
Las diferencias entre el flamenco genuino y eso que, sobre todo a partir de Camarón y su magnífico disco “La leyenda del tiempo”, se dio en llamar “nuevo flamenco”, son tantas y tan profundas que no es raro toparse con gente que, aunque cree y defiende que le gusta el flamenco, se queda desconcertada cuando oye cantar a la vieja usanza, cuando siente ese grito esencial y telúrico del cantaor , que no es bonito sino hermoso, que no es grato sino desgarrador, que no es alarde superfluo sino simple y sencilla necesidad, que no es show intrascendente sino llanto sincero que repasa las penas más hondas de la existencia. Cómo descoloca entonces oír decretar a ese inconsciente aficionado al flamenco ligero, con aquella encantadora candidez que confiere la ignorancia: “¡Ah, pero es que esto no es flamenco! El flamenco es Ketama”. Marcando claramente esta distinción entre el arte íntegro y el arte rebajado por mor del negocio tan sólo pretendo reclamar que se dé a cada cosa el nombre que le corresponda, que, tomando como pauta principal el espíritu trágico que caracteriza al flamenco, se delimite qué es flamenco y qué no le puede ser en modo alguno atribuible. Abogo también porque la máxima altura alcanzada por los máximos artistas que ha tenido este arte sirva como referente normativo a partir del cual se jerarquice a los nuevos intérpretes. Si estos puntos se siguieran al dedillo veriamos con qué rapidez se vaciaba el campo del flamenco de numerosa vegetación extraña, que sería devuelta honrosamente a los terrenos del pop, del rock, del jazz o adonde fuere, y cómo muchos de los elementos que merecieran seguir dentro verían rebajado su puesto dentro de la jerarquía al abaratarse su valor. La verdad respecto al flamenco es en esencia un problema de justa ordenación, de capacidad para poner orden en este caos en absoluto inocente, sino fomentado por la codicia de los mercaderes
Ignoro a qué estilo pertenece en mayor medida el disco de Bebo y el Cigala, pero sí sé que al oírlo no he sentido nada ni remotamente parecido a lo que me estremece cuando Juan Talega clama a los cielos, y reclama a la tierra, y se queja por sus penas con su regia voz, y brama por sus alegrías desgranando majestuosos rezos de flamenco de ley. Tampoco me cabe duda de que el Cigala no es, al menos por el momento, “el nuevo Camarón” que querría haber aupado El País. Y aunque algún día, para fortuna de nuestro diario, llegara a heredar el título de monarca flamenco, habría que relativizar la ganancia adquirida ya que, como decía Petrus, Camarón está asombrosamente sobrevalorado y, por genial que fuera, por gracia que derrochase, no es el más grande cantaor de la historia, sino tan sólo el más ardorosamente sacralizado. El problema de veras preocupante no es que se discuta por ver si fulano o mengano son mejores o peores, disputa a fin de cuentas interminable por ser imposible de solventar, sino que parece que, una vez que la preeminencia de fulano ha sido sentenciada por ciertas voces autorizadas y repetida ciegamente por otras de gran influencia social, nadie puede atreverse ya a discrepar de ese juicio, pues quien se arriesga a poner en duda la sublimidad irrefutable del dios venerado comete un imperdonable sacrigelio que le deslegitima automáticamente como “entendido” en cuestiones flamencas. Primero se establece que los que saben afirman que la santidad de tal artista es incontestable y luego se decreta que, en consecuencia, quien ose contestarla no sabe de la misa la mitad. Mediante este círculo vicioso, el artista que se desea proteger de las críticas adversas queda blindado frente a cualquier desafío a su posición de eminencia. Así, paradójicamente, estos apologistas de la modernez, que acusan a los integristas de los orígenes de ser unos puristas retrógrados, cometen el mismo pecado de fanatismo ortodoxo al negarse de raíz a que sus ídolos sacrosantos sean puestos en cuestión. Pero tal como lo siento, lo digo, mal que les pese a unos o a otros, pues ha llegado ya el momento de derribar los viejos ídolos consagrados: Paco de Lucía es sin lugar a dudas un guitarrista buenísimo, un solista excepcional, pero no es ni mucho menos el más jondo. La habilidad, por insuperable que sea, es una cosa, y la hondura es otro asunto bien distinto. Hondo puede ser el guitarrista más torpe y lento, pero tocado por una gracia inefable. Desde luego, Paco de Lucía tiene duende de sobras además de destreza, pero no es el preferido de los dioses del flamenco. Dos notas pulsadas a tiempo, con todo el respeto y la intención, por un Ramón Montoya, miembro de esa reservada estirpe nacida para escoltar el cante, dicen más, y dan más abajo, que la miríada de velocísimas notas de un brillante virtuoso de los que gustan de deslizarse vanidosamente, describiendo raudas piruetas, por la superficie helada del estanque de la música. El artista de honduras rompe el hielo asestándole un solo golpe, seco y preciso, y sumerge al oyente en las frías aguas donde se pescan misterios, en las pavorosas oscuridades pobladas de peces mortales.
Son éstas dos búsquedas tan legítimas como irreductibles, por lo que la misión de los intermediarios no ha de ser la de terminar con una de las dos especies, sino tan sólo distinguirlas con acierto. Mientras eso no ocurre, hagamos lo que podamos con lo poco que tenemos.
Por cierto, amigos, acabo de cumplir treinta hermosas primaveras. ¡El tiempo pasa que da gusto! (y algún que otro disgusto, todo sea dicho).
Humildemente,
Scardanelli
Bien: ni me gusta el jazz, ni me gusta el flamenco
ni me gusta la música latina. Podeis tomaros la molestia de escuchar, cuando salga, el último disco de Fantomas. Mientras tanto siempre podeis hacer algo inteligente y escuchar el Disco Volante
de Mr. Bungle.
Scardanelli, ¿humildemente?. Practica la virtud de la síntesis.
¿Desde cuándo la síntesis es, sin más, una virtud? Además, para que haya síntesis primero tiene que haber tesis. Una determinada extensión, cualquiera que ésta sea, no es virtuosa por sí misma.
La virtud está en lograr el equilibrio entre la complejidad del tema a tratar y su tratamiento.
Saludos.
Scardanelli, tú si que sabes …
Nada que decir, si acaso que el flamenco es una música profunda, rancia, antigua en sus palos básicos lo que pasa es que al gran público le gusta más los palos festivos como la bulería y otras derivaciones como el tango gitano o la rumba. Al final, estas últimas expresiones, muy importantes y flamencas es cierto, han quedado como el flamenco populachero y de gran consumo.
Por último, una curiosidad y un recuerdo. Una curiosidad para decir que el mejor flamenco se hace hoy en día en Cataluña, no en Andalucía. En Cataluña hay una red grandísima de peñas flamencas que están manteniendo el flamenco más genuino y donde se escuchan los cantes más puros y dicen que es donde están los mejores entendidos.
Un recuerdo a “Triana” uno de los mejores grupos de rock españoles de todos los tiempos, a mi modesto entender. En los setenta, en un país musicalmente anodino, surgió una forma de fusión de rock y flamenco genial, pura. Lo trágico, o quizas lo grandioso, es que su música se agotó con ellos, desapareció el grupo y el rock-flamencó se agotó con ellos. Aquello sí era fusión.
Nada que objetar. Tan sólo matizar que cualquiera de los denominados palos menores, como las bulerías y los tangos, puede llegar a ser, en las manos apropiadas, tan hondos como los que más. Lo festivo y lo trágico no están en absoluto reñidos.
Comparto igualmente tu entusiasmo por Triana.
Me voy a permitir haceros un comentario sobre el tema musical.
Creo que la principal función de la música, como la de cualquier rama del arte, es la de despertar sentimientos, emociones, tanto de agrado como de todo lo contrario, que para los gustos están los colores. Seguro que quienes defienden el flamenco puro tienen razón porque lo sienten, pero eso se puede aplicar a cualquier otro estilo, fusión de estilos o lo que sea, es necesario que la música te llegue para que te haga sentir, y es tan válido un genero como otro, por lo que no debemos menospreciar lo que no es de nuestro agrado musicalmente hablando.