Apariencias
Ahora que se acercan las entrañables, cualquiera puede darse cuenta fácilmente de hasta qué punto cultivamos -y lo hacemos todo el año, no sólo en navidades- el mundo de la apariencia. Estas fiestas son fustigadas por sus detractores con el argumento de la redoblada hipocresía con que se adorna cualquier encuentro, lleno de felicidad y buenos sentimientos navideños, con familiares o compañeros de trabajo a los que el resto del año no se les aguanta ni un mal chiste. No es menos cierto, sin embargo, que las apariencias -forzadas por las circunstancias o falseadas en pos de una armonía inexistente- son un elemento más de la vida en sociedad. Siempre será preferible un hipócrita a un cínico. Porque el primero, al menos, trata de guardar las apariencias.
No son pocas las actividades cotidianas que realizamos con la ayuda de las apariencias, intentando salvar una realidad desfavorable para nuestros intereses mediante un aspecto exterior vistoso y vendible. Consciente o inconscientemente, disfrutamos utilizando el engaño de hacer parecer algo que no es, de la misma manera que nos gusta la apariencia de ambientes colectivos tan artificiales como gratificantes para quienes participan de la mentira. Uno puede pasear en estas fechas por tiendas donde todo el mundo se funde la tarjeta de crédito comprando regalos, y da la sensación de que el personal empieza a ser más feliz conforme más se introduce en el consumismo habitual de la Navidad. El tipo que anda vestido de Papa Noel, el ambiente festivo y los adornos parecen ser más importantes para la consecución de la felicidad efímera del centro comercial que la propia utilidad de los objetos adquiridos en las tiendas. Esto me recuerda una divertida descripción de la Costa Azul que realiza Edgar Neville en un libro que recientemente cayó en mis manos, «Don Clorato de Potasa»:
«Aquella sociedad tenía en cuenta hasta las más pequeñas aspiraciones del turista. Llevaban, por ejemplo, esos señores y esas damas que se suben en los coches de alquiler de Niza y que luego pagan a la vista del público, con la sonrisa en los labios, para hacer creer a las gentes sencillas que no es un robo la carrera. Tenían varios millonarios americanos, que de continuo repartían cheques fabulosos, incobrables luego, pero halagaban la mentalidad de los honrados comerciantes de Lyon o de Burdeos, venidos en vacaciones, al darse cuenta de que alternaban con los reyes de la finanza.»
Las apariencias son fundamentales para halagar el gusto y decantar la moda que todo individuo está dispuesto a seguir. La fiebre consumista no puede sobrevivir sin esos estúpidos detalles que le dan una significación al acto de comprar que con seguridad no tiene. Pero eso da igual: lo que importa no es qué es en realidad sino qué parece. Como suele ocurrir, igualmente, en las entrevistas de trabajo o en la presentación en sociedad de un producto que se intenta vender, ya se trate éste de unas acciones en bolsa, una película o un programa electoral.
Uno de los ejemplos más curiosos de esta obsesión por las apariencias nos lo da la publicidad. En concreto, ese anuncio de un móvil multimedia (cuya marca no es necesario nombrar, pero que es Movistar) del que se vende como principal virtud que sirve para fardar delante del cuñado en la cena de Nochebuena debido a sus múltiples prestaciones. Ese prototipo de cliente ‘orgulloso’ con su móvil con cámara incorporada, que disfruta presumiendo de tecnología frente a toda la familia, es el vivo retrato de nuestro más cotidiano culto por la apariencia. Poder enviar una foto a través del teléfono móvil es, la mayoría de las veces, una fruslería. Pero nadie duda que lo mejor de ese producto es poder compararlo, favorablemente, con el móvil del cuñado. Y estar orgulloso de lo bien que lucen las apariencias.

Comentando dicho anuncio, es el más odioso de los que he visto en muchos años. Le metía yo el móvil al cuñado por un sitio que no quiero ni nombrarlo…
El problema de las apariencias lo hemos vivido siempre, incluso cuando no había televisión ni anuncios que nos quisieran vender esto o aquello. Creo que es inherente al ser humano.
Jeje me adhiero a la opinión de q el anuncio es odioso.
Referente al tema del weblog, Vicente Verdú acuño el término “capitalismo de ficción” para definir la situación actual: la empresas, por ej, no se preocupan de hacer en verdad lo q prometen, solo de parecerlo. Los productos no deben satisfacer la necesidad en sí, deben parecerlo.
(no me puedo explayar mucho más q estoy en clase de pág web).
Salu2
totalmente de acuerdo con lo de meterle al cuñado el móvil por donde más duele
Excelente la cita de Verdú, me has dejado con la palabra en la boca, Muab´Dib. Vanitas Vanitatum, no es así que se dice?.
Creo que es vanitas vanitatem, pero no he encontrado ningún traductor espanyol-latín on-line. Conste que a mí el anuncio me hace gracia, y además se basa en una tradición hispánica completamente instaurada desde tiempo inmemorial como es el puteo al cuñado en las reuniones familiares.
Gracias mi latín es tan malo como mi francés X-D
Es VANITAS VANITATIS, por favor.
Respecto al anuncio del móvil multiorgásmico te dejo un enlace que condensa bien la filosofía del gilipollismo:
http://www.elfrascodelodio.com/archives/000290.html#000290
A mí el anuncio que me dolía verle era el del año pasado donde el niño pedía aguinaldo y le acababan dando dinero al del movil “viejo”.
Pues chicos, prefiero mil veces el anuncio de Movistar pq no esconde la banalidad de un tlf multimedia y te das cuenta de lo absurdo que es… al jodido anuncio de Vodafone que te venden el puto móvil como si fuera a traer la paz en el mundo y la cura contra el cáncer.
Ver como todos son félices pq sus miserables vidas se iluminan con la pantallita del Vodafone, eso si que da pena.
Bueno, puestos a nombrar anuncios ridículos, el peor con diferencia este año es el de la señora Presley (¿se escribe así?) con el puto ferrero roché, algo que también enlaza con el capitalismo de apariencias (cosa que también podría entroncar con la peor calidad de los productos que se fabrican para forzar su renovación o los servicios de asistencia al cliente de puro chiste). Lo cierto es que eso no es más que un bombón de chocolate y que no a todo el mundo le gusta; habría sido deseable que los de atrezzo en el anuncio le hubieran cambiado el cubo de Ferrero por uno de cagarrutas de ciervo o de algún otro hebívoro, que sean similares en tamaño, forma y textura, ignoro si también en sabor. Sus visitas imprevistas se lo habrían agradecido y le habría dado un toque racial a los hábitos de la jet set nacional.
En cuanto a la hipocresía de las navidades, hay que recordar que la intención primigenia y familiar de estas fiestas sólo tiene sentido en el caso de familias que se llevan bien y se quieren sinceramente, o sea de la minoría y generalmente entre unos pocos miembros de la misma o amistades sinceras, que son los que suelen salvar el trago de la Navidad (periodo del año que va desde Agosto, inicio de la venta de lotería del calvo y Enero, con el inicio de la temporada de rebajas, el caso es aflojar la pasta). Es la época de aparentar cuanto se supone que nos queremos y apreciamos unos a otros y de volver a pasar todos en común por la tortura de ver una vez en un año a parientes y supuestos amigos del alma de los que nos alegramos no tener a la vista en los 364 días siguientes. Es el momento de desearle felices fiestas al vecino cabrón que te echa mal de ojo los días impares de cada mes y se queja cada dos semanas de que te has dejado el grifo abierto y le has creado una gotera imaginaria que va migrando por el techo de su casa de un cuarto a otro. Y encima cuando se lo dices el hijo de puta se sale de su papel y te responde también todo falsamente ilusionado que sí, que felices fiestas y que si le cambias un decimito de la lotería del Santo de su pueblo.
Pero el capitalismo de apariencias es sólo la adaptación del capitalismo salvaje a la naturaleza y debilidades de las personas para elevar así los balances de rentabilidad y estar en disposición de chapar en oro el yate del cuerpo directivo empresarial. La gran mayoría de la gente está condicionada por las apariencias y el qué dirán, y en cierto modo es una suerte, ya que si todos dijeramos la verdad, probablemente la civilización tal y como la conocemos se derrumbaría en un plazo no superior a una semana, volviendo a los tiempos de las guerras pregriegas de garrote y espada de estaño donde se morían como moscas, pero por lo menos no había Navidad.
No se me entienda mal; me encanta vivir ratos de hermandad y cariño e intercambio de regalos con mis semejantes y hasta con algunos de mis parientes entre los que incluyo a mi anciana abuela, pero para eso no me hace falta un cura hablándome de la alegría del mundo por que nació un tal Jesús del que en unos meses nos comunicarán trsitemente que lo han clavado a una cruz mientras estábamos en la playa con los primeros soles de abril, ni a un gordo que nació en un anuncio de la Coca Cola hace menos de 100 años o a todo un barrio que en cuanto te ve y cree que le suena tu cara te desea “felices fiestas” y te mira anhelante y sonriente como si su felicidad de ese día y tu pretigio como persona dependiera de responderle con la misma chorrada. Por supuesto tampoco me hace falta ningún centro comercial donde la gente expresa su felicidad, su dicha y su amor a los semejantes metiéndose en centros comerciales y en calles céntricas donde el oxígeno escasea, se avanza más lentamente que en un atasco de la Operación Retorno Veraniega y todos los precios han subido entre un 30 y un 200 % por que los honrados comerciantes de la mesta también expresas su alegría de la unica forma de comunicación que tienen con el cliente; jugar a subir los precios.
En fin, que si tuviera pasta haría como la gente de este pais que tiene pasta y a la vez sentido común; me iría a Hawai o alguna otra isla donde ver un papá noel debajo de un sol de justicia y una palmera mueva a la risa histérica.
Ava, como siempre te explayas un huevo pero hay q reconocerte q escribes muy bien.
Strepto, no se si te gusta V.Verdú pero a mi es un tío q me encanta, desde q leí “El planeta americano” para la asignatura de Sociología del consumo, desde esa no he dejado de seguirle (sobre tod vía columna de los sábados).
PD: Perdonad las faltas de ortografía, suelen ser por la rápidez con la q escribo (vaya patadas con carrerilla q le meto al diccionario de vez en cuando..).
PD2: Nueva propuesta: 25-D nacimiento de.. Guille? ;D
Parece que la falsa apariencia es un vicio capitalista, no hombre, si acaso es un vicio tan viejo como la humanidad. La gente siempre ha querido aparentar más de lo que es, también es verdad que la publicidad ha encontrado uno de sus principales filones en explotar este vicio. Al fin y el cabo la mayor parte de la publicidad es exageración y engaño.
Hay anuncios peores que los de los móviles, los de compresas, ¿tan felices y filosóficas se ponen las mujeres esos días? y el colmo de la apariencia está en los anuncios de corporación dermoestética, toma ya, capitalismo popular, liftings para todos, liposucciones también (ya solo falta que los cubra la seguridad social).
Joder, para anuncio lamentable uno que salió hace unos años, en que aparecía una tía sentada en el retrete mientras le contaba su vida al incrédulo espectador. No recuerdo qué anunciaba, pero dada la escena, me imagino que sería de cereales de esos para “ir como un reloj”.
Y sí, lo de los anuncios de compresas es incomprensible. No conozco una sola tía a la que no le den vergüenza ajena. ¿De verdad no se dan cuenta los publicistas?
Por orden: Ava, te voy a montar un club de fans.
No entiendo como la gente puede sugestionarse y pensar que ese chocolate barato digno de una chuchería de quiosco, al que hacen mas voluminoso con arroz inflado!, no almendras ni avellanas, sino arroz (!!!), se venda. Ah, bueno, que tienen a los del marketing de pepsi en nómina, vale.
Comparto tu desden hacia las navidades hipocritas que marca como un calendario el cortingles, y me barrunto que su origen eran las fiestas saturnales (romanas, ¡yeah!), por eso seguimos poniendonos a cubierto apostados a refugio de los villancicos y pensando como poder esquivar cínicamente esos ataques de afecto que le da a la gente ahora. Es misma gente que son capaces de liarse a puñaladas por una herencia de 200 000 pesetas, ojo.
Ya se que he repetido lo mismo, pero tambien tengo derecho al pataleo.
La Navidad..ah! la Navidad. Yo ya ni las considero unas fiestas propiamente dichas. Para mi es como unas Jornadas Gastronomicas de 2 semanas de duracion…pero tambien curiosas en su funcionamiento, ya que si bien los “dias grandes” comes como un cochino en celo (que no se lo que tendra que ver comer langostinos con el advenimiento del Señor),el resto de dias no haces mas que jalarte lo que sobro el dia anterior. De tal manera que llega el dia 7 de Enero y en la nevera hay una bandeja con 5 gambas putridas que nadie quiere ni ver.
Pero, ¿y que bonita es la Navidad? ¿Ver como tu abuela te regala el mismo pijama todos los santisimos años? Eso no tiene precio…
Poniéndome en plan melodramático y tal os digo q para mí la navidad es lo más triste q hay.
Normalmente no miras a los q hay de verdad y piensas en disfrutar el momento familiar, demostrar afecto y tal, no, en cambio te dejas llevar por la rutina de un día más con cena gloriosa(no todos, es verdad), el afecto es un regalo más o menos caro y en vez de disfrutar de los q estais, miras al q se ha ido y ya no está en la mesa y te entra la depre de acordarte de ellos.
No os quiero cortar el rollo pero la Navidad es algo q tiene q pasar. No se si falla uno mismo (en parte puede q si) o el enfoque q le damos (q el acto tenga q tener esas connotaciones afectivo/amorosas pq sí).
Salu2 y ES VIERNES!! (alguno estareis de resaca de la cena de empresa, colectivos de antigüos alumnos o similares de ayer).
Pues hoy me aburro en casa y como estoy de vacaciones y llueve os voy a soltar los Pergaminos del Mar Muerto en verso aquí…
Yo ultimamente lo poco que veo la televisión son anuncios (más que nada porque los anuncios vienen a ser un 50% de la programación de las cadenas). Y no sé si os habeis dado cuenta, pero ahora la temática de los anuncios se deriva hacia la humillación de los hombres. Esto es normal si tenemos en cuenta que cualquier colectivo (léase Asociación de Amas de Casa de Villaconejos de Arriba, por ejemplo) monta unos cristos que no veas si alguno de los miembros de dicho colectivo sale ridiculizado en tal o cual anuncio.
A mí me gusta ése en el que llega una mujer de un duro día de trabajo y está el marido planchando. El anuncio aproximadamente se desarrolla así:
Hombre: ¿Qué tal el día cariño?
Mujer: Buf… agotador ¿y qué tal el tuyo?
Hombre: Pues he aspirado la casa, he limpiado los baños, les hice la pedicura a los canarios, he puesto un guiso-gui, he puestun… sungui…
Y entonces, para asombro de un servidor, coje la interfecta y le da una colleja en plan a ver si se arregla el aparato éste… y se oye una voz de fondo que viene a decir: el hombre perfecto no existe así que comprate electrodomesticos Tufesa que te arreglan la vida que lo flipas. Bien, ahora sólo queda imaginar el escandalo social que se armaría con solo invertir los papeles de los actores. ¿Por qué todo el mundo se toma a mal que lo ridiculicen un poco y de pasada en un anuncio? ¿Tanto peso tiene el uso más o menos inocente de los tópicos? ¿Hemos de montar un colectivo a la manera de “Hombres ultrajados buscan respeto” o algo así? porque este tipo de anuncios prolifera cada día más. Y si no fijaos (total… para los programas que ponen… casi mejor ver anuncios).
Tocando otro tema de este foro multitemático, pues decir que yo debo ser una persona rara o la mayoría de los que escribís aquí sois un poco asociales. A mí me gusta estar con mis familiares y amigos todo el año; y en Navidades razón de más porque hay vacaciones, te dan paga extra, hace frío y la comida entra que es una maravilla. Que de vez en cuando falte alguien es normal, la gente se muere; pero yo los echo de menos todo el año, no sólo en Navidades. No identifico la muerte de mis familiares con las Navidades.
Y los regalos los hago todo el año, cuando veo algo que me gusta para alguien a quien aprecio lo compro y se lo doy, sin que tenga que ser su cumpleaños, Navidades o el Día Mundial de las abuelas con gafas…
Y una última cosa… ¡¡¡a mi me gustan los Febrero Derroché!!! ¡SÍ, LO CONFIESO! ¡Y que sepais que tienen una avellana dentro y eso del arroz inflado es un bulo; tienen barquillo! (Capa de chocolate con trozos de avellana, capa de barquillo, crema de chocolate en plan Nocilla y por ultimo la avellana) He dicho.
¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!
Pues me alegro de q halla algún vitalista por aquí, cierto es q me ha quedado muy lúgrube mi exposición anterior.
Aún así, decirte q tu eres una excepción (creo yo). Normalmente estamos todos con la cabeza puesta en mil vainas intrascendentes si lo piensas de verdad y con poco tiempo para recrearnos en esas cosas. Es el mal del hombre de nuestro tiempo. La prisa. Sólo piensas en hacer cosas y cosas, ahorrar tiempo para hacer más, no para disfrutarlo luego.
Es una especie de “huida hacia adelante” q nos evita/permite el encontrarnos con nuestro ser. Para los amantes de la bibliografía, esto lo explicaba muy bien Erich Fromm en “El arte de amar” (libro estupendo).
Salu2 champion