Asesinato con daño colateral
Los medios de comunicación vienen dedicando amplios espacios informativos al desenlace del caso de doble asesinato en Mijas y Coín. Con la detención de Tony Alexander King, y gracias a los análisis de ADN practicados, se ha resuelto el origen de las muertes de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes. No hay más que conocer, aparte de las características del asesino (con antecedentes, una posible patología de tipo sádico), las pruebas que lo incriminan y la confesión como autor de estos asesinatos y otras tantas violaciones en los últimos años.
En el tratamiento mediático, cuando todos sabemos que en casos como estos se cae con demasiada facilidad en el sensacionalismo, se barajan además otros muchos aspectos que dan lugar a discusión. Aunque no con todos ellos se generan debates edificantes. Por un lado, se alaba la labor policial, en concreto de la Guardia Civil, pero no se destaca suficientemente los problemas de coordinación durante la investigación realizada por distintos cuerpos de seguridad: es perjudicial para todos que estén en pugna constante por quedarse con los casos más notables.
Por otro lado, se pone en cuestión la figura del jurado: irrelevante, a mi entender, para el caso del otro daño colateral de los asesinatos -la condena a Dolores Vázquez- puesto que un juez intervino también en la sentencia y la influencia ambiental podría haber afectado casi por igual a un tribunal profesional. El juicio paralelo y la condena de la opinión pública -con claros tintes homófobos- deberían ser las principales preocupaciones de quienes han manejado irresponsablemente el asesinato de Rocío durante cuatro años, tanto por su tratamiento informativo como por la presión policial que terminó con el juicio posteriormente suspendido por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.
En su magistral columna diaria, Manuel Alcántara se pregunta hoy, ¿Qué hacemos con Dolores?:
«La llamaban asesina, con una convicción absoluta y con muchos decibelios. Las buenas gentes del pueblo tenían la cólera en el corazón y la certidumbre en el entrecejo. La intentaron linchar y por poco lo consiguen. Dolores Vázquez era la mala de la película de terror. Un jurado popular lo vio clarísimo y el pueblo, que no se equivoca nunca, ni cuando prefirió a Barrabás ni cuando eligió democráticamente a Hitler, al parecer, la declaró culpable. Estuvo dos años en la cárcel y sólo la inteligencia y la tenacidad de Pedro Apalategui, que es un abogado de verdad y no del informe montón, siguió dando la batalla de su inocencia. Dolores no le caía bien a nadie y por eso le cayó la sentencia. Nos la pintaron como una persona gélida, de una impiedad total, poseída por un turbio e irrefrenable afán de venganza. ¿Qué hacemos ahora con esta mujer?» (sigue)
El éxito de la investigación que ha terminado con el despreciable asesino en la cárcel puede ser elogiado ahora por todo el mundo. Pero no parece lógico olvidar al mismo tiempo el fracaso policial que ha acarreado perjuicios irreparables a una persona a quien no se le ha aplicado presunción de inocencia alguna. Recurro a lo escrito en otro periódico, El País, ayer por Javier Pérez Royo: «Dolores Vázquez ha sido víctima de un fallo cumulativo de casi todos los instrumentos previstos en nuestro ordenamiento para la protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos».
Y terminaba el artículo con una expectativa que cualquier persona con un mínimo de sensatez debería desear: «Confío en que haya un reconocimiento expreso del error y que se pidan las disculpas pertinentes».

A mí lo que me sigue repateando los bajos es la poca vergüenza de la madre de Rocío al continuar acusando a Dolores Vázquez a pesar de las nuevas evidencias, lo que demuestra también que la persona gélida, de una impiedad total, poseída por un turbio e irrefrenable afán de venganza quizá sea aquélla, y no la condenada. Todo habrá de verse.
Mi opinión es que este tipo de hechos no deberían ser el centro de la atención mediática.
De acuerdo con David en que el tratamiento mediático ha influido muchísimo en el caso de la Sra. Vásquez. Cierto que esta clase de crímenes deberían tener menos centimetraje y minutos en los medios de comunicación, no hay duda!!. Pero ya que nuestros medios han decidido convertirse en emisores constantes de crónicas rojas ante el plomo que representan los políticos de la derechona y la izquierdilla (cosas del parlamentarismo ya ves), opino que deben ser tratadas las consecuencias e implicancias sociales de casos como el de la Vásquez, salvada de la ignominia por un abogado de verdad y por el descubrimiento de los verdaderos móviles y victimario a despecho de las incoherencias buocráticas de las policías.
La primera implicancia apunta a desnudar la realidad de una sociedad que prefiere el cotilleo a cualquier reflexión moderadamente sosegada, ya sea éste respecto de nuestros muy aburridos nobles (y los del resto de Europa) o en torno a esos crímenes que llevan a las señoras de buen obrar a clamar a Dios por los maleficios de una modernidad (o post-modernidad o lo que sea) de la cual tanto disfrutan.
La segunda cuestión se refiere hasta que punto los “españoles” somos tan modernos como creemos: seguimos siendo atávicos, ultraconservadores y hasta ultramontanos, nos apresuramos a “gritar al ladrón, al ladrón” y ofrecemos una precea al altar del Dios de las Buenas Costumbres, en este caso la Vásquez.
La tercera, pues bueno, que es para ponerse a temblar el sólo pensar que en España pudiera aplicarse alguna vez la pena de muerte como en el Texas Bush hijo, por que quizá la Vásquez estaría hoy piadosamente achicharrada o con suficiente veneno en las venas como para matar a un regimiento. Si en EEUU, se calcula que 1 de cada 3 condenados a muerte son inocentes (no me pregunten cómo AI hizo este cáculo) cabría suponer que nuestra histeria ultramontana arrojaría unos cuantas víctimas propiciatorias para el Moloch ibérico de la España Grande y Una.
En fin que estoy desperdiciando mis palabras (al igual que David y los otros que aquí escriben y opinan) pero uno a veces confía en la Recta Razón, en todo caso Dolores merece ser resarcida en su reputación por todas las instituciones del Estado, los Medios y algún vecino de pueblo.
Salud
Mi opinión es que tan grave es acusar a la ligera como exculpar del mismo modo. Que hayan dado con el supuesto asesino no tiene porqué eximir a Dolores Vazquez de estar implicada (aunque no haya sido la autora material del crime). Tampoco digo que sea culpable, sólo que no creo que la investigación esté cerrada y pueden haber novedades. No la declaremos culpable o inocente antes de tiempo.
Saludos
Lo más increíble es que las asociaciones de maricones y bolleras no hayan protestado por algo evidente: el generalizado e irresponsable linchamiento que medios de comunicación, vecinos y fuerzas del orden llevaron a cabo contra Vázquez se fundamentaba en algo tan sencillo como que la tipa era homsexual. Así de claro.
Por cierto, la imbécil de la madre de la Rocío de marras, además de hija de puta carroñera, era también lesbiana, digo yo.
Sobre la cobertura mediática de este suceso, crimen que causó lógica alarma social, sin duda, pero suceso al fin y al cabo, se puede uno referir a la viñeta de Forges del domingo: diseñadores de contenidos informativos que aderezan las noticias con el morbo necesario para contentar a las masas.
Pero creo que en este caso, como se ha dicho, está justificado el número de páginas de periódicos o minutos de televisión por las implicaciones profundas en relación con aspectos que interesan a todo el mundo: eficacia policial, errores judiciales, injusticias administrativas… Seremos todos los ciudadanos los que tendremos que pagar esa indemnización debida aunque insuficiente a Dolores Vázquez por el calvario sufrido. Más de uno debería empezar ya pidiendo perdón (el caso de la actitud de Alicia Hornos, en efecto, JR, es patético).
Coincido plenamente con streptococo, pero me gustaría puntualizar que nada de desperdiciar palabras: no tiene por qué ser una causa perdida el intentar que algún día la sociedad deje de tener tanto apego por la ley de Linch.
Por último, respondiendo a Paquito. A mi entender no hay comparación posible entre condenar o exculpar: lo primero es una función de los tribunales, tantas veces usurpada por la opinión pública. Lo segundo es, cuando sentamos a alguien ante el tribunal de la opinión general, una lógica consecuencia de la presunción de inocencia. Veremos qué depara aún la investigación, de acuerdo, pero Dolores Vázquez es -a falta de pruebas en su contra- inocente. Según parece, ni siquiera deberá sentarse en el banquillo en un nuevo juicio.
Saludos.