Diario de un aspirante a tertuliano

Reflexiones de agosto y hamaca

Publicado en Uncategorized por David Iwasaki el 1 de August, 2003

Cuando llegan estas fechas, los medios de comunicación que se llevan todo el año moldeando eso que llamamos la ‘actualidad’, donde cabe todo -desde los asuntos más o menos relevantes de la política a las informaciones interesadas de los diversos grupos de presión-, parece que se ven acuciados por la necesidad y recurren a lo que de algún modo podríamos calificar como lo ‘verdaderamente importante’ para los ciudadanos. Esto es, la información sobre la vida cotidiana inunda los informativos, con especial contundencia en lo referido a los espacios dedicados a las ‘operaciones’ especiales de tráfico de vacaciones y al estado del tiempo. Como no se habla de otra cosa en la calle -de las altas temperaturas en este caso-, los medios no hacen sino amplificar la información que ‘interesa’ a los espectadores. Elemental traslación del foco de atención del ciudadano común al foco de atención mediática, ¿no?

Pues la verdad es que la cosa no es tan así. Es cierto que en periodos vacacionales la prensa se ve obligada a reorientar la actualidad diaria, con el adelgazamiento de los periódicos y el consiguiente relleno mediante noticias estivales en las que una anécdota puede merecer más columnas que un gran acontecimiento. Pero la habitual -se da todos los años- histeria mediática hacia, por ejemplo, la espantosa ola de calor no se corresponde precisamente con ningún interés particular de los espectadores, o lectores, u oyentes, hacia los grados que marca el termómetro como variable fundamental de sus vidas. En el fondo, hablar del tiempo siempre es una forma inútil de no hablar de nada. Es todo más primario: el calor que sufrimos en el ecuador del verano es agobiante, tremendamente agotador, desmesuradamente fastidioso. Y por eso tenemos que proclamar lo jodido que es andar diez metros seguidos bajo el azote del lorenzo y el sudor que no tiene ya poros por donde salir cuando el termómetro marca más de 42 grados.

Es una terapia colectiva que se plasma en esos telediarios que abren con la noticia del calor sofocante como si ya no pasara nada más en el mundo. Los que sufrimos este clima infernal nos merecemos esos titulares de portada: seguro que en Finlandia andan hoy mismo preocupados por otras cosas, ¡claro! porque no tienen motivos para quejarse del tiempo en verano. Y de este inicio de agosto que, por lo que se ve, va a batir todos los record de altas temperaturas, vienen todos los males (o bienes) del estado superficial y baladí del espejo mediático que se refleja durante el periodo vacacional. La gente no quiere hacer trabajar las neuronas más de la cuenta, y mientras se descansa sólo se aspira a realizar unas cuantas ‘reflexiones de hamaca’. Cuando se está tumbado, y con la temperatura ambiental adecuada, el cerebro procesa las ideas con la apacible percepción de que el mundo sigue su marcha -sin que nos importe demasiado lo que ocurre, todo hay que decirlo- mientras uno ha decidido bajarse de él durante un tiempo.

Las reflexiones de hamaca sirven, en ocasiones, para dar una mejor dimensión a cada asunto que el resto del año pasa por nuestras manos sin haber podido calibrarle con tranquilidad su verdadera importancia. Aunque también suelen proporcionar ‘pensamiento de baja intensidad’ al análisis atragantado de lo que nos ofrecen los medios en verano: estas últimas semanas no he parado de reflexionar en mi hamaca acerca de las repercusiones sobre la relación entre Cuba y España que produciría la separación de Sara Montiel y el cubano. La información estival constituye un género en sí misma, y hasta que no llegue septiembre me temo que será, como de costumbre, el centro de cualquier conversación. La frivolidad inherente a este agosto caluroso no me la podré quitar de encima, al menos, mientras en este valle del Guadalquivir vea todos los días a los mosquitos volando con botijo. Así cualquiera se pone a pensar más de lo necesario.