Récords de atletismo: año cero
Estaba escuchando comentar en la radio una noticia que me resultó tan sorprendente, al no haber oído antes hablar de tal propuesta, que pensé podría ser consecuencia de los malos entendidos -posibles y probables- que se producen entre lo que sale por una nota de prensa y lo comentado por un tertuliano, pasando antes por el teletipo y por las manos de un becario agosteño. Pero no: es cierta. Resulta que las federaciones de atletismo de los países nórdicos proponen que se anulen todos los récords mundiales anteriores al año 2000. La razón: varios habrían sido batidos gracias a productos dopantes.
Borrón y cuenta nueva, vamos. Es curioso que esa idea de cerrar un periodo culminante de la historia para abrir una nueva era denota un cierto descreimiento en lo que llamamos progreso. Se da cuando alguien decreta que todo lo escrito en el siglo XX está bien pero que los mayores logros de la literatura han salido de la pluma de autores que llevan muertos doscientos años. O en el caso de quienes establecen que las mayores obras maestras de la historia de la música son todas anteriores a 1850… después, todo se ha echado a perder, y así en cualquier ámbito.
Sin embargo, la cosa del atletismo no va por ahí. El progreso ético, moral o estético de la humanidad, no sé si es indudable que se produce a lo largo de los años. Pero desde luego el progreso físico y deportivo es innegable. El problema aparece con el dopaje, según dicen muchos, más que probado de bastantes atletas de la élite de determinados países durante las décadas de los 80 y 90. «Hasta las cejas», remarca alguno por ahí. De tal manera que una gran cantidad de los récords aún vigentes se vuelven marcas casi imbatibles por los actuales deportistas, mucho más controlados.
La gran carga de profundidad de esta propuesta de anular los récords -que difícilmente saldrá adelante, puesto que hay federaciones importantes a las que perjudicaría notablemente- reside en el cuestionamiento de todas las competiciones atléticas de élite, que aparecerían tras una sombra de sospecha. Hay récords que es posible anular si se demuestra el uso de sustancias dopantes: si se sigue por ese camino, uno a uno podrían ir saliendo a la luz muchos casos. Pero la depuración general de todos los récords suena apocalíptica, como si fuera tan urgente refundar la verdadera y sana competición en el deporte. A partir del año cero de la era sin dopaje.
No creo que pasar página a los récords del siglo XX sea la solución para el atletismo. Comentaba un articulista en el AS: «Desde el momento en que todavía existen productos indetectables para los laboratorios antidoping, también hay motivos para recelar de los récords establecidos en el siglo XXI». Es como si jugáramos al trivial y decidiéramos, tras descubrir que alguien hace trampa, reiniciar la partida con el convencimiento de que ya no volverá a pasar. Aunque se repitiera la escena un millón de veces, Eva seguiría cogiendo la manzana.
Lo más lógico en este caso es pensar que no tenemos remedio: la perfección humana es una contradicción en los términos. Pero al mismo tiempo se puede confiar en lo contrario… justamente en que hay un progreso natural que nos hace superarnos cada vez. De forma que tarde o temprano casi cualquier récord de los años fuertes del dopaje podrá ser batido por un deportista limpio, al menos, de cualquier sustancia detectable por la técnica antidoping. Porque esa es otra… ¿la tecnología detecta-dopaje también va en continuo progreso?

Lo malo es que la tecnología detecta-dopaje, siempre irá por detrás de la del dopaje. Creo que la única salida convincente está en creer en la buena fe de la gente.
que homologuen el dopaje