A vueltas con el déficit
¿Se convertirá en costumbre? Escribo el domingo sobre un determinado tema en el blog y el lunes aparece destacado en varios medios de referencia. ¿Tanta capacidad de influencia habrá adquirido el universo de las bitácoras? No, en realidad es una curiosa coincidencia en relación con el artículo que escribí para Posdatas sobre la cuestión del déficit público en la UE. Es un asunto algo alejado de las primeras planas de los periódicos, pero que está de constante actualidad y se le presta notable atención cada cierto tiempo cuando se reaviva la ya clásica disputa en torno a la flexibilización de los términos del Pacto de Estabilidad. En el otro blog, como podrán leer, abordo la necesidad que tienen varios países de aplicar medidas para evitar la recesión, lo cual les lleva a olvidarse por completo del equilibrio presupuestario.
Pues bien, el lunes editorializaba el diario Cinco Días sobre los peligros del déficit cero; en El País el editorial hablaba de flexibilizar el Pacto; y en LPD se ponía sobre la mesa la disyuntiva sobre la conveniencia o no del déficit para mejorar la economía mediante este artículo de Guillermo. Mientras los medios de Polanco metían el dedo en el ojo al gobierno por lo que yo llamo la acendrada fe en la ‘pureza presupuestaria’ (que les hace defender con entusiasmo la ortodoxia del déficit cero en la UE aplicando, para dar ejemplo, los rigores oportunos en la elaboración de su política de inversiones), la referencia de LPD plantea oportunamente por qué no se consideran prioritarias, frente al déficit cero, muchas de las políticas estructurales que necesita la economía española. Hay varios niveles de debate:
- El escollo que representan las autoridades económicas empeñadas en el equilibrio de las finanzas públicas dentro de unos tres o cuatro años, se materializa en estos momentos en la virtual atadura de pies y manos que sufren Francia o Alemania al no poder manejar políticas fiscales adecuadas para evitar la recesión sin incumplir con ello los límites que marca el Pacto de Estabilidad. Naturalmente, éstos y otros países están ya con más déficit del permitido, y cualquier maniobra que tratara de evitar tal pecado a ojos de los adalides del equilibrio no haría más que empeorarlo todo. La flexibilización no tiene vuelta de hoja, y por fin se eliminará tal rigidez incomprensible en los criterios de estabilidad.
- Por otro lado está la idea de que, además de para reanimar una economía, el gasto público es necesario en estos momentos para garantizar la convergencia real en el marco de la economía europea. Al mismo tiempo, puede ser deseable mantener equilibrado el presupuesto público; pero en unas circunstancias como las actuales es cada vez más evidente que mantener el objetivo de déficit cero a toda costa es un tremendo error. Decía el editorialista de Cinco Días: «¿Puede España, cuyas infraestructuras, gastos en I+D, ayudas sociales y Estado del bienestar, están muy por debajo de la media europea, mantener el déficit cero a rajatabla? ¿Hay razones económicas para insistir en una política fiscal que va en contra de la actual fase del ciclo?».
- Finalmente, este gobierno como cualquier otro debe ser juzgado por qué política de inversiones se decide a realizar. Los problemas estructurales de una economía como la española no son como para obviarlos con el manto del discurso simplista de que si el PIB crece, todo va bien. En ese sentido, cualquier doctrina de déficit cero que no contemple las implicaciones de la productividad y la capacidad de generar bienestar social, puede ser perjudicial. Porque olvida las necesidades reales de los ciudadanos. Gastar ahora para construir los cimientos del crecimiento futuro, en suma.
En el terreno europeo, la construcción de infraestructuras podría actuar como suma de inversiones en favor de la integración y como gasto público anticíclico. Aunque, como señalaba Manuel Conthe el domingo en las páginas ’salmón’ de ABC, las Redes Transeuropeas de Transportes impulsadas desde 1993 se han quedado en un proyecto apenas iniciado. Sería interesante por tanto retomar también la idea de las infraestructuras públicas transnacionales para, entre otras cosas, dinamizar la economía.

Yo recuerdo el debate que se produjo hará tres o cuatro años, cuando el problema era a qué destinar el gigantesco superávit que, se preveía, iban a tener las economías desarrolladas. Y mira en qué quedó todo.
Para mi lo grave es que se instale la idea en el Gobierno de que ellos están ahí para gestionar los recursos públicos, y punto. La idea neoliberal de lo que debe ser un Estado (lo curioso es que estos mismos neoliberales no tienen ningún problema en exigirle intervencionismo al Gobierno cuando se trata de sus intereses: neoliberales “pata negra” made in Spain, como el propio Federico Jiménez Losantos) sería sugestiva si la economía siempre fuera bien, lo que no es el caso. En una coyuntura negativa como la actual, cerrarse en banda con lo del déficit no me parece una gran idea.
Cierto, pero no solo en una coyuntura negativa. Una economía como la española no puede renunciar por principio a la posibilidad de realizar un esfuerzo especial que pueda resultarle ‘rentable’ en el futuro. Cuando otros gobiernos sí se preocupan por crecer en productividad, que con la idea del déficit cero de por medio se nos venda aquí esta mera gestión de los recursos como la panacea de la ’salud’ económica y el crecimiento equilibrado es un puro engañabobos.
Por supuesto. De hecho, me pregunto si los años de prosperidad de los gobiernos Ánsar no han sido una oportunidad perdida para crecer en productividad. En Irlanda se arriesgaron, pasando en diez años de ser un país tan pobre como el nuestro a prácticamente el más rico de toda la UE, con un índice de crecimiento del 6% que ni el Caudillo en los Planes de Estabilidad.
Aquí, sin embargo, preferimos ver las cosas desde la barrera y no hacer nada, o en todo caso no hacer mucho, salvo vender para tapar así los terribles agujeros del déficit. Y yo me pregunto: ¿qué pasará cuando Mamá Alemania (que por cierto tiene déficit gracias, entre otros, a nosotros) deje de soltar fondos estructurales para dárselos a los polacos?
Saludos
Me parece bien que se diga que el pacto de estabilidad debe ser flexibilizado en el caso de una mala recha económica pero no se debe exagerar ni faltar a la verdad porque luego se cometen excesos que ya hemos vivido en otras ocasiones.
David por ejemplo se refiere a las inversiones y no la gasto corriente que no puede aumentar la productividad y que conforma el grueso del gasto. Pero mas llamativa me resulta la referencia a Irlanda de Lopez, pais que que lleva en superavit presupuestario desde 1998, y que ha basado su modelo de crecimiento en la exportación y la inversión extranjera (favorecido por sus bajos salarios, su localización y por ser un pais anglosajón). Por cierto que la relación del deficit aleman con los fondos estructurales es aproximadamente cero.