.actualidad:Morir matando*

 

Siguiendo nuestra últimamente habitual línea Yoyalodije, Johan Cruyff escribía antes de ayer en La Vanguardia lo que iba a ser nuestra línea editorial de hoy. Días antes -concretamente dos- el panfleto deportivo Sport se destapaba con una exclusiva sobre la reunión Txiki-Rijkaard donde se perfilaban los objetivos para renovar la clase media del club una vez finiquitado este ciclo, entre ellos Albelda y Andrade, dos miembros del panteón privado del que escribe. Pues bien, el Profeta neerlandés, que curiosamente -y pela mediante- presta su talento al Grupo Godó (editor también de Mundo Deportivo), crítico con Laporta y su junta, nos explica que el Barcelona debe salir a por todo en esta semana de pasión que le espera.

Efectivamente, no es momento de reservar siquiera fuerzas para la poco apetecible Copa del Rey, pues si sale cruz lo de Anfield, no sería mal maquillaje presentar un doblete hegemónico en lo nacional. A la vez, tampoco se deben reservar fuerzas para intentar no perder en Sevilla, pues de lo contrario, el equipo palanganero tendría una última oportunidad de reengancharse a un Campeonato de Liga en el que no cree ni el Moranco aunque fuera al mismo tiempo amado por Aitor Ocio y humillado sexualmente por Dragutinovic. Qué decir del partido contra el Madrid en el Camp Nou la semana siguiente, que puede sumir al Enemigo en la Madre de todas las Crisis, y, por supuesto, la epopeya de Anfield, sin duda la que todos los barcelonistas preferirían ganar incluso perdiendo los demás envites.

De todas formas, no es cuestión de elegir, el equipo debería ir a por todas -como bien dice Cruyff, se puede perder, pero que sea dándolo todo-, más que nada por el efecto moral, no tanto de la plantilla como dice El Flaco, sino sobre todo de la canallesca prensa deportiva catalana, que puede convertirse en los próximos días en una montaña rusa que ríase usted del monte Comunismo incrustado en mitad de los Urales. En el Madrid y en el Barcelona asistimos a la dictadura del último resultado, y una derrota traerá pesimismo extremo y tertulias sobre el fin de ciclo al famoso Entorno mientras no llega el siguiente partido, y las victorias harán echar humo a los servicios estadísticos en busca de un inexistente Barça mejor que el actual.

Como aquí nos mojamos, y pese a toda la mierda que lo rodea, el fútbol está protagonizado por futbolistas, queda escrito que lo más probable es que queden eliminados de la Copa, pues no deja de ser un chupito, y con eso nadie es capaz de entrarle a una fea una noche cualquiera. De hecho, es curiosa la estadística de las Copas del Rey ganadas por el Madrid de la Quinta, el Barça de Cruyff, el Real galáctico y el Dream Team 2.0 juntos: nada menos que… ¡dos!, una que ganó Beenhakker en el Bernabéu ante el todopoderoso Real Valladolid, y otra que salvó el pellejo de Cruyff en su segunda temporada, precisamente ante el rutilante Enemigo de los 107 goles en Liga dirigido por Toshack.

En la Liga, la propia incompetencia de los rivales acabará regalando el título a un equipo que ha jugado más de media temporada sin su delantera titular, y en Copa de Europa… coja una moneda, elija cara o cruz y láncela. Pese al resultado de la ida, sigue siendo una eliminatoria incierta en la que se hace imposible apostar dinero.

En todo caso, acabe en blanco o con triplete, esta temporada debe dar paso a un lavado de cara, ya que un equipo grande no puede depender de que Eto´o estornude más de la cuenta o pise mal, o de que todos sus rivales sean igual de patéticos que el otrora glorioso y aguerrido Athletic Club.