TANQUEM ELS CIE

MH Cerdanyola se trae a Andrés Armengol de Tanquem Els Cie para hablar de los Centros de Internamiento de Extranjeros. A ti, sin saber de qué va la cosa, te dicen que te meten en un Centro de Internamiento, y ya te cagas de miedo, porque suena a campo de concentración. Si a ti, recién arrojado sobre la playa de Tarifa, te empaquetan como a mercancía y te depositan en un almacén de Zona Franca, te cagas encima. Luego, si te acostumbras, ya te dejan cagar en un cubo que tienes en la celda compartida con otros. De hecho ni siquiera te tratan como mercancía, a ciertas mercancías les reconocen su fragilidad y van en envoltorios acolchados. A un cuerpo humano convertido en mercancía nadie le reconoce su extrema fragilidad. Las mercancías circulan libres por Europa, algunos seres humanos no. Te enteras de estas cosas y te cagas en todo. Y claro, el mundo es ya una mierda. Pero luego te dicen Centro de Internamiento de Extranjeros y suspiras aliviado, es para otros, y la indiferencia disimula el hedor. Para eso, para combatir la indiferencia y denunciar lo que pasa en esos Guantánamo patrios, está la gente de Tanquem els CIE.

Un CIE es como una playa de Argelès sin arena y sin mar y con los senegaleses al otro lado de la alambrada. Antes dije campo de concentración. Vale, me he pasado. Hay diferencias. Allí te recibía aquello de ‘El trabajo os hará libres’, aquí te recuerdan que ‘Un contrato de trabajo os hará libres’. Allí había duchas de gas, aquí ni siquiera hay gas para tener agua caliente en las duchas. La ducha fría al sueño europeo deja de ser una metáfora. Allí te podías encontrar con el Doctor Muerte de turno, aquí te puedes encontrar con la muerte sin ningún doctor de turno para atenderte. Hemos evolucionado a un estado de barbarie civilizada.

Vas por la calle o hablas desde un locutorio con tus hijos y te piden los papeles. Puedes llevar un montón de años trabajando sin contrato. Y te encierran en un CIE. El de Barcelona está en Zona Franca, a tomar por culo, para ponerlo fácil a los familiares y amigos. Sólo pueden encarcelarte si has cometido un delito tipificado como tal por el Código Penal. No tener papeles no lo está, es una falta administrativa. Pero claro, un CIE no es una cárcel, sólo un centro de retención cautelar y preventiva a la espera de la expulsión. Tiene un reglamento que suele empezar y acabar en las órdenes del director.

Tanquem els CIE denuncia inhumanas condiciones de higiene, sanidad y alimentación, situaciones de hacinamiento y humillación que, una vez más, se pasan la Constitución por el forro. Si paseas por Barcelona vestido con los rasgos étnicos equivocados y te trincan, te puedes pasar hasta 60 días en el CIE, de tirón o a plazos. Si eres mujer te mandan a Madrid o Valencia y ya de paso se cargan de un manotazo toda una red familiar. Si hay menores por medio acaban en un centro de menores y allí el Estado cuida ellos hasta que cumplen los 18 años. Y, todo un detalle, no los expulsan del país. Los retornan al país de origen. No es broma. Es cinismo.

Organizaciones sociales y periodistas tiene el paso vedado. Los familiares tienen pocos minutos para un cara a cara y está prohibido todo contacto físico. No puedes abrazarte. Si no te abrazas te caes más fácilmente. Eso sí, hay presencia constante de Cruz Roja, remunerada vía convenio con Ministerio de Interior, paseando como un casco azul holandés en Srebrenica. El Ministerio de Interior también adjudicó en marzo de 2013 a Air Europa y Swiftair (UTE) el contrato de servicios de transporte aéreo de pasajeros para el traslado de ciudadanos extranjeros y de los funcionarios policiales encargados de su custodia entre diversos puntos del territorio nacional y desde éstos a otros países por 11.880.000 euros durante un año.

Las administraciones prefieren mirar hacia otro lado. El Estado central deja los CIE en manos de la Policía Nacional, que no han venido al mundo a repartir magdalenas. El Ayuntamiento de Barcelona tiene temas más importantes que atender, como inaugurar la nueva noria del Tibidabo, que desde allí la ciudad se ve muy reluciente. Y la Generalitat, bueno, me temo que hasta que los internos del CIE no creen una plataforma de Sense papers per la Independència, no se les tendrá en cuenta como motivo de enfrentamiento con el gobierno central.

Las leyes de inmigración y extranjería aprobadas y modificadas sucesivamente por gobiernos de PSOE y PP (yo es que pienso en PP y PSOE y se me vienen a la cabeza Arnold Schwarzenegger y Danny De Vito en Los gemelos golpean dos veces) se endurecen progresivamente, acercándose a las leyes de ciudadanía de Alemania 33, fijando una clara división entre nacionales y excedente laboral llegado con el hambre a cuestas. Los estados nacionales trasladan las fronteras al flujo sanguíneo. Y dos notas de pasado reciente para aventurarse a temer un futuro de aquí mismo. Mariano Rajoy, Ministro de Interior de taxativa política migratoria, es ahora presidente del Gobierno. Ignacio González, secretario de Estado de Inmigración línea dura, es ahora presidente de la Comunidad de Madrid. No es de extrañar que suenen rumores para privatizar los CIE, empezando por la atención sanitaria. Y nos dará igual. Y la habremos cagado una vez más.

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BYE BYE AISCONDEL

Ha comenzado el derribo de las naves de Aiscondel en la calle de Santa Anna, 101. El recinto de 50.000 m2 es propiedad, como no, de un banco. Las naves, abandonadas durante años, habían alojado hasta unas 1600 personas, mi padre entre ellas. Fundada en 1943 en Barcelona, Aiscondel se trasladó definitivamente a Cerdanyola en 1964, convertida en uno de los grandes motores de crecimiento de la ciudad.

Eran tiempos de jornadas laborales de 12 horas, de lunes a sábado. Tiempos de listas negras y sindicato vertical. Tiempos de PSUC y CC.OO. Tiempos de tricornio, miedo y palizas en una habitación mal ventilada. Aquí llegaron inmigrantes bregados en la supervivencia, mineros de Fígols y obreros rebotados de la Aismalíbar y Mir Miró con la reivindicación en el cuerpo, que explican buena parte de la lucha obrera impulsada desde este recinto en demolición, casi como la lucha obrera en este país de clase media.

En 1962, a raíz de la declaración del estado de excepción en Asturias, Gipuzkoa y Bizkaia, ya se produce la primera huelga en Aiscondel, con el resultado de varios despidos. Un despido significaba entrar en la lista negra y no volver a ser contratado en ninguna fábrica. La gente quería trabajar en una fábrica porque ahí se fabricaba el futuro de sus hijos, muchos de los cuales llegarían a ser el primero en generaciones en acceder a la Universidad.

En 1966 viene otra huelga que logrará la jornada laboral de 8 horas. Y más despidos que acaban descabezando a CC.OO. Era un ciclo habitual: una reivindicación laboral lleva a la huelga (ilegal), la huelga a los despidos y encarcelamiento de los más incómodos para la empresa, que para calmar los ánimos ofrece algunas compensaciones que no logran impedir nuevas movilizaciones pidiendo la readmisión de los represaliados, uniendo reivindicación laboral con reivindicación política.

Eran tiempos de cargas policiales y puertas que se abrían dando cobijo. Si Aiscondel paraba, todo se paraba en un efecto correa de transmisión que recorría la industria local. Eran tiempos de asambleas semiclandestinas en el merendero de Les Fontetes un domingo por la mañana, con alguien subido en un pino para avisar si venía la Guardia Civil. Eran tiempos de abogados laboralistas, nuestros primeros héroes.

Para mí, era un niño, Aiscondel era el día de Reyes, haciendo cola para recibir un espléndido lote de regalos y tizne de betún del rey Baltasar en las mejillas. Era los manteles de hule que fabricaban y mi padre se traía a casa, que lo mismo servía de mantelería de mesa, esterilla de picnic o cubierta de herramientas y bicicleta en el trastero. Eran aquellas botas de puntera reforzada que papá guardaba en el armario. Fue también aquel carnet de CC.OO. firmado por el Guti que mi padre me mostraba con orgullo. Ese mismo carnet que mi padre miraba atónito, perdido, sin entender nada, cuando el PSUC saltó hecho añicos.

En 1973, a raíz del asesinato de Manuel Fernández Márquez en la huelga de la construcción de la central térmica de Sant Adrià, el turno de noche de Aiscondel plantea una huelga de protesta contra la violencia policial. Manifestaciones, cargas y el cierre durante dos días de fábricas, comercios y bares mientras la policía ocupa las principales vías urbanas. La huelga sirve para plantear nuevas reivindicaciones laborales y se alarga en algunos centros. La dirección de Sintermetal se pasa tres pueblos con las medidas disciplinarias y Aiscondel da su apoyo y se embarca en una huelga que se alarga prácticamente todo el mes y acaba con más de 70 despidos, incluyendo en el paquete a todo el comité de empresa. Por estas cosas, supongo, y por algún ojo a la virulé que trajo papá, mi madre siempre me aconsejó ver, oír y callar para evitar problemas y progresar en el trabajo. El hombre del saco se parecía mucho al sargento Pizarro.

En 1976 la pancarta ‘Meler en lucha, por el pan, el trabajo y la libertad’ recorre Cerdanyola. Ya ven, luego se pasó de pedir el pan a pedir el plasma, y así nos ha ido. Son los prolegómenos de las huelgas generales de aquel año. Cedanyola contabilizará, según prensa de la época, 6000 huelguistas, 396 empresas cerradas y una asamblea unitaria en el campo de fútbol. Y muchos descubren que una hora de lucha puede agotar más que doce en la cadena de montaje.

Luego vendría el cierre progresivo de todas esas fábricas y el desmantelamiento acelerado de todos los derechos que allí se fueron ensamblando. Hace años, en estas paredes que ahora se derriban, en medio de una discusión entre un representante de la empresa y un representante de los trabajadores, se podía oír el grito de un trabajador anónimo recogiendo el sentir del personal: ‘¡¡tíralo al río!!’. Esas mismas paredes que han oído como despedida la Segunda Sinfonía de Beethoven interpretada por la Jove Orquestra de Cerdanyola. Beethoven escribió esa sinfonía con los primeros síntomas de su sordera. No hagamos oídos sordos a las voces de nuestra memoria o ya no quedarán rastros de tizne de betún en nuestras mejillas, nos deslocalizarán de nosotros mismos.

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Mani de StopPujades el 15M

Nuestro compi Toni (quién más se produce por aquí últimamente) estuvo en la manifestación contra la subida del precio del transporte público en Barcelona y esto es lo que vió.
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Barcelona. Tiempos de carestía y corrupción. La mayoría de la gente tiene serios problemas para llegar a fin de mes y unos cuantos se afincan en la obscenidad. La ciudadanía no se siente amparada por unas autoridades e instituciones que tienen más de entramado familiar de gracias y favores que de servicio público. Y van desde los despachos y suben los billetes del transporte público, fundamental en el día a día de miles de trabajadores y trabajadoras. La gente, claro, va y se mosquea: se invita a los usuarios habituales a no pagar billete, a mostrar su descontento, a no utilizar el transporte público. Incluso hay algunos incidentes en los barrios con desperfectos y cargas. Finalmente, las autoridades deciden dejar las tarifas tal como estaban antes de la subida.

Efectivamente, ya lo habrán adivinado, estamos hablando de la Barcelona de 1951. Momentos antes de que el aumento del precio del billete del tranvía desembocara en los dos días de huelga general del 12 y 13 de marzo. Aún se recuerda en el Poblenou a un grupo de mujeres llegando a Can Girona (Macosa). Un encargado se puso farruco y una de las señoras sacó toda su furia de madre y le soltó el sopapo que todo mal hijo merece. Y se paró la producción.

En la Barcelona metropolitana de 2014 no se atisba ninguna huelga general por el aumento del precio del transporte público, pero pese al acuerdo parlamentario para instar a ATM a rebajar los precios, se lleva a cabo la protesta prevista en Sant Jaume, organizada por Stop Pujades Transport. Nota: esos mismos parlamentarios tan atentos a las demandas ciudadanas cobran una indemnización por desplazamiento (es decir, dieta libre de impuestos) de 20.000 euros si viven en Barcelona o su Área Metropolitana, aumentando a medida que su residencia se aleja del Parc de la Ciutadella.

A Sant Jaume se llega en columnas. La columna Cerdanyola no es muy numerosa, más que Stop Pujades Transports parece Stop Mobilitzacions. Cuatro personas. El que se ha currado la convocatoria anda entre sollozos golpeándose la cabeza contra la máquina expendedora de T10. En todo caso, no valoremos la cantidad y valoremos la calidad humana de los presentes. David Crockett aportó poca gente a El Álamo, pero eran de Tennesse.

En mi barrio, al lado de la estación, si querías dejar las calles tenías que pagar para ir a trabajar. Sacabas el billete para intentar acceder a otro nivel. El billete de tren. Algunos se negaban a pagar ese peaje y se colaban. Luego, si aparecía el revisor antes de llegar a la estación, saltaban en marcha. A alguno el tren le partió las piernas. Ahora ya no pasa, gracias a las medidas de seguridad. A lo sumo te pueden agarrar las medidas de seguridad y partirte las piernas sin tener que saltar en marcha. Total, que el peaje para ir a trabajar, o para ir a renegociar tu vida, sigue aumentando. Sigues sacando el billete para intentar acceder a otro nivel y ni siquiera eso garantiza ya nada.

Sant Jaume presenta un buen aspecto y una escenografía sin novedades, tipo resort social, con un animador lanzando arengas que convierten la plaza en una sesión de spinning reivindicativo. Entre parlamento y parlamento, actuación de un joven cantautor que suena a viejo. No me entretengo a contar los asistentes, desde luego más de los 1.000 que afirma TV3 por la noche, sólo destacar la coincidencia de la prensa del día después en dar por buenos los 2.000 que cuenta la Guardia Urbana. Volviendo a los parlamentos. Ada Colau, breve y contundente, gana por goleada. Pienso en la señora que le zurró la badana al ingeniero chulo piscinas de Can Girona, en el 51.

La T10 se ha incrementado un 5%, un 63% desde 2004 (la T10 es el billete más usado con diferencia). Los sueldos de los directivos de la Autoritat Metropolitana del Transport también han subido. La cúpula ATM y TMB son un coto privado de sueldos fuera de convenio y pluses, uno de esos comederos exentos de control que montaron CiU y PSC, y por tanto es imposible saber las cifras exactas. Se habla de un equipo directivo de unos 600 miembros, un 8% de la plantilla que atesora el 15% de la masa salarial, con sueldos sobre los 100 mil euros anuales más complementos en un pack que incluye coche oficial, traslado al trabajo en autobús privado y plaza de parking gratuita. Por eso, mientras el Parlamento aprobaba lo de instar a la rebaja, desde la ATM tuiteaban pedorretas. Por eso, a la gente de más edad que se reúne hoy aquí, venida de los barrios, les encantaría quitarse unos años soltándoles un soplamocos por maleducados y mala gente, que es lo último que se espera de un hijo.

Si entre lunes y martes no se bajan los precios, Stop Pujades Transport volverá a las convocatorias de cada miércoles, será la número 13, para recordarle al señor Trias que durante su campaña electoral prometió no aumentar las tarifas de transporte, para recordarnos que cada vez que nos estafan en los precios nos están lanzando del tren y nos crujen las piernas. Nos quieren quietos.

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CENA CON RAIMUNDO VIEJO VIÑAS

Raimundo Viejo nacía en Vigo mientras en Woodstock Richie Havens cantaba aquello de sometimes I feel like I’m almost gone, a long, long, long, way, way from my home… muy apropiado para recibir a un gallego. Viene a caer en una familia de tradición marxista, con un abuelo que participó en la revolución del 34 en Asturias y algunos primos que andaban en la lucha armada gallega. En el instituto aprende alemán y se va a estudiar a Alemania, prestando especial atención al proceso de unificación, de cuando el grito de somos el pueblo pasa al más monolítico somos un pueblo. De vuelta al sur le hubiera gustado quedarse a vivir en la Universidad, pero no va a poder ser. Es profesor de Ciencias Políticas en la UPF hasta que Ferran Requejo tiene su epifanía soberanista y pasan la escoba. Ni el pueblo, ni un pueblo, aquí abajo seguimos siendo de pueblo. Ahora ejerce en la Universitat de Girona y es una de las tres mentes pensantes tras Artefakte.

Hemos quedado para que os cuente sobre Podemos. Raimundo habla deprisa y en abundancia. Tanto que las notas se me desbordan de la libreta y acaban desparramadas por la mesa del reservado del Bar Domingo (Poble Sec). La dueña se jubila esta noche y mañana ya no abre, así que sólo puedo rescatar algunas de las muchas cosas habladas.

Raimundo es gallego. Galicia es lo más parecido al Big Bang, hay gallegos en todas partes. Si eres gallego, la teoría de los seis grados de separación se queda en la mitad. Un biotopo raro. En Galicia no hubo Guerra Civil, sólo fusilamientos y tiros en la nuca, por eso la gente del campo aún va a votar un poco así con la cabeza gacha. La sangría demográfica es brutal y constante. Ha habido otras sangrías. La droga provocó en el Vigo de los 80 un estrangulamiento demográfico de la población joven sólo comparable al del período 1936/39. Galicia tiene un buen número de alcaldes del PP encarcelados por narcotráfico. Galicia es el sitio distinto, en fin, en el que un tipo que gasta eslóganes electorales como ‘Moncho es mucho’, ‘Moncho y Sada, qué pasada’ y ‘Moncho, es lo que hay’, puede pasarse 28 años de alcalde. Es lo que hay.

Raimundo Viejo habla mucho y bien, y además es buena persona, así que dice lo que piensa, lo cual lo convierte en un excelente profesor y un pésimo agente comercial de la marca Podemos, a día de hoy sin proyecto ni organización y sustentado por la figura de Pablo Iglesias, que de tanto salir al balcón mediático consigue sintonizar con mucha gente que le aplaude. Ahora mismo Podemos anda en círculos, generando un proceso de movilización, eppur si muove, llenando pabellones en los que se pide a la gente que ejerza la democracia y encontrando a gente a la que ya le vale con ejercer el voto y delegar responsabilidades en los que mejor saben hablar, que para eso tienen estudios.

Podemos es fruto en buena parte de las luchas internas de IU en Madrid, con una generación más joven y renovadora que se las tiene con el PCE, una especie de abuelo con síntomas de esclerosis que se aferra a las llaves del cuarto donde están las herramientas que permitan poner en marcha mecanismos de profundización democrática. Un abuelo rentista que sobrevive gracias a un rico patrimonio inmobiliario y un exiguo patrimonio electoral. Y Podemos puede actuar de revulsivo en IU, atraer el descontento de votantes tradicionales de izquierda, ofrecer una posibilidad a escépticos, abre la puerta a grupos minoritarios pero activos que ven la oportunidad de hacerse más visibles y quiere interpelar a una demanda social creciente no articulada por la izquierda clásica que fácilmente, a falta de otras opciones, puede recalar en los diversos herederos de Falange. Gestionar todo eso sin implosionar es la cosa. O igual la cosa se queda en echarle un pulso a IU en Madrid en vista de las autonómicas de 2015 y pasar del podemos cambiar las cosas a podemos negociar lo nuestro, abuelo. Pasar del somos el pueblo al somos un Parlamento autonómico. A saber, por poder…

Y es que el Régimen será casposo y torticero, pero funciona. Cuando el difunto general dejaba escrito aquello del todo está atado y bien atado, no era un farol. La ley electoral quita las ganas de votar. PP y PSOE se reparten las posibilidades de acceso al gobierno y el resto salta de alegría cuando rebaña cuatro migajas y en el mejor de los casos lo contratan de palanganero. El resultado es una democracia que se pasa por el forro cualquier demanda ciudadana. Y no sólo eso, el Régimen ha creado tal precariedad en toda una generación que, llegado el caso, la liberación de cinco cátedras universitarias puede amansar al más combativo. Puedes irte con el señor de los caramelos sin necesidad de chupársela, pero no te saques el caramelo de la boca.

La Universidad. Otro biotopo remarcable. Una Universidad que se entrega alegremente a los dictámenes del mercado, poblada de profesores asociados a la espera del contrato comme il faut mientras caen recorte tras recorte y en la que impera la solución individual del sálvese quien pueda. Escribía Walter Benjamin, ‘la duda radical, la crítica de los fundamentos y, lo más importante, vidas provistas del anhelo de dedicarse a la reversión del status quo, están excluidas de la Universidad’. Benjamin hizo la maleta y se suicidó ingiriendo morfina. A muchos profesores universitarios también les toca hacer la maleta. La morfina ya es opcional.

No le des el poder a un gallego porque ya no lo suelta, asegura Raimundo. Y si le das la palabra pasa lo mismo, lo cual, cuando se viene a escuchar, es una bicoca. ‘El derecho a expresar ideas -buenas, malas, perversas, disparatadas, imposibles- es el derecho más preciado que puede tener un individuo’, aseguraba Dalton Trumbo. Sobre la mesa del Bar Domingo quedan muchas palabras e ideas que ya no me caben, con la inevitable parada en el tema proceso secesionista catalán. Un muy sucinto resumen: la independencia es un imposible metafísico, es institucionalmente imposible por la propia naturaleza de la UE y su diabólico entramado de tratados asimétricos y el proceso es pura distracción en aras de mantener la actual gobernanza.

Ahora bien, si quieren saber más sobre el tema, y de paso saber también como acaba la frase de Trumbo, un buen consejo. Pasen por Artefakte y apúntense, por ejemplo, al curso ‘Nación, independencia, poder constituyente’, para el 29 y 30 de marzo. Un curso de 10 horas por 25 euros, mucho menos de lo que le he pagado a la canguro para poder venir a la cena. Y podrán escuchar, y discutir si quieren, con este vigués que con un día de vida, mientras en la maternidad lo atribuían a hambre de teta, en realidad le estaba haciendo los coros a Canned Heat que allá en Woodstock cantaban I said I believe…yeah ‘bout a change is gonna come. I said I believe… yeah people the change… will surely come…yeah!

La Boca d’Or

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Nacionalismo y los cornudos de la vieja izquierda moderna. Gran angular

El Tricentenari. Históricos momentos. Todo un pueblo detrás de un líder hacia su libertad. Etcétera. Baja el telón.

Sube el telón. Hará cosa de un mes, el periodista Toño Fraguas (no) nos sorprendía con el enésimo artículo que -desde la izquierda, aunque también podría ser desde la derecha- critica los conceptos de nación y pueblo por “artificiales”:

Son los herederos del Antiguo Régimen, líderes peligrosos, guías iluminados, portavoces del “pueblo” que en realidad sólo sirven a las clases dominantes.  Y no dudan a la hora de emplear esos conceptos, el de “pueblo” o “nación”, para desviar la atención y engañar a miles de infelices que creen estar dando su vida en nombre de algo que en realidad no existe.

¿Lenin, 1914? No, Fraguas 2013

Vaya, otro texto –otro más- cacareando el hit CT del verano “el nacionalismo no puede ser de izquierdas y tal”, justo en estos históricos momentos del procés cap a la llibertat d’un poble, pero qué drama. Cuántos pals a les rodes. Pero… puede ser el nacionalismo de izquierdas? Rosa Luxemburgo te dirá que no, que el nacionalismo ha sido, es y siempre será burgués, es culturalista, es esencialista, es del Antiguo Régimen, es étnico, es excluyente y divide a la clase obrera. Aquí lo único verdaderamente de izquierdas es el internacionalismo: “proletarios de todo el mundo, ¡uníos!” y fin de la cita y todos felices.

Que precisamente el independentismo catalán (que no nacionalismo, aunque muchos cosmopolitas no-nacionalistas no los distingan) sea más mayoritario en las izquierdas que en las derechas y que toda la cúpula oligárquica catalana sea mayoritariamente españolista? Hechos sin importancia. Que el anti-imperialismo en África, Asia o América Latina era de hecho un movimiento fundamentalmente por la soberanía? Irrelevante. Que el cosmopolitismo siempre acostumbró a ser imperialista? Circulen. Que el civil rights movement de Luther King o Malcolm X en los Estados Unidos también se llamara black nationalism y el segundo hasta apostara por la segregación? Nada, nada. Que es posible que eso del nacionalismo burgués de Rosa Luxemburgo fuera un caso histórico particular -Primera Guerra Mundial- y que quizá mejor nos iría si analizáramos caso por caso? Mande? En todo caso, nunca se va más allá.

A mí sí me gustaría ir más allá. El debate es y sigue siendo pertinente, lo es mucho, porque oculta una realidad mucho más profunda en la izquierda, no sólo española, sino global, ya que el lugar que en los análisis en España tradicionalmente ocupa el nacionalismo como máximo común divisor de la clase trabajadora, en el mundo anglosajón lo ocupan otras formas sociales de identidad como el género, la sexualidad o la raza. Al igual que la identidad nacional, estos mismos vectores sociales también son acusados de falsos ídolos, de antirevolucionarios o pequeñoburgueses, porque dividen a la clase trabajadora y diluyen su conciencia de clase. En la larga discusión de tuiter que siguió, Toño Fraguas mismo me decía que, al igual que los pueblos, las razas tampoco existen – dile a Malcolm X o a Mandela que “el concepto ‘raza’ quedó abolido en 1959” (sic) o que “el racismo ahora es creer que hay razas” (sic). Pero las clases sociales, ah, eso sí, eso sí que existe. Son duras como la piedra. Ya. Qué incluyente.

Precisamente este mismo discurso tan moderno, ilustrado y progresista (¡hasta menciona el Antiguo Régimen o el buen salvaje!) atribuye la derrota de la izquierda americana en los sesenta a la emergencia de todos esos movimientos de identity politics que el capitalismo sí supo integrar en su seno y en su forma neoliberal nos liberó a todos del terrible yugo fordista. Ahora bien:

The various forms of identity politics associated with the “new social movements” coming out of the New Left during the ’60s, ’70s, and ’80s (feminism, black nationalism, gay pride) were themselves a reaction, perhaps understandable, to the miserable failure of working-class identity politics associated with Stalinism coming out of the Old Left during the ’30s, ’40s, and ’50s (socialist and mainstream labor movements). Working-class identity politics — admittedly avant la lettre — was based on a crude, reductionist understanding of politics that urged socialists and union organizers to stay vigilant and keep on the lookout for “alien class elements.” Any and every form of ideological deviation was thought to be traceable to a bourgeois or petit-bourgeois upbringing.

Michael Rectenwald en What’s Wrong with Identity Politics citando a Ross Wolfe en The Charnel House

Aquí la cuestión de fondo es que si la Old Left había conseguido algo en Estados Unidos era únicamente para los hombres blancos de clase trabajadora y que el resto se joda. Cuando negros, mujeres o gays reclamaban sus demandas, se les decía, sistemáticamente: “primero la revolución y luego ya veremos”. Me suena. Pero la realidad es tozuda e insiste: y es que los negros no tuvieron su propio New Deal rooseveltiano hasta los sesenta con el civil rights movement del doctor King; según el muy progresista American Way of Life fordista de posguerra, las mujeres siempre quedaban relegadas en el hogar y dependiendo exclusivamente del sueldo del marido; los disturbios de Stonewall fueron en 1969. Si el capitalismo triunfó en los Estados Unidos, es por el carácter fundamentalmente intolerante y excluyente –sí, excluyente, Savater- de los cornudos de la vieja izquierda moderna tan dominada por hombres blancos, del que feministas, activistas LGBT y black nationalists inevitablemente terminaron desertando, alienados por un discurso crudo y reduccionista que en el fondo los excluía precisamente por ser negros, mujeres o gays.

Sin acusarle de racismo o sexismo, ése es el mismo paradigma –tan, tan eurocéntrico– en el que fluye Fraguas, superficialmente de izquierdas pero que aspira a asimilar todo ser humano al prototipo hegemónico de la modernidad –ése sí fue el gran engaño histórico de la burguesía europea– que es el rico hombre blanco sin rebatirlo y por lo tanto se esmera en borrar del discurso cualquier posible desviación por “irracional” o “pequeñoburguesa”. Ésos son los monstruos de los sueños de la Razón, malditas manchas en la utopía, aluminosis en los fundamentos del falansterio, imperfecciones en una diáfana tabula rasa.

Y es que, para el liberal, las clases sociales no existen. Tampoco existen las razas para el blanco, ni los géneros para el hombre. Para un cosmopolita como Fraguas, ni los pueblos ni las fronteras existen; sólo son una invención del provinciano y paleto nacionalista, pobre necesitado de líderes que lo engañen. Pero lo que para el privilegiado no existe, para el oprimido es una realidad indiscutible. Y cuando el oprimido deja entrever esa misma realidad, el privilegiado (sea su privilegio su blancura, su riqueza, su género, su secta religiosa o su lengua), desde su tranquila hegemonía, se ríe en su cara y lo trata de loco: “pero si ya vivimos en igualdad! Las X sois unas victimistas, todo el rato quejándoos. Pesados.” El agravio, invisible para unos y la dura realidad de otros. Ya sabéis bien de lo que hablo.

Es muy triste, pero es verdad. Si entendí a un nivel visceral y profundo lo que significan raza o género como constructos sociales –no de boquilla, hasta Josep Anglada “no es racista pero”- fue por el proceso reflexivo de sondear en mi propia identidad nacional como catalán. Aún salvando las distancias entre una cosa y la otra –la tremenda particularidad histórica y social de cada una-, todas estas formas de identidad social –incluyendo la clase económica- son categorías equivalentes de marcadores simbólicos según los que la sociedad se auto-organiza y evoluciona. Sí, muchos sabemos perfectamente que son artefactos, meros constructos sociales artificiales e inventados, pero esto no quita que aún duelan. Porque aunque no queramos creer en ellos, al oprimido se le recuerda constantemente su condición de negro o mujer o pobre o gay o chií, aunque sea mediante una minúscula gota malaya.

“Obviamente somos antirracistas y feministas y pro-autodeterminación y etcétera”, nos dirán los cornudos de la vieja izquierda moderna. “Pero todo esto en el fondo es artificial. Lo verdaderamente importante y existente es la clase social”. Lo que olvidan es que, en el relato de Marx, la clase no es tu nivel de ingresos y yastá. En absoluto. La clase en su definición marxista viene determinada por la posición (social) en la división del trabajo: o uno tiene capital –los medios de producción- y es capitalista o no lo tiene y tiene que vender su cuerpo –es obrero. Lo que Marx nos dice que el capital, sobre todo, es una relación social – es decir, que es un constructo social tan etéreo y artificial como lo son la raza o el género (¡que lo son!). Si los cornudos de la vieja izquierda moderna sostienen en cambio que la clase es algo real y material, es porque, irónicamente, caen en el fetichismo de la mercancía de considerar las pétreas creaciones del capitalismo no como lo que esencialmente son: meros productos sociales. Es en esta tensión social dialéctica entre capital y trabajo –la famosa lucha de clases-, la contradicción fundamental del capitalismo que los liberales niegan tratándonos de locos, que se termina generando una acumulación de capital tan brutal que deviene crisis sistémica o genocidio (económico).

Pero esta dinámica se puede extrapolar fácilmente a las otras métricas sociales. Cuando decimos que “los nacionalismos se retro-alimentan”, es porque, precisamente, también la identidad nacional obedece una tensión dialéctica. Y es que los seres humanos, tan tozudos, decidimos resaltar con más fuerza aquello por lo que nos atacan: el salario, la lengua, el color de piel, las costumbres judías, la religión… Si no, es que ni sería un problema… Pero lo es y se va retro-alimentando en un toma-y-daca continuo que muchas veces se cruza con otros vectores sociales. Descubrir estas dinámicas es tarea de la sociología.

De modo simétrico a la izquierda gringa, está la Movida española como reacción a los progres, arrogantes y prepotentes, siempre caracterizados por una profunda alergia al discrepante:

Para la autora [Patricia Godes], por muy antifranquistas que fuesen, la mayor parte de esta gente había sido educada, aunque no les gustase, por curas, mujeres-madre amas de casa avasalladas y hombres autoritarios y machistas con bigotillo franquista. Los pelos largos y las patas de campana no podían borrar de la psique ciertos tics inevitablemente heredados que, según este libro, se manifestaban sobre todo en un profundo desprecio por los gustos de las clases populares.

Álvaro González

Como si Belén Esteban fuera mejor escritora que Muñoz Molina Detrás del “sólo la clase social realmente importa” y “no existe nacionalismo de izquierdas” subyace un duro, moralista y elitista ramalazo dogmático (“sólo lo que a mí me afecta realmente importa – lo demás son vicios pequeñoburgueses (!)”), que no hace más que reafirmar lo hegemónico, siempre en la boca del futuro líder de masas que al fin y al cabo sólo puede aspirar a sustituir la élite ya existente (como un Juan Carlos Monedero), guiado por esa pulsión tan lampedusiana y tan poco dialéctica -“que todo cambie para que nada cambie” que casi deviene moralsantinista, mi reino por un sillón en el consejo de Caja Madrid. ¿Es eso de izquierdas? La cosa no puede ir por ahí. Porque lo realmente excluyente y divisorio no está en la discrepancia, -sea esa racial, nacional o sexual-, sino en la alergia a la discrepancia. En suma, ¿puede ser la identidad nacional de izquierdas? Sí, se puede.

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ATENEU CANDELA. Quines preguntes ens hauríem de fer?

Nos vamos al Ateneu Candela, en Terrassa, espacio de encuentro y solidaridad. Hoy echan charla. La cosa va de hacerse preguntas sobre hacia dónde va Catalunya. Mi madre siempre me ha dicho que hay que preguntar para llegar a los sitios. Así que la primera pregunta sale natural: ¿cómo se llega al Ateneu Candela? El GPS no acaba de tenerlo claro. Afortunadamente viene una mujer en el grupo, que pregunta y llegamos. Tarde, pero llegamos.

Clara Valverde, nieta del Holocausto y el exilio republicano, más de 30 años viviendo en el Québec, presenta a los tres invitados al acto para que se hagan preguntas en voz alta y luego ya todos jugamos con los interrogantes.

Abre el fuego Oriol Costa, profesor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la UAB. Oriol Costa se descuelga con el trilema de Rodrik, que no es la película maldita de David Fincher. En el mundo de la economía global aparece el triángulo formado por globalización, soberanía nacional y democracia. Pese a una experiencia nada desdeñable, o precisamente por ello, cada vez que me plantean un triángulo se me pone cara de cateto. Y eso que Rodrik me da la razón, de los tres elementos uno siempre queda en fuera de juego. Por ejemplo, entre 1945 y principios de los 70, en un mundo sin globalización los estados nacionales y sus gobiernos elegidos democráticamente van construyendo su bienestar y asentando derechos. Otro: en un mundo globalizado puedes ejercer tu soberanía para gravar el capital, que aprovechando la globalización se larga dónde le convenga sin que los mecanismos democráticos sirvan demasiado para fijar la política fiscal. Total, que a finales de los 70 ya queda claro que soberanía nacional no es necesariamente igual a democracia, con los distintos gobiernos europeos fracasando uno tras otro en su intento de encontrar políticas económicas alternativas a un sistema neoliberal que los engulle. O eso entiendo.

También entiendo que andamos sometidos al dictado de algo llamado UE, un laberíntico entramado de pasillos al estilo de los entramados de trincheras prusianas de la Gran Guerra (y con resultados parecidos). Un conjunto de instituciones muy poco democráticas vestidas para matar y rendir sin condiciones la soberanía popular a los mercados.

Las Haciendas nacionales dejan de ser concebidas como bien común y se entregan a los mercados financieros, que las gestionan para sus propios intereses. El resultado acaban siendo gobiernos débiles frente a los mercados y chulo piscinas frente a las protestas ciudadanas. Eso creo, que Oriol Costa habla rápido y empiezo a perderme por los pasillos de la UE.

El siguiente en salir a la palestra es Guillem Martínez, que, menos mal, no escribe como habla, bajito y en corrientes de aire. Escribe alto y claro, y por eso mucha gente no le entiende. Es de los míos, de los que duda. Alguien dijo que el periodismo es dudar, hacerse preguntas y cargar con un poco de escepticismo. Es periodista. Tirando de off the record, gran disciplina local, y amparándose en las técnicas de Pitoniso Pi, cree que no habrá consulta. A un lado están los defensores de una Constitución que ya no existe: no garantiza ningún derecho básico y una llamada de teléfono desde los dominios del Minotauro basta para cambiarla en quince minutos con estivalidad y alevosía. Al otro lado un movimiento llamado soberanista sin demasiada producción intelectual detrás, eso es, sin propuestas de calado. Y en tierra de nadie, carne de collejas para los que quieren obligarte a elegir, sin trilemas ni dilemas, sólo con lemas.

Dudas sobre el proceso. Lo que empieza como movimiento popular con una pregunta dilema nítida: o seguir como hasta ahora o ser estado independiente chachi de la UE; al pasar a manos de las elites políticas se convierte en una pregunta cuyo cómputo para interpretarse tiene una complejidad algorítmica que, dicen, ha sumido en sollozos de impotencia a Grigori Perelman. Así que Martínez baraja la posibilidad de una pregunta trampa para ser negociada en un panorama de representación política bajo mínimos de credibilidad y porcentajes que se van fragmentando a la baja. Podría aventurarse una especie de pacto de corte federal en un escenario de estados livianos, sometidos a los designios del Consejo de Administración de Mordor. Un Consejo de Administración para gobernarnos a todos y atarnos en las tinieblas. Martínez cierra su intervención con un ‘¡Viva Cartagena!’

La tercera intervención va a cuenta de Victor Korman, psicoanalista i psiquiatra argentino que lee sus cuartillas pulcramente jaspeadas a colores, así que me tiendo en el diván. La sesión versa sobre la identidad, ese tejido vivo hecho de las combinaciones de un sinnúmero de pizcas diversas que me conforman y pueden hacerme sentir tan cerca de un señor de Montreal como lejos de un señor de Camprodon. Tarareo Dixie en mi cerebro. Para distraer el frío, que este tipo de locales sociales parecen renunciar con igual convicción al comité central y a la calefacción central.

Avanzando en las cuartillas, alerta sobre las tomas de partido preconcebidas e inamovibles sin debate de ideas, los intentos de homogeneizar y crear bloques contrapuestos, las construcciones de pasados míticos (del timbaler del Bruc a Manolo el del bombo), el gusto de los políticos por dirigirse a las masas y no a las personas, la instrumentalización de los afectos, lo absurdo de las esencias… así en general, y quien se dé por aludido que se rasque. O que me rasque a mí, que ya no siento los pies. Si tuviera un mechero quemaría mi cuaderno de notas para revitalizar mis extremidades, pies, manos y nariz. Aquí me gustaría ver a uno de esos supervivientes de Discovery Max. Mejor aún, prendería las cuartillas que aún le quedan sin leer y dejaría que nos iluminara el saber que contienen.

Korman va acabando, reclama una clara exposición de los riesgos que conlleva toda opción, señala el derecho a decidir como un derecho importante entre otros muchos derechos, invita a debatir previamente sobre el tipo de sociedad que queremos y anima a realizar una tarea de introspección para mejor evaluar decisiones. Me encuentro en avanzado estado de introspección cuando se abre el turno de palabra entre el público.

Múltiples intervenciones sin necesidad de alzar la voz, lo cual siempre es de agradecer, que los decibelios no establecen la radicalidad del discurso. La mayoría de los que toman la palabra no muestran excesivo entusiasmo ante la ramplona dicotomía de independencia sí / independencia no y sus correspondientes adhesiones inquebrantables.

Es un público que dedica parte de su tiempo a participar en procesos de transformación social, a luchar por derechos, a exigir poder de decisión en aquello que les afecta, aunque así a primera vista, no parece especialmente entusiasmado en decidir cambiar un estado por otro, que puestos a cambiar de estado mejor nos ponemos a cambiar el estado de las cosas. Es gente que se siente incómoda yendo de manifestación al lado de corruptos y estafadores.. Bueno, no todos, hay quien cree que primero hacemos un nuevo estado y luego ya hablamos y también hay un tipo con aspecto de alférez provisional, empeñado en pedir identificaciones a cualquiera que abra la boca, al que ya le va bien un nuevo estado con las actuales mayorías parlamentarias, la misma UE y quejoso de que se le pida tanto al proceso soberanista. Cada uno sabe lo que le pide a la vida.

Un último apunte. Vuelve a repetirse cierto pique sobre índices de popularidad entre proceso hacia la independencia y 15M. Me aburren un poco estas discusiones sobre quién la tiene más larga, entre otras cosas porque siempre pierdo, pero ahí queda el detalle: a unos Felip Puig los sacó a manguerazos de la plaza, a los otros los sacó a pasear cogidos del brazo. Y que cada uno se pregunte lo que quiera.

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Juan Carlos: Le crépuscule d’un roi

Canal + Francia es sobradamente conocida por su ofender a España y, sin embargo, no ser multada por ello. Baste como ejemplo los famosos Guignols de L’Info, donde se ha osado cuestionar la limpieza de los deportistas con marca España. ¡Habráse visto!

Sin embargo, la envidia francesa no se limita a los éxitos deportivos de nuestros compatriotas. En su programa Spécial Investigation han osado hablar del Primero de los Españoles, de Campechano I y su familia. Y no lo dejan bien. Ya desde el título “Juan Carlos: el ocaso de un rey” queda claro que no es una más de las hagiografías a las que nos acostumbra la prensa al sur de los pirineos.

El reportaje no cuenta nada que una persona un poco curiosa no sepa ya de JC I. Desde su “venta como esclavo a Franco” (Paul Preston dixit) para que lo eduque hasta los líos de su yerno, pasando por el homicidio de su hermano pequeño y los supuestos hijos bastardos del rey.

Quizá la parte más interesante ver como el narrador descubre la CT, se del culto a la personalidad y a la Sagrada Constitución (¡en pie!) y nos narra algunos de los mecanismos por los cuales la CT se transmite de padres a hijos. Desde temas y fotografías tabúes, la imposibilidad de formular preguntas a la familia real o de obtener datos de su economía hasta el infame concurso “¿Qué es un rey para ti?” que, en cualquier otro país haría enrojecer de vergüenza al más pintado. Mecanismos y actitudes que han ido implantándose a lo largo de 38 años y que nos parecen normales por comunes y omnipresentes, pero que dejan más que boquiabierto a cualquier no español.

Bueno, disfrútenlo.

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Subtítulos por @cuscusBCN

+info: http://www.canalplus.fr/c-infos-documentaires/pid3357-c-special-investigation.html?vid=957788

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MAÑANA DE PROCÉS CONSTITUENT

Mañana de Procés Constituent en mi pueblo. Afuera sopla el viento de lo lindo, no sé si irá muy cargado de respuestas, que decía el otro. Dentro se reúnen unas cincuenta personas que se han pasado el frío invernal por el forro de las convicciones, que quieras que no abriga lo suyo. Gente normal, vinculados a organizaciones políticas o entidades, a su ciudad o a su calle… de hecho sólo un anormal no está vinculado a nada.

Breve introducción para recordar de dónde viene esto del Procés Constituent y reparto de tareas, que por algo es sábado mañana. Se reparte un documento con 19 preguntas que los presentes se reparten en 6 grupos para su discusión. Cada grupo debatirá tres preguntas y ofrecerá sus conclusiones al resto. Así que la gente se distribuye por rincones, en una especia de P3 constitucional y se aplica. Está bien encontrar respuesta a cualquier pregunta, pero más bien se trata de contemplar las preguntas como material de estudio para una evaluación permanente. Salgo un rato a la calle, sigue soplando el viento con sus respuestas y una se me mete en el ojo. Me meto dentro que empieza a llover, no vaya a ser una dura lluvia la que vaya a caer.

Entrega de trabajos y deberes para el curso. Hay que marcar objetivos asumibles que involucren al mayor número posible de los habitantes de ese territorio de posibilidades llamado 99% y dejar de ir siempre a la contra. La movilización continua puede cansar, cierto, pero no es insostenible, lo único insostenible es la injusticia natural del sistema. Alguien apunta que contra el desencanto hay que impartir pedagogía de la esperanza, que suena a irse de misiones a las manifestaciones y encierros. El proceso de revolución democrática, mi vida, eres tú, y no se delega, se comparte.

Más ideas. Un grupo propone currarse una comparativa de Constituciones, un trivago.com de Cartas Magnas. Se habla de la Constitución del 78, que pocos han leído y poco se aplica en lo que se refiere a proteger, respetar y hacer cumplir derechos fundamentales. Las declaraciones de principios, como las de amor, son para cumplirlas. En caso contrario la vida es un fraude. Se citan también los procesos latinoamericanos y el coitus interruptus islandés.

La Consti del 78, que como todas responde a una correlación de fuerzas parlamentarias, no debería cambiarse para contentar a Catalunya, si no porque los tiempos están cambiando. La cosa está en cambiar substancialmente la correlación de fuerzas parlamentarias y dejarse de padres de la Constitución para optar por una mayor promiscuidad. Unos optan por el parto exclusivamente catalán, al considerar que se dan unas condiciones políticas, sociales y nacionales idóneas; otros no descartan un marco estatal y todos parecen de acuerdo en establecer vínculos de solidaridad con todos aquellos que nos rodean (excepto si nos rodean como hicieron los franceses con Gerona, imagino).

Otra cosa. Ya está bien de expertos que decidan lo que nos conviene. Convirtámonos en expertos de nuestras vidas para hacer de ellas algo habitable. La posesión del conocimiento crea desigualdad y eso es más grave en un país que Cultura de la Transición mediante ha substituido rigor intelectual por verborrea tertuliana.

Y así concluye la primera parte de la mañana. Acabado el ejercicio teórico empieza el práctico: decidir una acción para visibilizar el Procés Constituent en la ciudad el próximo 30 de noviembre. La sesión debe desarrollarse en territorio enemigo, es decir, bajo la exigencia del tiempo que vive en los relojes (un invento del capitalismo para convertir el tiempo en oro) y poniendo en marcha una tormenta de ideas (término del mundo de la publicidad). Igual por eso se entra en una dinámica de terapia de grupo en la que al final alguien acaba proponiendo, me lo temía, hacer una paella. Descartada la paella se opta por las nuevas tendencias, cadena humana formato sardana y lanzamiento de zapatilla como acción preferente.

Salimos a la calle (para ir a casa, no de manifestación). Llueve. Y lo que tiene que llover. A cántaros. Que tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes.

La Boca d’Or

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Jornadas sobre la transición democrática

Por La Boca d’Or, a quién habrá que crearle un usuario.

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Jornadas sobre la transacción democrática en Can Batlló organizadas por El Lokal. Hay charla sobre el tema a las 19.30 horas. Son las 20 horas y aquí estamos esperando, sentados en la acera, como el avi Siset aquel. Estamos muy acostumbrados a esperar sentados. A las 20.10 horas Iñaki García, de El Lokal, llega resoplando y pide disculpas por el retraso. Tiene una buena coartada que la policía puede confirmar, había manifestación en El Raval por la muerte de Juan Andrés Benítez (NOTA del editor: el vídeo duele).

Abre las intervenciones Mateu Seguí leyendo unas palabras de Rafael Poch, que no puede venir por motivos laborales. La lectura transcurre bajo un inclemente foco que le pone a Seguí cara de sufrir interrogatorio. El texto de Rafael Poch es una crónica demoledora sobre la lucha antifranquista, periodo 74-78, infectada por el virus del franquismo que sigue habitando nuestro cuerpo social. Un legado que lo impregna todo y transmite nuestra derrota de generación en generación.

Una época de despelote físico e intelectual que, como el vestido del emperador, deja al descubierto al Franco que había en nosotros. En esos partidos de izquierda universitaria alejados del mundo del trabajo y que funcionaban bajo régimen caudillista buscando la aprobación unánime de consignas. (Lectura recomendada, ‘Crítica de la izquierda autoritaria en Catalunya 1967-1974‘. Ruedo Ibérico). Unas organizaciones atenazadas entre la infiltración policial y los autos de fe para llevar revisionistas a la hoguera. Un Franco que sigue ahí presente en la estructura caudillista (barones les llaman ahora) y clientelar de los partidos políticos, en la mentalidad mediocre y envidiosa que sirve de base al poder y el liderazgo.

Afortunadamente también hubo cosas buenas en esa época que conviene tener frescas, más que en la memoria, en la tradición de la lucha por hacer posible lo distinto. Alguien mueve los focos y todo parece dispuesto para la aparición de una vedette recuperando los mejores tiempos de El Molino. La vedette no aparece y toma la palabra Guillem Martínez.

La cultura como espacio de sana confrontación, de disenso enriquecedor, enfrentada al poder, se acaba en el 81, en la que pasa a ser una unidad de destino en lo universal en comandita con el Estado. España y la Cultura de la Transición somos así, señora. Atrás quedó la posibilidad de lo posible que se atisbó en experiencias como la Assemblea de Treballadors de l’Espectacle, en unos tiempos en los que usted podía ver las ‘7 meditaciones sobre el sadomasoquismo político’ de The Living Theater en la parroquia de Sant Medir o pasarse por las Jornades Llibertàries y escuchar palabras inauditas como feminismo, ecologismo, homosexualidad, urbanismo…en una dinámica de horizontalidad. Unos tiempos y unas gentes con altas dosis de generosidad. Unos tiempos y unas gentes que se dan de narices con la CT en el 81, una época que se extingue víctima de los Cuerpos de Seguridad del Estado, el aburrimiento, las drogas, los enfrentamientos internos y generacionales…el paso de la creación colectiva a los gestores culturales, esos dinamizadores pagados por el Estado.

La vedette sigue sin aparecer, así que el de los focos atenúa un poco la luz, quedando un suave tono de homilía y esperanza, momento que aprovecha Amador Fernández-Savater para traer la buena nueva de la Cultura de la Transición de los últimos días. La CT, ya se sabe, es esa consagración del sancta sanctorum constitucional del 78 y el consenso como dogma de fe que garantiza la convivencia. El Evangelio que separa el Bien del Mal y marca los temas y términos del debate posible, quitando la palabra a la gente común para cederla a sus representantes, electos o ungidos directamente por el Estado, y apartando a los locos.

La CT ni se preocupa de hablar del capitalismo, porque es lo que hay y no hay más. El mismo capitalismo que aniquila la política para imponer el mercado y pasarse toda soberanía por el forro. Según Fernández-Savater la CT se va resquebrajando a medida que van estallando catástrofes que generan politizaciones de nuevo tipo: el Prestige y Nunca Mais; la guerra en Irak y el No a la Guerra; los atentados del 11M y la respuesta ciudadana; la crisis económica y el 15M…catástrofes a las que sólo se responde con mentiras y politizaciones de nuevo tipo que proponen nuevas descripciones de la realidad y nuevos espacios para actuar, llámense 15M, PAH, Mareas, Procés Constituent, Parlament Ciutadà, Partido X… y así hasta llegar al 99% de la población, no como movimiento compacto y comprometido, si no como mercado potencial de una revolución democrática.

El noventa y tantos por ciento es un espacio metafórico, por tanto un espacio de posibilidades. Somos, y aquí se incluye la mayoría silenciosa, arquitectos y urbanistas de ese espacio. Vale, igual los movimientos sociales aún no tienen suficiente músculo para abducir a hostias a los hombres de negro que aplican austeridad a nuestros derechos y borran de nuestras mentes el recuerdo de todo aquello hermoso, que será ceniza, pero tendrá sentido. Igual es poco, pero es lo que hay, y hay más, usted y yo, gente corriente como la que interviene en la charla. Gente que tiembla al hablar (excepto una señora, al fondo, que hace temblar al hablar y a la que alguien asegura haber visto de jovencita merodeando la casa de Olof Palme). El temblor de la voces sólo se percibe al ser escuchadas. Cuando te levantas después de esperar mucho rato sentado también te tiemblan las piernas. Dos cuerpos temblando escenifican algo de futuro, ese presente remolón.

La Boca d’Or

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Parlament Ciutadà: always look at the bright side of life

En la política catalana, la religión (católica, por supuesto) siempre ha tenido mucho peso. Al fin y al cabo, tenemos un partido autodefinido como cristiano en el  gobierno (UDC); cuando habla, el abad de Montserrat sale en TV3; La Vanguardia publica su sección de religión e, incluso, hay monjas “antisistema”. Leñe, incluso Mas se propuso como el Mesías en su último cartel electoral:

Sin embargo, con la salida de la marginalidad del independentismo, la gestión del (en pie) Procés y de la Generalitat convergente, hemos pasado de ser una sociedad rectamente botiguera y misaire, con algunos arrauxats sueltos por ahí, a parecer directamente La Vida de Brian (en pie y ovación). En efecto, a los ya habituales grupos y grupúsculos políticos de la esquerra independentista (PSAN, Arran, JERC…) se le han sumado un montón de grupos, plataformas, iniciativas y asociaciones que, haciendo política ellas también, han venido a configurar un muy fragmentado panorama político.

Desde los más políticos en el sentido tradicional y CT de la palabra como Procés Constituent o Independència per Canviar-ho Tot (aka, IndependènciaxCT, finísimo humor), hasta los más ciudadanos como la PAH, Xarxa d’Economia Solidària, Desbanka, ILP por la Renda Ciudadana Garantizda, Assemblea Groga, Plataforma en Defensa de les Terres de l’Ebre… estos grupos conforman un puzzle hiperfragmentado cuyo éxito puede depender, en parte, de ser capaces de evitar que el día a día se los coma, pensar en grande y en común.

A esto quiere responder Parlament Ciutadà.

Parlament Ciutadà es, entre otras muchas cosas, uno de los primeros frutos de la revolta de Itziar González. Dada la existencia de un poder único (la dictadura financiera), hace falta crear un contrapoder (¿recuerdan a Montesquieu? Pues les han engañado, en la España del s. XXI no aplica, afrancesados que son ustedes) ciudadano. Lo pueden ver como un lobby. Lo pueden ver como un intento más de juntar a todos los colectivos que luchan por alguna causa social. Lo pueden ver como un think tank. Lo pueden ver como una bella idea imposible de llevar a la práctica. Veanlo como quieran. Nadie sabe muy bien como verlo, definirlo y, mucho menos, como se organizará.

Por eso, este pasado fin de semana (18 y 19 de octubre de 2013) Parlament Ciutadà organizó sus primeras jornadas. Una mezcla de coming out más empezar a escuchar a diferentes asociaciones a las que invitaron a reflexionar juntas. Se juntaron la PAH con Desbanka y la ILP por la Renta Ciudadana Garantizada. La FAVB con la Plataforma de Defensa de les Terres del Ebre, Ca La Dona y el Grup Tècnic de l’Espai de Coorinació 15M. Ecologistas en Acción con la Xarxa d’Economia Solidària, Som lo que  Sembrem. Y me dejo. Muchas.

Hablaron. Se escucharon. Se definieron necesidades de coordinación, de aprendizaje y de acción directa.

Y quedó un mensaje: “Cal implicar al 99%. Tothom ha de sentir que es fonamental en la construcció de l’edifici comú.

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