Guy Fawkes y la prensa del corazón

En el Reino Unido han tenido las últimas semanas un lío gordo y bastante divertido que, por supuesto, tiene su lado serio.  En este blog somos, sobre todo, muy serios, y no tratamos nada que no lo sea, así que allá voy.

Al asunto habría que llamarlo twittergate si no fuera porque a)Ya hay algo llamado twittergate por ahí y b) el caso afecta, como he dicho, al Reino Unido, no al presidente de los EUA.

En Reino Unido hay unas leyes de medidas cautelares y, más concretamente, de super-medidas cautelares (super-injunction en inglés), también conocidas como leyes mordaza.  Para entenderlas hay que interiorizar algo ignoto para los lectores de periódicos españoles: el secreto de sumario y sus derivaciones (léase: si algo no está bajo secreto de sumario no significa que puedas publicarlo, sigue siendo parte de una investigación y tal y tal).  En las islas británicas, por lo que parece, si haces público algo que no deberías, te multan, te llevan a juicio y te pasan cosas malas.

Y para garantizar ese extremo existe la ley mordaza, una ley creada para garantizar la seguridad de testigos que, irónicamente, ha terminado siendo un refugio seguro si eres famoso y te quieres divorciar de tu mujer al tiempo que le pones los cuernos con tu peluquero.  Un refugio muy seguro, hasta que el tabloide-mejor-postor ceda y te suelte la pasta a cambio de una exclusiva, que no pudo dar antes porque tú habías conseguido una “orden mordaza” (gag order).  Un negocio redondo.

Y hay más: las super-mordazas.  Si la mordaza impide dar la exclusiva (“John Bastard y su peluquero”), la super-mordaza impide decir que existe una posible exclusiva. Es decir, hace ilegal decir “John Bastard ha ido a juicio por un tema del que no podemos hablar” y convierte todo el tema en una meta-noticia que dice “Este editorial no está escrito, ya que en él se habla de cosas que no se puede ni mencionar que no se pueden mencionar”.

Por supuesto, si esto sólo afectara a Ryan Giggs y lo que otras personas hacen en la cama/ducha/mesa del comedor, a mi me daría bastante igual y, tal vez, me preocuparía más el aspecto sociológico de la cuestión (Cuando veo en los telediarios de ámbito nacional un juicio que no le debería importar a nadie, como ha pasado últimamente con un caso , me da por discutir conmigo mismo sobre el derecho a la intimidad vs. el derecho a la información). Pero resulta que las super-mordazas se han usado para cosas tan feas como tapar vertidos tóxicos, por ejemplo.  Casos en los que el interés no es sólo morbo, es noticia.

Cuando todo falla, queda twitter.  Mientras Giggs se peleaba por su exclusiva, metiendo una supermordaza de por medio, el mundo giró y un Guy Fawkes cualquiera se puso a twittear desde su cuenta nombres y detalles, resquebrajando el cristal protector con un martillo.  Luego, para acabar de romperlo, Giggs hizo un metallica, y le pidió a su abogado que denunciara a las 60.000 personas que habían retuiteado sus vergüenzas, convirtiéndose, automáticamente, en un tipo realmente popular.  Y eso fue lo mejor porque convirtió el caso en un debate nacional, con un parlamentario liberal demócrata (que ya digo que se pueden saltar las mordazas olímpicamente) mencionando el caso para zanjar la cuestión.  ¿Amordazar a un periódico para evitar que perjudique a alguien para su propio beneficio? Quizás, pero amordazar a todo el mundo, ni hablar.

¿Qué habría pasado en España? ¿Se habría mojado UPyD por los twitteros? ¿Habría llegado la prensa de ningún tipo a denunciar la existencia de mordazas? ¿O habrían puesto la mano y se habría olvidado?  Las injunctions pueden ser una vergüenza, pero al menos en esa lucha por la libertad de información es a cara descubierta.

Aquí seguimos, una semana más, siendo el país más grande de la UE en el que no hay ni una ley-florero para que opinemos que no sirve de nada.

Esta entrada fue publicada en Actualidad. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Guy Fawkes y la prensa del corazón

  1. Johnnie dijo:

    Yo aquí hablando de Twitter y, mientras, Rita Barberà ha soltado su frase más famosa: “Señor Comisario, puede comenzar la mascletà”.

    Por lo visto, los viernes toca revolución.

  2. Jordi P dijo:

    No conocía Bitcoin, ni los detalles de las injuctions en Reino Unido. Las dos cosas me han parecido muy interesantes, gracias a los dos por la información.

  3. Johnnie dijo:

    Gracias por los comentarios.

    No sabía que hubiera un intento real de llevar una cripto-moneda a cabo. Dado que me leí el Criptonomicón hace no mucho, me ha parecido muy interesante.

  4. Gekokujo dijo:

    Gracias. Muy interesantes tanto el tema de los “injuctions” como de los “bitcoins”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *