Más medios, menos información

A raíz de la mesa redonda que celebramos el lunes pasado en el Club Diario Levante sobre el libro “El ecosistema comunicativo valenciano“, me propusieron hacer un resumen de los que son, a mi juicio, los principales problemas y dificultades del sector de la comunicación en la Comunidad Valenciana para Valencia Plaza (una publicación digital centrada en cuestiones económicas). El artículo apareció publicado aquí ayer domingo. Aunque se ciñe al estado de la cuestión en la Comunidad Valenciana, la verdad es que creo que sus conclusiones son fácilmente extrapolables a otras CCAA.

A nadie se le escapa que el sector de la comunicación ha vivido profundos cambios en relativamente poco tiempo. El proceso de digitalización de los contenidos ha permitido multiplicar el número de fuentes informativas al que los ciudadanos tienen acceso: muchas más televisiones a través de la TDT; prensa gratuita que le hace la competencia a los medios de pago; y el inmenso caudal informativo desarrollado en Internet (cifrado, en el último registro que hemos llevado a cabo en el grupo de I+D al que pertenezco, en nada menos que 507 cibermedios).

Como es evidente, estos cambios han afectado a todos los niveles del sistema de medios de comunicación. También, singularmente, a los medios locales. Eso es lo que hemos tratado de analizar un grupo de profesores en el estudio ‘El ecosistema comunicativo valenciano‘: cómo han cambiado los medios de comunicación que operan en la Comunidad Valenciana en los últimos diez años’. Cambios que son cruciales no sólo porque afecten a un importantísimo sector de actividad económica, sino por lo que suponen también en términos de vertebración social y de desarrollo del pluralismo en el territorio valenciano.

Diez años dan para mucho, y lo primero que llama la atención, en efecto, es el aumento de medios de comunicación. No sólo a través de Internet, sino también merced a la concesión de licencias de Televisión Digital Terrestre (TDT) de ámbito local y autonómico, o a la aparición de toda clase de medios gratuitos de ámbito local, muchos de ellos auspiciados por los ayuntamientos.

Pero, por desgracia, más no parece significar, necesariamente, mejor, pues a este aumento se suma un proceso paralelo de homogeneización, en virtud del cual los medios locales, sobre todo los de mayor difusión, tienden a integrarse en grupos de ámbito nacional cada vez más grandes, y más ajenos, en el proceso de toma de decisiones, a las necesidades valencianas. Esta “madrileñización” de los principales medios valencianos, en la que participan las cabeceras más importantes (Levante – EMV e Información, cada vez más estrechamente ligados con Prensa Ibérica; Las Provincias y La Verdad, integradas en Vocento; el antiguo Panorama Actual, convertido en “Diario Crítico de la Comunidad Valenciana”; y un largo, larguísimo etc.), está alejando a muchos de estos medios de algunas de las prioridades que explicaban su existencia en el pasado: en concreto, la idea de que un medio de ámbito local responde a los intereses de la comunidad de lectores a la que se dirige y tiende a asociarse firmemente con la sociedad de la que, en cierto sentido, ejerce como intérprete.

La lógica que impera ahora es la de maximización del beneficio en un contexto de fuerte crisis económica. Y esto significa, cada vez más a menudo, precarización laboral, que incluye despidos indiscriminados, que despilfarran un capital humano ingente, pero poco importante a ojos de quienes toman las decisiones; y la homogeneización de contenidos, de manera que todos los medios del mismo grupo tienden a ofrecer exactamente lo mismo. Las plantillas de los principales medios valencianos se han reducido drásticamente, sus condiciones laborales han empeorado. Los nuevos medios, de reciente aparición, a menudo no son más que meros repetidores de un contenido que ya viene predefinido por el grupo de comunicación nacional.

En pocos lugares podemos ver estas tendencias de fondo más claramente que en el caso de la TDT. La mayoría de las licencias de ámbito local se concedieron a grupos nacionales (Libertad Digital, El Mundo, Intereconomía, …). Las dos licencias autonómicas se otorgaron a Popular TV (Cope) y LP Teva (Las Provincias). En teoría, todas estas licencias se otorgan con la condición de programar un porcentaje mínimo de contenidos propios, así como de patrocinar el valenciano. Sin embargo, tan pronto como se concedieron las licencias, estas empresas se convirtieron, en su mayoría, en franquicias del medio fuente, radicado en Madrid, con la mayoría, y a veces la totalidad, de la programación, emanada desde allí.

El caso de LP Teva parece emblemático. Comenzó desarrollando programación propia, pero poco a poco incluyó más y más contenidos provenientes del canal de TDT nacional de Vocento (La 10). Hace pocos meses, se tomó la decisión de convertir LP Teva en “La 10”, con una pequeña parte de programación propia. Pero al poco se decidió clausurar directamente la televisión de Las Provincias, convirtiendo La 10 autonómica en un clónico de La 10 nacional. Es decir, durante un tiempo existieron en la parrilla de programación dos cadenas, una nacional y otra autonómica, idénticas, en el nombre y en el contenido, hasta que, como último paso, La 10 autonómica echó el cierre, pocos años después de comenzar su andadura.

Hay quien dirá que la TDT comenzó con mal pie desde el principio; que tuvo mala suerte al coincidir con la crisis del mercado publicitario y con sus terribles efectos sobre el conjunto del sector. Pero la Generalitat Valenciana no es en absoluto ajena a muchos de estos problemas. Porque, desde el principio, el Consell decidió utilizar las concesiones de TDT como herramienta en su propio beneficio y de sus medios afines, a los que otorgó la mayoría de las licencias, a pesar de que en muchos casos era evidente que no contaban con los medios necesarios para comenzar las emisiones.

Recordemos los grupos más beneficiados del concurso: Libertad Digital, Cope, El Mundo, Las Provincias… Como desgraciadamente es habitual en España, las licencias administrativas son empleadas por el poder político como medida de presión, para premiar o castigar a los afines o a los díscolos (cero licencias para PRISA, dos para Prensa Ibérica, en el caso valenciano).

Así, la Generalitat no tuvo empacho en otorgar licencias a grupos que hasta entonces no tenían apenas presencia en el mercado valenciano; o, directamente, a grupos creados ad hoc para el concurso, como fue el caso de Mediamed, gestionada por José Luis Ulibarri, a quien la Generalitat le otorgó nada menos que trece licencias (que abarcaban conjuntamente casi todo el territorio valenciano). Pese a lo cual, pocos años después, Mediamed, que en algunas demarcaciones ni siquiera llegó a emitir, ya ha abandonado la mayoría de las licencias.

La TDT, en suma, ha pasado de gran oportunidad a auténtico cementerio televisivo, puesto que la publicidad no da de sí para sostener los proyectos y la mayoría de las cadenas, teóricamente locales, en nada se diferencian de lo ofrecido por los grupos a los que pertenecen en Zaragoza, Sevilla o La Coruña. Es un ejemplo palmario de la importancia crucial que tiene la Administración para perfilar el sistema de medios de comunicación en un sentido u otro.

Por desgracia, no es el único. Ni siquiera vamos a detenernos en el estado del sector público, en particular RTVV, empleado, prácticamente desde su fundación, como instrumento propagandístico al servicio de la Generalitat. Pero sí quería hacer mención a otro aspecto, cada vez más importante, relacionado con los poderes públicos: la publicidad institucional.

El crecimiento de la Administración local y autonómica comporta, también, la necesidad, por parte de estas entidades, de dar difusión a sus actividades a través de los medios. Aunque, en teoría, dicha difusión está regulada para garantizar que la publicidad institucional llegue a todos los medios en una medida proporcional a su audiencia, en la práctica las cosas funcionan de manera muy distinta. En los medios convencionales, primando a unos medios sobre otros; en los medios digitales, donde no se ha extendido la regulación bajo la que funcionan los medios convencionales, otorgando el generoso caudal publicitario de las Administraciones públicas sólo a los medios afines.

Este último factor, unido a la debilidad estructural de la mayoría de medios digitales (elaborados con escaso personal e inversión económica, y por tanto muy dependientes de la publicidad para sobrevivir en el corto plazo), explica por qué han surgido, a lo largo de toda la Comunidad Valenciana, abundantes cibermedios, de un partidismo tan explícito que raya en la obscenidad, aparentemente de la nada. Sin audiencia, sin noticias dignas de tal nombre, elaborados a partir de columnas de opinión y titulares agresivos, estos medios sobreviven, es más, nacen, gracias a la publicidad institucional. Los ayuntamientos, las diputaciones provinciales, y la Generalitat, pueden crear “sus” propios medios de comunicación de la misma forma que pueden hundirlos.

El balance, como puede verse, es negativo. En parte por la época que vivimos, de cambio hacia una mayor cultura de la gratuidad de la información en un contexto de grave crisis económica. De precariedad laboral y abundancia de oferta (propiciada en buena medida por el éxito de los estudios de Periodismo y Comunicación en las Universidades). Pero no es totalmente negativo. Decíamos al principio que el número de medios ha aumentado en la última década. En particular, gracias a Internet. Un espacio donde, al menos, no se depende de las concesiones administrativas, no es necesario contar con una sólida infraestructura empresarial para echar a andar y, por tanto, se puede obrar con mayor libertad, que en los medios convencionales, cuyo margen de maniobra es, por desgracia, cada vez menor.

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(*) Guillermo López García es profesor titular de Periodismo en la Universidad de Valencia. Coordinador del Grupo de Investigación de los Medios Digitales Valencianos

Publicado originalmente en Valencia Plaza



Hay un comentario en Más medios, menos información
  1. Siento el off-topic, pero hablando de calidad en los medios, esto que acabo de leer en El País me ha dejado anonadado:

    http://www.elpais.com/articulo/internacional/Jefe/Estado/italiano/toma/riendas/caos/politico/elpepuint/20101116elpepuint_7/Tes

    El artículo parece una traducción de Google de algo escrito en otra lengua, los más probable italiano, a juzgar por la temática y el apellido de la periodista.
    “el ministro de la Economía” , “el presidente de la República lo va a recordar bien claro a sus colegas.”, “el momento crítico va a atizar otros temas de conversación”… buff, vaya colección.
    No se puede caer más bajo.

    Comentario escrito por Nacho Pepe — 16 de noviembre de 2010 a las 1:55 pm

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