Periodismo desde la trinchera

Vivimos en un país en el que la política se vive con una intensidad similar a la de actividades mucho más importantes, como la guerra o el fútbol. La gente opina, discute y vota muchas veces como si le fuera la vida en ello. Y lo hace, además, con una sorprendente independencia de los hechos (“yo voto a los míos a toda costa”) que suele explicarse por el sentido fundamentalmente negativo, de rechazo al enemigo más que de apoyo al afín, de muchos votos (“voto para que no salgan éstos”).

Se trata, qué duda cabe, de un ambiente político malsano, en el que sin embargo acontece buena parte del debate público en España, sobre todo en los asuntos más importantes. O, mejor dicho, a los que se les confiere mayor relevancia pública. Y no por casualidad. Los medios, la mayoría de los medios, son en buena medida culpables de este estado de las cosas. Su función no es la de mediar entre el público y el poder, ni siquiera la de representar a un sector de la sociedad (es de esperar que ideológicamente afín). Su función se limita muchas veces a condensar la expresión hooliganística de apoyo a un determinado partido político, a toda costa y contra viento y marea.

Escuchar una tertulia en la radio o ver un programa de debate en televisión, leer una columna en la prensa (o en Internet), supone cada vez más enfrentarnos de antemano a un discurso ya sabido. Al igual que es de esperar que el político del PSOE o del PP defienda, a veces contra toda evidencia, la posición de su partido, lo mismo hacen los periodistas “del PSOE o del PP”, pues como tales funcionan. Aunque estos últimos suelen superar a sus mentores en el afán por excavar en negativo para atacar al rival, más que ensalzar al líder, subvencionador de publicidad institucional y licencias y que, quizás, en los casos más extremos tal vez nos dé un cargo, nos dé trabajo en su gabinete de comunicación si las cosas vienen mal dadas o, directamente, nos meta en el partido.

Y lo más gracioso es que, al mismo tiempo en que los líderes periodísticos de opinión del país, los mismos que ejercen la loa y la crítica desmesuradas en su quehacer diario, son los primeros que quieren dar lecciones de ética a la primera ocasión que tienen de hacerlo. Hace unos días asistimos al deleznable artículo vomitado por Daniel Anido, director de la Cadena Ser. No se trata de un periodista que tienda a prodigarse (y menos mediante textos escritos). Por fortuna, cabría añadir. Porque, como tantas y tantas veces, el texto cataloga al personaje.

El segundo ejemplo, que en realidad motiva este artículo, es, si cabe, más elocuente. Se trata de Federico Jiménez Losantos, uno de los periodistas españoles “de partido” más inteligentes y capacitados. Y también uno de los de mayor éxito. En consecuencia, uno de los peores, más perniciosos para la salud del debate público en España, que como pocos ha contribuido a crispar y a simplificar dicho debate (en el peor sentido de la palabra). En este caso no es el tono lo que llama la atención, sino la definitiva deserción (respecto del rajoyísmo), explicitada mediante una columna de opinión en Libertad Digital.

En realidad, la deserción en sí no es en absoluto sorprendente, dado que a Losantos nunca le gustó mucho maricomplejines (A Pedro J. y al diario El Mundo les gustaba algo más, lo cual no es óbice para que también hoy el editorial del diario se despache a gusto contra el líder del PP). Lo gracioso del caso es que al líder se le achaca, por un lado, sectarismo (“quiere echarnos a los liberales del PP”) y, por otro, una preocupante atención por lo que tengan que decirle medios distintos de los que apoyan a “los buenos” (Esperanza Aguirre), esto es, El Mundo y la Cope (y Libertad Digital). Rajoy es malvado porque abjura de los principios liberales y se vuelve, él también, progre. ¡En lugar de hacer lo que le digamos nosotros hace lo que le dicen otros medios de sectas distintas! (Algo, teniendo en cuenta que lo que pedían Federico y Pedro J. era la dimisión de Rajoy, por demás comprensible). La consecuencia, obviamente, es clara: si Jiménez Losantos pidió el voto un día por Rajoy, ahora se arrepiente, pide disculpas y solicita el voto contra Rajoy. ¡Voto en negativo dentro del mismo partido!

La mejor parte del artículo, sin embargo, llega al final. Huérfano de líder, demasiado solo (por ahora) en su afán por entronizar a Aguirre, plenamente consciente de que lo que le conviene a ésta es esperarse a que el PP –previsiblemente- fracase en País Vasco, Galicia y quién sabe si en las Elecciones Europeas para terminar de mover del sillón a Rajoy, a Jiménez Losantos sólo le queda apelar al padre, al único con suficiente poder en el PP para que una palabra suya pudiera bastar, por sí sola, para destronar al líder: “Poncio” María Aznar, que a estas alturas sigue haciendo –con muy buen juicio- mutis por el foro:

En fin, yo espero que Aguirre mantenga la calma, que haga lo que tenga que hacer cuando crea que debe hacerlo, pero no que haga lo que quieran y cuando lo digan los enemigos del PP. Ojalá pronto quede claro, dentro y fuera del partido, quién es Anás y quién Caifás; y quién es Poncio Pilatos, el que, mientras la Derecha se hunde, se lava las manos.



6 comentarios en Periodismo desde la trinchera
  1. El tema daría mucho más de sí, aunque la fijación con Espe es sin duda digna de estudio…

    Comentario escrito por Público — 22 de abril de 2008 a las 12:45 pm

  2. Losantos inteligente? No lo suficiente; en cuanto lleva un rato hablando dice cosas que realmente piensa y que otro más inteligente se callaría.

    Comentario escrito por Zaskandil — 22 de abril de 2008 a las 11:07 pm

  3. “Se trata de Federico Jiménez Losantos, uno de los periodistas españoles “de partido” más inteligentes y capacitados”

    Esta proposición resuena frecuentemente en los ámbitos docentes de la Facultad de F, T y C de la UV.

    Nunca entendí su fundamento. Probablemente por falta de inteligencia y capacitación por mi parte o, posiblemente, porque “inteligente y capacitado” son eufemismos por “espabilado y habilidoso”.

    Un tanto quevedesco todo.

    Comentario escrito por Antonio — 23 de abril de 2008 a las 11:05 am

  4. Que no se fíe mucho Esperanza Aguirre de semejantes “apoyos”. Se quejan de lo que hace PRISA con el PSOE y FJL intenta hacer lo mismo con el PP. De la misma manera que defenestraron a Borrell, ahora van a por “Rojoy”.
    Hace unos meses, era un líder brillante, liberal, que decía las cosas por su nombre y le sacaba los colores a ZP. Ahora, es un fracasado, un “socialdemócrata” (y eso, para cierta gente, es un insulto muy grave) y debería irse. De golpe y porrazo, descubren que en el PP no hay demasiada democracia interna. Son los mismos que aplaudían la forma como Aznar designó “sucesor” a Rajoy.
    Doña Espe sólo les sirve circunstancialmente. Apoya a la COPE y éstos, en agradecimiento, la apoyan porque creen que con otros (Camps, Fraga, Arenas, Gallardón,…) lo tendrán mucho peor. A la que doña Espe demuestre que tampoco quiere la tutela paternal de FJL a todas horas, la abandonarán y buscarán a otro.

    De hecho, la primera decepción ha sido la negativa de ésta a dar (por ahora) la batalla. Algunos, más nerviosos de lo que acostumbran, ya están buscando otras alternativas; sin ir más lejos, el ex-terrorista, y colaborador de LD y la FNFF Pío Moa ya bebe los vientos por Vidal Quadras.

    Una última reflexión: si consideran demasiado izquierdista a Rajoy, ¿qué clase de derecha quieren esos señores?

    Comentario escrito por lluis — 23 de abril de 2008 a las 2:22 pm

  5. A ver ¿De qué es culpable FJL? ¿De pedir a quien ha perdido dos veces las elecciones que se vaya? Acabarán descubriendo uds. que FJL no es socialista, qué horror.

    Comentario escrito por lolo — 10 de mayo de 2008 a las 10:12 am

  6. Se olvidan vds. de lo absolutamente mal que sentó en la COPE que Gallardón presentara una candidatura alternativa a la dirección del PP de Madrid. Su segundo, Cobo, que fue la cabeza visible contra Aguirre, obtuvo (des)calificaciones de todo tipo y más, junto con su jefe Gallardón. Y dichas descalificaciones se basaban en el argumento de que presentar una candidatura diferente era una traición, un intento de vender el partido, de hacerse con él, etc, etc.

    Los mismo que dijeron eso ahora claman por la democracia interna. Si no lo veo, no lo creo.

    Comentario escrito por Avelino — 18 de mayo de 2008 a las 8:40 pm

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