Con la que está cayendo

…con la que está cayendo… Hay que coger esos puntos suspensivos. Y mirarlos mucho en la palma de la mano, haciéndolos rodar así con el índice, como pequeñas canicas que tienen por dentro esos extraños dibujos de canicas si todavía hay canicas fuera del teléfono móvil. Nunca he visto un estudio riguroso sobre esos dibujos. Ni tampoco un análisis serio sobre “con la que está cayendo”. Y más aún acerca de lo que viene antes de la expresión. O después, según los casos. Tal, tal, con la que está cayendo. Con la que está cayendo tal tal.

Esos tales están ahora mal vistos con la que está cayendo. Y por la que está cayendo. Hay que entender que antes de caer la que cae no caía nada o quizá caía poco, lo justo. Y cuando no caía nada o caía poco esos tales ya eran tales y como tales hacía su labor talificadora de la misma forma que ahora talifican. El tal no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y para seguir más o menos igual, que diría Lampedusa. Lo que varía es si cae o no cae como estamos observando.

Así que tenemos los ojos muy fijos en la cantidad que cae, si cae alguna. Y ese es el baremo que justifica o proscribe al tal y tal, que está ahí independientemente de si cae o no cae o si cae sólo un poquito. Si cae mucho se censura lo que antes se alentaba o permitía sin prestarle atención porque, la verdad, caer lo que se dice caer no caía. Y si caía era nada, chispeaba. Ahora sin embargo con la que está cayendo…

Los mirones de la que está cayendo tienen los prismáticos, el telescopio, fijo en la dirección donde caerá o no caerá. Dejan fuera del campo visual a los tales, que siguen a lo suyo, talificando, dale que te pego. Y en el momento en que perciben que la que está cayendo es considerable giran el trípode para observar lo que hay alrededor. Maldita sea, tales a sus anchas, a campo abierto, con la que está cayendo, exclaman indignados. Tales que no obstante allí estaban antes de caer la que ha empezado a caer.

A parte de la sociedad no le interesan los puntos suspensivos, lo que va inserto en esos puntos. Sólo la perspectiva que les ofrece la cantidad que cae, sobre todo cuando cae. Nunca relacionan que la cantidad que cae, cuando cae, depende de lo que había en esos puntos suspensivos cuando no caía nada o caía poco. O quizá sí lo relacionan pero cuando no cae puede que les gusten los puntos suspensivos, o que les guste algunos de ellos, que hay modelos diferentes, o que consideren adecuado ese modo en que se mueven. Míra como ruedan los puntos suspensivos, ruedan y ruedan y vuelven a rodar, que van de aquí para allá. Yo también quiero uno, señora. Y otro para mi niño.

Y entonces cae. Ya lo creo que cae. El verbo caer es lo que tiene, que uno no le hace caso hasta que cae. Y con la que está cayendo muy mal. Muy pero que muy mal con la que está cayendo. Ahora, si no cayese…vamos a ver, que esto es muy complejo, no crea usted.

Comments

  1. varo wrote:

    ¡clarificador! (y muy bueno)

  2. Asín...nos va wrote:

    ¡De dónde habrás caído tú!
    Desde que vi Los hombres de negro (Men in black) siempre pienso que dentro de una canica hay un universo entero, pero como aun no se ha inventado el telescopio-microscopio no lo podemos ver, sólo quedan esos extraños reflejos de canica, luces Doppler de galaxias alejándose de nosotros, cayendo a ninguna parte, como nosotros.

  3. Tartamundos Trotamud wrote:

    Yo creo que a usted, cualquier analista gramático-economista, le pondría a caer de Guindos.

  4. Raimundo wrote:

    Fantástico, un texto imprescindible para entender el mundo en que vivimos. Esperamos con expectación nuevos estudios sobre conceptos hermeneúticos tan profundos como “y así nos va…” o “ya lo decía yo…”.

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