Piolín

“La imaginación es libre, el hombre no”. Esta frase del director de cine Luis Buñuel tiene un doble mérito. En primer lugar es una de las pocas frases que no han dicho Oscar Wilde, Groucho Marx o Woody Allen, que dominan entre los tres el 90% del negocio de las sentencias lapidarias e ingeniosas. En segundo lugar es verdad, sobre todo si tenemos en cuenta la esencia del ser humano, que identifica a Dios con el Uno y a aquello en lo que está normalmente pensando con lo Único, paralelismo que ofrece una interesante reflexión que no sé muy bien en qué consiste pero ahí la dejo.

Uno (no ese Uno, sino usted o yo) se siente atraído por cuestiones que van y vienen en la imaginación, que, recuerden, es libre. En algo con prestigio dentro de lo Único, como la utilización de alimentos para que haya más morbo. Ahí sigue horadando nuestro cerebro Bo Derek llena de miel, Emmanuelle Seigner llena de leche de la vaca o la vecina de en frente llena de caramelo. Fresas por aquí, nata por allá. Esta imaginación libre trata de pasar la frontera de forma abrupta, como el habitante de la RDA que fabrica un globo casero para pasarse al otro lado de Alemania dejando atrás el sueño comunista. Y termina, claro, acribillado por los centinelas o pinchando en los alambres de espino. Porque uno ve la llama de la velita, calcula que la temperatura con fuego tan leve ha de ser la idónea y el momento el adecuado, se levanta mirando libidinosamente a su pareja e introduce el miembro en la fondue de chocolate. El resultado da para un guión de un episodio doble de House donde se pronunciará un total de 23 veces la palabra chamusquina. O bien uno hace lo mismo en una fondue de queso, después de haber aprendido la lección. Porque el hombre es el único animal que no cae dos veces en el mismo tipo de fondue. Espera un rato después de que se apague la llama. Y del acecho al asalto. Sin embargo el glorioso instrumento queda esta vez encallado como un barco a la deriva por el proceso de solidificación del emmental querido Watson. El ariete se retira con grandes dificultades. El producto, como sucede al coger una porción de pizza, se adhiere, creando una serie de hilos elásticos que hacen la vez de tentáculos. Uno llora. Porque a uno no sé que le pasa, debe de ser un trauma, falta de cariño o una variedad del complejo de Edipo, pero es ver una fondue y bajarse la bragueta.

Sucede lo mismo en otros campos de lo Único. Esperamos un festival de lencería donde desfilen ligueros, medias, corsés. Bajamos los pantalones o subimos la falda y ahí está… Piolín. ¿Cómo ha hecho Piolín para colarse en esos lugares? ¿Es el modelo de amigo afeminado que luego tiene un demonio en la entrepierna? ¿No debería estar ahí el salvaje Diablo de Tasmania, el simpático golfo Pato Lucas o el ambiguo Bugs Bunny? De nuevo la imaginación libre se topa con la realidad y una corriente de solidaridad con el gato Silvestre inunda los claroscuros de la habitación.

Pero lo más preocupante no está en el eterno dilema entre realidad y deseo, sino en cómo se materializa en el regionalismo español. Cito de la noticia enlazada:

«Por comunidades autónomas, las andaluzas son las que más dibujos animados llevan en su ropa interior (51,6%); las catalanas son las que más tejidos de rayas, lunares y motivos geométricos compran (67,3%); las madrileñas, las que más frases lucen (38,5%); y las gallegas y las catalanas (60% y 60,2%, respectivamente), las que adquieren más bragas con transparencias y lacitos.

Andalucía es la comunidad donde más se regala ropa interior, especialmente en Nochevieja, y casi siempre proceden de amigas; a las catalanas son sus madres quienes se las obsequian (73% de los casos) y en Galicia son sus abuelas y sus tías, mientras que en el País Vasco son sus parejas.»

Los dibujos animados y que se regale sobre todo en Nochevieja demuestran que Andalucía está muy unida a los tópicos, a la tradición, a la fiesta, al arsa y al olé. A las catalanas les regala la madre, para no gastar un euro, y a su vez optan por las rayas, lunares y motivos geométricos. Le dan de lado a los dibujos, mucho más fáciles de desgastar por los lavados. Una vez más la proverbial tacañería. Las madrileñas lucen frases, apropiándose de la lengua de una forma, cómo no, centralista. En Galicia regalan las abuelas y las tías. Mantienen los lazos familiares propios de los pueblos de la zona. También gallegas y catalanas usan transparencias. Quieren desprenderse de la españolidad de otros adornos. Y a las vascas les regalan sus parejas, porque los de Bilbado son los únicos con cojones como piedras para entrar solos en las tiendas de lencería.

He ahí un país dividido ya desde antes de la cuna, desde el prólogo al prefacio a la cuna, y sin embargo unido en torno al americano Piolín. Esto es el braguero de la globalización, otra reflexión profunda a tener muy en cuenta que aquí dejo. No digo más, que mejor lo dice el poeta Francisco Vighi. Supo ver este asunto ya en 1920:

REGIONALISMO

Para que te exaltes, castellano,
hombre seco, hombre de tierra.
Para que me odies, catalán,
más fenicio que de Grecia;
y tú, manchego retardado,
cazurro de alma plebeya;
isleño cursi y rastacuero,
balear ladrón, hijo de chueta;
leonés rencoroso y zafio;
montañes vano, hombre de cera;
y tú, aragonés que llamas
a la bestialidad franqueza;
para que me mates, levantino,
simulador de arte y de belleza;
vasco hipocrita y ambicioso,
insultame con tu pobre lengua;
asturiano traidor y falso;
gallego llorón, y sin vertebras;
murciano sucio, feo y torpe;
extremeño de las cavernas;
madrileño que de Real orden
eres tonto por dentro y por fuera.
Yo os desprecio, os maldigo y os odio,
gentes cobardes de mi tierra.
Y para ti, andaluz idiota,
¡culebra!, ¡culebra!, ¡culebra!

 

Comments

  1. Airos wrote:

    Menos mal que no ha sacado el tema del calzado, menos mal.

  2. Ponferrada wrote:

    «leonés rencoroso y zafio» ¬¬

  3. Elmer wrote:

    ¿Qué encuentran de sexy en Piolín? ¿La inocencia? ¿El tamaño ideal?

  4. Danuto_y_Martingo wrote:

    Ah, pero… ¿la bestialidad no es franqueza?

    Apunta calzoncillos lisos (pero con bultos preponderantes y maliciosos) a Aragón.

    Y que no hay modo de que esto me desloguee, oye.

  5. Il Venturetto wrote:

    «a uno no sé que le pasa, debe de ser un trauma, falta de cariño o una variedad del complejo de Edipo, pero es ver una fondue y bajarse la bragueta»

    Alfredo: te leo, te releo, y cada vez me parece más genial lo que escribes.

    Gracias una vez más por alegrarnos las tardes con estas cosas.