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DESDE
LA CHOZA MULTICULTURAL
Un
intento de denunciar las mentiras comúnmente aceptadas como
verdades fundamentales del Sistema
Frente
a la oleada ideológica uniformizadora que recorre el mundo,
un ventanuco de crítica al Sistema.
Frente al gran capital oligopolístico generador de desigualdades,
nuestras recetas macroeconómicas de andar por casa.
Frente al imperialismo cultural aniquilador de la diversidad, tolerancia
y mestizaje.
Capítulo
11: Los nuevos viajeros. Pioneros tardíos en una sociedad
sin valores
El
relativo abaratamiento de los viajes y la desesperación del
populacho (que sale catapultado de las ciudades para dejarse todos
los ahorros en una semana de vacaciones con tal de olvidar su penosa
existencia cotidiana) han dado lugar a un remedo del nuevo rico,
decorado con el simbólico mostacho de Miguel de la Cuadra
Salcedo: el nuevo viajero o neoexplorador. Hay una diferencia. El
nuevo rico era un pequeño burgués venido a más,
o un miembro del lumpen o el campesinado venido a muchísimo
más. Tal criatura se veía en una situación
social que no le correspondía. Era tan rico como los ricos
de toda la vida, pero su falta de formación le delataba (tomaba
el caviar en plato hondo y los elegantes pantalones le quedaban
cortos en los tobillos). Estas carencias han sido siempre sustituidas
por arrogancia, derroche y un toque hortera, por no decir ridículo.
Pero la pela es la pela, y el nuevo rico se mantenía como
patricio (eso sí, tras la túnica y la corona de laurel
seguía estando el pantalón de peto). Al igual que
aquellos ejemplares, el nuevo viajero es un paria, sólo que
no sube de casta, más bien disfruta durante unos días
de los mismos placeres que un millonario, pero al volver de, pongamos,
Atenas, vuelve a ser el pardillo de siempre. ¿Por qué
su ascenso momentáneo se centra en el mundo de los viajes
veraniegos? Pues yo qué sé (este es el máximo
análisis sociológico del que soy capaz). No obstante,
me interesa profundizar en otro aspecto relacionado con el comportamiento
de estos seres y su interacción con el medio, sobre todo
por sus perniciosas consecuencias. Y es que el neoexplorador, tras
su semana de aventuras, pasa el resto del año contando su
viaje.
A continuación,
transcribo parte de un diálogo de una pareja de nuevos viajeros.
Pertenece a una conversación empezada hora y media antes,
sobre el viaje de rigor. Las víctimas, tres sufridores:
NEOEXPLORADOR:
...y las cervezas más o menos como aquí, a un euro
o por ahí, sí. Sí, eso, un euro o por ahí.
Vamos, las cervezas muy parecidas a aquí. Lo que pasa que
los cubatas más caros. Bueno, allí no hay cubatas,
toman a lo mejor, no sé, whisky solo, bourbon solo, pero
cubatas cubatas no hay.
SUFRIDOR 1: ...
SUFRIDOR 2: ...
SUFRIDOR 3: ...Y...la cerveza igual que aquí, ¿no?
NEOEXPLORADOR: Sí, igual, lo que pasa que no hay cañas,
en las cañas ponen los cubatas, y la cerveza en jarras más
grandes...Claro, como no hay cubatas, pues ponen el whisky en vaso
más pequeño, porque si no se toman uno y...
NEOEXPLORADORA: ...Sí, y la gente bebe mucho más que
aquí, se ponen en la barra y no paran, y claro con el alcohol
solo, sin echarle coca-cola ni fanta ni nada...pero eso sí,
todos superabiertos, encantadores, menos los taxistas, que son todos
como indios, con su turbante de ese grande, pero el resto superabierto
y superbuenagente...te ven que abres un plano en mitad de la calle
y ya están ahí diciendo, ¿a dónde van?
¿nosequé?
SUFRIDOR 1: ...
SUFRIDOR 2: ...
SUFRIDOR 3: ...Joer, qué raro que no haya cubatas...
NEOEXPLORADORA: y después cogimos el avión y nos fuimos
a Londres..
(ELIPIS
EQUIVALENTE A 45 MINUTOS)
NEOEXPLORADORA:
...Y flipando con el matrimonio Arnolfini, el de la pareja esa que
tiene un espejo detrás y te pones ahí y... ¿cuál
era el autor, que no me acuerdo?
NEOEXPLORADOR: Sí, Van der...
SUFRIDOR 1: Van...
SUFRIDOR 2: ¿El Bosco?
SUFRIDOR 3: No, no, Van der nosequé, como era, hombre...
NEOEXPLORADOR: Sí, joer, Van der...
NEOEXPLORADORA: Da igual, si sabemos del que estamos hablando, ya
nos saldrá dentro de un rato, que siempre pasa eso. Pues
eso, que te pones ahí, y te pegas al cuadro y...macho, qué
juego de espejos...es que se ve detrás todo perfectamente...alucinante
de verdad...Y luego pasamos un día en Lisboa, y es llegar
y se nota un montón, pero un montonazo, como algo de Pessoa,
como yo qué sé, como que ha estado allí...
NEOEXPLORADOR: Si, sí, no sé cómo explicarlo,
pero es que en algunos sitios, dices, tío, esto es Pessoa...
SUFRIDOR 1: ...
SUFRIDOR 2: ...
SUFRIDOR 3: ¿Y hay cubatas en Portugal?
Los
nuevos viajeros dejan a Elcano en aprendiz de grumete, a Marco Polo
en senderista aficionado y a Cabeza de Vaca en paseante de perros.
Sus conversaciones tienen el tono que exhiben muchos políticos
hoy en día, aconsejados por sus asesores, que consiste en
un hilo de voz monocorde sin inflexiones, de manera que sea casi
imposible interrumpirlos. La coartada cultural es lo que da fe de
que han estado allí, ya que no pueden enseñar las
fotos y el vídeo a todo el mundo, sólo a los íntimos.
Cuando coinciden en una conversación dos parejas de neoexploradores
que no se conocen, se produce un big-bang cultural. Se origina así:
MIEMBRO
DE LA PAREJA 1: ...y al final pues un porrón de museos, y
con lo de Londres al final...
MIEMBRO DE LA PAREJA 2: Ostras, nosotros también estuvimos
en Londres...¿fuisteis a la nashional gáleri?
MIEMBRO DE LA PAREJA 1: Claro...flipante ¿eh? Joer, y sobre
todo el matrimonio Arnolfini es que me dejó...es la ostia...
MIEMBRO DE LA PAREJA 2: ¡¡¡Sí!!! ¡¡¡Sí!!!
Es que yo me quedé, y me puse ahí cerca...con el juego
del espejo...
Otra
coartada, al margen de la cultural, es la antropológica,
un simple sucedáneo de la primera, correspondiente a los
viajes al inframundo o países con moscas (todos aquellos
que no son Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia,
Nueva Zelanda o Japón). Allí, el neoexplorador sustituye
al matrimonio Arnolfini por una lección de interculturalidad
y mestizaje, y a la gente superabierta por personas que-a-pesar-de-su-situación-siempre-tienen-una-sonrisa-en-la-cara-porque-disfrutan-de-la-vida-incluso-con-sus-carencias.
También existe la modalidad pedazo de aventura, donde el
nuevo viajero se apunta a una escalada o a una ruta por la selva,
con el objetivo de sufrir mal de altura o coger la fiebre del dengue
respectivamente, únicas enfermedades capaces de ponerle al
mismo nivel que Robert Falcon Scott (aquel cenizo) en cuanto a valentía
y arrojo (ante los potenciales receptores de la narración).
En
cualquier caso, los efectos devastadores de las historias de los
nuevos viajeros en sus desafortunados oyentes, empiezan a considerarse
como causas nada despreciables en el origen de la dipsomanía,
la agorafobia, la aerofobia, y la construcción de barcos
en miniatura para meterlos dentro de una botella (signo inequívoco
de locura). La erradicación del automóvil, la sustitución
de los aviones por globos dirigibles o la vuelta a los viajes transoceánicos
en carabelas -únicas medidas capaces de acabar con este fenómeno-
parecen inviables. Y es que aunque no hay un euro para pagar el
alquiler, aunque no hay un euro para pagar la hipoteca, aunque no
hay un euro para costear la cría de un cachorro humano (hijo)
y, mucho menos, para que los ancianos tengan una vejez digna, una
extraña paradoja hace que todo el mundo pueda dar la vuelta
al ídem por un módico precio. Mientras el último
mono pueda veranear en Sri Lanka, sólo podremos añorar
el feudalismo mientras compramos en la farmacia tapones de cera
para los oídos. La degeneración de las exploraciones
queda reflejada perfectamente en cómo la gente se dirige
ahora a los grandes viajeros. Se ha pasado del Doctor Livingstone,
supongo al ¿hay cubatas en Chipre? La conclusión,
de nuevo, no puede ser más evidente: se están perdiendo
los valores.
Alfredo
Martín-Górriz (Córdoba)
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