ACTUALIDAD DE ESPAÑA NOVIEMBRE
DE 2003
11/11/03:
LA TASA GALLARDONIN
Hace
algún tiempo glosábamos aquí el apasionante
mecanismo ideológico que rige la acción política
del flamante Alcalde de Madrid. Nuestra tesis es que Gallardón
encarna como nadie lo que podríamos llamar el “complejo
progre” de la derecha española. Hablamos del permanente
afán de los políticos del PP por impostar maneras
y poses típicas de sus adversarios de la izquierda, con el
fin de evitar que les adjetiven como políticos “de
derechas”, baldón infame cuya sola mención aterra
incluso a los más bragados.
En
el caso de Gallardón, el complejo progre adquiere un carácter
mastodóntico, ontológico, lo que no puede resultar
extraño tratándose del jovenzuelo que empezó
en la política llevándole la cartera a D. Manuel Fraga,
con su chaquetita cruzada azul marino de botones dorados y su pelo
repeinado, que daban ganas de comérselo. Es tanto lo que
debe hacerse perdonar D. Alberto, que hasta sus más extravagantes
delirios marxistoides como la subida del IBI a las viviendas supuestamente
vacías se nos antojan insuficientes.
Gallardón,
que en realidad es más de derechas que el puto palo de la
bandera, tendría que haber ido mucho más allá
en su particular proceso de catarsis para alcanzar de una vez por
todas la tierra prometida del progresismo. Así, en lugar
de proponer una mezquina subida de impuestos a los propietarios
de viviendas supuestamente vacías (majadería alegal
que por otra parte averguenza siquiera analizar) debería
haber decretado la expropiación inmediata de todas las viviendas
de Madrid y la creación de un organismo público destinado
a su redistribución en función de factores de índole
social como el nivel de renta o el número de hijos, y por
supupuesto favoreciendo el necesario proceso de integración
multicultural mediante la mixtura poblacional de las distintas etnias
que conviven actualmente en nuestro país. Es más que
probable que con un golpe de mano como el que proponemos, la gauche
crétine de nuestro país le hubiera acogido definitivamente
en su maternal regazo otorgando a este eterno postulante el marchamo
de “hombre de progreso” con el que el pobre Gallardón
sueña día y noche.
Pero
no, amigos. D. Mariajo Rajoy, en un acto de virilidad política
encomiable (para que luego digan de él) ha convencido al
campeón de la progresía derechoide de que subir los
impuestos no es centro-progresista, así que el paquete (con
perdón) de medidas gallardonitas habrá de esperar
mejor ocasión. Los madrileños, pues, respiran tranquilos
por el momento. Sobre todo algunos dirigentes de la izquierda de
la capital de España, que por un lado ven como Gallardón
no les pasará por la izquierda con medidas populistas, y
por otro se libran del catastrazo de mil pares que les supondría
según los casos, dado el cuantioso patrimonio inmobiliario
que algunos de ellos atesora.
Pablo
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