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15/01/2002: Los Simpson en la Casa Blanca

De George W. Bush (Buh junior) se han dicho muchas cosas, pero todavía no se ha resaltado el escandaloso parecido de su familia y él mismo con la caricatura que de la familia media norteamericana realiza con tanto acierto la serie televisiva "Los Simpson". Esto puede interpretarse, como es lógico, de forma benevolente hacia el Presidente y los suyos: tal y como él asegura, Georgie, Laura y las niñas representan a los americanos de a pie y se identifican con ellos. La verdad es que, desconocedores (y poco interesados) en la realidad doméstica de los Estados Unidos en la actualidad, no podemos emitir juicio alguno al respecto. Pero si constatar que con la realidad no lo sabemos, pero que con la caricatura, sin duda.

Porque su pocas dudas quedaban (las gemelas gamberras, una buena y otra díscola, representan a la perfección a Bart y Lisa -como todos saben, el bebé no cuenta-; Bush senior es casi un mejor "Abuelo" que el Abuelo Simpson; la mujer "bibliotecaria" de Bushie ejerce de voz razonable y mesurada ante las locuras del marido, a la forma de Marge...) la reciente actuación de George W. a lo más puro Homer que hay sobre el planeta despeja cualquiera que pudiera albergar todavía alguien:

El Hombre Más Poderoso del Mundo Libre (también el Hombre Más Libre del Mundo Poderoso) demostró lo que vale un peine cabalgando al borde del desfiladero de la muerte y volviendo indemne tras haberla mirado fijo y de frente. Asusta, ¿verdad?

Lamentablemente la descripción más prosaica de las cosas nos presenta al Presidente de los EE.UU. viendo la tele tranquilamente en la Casa Blanca a las cinco de la tarde. ¿No tenía nada mejor que hacer? Hombre, pues no. Tengan en cuenta que en la tele daban, ni más ni menos, que un PARTIDO DE FÚTBOL AMERICANO. Y, ¿acaso hay algo más importante que eso?, ¿acaso no significa ser Presidente que uno puede dedicarse a las cosas imnportantes del verdad (ir al Palco del Bernabeú en España-ver fútbol americano por la tele en la Casa Blanca)?

Si esta escena ya de por sí nos sitúa a Bushie en nuestros corazones añadan que el Presidente estab repantingado y comiendo galletas. Esto definitivamente convierte a George Bush junior en un cruce de Traque (monstruo de las galletas de Barrio Sésamo) y Homer Simpson. Pero lo que de verdad inclina la balanza hacia el dibujo animado es que, encima, Georg Bush se atragantó y estuvo a punto de morir ahogado por la malvada galleta (sin duda, una agente infiltrada del terrorismo internacional).

La escena, si la puede imaginar, es puro Homer Simpson. De hecho estamos seguros de que Bush, una vez recuperado el aliento al haber expulsado la galleta, la recogió del suelo y pensando "Hummmmm, una galletaaaaa", volvió a ingerirla.

11/01/2002: EL REVOLUCIONARIO CATÓDICO

Hasta hace poco pensábamos que estar durante varias horas frente a una cámara de televisión diciendo majaderías envueltas en una gestualidad histriónica era algo al alcance sólo de sujetos tan patéticos como el Comandante Castro. Al fin y al cabo son los síntomas clásicos de una psicopatía de libro de texto acentuada en las últimas etapas de su lucha contra el General Alzheimer.

Sin embargo el modelo ha tenido éxito también en Venezuela de la mano del inefable Chavez. Que un bufón demagógico como éste acabara insultando la inteligencia de sus conciudadanos, obligándoles a soportar su presencia en la televisión pública durante siete u ocho horas seguidas sólo era, lamentablemente, cuestión de tiempo. Al fin y al cabo, Castro y Chavez comparten, además de una evidente coprolalia, una gran facilidad para el discurso populachero, una ausencia total de sentido del ridículo, una nulidad intelectual a prueba de bombas y una estructura mental que pide a gritos una urgente intervención farmacológica,

El espectáculo de ver a un tipo adulto como el tirano venezolano haciendo el gilipollas ante toda la nación, mezclando amenazas totalitarias contra las clases medias o los medios de comunicación independientes con fragmentos de canciones populares interpretadas por él mismo mientras tamborilea la mesa presidencial, es como para desvencijarse de risa sino resultara tan trágico.

Los pobres venezolanos no sólo tienen que aguantar las demenciales medidas económicas y políticas de este cazurro con galones, encaminadas a llevar al país a la más absoluta de las miserias (modelo neo-argentino king size). Ahora además tienen que soportar todas las semanas sus extravagancias, retransmitidas simultáneamente por todas las televisiones del país. Y lo peor de todo es que el tío se ha creído que canta bien.

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