Click to learn more...

Debate sobre los nacionalismos

España

Internacional

Biblioteca ideológica

Idiotologías

Las Indias

Debate sobre los Nacionalismos

El Sanedrín

Intelectuales orgánicos

Elecciones USA 2000

Regeneración de la izquierda en España

Elecciones España 2000

ESPAÑOLISMO (I Y II), por Guillermo (LPD)

Varios lectores nos han acusado (aunque no tienen narices de mandar colaboraciones) de criticar a los nacionalismos "periféricos" pero no meternos con el nacionalismo español. Estos lectores opinan que ello es debido a que somos unos irredentos españolistas; tenemos unos lectores que no nos los merecemos, en efecto, así es, somos españoles de pura cepa, así que cuidadito. Pero no se preocupen; nuestro españolismo no es el del Generalísimo Franco ni el de todos los que lo han precedido o sucedido; es de otro tipo.

Como no quiero aburrirles más de lo imprescindible, me limitaré por el momento a intentar definir lo que comúnmente se conoce como nacionalismo español; otro día ahondaremos en el que nosotros creemos (no teman, nos da igual el Rh).

Los nacionalistas españoles consideran que España es un concepto tan antiguo como el mundo, o quizás más; para ellos, es obvio que la Hispania romana era un solo país unido, todos juntos en pos de un objetivo (ser ciudadanos romanos). La Hispania visigótica no es lo que todos sabemos que fue, unos nobles germanos bastante brutos que se mataban unos a otros para enriquecer los patronímicos de la genealogía monárquica mientras esclavizaban al pueblo latino, sino el embrión de lo que debería ser la verdadera España (bueno, es posible que los visigodos no andaran tan lejos de la "verdadera España"). Para esta buena gente, la invasión musulmana es un desastre, señores, la destrucción no sólo de España, sino de algo aún más importante para ellos: la cristiandad. A los nacionalistas españoles "de siempre" les da igual que el Califato fuera uno de los pocos momentos brillantes de España en la historia; solapan la España musulmana y se quedan con los salvajes de las montañas que representaban al mundo cristiano.

El problema para ellos estriba en que la llamada Reconquista se realizó a través de varios reinos cristianos totalmente independientes entre sí, con intereses y lenguas distintas; la relación entre la política mediterránea de la Corona de Aragón con el expansionismo hacia el Sur de Castilla es nula. Los nacionalistas españoles arreglan este percance de una manera sutil: a partir de la Edad Media, la Historia de España es la Historia de Castilla, y la historia de los otros reinos se mira como sospecha, como traidores que no creen en un proyecto que entonces nadie se planteaba. Por eso enseñaban una y otra vez en el Franquismo que los Reyes Católicos unieron toda España, como si un matrimonio de conveniencia bastase para unir a poblaciones y sistemas sociales hasta entonces tan divergentes (porque si no, por la misma razón, ¿por qué no enviamos a nuestro ejército de casi subnormales a "reconquistar" Flandes o Sudamérica?).

La época más importante de la Historia de España, el Imperio, no es puramente española, sino castellana. Las mismas barreras que tenían los ingleses para comerciar con las colonias las tenían los catalanes (incluso más, porque al fin y al cabo los catalanes no se dedicaban a la piratería). El Imperio en cuestión consiguió arruinar a Castilla y dejarla en la ruina hasta la fecha, pese a lo cual parece que en Madrid aún no se han dado cuenta de que no es inteligente gobernar contra la Periferia (es decir, todo menos Madrid). Desde el siglo XVIII, en España se intentan aplicar los mismos criterios centralistas que en otros países europeos para homogeneizar lo más posible las distintas regiones del Estado – Nación, siguiendo el modelo francés.

Hasta el momento, la centralización de España ha sido un completo fracaso, fundamentalmente porque es complicado convencer a los no convencidos de participar en el proyecto de un país en continua decadencia en el que los que mandan son los que menos tienen. Sin embargo, el nacionalismo español sigue ahí, nostálgico del Glorioso Imperio, de las guerras contra los romanos y los musulmanes y, naturalmente aunque no lo digan muy alto, del franquismo (y en general, de cualquier cosa que huela a lucha de la barbarie contra el racionalismo, con la peculiaridad de que los "buenos" siempre son los bárbaros). En la actualidad, por fortuna, el PP ha sabido fagocitar incluso a lo peorcito del nacionalismo español, con lo que no existe ningún partido de extrema derecha propiamente dicho con verdadera fuerza electoral (como el Frente Nacional en Francia, o Haider en Austria).

Cuando dentro de unos años la inmigración haya empezado a ser un verdadero problema y los más cerriles de entre nosotros comiencen a entristecerse por la pérdida de identidad nacional frente a la burocracia de la Unión Europea, será momento de preocuparse. Mientras tanto, el nacionalismo español seguirá circunscrito a los cada vez menos "camisas viejas" que quedan (van empeorando de salud, como Pinochet) y a los rapaos de motocicleta y pastillas de fin de semana (es curioso que los nacionalistas españoles de extrema derecha o "rapaos" sigan tan estrictamente nuestra doctrina de "a más nacionalista, más calvo"; todos tienen el pelo rapado al cero o al uno, porque son nacionalistas, pero como son españoles, es decir, contrarios a los nacionalismos periféricos, tienen mucho pelo, y además sano y fuerte, no vaya a ser que los confundan con Anasagasti).

Españolismo II

Después de bastantes semanas, intento saldar mi deuda particular con Ustedes, a la que me comprometí en mi último mensaje de esta sección. Prepárense, porque el rollo es realmente patatero:

- Es bastante obvio que "Castilla", "Cataluña", "Navarra" y naturalmente "España" no existían en el Renacimiento como conceptos insertados en el imaginario colectivo. Los territorios eran "Reinos", esto es, posesiones particulares de dinastías familiares que, para más inri, en el caso español eran extranjeras (por duplicado, primero Austrias y después Borbones). La imagen idealizada de una Hispania preexistente a la de los Austrias proviene de las ansias hegemonistas de todos los reyes cristianos peninsulares, que intentaban heredar la legitimidad visigótica. ¿Cuál es esta legitimidad? La de la conquista, efectivamente, y no la aquiescencia del pueblo llano, sometido al régimen esclavista y jerárquico de los estúpidos godos, bárbaros hasta el final. Resulta lamentable intentar realizar una equiparación entre un modelo prefeudal (el visigótico) y la complejidad de un Estado moderno, y por eso no creo que pueda hablarse de una Nación española, o un nacionalismo español, anterior por lo menos al Renacimiento. El sentimiento de unidad de los reinos peninsulares proviene exclusivamente del sentimiento de unidad religiosa frente a un enemigo común (el musulmán), en una alianza de conveniencia que finaliza exactamente cuando termina la conquista. Tenemos el caso ilustrativo de la Corona de Aragón, que, una vez terminada la conquista en la península con la toma de Valencia, se vuelca en la política "internacional" (Sur de Francia primero, Mediterráneo después), y desde luego no presenta inquietud alguna por unirse con Castilla y "formar" España. El proyecto español es un proyecto castellano, guste o no.

- La "invención de España" ocurre en dos fases: en primer lugar, como resultado de la acción centralizadora borbónica, siguiendo el modelo francés, que obviamente redunda en perjuicio de los intereses de las mal llamadas naciones "periféricas", particularmente los territorios de la Corona de Aragón. La segunda fase es la invención de los Estados nacionales a partir de la Ilustración, con el Ejército nacional, el sentimiento patriótico, etc. como principales realizaciones. El momento clave de la inserción de esta novedad en España es la Guerra de la Independencia, o levantamiento de la población atendiendo a criterios "nacionales" frente a un enemigo extranjero. Esta guerra es fundamental, básica para entender el desarrollo posterior de España, porque el grueso del levantamiento es llevado por fuerzas reaccionarias (por ejemplo, la Iglesia), pero la realización política (Constitución de Cádiz) es de corte liberal, y además siguiendo las ideas de los ilustrados franceses. La temprana aparición de esta tradición liberal en España fue, en mi opinión, una de las principales "oportunidades perdidas" de "nuestro" país para entrar con derecho propio en la modernidad. Sin embargo, desde el principio la tradición liberal fue asimilada a ideologías "extranjeras" y, por tanto, antiespañolas, por parte del colectivo reaccionario. De esta manera, una de las dos Españas que aparecen entonces es vista por los conservadores no como un adversario político, sino como un enemigo a eliminar, una Antiespaña. Este enfrentamiento resurgirá con fuerza en la Guerra Civil, y tangencialmente en las guerras carlistas del XIX. En cuanto a la divertida tradición disgregadora hispánica, no se limita a aparecer, obviamente, en el siglo XIX, sino que tiene un más amplio arraigo. Sólo hace falta recordar, en efecto, los movimientos comuneros (enfrentamiento castellano a la Administración flamenca), las germanías (luchas de raigambre social), los reinos de taifas (disgregación de un proyecto musulmán para España, el único que yo veo de interés anterior al Renacimiento, el único moderno y que dio frutos de interés, pero que casualmente muchos historiadores han eludido, por tratarse del "enemigo, los herejes moros" ¿enemigo, cuando eran tan españoles como los otros? A partir del siglo VIII, el enfrentamiento es sobre todo de índole religiosa, no una lucha contra el invasor), los alucinantes movimientos cantonalistas del XIX (curiosa reedición de los reinos de taifas, pero "a la Suiza"), etc.

- Entrando en aspectos económicos, quisiera resaltar que la aparición "romántica" de los nacionalismos en el XIX no obedece solamente, ni siquiera principalmente, a razones históricas o culturales, sino puramente económicas. Casualmente, no apareció ningún sentimiento nacionalista fuerte en Gran Bretaña (el caso irlandés es posterior, y en cualquier caso la riqueza inglesa no se trasplantó a Irlanda), Estados Unidos, Francia o Alemania (aquí apareció algo mucho peor, el pangermanismo, con los resultados conocidos), naciones ricas, sino en países o imperios decadentes, como el Imperio Turco, el Imperio Austro-Húngaro y, curiosamente, España. Es ilustrativo un dato económico de finales del siglo XVIII, que nos dice que la renta per cápita española era sólo un 10% inferior a la inglesa y un 5% a la francesa. Habría que revisar, pues, la imagen de una decadencia imparable desde el XVI. Sin embargo, el desastre de la Guerra de la Independencia, las guerras civiles y la pérdida de las colonias supuso, ahora sí, una decadencia imparable que convirtió a España en un país subdesarrollado. Casualmente, es entonces, y no antes, cuando catalanes y, sobre todo, vascos, se percatan de su singularidad como pueblo que hunde sus raíces en lo más profundo de la Historia, naturalmente ajenos a los malvados españoles. País Vasco y Cataluña, regiones (con diferencia) más ricas del Estado en el XIX, buscan el separatismo única y exclusivamente porque no quieren pagar por la pobreza de otros. Lo disfrazan de tradiciones culturales y agravios históricos, lo cual me parece muy bien, sólo que el meollo de la cuestión es algo tan poco romántico como los impuestos.

- La pregunta es: ¿Es positiva la invención del Estado nacional? Y la respuesta, naturalmente, es que sí, porque aumenta la riqueza del Estado, le otorga mayor cohesión, y favorece la aparición de libertades y el descenso de las desigualdades entre los ciudadanos, dado que los Estados nacionales están intrísecamente ligados a la democracia y la aparición de la opinión pública. A mi me da exactamente lo mismo si España existe o no, si es una invención o realmente tiene un pasado, pero me parece que el desarrollo obtenido con la convivencia durante siglos de las distintas colectividades ha sido excelente, y beneficioso para todos. Sólo que hay que definir aún el modelo de Estado en el que creemos, centralizado según la oposición con la "periferia" o atendiendo por igual a todas las regiones españolas, porque España no puede ser centralista si quiere sobrevivir. Madrid no es París, y por supuesto, Barcelona no es Marsella, Bilbao Lille o Valencia Niza. La periferia del Estado posee, ahora mismo, la mayor parte de la riqueza (demográfica, cultural y por supuesto económica), y eludir este hecho sólo puede llevar a la incomprensión mutua y a un enfrentamiento beneficioso para nadie. El proyecto castellano está agotado porque Castilla está agotada, despoblada desde el fracaso del siglo XVII (fracaso relativo; a fin de cuentas, se conquistó, colonizó y pobló medo continente, aunque luego no se supo aprovechar en el plano económico, más bien al contrario). De esta manera, Castilla no puede, ni debe, mantener la hegemonía cultural y seguir ignorando las realizaciones de los que aún siguen siendo vistos como "sospechosos" (no hablemos ya del plano cultural).

- El problema fundamental de España como proyecto de nación es la dualidad de pensamiento (las dos Españas) a que aludí anteriormente. Porque si la España liberal es una España moderna, homologable a sus contemporáneos más avanzados en cualquier época, la España tradicional, católica, reaccionaria, posee una ideología medieval que le hace ver las cosas en términos de conquista y de oposición entre un núcleo creador (Castilla) y una periferia sospechosa siempre de "insolidaridad" en un proyecto que, al fin y al cabo, lógicamente no pueden sentir como suyo.

- De ahí viene la incomprensión mutua entre el llamado Estado Español y los nacionalismos "periféricos". La propia nomenclatura (periféricos) para referirse a ellos nos aclara de qué estamos hablando. El proyecto de la II República de crear un Estado en el que todos pudieran hallar acomodo quedó destruido por la última (esperemos) aparición del pensamiento reaccionario español, expresado en el nacional-catolicismo franquista. La tradición liberal republicana quedó sepultada bajo toneladas de "españazos", o España Eterna, y sólo pudo aparecer tímidamente con la Constitución de 1978, que, en mi opinión, satisface sobradamente las pretensiones de respeto a la cultura propia que pudieran tener catalanes y vascos. El proyecto republicano fue un fracaso, evidentemente, porque desembocó en una Guerra Civil y un nuevo enfrentamiento entre españoles, pero apuntó varias cosas interesantes, las fundamentales un cambio en el modelo de Estado (centralista hasta ese momento, católico y tradicional) y un interés por la educación y el desarrollo de la cultura, esto es, la modernización. El hecho de que no pudiera desarrollarse y se enfrentara con muchos problemas no quiere decir que el modelo que buscaba no fuera interesante para todos, porque intenbaba aunar los intereses de todos, en mayor o menos medida, si bien acabó ahogado en el enfrentamiento izquierdas-derechas, enraizado con el de centralismo - autonomismo.

 

- Pero claro, lo de la cultura es nuevamente una excusa. Las quejas de los nacionalistas respecto al Estado no derivan actualmente de que España intente destruir los otros "hechos nacionales" existentes, sino de competencias, es decir, de pasta. A mi esto me parece totalmente legítimo, pero no me gusta que se intente disfrazar de preocupación por una cultura propia, sea esta real (Cataluña) o una lamentable invención (País Vasco). - Sin embargo, en ningún caso quiero con esto decir que habría que despreciar el nacionalismo cultural o los sentimientos nacionales. Yo creo que es necesario crear un modelo de Estado en el que todos puedan estar orgullosos de todo, y un catalán pueda alegrarse de la existencia de El Quijote tanto como un castellano de Tirant lo Blanch. Es preciso descentralizar más el Estado en el aspecto cultural, ofrecer un modelo de cultura española en el que España no sea sólo Castilla. Pero también es necesario "centralizar", o más bien igualar, las competencias de corte económico de que actualmente disfrutan las regiones.

- En España tenemos regiones "históricas" y otras que no son históricas, por lo visto. El Estado de las Autonomías nos ha salido clasista, en función de que en la región en concreto se hable un idioma propio o no, porque el idioma es el vehículo fundamental, al parecer, de esas tradiciones que todos quieren preservar tanto. Por eso ha proliferado la aparición de idiomas ridículos, totalmente inventados, en casi todas las regiones españolas, como por ejemplo la Fabla en Aragón (de los dialectos muertos de cuatro pueblos del Pirineo), el Bable en Asturias (curiosa manera de convertir un dialecto del castellano en otro idioma), el Guanche en Canarias (idioma medieval, naturalmente muerto desde hace siglos, basado en ¡Silbidos!), el "Valenciano" como idioma diferente del catalán en la Comunidad Valenciana (entre las barbaridades que se han llegado a intentar justificar, la que a mi más me cautiva es la pretensión de que el valenciano deriva del ibero), etc.

- En suma: que vivimos un lamentable enfrentamiento entre sentimientos nacionalistas basados en la pasta y sentimientos españolistas basados también en la pasta, mientras los que no tenemos la suerte de ser "históricos" nos ponemos histéricos y dedicamos nuestro tiempo libre a inventar idiomas y el enorme potencial y capacidad de influencia de la cultura española (o las culturas, si se prefiere) se muere de asco. A todo el mundo le preocupa mucho la cultura pero todos pasan de ella(s). Algo especialmente triste si nos paramos a pensar en la cantidad de pasta que puede conseguir el Estado por esa vía.

Política

Economía y Bolsa

Deportes

Mass Media

Libros

Historia

Teología

Cine

Música

La Red

Cultura Popular

Sexo

Foro

Obtuso