Actualidad
Metapolítica
Personajes
Especiales
POLÍTICA
BOLSA
MASS MEDIA
DEPORTES
CINE
HISTORIA
TEOLOGIA
LITERATURA
CULTURA POPULAR
LA RED
MUSICA
CIENCIA
LIBROS
SEXO

 

Debate sobre los nacionalismos

Nere Euskara Maitea, por Spirit of Wine

 

Nací en Euskadi el día que murió John Lennon, en plena democracia, con el estatuto de Gernika aprobado y con todas las instituciones vascas funcionando a todo trapo salvo notables excepciones. Amante como soy de mi tierra, nunca he pensado en formar parte de esa diáspora vasca que tan buenos resultados (electorales-propagandísticos) le ha dado a Ibarretxe y a Arzalluz en el estado de Idaho (pronúnciese Aidajo). Nunca hasta que tenía bien avanzados mis estudios universitarios.

¿Por qué? pensarán ustedes, gentes de mentes inquisitivas como son. ¿Debido al euskara, dado el encabezamiento de esta modesta contribución? No totalmente, pero un poco, puede que sí.

Desde muy pequeñito formé parte del engranaje ideológico-folklórico del arzallismo. Estudié euskara con infantil devoción, participé en actos de exaltación a tan noble idioma (la Korrika, el Araba Euskaraz, el Kilometroak, etc) y busqué expresarme con
amigos que también lo conocían, en ese mismo idioma, orgulloso por conocerlo y por poder usarlo (aquellos que no lo conocen no pueden saber lo realmente hermoso que es nuestro idioma euskérico). Pero la verdad es que el euskara ha sido corrompido, desgraciadamente, como tantas otras expresiones culturales vascas, debido al problema de siempre.

Hemos conseguido, entre todos, construir un país separado por un idioma. Hoy por hoy, quien habla euskara es reconocido como miembro de determinado partido y/o opción política. El matiz politizante de nuestro idioma me resulta asqueante hasta la naúsea. El patético intento de diversos dirigentes del PP por chapurrear el euskara resulta, cuando menos, ridículo. Ellos no desean un euskara fuerte, prefieren que nadie
lo hable, como si así despojaran a un determinado sector de la población política de un esencial caballo de batalla (vean si no el comportamiento vergonzante del presidente de la Comunidad Foral Navarra, con respecto al bilingüismo). Aunque parezca incongruente no hablar euskara por esta razón, no estoy dispuesto a dar argumentos a los que prejuzgan, empleando el euskara en signo de "rebeldía lingüística". En castellano viejo, "para ellos la perra gorda". Pero es que, además, desde el otro bando, esos victimistas procedentes del arzallismo y el batasunismo emplean el euskara como arma arrojadiza, de carácter casi étnico, despreciando, muchas veces con carácter sistemático, a los castellanoparlantes, en carteles, publicaciones, programas de televisión o radio, etc. La exaltación del euskara como rasgo distintivo de los vascos de pura cepa e ikurriña en el salón, me resulta repugnante. El resultado, una discusión bizantina en el que uno dice "pues yo hablo castellano" y el otro "ba nik euskaraz hitzegingo dut", y ambos acusan al contrario de intolerancia.

Debido al encono de nuestra sociedad desde hace cuatro o cinco años, muchos de los vascoparlantes consideran muy gracioso hablar en euskara delante de gente que no lo entiende, para señalarle así su desprecio y su supuesta condición de extranjero / colono / alemán-en-Mallorca. Además de la tremenda falta de educación, saber estar y sentido común, esta forma de marginar (un término quizá exagerado, pero imposible
emplear otro) a los no conocedores del euskara, "me da cien patadas", como diría Holden Caufield. Por si esto fuera poco, los matices políticos del idioma han convertido los actos de divulgación y protección del euskara en una especie de fiesta nacionalista privada, llena de alusiones políticas de índole por todos conocida, que termina por identificar el binomio vasco-euskara con abertzale, tanto dentro de Euskadi como fuera de él. Hemos conseguido que si a alguien se le ocurre hablar en euskara en un bar de Madrid, se le eche a la calle. Y es que el euskara ha tomado tanta importancia dentro del régimen arzallista, que cualquiera que no lo hable (o al menos, lo balbucee dignamente) no puede entrar a formar parte de ninguna pieza de la lehendakaritza, entiéndase esto como Administración, docencia en la Universidad, medios de comunicación públicos,... con la consecuente desigualdad y agravio comparativo, ya que un vasco pude optar a los puestos que convoque la administración central o autonómica en, pongamosle, Cáceres o Segovia, mientras que un segoviano o un cacereño lo tienen ciertamente difícil para acceder a una plaza en Euskadi, a no ser que decidan aprender euskara en AEK, y financiar así a los aguerridos y sacrificados combatientes vascongados del hacha y la serpiente.

Resumiendo, se está llevando a cabo una limpieza lingüística de lo no euskaldun (etimológicamente, "que habla euskara") con un marcado componente batasuno-arzallista en carteles, topónimos, e incluso nombres y apellidos: la consejera vasca de educación se llama "Anjeles Iztueta", al Barcelona se le llama "Batzelona", y, en una pirueta digna de los mejores acróbatas, se euskalduniza ¡el valenciano!, llamando
"Alakant" a Alicante. Creo, por tanto, que la discusión no es tanto cuán antiguo sea el euskara, o de donde proviene, o qué dialecto a hablar. Lo importante es el uso discriminatorio, político, que se está llevando a cabo mancillando así la principal función de un lenguaje, que no es otro que el de ser el aglutinador de una sociedad. Y que esto suceda en pleno siglo XXI, en Europa, es indignante e insultante para todos aquellos que usamos y amamos el euskara.

 
La Radio Definitiva