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Debate sobre los nacionalismos |
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Debate sobre los Nacionalismos |
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Sin novedad en el frente, por Spirit of wine |
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Mucho he disfrutado (es un decir) leyendo las reflexiones, sesudas en algunos casos, viscerales en otros, acerca de los nacionalismos, la globalización,creación de España, y otros temas que me dejo en el tintero. Me parece que se ha descuidado un tema fundamental dentro de este debate. Un tema que, por encima de dineros y memeces xenófobicas, resulta especialmente sangrante en la sociedad en la que vivo. Porque no resulta fácil en Euskadi vivir en libertad (al menos, en la libertad plena que sería deseable en un país democrático). No hablo simplemente de ETA y sus desequilibrados pistoleros de medio pelo, ni de los coches bomba, hechos deplorables por supuesto, pero que no me parecen tan dramáticamente graves como la dictadura que, de un tiempo a esta parte, se viene imponiendo en Euskal Herria: la dictadura del silencio. Nadie, y reitero, nadie, tiene derecho a discrepar del pensamiento único peneuvista sabiniano preponderante en las instituciones del país, y creer que podrá dormir tranquilo. Desde los profesores de universidad (por citar, Azurmendi o Juaristi) a los periodistas (Calleja, Landaburu), cualquier librepensador tiene que reflexionar muy bien si desea hacer público y notorio cualquier tipo de crítica o postura contraria al nacionalismo. No ya por el miedo a los encapuchados de ETA, sino a las mismas represalias de unas juventudes, un tanto hitlerianas, que convierten en cabezas de turco de sus frustraciones juveniles por su escasa actividad sexual a cualquier intelectual que alegremente señalan el PNV, la "izquierda abertzale" o cualquier medio afín al Régimen. En medio de este clima hemos asistido a atentados, quemas de vehículos, amenazas, despidos, exilios y represalias "de baja intensidad", perpretados por jóvenes radicales, disculpables por su púber efervescencia según el partido en el poder. Todo ello ante la pasividad de la Ertzantza, que debe de considerar un pasatiempo sano y edificante, poco menos que un deporte rural, la quema reiterada de autobuses, cajeros y negocios durante las juergas nocturnas de estos cachorros nacionalistas. Desde los púlpitos políticos se señalan las "Brunetes mediáticas", carne de cañón para que auténticas hordas de chavales presa del acné y la explosión hormonal den rienda suelta a su natural energía y expresividad organizando (contra)manifestaciones, reuniones de apoyo a ETA y sus valientes gudaris del tiro en la nuca, y demás demostraciones de talante democrático e independencia de criterio. ¿Por qué algunos jóvenes vascos tienen el gracioso hobby de quemar cajeros automáticos para matar el tiempo? Resultaría complejo psicoanalizar los traumas y las carencias afectivas e intelectuales de semejantes mastuerzos, pero en cualquier caso, existe un hecho que no por obvio resulta menos denunciable: la política educativa que desde que tal competencia le fuera transferida al Gobierno Vasco y Vasca (que diría Ibarretxe), está llevando a cabo el único partido, que por la gracia de Dios, acaudilla las más nobles y rancias tradiciones vascas: el EAJ-PNV. Desde la más
tierna infancia se les enseña a los jóvenes que Euskadi se compone
de siete provincias, a saber: Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Nafarra, Lapurdi,
Zuberoa y Behe-Nafarra. Sólo los azares del destino y la pérfida
alianza de los españoles y los franceses (siempre ocupados, por envidia
sin duda de la noble hidalguía de los vascos, en fastidiarnos), han No sólo se identifica geográficamente el ámbito vasco en estas utópicas siete provincias, sino que se procura aumentar esa sensación de grupo común enseñando los dialectos euskéricos propios de cada territorio, las raíces culturales comunes (bertsolaris, aizkolaris, pelotaris, dantzaris, y demás -aris de singular raigambre indudablemente vasca). Complementan ello con excursiones a lugares emblemáticos del futuro Euskal Herria, para constatar lo vascos que son en Biarritz o Maule (de hecho, se puede captar en ciertas modalidades vocálicas la influencia vascuence en el habla francesa de los habitantes de Bayona), y por supuesto, se incide en que racialmente, habitantes de Pamplona, Markina o Eibar son en todo semejantes y por supuesto superiores física (los mejores levantadores de piedras son todos vascos), intelectual (mentes preclaras como Sabino Arana o Juan José Ibarretxe) e incluso emocionalmente (vean si no cómo llora un vasco de placer ante un chuletón vuelta y vuelta) a españoles y franceses, y por ende, a cualquier persona del universo conocido y por conocer. Históricamente, se incide en que Euskadi nunca fue romanizado (por la expeditiva e inteligente vía de mostrar que en Euskadi ¡no hay ruinas romanas! Creo que sobra toda explicación sobre esto). De hecho, Euskadi nunca fue romanizado, visigotizado, arabizado, ni formó parte del Imperio, ni tuvo nada que ver con España, salvo en aquellos casos en los que el pérfido español, de natural antivasco, obligó a los habitantes de Euskal Herria a servir bajo su bandera. De todos es sabido que Legazpi o Elcano fueron amenazados de muerte si no colaboraban con las ansias expansionistas de Castilla. Cuando todo este poso utópico y muchas veces simbólico (la omnipresente ikurriña, inventada por el inefable Sabino y justificada históricamente mediante la batalla de Padura... ¡que no existió!; el laburu; el "zazpiak bat"; el Athletic de Bilbao,...), se maneja hábilmente el aparato mediático (series de televisión en euskera, vídeos, música combativa) lo que termina generando un sentimiento de nación que no puede menos que chocar con la realidad política y social del Euskadi del mundo real. Ante este choque se pueden dar dos reacciones diferentes: - Cualquier persona con un poco de criterio, cultura y dos dedos de frente descubre que lo que ha aprendido hasta ahora es una invención folklórica sólo apta para papanatas. Naturalmente desecha esta bobada y comienza a ver el mundo, y a Euskadi, tal como es, procurando (in)formarse mediante datos objetivos. - La gente con problemas psicológicos y con una escasez de miras rayana en el desequilibrio psicológico, genera una sensación de pérdida, de haber sido históricamente robado y pisoteado por los viles españoles, que naturalmente no tenían nada mejor que hacer que venir a oprimir al pueblo vasco, por lo envidiable de su clima y lo ubérrimo de sus tierras. Es este segundo grupo de personas el que encuentra justificable que todos aquellos sospechosos de españolismo sean asépticamente eliminados, o, en su defecto, masacrados con profusión de pirotecnias. Jaleados por la "Alternativa Democrática" de Batasuna y tolerados, debido a su gran labor social de denuncia y acoso a los traidores, por el PNV, se dedican con notable esfuerzo a ensuciar la convivencia y hacer un poco más irrespirable el aire de nuestra sociedad. ¿Hasta cuando? Viendo las reacciones de absoluta tibieza con las que se han acogido los últimos asesinatos y mutilaciones de los simpáticos salvapatrias, cabe la posibilidad de que enarbolemos, una vez más, la consigna de "sin novedad en frente", al menos, hasta el próximo atentado. Que en Euskadi los derechos fundamentales del hombre (y la mujer) están conculcados y son reiteradamente agredidos es de sobra conocido por todos. Lo que resulta más indignante, sobre todo si uno escucha los mensajes de nuestro Lehendakari, es descubrir que mucha gente está dispuesta a volver la cara, a callar, en pago a un mejor nivel de vida. "En Euskadi se vive bien", "estamos mejor que en Andalucía", "el nivel de vida en Euskadi es europeo"... Y un huevo. En ningún país de Europa se permitiría que un gobierno autodenominado democrático amparase de facto las actividades fascistas de un puñado de disminuídos mentales, empeñados en hacer la vida imposible a aquellos ciudadanos vascos que desean vivir en una sociedad plural, abierta y sobre todo, en paz. Eso es lo que me parece absolutamente intolerable, al margen de los muertos, es la opresión en la que viven los vascos no nacionalistas en su propia ciudad, en su propio barrio, en su propia casa. Y quien diga que en Euskadi hay libertad, es porque no vive aquí, o porque demuestra una cerrilidad completamente borreguil (y una apreciable lealtad al régimen arzallista). Sin más, agradecer a LPD la oportunidad de opinar libremente y sin tapujos tanto a los nacionalistas como a los no nacionalistas. |
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