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NACIONALISMO Y CONVIVENCIA, por Andrés (LPD)

El problema principal que, a mi entender, presentan los nacionalismos es que dificultan notablemente la convivencia. Tanto para quienes conciben ésta de un modo más tradicional y conservador como para la izquierda (y especialmente en este caso pues las esencias del nacionalismo se enfrentan directamente a la vocación universalidta de la izquierda), lo cierto es que cualquier modelo que pretenda aglutinar a una sociedad, exigirle ciertos esfuerzos, sacrificios y renuncias en aras del bien común se encuentra en los nacionalismos a un serio rival.

De manera que no nos engañemos. Cualquier persona que considere como positiva la colaboración y la ayuda entre los seres humanos no puede sino asustarse ante lo que significa la doctrina nacionalista, que consagra la preeminencia de los pretendidamente mejores o, al menos, de los que mayor gala hacen de su fuerza bruta, a costa de los demás. Un nacionalista es aquel que, en mayor o menor medida, considera sumamente relevantes ciertas diferencias que él cree encontrar en un grupo humano (a veces reales, a veces meras invenciones o exageraciones) con respecto a otros. Tanta importancia concede a estas diferencias que cree que deben estar por encima de toda una serie de aspectos que unen a todos los seres humanos (y que no podemos olvidar que son la base de cualquier ideología de izquierdas, así como de la mayor parte de las creencias de las grandes religiones). aspectos estos que no se niegan pero que pasan a ser secundarios. Si esta premisa nacionalista ya es sumamente destructiva para la convivencia, pues incide en las diferencias más que en lo que se comparte y acaba llevando a la diferencia de trato, todavía peor es el siguiente paso.

El nacionalista, en la mayoría de los casos, no sólo se siente diferente sino, además, mejor. En este paso, y por una vez, los nacionalistas hacen gala, al menos, de una impecable lógica, pues si constatada la diferencia esta se lleva por bandera y se trata de ahondar está claro que sería muy paradójico el que se considerara irrelevante en términos de bondad la misma. Los nacionalistas, por definición, se creen diferentes y mejores. Debe quedar claro que la locura nacionalista no está tanto en la constatación de diferencias (que es claro que siempre han existido y existirán en muchos ámbitos), como en la importancia que le conceden a éstas. No cualquier diferencia justifica una diferencia de trato. ¿Por qué hay gente que piensa que los vascos, por el mero hecho de serlo, deben tener más derechos políticos y económicos que los extremeños? Quien logre responder a esta pregunta sin recurrir a una explicación psiquiátrica merece todo mi respeto por su fecunda imaginación. Y a partir de aquí llegan los problemas. Porque la convivencia no es posible cuando parte del grupo (sea una persona en una pandilla de amigos, un vecino en una comunidad o una región en un país) tiene la creencia de que sus esencias, su mero ser, es diferente al de los demás, y que por su cara bonita (es decir, precisamente por esa diferencia) debe ser acreedor de un especial trato. Ante semejante pretensión, absolutamente irracional, sólo caben dos salidas: o se permite al "diferente" que se beneficie de su pretensión de serlo y se consagra la desigualdad más absoluta, destruyéndose la convivencia; o se mantiene la firmeza a costa de que, de nuevo, la convivencia se resiente hasta que la parte del grupo que se siente mejor bien cede bien abandona la comunidad.

Sin embargo, en España hemos inventado una inédita tercera opción, que sólo se entiende por el "carácter irredento e indomable" de los vascos y ciertos hábitos muy democráticos que en España no son de recibo todavía porque se asocian, equivocadamente, al franquismo (vean si no cómo se trata al nacionalismo vasco en Francia), es nuestro famoso "cornudo y apaleado" es decir, que aquí se ha cedido a prácticamente todas las peticiones de los soberanistas vascos, con la consecuencia de que ello ha provocado cada vez mayores peticiones. ¿Qué quieren los vascos? Lo cierto es que no lo sé, pero dudo mucho que la independencia. El País Vasco y Navarra disponen de un grado de autonomía que no tiene parangón en el mundo, ni siquiera en estados federales como Alemania o los propios Estados Unidos (en los que una mayor "representatividad" en sus respectivos Senados queda ampliamente compensada con toda una serie de competencias sanitarias o fiscales inconcebibles allí). De manera que las cesiones son casi imposibles por ese lado. Pero es que, además, el Páís Vasco ha logrado ser, junto a Navarra, la comunidad autónoma que menos contribuye a las arcas del estado a pesar de ser una de las más ricas (y no hace falta recordar cómo se llega a esa situación).

Sorprendentemente, y en lo que probablemente es un caso único en la historia de la humanidad, la riqueza de esas regiones no sólo es empleada en parte para desarrollar otras zonas del país (como si ocurre con Cataluña o la Comunidad Valenciana) sino que, gracias a su tan predicada "diferencia" han logrado que sea al revés. En estos momentos, amparados por la ideología nacionalista, los ciudadanos del País Vasco y Navarra disponen, más o menos de gobiernos que gestionan respectivamente 400.000 y 600.000 pesetas por habitante/año. Con un nivel de competencias similar Cataluña dispone de unas 170.000 pesetas año y la Comunidad Valenciana o Andalucía de poco más de 100.000 pesetas/año. ¿En qué mente caben estas cifras? ¿No estamos todos locos? El problema principal del nacionalismo es que desvía la atención hacia asuntos absurdos (las esencias, la identidad ...) cuando no trágicos (muertes, asesinatos ...) mientras que las cuestiones verdaderamente importantes (construcción social, solidaridad, cohesión social, igualdad de oportunidades, mejora de las condiciones de la economía ...) son olvidadas y destrozadas. La convivencia, que requiere para que sea fructífera de la toma de decisiones que implican la reasignación de recursos solidaria, justa y racional, se ve totalmente afectada. Como es lógico, y mientras las listas de espera provocan muertes en el resto de España en gente que ha de esperar un para de meses de media para ser operada del corazón (por falta de medios), en las opulentas sociedades vasca y navarra esas cuestiones se resuelven en una semana, ya que cuentan con sistemas de salud pagados en parte por los ciudadanos andaluces que son la envidia de Occidente. Aunque, claro está, algún salvaje podrá pensar que esas muertes se compensan con las muertes que el "conflicto" vasco genera.

No se engañen. La soberanía y la independencia son una cuestión de números. ¿Cuánto les costaría? Mucho, ya que ahora viven subsidiados. Gracias a España escuelas y hospitales de Euskadi pueden mantenerse en condiciones envidiables (exceptuando ciertas ikastolas como la que tiene por alumnas a las hijas de Ibarretxe en cuyo claustro de profesores se encontraban algunos de los hoy buscados asesinos de Fernando Buesa) que no tienen parangón en el resto de España. Lo más ilógico de todo este asunto es que nadie haya iniciado una reflexión seria sobre el particular, planteando la normalización de las relaciones económicas entre estos territorios y el resto de España. ¿Cómo pueden hablar desde el País Vasco de persecución? Esperemos que llegue un día en que tanto vascos como españoles se den cuenta por fin de la absoluta desnudez del rey.

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