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Fuzz
psychedelic rock BIO PIC
The
Mavisa Doors (1967-1988)
Cómo
se crea un mito en la música: un caso de estudio
teórico - práctico
The
Mavisa Doors son un grupo extremadamente desconocido de los que
apenas podemos constatar hoy en día ninguna grabación
de su modesta música ni película de sus estremecedores
directos.
Catalogados como mejor grupo de la historia en escena por un puñado
de críticos norteamericanos, lo cierto es que su minúsculo
legado nunca ha gozado de la celebridad que sin duda merece.
Todo comenzó en la Universidad de Guisconsin, allá
por 1967. El xilofonista Grigor McCuansion, rechazado por la escena
pop local debido a la intolerancia hacia su intrumento, se junta
con Frederic Aillón, criador de perros, desendiente de una
famosa estirpe de criadores riojanos; y Tommy Lanen, baterista con
síndrome de down.
Entusiasmados
con la idea de hacer cantar a un perro sobre el xilófono
de Grigor acompañándose de la caótica base
rítmica de Tommy, la banda comienza a ensayar en los locales
que la muy progresista y hippy Universidad de Guisconsin facilitaba
a las bandas de la escena local. Pero mientras tratan de dar con
el cuarto que el rectorado les ha asignado para su proyecto, Tommy
tropieza con el dobladillo de una moqueta e impacta con toda su
tez en la pared partiéndose la nariz.
Este
hecho, aparentemente absurdo y sin sentido, es lo que determina
crucialmente la carrera de los Mavisa Doors, ya que, con su golpe
en la pared, Tommy abre una puerta secreta que da a un cuarto oculto.
En él, los Mavisa descubren un local que la CIA usaba para
espiar a los hippys de la universidad y a los incipientes movimientos
de izquierda radical.
Ajenos
a toda polémica, los Mavisa se encierran en el cuarto y empiezan
a ensayar. Grigor ataca con sus solos de xilófono, Frederic
oprime con fuerza la bolsa escrotal del can para obtener bellas
melodías vocales muy costa oeste y Tommy aporrea la batería
mientras llora, pues le duele la nariz, rota tan sólo unos
minutos antes. Este ensayo, en concreto, dura varias horas total
y absolutamente infructuosas en las cuales el grupo no logra ni
el más mínimo resultado. Con lo que, aburridos, comienzan
a enredar por los utensilios y bártulos que la CIA guardaba
en el local. Ríen con las cámaras que espían
toda la universidad, juegan con una gama de pelucas de hippy que
usaban los agentes para infiltrarse y, between pitos and flautas,
dan con un arma secreta del Pentágono que se estaba fabricando
en una especie de retrete cotroso anexado a la habitación:
Una puerta infracósmica intertemporal.
Acojonados
por el hallazgo, no saben si penetrar en ella o no. Discuten si
arrojar a Tommy, por eso de que no está muy claro que sienta
ni padezca los estímulos que le rodean, pero finalmente y
tras mucho pensarlo, se decantan por el perro. Lo tiran al infinito
y sólo perciben una serie de rayos beta psichedélicos
que se hacen uno con el cosmos a lo lejos. No parece muy grave,
piensan. Así que juntan sus manos y se lanzan los tres a
través de la puerta para caer en un salón interespacial
en el que hay dos puertas y en mitad de la estancia, un jeep lunar
de la NASA ahí aparcado. El jeep ni lo tocan, intuyen que
por alguna razón ajena a ellos está ahí. Pero
las dos puertas son altamente sugerentes. Deciden atravesar una
de ellas y aparecen, tras un viaje sideral, en España, y
para más cojones, en la década de los ochenta. En
cocreto se encuentran en la sede del equipo ciclista Puertas Mavisa,
que prepara la Vuelta 89 y donde, por medio de unas instancias que
no merece la pena comentar, terminan liando al contable del insigne
y popular combinado velocípedo para firmar un contrato de
patrocinio por el que, a partir de ese momento, el grupo se uniforma
con maillots y culottes del Puertas Mavisa y adquiere su nombre
artístico: The Mavisa Doors
De nuevo, y tras despedirse calurosamente del acongojado contable,
que ya nunca volvió a ser el mismo, atraviesan la puerta
sideral y vuelven a la estancia. De risas y cachondeo sentados en
el capot del jeep, se dicen, por qué no, vamos a por la otra
puerta antes de volver a la uni. Y tan contentos, atraviesan la
otra puerta, que les lleva a directamente al Roxy de Los Angeles,
en la misma franja temporal que su visita a España, los últimos
ochenta.
Esta
vez están en la oficina de Vicky Hamilton, que les pregunta
quién coño son, contestan que los Mavisa Doors, un
grupo. Y ella, cazatalentos sin igual, al ver a tres tipos melenudos
con maillots y culottes del Puertas Mavisa, uno de ellos con síndrome
de down y la nariz sangrando rota por tres partes, piensa: "shit
in my mother, i have the next big thing" Y les contrata para
tocar esa misma noche.
Ese,
su debut en el Roxy, está considerado por los expertos como
el mejor directo de todos los tiempos. Algo inenarrable que, pese
a no ser dignos de poder describir en toda su magnitud, intentaremos
dar a entender una idea de lo qeu fue eso.
El
Roxy lleno a reventar. Grigor, entusiasmado, coloca su xilófono
en el centro del escenario, Tommy se situa en la bataca y, de repente,
Frederic se acuerda de que ha olvidado su perro en el local de ensayo
unas décadas atrás. Con lo que decide atravesar de
nuevo la puerta cósmica del Roxy en su búsqueda, mientras
un enojado Grigor se ve obligado a contar chistes a una audiencia
bastante impaciente.
En
la búsqueda del can, Frederic vuelve al local de la Universidad
de Guisconsin en 1967 para darse cuenta, como el que olvida los
donuts, de que el perro lo habían arrojado antes a su suerte
al espacio sideral, pero de repente, en ese momento, entran en la
habitación tres agentes de la CIA con M16 que pensaban que
Frederic era un espía soviético, pues nadie conocía
esa habitación nada más que la CIA, y comienzan a
dispararle. Frederic, acojonadísimo, vuelve a atravesar la
puerta y, en la estancia galáctica, decide coger el jeep
lunar para salir echando najas, lo pone a 120 kilómetros
por hora mientras puede oir silbar las balas sobre su cabeza y en
esto que, para su desgracia, la órbita que está decribiendo
con el jeep lunar se cruza con la que estaba trazando su perro,
arrojado horas antes al cibercosmos. Choca con él y, tristemente,
al estar en la cuerta dimensión, sus cuerpos se insocian
dando lugar a un hombre/perro. Sin tiempo para reaccionar, atraviesa
la puerta cósmica del Roxy a toda velocidad.
Mientras
tanto, Grigor últimaba su repertorio de chistes y la audiencia
comenzaba a insultarle ansiosa por una descarga de heavy metal que
se hacía esperar más de lo lógico. Entoces,
cuando estaba apunto de desencadenarse una rebelión, los
metalheads allí congregados ven cómo se abre un agujero
interdimensional en el techo del escenario del que cae un hombre/perro
a los mandos de un jeep lunar a 120 km por hora seguido de tres
agentes de la CIA disparando ráfagas de ametralladora estrellándose
todos conjuntamente cerca de la batería. En la deflagración
del depósito de gasolina lunar del jeep idem los tres agentes
de la CIA se queman vivos en escena. Mientras gritan desesperados
de dolor, Frederic, ahora hombre/perro, huele la sangre de la nariz
de Tommy y como está hambriento se lanza a devorarle vivo.
El batería con síndrome de down no puede hacer nada
mientras el feroz hombre/perro muerde su cráneo, y tiene
que ser Grigor quien intente dar muerte al hombre/can tratando de
axfisiarle con una cinta para el pelo de ISOSTAR Emilio Sánchez
Vicario style que le habían dado de promo en la sede de Puertas
Mavisa. Ante esto, el hombre-perro arroja a Tommy a tomar por culo
rociando a las primeras filas con sus sesos de down y procede a
sacarle los ojos a Grigor, que finalmente consigue ahogar al puto
infraser, pero que pierde ambos globos oculares en el lance, dando
el concierto por terminado en ese momento el departamento de bomberos
de Los Ángeles.
Al
día siguiente, la crítica y el público deciden
por unanimidad que ese concierto había sido "el mejor
de la puta historia", "más grande que la putísima
vida" rezaban algunas críticas.
Actualmente,
Grigor sigue tocando su xilófono en las calles de LA mientras
cobra una pensión del estado por su invidencia.Nunca ha cobrado
royalties por tan magno espectáculo al no estar grabado éste
en ningún formato.
Poca
gente cree a los asistentes de tamaño evento, que, en su
mayoría, murieron de sobredosis y otras adicciones durante
la década de los 90s.
Álvaro
(LPD)
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