|
Clásicos
del rock que jamás han existido
Marco
and The Amedians
De izquierda a derecha: Marco (Hombre Orquesta)
Amedio (Director de Orquesta) Otto Augenthaler (Sintetizador)
Klauss Hässler (Sitar) y Konrad Buchwald (flauta)
Marco era un joven genovés con nulos
conocimientos musicales, pero que se vio introducido en el mundo
del rock psicodélico por pura casualidad. Todo sucedió una mañana
cualquiera cuando, al despertar, comprobó que su caja torácica se
encontraba abierta de par en par y que le invadía una ligera sensación
de angustia.
Inmediatamente, Marco ató cabos,
se asomó al interior de su cuerpo y comprobó que le faltaban todos
los órganos vitales. Contrariado, fue en busca de su padre, que
en ese momento estaba manteniendo relaciones sexuales con su hijo,
el hermano mayor de Marco, y le espetó a gritos, pero con respeto:
- ¡Padre! ¿Me ha quitado el bazo
para dárselo a mi hermano?
- No hijo, esto que le estoy metiendo a tu hermano por el recto
es un puño
- ¿Entonces, dónde están mis órganos vitales?
- Los ha debido coger mamá para venderlos en el mercado negro y
comprar heroina, que ayer tenía mucho mono -dijo su hermano entre
dientes
- ¡Santo Cielo! ¡Debo ir presto en su búsqueda! -concluyó Marco.
Y salió escopetado a la calle para,
desfallecido, caer de bruces contra el asfalto sin haber dado ni
dos zancadas pues, como hemos dicho antes, se encotraba hueco por
dentro. Marco volvió a despertar, esta vez en el hospital, había
tenido suerte y una ambulancia le había llevado rápidamente a un
centro de salud donde fue operado por uno de los mejores médicos
de Europa, que, ante la inminencia de la muerte, no pudo esperar
la llegada de órganos para un transplante múltiple y decidió instalarle
una compleja y descomunal maquinaria que a base de válvulas, tubos
y poleas completaba las funciones de los órganos perdidos. El aparato
era de grandes dimensiones y de una complejidad bárbara, por eso
llevaba anexo un mono de feria adiestrado en la coordinación técnica
del mamotreto.
Madre
no hay más que una
Al
cabo de unos meses, Marco salió del hospital y decidió recorrer
los kilómetros que fueran necesarios con tal de encontrar a su madre
y, cuanto menos, pedirle explicaciones. Así que echó a andar con
su andamio de órganos artificales y el mono Amedio, subido en lo
alto del mismo, todo agobiado coordinando las funciones vitales.
Con dos cojones, Marco se pateó toda Italia dirección norte, atravesó
los Alpes por su propio pie y se plantó en Düsseldorf (Alemania
Occidental) donde le preguntó a un viandante:
-
Oígame ¿Cuál es el ágora o punto de encuentro de los toxicómanos
de esta bella localidad?
- En la Alemania Occidental no haberr toxicómanos, muchacho -le
contestó.
- En ese caso ¿Dónde podría dar con lo peor de cada casa, lo más
rastrero de la ciudad, la puta hampa?
- ¡Ah! tu preguntarr porr la puta escorria que merrece puta muerrte
lenta.
- ¡Esa! ¡Esa! -Gritó Marco mientras el mono Amedio aplaudía con
los tobillos de la emoción
- En Düsseldorf, haberla, si me perrmite el galleguismo, hayla.
Los mayores cerrdos hijos de puta de la ciudad son los músicos de
Kraut Rock y Prrogrresivo, que encontrrarrás en la Sala Átropos.
- Muy amable, señor -añadió Marco y salió escopetado hacia dicha
sala.
Al
llegar a ella, observó una larga cola de infraseres peludos que
aguardaban para entrar a un concierto. Como la maquinaria que llevaba
Marco sobre los hombros -ocho veces su tamaño- era demasiado grande,
no podía entrar por la puerta principal y lo intentó hacer por la
de emergencia, mucho mayor pues estaba construida conforme ordenaba
la Ley Federal de Puertas de Emergencia que estipulaba el perímetro
craneal medio del pueblo germano en 8x8 metros. Una vez dentro,
se encontró inmerso en una oscuridad terrible y comenzó a andar
a ciegas con los brazos extendidos hasta que se topó con una extraña
tela, se la quitó de encima bruscamente y se hizo la luz, había
apartado el telón e ido a parar directamente al centro del escenario
donde tocaba un mediocre y repugnante grupo de krautrock llamado
Faustinor. Al verle, el público comenzó a aplaudir entusiasmado.
Alguno decía por ahí a gritos: "¡¡El niño esclavizado por el progreso!!
¡¡Bravo!! ¡¡Bravo!!" Otros contestaban: "¡¡No, es la dictadura cruel
de la industria que sitúa al mono por encima del hombre!!
¡¡Grandioso!! ¡¡Genial!!" El caso es que Marco, al ver a todos esos
barbudos frente a él y, lo que es peor, al olerles, le dio un ataque
de pánico que generó un incremento salvaje de su actividad vital
comenzando todas y cada una de las máquinas de su andamio a emitir
ruidos terroríficos obligando a Amedio a saltar de un lado a otro
del andamio completamente fuera de sí, hasta que Marco, colapsado,
se desmayó.
Con el intestino al aire
Ante el júbilo del público, los
Faustinor decidieron acabar en ese mismo momento el concierto, cobrar
la entrada y huir con Marco atado a la baca de su furgoneta en lo
que fue un secuestro en toda regla. Una vez en su guarida, comenzaron
un debate para ver qué hacían con Marco y Amedio. "¿Es lícito aprovecharnos
de este pobre niño inválido y de su mono para lograr el éxito de
nuestro grupo?" Hubo opiniones para todos los gustos, pero todas
ellas en el mismo sentido: "Nuestro arte libera al hombre, nuestro
arte es pues, un fin, por tanto, no importa lo que hagamos si logramos
nuestro objetivo" o "Como vegetariano que soy, entiendo que mi música
armoniza la vida vegetal, por tanto, este chico no es más que la
música que sale de mi sitar, debemos usarlo" y también "Vamos a
enriquecernos bien, y luego hacemos la revolución... si eso" Así
que la decisión estaba tomada, Marco y Amedio entraban en el grupo.
Días más tarde, después de que toda la prensa local se hubiera hecho
eco del conciertazo que habían dado, firmaron un contrato millonario
e iniciaron una gira por toda Alemania Occidental. El nombre lo
impuso la discográfica: Marco and the Amedians. Como los miembros
del grupo eran ácratas vegetarianos, pero no gilipollas, trataron
de sacar el máximo partido a Marco y su mono, de forma que el espectáculo
consistía en lo siguiente: Enchufarle a Marco doce litros de aceite
de ricino con un embudo, ponerlo en mitad del escenario y dejar
que sufriera terribles espasmos internos que se traducían en terroríficos
sonidos que salían de sus válvulas y poleas trabajando al 101% de
su capacidad. Luego ellos se ponían unas mallas y le daban un poco
al sintentizador y la flauta como es menester en todo grupo de krautrock
que se precie. Su fama empezó a ser de dimensiones bíblicas. Keith
Emerson y Rick Wakeman se declararon fans y les alabaron en todas
sus entrevistas buscando a la desesperada un puesto de invitado
al tan-tan o las maracas eléctricas en el combo. En cada ciudad
que tocaban la expectación era increíble. Todo fue un auténtico
exitazo hasta que, en una entrevista previa a un concierto, el mono
Amedio hizo unas declaraciones negando el holocausto, por lo que
fue explusado del país ipso facto por antisemita según indica la
Constitución Alemana de 1949. En su huída, con varios cientos de
grupos troskistas, anarquistas, antifascistas y socialvegetarianos
persiguiéndoles para quemarles vivos, Marco aún era víctima de los
efectos del aceite de ricino del último concierto y no podía ni
correr, ni andar, ni pensar, ni nada... Así que, desesperado, se
arrancó el tubo que le salía del recto a modo de intestino grueso
externo y fue tal la cantidad de gases y mierda que su cuerpo expulsó
al exterior en forma de explosión que se elevó por los aires volando
como una grácil mariposa. Marco lloraba de la emoción, el sueño
de su vida desde que se había visto condenado a esa máquina infernal
era volar libre por los aires, acariciar las nubes como una golondrina,
surcar el cielo como un cóndor, ser libre como el viento... pero
desgraciadamente ese sueño duró poco, a los diez minutos de vuelo
fue abatido por cazas de la OTAN que le confundieron con algún artilugio
volador soviético dado que la presión de la mierda y el gas al ser
expulsados por su ojete le conferían a éste la forma de una brillante
estrella roja. Calcinados en una verde pradera alemana el mono Amedio
y el joven Marco, la historia de uno de los mejores grupos de Kraut
rock de todos los tiempos llegó a su fin.
Álvaro
(LPD) |