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	<title>Teología</title>
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	<pubDate>Wed, 12 Sep 2007 23:23:43 +0000</pubDate>
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		<title>Historia Sagrada. 54</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Sep 2007 23:19:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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Las plagas (V): Sólo se muere dos veces (Éxodo 9, 1-35)
 
Hasta ahora la estructura narrativa de las Plagas de Egipto es, como han tenido ocasión de comprobar, extremadamente previsible: Yaveh envía una plaga detrás de otra y, al mismo tiempo, endurece cada vez más el corazón de Faraón para que éste se desdiga de sus [...]]]></description>
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<h3 align="center">Las plagas (V): Sólo se muere dos veces (Éxodo 9, 1-35)</h3>
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<p>Hasta ahora la estructura narrativa de las Plagas de Egipto es, como han tenido ocasión de comprobar, extremadamente previsible: Yaveh envía una plaga detrás de otra y, al mismo tiempo, endurece cada vez más el corazón de Faraón para que éste se desdiga de sus palabras como si tuviera a un vicepresidente económico que le obligara a renunciar a sus propósitos iniciales de liberar a los israelíes. Con tal dualidad, ni que decir tiene, Yaveh se aseguraba la diversión por más tiempo y podía demostrar, en suma, que Él, a diferencia de los ángeles, sí tenía sexo, y que dicho sexo era macho, y mucho.</p>
<p>Sin embargo, en el episodio que nos ocupa la narración da un giro considerable, consistente en alcanzar nuevas cotas de previsibilidad que hasta el momento sólo se nos antojaban posibles en una teleserie española: el Señor envía una plaga de la hostia, Faraón se ablanda, se endurece y Yaveh envía otra plaga más, a un ritmo endiablado. ¡Si casi vamos a una plaga por versículo! La Biblia, en ocasiones, puede resultar frenética.</p>
<p>La cosa empieza con el Señor amenazando con cargarse a todo el ganado de Egipto de una tacada, y añadiendo el siempre insultante toquecito de que, además, el ganado de Israel quedará impoluto. Como Faraón es un tipo duro, naturalmente, decide pasar de las amenazas de Yaveh. Y como hablamos del Dios del Antiguo Testamento el resultado es el que es: nada de parabólas, poner la otra mejilla ni mariconadas <em>desas</em>. En un solo día Él se trapiña todo el ganado de los egipcios, dejando a Faraón acojonado y más blandito que el Primer Ministro de Micronesia en una negociación bilateral con EE.UU.</p>
<p>A propósito de lo cual, por otra parte, cabría decir: hasta el momento hemos asistido ya a hondonadas de plagas en las que sistemáticamente sólo resulta perjudicado el buen pueblo egipcio, mientras que los israelíes se van de rositas. En una economía de subsistencia como la que en aquellos años tenían todos los países del mundo, incluso Egipto, pueden Ustedes imaginarse el valor que adquirirían los escasos productos existentes (cultivos, ganado, esclavos) tras de una nueva plaga de Yaveh. Y dado que estos productos estaban en manos de los israelitas, ¿por qué no compraban directamente Egipto y se quedaban allí, dado que está claro que en aquella época era un país incluso mejor que la Tierra Prometida? Y, bueno, sí, está claro que a Faraón lo que le pasara a su pueblo le daba igual, que para algo estábamos en una dictadura que ríase Usted de los jemeres rojos. Pero, por otra parte, si se suponía que el Pueblo Elegido estaba pasándolo fatal, eran esclavos de Faraón, estaban deseándose ir, y Faraón los odiaba, … ¿Cómo es posible que viera sistemáticamente cómo el cabrón de Él los dejaba impunes y no hiciera algo al respecto? ¡Si Faraón se cargaba, como hemos visto, a cualquier egipcio que le viniera con un sueño raro “que te hace pensar” o, directamente, le mirara mal!</p>
<p>Sea como fuere, la cosa siguió igual que en anteriores plagas, con Faraón poniéndose de nuevo gallito y Yaveh enviando más plagas. Y aquí viene uno de los grandes momentos de la Biblia: Él, que como habrán visto a estas alturas es deidad de recursos y cuyo surtido de plagas se antoja por momentos inacabable, envía una especie de polvo mágico sobre toda la superficie de Egipto, el cual “producirá sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto”, sin tocar ni un pelo de los israelitas, como de costumbre. Pero… ¡Se sienten, coño! ¡Quieto parao! ¿Cómo que producir sarpullidos en el ganado? ¡Él, peazo de animal, que te has cargado a todo el ganado en la plaga anterior! ¡Que se te ha traspapelado el Anexo III del formulario para la provisión de plagas! ¡Primero sarpullido, luego muerte, no al revés! Pero así es Él, amigos, puede hacer lo imposible.</p>
<p>Esta especie de antecedente del ántrax no provocó, como cabría pensar, una <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/politica/guerra/">Acción Humanitaria</a> de Faraón contra, por ejemplo, los suecos, sino que lo dejó tan acojonado como de costumbre, sobre todo porque los magos de Faraón (que son de quita y pon: a veces aparecen para intentar revertir las plagas, a veces Faraón decide ahorrarse la siempre gravosa consulta. Aunque, en cualquier caso, nunca pueden con Él, como es lógico) intentan hacer acto de presencia ante su amo pero son incapaces de dejar de rascarse el puto sarpullido, según dice la Biblia, aumentando así la humillación e impotencia de Faraón.</p>
<p>Con lo que… ¿Por fin se van los israelitas? No, amigos. En este inacabable festival de plagas a Faraón aún le quedaba dureza en su corazón para unas cuantas más (hay que reconocerle al tío, aunque Yaveh contribuya sobremanera a su dureza, una presencia de ánimo digna de mejor causa). Así que Él lo vuelve a hacer, una vez más, y esta vez se decanta por el granizo, y avisa a Faraón: “Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se halle en el campo, y no sea recogido a casa, el granizo caerá sobre él, y morirá. De los siervos de Faraón, el que tuvo temor de la palabra de Jehová hizo huir sus criados y su ganado a casa; mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo.”.</p>
<p>¡Otra vez, señores, otra vez! El puto ganado reciclable de Faraón! ¡Que ya lo has matado hace dos plagas, Él, que hay que ver qué saña que acreditas! Y además, bien está que quieras putear a Faraón, pero, … ¿Era realmente necesario matar a todo el ganado, provocarle un sarpullido a continuación, con lo que jode eso, y luego volver a matarlo? Aunque, eso sí, en la segunda ocasión se le concede el beneficio de la duda a los egipcios colaboracionistas con Yaveh, lo cual les podría permitir el indudable beneficio de contar con un ganado muerto sólo una vez.</p>
<p>Ante tan magno milagro triple (muerte-sarpullido-muerte), Faraón hizo dos cosas. Una, suponemos, aumentar al 97% los impuestos sobre la provincia de Gosén, donde estaba el Pueblo Elegido con su ganado de puta madre. Otra, hincar la rodilla, agachar la cerviz, acojonarse ante el hecho consumado, negociar con los terroristas y permitir por enésima vez que los israelíes se fueran. Así que Moisés, del que no es que nos hayamos olvidado en este capítulo, es que el hombre se limita a repetir el mismo esquema de actuación una y otra vez, termina con el granizo, aclarándonos la Biblia que esta plaga, en realidad, no era para tanto. Además de cargarse sólo al ganado cuyos dueños no creyeran en Yaveh (y a los dueños también, por cierto. Con lo cual, si todos salvo Faraón estaban, a partir de ese momento, con Yaveh, … ¿por qué no daban un golpe de Estado y lo derrocaban, todos juntos? ¡Ay, amigos! ¡Los Antiguos sí que sabían hacer dictaduras totalitarias, y no las mariconadas de ahora!), el granizo sólo había afectado al lino y a la cebada (menuda putada lo de la cebada; ¿cómo alimentarían al ganado?). El trigo y el centeno, por tratarse de “cultivos tardíos”, nos dice la Biblia, no se vieron afectados.</p>
<p>Faraón necesitaba mucho menos que eso para endurecer su corazón una vez más (según la Biblia, “se obstinó en pecar”, el muy cabrón). Y esta vez, por si acaso, Él también endureció, de paso, los corazones de todos sus siervos. Porque, claro, si habíamos quedado en que el granizo sólo había dejado con vida a los egipcios que tuvieran temor de la palabra de Él, ¿cómo les envías más plagas y les puteas a mansalva, si resulta que son buena gente?
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 53</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:55:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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		<description><![CDATA[Las Plagas (IV): Creacionismo Aplicado (Éxodo 8, 20-32)
Habíamos dejado a Faraón y Jehová enfrascados en su peculiar lucha de egos, sin que pudiera vislumbrarse una salida a corto plazo de un conflicto cada vez más enconado. Sin embargo, los caminos de Jehová son inescrutables. Lo cual significa que las cosas seguirían así, a cual más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Las Plagas (IV): Creacionismo Aplicado (Éxodo 8, 20-32)</h3>
<p>Habíamos dejado a Faraón y Jehová enfrascados en su peculiar lucha de egos, sin que pudiera vislumbrarse una salida a corto plazo de un conflicto cada vez más enconado. Sin embargo, los caminos de Jehová son inescrutables. Lo cual significa que las cosas seguirían así, a cual más cerril, siempre y cuando a Jehová le quedasen plagas en el tintero que enviar a Egipto. Y si la cosa dependiera de Él, y de hecho, de Él dependía (no se mueve una brizna de trigo sin que Él lo decida; si ahora yo escribo este capítulo es porque Él, en realidad, es un cachondo, como esperamos que ya haya quedado claro), las plagas asolarían Egipto durante mucho tiempo.</p>
<p>De nuevo Moisés se encamina a hablar con Él, hasta los huevos de ejercer tan poco honorable función de intermediario, y de nuevo Jehová pone a Moisés en su posición natural de esbirrillo-mamporrero: “que se me ha ocurrido que estaría gracioso enviarle a Faraón un montón de moscas, que seguro que no se lo espera después de lo de los mosquitos, jeje”. Él, como ven, disfrutaba como un inocente niño. Moisés, por su parte, no dejaba de observar que si el asunto consistía en que Él enviara plagas conforme endurecía el corazón de Faraón, ya podría Él, entre plaga y plaga, plantar una zarza ardiente enfrente del palacio de Faraón, en lugar de ubicarse en un monte en el quinto pino, y así aligerar el proceso burocrático de discusión a dos bandas en el que tanto padecía nuestro héroe (Moisés; Él puede ser muchas cosas, pero no “nuestro héroe”, el adjetivo no es aplicable a la omnipotencia).</p>
<p>Faraón, por supuesto, haciendo gala de una forma de ser cuya previsibilidad le otorgaría un papel estelar en cualquier película o serie española, pasa de nuevo de todo, a pesar de que Moisés, en plan chulesco, le espeta que no sólo es que las moscas vayan a invadir Egipto (incluso el palacio de Faraón: Él, que no respeta nada, el tío), sino que además, por aquello de dejar claro una vez más quién manda, Jehová personalmente se encargará de asegurarse de que las moscas no penetren en el territorio de Gosén, en el que moraba el Pueblo Elegido durante su estancia de trabajo en Egipto, como en efecto así ocurre.</p>
<p>Cualquier gobernante normal se preguntaría, si Él era tan poderoso como para modificar a su antojo, una y otra vez, el ecosistema; si podía decidir dónde y cómo se extenderían indiscriminadamente cada una de las especies del Señor; si era capaz, en fin, de hacerlo todo, porqué Él no se limitaba a liberar a Su pueblo, dado que lo había Elegido para sí, y se dejaba de jueguecitos inmaduros. Y ante una tesitura como la planteada (os envío moscas cojoneras pero dejo al Pueblo Elegido al margen), dada la personalidad y acciones de Faraón en el pasado, lo lógico es que el gran líder hubiera sacado a todos los israelitas de la tierra esa de Gosén, tan de puta madre que ni moscas tenía, los hubiera enviado a una nueva tierra particularmente saturada de moscas, hubiera rodeado esa tierra de altos muros y colocado en la puerta del recinto un cartel “Ni siquiera el trabajo os hará libres, cabrones” y se hubiera construido un peazo palacio de Faraón en la tierra de Gosén que viniera Yaveh y lo viera. Claro, Él, en su infinita sabiduría, podría haber canalizado el flujo de moscas en otra dirección en cualquier momento, pero en cualquier caso Faraón habría sacado un nuevo palacio para sí, que es de lo que se trata.</p>
<p>Sin embargo, la Biblia, tan pródiga en sorpresas y giros argumentales en ocasiones pasadas, continúa una vez más impertérrita por el camino de lo previsible, talmente como la prensa española hablando del Monarca: Faraón se bajó los pantalones una vez más, imploró el perdón de Yaveh y, en un alarde de humillación, pidió a Moisés que orara por él, Faraón, ante el Todopoderoso. Moisés, ante esta exhibición de mariconería por parte de Faraón, se permite una nueva chulería: “Mire Usted, Faraón, ej que si nos ponemos a rezar a Yaveh en Egipto propiamente dicho nos dedicaremos a abominar de los egipcios, a decir que todos los egipcios son unos cabrones josputa y que Faraón la tiene pequeña, y cabe la posibilidad de que el buen pueblo egipcio no asuma esta crítica constructiva con toda la educación y savoir faire que les son propios y nos degüelle allí mismo. Mucho mejor que nos vayamos al desierto a orar en paz, donde sin testigo alguno cantaremos unas alabanzas de Faraón que no veas, ¿sabeh?”.</p>
<p>Ante tal sorprendente argumento, Faraón, hasta los huevos de cortar cabezas de camareros que le traían platos de viandas llenos de moscas, acepta que Moisés y Aarón (no olviden nunca a Aarón como sempiterno compañero de fatigas de su hermano; y el pobre, además, ni tan siquiera contaba con un bastón ni podía darse el pisto de hablar con gente tan importante como Yaveh y Faraón) se internen tres días en el desierto y hagan allí los sacrificios, como diciendo “puede que me llamen de todo menos bonito, pero los siete días de congelación e insolación alternas combinados con insoportables monólogos de Yaveh no se los quita nadie”.</p>
<p>Una vez más Yaveh equilibra el ecosistema por él desequilibrado (a fin de cuentas, para algo lo había creado Él), una vez más Faraón endurece su corazón cual simbólico ladrillo de la burbuja inmobiliaria, y una vez más Yaveh, que previamente había propiciado la mimética reacción de Faraón, se ufana pensando en su inminente respuesta, casi idéntica a las cuatro anteriores con pequeños matices estilísticos. A estas alturas, cabe pensar, Moisés estaría ya tentado de mandar a la mierda a Jehová, hacerle tragar a Faraón el bastón multiusos y luego convertirse en adorador de la deidad más cutre y fracasada de todo el panteón del crisol de culturas de Oriente Próximo, pero como esto quizás habría conducido a una vuelta apresurada al redil de Él y Su infantilismo, decidió repetir la función una vez más.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 52</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:54:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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		<description><![CDATA[Las Plagas (III): Reformulando la biodiversidad (Éxodo 8, 8-19)
Habíamos dejado a Faraón ufano ante un inmenso festín de ancas de rana proporcionado por Yaveh y los malvados magos egipcios al 50%, pero al mismo tiempo preocupado por las consecuencias que podría tener este tipo de plagas para la riqueza del ecosistema egipcio. Cuando finalmente Yaveh [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Las Plagas (III): Reformulando la biodiversidad (Éxodo 8, 8-19)</h3>
<p>Habíamos dejado a Faraón ufano ante un inmenso festín de ancas de rana proporcionado por Yaveh y los malvados magos egipcios al 50%, pero al mismo tiempo preocupado por las consecuencias que podría tener este tipo de plagas para la riqueza del ecosistema egipcio. Cuando finalmente Yaveh decidió eliminar de forma drástica (matándolas a todas) el superavit de ranas, Egipto se convirtió, no en el simpático “País de las Ranas”, pero tampoco en el pretérito “País del río pestilente rodeado de asqueroso desierto”, sino en un horrible híbrido: “El País del río pestilente rodeado de montones fétidos de Ranas muertas en proceso de descomposición rodeados a su vez por el asqueroso desierto”, denominación que, así aparecida en los folletos de las agencias de viajes, hizo las delicias de la competencia.</p>
<p>Pero, así y todo, cuando Moisés vuelve a hablar con Faraón para pedirle lo de siempre (que otorgara la Libertad al Pueblo Elegido), Faraón, pasando de todo, con el corazón la hostia de endurecido por efecto de la todopoderosa intervención de Yaveh, vuelve a decir que ni hablar. Así que Moisés, ya hasta los mismísimos de pasarse la vida de recadero entre dos auténticos piraos, le pide a Él, apelando a Su magno corazón en un emotivo discurso que trascenderá los albores de la premodernizad, que esta vez, para variar, haga algo verdaderamente eficaz. Y Él, por supuesto, no le hace ni puto caso, ofreciendo en lugar de eso más de lo mismo (no en vano era Yaveh, en Su infinita piedad, quien había creado una situación tan enquistada por la vía de “endurecer el corazón de Faraón”, así que ¿por qué no disfrutar del momento?): que Moisés le aseste un zurriagazo al suelo polvoriento, dice Yaveh, y verá cómo el polvo se transmuta en mosquitos que se pondrán a darle picotazos a todo lo que se les ponga por delante. Así lo hace Moisés (ilusionado, a pesar de todo, por la cantidad de funciones ofrecidas por su bastón-serpiente), y voilà, todo el cielo se llenó de mosquitos que se apresuraron a darse un banquete con la sangre de los egipcios, de los israelitas y de todo lo que pillaran por delante.</p>
<p>Hay que decir que, en un principio, Faraón asistió al nuevo milagro totalmente satisfecho: las jodías ranas habían acabado con sus queridísimos mosquitos, pero ahora Yaveh se los devolvía, para que crecieran y se multiplicaran como las estrellas del firmamento y el polvo de la tierra juntos. De hecho, para acelerar el proceso, y como de costumbre, Faraón ordena a sus malvados magos que se pongan a fabricar mosquitos para asegurar un reequilibrio rápido de la biodiversidad. Pero, por primera vez, la respuesta de los magos fue negativa: mira que se pusieron a invocar y a cocinar potajes mágicos, pero lo de los mosquitos no les salía. Horrorizados, le dijeron a Faraón: “¡Es el dedo de Dios!”, pero éste, que salió al balcón esperando ver en el horizonte un gigantesco dedo corazón que se extendiera hacia arriba en expresión desafiante-chulesca, al no ver nada, se limitó a decapitar a sus magos y no le dio mayor importancia a lo de los mosquitos.</p>
<p>A fin de cuentas, tampoco era para tanto: la residencia de Faraón estaba protegida contra los mosquitos y todo tipo de bestias salvajes, y a Faraón lo que le pasara a su pueblo (y no digamos a los israelitas) se la sudaba muchísimo, en la convicción de que “lo que no te mata te hace más fuerte”. Sin embargo, al día siguiente recibió elementos de juicio suficientes para hacerle virar su opinión: el buen pueblo egipcio, de natural hacinado, era pasto de los mosquitos, el ganado moría de resultas de los picotazos que no veas, y un mosquito avispado, que había olido la sangre que emanaba de los cuerpos descabezados de los malignos brujos egipcios (que Faraón, con su característica indolencia, había dejado tirados por ahí), logró infiltrarse en la estancia de Faraón y asestarle un doloroso picotazo.</p>
<p>En ese momento, despertado súbitamente de su sueño por el jodío mosquito (lo cual le impidió ver qué coño pasaba después de lo de las vacas famélicas, sueño recurrente de todo Faraón egipcio desde los tiempos de José), Faraón se dio cuenta de la Verdad: el cabrón de Yaveh le había enviado primero sabrosa sangre, después simpáticas ranas, y ahora, cuando Yaveh había decidido “elevar el listón de la crítica” generando nubes de mosquitos, capaces incluso de importunar al mismísimo Faraón, no había ya ni ranas para eliminarlos ni sangre para saciarlos, puesto que Yaveh las había hecho desaparecer. Así que, una vez más, Faraón tuvo que rendirse.</p>
<p>De nuevo Yaveh hizo desaparecer los mosquitos, y de nuevo Faraón se andó por peteneras, lo que le permitió alcanzar un ritmo de incumplimiento de promesas digno de un político español (se comenta incluso que un día Faraón, completamente ebrio, les confió a sus cortesanos que iba a crear “ochosientosmí” puestos de trabajo, y sin recurrir a la socorrida construcción de una pirámide). Moisés volvió a desesperarse, pero, por enésima vez, no era cólera lo que brillaba en los ojos de Yaveh, sino confianza en el futuro (aunque algunos advenedizos dirían que lo que había era, como siempre, un fulgor desquiciado). En el Gran Juego que llevaban jugando, por obra de Él, Faraón y el propio Él, Él había decidido darle a la situación una vuelta de tuerca.<br />
 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 51</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:53:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Las plagas (II): Ataque al Medio Ambiente (Éxodo 7, 26-29, 8, 1-7)
Él estaba ilusionado por comenzar su recital de plagas ideadas para doblegar la voluntad de Faraón, así que a los siete días de convertir el agua del Nilo en sangre se le ocurrió la brillante idea de infestar todo Egipto con el más maléfico, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Las plagas (II): Ataque al Medio Ambiente (Éxodo 7, 26-29, 8, 1-7)</h3>
<p>Él estaba ilusionado por comenzar su recital de plagas ideadas para doblegar la voluntad de Faraón, así que a los siete días de convertir el agua del Nilo en sangre se le ocurrió la brillante idea de infestar todo Egipto con el más maléfico, letal y sádico animal que jamás creara Su imaginación: la rana común. Sí, ese bicho con que nuestros abuelos nos amenazaban, ese animal sanguinario que a la que te descuidas pega un brinco de un metro dejando en ridículo todos los estándares del cuerpo humano, ese malvado reptil capaz de las mayores atrocidades, ese enemigo natural de la raza humana.</p>
<p>Pese a todo lo que antecede, cuando Faraón escuchó la nueva amenaza de Yaveh se rió a mandíbula batiente, y vino a decir que si eso era lo mejor que sabía hacer el Dios de los hebreos ya podían esperar sentados a que dejara de esclavizarlos, que a él las ranas le resultaban hasta simpáticas y que cuantas más enviara, mejor, más sabrosas ancas se atizaría él en las cenas de Palacio.</p>
<p>Así que Moisés y Aarón hacen su truquito con el ya afamado bastón – serpiente y comienzan a proliferar ranas por doquier, ocupando todo Egipto, saltando por ahí y haciendo la vida insoportable a los egipcios. Faraón, sin inmutarse, miró a sus magos de cabecera y éstos, nuevamente utilizando sus “fórmulas secretas”, se pusieron a crear más ranas como diciendo “tampoco tiene tanto mérito lo de Él”, y dejando claro a los hebreos que si se trataba de que las ranas se multiplicasen “como las estrellas del firmamento”, por Faraón que no quedase.</p>
<p>Por eso sorprende que, justo después de dar muestras de una despreocupación similar por el show de las ranas, despreocupación tan acentuada que incluso él alentaba a los suyos para crear más, Faraón aceptase las condiciones de Yaveh, y ofreciera la liberación de los judíos a cambio de que las jodías ranas dejasen de pulular por ahí. ¿Había triunfado Yaveh por fin?</p>
<p>No se engañen, amigos, un tipo de la masculinidad de Faraón no iba a achantarse por tan poca cosa. A Faraón lo que le preocupaba no era una cuestión tan nimia como la supuesta venganza de Él, su recto concepto de la moral tampoco le permitía padecer debilidad alguna por el incesante sufrimiento del pueblo egipcio (y por otro lado cabe decir que sobre este particular, el sadismo en el comportamiento para con los egipcios, nada podían enseñar Yaveh y sus ranitas a un tipo curtido como Faraón); sin embargo Faraón, hombre adelantado a su tiempo, sí tenía una debilidad: la preservación del ecosistema. Faraón admiraba por encima de todo la belleza de su país, la pureza de la vida salvaje, la exuberancia de la fauna y la flora, … todos éstos eran factores de los que Faraón nunca pudo disfrutar en exceso, pues la mayoría de su Reino era un asqueroso desierto, y precisamente por ello era muy consciente de la importancia de mantener la poca naturaleza que aún quedaba en Egipto.</p>
<p>Por ese motivo, al principio Faraón miró con buenos ojos la proliferación de ranas, e incluso alentó a sus magos para que crearan más; tal vez, con un poco de suerte, Egipto fuera conocido en el Mundo Antiguo como “el país de las ranas” (en lugar de “el país del río pestilente rodeado de puto desierto”, denominación de origen menos agradecida y que, además, Egipto ni siquiera ostentaba en exclusiva, pues igual nombre recibía Mesopotamia). Sin embargo, bien pronto Faraón se dio cuenta de las perniciosas consecuencias de alterar en exceso el frágil entorno natural: las hordas de ranas se alimentaron con salvajismo, sin ninguna preocupación por el medio y largo plazo, de sus nutrientes naturales, es decir, moscas, mosquitos y demás insectos, atacando la estabilidad de la cadena alimenticia casi desde su misma raíz. Horrorizado ante un futuro sin insectos, sin espigas de trigo opulentas ni vacas orondas que pudieran aparecer en sus sueños como tradicionalmente saben Ustedes que ocurría en Egipto, Faraón decidió simular su rendición frente a la grandeza de Yaveh; sólo así podría restablecerse el ecosistema.<br />
 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 50</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbteologia/historiasagrada/58</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:52:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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		<description><![CDATA[Las plagas (I): Chapapote sanguinolento (Éxodo 7, 14 - 25)
Moisés acariciaba su bastón - serpiente a la espera de que Jehovah le ofreciera una explicación convincente de cómo conseguir el permiso de Faraón, algo respecto a lo cual no albergaba la menor duda, pues Él todo lo puede. Y en efecto, sin mayor dilación Él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Las plagas (I): Chapapote sanguinolento (Éxodo 7, 14 - 25)</h3>
<p>Moisés acariciaba su bastón - serpiente a la espera de que Jehovah le ofreciera una explicación convincente de cómo conseguir el permiso de Faraón, algo respecto a lo cual no albergaba la menor duda, pues Él todo lo puede. Y en efecto, sin mayor dilación Él explicó su divino plan:</p>
<p>&#8220;El caso es que el jodío Faraón es más chulo que un ocho y no da su brazo a torcer, así que voy a enviar toda suerte de plagas que convertirán Egipto en un erial, arrasarán la tierra, destruirán los ríos, aniquilarán a los egipcios, los machacarán, los exterminarán, …¡JAJAJA! Sin embargo, Faraón, cada vez que vayáis a hablar con él exigiéndole, en nombre de Él (en Mi nombre), que os deje marchar, continuará erre que erre por obra mía, así que yo enviaré más plagas, cada vez más, más funestas y terribles, que lo destruirán todo, extirparán a los egipcios de la faz de la Tierra, y al final Faraón, humillado, no tendrá más remedio que agachar la cerviz y reconocer que nadie la tiene más larga que Él, ¡JIAJIAJIA!&#8221;</p>
<p>En ese momento Él paró, pues no pudo menos que observar que Moisés estaba aterrorizado ante semejante despliegue de amenazas. Moisés miraba el brillo frenético en los ojos de un Él ciertamente desquiciado, y no podía menos que preguntarse si no sería más sencillo que Él, en su infinita piedad, le soltara un par de yoyah todopoderosas a Faraón en lugar de cargarse al pueblo de Egipto, que en principio no era culpable de los desatinos de su Faraón (aunque pueda resultarles sorprendente, en los tiempos antiguos Faraón, así como los demás gobernantes, no era elegido democráticamente, sino que el poder se consideraba otorgado por la Providencia a determinados sujetos, en teoría llegados directamente, en tanto divinidades, del más allá. Por esa época Él aún no había tenido tiempo de exterminar, aniquilar y destruir a todos los pueblos paganos, por vía directa mediante plagas y torturas sin cuento o indirectamente, a través de sus leales creyentes, así que la Democracia, orgánica o no, consustancial al cristianismo aún no se había convertido en el sistema político &#8220;más mejor&#8221; en la consideración de los pueblos).</p>
<p>Sin embargo, los caminos del Señor, aunque según estamos viendo por lo general sigan la tortuosa, y por momentos innecesaria, vía de la destrucción de la civilización tal y como la conocemos, son y serán siempre inescrutables, así que Moisés, como buen creyente, alejó esas perniciosas dudas de su cerebro y decidió seguir el plan de Yaveh.</p>
<p>Al día siguiente Moisés tiene una nueva audiencia con Faraón, que se estaba bañando en el río, y tras hacer un ademán chulesco con su bastón - serpiente le dice que cuidadito, que como Faraón no deje libres a los judíos, Yaveh, bastón - serpiente mediante, convertirá el agua del Nilo en sangre, destruyendo toda forma de vida que en él habite, y que además &#8220;esto sólo es el principio&#8221;. Como no obtuviera respuesta de Faraón, Moisés golpea el río con el bastón y en esto que el agua del río comienza a convertirse en sangre, los peces comienzan a morir, y la gente, asqueada, se pone a construir pozos alrededor del río para no morir de sed.</p>
<p>Pero Faraón, por obra de Yaveh, ni se inmuta, y le dice que a él lo de la sangre de Él le importa bastante poco, que de hecho su natural cruel y despiadado le permite disfrutar mucho más del baño de sangre que de otro con insípida agua, que en Palacio el agua ni probarla, que él sólo bebe vino o sangre de sus enemigos, que fijaos si soy malo, que probablemente lo de la sangre no sea más que un truco escenográfico, que recuerda haber oído por ahí que hace unos días se hundió en aguas del Nilo un barco repleto de sangre de sus enemigos destinada a servir la mesa de Faraón, que al principio creían que podría recuperarse la sangre, pero que el Ministro de la Sangre estaba de vacaciones cazando en el Alto Nilo y no le dio importancia, que se dieron órdenes contradictorias que provocaron que el barco se acabara hundiendo justo al lado de donde Faraón acostumbraba a bañarse, que al principio querían sacar el barco al Mediterráneo pero que los hititas habían dicho que como lo acercaran a sus costas les declararían la guerra, que él habría preferido esta solución para así mejor nutrirse de sangre de enemigos que repusiera las actuales pérdidas, que en todo caso tiene a los buenos ciudadanos de Egipto limpiando la sangre de las orillas del río, que para que no se quejen los pescadores les está soltando unas subvenciones a fondo perdido que no veas, y que, en suma, si les explica todo este chapapote es para dejar bien clarito que aquí manda él, que a él se la suda muchísimo que sus súbditos mueran, sufran o padezcan, que lo de la sangre casi le resulta divertido y que además sus magos lo tienen muy fácil para repetir un truco similar con sus &#8220;fórmulas secretas&#8221;.</p>
<p>Y en efecto, Faraón se gira hacia sus magos, que estaban también tomando el baño, y les exige que reproduzcan el truco con ayuda de sus poderosísimas &#8220;fórmulas secretas&#8221;. Para pasmo de todos los presentes, los magos consiguen reproducir el proceso, demostrando a los ojos de Faraón que lo de la sangre no es para tanto (puesto que las &#8220;fórmulas secretas&#8221; eran, valga la redundancia, secretas, no queda claro para la posteridad cómo lo consiguieron, aunque dada la naturaleza sanguinaria del mandato de Faraón se lo pueden Ustedes imaginar). Así que Moisés se vuelve cabizbajo a Yaveh, pero éste le reconforta: &#8220;tranquilo, chiquillo, ¿no ves que esto es justo lo que yo quería? Ahora podré elevar el listón de la muerte&#8221;.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 49</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:51:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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		<description><![CDATA[Convenio marco Israel - Egipto (Éxodo 4, 10 - 31; 5, 1 - 23; 6, 1-30; 7, 1 - 14)
Moisés vuelve de su retiro espiritual en el extranjero y se dispone a cumplir las órdenes de Él; sin embargo, pese a sus buenas intenciones, Moisés era tartamudo, lo cual podía resultar irritante para llevar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Convenio marco Israel - Egipto (Éxodo 4, 10 - 31; 5, 1 - 23; 6, 1-30; 7, 1 - 14)</h3>
<p>Moisés vuelve de su retiro espiritual en el extranjero y se dispone a cumplir las órdenes de Él; sin embargo, pese a sus buenas intenciones, Moisés era tartamudo, lo cual podía resultar irritante para llevar a buen puerto su prevista audiencia con Faraón (que era un hombre muy ocupado con fiestas y saraos y que, dado su pragmatismo, bien podría cortarle la cabeza a Moisés allí mismo por mucho que poseyera algo tan preciado como su bastón - serpiente), así que recaba la ayuda de su hermano Aarón, leguleyo bien avezado en soltar discursos ante las masas.</p>
<p>La petición de Moisés y Aarón es taxativa: estamos hartos de trabajar, queremos que nos des unos cuantos días de fiesta con el fin de honrar convenientemente al Señor. En los tiempos antiguos se ventilaban en las negociaciones patronal - sindicatos, como ven, las mismas cosas que en la actualidad, pero dada la dureza de aquellos años, en lugar de firmar convenios colectivos uno tenía que ir pertrechado de bastones - serpiente y sibilinas amenazas de &#8220;haznos caso o el Señor, nuestro primo de Zumosol, se pondrá a repartir chapapote por todo Egipto&#8221;. Faraón, sin embargo, ni se inmutó. A su entender, los judíos eran una panda de vagos cuentistas que no trabajaban lo necesario, así que, maligno como era, no sólo no concede a Moisés sus justas peticiones sino que encima endurece las condiciones de trabajo de los israelitas: a partir de ahora, tendrán que buscarse ellos mismos la paja necesaria para construir ladrillos, pero además tendrán que satisfacer el mismo número de ladrillos diarios que anteriormente (como ven, ni la patronal ni los sindicatos han cambiado tanto con el tiempo, en el fondo).</p>
<p>Rotas las negociaciones, y soliviantados por sus lamentables condiciones de trabajo, por el insulto que suponía la intolerable plusvalía acaparada por el capitalismo explotador de Faraón, indignados, en suma, por no participar en lo más mínimo de los beneficios del boom inmobiliario que en aquellos años estaba experimentando Egipto, los israelitas echan en cara la incompetencia de sus líderes sindicales y, en particular, de su mentor intelectual, Yaveh, pero éste suelta un discurso a Moisés que suena de lo más convincente (no en vano, Él es Él, valga la redundancia, y Él es capaz de todo), con el objetivo último de que Faraón permita salir a los israelitas de Egipto (pero… ¿no habíamos quedado en que sólo querían unos días de vacaciones? ¿Y ahora salen con esto? Esta gente parece el PNV, siempre quiere más), y que viene a resumirse en &#8220;tú hazle a Faraón el truquillo del bastón - serpiente y verás como el malage ese se acojona, pisha&#8221;.</p>
<p>Reconfortado por estas palabras, Moisés vuelve al encuentro de Faraón y le suplica que vuelva a ser el empresariado el responsable de surtir a sus trabajadores de la materia prima -la paja- necesaria para construir ladrillos, y de paso le vuelve a sacar la vieja reivindicación israelita de que les dejen montar unas fiestas patronales en condiciones para mejor alabar al Señor, y, porqué no decirlo, que si se tercia un éxodo de los judíos para salir de Egipto tampoco estaría mal, pero Faraón, que era tan malo que no habría desentonado en una reunión de promotores inmobiliarios de la Costa del Sol, y que además comienza a hartarse de que esta gente le venga con todo tipo de reivindicaciones extemporáneas, sigue sin inmutarse y les dice que ni hablar, que aquí manda él, que los sueldos los pone él, y las condiciones de trabajo también, que la competencia extranjera es durísima y que como le sigan tocando los huevos se saca de la manga un expediente de regulación de empleo y los manda a todos a la calle, sin dejarles salir de Egipto y sin darles trabajo, y todo esto sin ni siquiera molestarse en mezclar sus amenazas con frases de talante más diplomático del estilo de &#8220;no os preocupéis, chavales, ahora estamos pasando un momento duro en el que todos, yo el primero, pero sobre todo vosotros, tenemos que apretarnos el cinturón, pero si os portáis bien os espera un esplendoroso futuro de vacaciones pagadas, seguridad social y contratos indefinidos&#8221;.</p>
<p>Preocupado por esta respuesta, Moisés arroja el bastón al suelo y éste se convierte en una serpiente, que se queda por ahí reptando, como suelen hacer las de su condición, ante el estupor de los presentes. Pero Faraón, acostumbrado a los más bajos trucos propios de las negociaciones a cara de perro, llama a sus científicos y estos, &#8220;usando sus fórmulas secretas&#8221; según nos indica, críptica como siempre, la Biblia, logran reproducir el proceso y convierten también sus bastones en serpientes. Pero nada puede oponerse a la voluntad de Yaveh y estas serpientes - bastón de segunda categoría son fácilmente ingeridas por la serpiente - bastón de Moisés, en una más de las bellas metáforas que riegan la Biblia mostrando la victoria del Bien sobre el Mal.</p>
<p>Cabreado con la pérdida de un montón de bastones lujosos, auténticas obras de arte de orfebrería, que ahora engrosan el estómago de la serpiente - bastón de Moisés, Faraón sigue sin dar con su brazo a torcer y amenaza con endurecer aún más las condiciones de trabajo de los israelitas, así que Moisés y Aarón vuelven a hablar con Yaveh, quien les reconforta: &#8220;no os preocupéis; Él (Yo) tiene un plan&#8221;.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 48</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:49:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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		<description><![CDATA[El bastón prodigioso (Éxodo 2, 16 - 25; 3, 1 - 22; 4, 1 - 9)
Moisés huye de Egipto todo lo rápido que puede. Recuerden, sus superpoderes le han permitido concluir que &#8220;la cosa se sabe&#8221;. Se especializa, en el camino, en la defensa de los justos, los débiles, los inocentes. Como es lo habitual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">El bastón prodigioso (Éxodo 2, 16 - 25; 3, 1 - 22; 4, 1 - 9)</h3>
<p>Moisés huye de Egipto todo lo rápido que puede. Recuerden, sus superpoderes le han permitido concluir que &#8220;la cosa se sabe&#8221;. Se especializa, en el camino, en la defensa de los justos, los débiles, los inocentes. Como es lo habitual en estos casos (vean, sin ir más lejos, el paradigmático caso de Michael Knight, una especie de Moisés posmoderno con chupa de cuero), los favorecidos por sus buenos oficios ponen a disposición del héroe a sus jóvenes hijas en reconocimiento por la virilidad demostrada por el aventurero. A diferencia de lo que ocurre con &#8220;Michael&#8221; (siglos de evolución en la especie de los superhéroes le han hecho mucho más inteligente), Moisés queda atrapado a la primera: defiende a siete hijas de un sacerdote cuando son expulsadas de una fuente e inmediatamente el padre, preocupado sin duda ante la dura perspectiva de tener que colocar a todas, le ofrece sin dudar a una de ellas. Moisés, inocente como es todavía, la toma como esposa y hasta tiene un hijo con ella. Como buen superhéroe, Moisés no se acepta a sí mismo y trata de rehuir su destino, iniciando una vida homolgable a la de cualquier ciudadano. O intentándolo, al menos.</p>
<p>Sin embargo, a medio plazo, evidentemente, la perspectiva de tener que hacer frente a responsabilidades familiares es un acicate más para Moisés quien, tras comprobar durante unos meses cómo es la vida conyugal, acaba de decidirse por la otra vía: cumplimentar una misión salvífica. Opción al alcance de muy pocos, que tienen que recurrir simplemente a &#8220;bajar a la esquina por tabaco&#8221;, pero que está al alcance de Moisés. Un acontecimiento que pasará a la Historia será decisivo y acelerará las cosas: así como Superman encontrará en el futuro un cristal de Krypton con instrucciones grabadas por sus padres indicándole el camino, Moisés se las tiene que ver con una zarza que arde pero no se consume y que, encima, ¡habla! Este espectacular formato multimedia, imposible de tostar ni siquiera por el más avezado &#8220;cracker&#8221;, es una creación genuina, como no podía ser de otra manera, de Él.</p>
<p>La zarza se presenta, amable y educadamente, a Moisés: en efecto, se trata de Dios, en persona. O, como la propia zarza indica, con su conocido gusto por los detalles, de &#8220;Yo soy el que soy&#8221;, o &#8220;Yo soy&#8221;, a secas, para los amigos (Yavé). A pesar de lo oscuro del discurso en lo referido al Dasein de la zarza y del propio Moisés, éste, bastante harto de la vida familiar, opta por apuntarse a la alternativa salvífica que, según la zarza, está llamado a protagonizar sin poner en cuestión las partes un tanto dudosas del relato.</p>
<p>Básicamente, la zarza le explica que ha percibido en él cualidades (no se especifican cuáles, pero es evidente que el gusto y alegría con el que apiolaba egipcios no era una cuestión ajena a la decisión), y que en consecuencia debe emplear sus superpoderes en liberar al pueblo judío.</p>
<p>El plan de Yavé, en funciones de clásico factotum que se aprovecha del superhéroe y lo pone a su servicio, con el que mantendrá siempre una relación un tanto equívoca, es claro. Moisés debe ir a Egipto y reunir a los hebreos, explicándoles que es un enviado del Señor y que han de seguirle en peregrinación para constituirse como pueblo en Palestina, que llevaba demasiados años tranquila, y eso no podía ser. Asimismo, Moisés deberá informar de estas intenciones al Faraón, más que nada para que éste pueda negarse a consentir la salida de los judíos y dar más emoción al asunto.</p>
<p>Conocidas las intenciones de Yavé, Moisés solicita, ya puestos, ser investido de algún superpoder adicional. Yavé, solícito, le convierte su bastón en una especie de arma multiusos. Tirándolo al suelo se convierte en serpiente, algo que siempre es de agradecer porque queda muy espectacular y acojona lo suyo. Moisés, con él, puede dar golpes de efecto y contar ya por fin con el elemento identificativo de todo superhéroe que se precie. También solicita unas mallas ajustadas de color violeta, pero la época no estaba para mariconadas y Yavé se niega. Al percibir la decepción del chico, a cambio, Yavé opta por enseñarle un par de truquitos circenses más, muy simpáticos y efectivos (propagar la lepra, convertir agua en sangre…). Poca cosa, la verdad, a efectos prácticos, pero Moisés no necesitaba más teniendo como tenía lo más importante: la decidida voluntad de, tras haberse encontrado a sí mismo, liquidar a cuantos egipcios se interpusieran en el camino de su pueblo.
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 47</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:48:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El primer superhéroe de la Historia (Éxodo 2, 11-15)
La historia de Moisés, narrada en el anterior capítulo en sus primeros pasos, puede antojarse aburrida para un lector de la Biblia ya avezado. Un &#8220;elegido&#8221; más, pensará. Uno de esos a los que el Señor habla de vez en cuando y le hace favores, uno más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">El primer superhéroe de la Historia (Éxodo 2, 11-15)</h3>
<p>La historia de Moisés, narrada en el anterior capítulo en sus primeros pasos, puede antojarse aburrida para un lector de la Biblia ya avezado. Un &#8220;elegido&#8221; más, pensará. Uno de esos a los que el Señor habla de vez en cuando y le hace favores, uno más de la estirpe que acaba en Neo.</p>
<p>Sin embargo, quien tan apresurado juicio emitiera se engañaría, dejándose llevar por el prejuicio, y olvidando la riqueza narrativa de lo que, a fin de cuentas, por algo es Libro de Libros. Porque, en un alarde de modernidad, y anticipándose en milenios a la que será forma de cultura más desarrollada del siglo XX, la vida de Moisés es, en realidad, la del Primer superhéroe de la Historia. De hecho, en la estructura que de la apasionante evolución existencial de Moisés nos proporciona el Texto sagrado encontramos todos los elementos esenciales de la personalidad de cualquier superhéroe que se precie:</p>
<p>1. Compleja historia familiar, que lo abona a los traumas, a la melancolía y a cierta soledad. Moisés, como es sabido, no es muy consciente ni siquiera de quién es su madre verdadera-de ficción real. De un entorno familiar desestructurado surge, inevitablemente, esa pulsión edípico-homosexual tan cara a todo justiciero.</p>
<p>2. Identificación y persecución de un fin, asociado normalmente a la idea que el superhéroe tiene de la justicia (y que es habitualmente un tanto peregrina, como no puede ser de otra manera). Este objetivo existencial del superhéroe, además, suele aprehenderse a través de expeditivas vías, descubiertas con motivo de un siempre tierno episodio iniciático. Veamos el caso de Moisés:</p>
<p>La Biblia retrata a un Moisés concienciado, preocupado por &#8220;su pueblo&#8221; (cómo había llegado a la conclusión, en medio del lío familiar, de que &#8220;su&#8221; pueblo era ese, el hebreo, y no el otro, el egipcio, es algo un tanto inexplicable, pero que aceptamos dado que la intuición será uno de los &#8220;superpoderes&#8221; de Moisés). De forma que, cuando tranquilamente paseaba un día por ahí, muy en su línea de tipo sin oficio ni beneficio (ejemplo claro del maltrato sufrido por su pueblo o, quién sabe, de los motivos por los que los egipcios creían que o se les obligaba a palos o esos tipos no trabajaban), &#8220;observó cómo un egipcio maltrataba a uno de sus hermanos, a un hebreo&#8221;. Profundamente conmovido en lo más hondo, como todo episodio iniciático requiere, &#8220;miró a su alrededor, vio que no había nadie&#8221; (pues todo superhéroe ha de velar por preservar su identidad secreta; sin embargo, como después comprobaremos, Moisés no tenía entre sus superpoderes el de una visión aceptable). Tras lo cual nuestro protagonista no se anda por las ramas. En una afirmación del sentido retributivo y ponderado que tenía la justicia, &#8220;mató al egipcio y lo enterró entre la arena&#8221;.</p>
<p>3. Búsqueda de una razón de ser a su existencia de superhéroe. Enardecido por su éxito, Moisés se crece, y al día siguiente sale de nuevo a pasear con la decidida intención de hacer justicia, a su manera. Ve a dos hebreos pelearse y se interpone, lo que es mal visto por sus compatriotas, que le reprochan su intromisión. Como cualquier superhéroe, Moisés ha de vencer la incomprensión de sus protegidos, que periódicamente hace su aparición. Los hebreos le recriminan con duras palabras: &#8220;¿Quién te ha constituido jefe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?&#8221;. En este punto Moisés, en uso de otro de sus superpoderes (la clarividencia, que compensaba sus evidentes defectos en la vista; recuerden que antes de matar al egipcio miró en rededor y creyó que no había nadie) llegó a una inapelable conclusión: &#8220;La cosa se sabe&#8221;.<br />
A partir de este momento comienza para Moisés el período obligatorio para todo Superhéroe que se precie: esa travesía del desierto inicial (Moisés, en efecto, se convertirá luego en un especialista en estas lides) en la que se deambula por ahí, sin saber muy bien qué hacer con la vida, mientras pequeñas aventurillas permiten ir afinando y descubiendo toda la grandeza de los poderes acumulados. Fase inevitable, de búsqueda de uno mismo y de un fin definitivo, que no concluye hasta que, como mínimo, el superhéroe es capaz de optar por una vestimenta suficientemente personal e identificativa que sirva para que las masas le reconozcan al instante. Pero de ello hemos de hablar con algo más de calma.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 46</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:46:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El primer buque de las Fuerzas Armadas judías(Éxodo 1, 15-22; 2, 1-10)
La historia de los desencuentros entre el Pueblo Elegido y sus vecinos, siempre dispuestos a ser expoliados por ellos y, con el paso del tiempo, a hacer el ridículo militarmente cuando la cosa se pone seria, responde a una constante histórica. En este inicio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">El primer buque de las Fuerzas Armadas judías(Éxodo 1, 15-22; 2, 1-10)</h3>
<p>La historia de los desencuentros entre el Pueblo Elegido y sus vecinos, siempre dispuestos a ser expoliados por ellos y, con el paso del tiempo, a hacer el ridículo militarmente cuando la cosa se pone seria, responde a una constante histórica. En este inicio del primer gran enfrentamiento entre egipcios y hebreos, una vez más, la incompetencia de los primeros en sus proyectos de exterminio y dominio étnico alcanza tales cotas que uno casi se siente conmovido.</p>
<p>Como ya habíamos anticipado, Faraón decidió hacer frente al creciente poder de los hebreos, que seguía aumentando pese a haber sido expropiados por el Estado e incluso, después, directamente esclavizados. Y todo a base de la multiplicación de su número por vía sexual (una táctica que en la España de las postrimerías del siglo XX emplearía la familia Ruiz Mateos).Para ello nada mejor que un revolucionario a la par que expeditivo método: aprovechando el dominio estatal sobre el precario sistema de Seguridad Social de la época encargó a las parteras que, en caso de nacimiento de varones hebreos, se encargaran de apiolarlos ipso facto. Para lo cual inventó un revolucionario método de identificación de varones y mujeres que todavía hoy se conserva. Dijo Faraón, y son palabras textuales fielmente recogidas por la Biblia: &#8220;Mirad el sexo (a los recién nacidos)&#8221;.</p>
<p>Este sistema de aniquilación de una especie es eficaz pero, eso sí, sólo si se hace bien. Y esto es más bien complicado, como otros experimentos históricos demostrarían con el tiempo. Por una parte, a poco que un solo infante escape de la masacre éste suele tener la desagradable costumbre de, burlando todas las leyes que rigen la probabilidad, ser el Elegido de turno. Por otro, si ni siquiera seres organizados como los chinos han logrado del todo éxito en sus políticas de control de la natalidad, es fácil intuir cómo la desestructurada cadena de mando egipcia iba a fracasar en tal empeño. Por una parte las parteras pasaban olímpicamente de seguir las instrucciones de Faraón, en una primera manifestación histórica de lo que es la tendencia de los facultativos a seguir más los dictados del Señor de los Elegidos que los del sistema público que les paga y ordena practicar abortos siempre y cuando ello suponga trabajar menos y cobrar lo mismo. Eso sí, únicamente si no se encuentren en la sanidad privada, porque ellí o bien el hecho de trabajar (y también practicar abortos) cobrando a destajo supone una interesante disyuntiva moral que se resuelve de forma un tanto contradictoria con los aludidos dictados de conciencia o bien, sencillamente, los empleadores no se andan con tonterías.</p>
<p>Por otra, ¿cómo iba Faraón a lograr nada si incluso su propia familia colaboraba en la perpetuación de la especie rival? Y es que, constatado el fracaso de encargar a las parteras la labor eugenésica tan necesaria para Egipto, Faraón cambia el modus exterminatori oficial. A partir de ese momento, sencillamente, habrá que arrojar a cualquier recién nacido varón al río. La medida, así en abstracto, es espectacular y horrenda. No obstante, no es de extrañar que, dejado el cumplimiento de tal norma al albur de la voluntad de las madres (muy en la línea de competencia organizativa que ha caracterizado siempre a los pueblos que han tratado de putear al Pueblo Elegido), menudearan casos de interpretaciones flexibles de la norma que permitían a los hebreos vivir más o menos tranquilos. La cosa no era tan terrible y los incumplimientos se sucedían, así como respetuosos cumplimientos &#8220;originales&#8221; tales como, por ejemplo, las madres que arrojaban a los niños al río, sí, pero en simpáticas y flotantes cestitas, por lo que pudiera pasar.</p>
<p>Una de ellas, que optó por esta solución de compromiso, contruyó una gran cesta, y, con esos mimbres, dio carta de naturaleza a la Fuerza Naval israelí. Escuadrada por fuerzas de apoyo terrestre (la hermana del vastagillo) este portento de la naútica llegó a las mismísimas puertas del Palacio de Faraón. Con una tripulación, hemos de reconocerlo, no excesivamente ducha ni preparada. Pero, a lo que se pudo comprobar, suficientemente experimentada para enervar la defensa egipcia. A las puertas de Palacio, la hija de Faraón, conmovida y olvidando que la obligación de todo pueblo en lucha por su autodeterminación es destruir a sus oponentes, demostró el motivo por el que los árabes pierden las guerras. Ni se le ocurrió dar cumplimiento a la orden de su propio padre, sino que encargó a la hermanita que buscara una &#8220;nodriza hebrea&#8221; para cuidar al bebé. Curiosamente, la propia madre de ambos se encargó gustosa de ello y, para coronar el despropósito, a gastos pagados ya que la hija de Faraón se ofreció a sufragar una generosa pensión alimenticia.</p>
<p>Cuando los hebreos varones debían estar siendo exterminados algunos de ellos crecían tranquilamente e incluso eran subvencionados por la familia de Faraón. Con tal desapego a su propia estrategia el desastre no podía sino llegar irremisiblemente. Porque, por mucho que Moisés (&#8221;sacado de las aguas&#8221;) fuera entregado a la familia de Faraón una vez criado como intento de demostrar la posibilidad de la convivencia y concordia entre pueblos, es sabido que ningún proyecto de afirmación etnicista puede realizarse sobre la base de componendas o búsqueda de armonías entre quienes son distintos. Y, menos todavía, si la coexistencia ha de hacerse con el Pueblo Elegido, de cuyo historial de fechorías y esquilmamiento de vidas y bienes Faraón tenía una clara idea pero, al parecer, no tanto su familia.</p>
<p>Sólo el tiempo avalaría las importantísimas consecuencias de la primera pensión de alimentos de la Historia del Mundo. Mientras tanto es hora de conocer algo mejor a Moisés.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 45</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:45:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La generación de la ira: preparando la Intifada judía (Éxodo 1, 1-14)
Tras la apasionante historia del Génesis, en la que la Biblia nos relata el nacimiento de la especie humana y deja claro a través del seguimiento al linaje de los elegidos y sus andanzas que el hombre (o, al menos, cierto tipo de hombre), [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La generación de la ira: preparando la Intifada judía (Éxodo 1, 1-14)</h3>
<p>Tras la apasionante historia del Génesis, en la que la Biblia nos relata el nacimiento de la especie humana y deja claro a través del seguimiento al linaje de los elegidos y sus andanzas que el hombre (o, al menos, cierto tipo de hombre), es el rey de la creación, nuestro texto pasa página y se enriquece por momentos. Dejando a un lado una visión eminentemente antrópica, centrada en las peculiares vivencias biográficas de la estirpe de mercaderes y sinvergüenzas que son el origen y ejemplo de los sistemas éticos de las sociedades en las que vivimos, el Libro pasa a continuación a situarnos en el terreno de lo social. Los hombres son lo de menos, los pueblos pasan a ser lo verdaderamente importante, pues constituyen, en realidad, la verdadera esencia de la creación. La Biblia, con sólo cerrar el primero de sus libros, tiene ya muy claro lo que al nacionalismo vasco le ha costado siglos entender (aunque evidentemente con la ayuda de sus seminaristas de servicio) y a muchos cerriles liberales sigue sin entrarles en la cabeza: lo importante no son las personas ni sus derechos sino las vivencias de los pueblos y las penalidades en las que se forjan las etnias. El segundo libro de la Biblia, el Éxodo, se eleva de forma majestuosa y nos permitirá asistir no ya a las cuitas de los Abrahams, Jacobs o Josés de turno, no. En Éxodo asistiremos a la forja de un pueblo, al nacimiento (a través de un espectacular momento histórico-salvífico) de una comunidad de destino en lo universal.</p>
<p>La magnitud del reto que supone hacer comprender tal proceso de comunión identitaria, sus causas y sus desencadenantes, obliga a plantear las condiciones previas. Es justo y necesario, en este punto, recordar que la parentela de Jacob, aprovechándose de las buenas artes de José, se había aposentado en Egipto de forma poderosa. Empleando las técnicas propias del linaje, tenía económicamente sojuzgada a la población natural de la zona, pues dominaban las industrias básicas del momento (cuidar cabras y exprimirlas debidamente para que dieran leche) y había logrado feudalizar a grandes masas de la población egipcia. Contaba, además, con el favor de Faraón, quien como recordaremos, además, por consideración a José había dado las mejores tierras a los hebreos para que sus ganados pudieran comer todos los cereales que tanta falta hacían a la población del lugar (Génesis 46, 31-34; 47, 1-12). José y sus descendientes, más su parentela venida de la mano de Jacob, constituían el más puro ejemplo de dominación oligárquica en el Egipto de esos días. En esos términos, las cosas iban razonablemente bien para ellos. Y, a falta de poder aspirar a robar más a los lugareños (a quienes no quedaba apenas nada), sus ansias de latrocinio parecían aplacadas. Sólo iniciando de nuevo una peregrinación en busca de nuevas tierras podrían apropiarse de más bienes con la ayuda de Dios. Y, por el momento, no estaban por la labor. De forma que coexistían pacíficamente en Egipto y es lógico que en la bonanza, y tras la muerte de José, se multiplicaran sobremanera. Como informa la Biblia, los opulentos israelitas acabaron llenando toda la región. Y es que poco podían hacer contra esta fuerza de la naturaleza demográfica las gentes del lugar, desnutridas y desmoralizadas, más o menos resignadas a su suerte.</p>
<p>Sin embargo, esta plácida situación se vió truncada por la muerte de Faraón. Ese pedazo de Faraón que había consentido y alentado la dominación económica de su pueblo a manos de los israelitas fallece y es enterrado en loor de multitudes, aclamado debidamente y deificado, según manda la tradición. Y a este Faraón le sucede otro, de nombre Faraón, que, a diferencia del anterior Faraón, tenía las cosas claras. O, al menos, las tenía tan claras como su predecesor pero en otra dirección, de sesgo innoblemente nacional-clientelista. Básicamente, llegado al poder, ordena hacer la auditoría de rigor, levantando alfombras y papiros, y se da de bruces con una desagradable situación. &#8220;El pueblo israelita es más numeroso y potente que nosotros&#8221;, constata. Y concluye que eso ha de remediarse por medio de una revolución nacional-etnicista con todas las de la ley, que suponga el primer ejercicio de una libre y pacífica utilización del sacro derecho de autodeterminación en toda la Historia. A tan sagaz conclusión teórica anuda la puesta en marcha de una política de hostigamiento contra la población civil: &#8220;Obremos cautamente con él para que no siga multiplicándose, no vaya a suceder que venga una guerra, se unan contra nuestros enemigos, luchen contra nosotros y logren salir del país&#8221;. Quien así oyera hablar a Faraón quedaría anonadado. Parece obvio que este primer experimento de afirmación nacional era más bien ingenuo. La máxima preocupación del tío era impedir que los malvados israelitas, más numerosos que ellos y dueños de las riquezas del país, lo abandonaran. ¿Imaginan Ustedes a los ciudadanos iraquíes preocupados porque las empresas petroleras estadounidenses puedan decidir abandonar el país? Pues lo mismo. Desde un prisma moderno más bien parece claro que sería una bendición para Faraón y los suyos asistir a la marcha de los israelitas. Pero, por estas cosas que psiquiátricamente son conocidas como síndrome de Estocolmo, la política que pone en marcha Faraón consiste, esencialmente, en negar todo derecho a los israelitas y putearles sin permitirles salir de sus fronteras. Todo perfecto, desde el Manual de Autodeterminación de cabecera de cualquier lehendakari que se precie, con una única excepción, la de no permitir la salida de los hostigados. ¿Acaso no habría sido más sencillo dejarles marchar tranquilamente en vez de emperrarse en tenerlos cerca, si nada bueno traían? Pero no, el germen del odio interétnico estaba sembrado, y el todo-represión fue la opción elegida. Nada de civilizados sistemas que obliguen a emigrar a la costa del sureste hispánico a los no comprometidos con el proyecto nacional. Básicamente, como puede comprobarse, los judíos de hoy en día aprendieron en carne de sus antepasados cómo hay que tratar a los pueblos numerosos que viven en tus tierras.</p>
<p>La táctica de Faraón consistió en tratar de poner a los israelitas a trabajar, controlados por capataces. Estos trabajos forzados, sorprendentemente, no acababan de minarlos, pues seguían reproduciéndose con alegría. Al parecer, e iniciando lo que será una tradición histórica, poner a trabajar a un judío es una forma intrincadamente perversa de acabar logrando efectos muy negativos para quien lo pretende putear. Cada vez eran más y más, y ello suponía problemas para Faraón, que no encontraba un número bastante de capataces de obra suficientemente competentes como para organizar bien la sucesión de almuerzos y paradas para tomar un vinito requeridas en toda obra pública que se precie. Así que Faraón opta por esclavizar al pueblo israelita, abaratando costes en capataces, que pueden ser sustituidos por señores con látigos que requieren menos formación, pero ni por esas. La reproducción seguía y seguía. Toda una generación, muy numerosa, oprimida y nacida en la ira y el rencor, estaba empezando a ser cobijada en el otrora pacífico Egipto. El germen de una confrontación a muerte parecía inevitable. Un pueblo boyante había sido esclavizado y desposeido de las riquezas y posición económica (obtenida gracias a la arbitrariedad de Faraón) por culpa de la arbitrariedad de otro Faraón. ¿Acaso no es lógico que de ahí no surja sino rencor y desencuentro? Imaginen, por poner un ejemplo histórico cercano, a la militancia del Partido Popular que se viera por la injusta arbitrariedad de los españoles desposeída de los cargos públicos que vienen ejerciendo desde hace años. ¿Acaso no es una provocación? ¿Acaso no es lógico que surja ira y violencia? ¿Acaso no es &#8220;otro 36&#8243;?</p>
<p>Constatando que esta situación iba a provocar a término una revuelta popular, pues aunque esclavos y desarmados, si muchos, los harapientos pueden montar un buen follón incluso a base de piedras contra las bien armadas y equipadas con los últimos modelos de flechas tropas de Faraón, Egipto puso en práctica, para tratar de domeñar a los díscolos, un ingenioso e inédito (pero que haría largo camino histórico) modo de control: las técnicas de reducción de la natalidad de Reyes, Mesías, Redentores y/o Hijos de Dios en la Tierra. Pero nada de eso amilanó a los israelitas, que aprovecharon la ocasión para poner una de las piedras de lo que constituirá su esencia como pueblo. Se trata de nuestro próximo capítulo: El primer buque de las Fuerzas Armadas Judías.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 44</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:40:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Muerte de Jacob (Génesis 48, 1-22; 49, 1-33; 50, 1-26)
Poco después de solazarse con su hijo José, Jacob se sintió enfermo y decidió llamar a José para bendecir a sus dos hijos, Efraím y Manasés, ¿recuerdan?, los habidos con una mujer &#8220;hija de Potifera, sacerdote del Dios On&#8221;. Este dato se nos revela ahora como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Muerte de Jacob (Génesis 48, 1-22; 49, 1-33; 50, 1-26)</h3>
<p>Poco después de solazarse con su hijo José, Jacob se sintió enfermo y decidió llamar a José para bendecir a sus dos hijos, Efraím y Manasés, ¿recuerdan?, los habidos con una mujer &#8220;hija de Potifera, sacerdote del Dios On&#8221;. Este dato se nos revela ahora como fundamental pues quiere decir que José emparentó con una de las pocas personas en Egipto que, tras su llegada, preservó la propiedad de su físico y, aún más, de sus tierras, con lo que José engordó aún más su capital.</p>
<p>Volviendo al asunto que ahora nos ocupa, esta bendición consistió, básicamente, en que Jacob &#8220;lo volvió a hacer&#8221;, volvió a utilizar la bendición paterna como le pareció oportuno, cambiando el sentido prescrito por los usos y costumbres, y así como Jacob engañó en su día a su padre Isaac para recibir la bendición y, por tanto, la herencia, ante el cabreo monumental de José pone por delante a Efraím, el menor, de Manasés, con el -justificado- argumento de que al parecer de Jacob Efraím estaba destinado a un gran futuro (a procrear en los momentos en los que no engordaba su capital a costa de la impiedad de otros, es de suponer), mientras que Manasés era un fracasado que nunca llegaría a nada. Una vez más, la Biblia nos da ejemplo de la divina arbitrariedad del Señor y los Elegidos por Él, arbitrariedad que es aún mayor cuando en el futuro no se haga referencia alguna ni a Efraím ni a Manasés.</p>
<p>Después de bendecir de esta guisa a los hijos de José, Jacob, a punto de espicharla, decidió reunir a todos sus hijos (no a toda la familia, pues 66 personas difícilmente habrían cabido en la estancia de Jacob, por muy opulenta que ésta fuera) a su vera para, en un bonito poema épico de verso libre, explicarles lo que les deparaba el futuro. Básicamente:</p>
<p>- Rubén, el mayor, pese a ser &#8220;el primer fruto de mi virilidad&#8221;, nunca llegaría a nada (recuerden que Rubén era &#8220;el bueno&#8221; que impediría en su día que sus hermanos asesinaran a José).<br />
- Simeón y Leví eran un par de asesinos siniestros a los que Jacob no quería ver ni en pintura y maldecía reiteradamente.<br />
- Judá, sin embargo, se convertía en el auténtico favorito de papá en las bendiciones, pues era un auténtico &#8220;cachorro de león&#8221;, tan machote que &#8220;El cetro no será arrebatado de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas hasta que venga aquél a quien le pertenece&#8221;. Recuerden que Judá fue a) quien insistió en, ya puestos, sacar unos durillos vendiendo a José como esclavo; y b) quien obligó a su hijo Onán a yacer con su cuñada y años después fue él mismo el que yacería con su nuera y, comido por los remordimientos, la mandó matar en la hoguera.<br />
- Zebulón, Dan, Gad, Aser, Isacar y Neftalí pasan por las bendiciones de Jacob, al igual que por la Biblia, sin pena ni gloria. Destacamos que Isacar, según Jacob, &#8220;pasará a ser esclavo&#8221; y Neftalí &#8220;es una cierva suelta que tiene cervatillos hermosos&#8221;, lo cual, a buen seguro, habría que corroborar echándole un vistazo al tal Neftalí, pero ante la imposibilidad de tal comprobación, habremos de fiarnos de la Biblia e imaginarnos a Neftalí correteando por ahí en plan Bambi o, mejor dicho, madre de Bambi.<br />
- José y Benjamín, finalmente y para ahorrarles peroratas sin sentido, son cojonudos, como por otro lado no ha dejado de hacer constar la Historia Sagrada desde que ambos aparecen en la misma. Coincidimos con el diagnóstico de Jacob en lo concerniente a José, único para desenvolverse en la sociedad paleocapitalista del mundo antiguo, y nos reservamos la opinión en lo que respecta a Benjamín, pese a que todo el mundo parecía quererlo mucho sin que él hiciera nada en absoluto para hacerse acreedor de tal adoración; Benjamín, sin duda, es el primer antecesor del hijo moderno, recibiendo siempre más ración de comida y vestimentas que los demás, sin hacer nada de nada en casa ni fuera de ella y, por supuesto, sin marcharse jamás.</p>
<p>Todo este tenebroso asunto de las bendiciones obedecía, por lo visto, al propósito de dejar bien patente la capacidad predictiva de la Palabra de Dios, pues Jacob no se refería tanto a sus doce hijos como a las tribus de Israel (es decir, Jacob) que cada uno de ellos engendraría en Egipto, demostrando así, por cierto, que lo de procrear iba muy en serio. Por eso Jacob se detiene en relatar las virtudes de Judá, de cuya estirpe nacería el Rey David y, centurias después, el propio Hijo de Dios, Jesucristo, como algún día relataremos en esta apasionante Historia Sagrada. Sin embargo, que Jacob, llevado de no se sabe muy bien qué alumbramiento místico, se pusiera a hablar de tribus que aún no habían sido procreadas, no debió sentar muy bien a sus hijos. Pónganse en el lugar de Leví, Simeón o, por qué no decirlo, Neftalí. ¿Cómo habrían reaccionado? Ellos, suponemos que a la espera de que Jacob se dejase de juicios morales superprofundos y pasara al reparto de la herencia, optaron sabiamente por callarse.</p>
<p>Pero Jacob muere a continuación sin soltar prenda y José, esta vez justificadamente, se echa a llorar desconsolado, pues en aquella época aún no estaba nada claro que los muertos pasaran al reino de los cielos con el Señor, y claro, la perspectiva de perder con la Muerte todo lo amasado a lo largo de toda una vida de duro esfuerzo con la única ayuda del Señor no debía ser muy halagüeña. José cumple como un señor la promesa que le hizo a su padre de enterrarlo en la tierra de sus antepasados y se va con una lujosa comitiva a la cueva en la que ya estaban Abraham e Isaac para que los restos de Jacob descansaran en paz. A continuación, vuelve a Egipto para seguir procreando y viendo cómo sus hijos procreaban. A su vuelta, sus hermanos, temerosos de que a la muerte de Jacob José decidiera tomar cumplida venganza por lo de la venta como esclavo, se echan a sus pies y le piden clemencia. Jose ¿lo adivinan? se echó a llorar como un mariquita de los que ya no se encuentran y les dijo que no, que tranquilos, que él ya les había perdonado por sus maldades y que a su lado todos se enriquecerían, pues a fin de cuentas para algo habían venido a Egipto. Y a continuación&#8230; ¡los mandó asesinar a todos y compartió lecho con Benjamín! (Desgraciadamente, esto es pura invención literaria, pero no me digan que no quedaría bien y coherente con el resto del Génesis).</p>
<p>José vivió feliz y murió a la edad, ridícula para la época, de 110 años. Todo sonreía al pueblo Elegido, pero las cosas no siempre iban a ser así. Véanlo todos Ustedes cuando pasemos al segundo Libro del Libro de Libros, el Éxodo, próximamente en sus pantallas.</p>
<p align="center"><strong><em>Con este capítulo finaliza el relato del primer libro de la Biblia, el Génesis</em></strong></p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 43</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:38:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Medrando en Egipto (Génesis 46, 28-34; 47, 1-31)
Los 66 componentes de la caravana de Jacob (o, si prefieren un tono más bíblico, &#8220;11 veces 6&#8243;, o inclusive &#8220;66 veces uno&#8221;) cruzaron sin novedad la frontera de Egipto y allí Jacob se encontró con su hijo José, quien, como de costumbre, se puso a llorar como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Medrando en Egipto (Génesis 46, 28-34; 47, 1-31)</h3>
<p>Los 66 componentes de la caravana de Jacob (o, si prefieren un tono más bíblico, &#8220;11 veces 6&#8243;, o inclusive &#8220;66 veces uno&#8221;) cruzaron sin novedad la frontera de Egipto y allí Jacob se encontró con su hijo José, quien, como de costumbre, se puso a llorar como una magdalena. Al finalizar tan entrañable momento, José dio instrucciones a su padre y hermanos de cómo comportarse ante Faraón: &#8220;cuando Faraón les llame y les pregunte: &#8220;¿Cuál es su oficio?&#8221;, ustedes contestarán: &#8220;Tus servidores hemos sido pastores desde nuestra niñez hasta el día de hoy, como lo fueron también nuestros padres.&#8221; Así se podrán quedar ustedes en esta tierra de Gosén, ya que los egipcios aborrecen a todos los pastores de ovejas.&#8221;". Nuevamente vemos la preferencia del Señor y Sus Elegidos por la transhumancia y el pastoreo frente a los beneficios de la revolución neolítica (recuerden Caín y Abel), y asistimos de paso a un ejercicio de comportamiento de los Elegidos por el Señor en la tierra que generosamente, sin duda ignorante de cómo estos Elegidos se manejaban en los negocios, les acogía.</p>
<p>Pero no se vayan todavía, aún hay más; una vez los israelitas hablaron con Faraón y éste, que era bastante felipista, les pidió que cuidaran de sus rebaños particulares, seguro de que nada mejor que los Elegidos por el Señor para enriquecerse, José decidió dar un paso más en su revolucionaria estrategia empresarial, en uno de tantos y tantos ejemplos que nos da la Biblia de cómo, a la hora de la verdad, es labor baldía hacer comentarios pretendidamente humorísticos de los textos sagrados, pues los textos, por sí solos, funcionan muchísimo mejor.</p>
<p>La cosa va como sigue. A los pocos años de vacas flacas la población egipcia ya había gastado todo su dinero en comprar trigo a José, y se estaba muriendo de hambre. Pese al natural flemático y sobrio de los Antiguos, a ninguno de ellos le cautivaba la idea de morir lentamente de hambre, así que fueron a hablar con José. El Elegido por Yaveh les exigió absolutamente todo el ganado de los egipcios a cambio de darles trigo, y los egipcios, que por lo visto no habían pensado en la posibilidad de alimentarse de sus propias vacas, por muy flacas que estuvieran por entonces, accedieron.</p>
<p>Pero al año se acabó el trigo que José, a precios muy convenientes, había vendido a los egipcios, y éstos, a punto de morir de hambre, se dirigieron nuevamente a él. Pero faltos de ganado o plata para satisfacer el precio requerido por el hijo de Jacob, decidieron apelar a su bondad: &#8220;No podemos ocultar a nuestro señor que se nos ha terminado el dinero, y que los ganados ya son todos suyos. Tan sólo nos quedan nuestros cuerpos y nuestras tierras. Tú no puedes vernos morir a nosotros y nuestras tierras; compranos, pues, a nosotros y nuestras tierras, a cambio de pan, y seremos nosotros y nuestras tierras propiedad de Faraón. Danos trigo para que no muramos; así viviremos y nuestra tierra no quedará desolada&#8221;. José, conmovido en lo más profundo por el patetismo de los egipcios, accedió a un trato tan desigual, y se quedó absolutamente todas las tierras de los egipcios para él mismo y para Faraón, así como la propiedad de los propios egipcios. Ello permitiría que los Hijos de Israel, con un suministro abundante de féminas para multiplicarse como las estrellas, procreara que no veas, y además permitió que Faraón quedara hecho unas pascuas, pues a partir de ese momento José convirtió a la totalidad de la población egipcia en siervos de la gleba, asociados a tierras antiguamente suyas y en actualidad de Faraón, encargados de cosechar los campos para después dar la quinta parte de todo lo recolectado a Faraón. La única excepción a esta regla, nos cuenta la Biblia, fue la de las tierras de los sacerdotes egipcios, pues &#8220;había un decreto de Faraón en favor de ellos, y él debía procurarles el alimento. Por eso no vendieron sus tierras&#8221;.</p>
<p>Es decir, que si José, movido por la piedad, no inventó el feudalismo, que venga Yaveh y lo vea. La Biblia termina el capítulo, en plan orgullo justificado, comentando que &#8220;esa norma perdura hasta el día de hoy&#8221;.</p>
<p>Una vez asentados en Egipto, con la ayuda del Señor, Jacob, visto que las nuevas generaciones eran tan diestras como él en la dura tarea de enriquecer la Hacienda propia, pudo obitar tranquilo, rodeado de los suyos. Lo primero que hizo fue decirle a José: &#8220;Si me aprecias de veras, te ruego que coloques tu mano bajo mi muslo, y me prometas que no me sepultarás en Egipto&#8221;. Una vez José, de palabra y de obra (pues se apresuró a poner la mano &#8220;bajo el muslo&#8221; de Jacob), satisfizo ambas peticiones, Jacob, sumamente reconfortado, se dispuso a bendecir a toda la parentela: &#8220;Muerte de Jacob&#8221;.
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 42</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:37:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[José descubre su identidad (Génesis 44, 1-34; 45, 1-28; 46, 1-27)
Los hermanos volvían ufanos a Canaán, forrados de trigo y de plata y previsiblemente borrachos a causa del festín con que les había agasajado José, tan felices que igual no vendían a Benjamín como esclavo ni nada. Pero hete aquí que José idea uno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">José descubre su identidad (Génesis 44, 1-34; 45, 1-28; 46, 1-27)</h3>
<p>Los hermanos volvían ufanos a Canaán, forrados de trigo y de plata y previsiblemente borrachos a causa del festín con que les había agasajado José, tan felices que igual no vendían a Benjamín como esclavo ni nada. Pero hete aquí que José idea uno de estos planes geniales que le dieron fama mundial, siendo conocido por todo el orbe como &#8220;el que piensa&#8221;: le dijo a su mayordomo que escondiera entre los trastos de Benjamín la copa de plata de José y luego fuera al encuentro de los hermanos acusándoles de haber robado dicha copa. El mayordomo se guardó para sus adentros lo que pensaba de su señor y de la reprobable acción que le obligaba a ejecutar, propia del más acreditado felipismo faraónico, y obró como le había ordenado José. Al encontrar la copa en la bolsa de Benjamín, y al descubrir los hermanos que Benjamín iba a convertirse en esclavo de José, se rasgaron las vestiduras, como diciendo: &#8220;mira, oh mayordomo, nuestros ebúrneos cuerpos; ¿acaso no nos preferirá tu señor antes que mancillar las tiernas carnes de nuestro hermano pequeño?&#8221;.</p>
<p>Ante esto, el mayordomo decidió llevarse a todos los hermanos, no sólo a Benjamín, a presencia de su señor, y al ver de nuevo a sus hermanos (que, dicho sea de paso, debían estar ya hasta las narices de los jueguecitos que el favorito de Faraón se traía con ellos), el muy mariquita, tan mariquita que ya no hay parámetros en la Tierra para medirlo, se echó a llorar delante de ellos y comenzó a abrazarlos, mientras, totalmente histérico, les soltaba el siguiente rollo: &#8220;El les dijo: &#8220;Acérquense&#8221;, y se acercaron. &#8220;Yo soy José, su hermano, el que ustedes vendieron a los egipcios. Pero no se apenen ni les pese por haberme vendido, porque Dios me ha enviado aquí delante de ustedes para salvarles la vida. Ya van dos años de hambre en la tierra, y aún quedan cinco en que no se podrá arar ni cosechar. Dios, pues, me ha enviado por delante de ustedes, para que nuestra raza sobreviva en este país: ustedes vivirán aquí hasta que suceda una gran liberación. No han sido ustedes, sino Dios quien me envió aquí; El me ha hecho familiar de Faraón, administrador de su palacio, y gobernador de todo el país de Egipto. Vuelvan pronto donde mi padre y díganle: &#8220;Esto te manda a decir tu hijo José: Dios me ha hecho dueño de todo Egipto. Ven a mí sin demora. Vivirás en la región de Gosén y estarás cerca de mí, tú, tus hijos y tus nietos, con tus rebaños, tus animales y todo cuanto posees. Aquí yo cuidaré de ti, y nada te faltará a ti, a tu familia, ni a cuantos dependen de ti, durante estos cinco años de hambre que aún quedan. Ahora ustedes ven, y su hermano Benjamín lo ve, que soy yo quien les está hablando. Cuenten a mi padre la gloria que tengo en Egipto, y todo lo que han visto, y luego dense prisa de traer aquí a mi padre.&#8221;"</p>
<p>Perdonen por el tostón, pero la verdad, el discursito se las traía. En verdad era José el Elegido por el Señor, porque de tratarse de un impostor, los hermanos, ante semejante locura musitada entre sollozos por un tío totalmente fuera de sí, o huían despavoridos, o se cargaban a José allí mismo.</p>
<p>Pero no; todo salió bien y José besó y abrazó, según nos cuenta la Biblia, a cada uno de sus hermanos, y les regaló a todos ellos un vestido que debía ser una pocholada y les permitió estar presentables, pues, recuerden Ustedes, &#8220;se habían rasgado las vestiduras&#8221;. Como de costumbre, Benjamín disfrutó de un trato especial, y recibió cinco vestiditos con los que estaría hecho un pincel y 300 monedas de plata para comprarse aún más conjuntos rosa - limón. Los hermanos volvieron con Jacob y le dieron la buena nueva. Al principio éste, como es lógico, no les creyó, pero al ver todos los regalos que les había hecho José el vejete, avispado negociante como ya hemos tenido ocasión de comprobar en capítulos anteriores, vio las oportunidades de negocio pues, según indica la Biblia, &#8220;Entonces revivió el espíritu de Jacob&#8221; y decidió viajar a Egipto. Poco antes de llegar Yaveh le hizo una llamada por la línea directa a Jacob y le vino a decir lo de siempre: que todo iría bien, que en Egipto se multiplicarían como las estrellas del firmamento, y que Él le garantizaba a Jacob que las perspectivas de lucrarse a costa de los egipcios eran enormes, máxime teniendo en cuenta que al frente de la Administración había un Elegido por el Señor que, además, era el propio hijo de Jacob.</p>
<p>Reconfortado por estas palabras, el abuelete decidió entrar en Egipto acompañado por &#8220;toda su descendencia, sus hijos y los hijos de sus hijos, sus hijas y los hijos de sus hijas&#8221;. Esto nos sume en el desconcierto, pues aunque en principio pudiéramos suponer que el Redactor del Libro utiliza el género no marcado y, por tanto, incluye a las hijas dentro del sustantivo &#8220;hijos&#8221;, más tarde habla explícitamente, haciendo gala de una sensibilidad por la condición femenina que le honra, de &#8220;hijas&#8221;, pero en ambos casos, hijos e hijas, tan sólo se vienen con Jacob, genéricamente, los &#8220;hijos&#8221;. Por tanto&#8230; ¿quiere esto decir que el escritor utiliza el género no marcado cuando le place o cuando el Señor le da a entender? ¿Quiere decir que, a la vista de las enormes oportunidades de procreación que daría de sí un Egipto dominado por su hermano José pero al mismo tiempo lleno de impías, pecadoras y sensuales idólatras egipcias, los hijos e hijos de hijos de Jacob decidieron encaminarse hacia la nueva tierra limpios de polvo y paja?</p>
<p>No queda este asunto totalmente claro, pese a que, a continuación, la Biblia disfruta lanzándonos un enorme listado de todos los hijos e hijos de hijos de Jacob, y en efecto, a no ser que los nombres de mujeres sean muy raros, sólo hace referencia por ahí a una hija y a la mujer de José, para luego ventilarse a toda la compañía femenina con un críptico &#8220;sin contar a las mujeres de sus hijos&#8221;. En fin, y por si a alguien le interesa, pues a la Biblia, por lo visto, le interesa mucho, entraron en Egipto un total de 66 personas, lo cual, sumado a los cuatro de la familia de José que ya vivían en Egipto, nos da un colectivo de 70 personas dispuestas a procrear y vivir a costa de Faraón y el sufrido pueblo egipcio. Pero no crean, lo hicieron, con la ayuda del Señor, muy bien: &#8220;Medrando en Egipto&#8221;.</p>
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		<title>Historia Sagrada. 41</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:36:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La familia y uno más (Génesis 42, 1-38; 43, 1-34)
En esto que los hermanos de José, salvo el enchufado de Benjamín que se había quedado en Canaán con su padre, fueron a Egipto a comprar trigo y tuvieron la mala suerte de encontrarse con José, quien naturalmente los reconoció. José comenzó a acusarles de espionaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La familia y uno más (Génesis 42, 1-38; 43, 1-34)</h3>
<p>En esto que los hermanos de José, salvo el enchufado de Benjamín que se había quedado en Canaán con su padre, fueron a Egipto a comprar trigo y tuvieron la mala suerte de encontrarse con José, quien naturalmente los reconoció. José comenzó a acusarles de espionaje industrial, diciendo que sabía de buena tinta que venían a Egipto para &#8220;conocer los puntos débiles del país&#8221;. Uno no deja de asombrarse de que en aquella época ya existiera la táctica militar y los reinos se preocupasen de saber las flaquezas del enemigo, pues la imagen que teníamos de la Antigüedad es que en la guerra ganaba el más bestia, o el que tuviera a Dios de su parte (y por lo general, ambos requisitos confluían en uno).</p>
<p>Sus hermanos, ignorantes de que están hablando con José, su hermano, al que creían fallecido, suplican que les deje marchar, pues tienen un padre anciano y un hermano pequeño que morirán de hambre y de pena si ellos no vuelven con el trigo (aunque cabría pensar que al menos tardarían mucho en morir, pues sólo tendrían que alimentarse dos personas, al haberse librado de los pesaos de los hermanos). José se retira a deliberar y pone la oreja para escuchar lo que dicen sus hermanos, quienes piensan que sus desgracias son castigo de Dios por lo que hicieron con José. Al oír esto José, el muy mariquita, se echó a llorar.</p>
<p>Cuando se recompuso, volvió a hablar con sus hermanos, y les permitió marchar siempre y cuando volvieran con su hermano pequeño, demostrando así que no eran espías. Los hermanos, sabedores de lo que comportaba la acusación de espionaje en el mundo antiguo, se llevaron, aliviados, las manos a los genitales, y prometieron volver con Benjamín la próxima vez. José, para garantizar que así lo hicieran, se quedó con uno de ellos, Simeón. La verdad es que la acusación de espionaje, siendo ridícula, no lo es tanto como la &#8220;prueba&#8221; que exige José de que los hermanos dicen verdad. ¿Y si fueran espías pero uno de ellos tuviera un hermano pequeño, también espía, y lo llevaran como prueba en la siguiente ocasión? ¿Y si compraran un esclavo y lo hicieran pasar como hermano pequeño? Claro que José inmediatamente sabría que era falso, pues lo que él quería era ver a Benjamín, pero ¿no podrían haber discurrido un poco los hermanos?</p>
<p>Pues no; éstos vuelven con Jacob y este se desespera ante la sola idea de que tengan que llevarse a Benjamín cuando se acabe el trigo que habían comprado (sin embargo, en una de estas arbitrariedades tan curiosas que muestra la Biblia, no muestra el más mínimo atisbo de preocupación por la momentánea, quién sabe si definitiva, pérdida de Simeón). Pero el hambre aprieta y al final consiente en que se lo lleven, con algunos productos de la tierra, como miel y almendras, como regalo para el poderoso señor egipcio (y si tenían productos de la tierra, tantos que podían ir por ahí regalándolos, ¿para qué leches necesitaban comprar trigo?).</p>
<p>Así que vuelven los hermanos a presencia de José, con Benjamín incluido, atemorizados al poner nuevamente en riesgo sus genitales. Pero José les devolvió a Simeón (ante la indiferencia generalizada, incluida la del redactor del Génesis), les dio trigo y les invitó a comer con él. Al ver a su hermano Benjamín José no pudo contenerse, salió de la habitación y acto seguido se echó nuevamente a llorar como un mariquita aún más mariquita que antes.</p>
<p>Al volver, José se sentó aparte de los demás, al ser el más importante, y los hermanos se sentaron apartados de los egipcios, pues, según la Biblia, &#8220;los egipcios no pueden comer con los hebreos: de hacerlo, Egipto se tendría por deshonrado&#8221;. En la comida, por lo visto, no ocurrió nada digno de reseñar, salvo el detalle de que, por orden de José, &#8220;la porción de Benjamín era cinco veces más grande que la de los demás&#8221;. ¿Habráse visto tamaña injusticia? ¿Qué tenía el niño este para que todo el mundo lo llevara en mantillas? ¿A qué esperaban los hermanos para venderlo como esclavo, al igual que hicieron con el petulante de José? Y en cuanto a este último ejercicio de favoritismo, lo de recibir ración quíntuple, una de dos: o Benjamín se puso auténticamente como un cerdo de comer (vaya saque que tenía el niño, pese a ser &#8220;el pequeño&#8221;) o las raciones de sus hermanos eran de hambre, porque si no, esto no hay por dónde cogerlo.</p>
<p>Los hermanos seguían sin enterarse de nada, pero esta situación no podía durar mucho más: &#8220;José descubre su identidad&#8221;.</p>
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		<title>Historia Sagrada. 40</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:34:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[José Primer Ministro (Génesis 41, 37 - 57)
Habíamos dejado a José demostrando sus amplios conocimientos macroeconómicos y acto seguido nos lo encontramos de vuelta ejerciendo de lo que realmente a él le gustaba más: de trepa profesional, encaramado a lo más alto de la Administración egipcia, y en unos años, además, en los que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">José Primer Ministro (Génesis 41, 37 - 57)</h3>
<p>Habíamos dejado a José demostrando sus amplios conocimientos macroeconómicos y acto seguido nos lo encontramos de vuelta ejerciendo de lo que realmente a él le gustaba más: de trepa profesional, encaramado a lo más alto de la Administración egipcia, y en unos años, además, en los que no había engorrosos trámites burocráticos, unas elecciones democráticas por ejemplo, que pudieran poner en peligro el chollo de puesto que había sacado José por intercesión del Señor. Aunque bien es cierto que aunque José estaba por encima de casi todo el mundo, Faraón aún mandaba sobre él, y ya hemos visto ejemplos ilustrativos de lo que podría pasarle a José si perdía el favor de Faraón: su cabeza, por no hablar de sus genitales, corrían serio peligro.</p>
<p>En realidad, el peligro sobre los genitales de José se cernió desde un principio, pues vean Ustedes el pedazo de presentación en sociedad que hizo Faraón de su nuevo favorito: &#8220;Faraón dijo a José: &#8220;Mira, te he puesto al frente de todo el país de Egipto.&#8221; Y quitándose el anillo de su dedo, lo puso en el dedo de José; lo hizo vestir con ropas de lino fino y le puso un collar de oro en el cuello. Luego lo hizo subir a la segunda carroza del palacio e iban gritando delante de él: &#8220;¡Abran camino!&#8221;". Si Faraón no inventó el Día del Orgullo Gay, que venga Yaveh y lo vea.</p>
<p>En cualquier caso, José no solo recibió de Faraón prendas de ropa que ponían en duda nuevamente su sexualidad, sino también una esposa que sirviera de excusa frente a la opinión pública, que respondía al nombre de Asenat, hija de Poti Fera, sacerdote del dios On. Una chica de buena familia que cumplió con creces las complicadas labores que el Destino tenía reservadas para la condición femenina en un país desarrollado como Egipto, pues le dio dos hijos a José, llamados Manasés y Efraim. Como Ustedes comprenderán, a nosotros todos estos datos nos parecen completamente insustanciales, pero si la Biblia los pone, por algo será.</p>
<p>Pero una vez terminados los fastos de su matrimonio con el Dios On (o con Poti Fera, que por cierto casi parece un nombre propio de la Jet Set española), José se puso al trabajo con disciplina calvinista, ordenando que los egipcios hicieran algo que en principio parecía producto de un loco, es decir, un Iluminado por Él: guardar los enormes excedentes de los siete años de bonanza en lugar de tirarlos al río para bajar los precios, como se había hecho hasta la fecha.</p>
<p>Cuando llegaron las vacas flacas, la prudencia de José adquirió todo su valor: en todo Egipto no había un puñetero grano de trigo en condiciones, y en una sociedad en la que todos salvo Faraón se alimentaban íntegramente de trigo para que éste disfrutara más en sus fiestas, esto tenía una importancia considerable, pues parece ser que cuando no come la gente, a la larga, muere. Esto produjo gran malestar entre la ciudadanía egipcia, que formó diversos subcomités representativos que finalmente elevaron a Faraón un documento en el que expresaban sus quejas al grito de &#8220;o nos das de comer o te cortamos la cabeza y nos la comemos nosotros en lugar de los jodidos pájaros&#8221;.</p>
<p>Horrorizado ante el volumen de la sedición, Faraón optó por tirar balones fuera y proveer lo necesario para que fuera José el que negociara con los súbditos. Y hete aquí que apareció la proverbial inteligencia de José, quien abrió los graneros repletos de trigo, que procedió a vender a precio de oro a los egipcios. El pueblo estaba salvado, y las fiestas de Faraón y prebendas de José, también.</p>
<p>Pero la sólida formación mercantil de José daba para mucho más, y era tanto el trigo que había acumulado que, iluminado por Él, José decidió vender trigo a los países circundantes, que se morían de hambre al no haber soñado sus gobernantes con las vacas flacas (o al no tener un Enviado del Señor para interpretarles el sueño). José, en consecuencia, inventó la especulación como una más de las muchas cosas que otorgó a la humanidad para su beneficio, e incluso podemos decir que impulsó sobremanera el desarrollo de un capitalismo primitivo que en principio debería haber resultado de común beneficio para todos (ya saben, el misterio del mercado, &#8220;a más comercio, más riqueza para todos&#8221;).</p>
<p>Sorprendentemente, la famosa &#8220;mano invisible&#8221; del capitalismo de mercado, que ahora reconocemos gracias a la Biblia como de carácter divino, no trajo consigo como consecuencia inevitable la implantación de un sistema democrático, tal vez porque las relaciones comerciales establecidas entre Egipto y &#8220;los aliados&#8221;, a diferencia de lo que sucede ahora, no eran todo lo ecuánimes que sería deseable: Egipto vendía trigo y a cambio pedía todo lo que le pareciera oportuno, pues la &#8220;mano invisible&#8221; inició su andadura con el clásico sistema de vergonzante monopolio.</p>
<p>Tanto fue el éxito de José que con el tiempo consiguió que vinieran a comprarle trigo incluso familias acomodadas como la suya, que en principio lo creía muerto hacía años e, ignorantes de lo que había prosperado el chaval, fueron ufanos a Egipto a por comida: &#8220;La familia y uno más&#8221;.</p>
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		<title>Historia Sagrada. 39</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:33:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Análisis fundamental (Génesis 41, 1-36)
Faraón era, como todos los Antiguos de buena familia, un sádico dictador absolutista que disfrutaba viendo cómo sus súbditos morían y después los pájaros se atizaban sus cabezas. Como el poder de Faraón era total en tierras de Egipto, no había nada que le contrariara más en el mundo que observar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Análisis fundamental (Génesis 41, 1-36)</h3>
<p>Faraón era, como todos los Antiguos de buena familia, un sádico dictador absolutista que disfrutaba viendo cómo sus súbditos morían y después los pájaros se atizaban sus cabezas. Como el poder de Faraón era total en tierras de Egipto, no había nada que le contrariara más en el mundo que observar cómo sus súbditos hacían cosas que él no podía hacer. Así, si Faraón veía que alguien podía, por ejemplo, soñar cosas que luego tenían interpretaciones profundas y él no, quedaba muy contrariado, así que mandaba colgar de los huevos a aquél que le superaba en algo y después hacía todo lo posible para emularlo.</p>
<p>Afortunadamente, Faraón nunca tuvo noticias de que la gente soñara cosas profundas y, por tanto, inexplicables, así que nunca mató a nadie por este motivo. Pero llegó una época de carestía en Egipto, los ciudadanos egipcios morían como moscas y en el palacio de Faraón decidieron, en gesto de solidaridad, acabar la juerga del día a una hora inusualmente temprana, con lo que nuestro hombre se fue a dormir antes de lo habitual.</p>
<p>Y he aquí que Faraón tuvo un sueño mu raro: siete vacas gordas y lozanas, siete vacas cebadas, pastaban en la orilla de un río. Pero hete aquí que súbitamente aparecen otras siete vacas, famélicas y huesudas (previsiblemente pertenecientes a la cabaña española), y rápidamente las muy felipistas se merendaron a las vacas hermosas. Faraón despertó sudando y compungido ante un sueño tan terrible que, por otro lado, no tenía ni puñetera idea de qué querría decir, pero pronto se durmió de nuevo.</p>
<p>En esta ocasión Dios puso toda la carne en el asador y en un alarde de originalidad hizo soñar a Faraón exactamente lo mismo pero cambiando las vacas por espigas de trigo. Faraón volvió a despertar sobresaltado (y ahora ya no es de extrañar, no sólo por la reaparición del mismo tipo de sueño, sino porque ver a una inocente espiga de trigo comerse a otra debe ser terrorífico además de surrealista) y mandó llamar a los adivinos de la Corte, los cuales le dijeron que no tenían ni idea de lo que podía querer decir un sueño así. En ese momento &#8220;el que se encargaba de servirle las bebidas a Faraón&#8221;, Yaveh mediante, se acordó de José y le habló a Faraón de lo bien que le había interpretado el sueño, por un precio que finalmente se revelaría asequible.</p>
<p>Después de cortarle la cabeza al camarero real por no comentarle antes la existencia de José Faraón mandó que trajeran a nuestro héroe a su presencia. En la cárcel lavaron a José con mimo, le vistieron con nuevos ropajes, José se despidió de los muchos amiguitos que había hecho a lo largo de su estancia y se marchó.</p>
<p>Al ser puesto al corriente por Faraón del contenido de su sueño, José, sin dudarlo un momento, dijo: &#8220;Es muy sencillo. Su Majestad tiene que enterrar dinero en la playa para que lo encuentren los niños jugando&#8221;. Ante semejante estupidez Faraón ordenó a &#8220;el que se encargaba de afilar la espada con la que Faraón ordenaba segar cabezas&#8221; que se aplicara a su cometido, y exigió a José ser menos críptico en su interpretación, a lo que el Iluminado por Él accedió:</p>
<p>&#8220;Tras varios años de suave desaceleración, el descenso del desempleo generado por la afición de Faraón a cortar cabezas, combinado por la inversión pública continuada en nuevos puestos de trabajo que sustituyan a los ejecutados, garantizan la entrada en un periodo de bonanza económica sin parangón. La onda de Elliot -dijo José mientras utilizaba una improvisada pizarra para ilustrar lo que estaba diciendo- no deja lugar a dudas al respecto. La baja inflación, unida a los bajos tipos de interés, es la mejor garantía, en ausencia de una buena guerra, de nuestra prosperidad. Lamentablemente, a estos años de bonanza seguirán siete años de recesión si Su Majestad no flexibiliza Su economía y le corta la cabeza a todos los jodidos sindicalistas, talmente como si hubieran soñado cosas más profundas que Usted&#8221;.</p>
<p>&#8220;Entrando en materia -dijo José a la vista de que Faraón se impacientaba y seguía sin entender absolutamente nada de la perorata -, nuestra (perdón, Su) economía se basará en pilares sólidos centrados en siete años de excelentes cosechas que generarán un enorme excedente. Pero no todo el monte es orégano, y a los siete años de buenas cosechas seguirán otros siete de escasez, que a la larga provocará hambre en la población, millones de muertos, todo tipo de enfermedades causadas por la mala alimentación y, lo que es peor, existe una pequeña posibilidad de que las fiestas de Faraón ya no puedan volver por donde solían&#8221;.</p>
<p>Faraón, verdaderamente temeroso de Dios después de oír este último comentario, musitó: &#8220;bueno, lo del trigo ya lo entiendo, pero&#8230; ¿y las vacas?&#8221;.</p>
<p>José, disimulando su molestia ante la cortedad de su interlocutor, le explicó que para evitar los siete años de desastres era preciso que Faraón se mostrara temeroso de Dios (&#8221;no, esto no quiere decir que renuncie a su vida de molicie&#8221;, ante el alivio de Faraón), que todo el pueblo egipcio se mostrara temeroso de Dios y, en suma, que lo nombraran a él (José), como intermediario acreditado entre Él (con mayúsculas) y Faraón, Administrador Único de las Finanzas y los Bienes de Egipto, un puesto fijo de funcionario con derecho a cuatro meses de vacaciones, trienios, media jornada y jubilación. Con la ayuda del Señor, nuestro hombre lo consiguió: &#8220;José Primer Ministro&#8221;.
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 38</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:32:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La interpretación de los sueños (Génesis 40, 1 - 23)
Habíamos dejado a José encarcelado por orden del propio Putifar a causa de los supuestos escarceos del Elegido por el Señor -José- con su Señora, la Mujer de Putifar. Poco después, el Faraón se enojó con dos funcionarios de su palacio, por razones que el Libro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La interpretación de los sueños (Génesis 40, 1 - 23)</h3>
<p>Habíamos dejado a José encarcelado por orden del propio Putifar a causa de los supuestos escarceos del Elegido por el Señor -José- con su Señora, la Mujer de Putifar. Poco después, el Faraón se enojó con dos funcionarios de su palacio, por razones que el Libro no explica. Se trataba, en concreto, del panadero real y, según la Biblia, &#8220;el que preparaba las bebidas de Faraón&#8221;, cargo administrativo cuanto menos farragoso que sin duda inspiró a nuestras modernas burocracias para encontrar una forma de denominar al funcionariado. Sin embargo, lo que en nuestras modernas burocracias no habría tenido efectos prácticos, pues la desidia a un funcionario de pro se le supone (y que se andara con cuidadito el &#8220;Faraón&#8221; Aznar, no le montasen los funcionarios una huelga para exigir menos trabajo y más sueldo), en los tiempos Antiguos se convirtió en una pena de cárcel con carácter indefinido.</p>
<p>Al menos, en la cárcel ambos funcionarios reales pudieron seguir dedicándose a sus quehaceres habituales, esto es, dormían que daba gusto, y de tanto dormir al final ambos tuvieron un sueño. Sueños muy parecidos añadiríamos, y en apariencia imposibles de interpretar:</p>
<p>- &#8220;El que preparaba las bebidas de Faraón&#8221; soñó lo siguiente: &#8220;Había frente a mí una parra, y en la parra tres sarmientos. Apenas brotó, apareció la flor y maduraron los granos en los racimos. Yo tenía en la mano la copa de Faraón, y tomando aquellas uvas las exprimía en la copa de Faraón, y ponía la copa en sus manos&#8221;.</p>
<p>- En un alarde de originalidad, el panadero tuvo este sueño: &#8220;Había canastos de pan blanco sobre mi cabeza. En el canasto de arriba había toda clase de pasteles de lo que come Faraón, pero los pájaros se lo comían del canasto que estaba sobre mi cabeza&#8221;.</p>
<p>Desesperados por interpretar su sueño, no se les ocurrió mejor idea que dirigirse a José, suponemos que por tratarse de un hebreo, ya saben, un tipo raro, y además un hebreo que decía continuamente, ante las carcajadas de la concurrencia, que era el Elegido por el Señor. José rápidamente supo interpretar lo que querían decir los sueños, gracias a la ayuda de Yaveh, y sin dilación el tío me suelta el siguiente rollo: &#8220;Esteee, vos (&#8221;el que preparaba las bebidas de Faraón&#8221;) tenés un deseo impulsivo y continuado de acostarse con su madre y asesinar a su padre. El Paciente presenta un Yo aplastado por el Superyo en la fase del espejo, y un Ego efervescente en el que la pulsión sexual le hace ser consciente de su superioridad respecto al sexo femenino, pues vos estás dotado de Falo, y ellas no&#8221;. Y al panadero le dijo: &#8220;Esteee, vos tenés un deseo impulsivo y continuado de acostarse con su madre y asesinar a su padre. El Paciente presenta un Yo aplastado por el Superyo en la fase anal, y un Ego efervescente en el que la pulsión sexual le hace ser consciente de su superioridad respecto al sexo femenino, pues vos estás dotado de Falo, y ellas no&#8221;.</p>
<p>Mientras José murmuraba para sí &#8220;menudo coñazo que acabo de soltar&#8221; los funcionarios reales, que ya se habían quedado extrañados con aquello de que José insistiera en que se tumbasen en un jergón antes de decir nada, musitaron totalmente acongojados: &#8220;¿Y eso qué coño quiere decir?&#8221;</p>
<p>Fatigado ante la falta de capacidad intelectiva de sus nuevos clientes, José resumió: &#8220;Tu sueño (al barman) quiere decir que pasarán tres días, al cabo de los cuales Faraón te reintegrará a tu antiguo puesto. Espero que entonces te acuerdes de mi y le pidas a Faraón que me saque de la cárcel. El tuyo (al panadero) que pasarán tres días, al cabo de los cuales Faraón te cortará la cabeza y los pájaros se la comerán. Son 10.000&#8243;.</p>
<p>Los funcionarios se negaron a satisfacer la tarifa de José, por abusiva y por repetir este de manera escandalosa sus diagnósticos, pero quedaron secretamente satisfechos. El camarero porque, &#8220;qué coño, si el hebreo loco este tiene razón recobraré mi empleo&#8221; y el panadero porque le había gustado el detalle siniestro de que los pájaros se merendaran su cabeza recién cortada.</p>
<p>Ni que decir tiene que la interpretación de José, inspirado por el Señor, fue totalmente correcta. A los tres días, Faraón estaba celebrando su cumpleaños y se acordó de ambos empleados. Por aquello de dar un espectáculo a sus invitados, Faraón ordenó cortar la cabeza del panadero, y para saciar la sed de los mismos invitados, que deseaban celebrar la ejecución del panadero con buen vino, permitió que el escanciador volviera a su puesto. Naturalmente, el hombre olvidó por completo el trabajo que le había encargado José, demostrando que era un auténtico funcionario, con lo que nuestro héroe siguió pudriéndose en la cárcel, con compañías mucho menos satisfactorias que Putifar y una vida sexual insana y desenfrenada. Pero esto no duraría mucho tiempo, pues el Señor tenía previstos grandes destinos para José: &#8220;Análisis fundamental&#8221;.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Historia Sagrada. 37</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbteologia/historiasagrada/45</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:31:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La mujer de Putifar (Génesis 39, 1-23)
Dejemos por ahora a los hermanos de José fornicando como locos y acerquémonos a José, a ver en qué gastaba su tiempo mientras tanto, en casa de Putifar. ¿Fornicaría como un loco en un hogar con un nombre tan sugerente? (Imaginen que son Ustedes camioneros y en mitad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La mujer de Putifar (Génesis 39, 1-23)</h3>
<p>Dejemos por ahora a los hermanos de José fornicando como locos y acerquémonos a José, a ver en qué gastaba su tiempo mientras tanto, en casa de Putifar. ¿Fornicaría como un loco en un hogar con un nombre tan sugerente? (Imaginen que son Ustedes camioneros y en mitad de la carretera se encuentran una casa con el cartel: &#8220;La casa de Putifar&#8221;; aunque el cartel no fuera un fluorescente, ¿a que pensarían que es un hogar de Mujeres Públicas?).</p>
<p>Sin embargo, la exquisita educación de José le impedía fornicar sin freno, o al menos fornicar con la mujer de Putifar. Según cuenta la Biblia, aunque José entró a trabajar en casa de Putifar con un rango más bien bajo (esclavo de 3ª clase), Yaveh estaba con él, por lo que enseguida José mostró sus dotes de administrador, otorgadas por Él y pulidas con una estancia en la Nazareth School of Economics y un MBA en la Universidad de Canaan. Poco a poco Putifar, conforme su Casa prosperaba sin cesar gracias a los buenos oficios de José, fue confiando más en su esclavo, hasta que al final, y aunque la Biblia no lo diga explícitamente (&#8221;José le cayó en gracia a su amo, quien lo retuvo junto a él (&#8230;) el egipcio dejó que José administrara todo cuanto poseía, y ya no se preocupó más que de su propia comida&#8221;), se entregó a él en cuerpo y alma.</p>
<p>Porque José no sólo era un buen administrador, sino también, según los parámetros de la Biblia, un machote. Pese a ello, en repetidas ocasiones se negó a yacer con la mujer de Putifar, eludiendo los intentos de ésta, que ocultaba sus intenciones tras un florido discurso pleno de metáforas y circunloquios propio de los egipcios: &#8220;Acuéstate conmigo&#8221;. Según explica la Biblia, la auténtica virilidad reside en negarse a tomar a la esposa de otro, y por tanto José, negándose a practicar sexo, por mucho que de ahí pudieran salir hijos como las estrellas del firmamento, estaba comportándose como un hombre. No deja de sorprendernos que lo que es positivo en José (no acostarse con la mujer de otro) lleve al Señor a exterminar a Onán con un rayo (vean nuestro anterior capítulo). La diferencia estriba, sin duda alguna, en que en el caso de Onán es su padre quien le alienta a yacer con su cuñada, mientras que con José es la mujer de Putifar la que quiere fornicar, la muy puta. Si es que ya lo decía Adán y el típico camionero que se acercaría a una Casa de Putifar en la actualidad, todas las mujeres son unas salidas y &#8220;en realidad les gusta&#8221;.</p>
<p>En cualquier caso, sin duda a la mujer de Putifar &#8220;le gustaba&#8221;, y no paraba de insistirle a José; pero este, que, suponemos, ya tendría bastante con las frecuentes visitas del propio Putifar, se negaba con un argumento moral impecable y revelador: &#8220;Mi señor confía tanto en mí que no se preocupa para nada de lo que pasa en la casa, y ha puesto en mis manos todo lo que tiene. Aquí tengo tanto poder como él. Nada me ha prohibido, excepto a ti, porque eres su esposa&#8221;. Es decir, salta a la luz lo que sospechábamos. Putifar pone en manos de José &#8220;todo lo que tiene&#8221;, salvo a la mujer. Nada se dice del propio Putifar, que debería llevar, a la luz de los hechos, una relación homosexual muy equilibrada con José, pues este tenía &#8220;tanto poder como&#8221; Putifar.</p>
<p>Pero estas razones fueron ignoradas por &#8220;la mujer de Putifar&#8221; (observen que las mujeres no tienen nombre en la Biblia, pues &#8220;todas son iguales&#8221;), que finalmente, no pudiendo controlar su líbido, se lanzó encima de José, y aunque éste escapó, dejó la ropa en manos de la mujer de Putifar. No deja de sorprendernos que dicha hembra tuviera fuerza para arrebatarle el vestido a José, pero el asombro se queda corto al comprobar la mujer de Putifar que sólo por este escarceo &#8220;José se había corrido&#8221; en su ropa. Pocos adolescentes, por muy salidos que estén, podrían llegar tan lejos. José, el machote, redefinió el concepto de la eyaculación precoz, al igual que haría Onán con la masturbación y casi cualquier personaje de la Biblia con alguna faceta de la sexualidad.</p>
<p>La mujer de Putifar aprovechó las manchas de ropa en el vestido de José, que ella poseía, para irle con el cuento a Putifar de que José había intentado violarla, diciendo algo así como: &#8220;fue horrible, estábamos en el despacho Oral y comenzó a encorrerme, hablándome de las tensiones a que su cargo administrativo le tenían sometido y quejándose de que su pareja no le dejaba satisfecho&#8221;. Putifar, cabreadísimo no tanto por el supuesto intento de violación como por el mal lugar en que le dejaban a él mismo las referencias de José a su vida sexual juntos, ordenó encarcelar a José. Pero no crean que allí nuestro icono gay lo pasó mal: &#8220;La interpretación de los sueños&#8221;.</p>
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		<title>Historia Sagrada. 36</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:30:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Historia de Onán (Génesis 38, 1-30)
Hay ocasiones en las que el cronista que se enfrenta al reto de narrar una visión humorística de la Biblia ha de reconocer su ineptitud para sacar punta a los textos sagrados, pues dichos textos por sí solos llegan a unos niveles imposibles de superar por cualquier mente calenturienta no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Historia de Onán (Génesis 38, 1-30)</h3>
<p>Hay ocasiones en las que el cronista que se enfrenta al reto de narrar una visión humorística de la Biblia ha de reconocer su ineptitud para sacar punta a los textos sagrados, pues dichos textos por sí solos llegan a unos niveles imposibles de superar por cualquier mente calenturienta no iluminada por Él. La Historia de Onán es, indudablemente, una de esas ocasiones privilegiadas.</p>
<p>Nuestra historia comienza con los escarceos sexuales de Judá, uno de los hermanos de José, quien casó con &#8220;la hija de un cananeo llamado Sué&#8221; (la Biblia no considera necesario decirnos el nombre de la interfecta, y más bien prefiere deslizar subrepticiamente que era de buena familia), con la que tuvo tres hijos: Er, Onán, y Sela.</p>
<p>Judá, siempre preocupado por multiplicarse como las estrellas del firmamento, se preocupó de buscar una esposa para su primogénito, Er, decantándose por una viva la virgen llamada Tamar. Lamentablemente, Er era malo a los ojos de Yaveh, así que Él le quitó la vida. No eran tiempos de componendas, y podemos intuir que, habida cuenta de los valores morales de la época, ser malo a los ojos de Yaveh no quería decir necesariamente ser mala persona, sino no cumplir en la cama como un Elegido. Tal intuición se confirma cuando asistimos a la historia de Onán, segundo hijo de Judá, que sucede a Er en la penosa labor de asegurar descendencia a la familia. Pero Judá andaba corto por entonces de doncellas casaderas, o quizás el honor bíblico le obligaba a satisfacer convenientemente las necesidades procreadoras de Tamar, porque fue también esta la Elegida para copular con Onán y asegurarse, así, la descendencia.</p>
<p>Onán no estaba demasiado entusiasmado con su función, porque en realidad él no iba a ser el esposo de Tamar, sino un mero instrumento para darle hijos a su hermano. En palabras de la Biblia: &#8220;Judá dijo a Onán: &#8221; Cumple con tu deber de cuñado, y toma a la esposa de tu hermano para darle descendencia a tu hermano.&#8221;". Onán no estaba dispuesto a yacer con Tamar en calidad de cuñado, así que urdió un plan para escapar del compromiso: eyacular su semen en la tierra, evitando así fecundar a Tamar como su padre y Yaveh ansiaban. Como Ustedes comprenderán, tal actitud, que en los tiempos actuales le habría garantizado a Onán una canonización en el centenario de su nacimiento, no fue bien vista por Yaveh en los duros tiempos de la Antigüedad, en los que la procreación se anteponía a cualquier tipo de consideración ética (que la procreación se produzca tan a menudo en la Biblia en condiciones harto vergonzantes para nuestra rígida moral ¿católica? no es síntoma de depravación, bien al contrario, testimonio de la fe de los Antiguos en el Señor), máxime si tenemos en cuenta que para la Biblia sólo hay una cosa más importante que la procreación en sí, y es la garantía de que las relaciones sexuales serán también incestuosas: Onán se negó a una minucia tal como yacer entre cuñados, y la respuesta de Yaveh fue taxativa: eliminación por impío, y a otra cosa. Había nacido el Vicio Solitario, mítico pecado capaz de dejar ciego al que lo practicara, con el apunte curioso de que quien inauguró el chiringuito, Onán, no sólo no se masturbaba sino que manifestaba un gran hastío en practicar sexo, justamente el sueño de la mayor parte de los que practican dicho Vicio Solitario como sustitutivo de las relaciones sexuales (no necesariamente con cuñadas).</p>
<p>Muerto Onán por sus pecados, Judá se estaba quedando sin hijos para garantizar una multiplicación de estrellas como Yaveh deseaba. Por lo pronto, decidió mantener a Tamar en la agenda para cuando su último hijo, Sela, de corta edad, pudiera cumplir como un hombre. Pasaron los años, y murió la mujer de Judá. Piadosamente este guardó luto, y al terminarlo lo primero que hizo fue irse con un amigo a &#8220;ver esquilar a las ovejas&#8221;. Posiblemente la Biblia se disponía a aumentar su repertorio de perversiones sexuales, pero en el camino de Judá se cruzó Tamar, que al saber que su suegro se dirigía a los alrededores de donde ella vivía se disfrazó, sentándose a la vera del camino. Judá la tomó por una prostituta, y en consecuencia, dado que se había terminado el luto, la tomó, a secas, pagándole con un collar y un bastón de uso personal. Tamar nada dijo (los motivos por los que se hizo pasar por prostituta ante su suegro se nos escapan, a no ser que fuera uno de los raros personajes lascivos de la Biblia y hubiera decidido romper sus años de impuesta castidad precisamente con el autor de la imposición), y al poco quedó embarazada, una consecuencia de lógica implacable según el afán multiplicador del Señor. Al enterarse, Judá ordenó que la quemaran como escarmiento por su falta de aguante, pero hete aquí que Tamar reveló de quién estaba embarazada, y Judá, muy arrepentido, la dejó con vida, con lo que Tamar dio a luz poco después a unos preciosos gemelos.</p>
<p>Naturalmente, al Señor le dio exactamente lo mismo la actitud de Judá, en absoluto repudiable por Él; al contrario, Judá dio ejemplo, consiguiendo de una tacada no uno, sino dos retoños de una mujer que se había resistido a sus hijos Er y Onán, malos a los ojos de Yaveh, particularmente el segundo.</p>
<p>Pero no se vayan todavía, cuando parece que es imposible llegar más lejos, el Libro vuelve a sorprendernos y nos deleita con más escenas subidas de tono: &#8220;La mujer de Putifar&#8221;.</p>
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		<title>Historia Sagrada. 35</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 23:29:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>historiasagrada</category>

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		<description><![CDATA[Venta de José (Génesis 37, 1-36)
Comenzamos aquí el relato de la exitosa vida de otro de los Elegidos por el Señor. El Elegido en cuestión, José,