<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!-- generator="wordpress/2.0.5" -->
<rss version="2.0" 
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	>

<channel>
	<title>Cultura Popular</title>
	<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular</link>
	<description>Just another WordPress weblog</description>
	<pubDate>Wed, 21 Mar 2007 16:02:31 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.0.5</generator>
	<language>en</language>
			<item>
		<title>Las vacaciones estivales</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/51</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/51#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Mar 2007 16:02:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>administrator</dc:creator>
		
		<category>fiesta</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/51</guid>
		<description><![CDATA[Propuestas para el veranito.
Malgaste su tiempo y dinero con nuestras propuestas estivales
En vista de que algunos de Ustedes no tienen nada que hacer en verano, ya que seguimos teniendo millones de visitas cada día (y no nos creemos que todos vean nuestra página desde la oficina trabajando), en la Redacción de LPD hemos pensado en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Propuestas para el veranito.<br />
Malgaste su tiempo y dinero con nuestras propuestas estivales</h3>
<p>En vista de que algunos de Ustedes no tienen nada que hacer en verano, ya que seguimos teniendo millones de visitas cada día (y no nos creemos que todos vean nuestra página desde la oficina trabajando), en la Redacción de LPD hemos pensado en pensar por Ustedes (toma redundancia) en qué pueden malgastar su tiempo durante este periodo vacacional, puesto que, como hemos observado que en miles de páginas de la competencia dan ideas para realizar actividades y buscar nuevas sensaciones durante el estío, nosotros no vamos a ser menos. Así que cojan papel y lápiz (también pueden copiar y pegar, que es más fácil), y apunten, que nuestras recomendaciones seguro que no serán tan cursis.</p>
<p>Festivales de Verano: sin duda alguna, es lo que más está de moda últimamente. Los hay de todos los estilos: música, teatro minimalista, cine andorrano, danza clásica, poesía rusa, cocina&#8230; (creemos que todavía no existen Festivales de sexo, al menos a lo grande, así que a ver si algún lector sabe de alguno y nos manda la publicidad).</p>
<p>Sin embargo, suelen ser los de música los que más gente reúnen, dado el carácter minoritario del resto (&#8221;de autor&#8221; o &#8220;underground&#8221;, los llaman algunos). Dado que no hemos estado en ninguno de los anteriores excepto los musicales, nos centraremos en estos últimos.</p>
<p>Ante todo, conviene saber que los conciertos suelen ser la opción estrella, y suelen dedicarse a los más variados estilos musicales, formando un poutpourrí de lo más raro que uno pueda observar. Rock, heavy, pop, carpa techno-dance, flamenco, &#8230; aquí se mezcla todo, puesto que la cuestión es beber mucho y hacer el payaso un rato, sin importar mucho los medios.</p>
<p>Por supuesto, la única manera rentable de hacer caja siendo capaces de mantener ocupados dos escenarios distintos durante tres o cuatro días es:</p>
<p>a) cobrando entre 8.000 y 12.000 pelas por la entrada y 800 pesetas por cada botella de agua mineral,</p>
<p>b) contratar al grupo-anzuelo famoso de rigor de los del Top 40,</p>
<p>y c) hacer que el resto sean 500 grupos de lo más archiconocidos en su casa a la hora de cenar.</p>
<p>Por eso, los escenarios se vacían cuando el conjunto de moda termina la actuación, y es cuando empieza la maravillosa vida real de los Festivales: casetas para hacerse piercing, tatuajes, alcohol a mansalva, sexo, &#8230; en fin, lo que hace la juventud cada día pero más a lo grande, al más puro estilo hippie. Claro, que si van a uno de estos Festivales, no cometan locuras raras, porque el 99% de la gente se arrepiente después (ya saben, &#8220;la tía estaba tan buena que no pude decir que no cuando me propuso ponerme un pendiente en mis partes bajas, y luego practicar un poco el sexo con su doberman&#8230;&#8221;). Están avisados.</p>
<p>Turismo rural: Esta forma de diversión comenzó su andadura allá por comienzos de los &#8216;80, aunque el auge no comenzó hasta una década más tarde, cuando la gente más chic y chachi que nutría la alta sociedad puso sus miras en el campo, en vez de en los gimnasios y los centros de cirugía estética (ahora es cuando el resto de los mortales empezamos a descubrir estos antros, el populacho siempre con retraso respecto a la &#8220;jet set&#8221;).</p>
<p>El objetivo primordial es la relajación total, evadirse del mundo contaminado y lleno de rascacielos de la gran urbe, y descansar de la tensión acumulada durante el año. ¿Y qué mejor forma de encontrar nuestro karma personal y paz espiritual que irnos al monte, donde sólo habitan cuatro pueblerinos y cinco ardillas, todo lleno de pinos y naturaleza en estado más libre, a lo National Geographic? ¿No busca todo el mundo ser una especie de Willie Fogg, tener miles de aventuras con osos enormes, serpientes peligrosísimas y sentirnos por una temporada como Félix Rodríguez de la Fuente (&#8221;avanza el lobo, assstuto, asstuto&#8230;&#8221;)?</p>
<p>Pues se equivocan. Indiana Jones no existe, y de jungla y aventuras sólo queda (y cada vez menos) el Amazonas, así que si ésta esto es lo que eligen, no sean hipócritas y lleven a mano lo siguiente: el teléfono móvil por si se aburren, un botiquín tamaño XXL, un buen coche 4&#215;4, la Visa Oro for if the flies, y latas de Dia-Cola a tutiplén. El campo, señores, no se engañen, ya no es lo que era.</p>
<p>Parques temáticos: si lo suyo son las emociones fuertes, no lo dude, ésta es sin duda su opción. Aquí tendrá infinitas posibilidades de divertirse con las numerosas atracciones que estos lugares ofrecen. No pensarían que en nuestro país, fuente inagotable de originalidad y brillantez, nos íbamos a quedar sin tener nuestros propios DisneyWorlds y demás, ¿verdad? ¿O se pensaban que las reuniones que mantenían el Señor Aznar y Bush, presidente del Mayor País Exportador de Inutilidades Varias, trataban sobre los escudos antimisiles y demás memeces?</p>
<p>No, claro que no, allí se discute qué nueva gilipollez se le ocurre a los yankis para traerla aquí lo más pronto posible. Así que, por un precio módico, empiece a disfrutar, pero de verdad: ¡Montañas rusas con gente vomitando! ¡Niños y niñas asquerosos molestando y montando un griterío de no te menees! ¡Helados derretidos y refrescos por 1.000 pelas! ¡Colas kilométricas para las únicas atracciones divertidas! ¿Quién dijo que la vida no es en sí misma toda una aventura?</p>
<p>Playa: qué decir de esto que no se haya dicho ya. Desde que Alfredo Landa nos descubrió a las suecas hace 35 años, nada ha vuelto a ser igual. Opción más o menos barata (depende del lugar, por supuesto), aunque sólo tiene dos alternativas durante mes de entancia: quemarse al sol cual barbacoa y pillar cáncer, o emborracharse en busca de alguna guiri con la que pasar las solitarias noches de la &#8220;movida&#8221; de la costa.</p>
<p>Deportes de riesgo: es la cara B del turismo rural y, aunque algo más arriesgado, sí que merecen la pena. Con múltiples variantes: rotura del peroné haciendo escalada, ahogarse con el surf o el rafting, abrirse la crisma con el puenting, volar haciendo paracaidismo, y demás. Eso sí, háganlo en compañía, porque de alguien habrá que reírse, no sólo de Usted, y además, en caso de accidente siempre es bueno tener algún conocido con el que compartir en el hospital.</p>
<p>Quedarse en casa: la Opción, con mayúsculas. ¿Se imaginan un mes sin vecinos molestos, con la gran urbe vacía para Usted, sin tanto ruido ni polución, piscinas vacías, y con un montón de extranjeras dispuestas a que se les explique la &#8220;cultura&#8221; y el &#8220;arte&#8221; de su ciudad? Bof, ésta es la mía. �
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/51/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Les Falles</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/50</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/50#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Mar 2007 15:59:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
		<category>fiesta</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/50</guid>
		<description><![CDATA[De los orgiásticos vale-tudo que propicia el tardocapitalismo
La mundialización, esa peste, se nota especialmente en el mobiliario urbano de las ciudades (todos parecen salidos de un cruce mal logrado entre futurismo de película sesentera de serie B y los diseños del bordado del almohadón de una jubilada de Torrelodones que acaba de volver de visitar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 align="center">De los orgiásticos <em>vale-tudo</em> que propicia el tardocapitalismo</h2>
<p>La mundialización, esa peste, se nota especialmente en el mobiliario urbano de las ciudades (todos parecen salidos de un cruce mal logrado entre futurismo de película sesentera de serie B y los diseños del bordado del almohadón de una jubilada de Torrelodones que acaba de volver de visitar el palacio de Versalles y tragarse la trilogía de Sissí), las modas en el vestir (que, como las pautas sexuales dominantes, vienen anticipadas por las elecciones de los productores de la industria del porno de consumo) y las fiestas regionales. En estas últimas, donde el tópico manda proclamar la riqueza y originalidad del folclore local, encontramos en esta España nuestra del siglo XXI una uniformidad y respeto a las pautas oficiales que haría las delicias de cualquier oficial prusiano.</p>
<p>El combinado en que se han convertido las fiestas patronales de todo poblacho que se precie es el mismo que aquél del que tan orgulloso está el vecino y exactamente igual al de las ciudades con mayores tradiciones y cuyos ciudadanos más orgullosos se precian de preservarlas. Todo es cuestión de escala, pero nada más. Pongan conciertos para el populacho, ingesta masiva de alcohol en la calle o en locales de ocio, carpas y demás recintos cerrados que provisionalmente se hacen con la vía pública para ampliar la oferta de lugares en los que emborracharse y drogarse, manifestaciones de drogotas vagando por las calles con ramos de flores para llevar a alguna virgen o santo, autoridades locales manifiestamente chutadas para poder aguantar cuatro o cinco días sin pegar ojo dedicados a recabar votos, subvenciones a mansalva a asociaciones paramafiosas que controlen la explosión festiva del vulgo a base de gestionar la distribución de drogas blandas y duras, puestos provisionales de venta de productos habitualmente prohibidos por consideraciones de salud pública como son las churros y otras sustancias destinadas a catalizar las reacciones químicas provocadas por pastillas y demás y, para rematar, algún acto lejanamente relacionado con la tradición que sustenta el Mito de la Autenticidad de la Fiesta, y tendrán una pedazo de tradición de la que los lugareños podrán decir, orgullosos, que conforma las mejores, más brutales y más espectaculares fiestas de España. Lo que viene a ser como decir que del mundo, claro.</p>
<p>Dentro de este nicho de mercado, las Fallas de Valencia tienen un carácter especial derivado de su atinadísimo compendio de todo lo que de vulgarmente común tienen los actuales festejos populares. Cuentan con el aliciente de que TVE, desde tiempo inmemorial, retransmite el acto de la cremà de las Fallas (o sea, el acto de prender fuego a unas cosas supuestamente de madera) y eso las sitúa en una especie de &#8220;Fiestas de Categoría Especial&#8221; junto con los Sanfermines y las Manifestaciones Más Multitudinarias de la Historia. Esta tríada, compuesta de tres delicatessen D.O. España, es conocida internacionalmente como nuestra aportación a las fiestas populares precisamente por haber sido difundidas generosamente. Retransmitidas desde antaño, dado que suponían una de las pocas ocasiones que los medios técnicos de TVE tenían de lucir palmito, han sido nuestra carte de presentación en el mundo. Cientos de miles de personas llevan dácadas viniendo a España buscando alcohol, toros sueltos, cosas que quemar y masivas aglomeraciones de mujeres con peinetas a las que meter mano. Cosas de la mediatización. Ahora, en cambio, como se retransmite todo, desde el Rocío a la Tomatina de Buñol pasando por el descenso del Sella, en el subconsciente colectivo la abundancia hace que la cosa cale difícilmente. Por lo demás, que Sanfermines y Fallas sean las Fiestas Oficiales de España tiene un elemento adicional de jodienda que el Caudillo no podía desaprovechar: era una inderecta manera, jaleando como manifestación de la esencia de España algo que se hacía en Pamplona o Valencia, de meter el dedito en el ojo a las nacionalidades históricas que han reclamado desde hace un par de siglos para sí su impronta cultural sobre, respectivamente, Navarra y el País Valenciano.</p>
<p>Las Fallas de Valencia están muy bien posicionadas para eregirse en La Fiesta por excelencia en unos tiempos en que, cuanto más, mejor. Porque una festividad basada en la ficción colectiva, a fe que expandida entre aborígenes pero incluso capaz de ser inoculada en visitantes foráneos, de que los centenares de estructuras que brotan en la ciudad son una manifestación artística (monumentos falleros, les llaman), esto es, de que las Fallas son arte, es una fiesta capaz de asimilar todo, cualquier cosas, por incompatible que pueda parecer con la esencia misma del festejo, con la percepción humana, la lógica más elemental o el Tractatus de Wittgenstein. Y, así, con esa generosidad de espíritu, ser capaz de dar cobijo a todos y todas. A los que creen en la vida extraterrestre, en la reducción fenomenológica, en las sombras del 11-M y a los que escuchan a David Summers con emoción. A todos. A todo. Las Fallas asimilan y pueden con cualquier cosa. Son el relativismo cultural, la Juerga, más que la Alianza, de Civilizaciones. Valga un ejemplo: las Fallas nacen como manifestación popular y crítica frente al poder establecido, surgen de una cultura laica soez y hacen gala de un humor tan dudoso como chabacano; sin embargo han sabido integrar perfectamente la participación (abundantísima y generosísima) de instituciones públicas de todo pelaje (tan necesarias hoy para subsidiarlas) y de la Iglesia. Hasta el punto de que las autoridades, en tiempos del Caudillo se llegaron incluso a inventar una ofrenda a la patrona cuando se vieron en la tesitura de idear una fórmula que impidiera que se consumara el riesgo de que la talla en cuestión, verdaderamente horripilante, fuera quemada algún año al ser confundida con una falla.</p>
<p>Porque la característica diferenciadora de las fallas es que, además, esos supuestos monumentos son pasto de las llamas como colofón. No se trata de justicia poética, sino de un ritual de purificación para afrontar el nuevo año, que empieza con la primavera, como todo el que se fije en escotes y la posibilidad de disfrutar de la visión de músculos creados a base de ciclos sabe. Es decir, de algo con tanto trasfondo como emborracharse a lo bestia de forma programada y ritual, año tras año, en una misma fecha. Una tontería programada y entretenida, culminada en este caso con la destrucción y el incendio &#8220;del trabajo de todo el año&#8221;. No es difícil acometer tal tarea, dada la liberación que la desaparición de las obras de arte supone para cualquiera con un mínimo de gusto. De consuno con esta finalidad última predicada de los monumentos se ha desarrollado toda una cultura de la pólvora, de la luz y del ruido que, viviendo en los tiempos que vivimos, es absolutamente lógico que haya consagrado el triunfo de las fallas. Si el ocio en la actualidad ha de ser estruendoso y generar watios y watios de luz y de sonido, ¿acaso no es la sublimación misma de la identidad festivo-española dedicar unas fiestas a crear luz y sobre todo ruido ex profeso? ¿Existe en nuestro país un festejo popular tan claramente cohonestado con la cosmovisión de D. Jesús Gil y Gil?</p>
<p>Que sea precisamente en Valencia donde se ha asentado con fuerza y ha alcanzado su mayor grado de desarrollo esta visión de la fiesta no es anormal, dado que se trata de una urbe donde sus responsables políticos han tomado valientes decisiones que, sin duda, son el espejo en que toda ciudad que se precie ha de mirarse cara al siglo XXI: en Valencia no existe la noche merced a una red de alumbrado público que garantiza una mejor iluminación que la que puede disfrutarse en invierno en muchas capitales europeas (hasta en días soleados y a la hora en que el sol anda por su cénit) y las ordenanzas municipales proscriben que el nivel de ruido baje de los 60 dB A incluso a altas horas de la noche como medida para acostumbrar a la población desde su más tierna infancia a un ruido ambiente mínimo y constante que les permita desafiar los retos de la vida moderna, de la fábrica a la discoteca, de la radio del coche tuneado al hilo musical del centro comercial, en condiciones de preparación óptimas. Las Fallas quizá sorprendan al visitante por su ruido, sus petardos, su sabor à la Bosnie 1994, pero no suponen un incremento del caos ambiental excesivo para los habituales habitantes de la ciudad. Stalingrado en plena ofensiva era un lugar relativamente pacífico en comparación.</p>
<p>Una fiesta popular como las Fallas es, por ello, un éxito seguro. Su misma esencia admite cualquier cosa y la municipalidad vela porque, en efecto, todo sea posible. En Fallas la gente puede dar rienda suelta a sus más bajas pasiones (desde mear allí donde más ilusión le haga a dar vueltas de rodillas a la capilla de la Virgen en un ambiente cargado de flores y vibradores no retornables) y convertirse en guardia urbano cortando todas las calles que uno quiera porque, simplemente, le apetezca. O, más refinado, para cocinar algo al aire libre, con los kolegas, en medio de la calle. Puede arrendar, incluso, ese espacio ganado con el sudor de su frente, a nobles profesionales del gremio de la hostelería ambulante. Puede hacer con su coche lo que le dé la gana, si es que logra encontrar un espacio donde dejarlo. Sabiendo, eso sí, que los demás harán lo mismo y que los peatones no lo respetarán como habitualmente porque, por una vez, también ellos pueden hacer lo que les plazca. Puede traficar con petardos que, si cayeran en las manos de la División Acorazada Brunete, multiplicaríande golpe por diez la potencia de fuego de todo el Ejército de Tierra español (¡tiembla, Cataluña estatutaria como algo así ocurra!). Puede quemar contenedores de basura, coches e incluso los monumentos falleros en cuestión, si se dejan y se atreve. Porque, aclaremos para eximirnos de responsabilidad, no es que sea una actividad aconsejable o que pueda acometerse sin poner en severo riesgo la salud. Aunque circula la especie de que las fallas son estructuras de madera, de que se trata de encomiables trabajos de artesanía, cualquier persona que haya aplicado la llama de un mechero a cualquier &#8220;ganchito&#8221; o snack de aperitivo industrial y conozca en consecuencia el &#8220;abc&#8221; de la combustión de los derivados del petróleo se percatará con rapidez de que estamos ante un fin de fiesta que bebe en las fuentes de la mismísima política de pozos de petróleo quemados de Sadam Hussein.</p>
<p>En definitiva, que las Fallas son una especie de sublimación del concepto de fiesta moderno, un gigantesco aspirador de pulsiones básicas y primarias que conducen al ser humano, en la dura tesitura de tener que perfeccionar constantemente sus rituales reproductivos por culpa de la creciente complejidad social y la generalización de la depilación por láser, a buscarse espacios de dispersión en los que el recurso a la drogadicción sea considerado lícito y esté socialmente jaleado, siquiera sea por unos días al año. Tanto para ligar como para consolarse por no hacerlo. Tanto para trabajar como para buscar excusas para no hacerlo. Tanto para pegarse de hostias con los latingkings del barrio de al lado como para que te las den a ti y de paso se carguen el tubo de escape del coche de tu novio. Son, por eso, cómo ponerlo en duda, unas grandes fiestas. Pero no se las tomen demasiado en serio porque son, en realidad, como todas. He ahí precisamente lo maravilloso de dejarse seducir por la locura colectiva que es la ritual querencia humana a divertirse en compañía.�
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/fiesta/50/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 12.- El pinchadiscos</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/49</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/49#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Feb 2007 09:16:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/49</guid>
		<description><![CDATA[Del ostracismo social a los altares en unas cuantas &#8220;sesiones&#8221;
Del salón en el ángulo oscuro, divertida al trasluz su pandilla, silencioso y cubierto de polvo, veíase al pincha. Estoico y becqueriano como el arpa que en la rima VII pedía un plumero, el pinchadiscos forma parte importante de la historia contemporánea. Su carácter apocado y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Del ostracismo social a los altares en unas cuantas &#8220;sesiones&#8221;</h3>
<p><em>Del salón en el ángulo oscuro, divertida al trasluz su pandilla, silencioso y cubierto de polvo, veíase al pincha</em>. Estoico y becqueriano como el arpa que en la rima VII pedía un plumero, el pinchadiscos forma parte importante de la historia contemporánea. Su carácter apocado y tímido, su gordura, su fealdad, una enfermedad mental o todo a la vez hacen que se encargue del control y gestión de los vinilos, una labor para la que no se necesita más cualificación que la capacidad de tener una experiencia vicaria con la alegría que se desarrolla metro y medio más allá de su rincón.  En el paréntesis entre un éxito de Los Diablos y otro de Fórmula V su mirada se cruza con la mirada de la chica que le gusta. Ella le sonríe como reconociendo su labor en pro de la felicidad ajena, se vuelve y sigue bailando un <em>suelto</em> con otro. Dentro de un rato llegarán los <em>agarrados</em>. Una telaraña va de la muñeca del pinchadiscos hasta su tobillo. Lleva demasiado en esa esquina. Eran tiempos en los que los tocadiscos se llamaban picú, las discotecas discotheques y las niñas de los colegios de monjas solicitaban abandonar la clase para salir al excusado poniéndose los dorsos del índice y el corazón en la frente mientras pedían permiso para ir al petit. La dictadura actúa como un colador. Muchos pizcos, también fragmentos considerables, no pasan de la rejilla. Por un lado se vuelca Janis Joplin y en el recipiente ibérico queda Karina. Por un lado se vierte Woodstock y en el recipiente queda el guateque. También sucede al revés, de aquí a allá. Las aguas menores expulsadas por Fraga al aprovechar su baño en Palomares se transforman años más tarde en el agua desplazada con elegancia por el Spitz de las siete medallas de oro. España entera servía como gigantescos exteriores de la segunda parte de Raza. Jaime de Andrade se había pasado del guión a la dirección en 1939 para hacer la película más larga: millones de actores para 36 años de metraje, sin intermedio para tomar un refrigerio en el ambigú.</p>
<p>Estalla la transición. Estalla la democracia. A veces estalla literalmente debido a graciosos artefactos puestos por Tirios o por Troyanos. Café para todos. Como en los esquemas antropológicos donde se observa la evolución del peludo y fornido homo nosequé hasta el más alto y grácil homo nosecuántos, el pinchadiscos evoluciona a disc-jockey progre. Cambia su denominación por la anglosajona pero mantiene una recia barba española, cierta desnutrición, rostro cetrino, fuma Ducados sin parar y complementa su halitosis con la ingesta masiva de segoviano. Un caparazón de pana protege su epidermis de las inclemencias. Ahora sale de su territorio, no mucho, a veces. Se desplaza en zig-zag, a <em>cambayá</em> tendida, hacia la chica que le gusta. Le habla de Marxismo. Le habla de leninismo. Le habla de Marcel Proust. Le habla de Theodor Adorno. Trata de llamar su atención haciéndole toc-toc con el dedo en el hombro cuando ella le da la espalda y se vuelve en el sofá donde se sientan para besar a otro tipo, un poeta novísimo que está recostado sobre los cojines. Retorna a su esquina dejando un reguero de pota -combinado nº 2: bebida, ensalada, filete de pollo con patatas, café, 350 pesetas- que se verá obligado a limpiar. Una araña se desplaza por los hilos de seda que van de su oreja al hombro.</p>
<p>Estallan los 80, porque aquí estalla todo. Cuántas bombas. Madrid mata y con frecuencia matan en Madrid. Llegan los punkis con un lustro de retraso y los rockers 30 años más tarde. La sociedad se ennoblece poco a poco, crece el sentimiento protector hacia los más débiles que estén a un mínimo de dos mil kilómetros o no molesten mucho, we are the world, we are the children. Los yonkis sustituyen a los porteros de los edificios y dan la bienvenida a las familias en el primer tramo de la escalera, el Cojo Mantecas sustituye a los serenos y se encarga de apagar las farolas con un nuevo estilo. La pandilla no quiere abandonar al pinchadiscos a su suerte para que muera de frío soledad, desamor y aburrimiento. Es un ciudadano mermado de pleno derecho. Cae una mosca verde en la red que va de su entrepierna a la pantorrilla. Nacen la Movida y la conciencia cívica. Lo recluyen en un centro de acogida con las paredes acolchadas para que no se haga daño al golpear su testuz contra ellas en los instantes de desesperación: surge así el locutor de los 40 principales. Tras el cristal del estudio, la chica que le gusta le hace un gesto antes de morder la oreja de un periodista deportivo.</p>
<p>Estallan los 90. Qué trenes más rápidos, qué olimpiadas, qué Expo, qué vértigo por doquier, qué de cosas bonitas, qué de comisiones y maletines. La enfermedad se extiende, las radiofórmulas colapsan el dial para dar cabida a tantos disc-jockeys desamparados. Adiós, González. Ellos hablan igual que ellos. Ellas hablan igual que ellas. Ellos hablan igual que ellas y viceversa, I am you as you are he as you are me and we are all toghether, varias décadas después de la controversia sobre la muerte de Paul se descubre en España el verdadero sentido de la letra de I am the walrus de los Beatles: era una visión premonitoria sobre el pinchadiscos. Estalla, cómo no, el síndrome de la morsa. Hola, Aznar. La Seguridad Social toma cartas en el asunto. Reconvierte parte de los antiguos pubs y bares de copas en salas, unos centros sanitarios nocturnos especializados en la atención a estos enfermos. Se les aplica el electroshock inverso, en lugar de darles descargas en las nalgas se permite que ellos ofrezcan sus impulsos al éter mediante modernas mesas de mezclas de giradiscos y giracompactos. La juventud baila de nuevo. El DJ queda recluido en una cabina algo elevada con respecto al suelo. Desde allí otea el horizonte y divisa la coronilla de la chica que le gusta junto a la coronilla de otro tipo. Ella le mira y le hace un gesto de ok con el pulgar poco antes de introducir esa misma mano en los pantalones de su acompañante. Una araña hace puenting desde la nariz del pinchadiscos hasta su bolsillo.</p>
<p>Estalla el siglo XXI. Se derriten los polos. Un gigantesco témpano de hielo viene desde Groelandia, apártese señora. Radiofórmulas y salas no dan abasto con el síndrome de la morsa. Hordas de afectados deambulan con mochilas llenas de 33 y 45 revoluciones, cedés y emepetreses. Al tratarse de víctimas de un mal y vía corrección política pasan a ser ciudadanos de derechos aumentados por la lente de las gafas de pasta. Llega la terapia creativa para ellos. Buen rollito, alianza de civilizaciones. Lerdo DJ se va de bolos por las salas, por las provincias, por las realidades nacionales, por la Unión Europea. Vuelve al hogar, a su cabina, con cierta frecuencia, donde se le conoce como “residente”, vive allí. Los “residentes” van, los “visitantes” vienen, han de sacar lo que llevan dentro, todo lo que llevan dentro. Cuelgan al pinchadiscos con una alcayata en ARCO y recibe críticas fabulosas. DJ Borderline tiene blog. Tiene fotolog. Tiene página web propia. Crece, crece y crece. Hace una versión distorsionada de un tema de Parchís. Crece, crece y crece. Hace un medley con una canción de Luis Aguilé y otra de Isley Brothers conectadas por un interludio con la sintonía de Mazinger  Z. Crece, crece y crece. Una capilla sixtina de sonidos y texturas enaltece a las masas. Su rostro sale en los magazines que vienen con los diarios los viernes. Crece, crece. Arranca melodías de la nada que resultan idénticas a melodías antiguas: DJ Pierre Menard fija la mirada en los platos. Su figura de artista colosal ensombrece los continentes. En cada una de sus “sesiones” se produce un Génesis y un Apocalipsis. El Planeta Tierra chirría y gira adelante y atrás, adelante y atrás, adelante y atrás, gracias al scratch de Dios DJ. A su diestra se sienta un cocinero autor, a siniestra un decorador de interiores. La chica que le gusta le saluda, pero desde la estratosfera se ve demasiado pequeña. La araña le pica en  la napia. El preludio de Así Habló Zaratustra da paso a una variante sin acordeón de Los Pajaritos. Danzad, danzad, malditos.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/49/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Juegos de cartas coleccionables</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/47</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/47#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 16:54:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos</dc:creator>
		
		<category>culturapopular</category>

		<category>juegosrol</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/47</guid>
		<description><![CDATA[O cómo jugar al rol con cartones de colorines
En esta nueva entrega de las peculiaridades de los juegos de rol, me gustaría hablarles de un fenómeno que ha causado furor en Estos Unidos y Japón y, por tanto (para eso son los Amos del Universo Exportador de Inutilidades Varias), en el resto del planeta: los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">O cómo jugar al rol con cartones de colorines</h3>
<p>En esta nueva entrega de las peculiaridades de los juegos de rol, me gustaría hablarles de un fenómeno que ha causado furor en Estos Unidos y Japón y, por tanto (para eso son los Amos del Universo Exportador de Inutilidades Varias), en el resto del planeta: los juegos de cartas coleccionables. Seguramente ya los habrán visto, pues después de lo de Pokémon quién no ha tenido la desdicha de ser coaccionado por un primo o sobrino pequeño para que les comprásemos las dichosas cartas y demás tinglados.</p>
<p>Pero vayamos por partes, y empecemos la historia de esta nueva versión del mus a la americana por el principio. Todo empezó en una aciaga tarde de verano de 1991, cuando un prestigioso profesor de matemáticas de los USA, aficionado en sus ratos libres a crear juegos de varia índole (a otros les da por escuchar a Mocedades, ya conocen el dicho, &#8220;hay muchos otros mundos, pero están todos en éste&#8221;), propuso a un colega suyo hacer un juego de tablero un poco raro. El amigo en cuestión, que poseía una empresa de juegos llamada Wizards of the Coast, le dijo que sí, que estaba muy bien y era muy bonito, pero que no había presupuesto para tales menesteres, puesto que la compañía no era precisamente Microsoft ni Prisa.</p>
<p>El matemático, llamado Richard Garfield, volvió a los dos días con una idea innovadora: tenía la intención de hacer un juego de cartas en el que los jugadores simularan ser magos, y que se compondría de una baraja de 60 cartas para cada jugador (biblioteca de hechizos), y que podría variar en cada partida, puesto que las cartas para poder meter en la baraja serían más de 300, dando infinitas posibilidades de construcción de la misma. Además, como buen americano, tuvo la brillante idea de marketing de hacer que algunas cartas fuesen mucho mejor que otras (útiles en el juego), y esas serían más raras de conseguir que otras, por lo que para ganar te tendrías que gastar más pasta en cartas. Naturalmente.</p>
<p>La cosa, que parece muy simple y estúpida, no lo es tanto, ya que Garfield consiguió desarrollar un juego muy bueno (fíense de LPD y sus periodistas, información con rigor y objetividad a raudales), dinámico y entretenido, que volvió a poner de moda los juegos de rol (en declive desde finales de los &#8216;80), aunque de otra manera. En el juego, llamado inicialmente &#8220;Mana Flash!&#8221; y definitivamente &#8220;Magic: The Gathering&#8221;, las cartas tenían dibujos, explicación de lo que hacían, etc. y, ante todo, una jugabilidad que todavía no se ha alcanzado con ningún instrumento lúdico similar. Tiene hasta estrategia, aunque de ahí a compararlo con el ajedrez, como hacen algunos&#8230;</p>
<p>Tanto éxito tuvo, que, al publicarse por primera vez en 1993, aparte de hacer de oro a Wizards of the Coast y a Garfield entre otros (ninguno de LPD, se lo aseguramos), pronto se encontró con numerosos productos similares aparecidos en el mercado, aunque ninguno le hizo excesiva sombra al Magic, incluidos los típicos (¡cómo no, esto es América!) de Star Trek, Star Wars, y de El Señor de los Anillos. Y pronto se extendió tanto, que llegó el Manga japonés, cuyo máximo exponente fueron las cartas Pokémon. Pero, como todavía tengo mis Principios Lúdicos, me abstengo a comentar un juego tan malo, ruin, simple y cutre.</p>
<p>Y así hasta hoy, que siguen haciendo las delicias de los aficionados (aunque cada vez sacan nuevas ampliaciones y ediciones: ya existen más de 7.000 cartas distintas sólo de Magic:TG), y ya han empezado a hacer campeonatos a lo grande, con premios y reconocimiento internacional (se lo crean o no, un tío de veintipocos años lleva ganados más de 40 millones de pesetas en premios, el hijop&#8230;), para promocionarlo y tal. De todas maneras, aunque sean unas Hermanas de la Caridad y lo suyo no sea el interés por el &#8220;money&#8221; (vamos, que todavía se consideran mínimamente altruistas y rojeras), les recomendamos que se jugasen unas partiditas a uno de estos juegos si tienen la ocasión, aunque ya les aviso que mientras siga existiendo un buen tinto de verano y un tute con los colegas, los americanos no tendrán nada que hacer.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/47/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Tipos de directores de juego</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/46</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/46#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 16:52:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos</dc:creator>
		
		<category>culturapopular</category>

		<category>juegosrol</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/46</guid>
		<description><![CDATA[Como si de una gran orquesta se tratase, toda reunión para jugar al rol debe tener un director que sepa manejar el cotarro, para ir explicando a los jugadores cómo se desenvuelve cada situación, con qué personajes se encuentran, las horribles incidencias que les ocurre cada poco&#8230; en fin, ellos son lo que se preparan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como si de una gran orquesta se tratase, toda reunión para jugar al rol debe tener un director que sepa manejar el cotarro, para ir explicando a los jugadores cómo se desenvuelve cada situación, con qué personajes se encuentran, las horribles incidencias que les ocurre cada poco&#8230; en fin, ellos son lo que se preparan las partidas de antemano (con algunas honrosas excepciones, como luego veremos) para que todo sea más fácil.</p>
<p>De ellos depende que la dinámica y el normal desarrollo del juego sea el adecuado para conseguir el fin último de toda partida que se precia: pasar un buen rato, y sin necesidad de tomar alcohol ni sustancias psicotrópicas (breve pausa para publicidad: parece mentira que hoy en día los jóvenes sólo se sepan divertir con drogas o sexo, y los más inteligentes con la excelsa y maravillosa Página Definitiva, claro). Pero al igual que pasa con los jugadores, el mundo de los Directores de Juegos o Masters de la partida está surtido de los más extravagantes elementos de la fauna humana. Pasen y vean Ustedes por sí mismos:</p>
<p><strong>El pesado</strong>: son aquellos que mejor preparan una partida. Mapas de cada sitio, una descripción detallada de cada personaje de la partida, una lista con más trucos de magia que Tamariz (¡¡ta-chááán!!), son algunos vivos ejemplos de las cosas que les esperan a los jugadores.</p>
<p>Y dirán Ustedes &#8220;¿no se trata de eso el rol? ¿de imaginar nuevos mundos lo más realistas posible?&#8221;. Sí, pero tampoco es muy gratificante estar tirando los dados cada 3 nanosegundos a cada paso &#8220;porque en la vida real también os podéis resbalar mientras camináis&#8221;, o &#8220;los nudillos se te pueden romper perfectamente cuando llamáis a una puerta, ¿no?&#8221;. Recomendación: tened presente que no hay cosa que más les duela que les digan &#8220;oye, la partida de hoy rapidita y sin detalles, que luego nos tenemos que ir&#8221;. Aunque ojo con los infartos.</p>
<p><strong>El hijo puta</strong>: ¿se acuerdan que la semana pasada les presentamos un tipo de jugador denominado el Guasón Robaperas? Pues en esto se convierte cuando sufre una mutación en su cerebro (sí, la deformidad y el mal gusto no conoce límites, piensen en Tamara) y se dispone a dirigir una partida. Ante un director de estas características, los jugadores deben tener claro que están sentenciados desde el principio, y que es imposible que acaben bien la partida. Hitler pasa a ser Santa Teresa de Calcuta comparado con este tipejo.</p>
<p>Bichos enormes inmortales, nada de premios ni mujeres bellas, enfermedades,&#8230; todo lo peor que se le pueda ocurrir aparecerá en la partida y, mientras los jugadores no hacen más que gastar goma y lápiz a un ritmo vertiginoso para ir reduciendo sus puntos de vida, el tío cabrón se relame. Lo más recomendable es que nunca sea Director, o que ante la imposibilidad de esto último, es mejor desde un principio no tener amigos así (si es que hay que decíroslo todo).</p>
<p><strong>El lioso</strong>: son muy desordenados, pero nunca lo reconocen. Su máxima es &#8220;dentro de mi desorden yo sé donde está cada cosa&#8221;, algo que es completamente mentira, y que no vale ni de excusa barata con su madre a la hora de recoger la habitación. Con todas las hojas descolocadas, los libros de juego pintados anárquicamente, y mogollón de libretas llenas de tachones, la cosa no da para mucho.</p>
<p><strong>El improvisador</strong>: &#8220;¿para qué molestarse en currárselo un poco si luego no te van a pagar por ello?&#8221; debe pensar el más Vago (con mayúscula) de todos los Directores de Juego. Tomando como ejemplo a Florentino (el del Informal, el otro es un Ejemplo Superior para todo el mundo, ya que sacarse 50.000 millones de la manga y que nadie hable de ello es digno del mismísimo Gandalf), si puede juega en una posición de 90º, así como tumbado, y como no se ha preparado la partida (es más, probablemente ni se haya leído el juego), se la va inventando sobre la marcha.</p>
<p>Naturalmente la aventura no hay por donde cogerla, porque tiene menos sentido que la fama de Yola Berrocal: dragones de 30 metros en sótanos estrechos, magos que no saben lanzar hechizos, tesoros al principio del todo, acertijos cuya respuesta no conoce ni el Director,&#8230; lo mejor es pasar olímpicamente de él, e irse apuntando en la ficha lo que a uno le dé la gana. Total, a quién le importa.</p>
<p><strong>El normal</strong>: muy raro de ver, este tío es uno más entre el común de los mortales. Juega, se divierte, y en cuanto deja la partida de rol no habla más del tema. Además, tiene otras aficiones aparte de los duendes y los hobbits, como los deportes, la política, y las mujeres en general; incluso algunos de sus amigos no juegan al rol. Tristemente está en vías de extinción.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/46/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Tipos de jugadores</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/45</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/45#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 16:45:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos</dc:creator>
		
		<category>culturapopular</category>

		<category>juegosrol</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/45</guid>
		<description><![CDATA[Si hay algo en los juegos de rol que los hace tan interesantes, sin duda alguna es el tipo de gente(zuela) aficionada a ellos, una fauna ludópata de lo más variopinto que muestra en sí misma el por qué el resto de los mortales no alcanza a entender qué es lo que les pasa por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo en los juegos de rol que los hace tan interesantes, sin duda alguna es el tipo de gente(zuela) aficionada a ellos, una fauna ludópata de lo más variopinto que muestra en sí misma el por qué el resto de los mortales no alcanza a entender qué es lo que les pasa por la cabeza. En líneas generales, un personaje refleja en parte la personalidad del jugador que lo lleva y es un trocito innato de su forma de ser. Una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, sólo que en este caso no está claro quién es quién.</p>
<p>En caso de que lo anterior les parezca una paranoia y no les aclare nada (altamente probable, pero es que ya hemos dicho que La Página Definitiva es para mentes inteligentes), a continuación les mostraremos unos ejemplos prácticos de qué tipos de jugadores se encontrarán si alguna vez se deciden a echar unas partiditas:</p>
<p><strong>El Schwarzennegger</strong>: este es el típico caso del jugador con una o dos neuronas a lo sumo. Siempre elige ser un guerrero, fuerte y guapo a ser posible, cuyo objetivo es matar, masacrar, pegar primero y preguntar después, puesto que pensar no está hecho para él. Debido a la resistencia del personaje y a la escasa inteligencia del jugador, normalmente es elegido &#8220;al azar&#8221; (ja,ja,ja) por el resto de sus compañeros para ser el escudo humano del grupo, y recibir todos los golpes habidos y por haber.</p>
<p>Cabe destacar que personajes (y jugadores) así son necesarios para que el grupo tenga éxito en una partida, dado que normalmente no llegan vivos al final (1ª ventaja: no hay que repartir el tesoro con ellos), y han hecho frente a todos los peligros que una batalla entabla (2ª ventaja: los demás mientras pueden permitirse el lujo de tirar flechas, lanzar magia o piedras, siempre desde una distancia bastante prudencial, of course). Eso sí, si salen vivos al final de la aventura, arramblan con todo el botín, y a ver quién es el guapo que se lo discute, por lo que recomendamos encarecidamente rematarlos antes del final.</p>
<p><span style="font-weight: bold">El &#8220;empalmao&#8221;</span>: ¿ustedes han ido alguna vez al estreno de una de las películas de Star Wars, y han visto al típico payaso disfrazado de Darth Vader, que va haciendo el idiota con un sable-láser de plástico? Pues ese seguro que juega al rol, y además muy en serio. Los juegos de rol y su vida son uno, y suele utilizar a menudo expresiones como &#8220;¡Por el Santo Tolkien!&#8221; o &#8220;Que la Fuerza os acompañe&#8221; incluso para saludar a sus familiares que, por supuesto, le toman por loco.</p>
<p>Dentro del juego es la persona que más disfruta de una partida, porque es el único que se mete en la piel de su personaje de una manera exagerada. Suele ir con camisetas raras, y de vez en cuando con una túnica o una bola de cristal si su personaje resulta ser un mago o, si son elfos, se tocan las orejas cada dos por tres para ver si se le han puesto puntiagudas. Y claro, meter gritos de guerra en plena confrontación, o rezar a los dioses antes de partir hacia lo desconocido son el maná de cada partida. Sin lugar a dudas, éste es el tipo de jugador que ha creado una leyenda negra en torno a los juegos de rol.</p>
<p><span style="font-weight: bold">El 50&#215;15</span>: la Biblia del rol, este tipo se sabe tooooooodas las reglas que existen de un juego, de todas las ediciones existentes y en todos los idiomas publicados. Es decir, es insoportable, ya que a cada cosa que el directo de juego indica suele contradecirle y expresar su oposición, porque en el &#8220;anuario XI, de 1989, página 436, párrafo 2ª, el autor explicaba que los orcos se armaban con una espada que patatín patatán&#8230;&#8221;, algo que a nadie le importa lo más mínimo y que no suele tener ninguna trascendencia en el juego, excepto para puritanos del rol como él.</p>
<p>Normalmente prefiere los personajes cultos y sabelotodos, estilo druida elfo, que sólo valen para alguna recomendación puntual y como carnaza para los monstruos que el grupo se va encontrando por el camino. Nunca acaban las partidas, porque antes se han largado (afortunadamente) malhumorados con lo poco preparados que están el resto de los jugadores para afrontar una partida en condiciones. Muy a nuestro pesar, siempre volverá por sus fueros al día siguiente.</p>
<p><span style="font-weight: bold">El Guasón Robaperas</span>: el gracioso del grupo o, como comúnmente se le conoce, el &#8220;revientapartidas&#8221;. Llega, se sienta, y desde el comienzo ya se está riendo y se toma todo a cachondeo. Si los personajes entran en una posada (&#8221;no hay partida sin posada&#8221; dice un dicho rolero), entra montando bulla e insultando al resto de los personajes que allí se encuentran mientras se descojona, metiendo en serios problemas al resto. Y, si se les recrimina su actitud por parte de otros jugadores o del propio director de juego, aducen la libertad de expresión y movimiento para su personaje.</p>
<p>Pero ahí no acaba la cosa. Aparte de saber poner como nadie en apuros innecesariamente al resto, si puede, los crucifica: les roba cuando duermen, les hace jugarretas, nunca es el primero ni explora, no utiliza sus pócimas curativas excepto con él mismo&#8230; en fin, para él nadie merece el más mínimo respeto ni vale la pena correr algún riesgo por los demás, aunque le acaben de salvar la vida. Por todo ello, nuestra recomendación es que, según comienza la partida, se le meta cuarenta puñaladas seguidas y ahí acabe su función.</p>
<p><span style="font-weight: bold">El Pasota</span>: como su nombre indica, pasa de todo. Y desde el principio, no se crean. Les da igual qué personaje coger, cómo es, cuál es el desarrollo de la aventura y tira los dados con una desgana tal que parece sacado de un chiste de vagos. Si alguien se muere, pues &#8220;ley de vida&#8221;, y si le matan a él, pues &#8220;otra vez será&#8221;. Estos jugadores son más bien escasos, y suelen ser el amigo de algún jugador, que se aburría en casa y no sabía qué hacer.</p>
<p>En general es buena gente, sobre todo porque no molestan mucho (suelen estar leyendo El Jueves o la Playboy mientras dura la partida), y de vez en cuando se traen tabaco y kalimotxo, cosa de agradecer en las largas tardes de rol, sobre todo en verano.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/45/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Introducción</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/44</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/44#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 16:38:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos</dc:creator>
		
		<category>culturapopular</category>

		<category>juegosrol</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/44</guid>
		<description><![CDATA[¿Se acuerdan ustedes de lo del chaval ese de la katana, que liquidó con un afilado cuchillo nipón a toda su familia para darle un poco de emoción a su vida? Seguramente muchos de ustedes ya asociarán este suceso, digno de haber sido portada durante lustros en el ya funesto diario &#8220;El Caso&#8221; (uno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Se acuerdan ustedes de lo del chaval ese de la katana, que liquidó con un afilado cuchillo nipón a toda su familia para darle un poco de emoción a su vida? Seguramente muchos de ustedes ya asociarán este suceso, digno de haber sido portada durante lustros en el ya funesto diario &#8220;El Caso&#8221; (uno de los más grandes exponentes del maravilloso estilo de periodismo que existía -y existe- en nuestro país, en busca del morbo puro y duro), con los denominados Juegos de Rol, el tipo de divertimento lúdico del que todo el mundo habla, pero nadie sabe cómo son, igual que los programas de naturaleza de la 2.</p>
<p>Pues se equivocan. En un juego de rol, no sólo hay que liquidar a todo aquel que se ponga de por medio (incluida la family si se tercia), sino que también uno debe liarse con la tía macizorra de turno y agenciarse más oro que con veinte quinielas juntas, todo ello llevándote bien con todos tus compañeros de aventuras a los que luego deberíamos traicionar (esto es optativo, aunque recomendable para hacer más ameno si cabe el juego). Es decir, una especie de Gran Hermano de tablero, pero con magia y espadachines de por medio.</p>
<p><strong>Suena divertido, así que&#8230; ¿cómo se juega?</strong></p>
<p>Los materiales necesarios son un libro donde vengan las instrucciones del juego de rol en cuestión (hay muchos distintos, la mayoría de ellos muy malos, pero ya hablaremos de eso otro día), unas hojas donde los jugadores apuntarán las cualidades del personaje al que representan en la aventura (la fuerza, el carisma, la estupidez&#8230; del personaje de ficción, no del jugador, ojo), lápices y gomas - cuanto más varíen las cantidades de dinero y de vida perdida más interesante el juego, así que borrar y volver a cambiar la ficha está a la orden del día -, y unos dados.</p>
<p>Además, jugar al rol requiere que alguien sea el director de juego (en inglés &#8220;master&#8221;, nombre con claros tintes sadomasoquistas, la cosa empieza bien, ¿eh?). Este será el que se sepa las instrucciones del juego en cuestión, aunque normalmente se las inventa sobre la marcha, como mejor le convenga. Irá explicando a los jugadores por dónde van, con quién se encuentran, y les preguntará qué quieren hacer en cada situación. Según los jugadores elijan una opción u otra, la partida irá variando, como en los libros de &#8220;elige tu propia aventura&#8221;, y al final, pues eso, o han salvado a la doncella y se llevan la pasta, o acaban siendo el aperitivo de algún dragón que &#8220;pasaba por allí&#8221; (táctica muy usada por el director de juego para que nadie gane).</p>
<p>Los dados (¿a que ya se estaban preguntando para qué servirían, eh?) se utilizan para definir aquellas variables de la partida que son aleatorias. ¿Para qué si no, señores?. Por ejemplo, si hay una pelea, algunos personajes serán más fuertes y querrán zurrarse, otros más inteligentes que dirán que es mejor salir por patas, etc. Pero claro, en cada situación siempre hay matices que pueden ocurrir: alguien se puede tropezar y darse de bruces contra el suelo (aquí la Ley de Murphy es un clásico), o fallar el golpe, o darle un guantazo tan certero al bicho que de un plumazo lo matamos.</p>
<p>Estos golpes de suerte (o mala ídem) se suelen definir aleatoriamente con los dados, aunque siempre manteniendo una lógica. Es decir, un personaje que sea como Sylvester Stallone, con mucho músculo y poco cerebro, será capaz de salir mejor parado liándose a tortazos, que intentando convencer a 20 monstruos sedientos de sangre sobre las virtudes de hacer el amor y no la guerra. Y viceversa, un tío con rasgos parecidos al Bill Gates intentará salir de la misma situación con mucha labia (y vaya si la tiene, un engendro como &#8220;Güindows&#8221; está en todos los ordenadores, incluido el mío), porque si no no durará medio asalto. Aun así, siempre hay sitio para la suerte y astucia, y una patada en ciertas partes de Bill a Sylvester en un cuerpo a cuerpo también se podría dar.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/44/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 11.- Los prospectos</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/35</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/35#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 16:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/35</guid>
		<description><![CDATA[La literatura más rentable
Título: Inistón Antitusivo
 Autor: Anónimo, por encargo de la empresa farmaceútica Parke-Davis
 Categoría: Prospecto de medicamento (jarabe para la tos)
 Siglo: XXI
Aunque avalado por el éxito de ventas, el prospecto del Inistón Antitusivo no responde al modelo de texto realizado al son de una moda y con el único objetivo de llegar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La literatura más rentable</h3>
<p><strong>Título</strong>: Inistón Antitusivo<br />
<strong> Autor</strong>: Anónimo, por encargo de la empresa farmaceútica Parke-Davis<br />
<strong> Categoría</strong>: Prospecto de medicamento (jarabe para la tos)<br />
<strong> Siglo</strong>: XXI</p>
<p>Aunque avalado por el éxito de ventas, el prospecto del Inistón Antitusivo no responde al modelo de texto realizado al son de una moda y con el único objetivo de llegar a las masas. Se trata de un escrito bien realizado, por momentos emocionante, y que entronca con la tradición de prospectos clásicos como el de la Aspirina, el del Voltarén Emulgel, Clamoxyl, Tuselín, Nolotil, Rhodogil o Augmentine.</p>
<p>Los alegres colores del logotipo de la marca sirven de introducción para el primer capítulo, dedicado a la ‘composición’. Este pasaje se resuelve con sobriedad y sencillez, evitando los giros barrocos que pueden estropear una sección muchas veces malinterpretada por autores que pretenden complicarla, bien por mera pedantería, bien por un exceso de celo científico.</p>
<p>En el apartado de ‘propiedades’ se produce un desliz propio de principiante. Leemos: “La triprolidina proporciona alivio sintomático en los procesos alérgicos dependientes, total o parcialmente, de la liberación de histamina”. Al margen de la cacofonía en –mente, esta sección tendría que estar mejor explicada. Ese gusto por el término “sintomático” se ha convertido en un cáncer del género, en detrimento de la tradicional expresión “de los síntomas”, y la parte final necesita de una aclaración sobre la histamina. El resto sí responde a los que esperamos, tanto en lo que respecta a la pseudoefedrina como al bromhidrato.</p>
<p>El apartado de ‘indicaciones’ brilla a considerable altura. Combina la explicación científica con la divulgación mediante el uso de paréntesis: “Alivio sintomático de la tos improductiva (tos irritativa y tos nerviosa)…”. Resuelto en poco más de un renglón, este capítulo engancha definitivamente al lector.</p>
<p>La parte dedicada a la ‘posología’ se desarrolla con ritmo hasta que se especifican la dosis para ancianos. Leemos: “… pero sería aconsejable monitorizar la función renal y/o hepática…”. De nuevo la sencillez se topa con un pasaje enrevesado que utiliza un verbo poco ortodoxo (monitorizar) y se decanta por el siempre desaconsejable enlace y/o.</p>
<p>Después de estos fallos, el prospecto recobra brío y encadena tres capítulos impecables, dedicados a las ‘contraindicaciones’, ‘precauciones’ y ‘advertencias’. El pulso narrativo sumerge al lector en un mundo de peligros cotidianos, donde no faltan las exposiciones a componentes dañinos, el riesgo de dopaje o las malformaciones del feto. Si bien se trata de tópicos del género, están distribuidos y contados con oficio.</p>
<p>A partir de ahí se produce un contraste que aleja este texto de otros superventas vacíos de contenido. Esa claridad y excelente acumulación de tópicos descrita hace que el lector se identifique con los protagonistas: la triprolidina, la pseudoefedrina y el bromhidrato. Sin embargo, la sección de ‘interacciones farmacológicas’ se vuelve hermética. No se trata de los errores de divulgación o las explicaciones deficientes de otros apartados. El autor conecta de manera magistral con la antigua hechicería, con los ritos tribales; y lo hace desde la modernidad. El futuro enlaza con el pasado mediante términos como “simpaticomimético” o “efecto hipotensor”, además de siglas como IMAO.</p>
<p>Esta llamada a lo mágico desde una perspectiva actual vuelve a enlazar con los capítulos ‘efectos secundarios’ y ‘sobredosificación y tratamiento’, en la misma línea que ‘contraindicaciones’, ‘precauciones’ y ‘advertencias’, es decir, narrativa de prospecto en estado puro. El interludio oscuro liga ambas partes vibrantes, haciendo las veces de eslabón poético capaz de permitir un descanso y cierta fascinación. En lugar de decaer, la prosa encuentra en ese punto un modo de respirar, de recomponerse ante lo que viene. Y es que ‘efectos secundarios’ y ‘sobredosificación y su tratamiento’ suponen un continuo in crescendo que llega a su cenit con las posibles convulsiones que requerirían la administración de benzodiazepinas por vía rectal.</p>
<p>Tras el desenlace apoteósico, el autor resuelve, como mandan los cánones, con las ‘condiciones de conservación’, la ‘presentación’ –ambas sencillísimas y solventadas con un simple “normales” y dos tipos de envase respectivamente- y el cuadrito indicativo (otro guiño a los clásicos) de que los medicamentos deben mantenerse fuera del alcance de los niños.</p>
<p>En resumen, un texto muy recomendable que a pesar de ciertas lagunas contiene todo lo que se espera del género, desarrollado con una cadencia que va poco a poco atrapando al lector. No podemos hablar de obra magistral o innovadora, pero sí de artesanía de calidad, algo más que suficiente habida cuenta de los derroteros que están tomando los prospectos, cercanos casi todos a la simplonería de las indicaciones explicativas de los botes de cremas de afeitar o llenos de referencias incomprensibles propias de algunos éxitos del campo de las instrucciones de electrodomésticos. Aunque desde hace años asistimos al debate sobre la muerte de los prospectos de medicamentos, algunos como el que nos ocupa demuestran de sobra que todavía quedan historias que contar sin necesidad de grandes alardes.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/35/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 10.- La autoestima</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/36</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/36#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:59:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/36</guid>
		<description><![CDATA[Un amigo de un conocido del vecino la tuvo
- Mi mujer se lió con el perro y ambos se fugaron en mi moto con sidecar, creo que conducía el chucho.
- Usted tiene la autoestima baja, caballero. La autoestima es semejante en algunos aspectos a los estatutos regionales españoles: uno no sabe que la tiene hasta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Un amigo de un conocido del vecino la tuvo</h3>
<p>- Mi mujer se lió con el perro y ambos se fugaron en mi moto con sidecar, creo que conducía el chucho.</p>
<p>- Usted tiene la autoestima baja, caballero. La autoestima es semejante en algunos aspectos a los estatutos regionales españoles: uno no sabe que la tiene hasta que no te dicen que está fatal y que así no vas a ninguna parte. Hasta hace unos años no existía la autoestima. El verbo “estimar” sólo se utilizaba en el encabezamiento de las cartas como medida de cortesía para pedir dinero a alguien (Estimado Sr.) Si la cantidad era considerable ya se empleaba “querer” (Querido amigo). De pronto nace la autoestima y se convierte en un sentimiento universal, mejor dicho, nace su falta o su escasez, ya que nadie la tiene, todos la han perdido, no la han conocido o la tienen baja, o sea, surge directamente en potencia, porque en acto no la ha visto ni la madre que la parió. “¿Dónde está?”, se preguntan acongojadas muchas personas mientras se hurgan en los bolsillos de los pantalones y los vuelven del revés para comprobar si la autoestima se encuentra junto a las misteriosas pelusillas que siempre habitan en ese rincón de la vestimenta.</p>
<p>Tras exprimir el tercer mundo, subyugar al segundo y dar por caso perdido a los chinos hasta nuevo aviso, la gente de la civilización occidental se da cuenta de que no le ha prestado la atención debida a los sentimientos, que disfrutar del fracaso y el dolor ajeno –sin dejan de ser una afición sencilla y humana- puede resultar insuficiente. Cuando se ha esclavizado al resto del orbe llega siempre la pregunta “¿y ahora qué hago?”, y posteriormente la necesaria introspección. Como resultado de ese examen de conciencia generado por el aburrimiento surge el interés por la inteligencia sentimental, una cosa bastante inútil para la tradicional rapiña pero que tiene su importancia cuando se goza de tiempo libre para rellenar los cuestionarios de pareja de las revistas femeninas que vienen con el diario sabatino. El moderno interés por la sensibilidad del alma humana produce destacados análisis sobre asuntos como la felicidad, la ética o la moral, y también sobre otros más importantes como las relaciones, el sexo o cómo soportar al jefe. Esos sesudos ensayos resultan incomprensibles para una sociedad semi-analfabeta, así que pronto degeneran en los libros de autoayuda. Llegan complejas filosofías orientales, que tienen que ser resumidas en versiones portátiles para que puedan enseñarse en un gimnasio al salir del trabajo. Incluso los grandes filósofos griegos renuevan su mensaje, pero pasado por la minipimer de autores oportunistas. Al gin-tonic, al vodka con naranja y al delicioso Dyc-Pepsi (esa ambrosía) le salen durísimos competidores de farmacia, ya que la mujer accede igualitariamente al mundo de la frustración laboral pero todavía es pronto para que se arrastre por la taberna (todo llegará). En resumen: el ser humano se encuentra desubicado. Se llenan las consultas de psiquiatras, psicólogos y de los psicoanalistas que todavía mantienen el chiringuito de trileros.</p>
<p>En ese punto se produce el efecto “caja de supermercado”. Nada pasa en esas cajas si uno compra unos cuantos artículos, pero basta un número moderado para que la cajera, diestra en esas lides, consiga que los productos se deslicen hacia la parte donde están las bolsas de plástico en las que el cliente ha de meterlos. Todos hemos vivido esa pesadilla. El comprador trata de introducir en las bolsas una avalancha velocísima de objetos; como las bolsas permanecen cerradas porque jamás se despegan en los bordes, ya que las fabrica un demente misántropo, toda la compra empieza a acumularse al final de la rampa, como la mierda en un remanso. En un momento determinado, la que podemos llamar víctima comienza a tener movimientos espasmódicos, resultado de tratar de introducir las uñas de una mano en el borde de la primera bolsa para tratar de abrirla mientras se tira del otro borde con la boca (los dientes cubiertos por los labios para no dañarla), a la par que se lleva la mano libre a la cartera para pagar mientras los ojos solicitan piedad, pues la compra del siguiente cliente también está llegando con la misma celeridad. Una encuesta realizada por Definitivoscopia demostró que casi todos los afectados deseaban una sóla cosa en esos momentos: un saco.</p>
<p>De esta situación se percataron pronto los psi (quiatras, cólogos, coanalistas). Hasta que el homo sapiens empezó a descentrarse tantísismo se daban al diván con cierto sosiego. De pronto, vía angustia vital generalizada, los cuatro locos que trataban se transforman en hordas que dan la vuelta a la manzana. Todos quieren alivio, y lo quieren ya. Surge un dilema en ese campo profesional. Las buenas prácticas requieren dedicación al enfermo. La gallina de los huevos de oro pide rentabilidad.</p>
<p>- ¿Qué tenemos hoy Gertrudis?</p>
<p>- En la consulta cuatro maníacos-depresivos, siete depresivos endógenos, cinco exógenos y 17 personas por diagnosticar. En las escaleras he colocado a los clientes más antiguos, esquizofrénicos y paranoicos, que ya conocen a la portera y los vecinos. Desde el portal hasta la frutería los que tienen fobias y miedos variados. A los de las adicciones los he mandado al bar para que se distraigan con las tragaperras, que luego los avisamos. A los de tendencias suicidas les he dicho que se vayan a la azotea, como estamos tan cargados…</p>
<p>Ganó la gallina de los huevos de oro por goleada. Para dar abasto se echa mano de la autoestima, saco en el que cabe toda esta demanda de alivio mental que se desliza rápidamente por la rampa de la caja del supermercado del alma humana (metáfora extendida, la versión reducida se corta en “mental”):</p>
<p>- Verá, doctor, a veces noto una opresión…</p>
<p>- Tiene usted la autoestima bajo mínimos, ¡siguiente! La conclusión, pues al fin y al cabo este es un artículo de orientación laboral, es que si quieren dedicarse a un negocio rentable, el sector “psi” está en auge. Seguimos sin embargo recomendando que pongan en marcha una ong, que no piden título de nada, te la monta el gobierno autonómico y tiene los mismos efectos en la conciencia que un Orphidal recetado por los profesionales del sector comentado.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/36/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 9.- Siglas y Acrónimos</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/43</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/43#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:58:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/43</guid>
		<description><![CDATA[P.E.M. (Pues Eso Mismo)
La UCO es la Universidad de Córdoba,  también la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil; PC su ordenador, el partido al que pertenece su carnet en caso de ser rojeras, o Producciones Cuesta, donde por un módico precio puede conseguir que le graben la boda de su hermana. Desde el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">P.E.M. (Pues Eso Mismo)</h3>
<p>La UCO es la Universidad de Córdoba,  también la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil; PC su ordenador, el partido al que pertenece su carnet en caso de ser rojeras, o Producciones Cuesta, donde por un módico precio puede conseguir que le graben la boda de su hermana. Desde el SPQR (senatus populusque romanus) hasta el ovni que cualquier persona de bien ha visto alguna noche, las siglas y acrónimos se han reproducido con tanta celeridad que deberían considerarse los roedores del vocabulario. Ponga usted en una madriguera a un acrónimo en celo y una sigla en edad de merecer y tendrá que llamar a los de la BBC (British Broadcasting Corporation) para que manden a una unidad ENG (Electronic News Gathering o Pardillo con la Cámara al Hombro y el Trípode de Diez Kilos en el Otro) que filme un documento para el IWFF (Festival Internacional de cine sobre Vida Silvestre). Cuando gane su premio podrá, como los grandes, colocarlo en el WC (o LACR: lugar anteriormente conocido como retrete).</p>
<p>Desde los EEUU a la UE pasando por todos los países de la antigua URSS y hasta Sri Lanka (si esto no son siglas que venga Dios y lo vea), el producto característico de la humanidad, aquello que les quedará a los uranianos en un DVD o acaso CD cuando la próxima guerra mundial –provocada seguramente por la discusión acerca de una falta dudosa en un campeonato de Europa- deje esto hecho un desierto poblado por escarabajos, serán tales palabrejas confeccionadas con retales de otras. Exageramos, también se encontrarían esos extraterrestres con ingentes cantidades de RS (residuos sólidos o, añadiremos, quizá no tanto), o sea, de mierda, nuestro artículo estrella.</p>
<p>El origen de las siglas hay que buscarlo, como el origen de tantas otras cosas, en la pereza humana. El hombre siempre ha tendido al laconismo en la comunicación, con el objetivo de decir lo mismo con menos. De ahí el prestigio que tiene la telepatía, único modo de decirle “ven acá p’acá” al retoño sin necesidad de que el emisor tenga que levantarse, andar, vociferar y guantear al receptor. Desde muy pronto, y situamos este periodo “próntico” en las sociedades de cazadores y recolectores para obtener solera antropológica, nuestra especie ha buscado la palabra certera para poder pasar más tiempo pensando en fornicar. Si consideramos que el comienzo del lenguaje se basa en las onomatopeyas (el sonido de los pasos a la carrera de un alosaurio hambriento derivaron, por ejemplo, en hostiatú) no es de extrañar que cuando se complicaron dando lugar a la asignatura de lengua, los primitivos filólogos, antes de reunirse todos en torno a ERC, inventasen las siglas, puesto que funcionan a modo de onomatopeyas de onomatopeyas, es decir, hagamos una palabra que suene a otras cuatro que teníamos por aquí. Posteriormente, e imbricadas con la propaganda, esas siglas y acrónimos se emplearon para publicitar el poder, bien por la vía de acojonar al personal (el comentado SPQR en los estandartes), bien por la vía de acojonar al personal más todavía (multitud de solemnes latinajos eclesiásticos).</p>
<p>Llegamos así a los siglos XVIII y XIX, donde el que no hacía una revolución era porque no quería. Había entonces quien se levantaba y se iba a una revolución burguesa por la mañana temprano, participaba en la industrial a mediodía y tomaba cinco o seis bastillas por la noche. Y aún así le quedaba tiempo para invadir Prusia un rato. En esa época tan activa, los resortes de la propaganda del poder se alían con los incipientes medios de comunicación y una internacionalización del mercado hasta entonces desconocida. Nacen los primeros ‘spot’, entonces impresos en gacetas, frascos o cajas, y las precursoras de las empresas modernas se percatan de la importancia que tiene un mensaje corto e impactante para promocionar sus productos. Muchas de ellas se bautizan con unas siglas atractivas o que resuman su actividad. A su vez, se complica la burocracia debido al nacimiento de los Estados en el sentido actual: los 300 formularios que había que rellenar evolucionan hasta los 1.050 para echar una pre-solicitud cualesquiera. Esto se acompaña de multitud de organismos gubernamentales, con sus respectivos suborganismos, sus viceorganismos y los co-organismos necesarios. Para denominar sus funciones –y una vez se ha comprobado que carecen de ellas ocultar tal hecho- se emplean también las siglas. No olvidemos tampoco a los partidos políticos.</p>
<p>Llega el siglo XX y con él la conquista del mundo por parte de la radio y la televisión. Siglas y acrónimos se multiplican por motivos de imagen y prestigio. Queda mejor  Frasolpeca que Francisco Soldevilla, peluquería de caballeros. El vil metal pasa a ser VM en un siglo de las siglas cuya última década da a (contra)luz a esa dictadura que nos asuela y sirve de hilo conductor en este Manual del Siglo XXI: la corrección política.</p>
<p>La corrección política añade un matiz importante al uso de siglas. Ya no resultan necesarias tan sólo para comunicar fácilmente o hacer publicidad. La sigla va más allá, hasta convertirse en entidad independiente (EI), en acrónimo universal desde el momento de su concepción, en nombre con toda su nombradía por la gracia de Don Laico. Su propósito: manipular la realidad desde el lenguaje, siempre mediante el eufemismo o el rodeo de palabras. Así, una ETT (empresa de trabajo temporal) roba menos que una ETP (empresa de tráfico de parados); una trabajadora del sexo es menos puta que Rita, pero todavía menos resulta una TS; ya no basta con letras, la I+D+I necesita microscopios más gordos que la simple investigación. Por eso las siglas demandan habitualmente tantas subvenciones. Por supuesto la ayuda tiene que conocerse por unas siglas. Un dinerillo viene siempre bien, pero unos fondos CHORRER bastante mejor. ¿Para qué utilizar unas siglas que magnifiquen el producto si pueden ser parte del producto? Una cucaracha es inadmisible en un bar, pero a un MOTPFSP (Mobiliario Orgánico de Taberna en Pequeño Formato de Seis Patas) hasta lo adoptamos.  La ocultación de la realidad bajo las capas del venenoso almíbar de la corrección política genera pingües beneficios.</p>
<p>Abrimos envenenados la conclusión apocalíptica. Vemos contrabando de siglas. Vemos siglas tan complicadas que se necesitarán siglas de siglas. En 3025, un acrónimo tomará conciencia de sí mismo. En 3027 contará con plena autonomía síglica. En 3029 será capaz de emitir sus propios acrónimos. Un año más tarde controlará todas las siglas y acrónimos existentes. Algunas abreviaturas se pondrán de su parte. La guerra contra las siglas se inicia en 3033. La humanidad queda exterminada y el planeta Tierra se convierte en PT.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/43/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 8.- Psicólogos en el lugar de la catástrofe</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/42</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/42#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:54:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/42</guid>
		<description><![CDATA[Ánimo y buen rollito rodeados de vísceras
Tras el merecido descanso de dios al séptimo día y el esplendor y ocaso de una serie de civilizaciones variopintas (consideremos esto un resumen histórico a modo de introducción), nace la profesión de psiquiatra, que consiste en tratar a todo aquel que tiene dificultades anímicas para desempeñar los quehaceres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Ánimo y buen rollito rodeados de vísceras</h3>
<p>Tras el merecido descanso de dios al séptimo día y el esplendor y ocaso de una serie de civilizaciones variopintas (consideremos esto un resumen histórico a modo de introducción), nace la profesión de psiquiatra, que consiste en tratar a todo aquel que tiene dificultades anímicas para desempeñar los quehaceres cotidianos, tales como ir a trabajar, relacionarse con el prójimo (donde se incluyen desde algunos problemas derivados de un carácter huraño hasta la decapitación de la vecina), sobrellevar los sentimientos contradictorios promovidos por las más estúpidas religiones o, simplemente, aguantar con estilo alguna tara mental provocada por cualquier tipo de golpe, enfermedad, caída en marmita de poción mágica cuando se era pequeño o gen defectuoso de fábrica. El psiquiatra es un médico y por tanto tiene conocimientos suficientes para torturar sabiendo lo que hace, así que puede recetar cócteles de fármacos que harían dormir a un brontosaurio (antes de que se extinguiesen), trepanar, y practicar lobotomías con una base sólida sin tener que estar todo el rato mirando las instrucciones. Su objetivo básico es evitar el suicidio del paciente o precipitarlo hacia el mismo, pero impidiendo siempre que el infortunado aúlle a la luna o interprete el papel de Napoleón, actividades que hacen perder riqueza a un país, ya sea porque el enfermo no colabora con el sistema laboral o porque encima genera gastos extras al tener que mantenerlo vivo en alguna institución.</p>
<p>Mientras esto pasaba, la psicología era la parte de la filosofía que trataba de las cosas del alma. Con el auge de los divanes a finales del siglo XIX y principios del XX, algunos cerebros preclaros deciden que esta disciplina también puede aliviar los dolores del espíritu de una forma semejante a la psiquiatría, pero sin operar, que de eso no tenían ni idea, ni recetar somníferos y antidepresivos, que de eso tampoco. Las soluciones médicas quedan sustituidas por todo el legado de sapiencia que tenía la filosofía, con todos sus defectos, como no tener base científica alguna, pero también con todas sus virtudes, como…, como…, como… Pero también con todas sus virtudes. El psicólogo quedaba así convertido en una suerte de pseudopsiquiatra (y tantas “pes” antes de “ese” nunca pueden ser buenas) cuyas recetas se basan en dar palmadas en la espalda, hacer las veces de cura o amigo (que viene a ser lo mismo en la mayoría de las ocasiones) o aliviar los problemas del paciente cansándolo con preguntas de psicólogo, es decir, con aquellas que transforman en interrogante lo último que ha dicho la persona que acude a su consulta:</p>
<p>ENFERMO: … y noto como que me hundo más y más y más, y no puedo salir, y me asfixio.<br />
PSICÓLOGO: ¿Se asfixia?<br />
ENFERMO: Sí, noto como una sensación bestial de asfixia.<br />
PSICÓLOGO: ¿De asfixia?<br />
ENFERMO: Sí, una opresión física en el cuello, en el estómago, como si me estrangularan, como si me golpearan y me dejasen sin respiración.<br />
PSICÓLOGO: ¿Sin respiración?</p>
<p>Todo esto no es demasiado grave, pues la gente puede gastar su dinero como quiera, y para mitigar la amargura lo mismo sirve la taberna, el curso de yoga, la pitonisa de la esquina o el barranquismo extremo con una sola mano.</p>
<p>No obstante, a principios del siglo XXI, y con los medios de comunicación ejerciendo de máximos mandatarios del orbe, alguna noticia de sucesos con sangre, destrozos y todos sus avíos, menciona de pasada que algunos voluntariosos psicólogos han acudido a la llamada de algún bienintencionado responsable de la administración, que creyó en ese momento que estos profesionales podían aliviar a los familiares de las víctimas de, pongamos por caso, un accidente de tráfico masivo con autobús incluido. Desde entonces, y gracias a la regla de “todo lo que sale en los medios no sólo es lo que existe sino que se lleva haciendo desde siempre”, se empieza a considerar correcto que hordas de psicólogos en paro de veintitantos años salten a la chepa de cualquier ser humano que vaya a reconocer el cadáver de un ser querido o que llore una desgracia tras una catástrofe natural, un atentado terrorista o un accidente como el del ejemplo, que tiene que tener la condición de afectar a muchas personas. A veces, los tanatorios u hospitales tienen más “psicólogos espontáneos” que familiares, víctimas, buitres de los medios de comunicación, médicos, políticos de postín y ácaros de la zona juntos. Ahora, cada vez que un desgraciado acontecimiento produce varias muertes, el movimiento de tropas de psicólogos de aquí para allá puede hacer que una región se desnivele y se hunda un poquitín más en el mar por un extremo, nivelándose a la carnicería siguiente cuando estos ejércitos van para el otro lado.</p>
<p>Esta costumbre resulta muy ventajosa para los medios de comunicación, que así siempre tienen la “subnoticia” del asunto de los psicólogos en cualquier suceso de ese jaez. Pero también se benefician los políticos, que pueden exteriorizar de una manera facilona su preocupación por las víctimas, e incluso los propios psicólogos, que deben hacer las prácticas en algún sitio al tratarse de una carrera masificada (y encima con la posibilidad de salir en la tele).</p>
<p>Cuenta una reciente leyenda urbana que bandas de psicólogos esperan agazapados en los arcenes de la carretera después de llenar de aceite la pista para atender a los accidentados de manera inmediata, siguiendo así un rito que parece ancestral desde que salió hace dos o tres años en el telediario. Su propósito principal es preguntarle a quien haya perdido todas sus extremidades: “¿cómo se siente?”</p>
<p>Al margen de leyendas, la corrección política imperante hace que no se pueda luchar contra la proliferación de psicólogos en momentos donde hace más falta una actuación eficaz -que permita a víctimas y allegados pasar cuanto antes por determinadas situaciones- que la obligatoria utilización del machete por parte de los familiares para así poder llegar, verbigracia, a la habitación del hospital donde está su ser querido sin sufrir el asalto de estos pertinaces profesionales armados con divanes portátiles.</p>
<p>Mucho nos tememos que ya es demasiado tarde. Miren debajo de la cama al acostarse por si hubiera un psicólogo presto a analizar sus sueños para obtener créditos y aprobar la última asignatura que le queda antes de titularse y pasar a ser dependiente de la sección de informática de El Corte Inglés. Sabrán que es uno de ellos si al preguntarle “¿qué hace usted aquí?” responde: “¿usted aquí?”.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/42/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 7.- Las Batucadas</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/41</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/41#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:49:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/41</guid>
		<description><![CDATA[Los decibelios de la interculturalidad
Las ciudades modernas, al igual que organismos gigantescos, sudan, defecan, eructan, orinan y escupen todo tipo de detritus agrupados en poluciones y contaminaciones a la carta, entre ellas la acústica, que nosotros, acongojadas criaturas, tenemos que soportar porque en el espacio exterior hay que aguantar demasiado la respiración como para que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Los decibelios de la interculturalidad</h3>
<p>Las ciudades modernas, al igual que organismos gigantescos, sudan, defecan, eructan, orinan y escupen todo tipo de detritus agrupados en poluciones y contaminaciones a la carta, entre ellas la acústica, que nosotros, acongojadas criaturas, tenemos que soportar porque en el espacio exterior hay que aguantar demasiado la respiración como para que se esté como en casa (y además hace rasca). La mayoría de los ruidos proceden de la frenética labor interna de lo que se ha dado en llamar estado del bienestar, cuyo nombre produce escalofríos ante la posibilidad de que exista otro del malestar aún más insoportable para los oídos.</p>
<p>El engranaje, los mecanismos, las tuercas, tornillos y émbolos de este modo de vida generan suficiente estrépito como para preferir a veces la muerte o, en su defecto, al mismísimo Manolo el del Bombo golpeando nuestro propio yunque con nuestro propio martillo tras habernos abierto delicadamente uno de los lados del cráneo tirando de la oreja.</p>
<p>Estas excrecencias sonoras procedentes de la vida y el sinvivir humano se aceptan con entereza, pues están ligadas a la subsistencia o a lo que nos creemos que es eso, pero no contentos con provocar sorderas a largo plazo tratamos de acelerar el proceso con actividades lúdicas que nos vuelvan locos cuanto antes.</p>
<p>Hasta ahora, dichas actividades demenciales se mantenían en espacios adecuados para ellas (por ejemplo, un concierto de heavy o una función de ópera) o bien se ajustaban a unas fechas determinadas (por ejemplo, una feria o un festejo de esos en los que te persiguen las reses). Había excepciones, como la tuna (que era algo ocasional de todos modos) o los habitantes de la Comunidad Valenciana (que consideran la pólvora como plato típico y a la mínima lanzan un cohete, pues, como sabemos, tienen los bolsillos repletos de ellos).</p>
<p>Un día cualquiera de un mes cualquiera de no hace mucho, y merced a ese concepto tan en boga de la interculturalidad (que viene a ser algo así como que todos somos hermanos de aquel que está tres metros más allá del convecino siempre y cuando no se acerque a menos de dos), la gente decide que es ciudadana del mundo, y sobre todo brasileña. Esto condujo en un principio a la desenfrenada práctica de la capoeira, un arte marcial que no serviría ni para darle una colleja a Bud Spencer (al de ahora), pero que descoyuntar, lo que se dice descoyuntar, descoyunta bastante, normalmente al estudiante de ESO o filosofía que la practica. Cuando las lesiones fueron suficientes como para volver a las mañas del más tradicional tae-kwon-do (que sirve para dejarse robar por la calle con mucha seguridad en uno mismo) los brasileños vocacionales se percataron de que era más fácil tocar el tambor.</p>
<p>A partir de entonces, y para alborozo de todos, pandas de jovenzuelos y de cuarentones y cincuentones en regresión se lanzan al mundo de la batucada, o sea, a hacer chin pum y tam tam con una coartada cultural que les permite actuar impunemente en cualquier calle y parque y a la hora que sea.</p>
<p>Las melodías que emanan de sus percusiones se asemejan a las de aquellos indígenas que hacían alarmarse a Tarzán y exclamar pachi-pachi-yuyu, pero a pesar de eso hay concursos, encuentros y toda clase de reuniones festivas en torno a las batucadas. Por supuesto, cualquier parecido con las de Brasil es pura coincidencia, pero en la interculturalidad lo que cuenta es la intención. Así que si un grupo de tamborileros formado por universitarios de greñas a lo rasta y funcionarios a punto de prejubilarse impide su siesta, deje a un lado esos iracundos pensamientos relacionados con dolorosas introducciones de instrumentos por orificios poco aptos para ese hábito y comulgue espiritualmente con ellos, haciendo así que el nervio auditivo trascienda y se eleve más allá de su estúpida condición material buscando nuevas fronteras sensoriales. O eso o lánceles un huevo o un cubo de agua desde la ventana, como se ha hecho toda la vida.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/41/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 6.- El Tunning</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/40</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/40#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:45:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/40</guid>
		<description><![CDATA[Aquellos chalados en sus chungos cacharros
Hace no tanto tiempo, una persona que osara tener un muñequito peludo colgado del retrovisor del coche era puesta inmediatamente a merced de la justicia popular -esa tan aficionada a los linchamientos, a la astrología, a ensalzar o deponer reyes, pero tan sabia en el fondo- que con muecas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Aquellos chalados en sus chungos cacharros</h3>
<p>Hace no tanto tiempo, una persona que osara tener un muñequito peludo colgado del retrovisor del coche era puesta inmediatamente a merced de la justicia popular -esa tan aficionada a los linchamientos, a la astrología, a ensalzar o deponer reyes, pero tan sabia en el fondo- que con muecas de desprecio y gestos que manifestaban inequívocamente el rechazo a tal costumbre, clasificaba al humano en cuestión dentro de la familia de los horteras. Si además esa persona tenía puesta la música de Tijeritas a toda pastilla con las ventanillas bajadas, la clasificación era más exhaustiva: familia de los horteras, orden de los macarras. Es más, si muñequito y Tijeritas iban acompañados de cierta estética con camisas desabotonadas y pelonpechoforthegirls, la clasificación llegaba al suborden, en este caso de los choriguolkins. Esta voluntad científica que podemos denominar “taxonomía del pueblo”, permitía establecer una frontera que si bien se podía traspasar, dejaba claro dónde estaban los ciudadanos de provecho que ponen cada día su granito de arena para que la sociedad española pueda recuperar al menos parte del espíritu imperial perdido, y dónde las hordas de hunos que niegan la grandeza de esta nación con sus hábitos simiescos.</p>
<p>En un momento determinado de las postrimerías del siglo XX, una mente sin escrúpulos descubre que la abundancia de macarras y el proceso de rejuvenecimiento de ese grupo (donde el melenudo con peinado a lo mullet y pinta de palmero cede su presencia al adolescente pastillero y pelopincho) los hace idóneos como consumidores. La corrección política que emana de las estructuras económicas se pone entonces en marcha para hacer bueno lo que antes era malo y permitir el intercambio comercial, o lo que es lo mismo, por qué lo llaman macarra cuando quieren decir personalización. Con los eufemismos a punto y los ejecutivos salivando ante las perspectivas, nace el tunning (cuya raíz proviene de tunante), una exacerbación de aquel entrañable muñequito colgado del retrovisor que desemboca en todo un mundo de artículos cuyo objetivo es convertir al coche en un reflejo perfecto de lo que su dueño tiene en ese desierto que va del bulbo raquídeo al hueso frontal.</p>
<p>Las connotaciones negativas que rodeaban al mundo de los macarras hacen que el tunning se inicie de forma tímida. Al principio sólo los alerones de algunos vehículos (que pretenden que el troncomóvil se transforme en Halcón Milenario con la simple adición de un pedazo de hierro) hacían prever lo que vendría más tarde. Quizá apareciese el acompañamiento de algunas pegatinas, acaso el del leve trucaje del motor (que pasaba a sonar como un anciano asmático que, en plena agonía, se aferra a la solapa del primogénito que lo heredará todo sin haber dado un palo al agua), pero el asunto se mantenía dentro de unos márgenes aceptables. En ese momento, las primeras generaciones que sufrían los perniciosos efectos de la Logse entran en la auto-escuela completamente lobotomizados y prestos para acceder al maravilloso mundo de los complementos, en este caso del motor, pero también de los ordenadores, los teléfonos móviles etc. Esta generación cunda-chunda toma el relevo de los incipientes bakalaeros y hace añorar a los viejos flamenquitos de pilosos pectorales y cadenas con baño de oro.</p>
<p>El fenómeno se hace ya imparable. La fantasía del tunning transforma multitud de turismos en bólidos cuya única misión es obtener energía del trasiego de sangre que circula por las cada vez más sonrojadas mejillas de los espectadores que asisten atónitos a su paso. Se pueden distinguir fundamentalmente dos tipos de coche tunnig por las urbes hispanas:</p>
<p><strong>a) Pajares-Esteso Tobacco Road.-</strong> Se trata de coches que parten ya de un modelo con color chillón, por ejemplo amarillo, y que van decorándose como árboles de Navidad, respetando mucho la carrocería. Nos encontramos, por ejemplo, con adminículos como tubos fluorescentes de color morado que se iluminan al frenar o adhesivos que transforman el techo en una suerte de mapa de las estrellas con marcianitos incluidos. Apenas se modifican por fuera, salvo algún distintivo, y su motor puede retocarse a veces para que suene más varonil. Lo curioso es que estos macarras suelen burlarse de los que estudiaremos a continuación, normalmente con la expresión: “vaya chorizos”. Como vemos, entre ellos también hay clases.</p>
<p><strong>b) Pedro Duque Tarragona-Huelva Highway.-</strong> Aquí ya no hay contención. Alerones de varias clases (a veces superpuestos), cosas que cuelgan de todos lados, modificaciones de motor cada tres semanas, pinturas variadas capaces de acabar con cualquier pupila, accesorios para cuya definición se necesitaría otro idioma… del modelo original sólo queda el pago de las letras al banco. El objetivo de estos personajes es llegar a Marte tras una aceleración de cuatro segundos y llamando la atención todo lo posible. Necesitan ser queridos por la sociedad que tanto los ha maltratado, y para ello irradian amor con la forma de contaminación acústica y poluciones surtidas, como avecillas que reclamasen los cuidados de su atribulada mamá.</p>
<p>En un alarde de riesgo y profesionalidad, los micrófonos de LPD se han introducido en un antro dedicado al tunning. Ofrecemos parte de este trabajo de investigación, concretamente un pasaje del diálogo establecido entre comprador y dependiente que creemos de gran valor antropológico:</p>
<p>COMPRADOR: Joder, ostia, estas ventrescas molan que te cagas…<br />
DEPENDIENTE: Ya te digo, se las pones a las funlleiras y el coche ayambona mucho más, vamos, ayambona de la ostia.<br />
COMPRADOR: Molan mazo. Pero mazo, mazo. Pero mi buga ayambona que te pasas, si le pongo estas ventrescas a lo mejor me cargo las funlleiras o se joden al rozar con los gorgoritos.<br />
DEPENDIENTE: ¿Pero has puesto gorgoritos teniendo funlleiras? Si ayambonas tres cuartos se puede ir todo al puto nabo, joder, mi hermano ayambonó menos de tres cuartos y afurró casi todos los gorgoritos, y, claro, los patucos a la mierda por la vía rápida.<br />
COMPRADOR: Pero coño, ostia puta, con patucos y funlleiras no se puede ayambonar si un polondro .<br />
DEPENDIENTE: Joder, pero tenía los patucos ventilados, y estaba ayambonando sin pisar el tornador.<br />
COMPRADOR: Ostia, qué putada, así pondría las salatas a tomar por culo.<br />
DEPENDIENTE: Imagina, las salatas al carajo, por eso te digo lo de las ventrescas.<br />
COMPRADOR: Me cago en la puta…</p>
<p>Por todo ello, y con los tímpanos reventados por la música maquinera que sale de los vehículos de los chicos tunningsexuales, hacemos un llamamiento de solidaridad para que los lectores colaboren en la campaña de recogida de firmas que permitirá conseguir alguna subvención para la recién creada Fundación Tijeritas (para la recuperación del choro patrio). Envíen también aquí sus donaciones. Gracias.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/40/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 5.- El método Pilates</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/39</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/39#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:36:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/39</guid>
		<description><![CDATA[La democratización de la tortura
La historia de la humanidad se divide realmente en dos: la época de al pan pan y al vino vino, y el resto p’alante. En la primera era de la humanidad las cosas estaban claras, el guerrero repartía mandobles, el sacerdote embaucaba, los nobles abusaban, la plebe obedecía. Eran tiempos, vistos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La democratización de la tortura</h3>
<p>La historia de la humanidad se divide realmente en dos: la época de al pan pan y al vino vino, y el resto p’alante. En la primera era de la humanidad las cosas estaban claras, el guerrero repartía mandobles, el sacerdote embaucaba, los nobles abusaban, la plebe obedecía. Eran tiempos, vistos desde la perspectiva de hoy, algo injustos y pelín antihigiénicos (se bañaban en los equinoccios y solsticios solamente), pero eso sí, nada confusos. El tipo que nacía débil o con achaques podía dedicarse a una serie de profesiones que le venían como anillo al dedo: esclavo, bufón, monstruo para la exhibición ambulante, pordiosero, buhonero, auxiliar de trovador o erudito. En casos extremos incluso podía ser despedazado en público, una forma de perecer algo rústica, aunque mejor que coger la peste bubónica. Con el romanticismo, y tras siglos de insistencia cristiana, los valores se invierten y la debilidad empieza a verse no como un impedimento, sino como algo bueno, lo que termina en la revolución del populacho. Es en ese desgraciado momento cuando los débiles toman posesión del mundo con una tiranía solapada. No es ya sólo que gobiernen, que es lo de menos porque es un trabajo al alcance de cualquiera, sino que su dictadura se extiende por los sitios más insospechados.</p>
<p>Lo ilustraré con un ejemplo, el de Jigoro Kano. Este japonés de constitución débil no hubiera pasado de la adolescencia en el primer periodo humano. La espada de un samurai o un buen revés de su madre lo hubieran impedido. No obstante, en el Japón del siglo XIX, tuvo la oportunidad de convertirse en erudito. Aquí hay otra diferencia entre las mencionadas eras del hombre. Los eruditos de la primera época, conscientes de su debilidad, aportaban algo bueno para el resto: un invento, un ungüento, un avance científico. Querían hacerse fuertes con eso, ser aceptados por el escalafón superior más vigoroso. Después del romanticismo sucede lo contrario, el débil que se dedica a la erudición martiriza al resto para hacerlo su igual. Así, el sensei Kano confeccionó el judo a partir de otras artes marciales de machos como dios manda, debilitando no sólo estas disciplinas de combate, sino abriendo las puertas a una particular tortura infantil.</p>
<p>Generaciones de niños españoles (y hablan ahora de globalización) fueron reducidas durante los años ochenta a un amasijo de carne tirada en un tatami. Los niños hacían pronto la comunión, a los siete años. En cuanto, vestidos de marineros, tenían la hostia en la boca, se les quitaba el uniforme de grumete y, con un paternal empellón, se les metía en el gimnasio ataviados con un kimono. El niño miraba alrededor, veía congéneres en su misma situación y a un tipo gigantesco con un cinturón negro. Entonces, el infante decía “jope” (una expresión de inocencia que equivale más o menos al adulto “esto no es lo que hablamos”). Tras unos meses de insólitos castigos donde la tortura reina consistía en un eufemismo que atendía a la denominación “aprender a caer” y que en realidad consistía en golpear el piso con los dientes, el niño, transformado ya en prematuro tullido a imagen y semejanza de Kano, tenía que abandonar esa disciplina con su cinturón amarillo-naranja (sólo algunos niños caracterizados por una agresividad exacerbada podían alcanzar el naranja e incluso seguir, habían nacido para el dolor y la esclavitud; son los modernos auditores y asesores). Aún así, este proceso de igualdad en la debilidad no conseguía alcanzar a los pocos reductos aristocráticos que quedaban. Los herederos del antiguo régimen seguían fieles al kárate y al jiu-jitsu.</p>
<p>Pero las tornas han cambiado. El ejemplo que lo demuestra es el método Pilates, un sistema de gimnasia inventado por Joseph Pilates a mediados del siglo XX (aprendamos algo de una vez: hay que huir con la misma velocidad tanto de los síndromes con nombre de persona como de los métodos). Pilates era un niño reumático y con asma, que decidió cultivar su físico y, cómo no, darse a la erudición. Tal método consiste en una especie de ejercicios realizados en complicados aparatos mecánicos de una manera lenta y controlada. Su objetivo es moldear el cuerpo equilibradamente. En principio, estos ejercicios servían para la rehabilitación de algunos enfermos, después para el fortalecimiento de los ligamentos de los bailarines y por último, para todo el mundo, ya que actualmente se considera a esta gimnasia como la panacea anti-agobio, anti-adipocitos, anti-envejecimiento y anti-todo. El pensamiento de Pilates, más avanzado que el de su precursor Kano en esta filosofía del tormento total, se ha colado por las rendijas de la corrección política imperante hasta las mismas elites gracias a varios factores:</p>
<p>Los aparatos son muy monos.- Las máquinas necesarias para practicar la gimnasia inventada por Pilates son realmente decorativas. Se trata de instrumentos para el suplicio con maderas y cuerdas que quedan muy bien en esos clubes de fitness inmensos que ahora están de moda y donde el diseño es lo que manda.</p>
<p>La gimnasia es complicada.- La dificultad para hacer bien la gimnasia Pilates sin lesionarse uno mismo hace necesaria la participación de un entrenador personal que te lesione de manera personalizada, con lo que el método conecta con la raíz de la corrección política en su ámbito deportivo. Los miembros del populacho que pagan a un personaje de éstos se creen más cerca de la aristocracia. A su vez, los aristócratas que tienen su monitor de Pilates se sienten más cerca del pueblo. Los reductos de la antigua pujanza quedan así eliminados al acercar los extremos por la vía de la camiseta de tirantes sudada.</p>
<p>La gimnasia es tranquila.- El método Pilates apuesta por los movimientos controlados, lo que le da un aura de gimnasia pasiva y, por tanto, para todos. En esta gran segunda era de la humanidad muchos han sido los intentos por desarrollar una gimnasia pasiva que permitiera al conjunto de los seres humanos estar igual de flojos. Incluso con ese mismo nombre, gimnasia pasiva, se popularizó una serie de ejercicios de rehabilitación durante los años ochenta, resultando al final tan pasiva, tan pasiva, que sus practicantes terminaban asemejándose a uno de los seres más pasivos que hay: la vaca. Por ahora, el Pilates es lo más cerca que ha logrado acercarse la gimnasia al sueño.</p>
<p>Lo hacen los famosos.- Para practicar la gimnasia Pilates no es necesario estar en forma, por lo que a ella se han adherido muchos actores y actrices famosos, uno de los sectores de la población con el hígado, las neuronas y las vértebras más desgastadas debido al alcoholismo y la adicción a la coca y al sexo. Sus maltrechos organismos sólo admiten un tipo de deporte suave, y éste resulta idóneo. La plebe, deslumbrada por el glamour de esta panda de drogatas, identifica al método Pilates con un halo de sostificación.</p>
<p>Las revistas de mujeres-mujeres lo publicitan.- En tiempos de mundialización, la revistas de mujeres-mujeres tratan de globalizar todo el comportamiento femenino, abarcándolo desde el colodrillo al talón, o sea, desde las mechas a los tacones (para globalizar a los hombres ya saben que está el Marca). En estas publicaciones, el método Pilates se ha hecho fuerte como aglutinador de toda una serie de virtudes que definen a la mujer-mujer contemporánea, donde destaca la ‘adaptabilidad’ (capacidad para trabajar doce horas, pagar una hipoteca, criar un hijo, criar un marido, mantenerse en forma y viajar con la pareja a lugares exóticos; en el caso del método de Pilates se refleja en la posibilidad de acomodarlo a sus necesidades). No hay revista femenina-femenina que se precie sin Pilates.</p>
<p>Todos estas características han logrado llevar la cultura física de la debilidad a todos los estratos sociales, algo que parecía impensable hace poco. Pero el autoritarismo de la corrección política exige que los ciudadanos luzcan los mismos collarines, que pronto pasarán a ser parte del vestuario y paseados en las pasarelas como una tendencia primavera-verano más. Ni la mismísima Inquisición hizo tanto por universalizar el potro.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/39/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 4.- Los animadores culturales</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/38</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/38#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:32:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/38</guid>
		<description><![CDATA[Pedagogía para el nene y la nena
Están por todos lados, han conquistado cada capa de la sociedad. Los encuentras en el campo del arte, en la literatura, en el de las organizaciones ciudadanas, en los colegios, en algunas áreas de los ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos. Nos han invadido como una horda silenciosa. No paran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Pedagogía para el nene y la nena</h3>
<p>Están por todos lados, han conquistado cada capa de la sociedad. Los encuentras en el campo del arte, en la literatura, en el de las organizaciones ciudadanas, en los colegios, en algunas áreas de los ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos. Nos han invadido como una horda silenciosa. No paran de dar saltos y de gesticular de un modo simiesco e inquietante. Son la vanguardia institucionalizada del buen rollo: los animadores culturales.</p>
<p>En una época más viril que ésta, un animador cultural hubiera sido inmediatamente lanzado a las fieras o a los tiburones, previa amputación de sus miembros, pero ahora tales personajes han llegado a constituir hasta uno de los sectores laborales en alza. La misión de un animador cultural es hacer llegar a un grupo de personas una determinada disciplina, pervirtiéndola hasta límites insospechados con tal de hacerla accesible y divertida.</p>
<p>Unos ejemplos. Si el animador cultural trata de transmitir una serie de valores solidarios, recurrirá a dar pataditas de capoeira o a los juegos malabares como representación de las culturas (y puede llegar a hacer todo esto, con el mayor descaro, en barriadas marginales o incluso zonas del tercer mundo, donde a sus pobres habitantes se les hace la boca agua con la idea de deglutir hasta los bolos de las acrobacias manuales). Si el animador tiene la misión de enseñar ciertos aspectos sobre un pintor, convertirá su magna obra en un juego de recortes y dados. En el caso de la literatura, no dudará en montar una improvisación teatral con títeres de papel reciclado (la animación cultural está muy relacionada con el arte dramático y la protección del medio ambiente) o si, verbigracia, su público son unos ancianos (un sector de la población que ya contaba con sus achaques, sus bajas pensiones y la falta de respeto del resto de la sociedad y encima tratan de rematarlos con esta especie de inducción al suicidio), el animador tratará por todos los medios de provocarles un infarto o aumentar su sordera con alaridos de todo tipo para retrotraerlos a lo más estúpido de la infancia. Aquí hacemos un pequeño alto. Los niños son también otras grandes víctimas de la animación cultural, pero tanto los animadores como los tiernos infantes son criaturas igualmente crueles y repulsivas, así que se merecen los unos a los otros.</p>
<p>La animación cultural es el resultado de una combinación explosiva: el bajo nivel del sistema educativo y la corrección política (que siendo algo penoso también tiene una virtud: se la puede culpar de todo). Así ha nacido el monstruo: una especie de maestros degradados, medio saltimbanquis, medio pedagogos. La decadencia de la enseñanza le ha propinado una patada al profesor tradicional, transformando su trabajo en una pantomima donde la palabra excelencia produce urticaria. Por su parte, la corrección política adopta múltiples formas. Uno de sus disfraces es la llamada ‘educación en valores’. Con esa denominación se esconde la tendencia a democratizar todo saber de manera inmediata, a modo de bebida instantánea, eludiendo los pasos necesarios para capacitar al ciudadano en la comprensión de un determinado conocimiento. Las vías adoptadas por la sociedad actual para promover esta cultura Nesquik (o Cola-Cao, para que no se nos enfade ninguna afición) son los trípticos y los susodichos animadores. La profusión en la edición de trípticos de educación en valores generará pronto su particular premio literario. Mientras, los animadores resultan capaces de reducir ‘El mundo como voluntad y representación’ de Schopenhauer, a una sesión del juego de ‘Enredo’, aquel de tirarse al suelo sin zapatos tratando de que el contrario fuese el primero en romperse la columna vertebral. Esto sólo puede conseguirse extrayendo de cada campo su parte más superficial, más divertida y asimilable, trastocándola hasta hacerla digerible como una golosina.</p>
<p>Lo preocupante no es la existencia de estas maquinitas de golosinas por una gorda expendidas por la animación cultural, sino que es la Administración quien empieza a regular tal actividad, convirtiendo el cuentacuentos en un modo institucionalizado de enseñanza (y no precisamente el cuentacuentos que antaño suponía la base de la tradición oral). Para colmo, los animadores están íntimamente relacionados con los talleres y la estética del solidario buenrrollista, razón de más para considerar su actividad como delito y mandarlos a Alcatraz a leer trípticos.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/38/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 3.- El hombre metrosexual</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/37</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/37#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:29:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/37</guid>
		<description><![CDATA[La muerte del macho ibérico
La palabra metrosexual es un neologismo de reciente implantación en el lenguaje de los medios y, en especial, en el sector de moda y manicura. Casi nadie utiliza este vocablo en su vida ordinaria, razón de más para que parezca que ya lo recogió Nebrija en su ‘Gramática de la Lengua [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">La muerte del macho ibérico</h3>
<p>La palabra metrosexual es un neologismo de reciente implantación en el lenguaje de los medios y, en especial, en el sector de moda y manicura. Casi nadie utiliza este vocablo en su vida ordinaria, razón de más para que parezca que ya lo recogió Nebrija en su ‘Gramática de la Lengua Castellana’. No se inquiete lector. Lectora, no lance fuegos artificiales. Tranquilidad también, opciones intermedias. En este caso ‘metro’ hace referencia a metrópolis y no a una gozosa mutación sólo posible en caso de ser mordido por una araña expuesta a radiación o a un doloroso estiramiento con cuerda y yunque.</p>
<p>Además, en caso de que hablásemos de tamaño, seamos honrados, la palabra sería ‘decímetrosexual’, que una cosa son los habituales veintiún centímetros que puede lucir cualquier lector, colaborador o responsable de La Página Definitiva, y otra las fantasmadas.</p>
<p>El hombre metrosexual responde al modelo de tipo urbano, profesional liberal, con dinero, narcisista aficionado al gimnasio, las cremas y los cortes de pelo caros; le gusta la moda, no duda –si es necesario- en pintarse el pelo, las uñas y lo que haga falta. Le encantan las compras y es capaz de asesorar a las mujeres en ese aspecto. Sobre todo, se encanta a sí mismo y a su espejo. Paradójicamente, se trata de un heterosexual. Para que sea considerado metrosexual tiene que tener otra característica indispensable: jamás debe acercarse a un libro, esos engendros de celulosa.</p>
<p>Salvo en su alergia a la literatura, en España no hay nadie que responda a este modelo. Lo más aproximado sería un auditor neurótico y divorciado de 40 años o un treintañero que vive con sus padres mientras estudia tercero de filosofía y letras (con algunas asignaturas de segundo).</p>
<p>- “Entonces esta gente vive en ciudades cosmopolitas por excelencia, como París, Londres o Nueva York”.</p>
<p>Se equivoca usted en ese punto. La metrosexualidad es un inmenso anuncio, como se diría ahora, transversal, un modelo inventado por las agencias publicitarias que beneficia a numerosas industrias: cosméticos, ropa, centros de belleza, gimnasios, restaurantes, grandes almacenes etc. Este modelo trata de reflejar al tipo de hombre que no duda en mostrar su lado femenino, lo que da una idea del concepto que tienen los publicistas acerca de las mujeres. Con la excusa de la metrosexualidad se puede vender cualquier cosa de diseño, por lo que el concepto resulta ideal ideal de la muerte. Se coge la parte de la sensibilidad femenina más frívola y rentable para el mercado, se le añaden cuatro ideas políticamente correctas y media docena de principios de la venta por correo y&#8230; voilà, he aquí el autómata que nos hará ricos sin plantear problemas, ya que lleva implantado un pequeño programa de analfabetismo funcional. Todo este proceso tiene el objetivo de crear lo que parecía imposible: un tipo que vaya de compras.</p>
<p>Con esto, y teniendo en cuenta que los niños ya compran a través de sus padres, a la mercadotecnia ya sólo le queda un obstáculo para conseguir crear la gran sociedad mercachifle: los muertos que vayan de compras (todo se andará, y en eso están algunos genetistas y los responsables de la industria criogénica). Como todas las imposiciones ‘desde arriba’ de la corrección política, este modelo se va extendiendo, ya que, al contrario que las dictaduras tradicionales, el modo de hacer ‘correctito’ no emplea yugo ni látigo, sino que convierte al yugo y al látigo en artículos de ocasión (y uno se los lleva puestos).</p>
<p>A pesar de todo, la imposición de la metrosexualidad ha generado las protestas de muchos sectores. Reflejamos aquí las más destacadas de esas voces discordantes:</p>
<p>“Una panda de mariconazos, una panda de mariconazos, eso es lo que son” (Juan José López, presidente de la Asociación Esteso-Pajares para la defensa del hombre-hombre).</p>
<p>“El abdominal único, esférico, nos retrotrae a la circularidad de la placenta como un universo ansiado”. (Fernando Mohedano, en el prólogo de la obra ‘Tabernas inmundas de los pueblos de Córdoba’).</p>
<p>“Partiendo del efecto mariposa, podemos considerar que la erradicación del eructo a causa de la existencia de este modelo de hombre, podría provocar cataclismos debido a la eliminación de todo ese aire que antes se expelía. El macho que eructa es básico para el equilibrio natural”. (Pedro Sáez, tesorero del Círculo de Investigación Hotentote).</p>
<p>“Una camiseta de tirantes con bolillas, la curva de la felicidad, una lata de cerveza, un partido de fútbol en la tele&#8230; todas esas cosas se perderán, como lágrimas en la lluvia” (diálogo final de Rutger Hauer en la versión extendida 2.0 de ‘Bladerunner’, con el doblaje que ha provocado tanta polémica).</p>
<p>“Yo no voy de compras ni muerto. Que vaya Pirri”. (Lema de la plataforma ciudadana Yo No Voy de Compras Ni Muerto Que Vaya Pirri).</p>
<p>Con el beneplácito de los informativos y su habitual sección de pasarela (la que viene un poco después de los asesinatos del día), la metrosexualidad pronto se instalará en los pucheros de los hogares españoles, devorando por nosotros la morcilla y el chorizo, para regurgitarlos de inmediato con la forma de insípida pastilla alimenticia ideal ideal de la muerte para el aliento y la línea.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/37/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 2.- Los talleres</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/34</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/34#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 15:02:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/34</guid>
		<description><![CDATA[El saber está ahí fuera
La sociedad del siglo XXI exige mucho. La formación ha de ser constante. No basta ya una carrera universitaria rematada con un máster y el conocimiento del sánscrito. El mercado laboral quiere gente preparada. Por eso voy los lunes y jueves al taller de poesía. Mi obra cumbre hasta el momento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">El saber está ahí fuera</h3>
<p>La sociedad del siglo XXI exige mucho. La formación ha de ser constante. No basta ya una carrera universitaria rematada con un máster y el conocimiento del sánscrito. El mercado laboral quiere gente preparada. Por eso voy los lunes y jueves al taller de poesía. Mi obra cumbre hasta el momento es un pareado en eneasílabos titulado “personalidad”: Mi güisqui llevo en la petaca/los otros me dejan resaca. El monitor del taller, escritor de nutrida obra editada por la Diputación Provincial, cree que ese trabajo refleja la esencia de lo inasible. Yo algo de eso también veo.</p>
<p>Los martes y los viernes voy al taller de danza del vientre, una disciplina no sólo lúdica, sino sobre todo intercultural. Todavía estoy en la fase de encontrarme la cintura, pero me siento mucho más cerca de los pueblos oprimidos y mi espíritu rebosa trascendencia. El monitor de danza del vientre es un tipo de Fuengirola que se llama Shivoham dentro de clase y Fernando fuera. Dice que tengo un talento innato para esto, que tengo que haber sido turco en otra vida.</p>
<p>Los lunes y los jueves suelo acudir al taller de cerámica. Me aplico mucho y ya he conseguido hacer un botijo que parece un cántaro, un cántaro que parece un plato, y un plato al que todavía le estamos buscando parecido. La monitora del taller (que por cierto es mi tía) dice que llegaré a ser un buen artesano y que cuando llegue a casa le diga a mi madre que la llame.</p>
<p>Los jueves y viernes me apunté al taller de caricias. La sexualidad abierta es básica, y nos falta comunicación. El masaje y el lenguaje del tacto puede ayudarnos mucho. En clase estamos impares, y me ha tocado acariciarme con el monitor, al que conozco de otro taller, un cincuentón de Fuengirola barbudo y con barriga que en clase se llama Dionisios y fuera Fernando. Aunque no ligo nada, siento que me comunico mucho más.</p>
<p>El taller de introducción al teatro es los lunes, miércoles y viernes. Se trata de un curso básico para perder la timidez y sacar lo que llevamos dentro. Normalmente nos dedicamos a gritar mientras reptamos por el piso, pero la monitora de teatro dice que así empezó Marlon Brando.</p>
<p>Los sábados tengo tres talleres seguidos por la mañana. Primero está el de escritura creativa, para el cual he presentado el mismo pareado del taller de poesía porque no tengo tiempo. Después está el de yoga. Las posiciones derivadas de la flor de loto provocan no pocos problemas, pero he aprendido a respirar correctamente con veinte contracturas. Más tarde, en el taller de juguetes no bélicos enseñamos a los niños a que no jueguen con pistolas o metralletas de plástico, así que ahora se agreden con las cometas que elaboramos.</p>
<p>El sábado por la tarde voy al taller de introducción al bricolaje. Trata fundamentalmente de los conocimientos necesarios para practicarse un torniquete, conservar los dedos amputados hasta que llegue la ambulancia y cómo hay que actuar en caso de quedar ciego por las astillas. La mayor parte de la materia impartida se puede convalidar con el taller de introducción al socorrismo que haré en breve.</p>
<p>Por último, de lunes a viernes voy al taller de empatía para mejorar mi sociabilidad. Aunque los asistentes no nos hablamos desde el tercer día por incompatibilidad de caracteres, avanzamos mucho en cuanto al aprendizaje de la comunicación con gestos y empatamos cada vez más, hasta el punto de que volvemos a saludarnos al entrar en clase.</p>
<p>Todos estos talleres, amén de divertidos, me hacen sentir preparado para la vida moderna. A este paso, y todavía ni con treinta años, seguro que consigo independizarme antes de los 39, en cuanto logre un contrato indefinido de más de 750 euros al mes. Y mientras tanto ¡lo que estoy aprendiendo!
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/34/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Capítulo 1.- El entrenador personal</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/33</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/33#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Feb 2007 14:54:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>manual21</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/33</guid>
		<description><![CDATA[Pepito Grillo en &#8216;meyba&#8217;
El aumento de la esperanza de vida es básico para la sociedad occidental. Sólo llegando a los 112 años se podrán pagar los plazos de las hipotecas o ver cómo los hijos se independizan por fin a un piso de nonagenarios. Las posibilidades de llegar a esa edad parecen cada vez mayores. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Pepito Grillo en &#8216;meyba&#8217;</h3>
<p>El aumento de la esperanza de vida es básico para la sociedad occidental. Sólo llegando a los 112 años se podrán pagar los plazos de las hipotecas o ver cómo los hijos se independizan por fin a un piso de nonagenarios. Las posibilidades de llegar a esa edad parecen cada vez mayores. Muchos factores lo permiten: la alimentación (cada vez más rica en conservantes de calidad que sólo provocan cáncer a largo plazo, no como los de antes), los avances médicos (con tal de no probar uno de esos avances la gente se sugestiona y no enferma), y el ejercicio físico.</p>
<p>El deporte resulta imprescindible para incrementar la longevidad humana, sobre todo desde que los progresos sociales limitasen la actividad física (utilizar el látigo de esclavista o remar en galeras tonificaban sobremanera el corazón, deltoides y músculos dorsales, por ejemplo, o recordemos -más recientemente y aquí mismo- las ventajas que tenía para el organismo la carrera con ‘grises’). Con la pérdida de estas tradiciones, el ser humano ha de combatir el sedentarismo de una manera “voluntaria”, es decir, las carreras ya no nos permiten escapar de nada ni cazar nada, tampoco la hipertrofia de los músculos tiene por objeto machacar la cabeza del gladiador contrario. Se trata del deporte por el bienestar, simplemente. El ejemplo clásico de sus beneficios lo encontramos en el inventor del ‘jooging’ o trote urbano, que murió a los 50 años de un infarto mientras lo practicaba (gracias al deporte evitó morir a causa de una larga enfermedad tras una horrible agonía). Su caso no nos sirve para el asunto de la longevidad, pero los inventos se van perfeccionando, no seamos exigentes.</p>
<p>Tal perfeccionamiento del deporte voluntario alcanza su cenit en la figura del entrenador personal, sin el cual apenas se puede sobrevivir en las actuales metrópolis. El entrenador personal es la voz de la conciencia en chándal, el ángel de la guarda del vientre plano, el matemático del mínimo común adipocito (y todo por una módica cantidad). Vemos ahora cómo el señor Rupérez, residente en una gran capital española, tras ser despertado a las 6:00 a.m., alzado y lanzado por los poderosos brazos de su entrenador personal, hace una grácil cabriola en el aire que le permite quitarse las legañas a la par que las pantuflas e iniciar un leve trotecillo por el pasillo de su casa, que se convierte en sprint al salir del hogar y concluye en el parque próximo con unos ejercicios respiratorios (ejercicios respiratorios que tienen por objeto recuperar la propia respiración). Tras unas luxaciones, unos esguinces y algunos pinzamientos que se conocen con los eufemismos de estiramientos, flexiones y abdominales, el señor Rupérez se dispone a hacer el test de Cooper, cuyo propósito es averiguar si un ser humano puede sobrevivir a doce minutos de carrera continua e intensa. Un paseo en bicicleta cuesta arriba termina por convertir a Rupérez en ciudadano modelo, con una conciencia cívica tan acusada que incluso, mientras está en el trabajo, es capaz de compartir a su esposa con el musculoso monitor. Observemos cómo el entrenador personal también une a la familia moderna.</p>
<p>Urbes más civilizadas, familias felices, nada de grasa, vida larguísima, salud excelente&#8230; Si todavía no tiene un entrenador personal, sea uno de ellos. Las estadísticas aportan un dato más que reseñable: el 80 por ciento de personas de más de 82 años sin entrenador personal están muertas.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/33/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Tug&#038;Buster</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/31</link>
		<comments>http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/31#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 19 Jan 2007 14:53:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel de la Fuente</dc:creator>
		
		<category>culturapopular</category>

		<category>comics</category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/cultura-popular/31</guid>
		<description><![CDATA[América según Mark Hempel
La aparición en español de &#8220;Tug &#038; Buster&#8221; es uno de los acontecimientos recientes más felices en el decadente panorama del cómic en nuestro país. Aunque la edición, realizada por Astiberri, tenga muchos aspectos susceptibles de mejora (la traducción de las rotulaciones de los títulos de los episodios, o el prólogo al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">América según Mark Hempel</h3>
<p>La aparición en español de &#8220;Tug &#038; Buster&#8221; es uno de los acontecimientos recientes más felices en el decadente panorama del cómic en nuestro país. Aunque la edición, realizada por Astiberri, tenga muchos aspectos susceptibles de mejora (la traducción de las rotulaciones de los títulos de los episodios, o el prólogo al primer volumen, por citar un par de ejemplos), es muy saludable que por fin aparezca en nuestro idioma una obra de Marc Hempel. Porque resulta inaudito el desprecio hacia este autor por nuestras ilustres editoriales, y es realmente increíble que para leer una obra imprescindible del cómic de los 90 como &#8220;Gregory&#8221; tengamos que recurrir a su edición original de Piranha Press.</p>
<p>Marc Hempel nació en Chicago en 1957. Sus estudios en Bellas Artes los compaginó con sus pinitos en el mundo del cómic y la ilustración. Sus trabajos en el campo de la ciencia ficción y en la revista &#8220;Epic Illustrated&#8221; de la Marvel le hicieron ganarse un notable prestigio a una edad temprana. Junto a su compañero Mark Wheatley, y ya produciendo para su sello Insight Studios, siguió profundizando en la búsqueda de un estilo propio, sin por ello renunciar al mundo de los superhéroes, llegando a escribir y dibujar u