Isaac Rosa es novelista. Aparcando los adjetivos al uso con que la industria editorial española coloca sus subproductos –novedoso, estimulante, original, seductor, imprescindible, inquietante, etc-, la imagen que me quedó grabada después de leerle es la de un salicornio girando en el árido y reseco terreno de nuestra cultura, y no únicamente por el choteo con el que adaptaba las gestas del Caudillo a la literatura española medieval –el Poema del Mío Cid así como la Historia verdadera del Rey don Rodrigo-. No es poco, teniendo en cuenta episodios tragicómicos como esa novela de Cercas basada en falsedades unánimemente aplaudida por los críticos. El motivo de esa impresión es la presencia en la misma de dos conceptos poco frecuentes. Por un lado, una lectura crítica con la voluntad de amnesia y de cohesión que son los pilares de la novela española que se escribe hoy. Por el otro, la percepción de la cultura española como un límite en lugar de algo a lo que se debe aspirar –cada uno con su parcelita en un pesebre bendecido por todos-. En pocas palabras, en Rosa yo leo la misma beligerancia que para con la generación anterior han tenido todos los espíritus decentes que tan poco misteriosamente ha desaparecido en esta España en la que para empezar algo tienes que empezar levantando estatuas ecuestres a los que hoy pastan por lo alto de la pirámide, llámense Ussía, Porcel o Pradera.
¿Dónde estabas tú durante la transición?
En Sevilla, en una guardería. Como todos los de mi generación (nacido en 1974), yo no hice la transición, me la hicieron.
“El vano ayer” resulta sorprendente porque el lector detecta a un novelista joven que se muestra crítico y detecta límites allí donde la mayoría ve objetivos, esto es, sillas. ¿Cuáles son esos límites esta mañana en la cultura española?
Los límites nacen de la aceptación de una visión edulcorada y milagrera de la transición, del proceso de cierre de la dictadura y de establecimiento de la monarquía constitucional. Frente a la idealizada liquidación del franquismo y el sueño de una democracia inocente y sin pecado original, se acumulan las evidencias que niegan la idea de ruptura total, muestran elementos de continuidad, inercias y herencias, desvelan que la transición fue un proceso controlado, y señalan demasiadas zonas de sombra en ese pasado no tan lejano y del que somos hijos.
¿Qué queda hoy del franquismo?
Más allá de las presencias más visibles (calles, monumentos, fosas comunes…) quedan muchos elementos menos evidentes, más discretos, pero mucho más resistentes e influyentes sobre nuestro tiempo. Queda la impunidad de quienes participaron en la dictadura, de quienes se beneficiaron de la represión, quienes formaron su patrimonio, su posición social, su poder político y económico cubiertos por el paraguas represor. Quedan flecos políticos importantes que no se resolvieron en la transición y que siguen condicionando el presente. Quedan desfases, atrasos, carencias sociales, educativas, culturales, de las que aún no nos hemos recuperado del todo. Quedan también comportamientos, el legado cultural o psicológico, muy arraigado tras cuarenta años de dominación a todos los niveles. Son cuestiones relacionadas con la falta de cultura democrática, el apoliticismo, el conformismo, la corrupción macro y micro (desde los maletines inmobiliarios hasta la picaresca de baja estofa) y otras herencias de tipo lingüístico.
¿”El vano ayer” es una novela sobre nuestro pasado?
Aparentemente es así, pero es una novela escrita en clave de presente, mirando al hoy. No es una novela sobre lo que fuimos, sino sobre lo que hoy somos desde la conciencia de cuál es la raíz de este presente. No podemos entender muchos de los conflictos de nuestro tiempo sin saber dónde se originan.
¿Qué esquemas usa la literatura española para hablar del franquismo?
En realidad la literatura española habla muy poco del franquismo. Se suele fijar más en la guerra civil, pero la dictadura como tal sigue siendo la gran ausente. Hay algunas aproximaciones pero siguen siendo más bien a título decorativo, como una ambientación, unos referentes cronológicos y espaciales reconocibles para el lector, metiéndose de cabeza en el territorio de la memoria sentimental, la nostalgia más repugnante. Quedan muchas cuestiones del franquismo, precisamente las más controvertidas, las más incompatibles con esa ilusión de democracia inocente, a las que no se acerca la ficción española.
En un país civilizado, pongamos Alemania, sería inimaginable que una televisión pública perpetrara una serie que ofreciera de la Alemania nazi una versión similar a la que ofrecía “Cuéntame” de la Dictadura de Franco. ¿Qué es lo que falla aquí?
La serie “Cuéntame” nace al mismo tiempo que el más fuerte intento de cuestionamiento del pasado desde la transición: el movimiento social de recuperación de la memoria histórica impulsado desde distintas asociaciones. Por el cambio generacional que se ha producido, con la llegada a la edad adulta de quienes no hicimos la transición, se ha puesto en cuestión la versión oficial del pasado, y se ha extendido un renovado interés por el pasado, por saber qué ocurrió en este país durante aquellos años. Ante este interés, detectable en una parte importante de los ciudadanos, se ofrece una memoria “controlada”, digerible, para todos los públicos. Tal sería Cuéntame.
¿Existen en España pocos escritores comprometidos?
Lo del escritor comprometido es algo difícil de identificar hoy. Hay de todo. Hay sedicentes comprometidos, desde la búsqueda de un cierto prestigio o un público lector al que seducir con la bandera de un supuesto compromiso. Suele ser un compromiso inofensivo, con causas cómodas, que cualquiera suscribiría, con las que uno se dice comprometido pero que no le comprometen. En otros casos, ni eso. Los hay que se dicen comprometidos con la literatura, o con la lengua, sin que se sepa bien de qué hablan. Otros no tienen más compromiso que el de entregar un libro cada año a la imprenta. Y unos pocos autores que ponen la cara y que se llevan más de un coscorrón por eso, o directamente son ignorados.
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7 comentarios en Entrevista a Isaac Rosa
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Tengo mis dudas respecto de la interpretación que se hace de “Cuéntame”. Cuando la analicé para LPD ya apunté algo de esto:
http://www.lapaginadefinitiva.com/dbmassmedia/teleseries/54
Creo que el factor fundamental no es tratar de vender una cabra a las nuevas generaciones sino cautivar a base de nostalgia edulcorada a los que lo vivieron y sólo con ver un sillón de “skay” en la tele son felices y se duermen con una sonrisa. La falla moral del producto, vamos, la veo no buscada, no pretendida, sino en el hecho de no tener la más mínima preocupación por evitar la correspondiente “blandura” a la hora de tratar el tema.
Se trata de vender un producto empleando para ello el recurso, muy eficaz, de la nostallgia. Y punto. Aunque eso suponga adentrarse en un abismo ético.
Respecto a que en países “civilizados” eso no pase… buff, no sé. En Alemania, por ejemplo, tienen desde hace un lustro una ola de “Ostalgie” moderadamente edulcorada y costumbrista. Claro que lo hacen a partir del dibujo de una dictadura (la DDR) que no es “su” dictadura, sino una a la que derrotaron. Pero tampoco es tan diferente, creo.
Comentario escrito por Andrés Boix — 19 de October de 2006 a las 6:27 am
No tiene nada que ver; la ostalgia es una añoranza de los aspectos positivos de la Alemania del Este. Minucias como trabajo asegurado y vivienda asequible proporcionada por el estado –antes de empezar el linchamiento fíjense que estoy hablando únicamente de los aspectos positivos.
En españa no hay una añoranza de los aspectos positivos del régimen, probablemente porque no tenía ninguno. De lo que hay añoranza es de sus aspectos más siniestros –considerables, en efecto, “positivos” según cierta escala de valores católica-liberal.
Comentario escrito por Uno — 19 de October de 2006 a las 8:08 am
Hola:
1) Yo, por lo que he visto y oído, dudo mucho que en una televisión pública -esto es: sujeta a control político- española todos los detalles, especialmente los referentes a la política, no se cuiden con esmero.
2) Además de recomendar el vano ayer y que le sigan la pista a Rosa, recomiendo otro libro: “Los girasoles ciegos”, de Alberto Méndez, militante del PCE hasta el 82 con editorial propia clausurada por Fraga durante el franquismo. El libro narra cuatro historias entre el 36 y el 42, y explica la dificultad que todo español honrado experimenta cuando oye la palabra “reconciliación”.
3) Lo más reseñable de lo apuntado por Rosa es el hecho de que el haber hecho una novela sobre el franquismo no es hablar del pasado, sino del presente. Un presente que es imposible de comprender si uno se apunta al colosal esfuerzo de amnesia que supone ver la realidad asumiendo que la historia de España empieza en 1978.
4) En cuanto a los lastres que señala, apunto otro: la mala consideración de la que gozan aquí abajo, a diferencia del resto de Europa, los gobiernos de coalición -o simplemente apoyados desde fuera-. Esa mala consideración está basada en un autoritarismo radicalmente ademocrático e hija del verticalismo de lo que Guillem Martínez llamó correctamente CT.
Saludos,
pep
Comentario escrito por popota — 19 de October de 2006 a las 8:44 pm
Popota, ¿por qué no me entrevistas a mí para tu serie? Fíjate qué ventajas: en la Transición yo había superado la guardería y estaba ya en EGB, con lo cual puedo hablar con algo de memoria propia, y no batallitas ajenas; te podría detallar anécdotas de cómo se vivió en Euskadi, con muertos y atentados en días alternos, y amenazas y coacciones en los continuos; y también tengo mucha información sobre los escritores komprometidos de aquella época (por cierto, Losantos también está comprometido, aunque claro, si no es con tu Compromiso no es auténtico compromiso), que ayudaron a convertir la sociedad en un lodazal irrespirable.
Comentario escrito por Bocanegra — 20 de October de 2006 a las 3:28 am
Bien, vale, la transición fue un apaño, el franquismo fue muy malo muy malo, la Constitución del 78 no se realizó en condiciones óptimas de libertad. Vale, entendido, lo cogimos.
¡Ahora qué?
YO no soy partidario de olvidar la historia, ni de pretender que todo fue excelente en el pasado, pero del 78 hacen hoy casi 30 años y tenemos una democracia que, por muchos defectos que tenga, debería habernos permitido cambiar las cosas en la dirección que quiera el pueblo. De hecho han cambiado muchas cosas, aunque los que tengan el dinero y el poder sigan siendo en buena medida los mismos.
La constitución alemana tampoco se escribió en condiciones óptimas de libertad, la tradición democrática alemana en los 50 no era mucho mayor que la española en los 80 (teóricos alemanes consideraban que incluso en los años 70 Alemania no tenía cultura democrática). Eso no quiere decir que hoy Alemania no sea un reflejo de lo que quieren los alemanes, y, en mi opinión, España también es un reflejo de lo que quieren los españoles. Si los españoles quisiéramos instituciones públicas que funcionasen bien, etc, las tendríamos. Lo que pasa es que, quien más y quien menos, sigue queriendo que cuando tiene un amigo funcionario le pasen en la cola, le hagan un favor, etc. Quien más y quien menos sigue queriendo que si tiene algún amigo médico le den cita para el día siguiente y le operen a la semana. La gente no protesta tanto porque haya enchufe, corrupción, nepotismo, sino porque por el motivo que sea no tienen acceso a cierto enchufe, cierta teta, y demás. ¡Quién dice que no cuando algún amigo le hace un favor?
Todo esto de la “conspiración de la transición” podrá tener su parte de verdad. Puede que haya intentos de los medios de comunicación por dulcificar el franquismo o santificar la Constitución, y puede que la izquierda y la derecha tengan cierta complicidad por no revisar claramente lo que pasó. Lo que en mi opinión está claro es que es un engaño, si es engaño, en que unos mienten y otros se esfuerzan en creérselo. En casi 30 años de democracia que son por lo menos 7 legislaturas, hay tiempo y tiempo para que el presunto engañado se de cuenta del engaño. Lo que pasa es que a mucha gente, quizás a la mayoría, les conviene creerse ciertas cosas. Y así nos va.
Comentario escrito por David — 20 de October de 2006 a las 6:58 am
Cuando quieras, bocanegra.
El Domingo, más.
Comentario escrito por popota — 20 de October de 2006 a las 1:41 pm
Éso éso, entrevista a bocanegra! Aunque aún más a mí me gustaría un post sobre esa peacho de entrevista que el muy noble y poco próximo a los poderosos Xavier Sala i Marín le hizo al no menos noble pero mucho más culto Montilla.
Jó porfaaaa!
Comentario escrito por Uno — 21 de October de 2006 a las 12:31 pm