Vicente Martínez-Pujalte, economista, es diputado del Congreso del grupo parlamentario popular. Allí ha ganado notoriedad como azote del gobierno socialista, convirtiéndose en el pichichi a la hora de formular preguntas al gobierno. Cinco días laborables es el intervalo exacto que va desde que llamé al congreso para ver si estaba dispuesto a participar en este especial y se puso al teléfono para contestar mis preguntas. Esos cinco días contrastan con las dificultades que he tenido para hablar con gente de otros partidos.

¿Qué hacías durante la transición?

En 1975 estudiaba en la universidad.

¿La transición fue un pacto de todos, sin vencedores ni vencidos, para mirar al futuro?

Estoy absolutamente de acuerdo. La transición se produjo por la voluntad firme de la sociedad española de construir bienestar y democracia, erradicando marcos excluyentes y creando uno donde cupiéramos todos.

¿Cuáles son los valores que permitieron nuestra transición a la democracia?

Yo destacaría la tolerancia, la solidaridad, la subsidiariedad y el respeto.

Zapatero asocia al PP con la extrema derecha. ¿Tiene razón? ¿O es cierto que él es un radical?

Zapatero pretende remover el espíritu de las dos Españas, católica y atea, monárquica y republicana, imperante durante el siglo XIX, la primera mitad del XX y la dictadura. Ello supone un error crasísimo, ya que por interés electoral prefiere la división a la unión, y es por eso que habla de extrema derecha. Con todo ello, Zapatero antepone los votos que pueda conseguir a la convivencia.

¿En tanto que partido democrático, el PP combate a la extrema derecha?

El PP es el heredero de la UCD , y su espacio es el centro político y la búsqueda del diálogo y el consenso, pero desde convicciones firmes, porque para dialogar hay que tener convicciones, ya que el relativismo solo es un –ismo más que no tiene capacidad para dialogar.

Usted se ha distinguido en la presente legislatura como azote del gobierno, llegando incluso a ser expulsado del hemiciclo. ¿A qué atribuye la actual crispación?

En primer lugar, me consta que el presidente del Congreso está arrepentido por lo sucedido. En segundo lugar, tengo una extraordinaria relación con gente del PSOE –por ejemplo, Fernández-Marugán-. Yo no descalifico, pero si se me permite el símil futbolístico en política hay que meter la pierna, con limpieza y con virilidad. En este sentido, admiro a Rodríguez Ibarra. Lo que está sucediendo ahora no pasó ni con González ni con Almunia, con las agresiones a sedes y militantes, los insultos o las pintadas. El haber sacado réditos de esa forma de la bomba del 11-M no conduce a nada bueno.

En ocasiones, la necesidad de consenso en la política española impele a maquillar la realidad, cuando no a falsearla. Por ejemplo, en los últimos años del felipismo, cuando se denunciaban como conspiradoras las revelaciones sobre Roldán y compañía. ¿Cuál debe ser el papel de la prensa ante la disyuntiva entre ofrecer información veraz y promover un clima de estabilidad y convivencia?

Es típico de los socialistas confundir la crítica con el ataque a las instituciones, pero con el tema del GAL no se atacaba ni a la democracia ni al Estado de derecho, del mismo modo que criticar a Laporta no es criticar al Barcelona. Hay que recordar que es la Constitución , y no el gobierno, la ley.

Una de las novedades del último lustro es la ruptura de consenso en la política exterior, con casos como la guerra de Irak o las relaciones con determinados países iberoamericanos. ¿Crees recuperable ese consenso?

No es que se haya roto el consenso, es que el PSOE lesiona los intereses de los ciudadanos españoles estableciendo relaciones con presidentes como Castro o Morales. Nuestro papel en el mundo debe estar al lado de Europa y de la OTAN , interactuando con los países desarrollados y ayudando al resto. Por encima del consenso están nuestras relaciones con Europa y la OTAN , y debo decir que no siempre existió ese consenso: recuerde como con el “OTAN, de entrada no” el PSOE se alineaba con el telón de acero, aunque luego volvieran a la cordura.

Ante un gobierno como el actual, obsesionado con marginar al PP y con desmontar la obra de gobierno aznarista, que llegó como llegó al poder, que copa medios de comunicación, que ha hecho lo que ha hecho en Catalunya y en el País Vasco, ¿es democrático hablar de desobediencia civil?

No hay que hablar de desobediencia civil. Lo que hay que hacer es reconducir a Zapatero, que se empeña en postular acuerdos convivenciales sin el apoyo de los grandes partidos reiterando errores pasados de nuestra historia.

¿Llegaremos a saber la verdad del 11-M como la sabemos de la transición?

El PSOE aún no ha asumido que el GAL fue culpa suya, que homenajear a Barrionuevo fue culpa suya. Un PSOE que basó su triunfo en la bomba no puede investigar, imagine qué podría llegar a pasar si se sabe que ETA apoyó el atentado. Pero aunque el PSOE eche tierra encima, al final se sabrá la verdad.

 

¿Qué juicio le merece la Ley de la Memoria Histórica ?

La LMH es un error. Hay que hacer leyes para el futuro, y no para el pasado. Nuestra auténtica memoria histórica es la transición, que dejó a todos satisfechos. Podemos incluso llegar a votar que los cerdos vuelen o que Felipe II no existió, pero habría que dejar la historia a los historiadores. A pesar de todo, soy optimista con respecto a como la sociedad española soporta la lacra de Zapatero.

Consuelo Ordoñez dice que no es posible perdonar a quién no ha pedido perdón. ¿El franquismo pidió perdón?

La transición fue un pacto para mirar al futuro basado en un valor occidental, no compartido por judíos ni islamistas, como es el perdón.

Si en la transición estuvo bien que no hubiera vencedores ni vencidos, ¿qué justifica que en el caso vasco no se aplique ese principio?

No tiene absolutamente nada que ver, es como comparar una corrida de toros con un partido de futbol. La transición fue un paso adelante auspiciado por grupos democráticos como la UCD o el PSOE, pero pagarla un precio político a un grupo terrorista no tiene absolutamente nada que ver.