El especial de Popota sobre la Transición está bastante bien. Por de pronto yo ya he aprendido que soy un continuista. Es un apelativo elegante. Me gusta. Además, ahora vivo mucho más tranquilo. Yo pensaba que la culpa de todo era de Yoko Ono, Raúl González Blanco y el directivo de Pilar Miró que desprogramó Barrio Sésamo, pero no. Resulta que la culpa de todo es del tapón generacional. Con tanta alegría, cómo negarse a participar en este proyecto… Máxime cuando el otro día me encontraba yo subido al trono de los aseos de la redacción donde trabajo y, desde tan privilegiado enclave, divisé una caja de cartón medio escondida llena de libros y se me encendió el gen del Torete de “lo vamos todo a cholar”. En realidad poco merecía realmente la pena. Eran novelas de Agatha Christie -como unas diez mil- un escalofriante libro de poesía del mismísimo Juan Pablo II, un ensayo sobre naturaleza de los cambios históricos por un gabacho de estos que dejan la butaca de la filmoteca impregnada de un hedor axilar persistente y duradero y, finalmente, “A la luz de la Esperanza. Veintisiete intelectuales y artistas interpretan la última década”. La década a la que se refiere es 1972-1982, por lo que me dije: ¡caramba! esto para ilustrar el Viaje al centro de la Tierra de Popota viene que ni pintado. Porque qué haría Popota sin la Sacrosanta Transición. Yo creo que vagar semidesnudo por las calles atiborrado de barbitúricos parando a los transeúntes al grito de ¡me han robado mi bebé! ¡me han quitado el hijo! -tratándose éste de un simple melón envuelto en periódicos viejos con el capuchón de un boli Bic a modo de nariz. El caso es que la obra está muy bien. Es un libro característico de aquella época que todo lo mira bajo el prisma de la gauche divine y no tan divine. Pero por economía del lenguaje, para ahorrar en descripciones, baste señalar que entre los veintiún intelectuales y artistas figuran Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos. No uno en representación de todos, sino los tres uno por uno aportando su granito de arena. Echamos en falta a Ramoncín, pero seguramente por aquellas fechas se hallase en Sierra Morena espoleando su corcel trabuco en mano persiguiendo los derechos de autor de alguna canción ajena que se había equivocado de dirección en la bifurcación de un senderillo. Dicho esto, espero que se entienda bien de qué clase de libro hablo. De todas formas, la obra tiene su aquél dentro del tema que nos ocupa. Por lo que a continuación y en unas pocas entregas publicaré extractos de la misma que hagan referencia al continuismo de mis entretelas, otras citas serán escogidas como sutiles guiños al lector más avezado y el resto pues lo pondré porque me sale de las pelotas. Sin más, habla Antoni Tapies (Barcelona, 1923), pintor.
“-¿Cuándo dices país hablas de Cataluña?
-Sí
-Som una nació…
-Tenemos una lengua, tenemos nuestra cultura y nuestra historia particular. Teníamos, y hemos de renovar, los derechos de unas autonomías propias, tenemos, en fin, todos los sellos necesarios para que se nos pueda decir nación.
(…)
Una vez Franco inauguró la bienal hispanoamericana y al llegar a la sala donde había cuadros míos, quienes le acompañaban le dijeron: Aquí llegamos a la sala de los revolucionarios. Y todo el mundo se echó a reir, Franco incluido. Tengo una foto donde todos se están riendo. Me dijeron que Franco contestó: Bueno, mientras hagan todas las revoluciones así, está bien. No le daba ninguna importancia a que los pintores fuéramos más o menos de vanguardia. Acabaron comprendiendo que no había necesidad de considerar degenerado el arte moderno, como hizo Hitler; por ejemplo, al Salón de los Once vinieron unos periodistas del ABC y, con gran sorpresa de los expositores, dijeron que iban a hacer un reportaje, y esto era por el año 1.950 o 51. Al día siguiente compramos el periódico y no había nada. Lo habían usado solamente en la edición para el extranjero.
(…)
Siempre tengo conmigo el recuerdo de una escena en el momento en que entraron las tropas de Franco en Barcelona: mi madre, que era muy religiosa, dijo llena de ilusión: Por fin llegan las tropas que nos traen religiosidad. Podemos ir a misa y comulgar. Y su padre le contestó: No te pongas tan contenta, que en nuestro país las alegrías duran poco.
(…)
[Ahora, 1981] Ha habido algún cambio, pero en lo fundamental no se ha transformado ni la estética ni el país.
(…)
Ha habido un avance democrático, ha habido una libertad de expresión, digamos que el tren está puesto en vías que favorecerán cada vez más el cambio si las cosas no se estropean, al revés de entonces, que estábamos en un callejón sin salida, pero por el momento eso es todo, la esperanza.
(…)
Son necesarias las autonomías. Lo que pasa es que no les gustan a los que mandan. Es como los problemas que dicen existen aquí entre catalanes y castellanoparlantes. Yo nunca he tenido problemas… Tú misma has llegado aquí y yo me he adaptado a tí. Todo el mundo hacemos lo mismo en Cataluña. Son un grupito de señores que han querido provocar una situación porque quieren hacer ver que aquí estamos postergando el castellano, y no es verdad, es una falsedad total.
(…)
- ¿Recibe la enseñanza en castellano un trato discriminatorio?
- Sí, pero al contrario. Según me dijo Jordi Pujol hace pocos días, solamente hay un cuatro por ciento de escuelas donde se enseña en catalán, aunque la lengua catalana se aprenda en todos los colegios. De momento hay una desigualdad total, pero en contra del catalán, no del castellano.
(…)
Yo no me he desencantado. Hay una monarquía sinceramente demócrata, o por lo menos yo lo quiero creer así. Lo digo como republicano, porque he tenido una educación republicana. Siempre, desde pequeño, he vivido en un ambiente que me enseñó que los hombres teníamos que elegir a nuestros gobernantes. Pero he de reconocer que hay que sacarse el sombrero delante del Rey. Lo poco que hemos conseguido de libertad y de democracia lo debemos esencialmente a la posición de la monarquía. La situación actual es sólo un inicio, una manera de poner el tren en la buena vía que tiene posibilidades de estabilidad. Lo que pasará todavía no lo sabemos. Es verdad que la izquierda parece que ha apretado poco, sí, pero si se aprieta demasiado puede haber reacciones. En fin, es andar por el filo de una navaja, que no es fácil, pero en conjunto tampoco creo que los políticos de izquierda lo hayan hecho tan mal.
(…)
En conjunto creo que la izquierda se ha portado muy bien y ha evitado, aquí en Cataluña, la división. Las cosas esenciales han sido muy bien hechas.
(…)
La burguesía catalana está no sólo aferrada a sus tradiciones, sino principalmente a sus intereses. Cuando se rasca en sus intereses podría buscar ayuda hasta en los militares si hace falta. En la campaña electoral se presentaban como los máximos nacionalistas y llamaban centralistas a los de izquierdas. Ahora que están en el gobierno se ve que aflojan mucho ante Madrid, que no son tan nacionalistas como decían. Si se quiere cambiar tal cosa, la solución está en unas elecciones regulares: que ganen las izquierdas.
- ¿Votar a la izquierda? ¿Y con eso crees que se soluciona el problema?
- Yo, por lo menos, lo intento. No todo se consigue con criticar a la burguesía catalana. Las cosas hay que llevarlas a cabo prácticamente. Con la educación, con el ejercicio de los derechos que nos ha dado la democracia, las cosas se podrán cambiar sin violencias, y se consolidarán poco a poco. Creo que el tiempo va a favor de la democracia: cuanto más dure esto, tendremos más posibilidades de convertirnos en un país democrático.
(…)
… es aquello que decía Marcuse de que la sociedad, en lugar de fomentar las personalidades, fomenta las mediocridades para evitar que el mensaje de progreso que pueda tener el artista tenga excesivo poder sobre ella (…) Pero la cultura es como una bomba de relojería que tarda un tiempo en hacer explosión…”
* “A la luz de de la esperanza” Autores: Lola Canales y Antonio Piera. Akal Editor 1982
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5 comentarios en Retrospectiva I, por Álvaro
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Hola:
Lo primero que aclaro es que yo no etiquetaría a álvaro como un continuista. El que yo diga que el corto, muy corto, intelectualmente hablando “¿Monarquía? ¿República? ¡Cataluña!” del regional-derechista Cambó haya sido perfectamente heredado por los demócratas españoles -léase los intelectuales que aparecen en el sabroso libro- cambiando el Catalunya por España -¡Ar!- se debe leer como un exceso verbal con ganas de animar el debate y promover el expelio de argumentos. Y no sólo eso: álvaro me cae de puta madre, y le agradezco la participación y otras molestias que se ha tomado, aunque solo sea por la peregrina esperanza de que alguno de los intervinientes deje, ante su aparición cual columna de tanques en el hasta ahora separatista especial, de hablar de boinas y se atreva con el tema -la CT. CT de la que, por cierto, es eminente representante Tàpies.
Lo de que qué haría yo sin la transición es una buena pregunta, y honestamente creo me dedicaría al choque de boinas como el 95% de los españoles.
Sin embargo, esa pregunta lleva a otras preguntas que son más relevantes. La primera, que es fácil, es qué haría el PP sin los nacionalistas, o directamente sin la eta.
La segunda, que es más difícil de responder, atañe a qué es lo que haría el PSOE sin el PP, y me refiero a los momentos en que no busca alborozado el consenso sino que tira de la demagogia más rastrera para ocultar las propias miserias apelando al miedo a la derecha. Porque tiene su miga que, un cuarto de siglo después de la llegada al gobierno después del 23-F, el proyecto del PSOE sea exactamente el mismo que entonces: mantener la constitución -son sus muy discutibles aspectos-, y doblegar a la extrema derecha.
A mí no me parece mal, y probablemente tenga su pase en las circunstancias de entonces. Ahora bien: metidos ya en la UE y en la -je, je- OTAN, no estaría de más que el socialismo español hubiera sido capaz de desarrollar un proyecto político mínimamente diferenciado de lo que ellos, en la intimidad, llaman extrema derecha.
O en otras palabras: ¿del mismo modo que sabemos lo que le dirías a un hijo si te pregunta por los que disfrutamos con las derrotas del “equipo de todos”, qué le dirías si te pregunta por la transición?
En cuanto a Tàpies, obviando su duscurso nacionalista calcado del del intelectual multiorgánico Ramoneda por entonces, resalto a) su terror al fascio, que no a la guerra civil; b) su constatación de no vivir en un país democrático -¿tanto hemos cambiado en lo fundamental desde el 82?-, y C) el voluntarismo que ejerce de fuente de su defensa de la monarquía.
Mañana, más, que no Mas.
Saludos, pep
Comentario escrito por popota — 24 de October de 2006 a las 9:31 pm
¡Qué bonito!
El rasgo que define a los españoles, que nos define, es, no cabe duda, nuestro carácter cortesano.
Comentario escrito por Andrés Boix — 25 de October de 2006 a las 3:47 am
“¿Una pared desconchada? No, un Tapies” (Albert Boadella)
Si consideramos intelectuales de la Transición a simples cantantes (y ojo, Ana Belén tiene buena voz) es que algo se ha hecho mal.
Si realmente queremos superar la generación tapón habrá que moverles la silla hasta que se caigan.
Y LPD va por buen camino.
Comentario escrito por Un pajarito sin cola — 25 de October de 2006 a las 6:23 am
Al hilo del tapón generacional, ahí va “Generación ConfidencialCat”, de Guillem Martínez hoy en la edición catalana de El país (http://www.elpais.es/articulo/cataluna/Generacion/ConfidencialCat/elpepiautcat/20061025elpcat_4/Tes/):
- La feina ben feta. Palacio de Congresos de Cataluña. Encuentro entre Artur Mas y la Generació Catalunya. El lector que me haya seguido hasta aquí se estará preguntando que es la GC. Buena pregunta. Les aseguro que antes de que acabe este párrafo encontraré a alguien que me lo diga. Ahora voy a por descripciones. Descripciones: a) mucho lerere y poco larara. Es decir, mucho tío y poca señorita. Prima el b) individuo con varias generaciones de bistecs en su árbol genealógico. El ambiente, como en todos los actos de CiU -nutridos, bien preparados; cuestan una media de 10 millones de ex pesetas; fuente: PSC-, es c) optimista. Incluso una señorita, diputada en el Congreso, va diciendo por ahí que sacarán 60 diputados. Lo que convertiría Cataluña en, literalmente, Can Seixanta. Me encuentro con Oriol Llop, el jefe de prensa de Artur Mas, que me explica la GC. “Gent amb projectes. Que no és de la generació de Pujol”. Cristalino. Pero luego la cosa se lía.
- Teoría de las generaciones. Nos sentamos en mesas tipo Premio Planeta. Este acto electoral, de hecho, se parece mucho a un Premio Planeta. Hasta ya se sabe quién será el ganador. Falta saber si también será un muchas ventas. Un señor toma la palabra. Amplía el concepto GC al concepto “emprendedores”, más confuso. Es emprendedor Bill Gates, en efecto. Pero también el Pocero. Luego la lía más. Lo vincula al concepto empresariado -hoy los empresarios, así a lo bruto, son como los intelectuales en a década de 1970: se les quiere, se cree que tienen algo que decir y nadie sabe de qué viven-. Finaliza con un: “Hi ha tanta gent que hem demanat a gent que no vingui”, metáfora del éxito del acto. Y de la política de inmigración de CiU. Empieza la comilona. Todo está muy bueno y muy limpio. Aprovechando que nadie va a emitir ningún discurso con la boca llena, me pregunto a mí mismo sobre el concepto generación. No existe. No por aquí abajo.
- Las generaciones donde no las hay. Desde finales de la década de 1970 en la Península se vive un parón generacional. Una generación tapona a las anteriores. Los únicos relevos en la cultura, en la política, son biológicos, que no generacionales. Son relevos clónicos. Que garantizan que la cultura y la democracia española sean lo mismo desde hace 30 años. La balsa de aceite cultural y política sólo ha sido perturbada con la reforma del Estatuto, una formulación que se alejaba del trademark Transición. Y de la generación esa tan dilatada que vive loando y vigilando la transición. El proyecto de Estatuto, como recordarán, finalmente no fue aceptado. No se defendió como lo hubiera hecho Puyol, sino como Pujol y su peix al cove system.
Teoría de la generación. Habla el escritor Jordi Cabré. Se presenta, como miembro de la GC. Cita, a su vez, a Jan Laporta como el tipo-prototipo de la GC. Meditación: epicentro CiU está majara con Laporta, un señor vinculado al PI, a ERC y a Ecce Varría. Es decir, sin forma definida. Fin de la meditación. Dibuja su generación como “generació de cruïlla”. Vamos, como todo el mundo. Y políticamente son “sense hipoteques ideològiques ni complexos amb la transició”. Esa transición renovada en un plis plas, sin fecha de caducidad, un sabadete en la Moncloa. Sin complejos ¿Qué diablos debe de ser la Generació Catalunya? Y, ya puestos, ¿qué diablos debe de ser una generación? En mi vida yo sólo he visto, snif, una.
Comentario escrito por popota — 25 de October de 2006 a las 8:26 am
Estos últimos dias no puedo acceder a los blogs de LPD. Tengo más que curiosidad por saber la opinión del Sr. Popota de las ultimas elecciones. Un saludo
Comentario escrito por Ano Nimo — 09 de November de 2006 a las 3:12 am