Una semana es lo que me costó a mí que Oskar Matute se me pusiera al teléfono y montar una entrevista con él en el Parlamento Vasco, ese sitio emocionante en el que se habla más de política que en ningún otro parlamento español. Debe ser por eso que hay tan poco consenso. Acostumbrado al oasis catalán, en el que cuando uno llega a sub-sub-sub-sub-sub-lo que sea pasa a ser más difícil de localizar que el Papa de Roma, uno debe agradecer a los vascos esos detalles de educación que los distinguen del resto de pueblos ibéricos y los acercan a los anglosajones.

Oskar Matute es parlamentario de IU-EB (Izquierda Unida- Ezker Batua), un partido republicano que no va a las recepciones reales ni maquillándose con pins republicanos en la solapa, como Joan Herrera. Adicionalmente, Matute es uno de los parlamentarios vascos con más futuro, y no sólo porque no pertenece a esa generación de la transi que, con el pescado vendido, se dedicaban al discurso electoralista para después irse de pintxos con el rival político de turno. El hecho de que IU-EB no actúe como muleta del PSOE ha provocado no pocos sarpullidos en el PSOE y en PRISA, esto es, entre los “progresistas” españoles. Debe ser porque en EB no hay trabajadores borbones, entre otras cosas. IU-EB estuvo en el Pacto de Lizarra, algo que les honra ahora que ZP y la plana mayor del Grupo PRISA andan tan preocupados vendiendo las maravillas del diálogo y el acuerdo no ya con los nacionalistas sino con la eta.

¿Dónde andabas tú durante la transición?

En el 75 yo tenía tres años, así que, me imagino, que estaría jugando o algo así.

¿Existen diferencias entre el proceso que se vivió en Euskadi y el que se vivió en el resto de España?

Sí, básicamente, que aquí a todo lo que era la reforma y la ruptura también le acompañaba el conflicto nacional, es decir, el reconocimiento de Euskadi como nación o como pueblo con capacidad para decir libre y democráticamente su futuro.

¿Compartes la visión canónica de la transición como un proceso de reconciliación en qué todas las partes cedieron para llegar a un “punto medio”?

Creo que esa visión es una burda mentira. Todas las partes cedieron, pero no todas lo hicieron en igual medida. Cedieron más las fuerzas que apostaban por la ruptura con el viejo régimen y que apostaban, de alguna manera, por una transición democrática que nos llevara hacia un nuevo escenario. Estos son los que más cedieron, hasta el punto, que algunos se quedaron fuera de todo ese proceso y otros se quedaron dentro a fuerza de grandes renuncias, como el propio Partido Comunista. Por otra parte, quienes menos cedieron son los que tenían no ya que ceder más, sino haber pasado por los tribunales. Hablamos de todos los herederos del franquismo, con Fraga a la cabeza, y con las posteriores reconversiones de franquistas en demócratas a través de partidos políticos de nuevo cuño financiados por democracias occidentales interesadas en que el socialismo no se abriera paso en el Estado español.

¿Ezker Batua es un partido juancarlista?

No, nunca. Ni Ezker Batua Berdeak, ni Izquierda Unida son partidos juancarlistas. Son partidos que en sus estatutos reivindican la vigencia del modelo republicano y exigen la vuelta de la república al Estado Español, que consideran al rey Juan Carlos una extensión del viejo régimen en la medida que fue el propio Franco y no ninguna institución democrática quién le situó como heredero y le allanó el camino para acceder a la Zarzuela y a la jefatura del Estado.

Ezker Batua, en ningún caso, puede ser considerado un partido juancarlista; no porque reivindique la república día a día ó porque haya tenido problemas serios con la justicia en la figura del coordinador general y de otros miembros por reivindicar el papel de la república y por denunciar el papel de la monarquía en los diferentes foros a los que hemos acudido, sino porque, además, ningún partido izquierdas puede sentirse monárquico, sea de uno rey u otro rey.

¿Tiene visos de realidad esa interpretación según la cuál tanto durante la transición como con el golpe de estado de Tejero hubo quién agitó el árbol y hubo también quién recogió las nueces?

No me cabe duda, yo creo que el golpe de Estado de Tejero era un golpe orquestado por muchas de las personas que han salido a la luz pública, como el señor Armada etcétera. Pero, desde luego, fomentado y aplaudido por otra mucha gente que no ha salido a la luz pública y que ocupa, seguramente, lugares relevantes en la sociedad española a todos los niveles, desde niveles políticos a económicos e incluso dinásticos y que, en cualquier caso, al igual que se hizo en la transición prefirió cubrirlo todo con una ligera capa de cemento que sacar a la luz todo eso que no era sino un intento de controlar un sistema democrático, joven e incipiente que con todas sus limitaciones, podía poner en serio riesgo muchos de los privilegios de los que gozaban durante la Dictadura y siguen gozando a día de hoy muchas familias en el Estado Español.

En Euskadi se está viviendo un proceso que muchos interpretan como la realización de la transición pendiente. ¿Qué opinas de ello y cuáles crees que deberían ser los principios rectores de este proceso?

Ojalá el proceso que se está viviendo en Euskadi termine con una segunda transición o la transición pendiente en Euskadi. Para que eso sea así, lo que hay que seguir es insistiendo en aquellos elementos que siguen teniendo un gran eco en la sociedad vasca y que siguen formando parte de la sensibilidad de este pueblo para con sus propios problemas como el derecho a la autodeterminación. Euskadi no pudo decidir libre y democráticamente lo que quería ser en el año 78, ahora tiene la oportunidad de hacerlo y, sobre todo, tiene la oportunidad de contribuir a que otros pueblos y naciones del Estado Español puedan decidir libre y democráticamente su pertenencia o no al Estado Español y así, en el caso en el que decidan reafirmar su pertenencia, configurar un modelo de Estado Español más democrático, basado en la libre voluntad de las partes más que en la unidad indisoluble de la patria que es lo que por desgracia soportamos como herencia del franquismo y que supone uno de los elementos de claudicación de los que antes hablaba.

El Gobierno Vasco ha tenido iniciativas pioneras en materia de reivindicación de los luchadores anti-franquistas. ¿Cómo valoras lo que se ha hecho y cuáles han sido los problemas fundamentales con los que se ha encontrado?

Yo creo que lo que se ha hecho es positivo porque por primera vez hemos conseguido situar en el debate social, no para lanzarlos contra nadie si no para buscar su reconocimiento, a miles de personas de este país que durante cuarenta años han tenido que ocultar o silenciar su pasado antifranquista para no sufrir represalias en su persona o en la de sus familiares y casi, a modo de vergüenza, les han inculcado el haber luchado contra un régimen fascista.

Más allá de eso, seguramente, la puesta en práctica de medidas para resarcir a todas estas personas topa siempre con dificultades debido, por ejemplo, a que las bases documentales a las que hay que recurrir para fundamentar la indemnización o para fundamentar el tiempo de estancia en prisión o en un campo de concentración están poco cuidadas y desde luego, arrinconadas en muchos lugares sea Toledo, Salamanca o cualquier otro lugar. No obstante, con independencia de esas dificultades, yo creo que estas iniciativas son buenas y además son necesarias porque medidas para resarcir a las víctimas del franquismo y a los luchadores antifascistas en el Estado Español ha habido muy pocas, y las que ha habido, pocas veces han contado con la participación o con la implicación directa y principal de una administración, en este caso, del Gobierno Vasco. En el Estado Español todavía estamos por ver una ley amplia de reconocimiento a los luchadores antifascistas y sin duda, el partido socialista tiene una responsabilidad muy grande en que eso no pase.

Cuando Zapatero llegó al poder, se habló de hacer una Ley de Memoria Histórica que pusiera fin a originalidades españolas como el Valle de los Caídos. Después del frenazo sufrido, ¿qué esperas del Gobierno en esa materia?

Por desgracia, los hechos nos han situado en una visión muy clara de lo que el Partido Socialista opina de la Ley de la Memoria histórica. Desde luego, como Ezker Batua Berdeak no podemos si no mostrar nuestra profunda desilusión y nuestra oposición más enérgica a determinados aspectos de esa Ley de Memoria Histórica. Para nosotros es claramente insuficiente. No hace justicia a los que lucharon contra el franquismo y contra el fascismo durante la dictadura e incluso tiene el patetismo de situarlos al mismo nivel que los que protagonizaron el alzamiento fascista de 1936. Nosotros creemos que los luchadores por la libertad, los brigadistas internacionales y las decenas de miles de personas que por filiación comunista, socialista o nacionalista lucharon contra el régimen fascista, merecían una Ley de Memoria Histórica a la medida del esfuerzo que hicieron para defender la II República, que era la institución democrática que, en ese momento, estaba en el Estado Español. Creemos que dicha ley equipara a víctimas y verdugos y desde luego, nosotros, no podemos más que mostrar nuestra más enérgica protesta ante dicha actuación y volver a reiterar que el Partido Socialista, una vez más, ha preferido hacer una lectura tibia de estos hechos para no caer en otro tipo de críticas a la derecha que parece que son las que le asustan.

¿Por qué un partido como Ezker Batua gobierna con un partido como el PNV?

Ezker Batua Berdeak viene y se reivindica en la izquierda, y quiere seguir profundizando en el camino de la izquierda que aspira a cambiar el sistema neoliberal y capitalista actual por otro de corte socialista más respetuoso con el medioambiente. No obstante, gobierna con un partido que, desde luego, no comparte mucho de estos axiomas o principios por una cuestión básica y fundamental y muy pegada al terreno: la realidad en Euskadi permitía esta fórmula y no permitía muchas más. Además esta fórmula impedía que se pusieran en práctica otras formas de gobierno que eran mucho más nocivas para el conjunto de los ciudadanos. Ejecutivos PSOE- PP- Ezker Batua o gobiernos PNV-PSE-PP son gobiernos que en el terreno de lo social iban a dejar mucho que desear y que no iban a conseguir mejorar las condiciones objetivas de vida de los ciudadanos y ciudadanas, fundamentalmente, de los que menos tienen. Asumimos, consideramos que este tripartito hay que medirlo por el grado de eficacia y consecución de políticas sociales. Seguramente, la mejor manera de hacerlo es compararlo con los gobiernos de su entorno y ver dónde se han puesto en marcha más políticas sociales y dónde, por el contrario, se ha dado más pábulo a las políticas neoliberales. En ese terreno, creo que el gobierno vasco gana por goleada a cualquier Ejecutivo de su entorno. En cuanto al departamento que gestiona Ezker Batua, considero que se han llevado a cabo políticas importantes y en este sentido, la de vivienda es fundamental. Somos pioneros en la puesta en práctica de medidas progresistas a la hora de abordar el problema de la vivienda. Prácticas, que están empezando a copiar, a calcar en otras realidades autonómicas. Creemos que se ha hecho mucho, que se tiene que hacer todavía más, pero también creemos que en el terreno de las drogodependencias o en el terreno de la cooperación al desarrollo la presencia de Ezker Batua ha conseguido que el Gobierno Vasco se hermane, por ejemplo, con gobiernos como el de Cuba, el de Brasil, Venezuela o el de Bolivia y eso, sin duda, más allá del efecto simbólico, tiene un efecto político que se traduce en una contestación al orden unipolar mundial que quiere establecer Estados Unidos y al neoliberalismo que se intenta imponer en todo el planeta.