“No te fallaré”

“Compañeros” es uno de los pocos productos de la “Fábrica de la imaginación” de Antena 3 que no sólo no ha cosechado un total y absoluto fracaso sino que, a los cuatro (¿o ya son cinco?) años de su aparición sigue mandando en las cifras de audiencia. Desde el principio, esta serie intentó alejarse del tópico imperante sobre la juventud española como un colectivo desentendido de la actualidad, profundamente inculto y egoísta y con serios problemas de comportamiento en sociedad. La idea era alejarse lo más posible de series como “Al salir de clase”, que conjuntaban todos estos rasgos con una sorprendente y homogénea belleza física de todos los participantes en la serie que contribuía a hacerla aún más irreal. Por contraste, Compañeros intentó presentar a unos actores mínimamente creíbles, no se centró únicamente en los asuntos propios del picor adolescente, sino que mostró historias diversificadas sobre el mundo de los adultos y también el de los niños (lo que, de paso, le permitía abarcar los comportamientos propios de una parte mayor de la sociedad) y además procuró que todas sus capítulos tuvieran un trasfondo “profundo”, de “concienciación social”; en suma, extraer algún tipo de moraleja que ayudase a los jóvenes a ser mejores.

Tan nobles propósitos, naturalmente, tuvieron que ser abandonados, siquiera de forma parcial, desde el principio. Las buenas intenciones no son suficientes cuando tropiezan con la dura realidad de la audiencia y lo que esta exige: tías macizas, estúpidas historias de amores y, en general, lo propio del mundo adolescente. La educación pública en nuestro país ha dado excelentes resultados para garantizar que en un futuro no habrá ningún problema de paro: no lo habrá porque con semejante no-formación es previsible que los resultados del esfuerzo del Estado por informar (”darles forma informe”) a la juventud serán palpables en toda una generación incapaz de trabajar, que vivirá con sus padres hasta los 57 años mientras les hace la vida imposible.

Las cosas son como son, y por mucho que en Compañeros se intente dar una visión edulcorada de los jóvenes un mínimo respeto por la credibilidad de la serie exigía adoptar alguna medida. En Compañeros la solución que se les ocurrió es que la acción transcurriera en un colegio concertado pero “liberal”, curioso constructo inexistente en la sociedad española, donde, como todo el mundo sabe, la inmensa mayoría de los colegios concertados son de buenos sacerdotes que cobran muchísimo a los estudiantes mientras no gastan nada porque, total, para eso está el Estado. Pero si se intentaba hacer una serie mínimamente comprometida para el medio (TV de masas), no había más remedio que insertar a los personajes en un escenario de todo punto irreal, donde pudieran darse situaciones tan peculiares como que los alumnos fueran de motu propio al teatro, y cosas así, pertenecientes por otro lado al terreno de la ciencia-ficción.

¿Qué ofrece Compañeros? Las increíbles historias de un grupo de jóvenes en un entorno escolar a los que les ocurren todo tipo de peripecias relacionadas con “la sociedad de hoy en día”, por ejemplo secuestros, viajes increíbles, alucinaciones, y cosas así de las que a Usted y a mi nos ocurrían en el Instituto día sí, día también. A veces las historias tienen su gracia, porque a fin de cuentas están hechas con medios, y con tiempo (la calidad técnica de la serie es indiscutible), pero en general el resultado es el deseado: una serie “para los jóvenes”, con todo lo que ello implica. Es preciso destacar que no sólo chirrían los argumentos de las series, sino también sus personajes, que conforme se han consolidado, se han convertido en iconos juveniles y, por tanto, han prolongado su presencia en la serie se han ido transformando en figuras impostadas a merced de la fértil y retorcida imaginación de los guionistas, que incluso se los llevaron a una infame película (”No te fallaré”) que trató (sin demasiado éxito) de explotar la audiencia consolidada de la serie. Al mismo tiempo, hay un pequeño detalle que quizás habría que tener presente: aunque los personajes televisivos no tienen edad, por desgracia los actores que los interpretan sí la tienen, y el inevitable paso del tiempo nos hace mirar cada vez con más extrañeza a unos supuestos estudiantes de instituto que, en apariencia, ya deben andar bien entrada la veintena; dado que esto no es debido, como podría sospecharse, a que han repetido curso año tras año, sino a las licencias propias de la ficción, la cosa ha empezado a ser demasiado poco creíble, y por tanto los guionistas de la serie no han tenido más remedio que asumir que “el año que viene” sus personajes ya abandonarán el colegio para hacer sus estudios universitarios, lo cual puede interpretarse o bien como una manera de cerrar un ciclo exitoso de 5 (¿o 4?) años o como preludio de la inevitable continuación: “Compañeros: los años de Universidad”. Esto es algo que ya hicieron algunos de los precursores norteamericanos de los que en su día hablaremos, Sensación de Vivir o Salvados por la Campana, aunque hay que decir que, al menos en el primer caso, no hubo ningún problema de ruptura narrativa: los personajes de Sensación de Vivir resultaban de todo punto increíbles desde un principio. Aunque las continuaciones universitarias de las series yanquis fueron un fracaso, hay que esperar que, a la vista de lo que hace el español universitario medio (nada), las peripecias de los personajes de Compañeros en el mundo universitario ganen en profundidad, realismo y audiencia de miles de universitarios que, esta vez sí, se vean reflejados en los personajes de Compañeros cuando se pongan a fumar porros, a beber todos los fines de semana (de cuatro días cada uno), a no ir nunca a clase o a escabullirse del mayor colectivo de locos peligrosos que jamás ha alumbrado el mundo: el profesorado universitario.

A continuación, podríamos hacerles un resumen de los múltiples y variados temas de interés social que ha tocado Compañeros a lo largo de todos estos años; podríamos hacer un compendio de las claves narrativas, los hilos de fuerza que recorren la serie; podríamos ahondar en la sutil disposición estructural de los planos de la realidad (niños, adolescentes, y adultos); incluso podríamos relatarles la espectacular aparición del filósofo Fernando Savater en Compañeros (en este caso no lo haremos porque Ustedes ya asumirán por sí mismos que el, por otro lado, Filósofo con todas las letras, honrosa excepción de nuestro páramo intelectual, se caracteriza por aparecer en los lugares y foros más insospechados). Podríamos, insisto, pero no lo haremos. Algunos de Ustedes quizás pudieran pensar que esto se debe a que, en realidad, tampoco hemos visto tantos capítulos de Compañeros como quisiéramos aparentar; no es el caso (ni falta que haría), pero nos resulta más interesante, y estamos seguros de que a Ustedes también, analizar más los personajes que las situaciones. Vayamos a ello:

- Quimi: Es el líder del grupo de amigos de Compañeros, el maduro e independiente que trabaja al mismo tiempo que estudia y además vive sin sus padres en un piso, con dos cojones. El sueño perverso de todas las adolescentes españolas que quisieran dar un reconfortante paseo con él en su moto. Prototipo de joven rebelde que se niega a aceptar las estrecheces del Sistema que intenta coartar su independencia. ¿Están Ustedes confundidos? Traduciremos: Quimi se dedica a contestar a los profesores, ir de duro chulopiscinas por la vida, comportarse en todo como el típico adolescente problemático y, en suma, llevar la contraria a todo el mundo con tal de figurar algo. Con estos mimbres, es lógico que el personaje triunfara entre la audiencia.

- Valle: Eterna pareja del anterior, más o menos se caracteriza por intentar imitarle con unos resultados bastante pobres, sobre todo en lo que concierne a la relación de pareja (naturalmente, manda él en todo). Pero es la tía buena oficial de la serie y por lo tanto se le perdona todo.

- Luismi: El hintelectual de los amiguetes, le gusta estudiar y todo y de cuando en cuando da muestras de un profundo pensamiento analítico que, naturalmente, hace descender la audiencia en progresión geométrica. Como hintelectual, por supuesto, es un bicho raro que no liga lo más mínimo, pero al mismo tiempo consigue resultar atractivo a algunas mujeres más mayores. Claro que “Luismi” es uno de los guionistas de la serie, y de cuando en cuando se permite alguna alegría.

- César: El entrañable hermano pequeño de la mítica “Farmacia de guardia”, comenzó como líder oficial del grupo pero bien pronto Quimi le comió el terreno a pasos agigantados. Su personaje se ha desdibujado con el paso de los años, dado que no ha envejecido bien, o en realidad podemos decir que no ha envejecido en absoluto. Sus apariciones siguen retrotrayéndonos a Farmacia de Guardia, aunque ahora beba alcohol y antes no (salvo que se escondiera en la trastienda de la farmacia y le diera lingotazos al alcohol 97º).

- Arantxa: Actualmente desaparecida, su función en la serie es ofrecer la imagen de juventud progre y concienciada. ¿Progresismo y crítica social en una serie de gran audiencia? En efecto, Arantxa demuestra su militancia en aspectos tan fundamentales como utilizar vestimentas un tanto absurdas y negadoras de cualquier sentido del ridículo. Más allá de eso, sabemos que es mu roja porque a veces pone cara como de aflicción cuando presencia injusticias sociales (¿?).

- Félix: Entramos ya en el fascinante mundo de los adultos. Teóricamente es un profesor enormemente culto, compendio de todas las formas del saber y fascinado por el mundo del intelecto. ¿Qué raro, verdad? ¡Un antisocial! En efecto, así es visto por los guionistas de la serie, que lo muestran como un dinosaurio en extinción en el mundo educativo, una persona que piensa que su función en el mundo de la enseñanza es eso, enseñar, y no ser un tío guay con sus alumnos para así disimular como pueda su total y absoluta falta de conocimientos.

- Alfredo: El hermano pequeño de Félix y contrapunto absoluto de éste. Alfredo considera que un colegio de educación primaria y secundaria viene a ser algo así como un campamento de boy scouts en el que él ejerce de monitor de “los chicos”, a los que se lleva a todo tipo de actividades y excursiones. Claro, hablamos de un colegio privado, en el que la enseñanza es un mundo de luz y de color en el que todo es divertido, por contraste con la situación de la educación nefandamente pública. Alfredo es un macho, un cabeza loca que piensa habitualmente con su miembro. A lo largo del devenir de la serie se ha liado con toda profesora joven que se le ha puesto a tiro, lo que le ha acabado trayendo considerables problemas, pero también ha acrecentado su función nuclear en la serie. Actualmente está intentando liarse con una monja que se ha colado en el claustro de profesores, pese a tratarse de un colegio fervientemente laico, en apariencia. Naturalmente, en cuanto monja es enormemente liberal, simpática y atractiva, como todos nosotros sabemos que son habitualmente las hermanas, compendio de las virtudes físicas y psicológicas de la mujer española.