Grandes Historiadores Terroristas de nuestro tiempo
(Réplica de Guillermo LPD al artículo “Grandes Historiadores de Nuestro Tiempo: Pío Moa”, escrito por Pablo LPD)
Cuando escribí el artículo sobre Pío Moa, podía imaginarme que su contenido molestaría o irritaría a sus defensores. Pero quisiera, antes de proceder a la contrarréplica, agradecer el hecho de que, junto a “argumentos” desquiciados cometidos por algunos insignes contertulios del ala “liberal” de escolar.net, continuación de un enjundioso debate que tuvo lugar en ese mismo espacio hace unos meses, tanto el propio Pablo como otros insignes liberales a los que desde aquí invito a participar, si así lo desean, se hayan prestado a llevar a cabo un debate serio, ponderado y basado en la búsqueda del consenso intersubjetivo de índole habermasiana que nos lleve a todos a la versión LPD de La Casa de la Pradera o Cuéntame, por citar dos entornos sociohistóricos incomparables. Y todo por culpa de la lejanía física, que si esta discusión se hubiera dado hace ocho años, como bien dice Pablo, podríamos solucionarla a hostias, como en 1936 (huy perdón, “como en 1934”, que es cuando comenzó todo), caramba.
La réplica de Pablo contiene una serie de inexactitudes y argumentos demagógicos típicamente propios de aquellos que en alguna ocasión no están de acuerdo conmigo. Procuraré ahondar en los principales y a través de ellos profundizar en lo expuesto en mi texto inicial:
1) Pablo hace una disquisición quejándose de aquéllos que descalifican a Moa por su pasado terrorista, que le niegan la posibilidad de evolucionar intelectual y personalmente, y que exigen que sea tratado como el terrorista que fue, y no como el “historiador” que se supone es. Estoy totalmente de acuerdo con él, y de hecho así lo comentaba explícitamente en mi texto, con lo que me resulta sorprendente que él lo saque a colación. Si yo explicaba prolijamente el pasado terrorista de Pío Moa (basándome sobre todo en textos del propio Moa) es para poner de relieve cómo han sido los que tradicionalmente se escandalizan por las políticas de reinserción, exigen el cumplimiento íntegro de las penas y si se tercia un endurecimiento de las mismas, es decir, Libertad Digital y la Fundación Francisco Franco, entre otros, los que dan cabida en sus medios a alguien que desmiente justo lo que critican (que las personas no puedan evolucionar e incluso pasen, del intento de destruir el sistema social, a integrarse plenamente en él). Habla muy poco de la catadura moral de estos medios, y de los que los acompañen en esta manifiesta parcialidad de miras, que exijan tanto en unos casos y miren para el otro lado en los casos que les convienen. Pero es que, además, el propio Moa se adscribe, con un par de huevos, a esa doctrina, como puede leerse en la charla que mantuvo con los lectores de elmundo.es:
18. ¿Cree usted en las medidas de reinserción de los presos etarras?¿Fomentaría usted esas medidas?
En general, no. Con excepciones y garantías.
Y esta, mi preferida por lo que respecta al propio Moa:
32. ¿Los terroristas merecen una segunda oportunidad?
¿Quiere decir otra oportunidad de hacer terrorismo?
2) En relación con lo anterior, es evidente que Pablo, como tantos y tantos eximios representantes del neoliberalismo, está obsesionado con lo que él denomina la izquierda, que además se circunscribe a una izquierda entendida siempre como fidedigna representación del estalinismo (porque, por lo visto, no hay otra) en la que, desde luego, no me siento representado. Aparecen tres claros síntomas de lo que antecede:
- Pablo considera que hay un monopolio mediático, cultural e ideológico de la izquierda que lo invade todo y que ha dejado al pobre Pío Moa en la indigencia, impidiéndole expresar su opinión. Esto es si cabe más sorprendente que lo de “Moa persona humana terrorista”, dado que es complicado pensar en algún supuesto historiador que venda más libros que Moa, salga en más medios de comunicación e incluso sea colaborador asiduo de los mismos (sólo se me ocurre compararlo en este último aspecto con el finado Javier Tusell). Es más, desde que aparecieron las revolucionarias investigaciones de Moa, prácticamente todo el Periodismo Independiente se ha afanado en darle toda la cancha posible, y el propio Moa se convirtió en autor de cabecera confeso del anterior presidente del Gobierno. ¿Cabe esperar mayor promoción de un autor? Si la queja es que “Moa está vetado en los medios del PRISOE”, pues oiga, yo también estoy vetado en la Cope, y eso que la Histeria de España es muchísimo más rigurosa que “Los orígenes de la Guerra Civil”, y no me quejo.
- Pero es que, además, las quejas sobre la marginación de Moa se extienden al ámbito académico, en el cual, por lo visto, la izquierda de nuevo campa a sus anchas. Es increíble, pero todos los historiadores que han tocado en algún momento la II República y la Guerra Civil son asiduos de la Bodeguilla y fervientes admiradores de Stalin, y ni uno de ellos, ni una sola voz (salvo la de Thomas Payne, autor imparcial en este asunto que considera, por ejemplo, que el Gobierno de ZP “es el peor Gobierno de la democracia”. ¡Y sólo lleva nueve meses!), se ha alzado para defender la revolución historiográfica de Moa. Pues, a riesgo de que me consideren extremadamente tiquismiquis, igual es que se le ningunea porque su metodología es infame, sus conclusiones ridículas y además claramente al servicio de una determinada ideología (la de los que le defienden) y sus “revelaciones”, chascarrillos de la historiografía franquista de siempre (que Moa se limita a actualizar) superados desde los años sesenta. Es un pobre argumento, impropio de mi contrincante dialéctico, recurrir a la “Gran Conspiración” para explicar que Moa no haya irrumpido en la academia con la misma fuerza que en las pilas de bestsellers de El Corte Inglés. Y es casi sonrojante que Moa “denuncie” que sus trabajos no sean nunca aceptados en las revistas científicas. Para la información de los liberales, les conviene saber que en la mayoría de estas revistas funcionan mediante evaluadores ciegos, que se leen los textos enviados sin saber el nombre del autor y evalúan la conveniencia de publicarlos o no. Así que si los rechazan, no se debe a que, como es Moa, la Secta Izquierdista le cierre el paso, sino sencillamente a que su trabajo no tiene nada que ver con lo que es común en el mundo académico (otra cosa será, claro, que Moa envíe textos citándose a él y a nadie más, en cuyo caso el evaluador sí puede saber de quién es obra el texto, pero, desde luego, amparar una supuesta investigación únicamente en autocitas es garantía de fracaso con indepencia de quién sea el autocitado).
Ojo, con esto no estoy diciendo que el mundo académico no sea pasto de todo tipo de camarillas, que la ideología no explique muchos desatinos y que no se hagan continuas cacicadas; pero sí estoy diciendo que es ridículo pretender que todos los historiadores, todos, se agrupan en torno al PRISOE. Si Moa está fuera del debate académico y nadie, ni los que podrían acercarse a su “cuerda” (los historiadores “de derechas”, para entendernos), lo defiende ni tiene en consideración, se debe, sencillamente, a que Moa no pertenece al mundo académico, ni es historiador: es un propagandista, y además, por lo que se deduce de su comportamiento victimista, de pura factura Euskal Herria, y de las ridículas conclusiones de su “investigación”, muy malo.
- Otro error del argumentario de Pablo (partícipe en esto del de Moa) es considerar que las lecturas de la Guerra Civil derivan de la lucha de clases o, hablando en plata, de un cierto “marxismo historiográfico”. Esto podría ser incluso cierto si nos ubicásemos en los años 70 (tan caro en el fondo a los neoliberales, pues en realidad su problema es que se han quedado huérfanos de un enemigo que merezca la pena, por pura inanidad de la izquierda; sí, yo también echo de menos a la Unión Soviética, pero no para depuraros a todos en las checas como buen progretarra islamoprogre, sino porque hay que reconocer que Corea del Norte da mucho menos juego) y en el ámbito español (aunque insisto, tampoco en los años 70 era el historicismo marxista la única opción), pero toda la teoría se derrumba en cuanto revisamos bibliografía proveniente de otros países, que pudieron investigar antes y en mejores condiciones. El estudio de Thomas, por ejemplo, que se remonta a los años 60, no tiene nada de lucha de clases, y muy poco de partidismo (y el que tiene no es precisamente proRevolución, pero sí proRepública, esa que los neoliberales y Moa dicen que sólo defendían fervientemente la CEDA y la Falange).
En realidad, si se me permite un poco de malicia, yo creo que son los neoconservadores y, en particular, Pío Moa (aunque él sea más bien “paleoconservador”), los que siguen poderosamente influidos por la lucha de clases, y ven lucha de clases en todas partes. Me permito sugerir que el problema deriva en buena parte de que, como Moa no se mueve en el ámbito científico, sino periodístico, lo que ellos consideran “referentes intelectuales de la izquierda” y, al mismo tiempo, “teorías de la historiografía oficial”, son panfletos demagógicos, equivalentes a los de Moa, emitidos desde la izquierda a través de tribunas periodísticas, estilo la película “Tierra y Libertad” (y aunque no hace falta ni aclararlo, no me refiero a mi dilecto crítico, sino a los corifeos de Moa que pululan en weblogs y foros de debate).
3) Por último, conviene ciertamente profundizar en las teorías historiográficas de Moa. Es preciso señalar, llegados a este punto, que claramente me he metido en un jardín, que no es “oh no, en realidad Moa tiene razón”, sino “Dios mío, al final tendré que leerme a Moa”. ¿Y cómo hacerlo sin que resulte gravoso para mi maltrecha economía? Desde aquí solicito a los magnos neoliberales deseosos de iluminarme el envío de la Palabra de Pío, con promesa de leerme, al menos, un capítulo.
Sobre la tesis central (“la izquierda empezó en 1934”) del libro de Moa, convendría decir las siguientes precisiones:
- La izquierda que se rebeló en 1934, que era, aunque Pablo no lo dice, fundamentalmente la CNT y la FAI, esto es, los anarquistas (que como ahora no les vota nadie no tiene importancia si eran malos o no), además de la Generalitat de Cataluña, no estaba en el Gobierno en Julio de 1936. Nadie se va a poner a defender en una discusión seria las motivaciones de esta Revolución de Octubre, pero asociar esa revolución con el Gobierno de la República de 1936, en manos de la izquierda republicana, es confundir deliberadamente los términos.
- Además, aún no acabo de entender qué significa que “la Guerra Civil comenzó en 1934”. ¿Por qué no en 1932, con el Golpe de Estado de Sanjurjo, que también fue un intento fallido de acabar con la legitimidad republicana? ¿Por qué sólo son los intentos fallidos de “la izquierda” los que justifican acciones posteriores?
- La “gran revelación” de Moa, esto es, que la izquierda tampoco creía en la República, no es tal. Es público y notorio, y así está reflejado en publicaciones periódicas de la época, en todos los estudios mínimamente serios al respecto (podríamos citar a historiadores tan variopintos como Tusell, Carr, Thomas, Jackson, García de Cortázar y, si nos ponemos serios y rigurosos, Forges), e incluso en la propia propaganda política de los partidos de entonces, que los anarquistas no creían en la “República burguesa” (y cómo iban a creer, me pregunto) y los socialistas del ala de Largo Caballero tampoco, y la veían a lo sumo como una fase de transición para alcanzar la ansiada sociedad comunista. Ahora bien, lo que no entiendo es cómo el programa político de un ala de un partido que apoya al Gobierno “desde fuera” justifica un Golpe de Estado. Porque, por la misma razón, podríamos revisar el programa de la CEDA (que nunca acató la legalidad republicana) y justificar la Revolución de Octubre de 1934 (desencadenada por la entrada en el Gobierno de tres ministros de la CEDA). Y ya de Falange, los carlistas, etc., no hace falta ni hablar.
- Espero que Pablo coincida conmigo en que es, cuanto menos, curioso que la obra de Pío Moa no tenga nada que ver con la defensa del franquismo ni la historiografía franquista y, al mismo tiempo, sea colaborador de la Fundación Francisco Franco, coincida punto por punto con dicha historiografía y haga públicas manifestaciones de apoyo a la dictadura (de nuevo, en el ya mencionado chat de elmundo.es):
21. Aunque supongo que criticar a la republica ya le bastaría para ganarse las iras de la izquierda ¿era necesario -o justificado- hacer una defensa ‘explícita’ de franco? Con ello le ha dado a los ‘republicanos’ una excusa para desviar el meollo del libro
Si en la República había un peligro revolucionario como indiscutiblemente lo había es evidente que Franco nos salvó de él. Después hubo una larga dictadura, pero no todas las dictaduras son iguales. De la de Franco España salió como un país muy próspero y maduro para la democracia. De la de Fidel Castro, por ejemplo, Cuba saldrá como un país arruinado donde la democracia será difícil de implantarse.
33. El final de su libro parece una apología del régimen que siguió a la guerra civil. ¿Cual es su opinión sobre el régimen franquista?. Gracias.
No es una apología, sino un recordatorio de numerosos hechos que están siendo ocultados por una propaganda sectaria. La historiografía debe ir a los hechos y analizar críticamente la propaganda. Creo que el franquismo, aún siendo una dictadura, evitó una dictadura de tipo soviético mucho más dura. Piense usted que las propias izquierdas terminaron sublevándose contra Negrín y los comunistas, a pesar de que Franco no les prometió clemencia. Entre Negrín y Franco eligieron a Franco. Así terminó la Guerra Civil. Si eligieron a Franco es porque tenían una experiencia de lo que eran los comunistas.
Me permito comentar: mucho más dura y, sobre todo, mucho más larga, porque como es sabido la República Bolchevique Española habría sido primero aliada de los nazis y posteriormente de los EE.UU. También he leído por ahí otras perlas de Moa hablando del paraíso económico franquista y de las amplias libertades de expresión, reunión y manifestación de que gozaba él en el tardofranquismo, pero ahora no las tengo a mano.
En resumen: que alguien me explique esta, insisto, revolucionaria “historia preventiva” en virtud de la cual los sublevados contra la República son los defensores de la misma (por eso colocaron un peazo República digna de mejor causa nada más terminar la guerra) y las rebeliones infructuosas justifican un levantamiento militar (que se da ¡oh casualidad! poco después de que el Frente Popular gane las elecciones, y comienza a conspirarse desde la misma toma de posesión del gobierno).
Por último, respecto a Libertad Digital, creo que es más que evidente que esa publicación es uno de los foros de pensamiento privilegiados de la ultraderecha española (de la que Jiménez Losantos, Pío Moa o César Vidal son privilegiados representantes, a falta de algo mejor), y de paso diré que estos señores, que son los que mandan en Libertad Digital, han aprovechado el ímpetu del neoliberalismo para darse un apresurado barniz y realizar una imposible fusión del neoliberalismo y la derecha reaccionaria española de siempre. Porque, por ejemplo: ¿cómo se come un liberalismo confesional? Yo no digo que todos los que colaboran en Libertad Digital pertenezcan a la ultraderecha, evidentemente, pero sí, porque es de todo punto obvio, que su línea editorial y sus primeras espadas sí lo hacen. Por eso es plenamente lógico que Moa se integre en esa publicación y que sus delirantes “teorías” sean aceptadas como dogma de fe, pero no tanto que al mismo tiempo se defienda, insisto de nuevo, aquello de que los terroristas lo son para siempre. Y que lo haga el propio Moa, ex terrorista, pues ya es para meterlo en Gran Hermano VIP.


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