Barbaridades políticamente incorrectas
La única razón por la que Javier Ortíz publica sus artículos en un periódico democrático, debe ser la debilidad de nuestros medios de comunicación por contar entre sus filas con espacios de cierto exotismo ideológico.
Cada vez que Ortiz escribe una columna sobre algún tema de escabrosa actualidad, la vena progre que todos llevamos dentro hace palmas con las orejas. Y sin embargo nada hay en este mundo tan aburrido y previsible como una columna de Javier Ortiz. De forma invariable, todas sus opiniones siempre estarán instaladas en el extrarradio de lo intelectualmente decoroso o en el epicentro de lo divertidamente ácrata. Así, para J.O. la culpa de todo lo que pasa en el país vasco es del P.P. y del P.S.O.E. (y si le apuran de Mayor Oreja). De igual forma, la culpa de la matanza ocurrida en el WTC es, qué duda cabe, de los EE.UU. y su política internacional. Y así hasta el infinito, nada nuevo bajo el sol.
La última ocurrencia de D. Javier, perpetrada en contra de las famosas declaraciones de Berlusconi comparando las civilizaciones occidental e islámica, y publicada el pasado sábado en El Mundo, es como para enrollar el periódico y atizarle un par de cariñosos cachetes en sus rollizos mofletes: No Javi, no, toma, toma y toma por malo. Para cualquier persona con dos dedos de frente es, o debería ser, incuestionable la superioridad moral de nuestra civilización (de honda raíz romana y cristiana que es lo que al parecer más jode a los leninistas nostálgicos) respecto a la de los países islámicos en cuanto al respeto de los derechos humanos y a la libertad de sus ciudadanos. Una “cultura” como la islámica que considera a la mujer casi como ganado humano, en la que las chicas un poco ligeras de cascos son apedreadas hasta morir (quizá la más horrible de las muertes posibles), en la que los homosexuales son decapitados, y en la que, en general, todos los no creyentes en la fe de allah son considerados enemigos y dignos de ser eliminados, no es ya que sea inferior a la cultura occidental sino que no le llega a los talones a cualquier sistema ético que haya podido crear el ser humano desde que bajamos de los árboles.
Para Javier, sin embargo, la civilización occidental lleva dentro un demonio que automáticamente la sitúa en el último puesto de las civilizaciones respetables: El sistema de libre mercado. Este matiz es el que invalida para Ortiz toda aportación adicional, y ello a pesar del clamoroso fracaso con que se han saldado uno tras otro el resto de experimentos económicos puestos en práctica a lo largo del siglo XX, especialmente la sacrosanta colectivización socialista (que se lo pregunten a un ruso), y de lo que al parecer él no ha tenido noticia todavía.
Nuestro querido periodista debería reflexionar quizá también en la circunstancia de que es precisamente en occidente donde incluso botarates como él pueden discrepar y poner en cuestión los cimientos mismos de nuestro sistema de vida sin que nada deban temer por ello, (como debe ser, por otra parte), mientras que en los países islamistas (excepto aquellos que se han “occidentalizado” lo suficiente como para evitar ciertas barbaridades) cualquier disidencia es condenada de la forma que ustedes y nosotros sabemos. Además, a los ateos como D. Javier (según él mismo se autodefine) en las repúblicas islámicas los cuelgan de un poste, por lo que desde LPD le recomendamos vivamente que no se mueva de su odiado occidente, y siga aguantando como pueda su insoportable existencia burguesa. Nosotros queremos seguir disfrutando de sus divertidas columnas muchos años más.


Nadie ha comentado nada en Javier Ortiz
Nadie ha dicho nada aún.
Comentarios cerrados para esta entrada.