Uno de tantos progres que apoyan sin mesura al PP
Manuel Martín Ferrand es uno de esos grandes e incomprendidos luchadores por la libertad a los que España no ha sabido recompensar como merecieron. Padre espiritual de grandes periodistas, señeramente de Antonio Herrero (todavía no analizado en esta página con la profundidad que merece, ni comentada su contribución a la liberación de este país de la tenaza felipista que lo sometía), Martín Ferrand no ha recibido el homenaje que se merece. Nuestro periodista es uno de los principales ideólogos de lo que se llamaría la lucha del periodismo independiente, a pesar de lo cual, una vez ganada la batalla, apenas si le han dado las migajas. No hay derecho a que alguien como él o como Luis Ángel de la Viuda, que demostraron cómo se podía lograr una televisión privada de calidad en España (pues intuimos, dado que su audiencia era similar a la de La Dos, que la programación inicial de Antena 3 TV era de ese jaez, aunque nosotros, claro, no la veíamos nunca) y que la quiebra se la tragara un empresario modelo como Asensio, no hayan disfrutado, en recompensa al esfuerzo desplegado, de la dirección general de TVE, en la que podrían dar rienda suelta a sus más oscuros deseos. Puestos a soñar despiertos, imagínense la programación de esa nueva TVE, gestionada desde el raciocinio y dedicada a televisar, como hacía A3TV en los buenos tiempos, la programación de la cadena de radio hermana. Con el aliciente extra de que, en este caso, la radio en cuestión sería RNE con la inefable Nieves Herrero de estrella.
Heroicidades televisivas al margen Martín Ferrand ha dejado como legado la ejemplar transición que la clase periodística protagonizó durante el franquismo. Exactamente los mismos periodistas pasaron a ser “demócratas” de repente, y habían luchado contra la dictadura en el primer y más expuesto frente. A pesar de lo que pudiera parecer que publicaran, vendieran, vivieran de puta madre y no fueran incordiados por el régimen (del mismo modo que ellos tampoco le hacían la Pascua excesivamente) en realidad de lo que se trataba es de que, aprovechando los estrechos márgenes de la censura, hacían una sutil crítica al sistema y demostraban las incoherencias del mismo. Afortunadamente, para todos aquellos que nunca nos dimos cuenta, ellos se encargaron de explicarnos extensamente cómo se oponían a Franco. Pues bien, Martín Ferrand es uno de estos ejemplares (en los dos sentidos del término). Y por su enconado respeto a las libertades, en cuanto atisbó la deriva dictatorial del nuevo régimen felipista lo denunció, ahora sí, con vehemencia (al parecer ahora la vía correcta ya no era la sutil ironía, por extraños motivos que nunca nos fueron expuestos). Pero, ojo, siempre sin perder las formas, porque si algo caracteriza a Martín Ferrand y sus discípulos es que TODOS, SIEMPRE, se hablan entre ellos de Usted. Ese es su mayor y mejor legado, D. Manuel.


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