Noticias desde la Casa de Gran Hermano

14/10/03: Inminente penalty y expulsión de Luhay

El jueves hubo nominaciones en la Casa de Gran Hermano, y LPD -servicio público- se las cuenta (con sólo cinco días de retraso pues, en efecto, “servicio público”). Tras la marcha de Aida y habida cuenta de la situación internacional era bastante obvio que Luhay iba a estar entre los nominados, pues no en vano es musulmán y ya saben lo que esto significa en España (por no hablar de que el chaval no parece particularmente concienciado con aquello de la igualdad de sexos, la modernidad y, en breve, no soltar yoyah a las mujeres pretendiendo encima que ello sea prueba de masculinidad cañí - cerril, ¿sabeh?).

Junto a Luhay han sido nominados Nicola, por pesao, y Julián, porque una cosa es que todos los que voten en Gran Hermano sean los del Politono Papichulo y otra muy distinta que los concursantes de Gran Hermano, recuerden, “por encima de la media intelectual española”, no acaben hastiándose de un tío que parece el público objetivo soñado por los creativos publicitarios de “Politono Papichulo”, asín como te lo cuento. Después de llorar como mujer lo que no pudo conquistar como hombre (de decir, en breve, que si pudiera tendría siete hijos con Ainhoa), nos sale ahora con que Ainhoa “es mala”, “una mierda de persona”, y “le ha decepcionado”. A falta de confirmar los anteriores, es indudable que sí, que le ha decepcionado, pues la chica no sólo no se ha acostado con él, sino que ha dado muestras sobradas de que acostarse, se acostará con cualquier habitante de la Casa salvo con él, pues Ainhoa es una chica culta y recatada, impropia de un maromo como Julián, que ya en sus primeros días en la Casa dio muestras de su exquisita educación: “me estoy meando como una perra”. Lo más gracioso es que al principio Julián no estaba nominado (en su lugar había dos chicas, Bea -una especie de niña bien totalmente desangelada, pues ni siquiera se ha desnudado aún ante las cámaras-, y la propia Ainhoa), pero por estas reglas absurdas de Gran Hermano dos concursantes les quitaron tres puntos a ambas y al final Julián se vio nominado, asín, sin comerlo ni beberlo, ¿sabeh?

La verdad, nos temíamos que la marcha de Aida fuese un canto del cisne prematuro de este por ahora excelente Gran Hermano, pero no ha sido así; sublevados por la ausencia de Aida, sus excompañeros han reivindicado su insultante personalidad (la suya, no la de Aida, el primer personaje del siglo XXI no jugador del Real Madrid que habla de sí mismo como Julio César, en tercera persona) ahondando, una vez más en esta bendita Casa, en los insondables abismos del ser humano; y no con el espectacular retoricismo vacuo que están Ustedes padeciendo en esta crónica, no, sino con bazofia de auténtico sabor popular: porque Gran Hermano es un festival de la escatología más reciamente hispánica, amigos, pero lo es con rara habilidad: es el único programa de televisión, muy probablemente, cuyos aficionados y detractores coinciden al 100% en sus motivaciones para seguirlo con entusiasmo o despreciarlo sin misericordia: las vivencias de sus habitantes son un verdadero ídolo de chapapote al patetismo social.

Son muchas las ocasiones habidas en los últimos días que merecerían entrar en los anales de la Casa, pero sólo una brilla con fulgor propio, sólo una se eleva con fuerza sobre las demás, de sólo una, en suma, me he enterado: de la Fiesta.

Todo comenzó poco después de las nominaciones, cuando los habitantes de la Casa decidieron mostrar su solidaridad con los nominados al más puro estilo hispánico: montándoles una fiesta salvaje (lo cual no deja de ser peculiar dado que los nominados lo son por causa de sus compañeros) a base de tequila en la que la cosa fue como sigue: acaudillados por el Führer -lógico- y Ainhoa, “esa mierda de persona”, los concursantes decidieron embadurnarse unos a otros con sal y tomarse tanto la sal como el limón consustancial a cualquier tequila directamente de los cuerpos de los compañeros; aunque la cosa no llegó a mayores (no hubo ninguna salida del armario), tuvo momentos simpáticos a los que sólo les faltó el hilo musical que auspicia el comienzo de cualquier escena de película porno, con Carla brillando con luz propia mientras echaba sal sobre los genitales del Führer y adláteres y luego se lanzaba a lamerla, pues la chica tenía sed y el tequila, ante todo, ha de beberse al modo tradicional; esta actitud desenvuelta, propia de alguien que ha superado manidos clichés, propios de reprimidos sexuales, largo tiempo instaurados en nuestra sociedad por la coerción de las fuerzas reaccionarias, fue malinterpretada por las compañeras de Carla, que cuando ésta se fue a su habitación no perdieron ocasión para incidir en lo impropio de su comportamiento (es decir, que para ellas Carla es una puta, que esto ya parecía, más que una crónica, una novela de Jane Austen); al mismo tiempo Ainhoa se lió con todos los que se le pusieron a tiro, al igual que Vanessa, quien por cierto es desde hace unos cuantos días novia oficial de Ramón, un chaval que si hubiera nacido en Hospitalet se parecería bastante a Cal.loh, ¿sabeh?.

Aunque a mi quien se me antoja el héroe de esta ocasión es Luhay, ya saben, el hombre que pronunció el slogan por antonomasia: “pa chulo chulo mi pirulo”, pues el chaval aprovechó la ocasión para, en los prolegómenos de la sagrada fiesta del Ramadán, inmolarse cual suicida palestino en aras de la virtud y dejar la fiesta tan pronto como había conseguido, por una vez en la vida, liarse con una tía, aunque para ello tuviera que beberse seis botellas de tequila contraviniendo las sabias enseñanzas del Corán, si es que enseñan algo. Pese a lo proclive del contexto de fervor sexual, la cosa no fue mucho más allá, el chaval se fue suponemos que a rezar, y, en suma, Luhay siguió sin estrenar su pirulo, aunque algo es algo. Lamentablemente, no logrará estrenarlo de aquí a que, este jueves, sea ignominiosamente expulsado de la Casa, en la que es nuestra apuesta más sencilla de todas las que llevamos haciendo a lo largo de cinco ediciones de Gran Hermano, ¿sabeh?

Por lo demás, la vida se vive en Gran Hermano con la misma intensidad que siempre; a falta del referente intelectual de Aida, sus excompañeros se solazan en exhibir su creatividad fracasando en las sucesivas pruebas que les impone la organización, en particular una -de la que tengo que enterarme mejor pues la ocasión lo merece-, consistente en componer una canción, de la que sólo conozco un impagable verso: “y por la mañana nos despertamos tós”, que obviamente promete. Menos mal que esta gente se afana en proveernos de nuestra necesaria ración de telebazofia en la sangre, porque a mi qué quieren que les diga, eso de las tertulias de Crónicas Marcianas y similares nunca me cautivó particularmente; por eso que Aida saliera es doblemente terrible, por no ver cómo la aguantaban dentro y por tener que aguantarla fuera en la ridícula tertulia dominical que ha montado telecinco para mayor gloria de Jesús Vázquez, un día el mayor fracasado de la historia de la televisión en España -sí, más que los programadores de Antena 3, me permito recordarles que en la época de El Gran Autobús Vázquez presentó un total de dos ediciones de un engendro nocturno llamado “La Central” cuyo principal aliciente, precisamente, era hablar del susodicho Autobús-, y hoy, por motivos que se me escapan pero que por lo visto tienen que ver con Hotel Glamour y el coetáneo encumbramiento de Pocholo Martínez - Bordiu, es un icono mediático que excede los límites de la revista Zero. Aida, por mucho juego que diera dentro de la Casa, es un personaje de corto recorrido. A la cuarta vez que dice aquello de “soy superespecial, lo máh mehó der mundo”, la cosa pierde gracia, fundamentalmente porque ya no se lo dice a compañeros de Casa histéricos, sino a supuestos periodistas. ¡Ay Cal.loh cómo te añoramos!, ¿sabeh?
 

 

26/9/03: Limpien su mierda

Ya ha comenzado el show en la Casa de Gran Hermano, el show que alegra nuestras vidas, el show que se constituye en centro de nuestra atención durante meses, el show que nos permitió conocer a personajes tan inolvidables como Cal.loh, el show, en suma, que nos obliga a nosotros a perder horas y horas observando el comportamiento cotidiano de estas “personas humanas” para que luego podamos contárselo a Ustedes, pero que a cambio nos da visitas y me permite terminar casi todos los párrafos con un “¿sabeh?”, ¿sabeh?

Parece que fue ayer cuando comenzó Gran Hermano, aquél mítico Gran Hermano I, el genuino, el más inocente y precisamente por ello el más Grande. Aquello fue un festival de personajes patéticos en su normalidad, un elenco de individuos sacados en apariencia de lo peor de la sociedad, pero, y ahí residía su principal atractivo, que en realidad mostraban nuestra sociedad tal cual es (bueno, es cierto que de catorce concursantes, aparecieron dos prostitutas, pero no me sean Ustedes maliciosos que el comentario no va por ahí). Tan inocente, tan puro, Gran Hermano I nos dejó bellos recuerdos que perdurarán siempre en nuestra memoria. No, en cambio, en nuestras televisiones, pues si la memoria es corta, la memoria televisiva ya ni les cuento, ¿sabeh?

Personalmente, para mi Gran Hermano alcanzó su particular canto del cisne con la llegada y ocaso de Cal.loh, indiscutible protagonista de la segunda edición. Tras su marcha, todo lo demás no ha pasado de ser un divertimento pasable, pero sin exagerar, un festival de freakies, pero sin soltar yoyah, sin agudos dilemas morales como el de canne o toltiya, sin demostraciones de recia masculinidad carpetovetónica como aquel día en que Cal.loh, ufano, feliz en su suficiencia y convencimiento de que las cosas son asín, le pidió a Fayna, tal cual, “Hasme un Colacao”. Ah… qué tiempos, ¿sabeh?

Pero basta de recuerdos, por placenteros que sean. Toda esta introducción venía a cuento de decirles una cosa: Gran Hermano ha cambiado. Su inocencia, su candidez, y su valor, han sido sustituidos por un elenco de aprovechados que querían convertirse en profesionales del espectáculo, primero (Gran Hermano III), y por profesionales del espectáculo, después (Gran Hermano IV y el actual). Y no es ya que no cuele aquello de que los concursantes tienen un coeficiente intelectual “superior a la media española”, que por supuesto lo siguen teniendo, sino que a todas luces estos concursantes no son producto de un casting, sino de un sesudo estudio de merchandising, que sin embargo, se lo adelanto, nunca podrá alcanzar el valor que sólo confiere la originalidad, ¿sabeh?

- Por un lado, este Gran Hermano se antoja un festival del multiculturalismo: una chica de color (es decir, negra, perdonen que me ande con eufemismos) que por ahora va por la vida de “guay supergenial” (no en vano, según he leído en Visto en TV, la chica puede ser parte activa del prefabricado de merchandising de este Gran Hermano), un musulmán practicante (con un par de huevos), un alemán que parece salido de una fiesta homosexual de las Waffen - SS, un italiano que parece el invitado de honor a la misma fiesta… La única cuestión, en efecto, es a quién echarán antes de todos ellos. Y en efecto, en principio todos nos inclinaríamos, tras echar un somero vistazo a la peculiar idiosincrasia sociocultural de este país, por el musulmán, o por qué no decirlo en línea con dicha idiosincrasia, malvado moro. Desde luego, si el chaval (que por el momento no ha destacado por nada en particular) es nominado puede batir el récord de votaciones (absolutas y relativas) de Gran Hermano, con un porcentaje que para sí lo querría el General Franco en sus referenda de democracia orgánica. Claro, si es nominado. Porque la cosa no es tan sencilla. Para ser expulsado Luhay, que así se llama, primero tienen que nominarle sus compañeros. ¿Y cómo reaccionará nuestra sociedad bienpensante si los motivos para nominar a un magrebí, así como si tal cosa, no fueran convincentes? ¡Racistas en la Casa de Gran Hermano! ¿Se imaginan la que puede montar María Teresa Campos, “voz del pueblo” en estos y otros asuntos irrelevantes como la Guerra de Irak?

- Por otro lado, los personajes de Gran Hermano parecen más prefabricados que nunca; todos los chicos observan una preocupante estética gay, exhibiendo sus musculitos a través de camisetas de rejilla; y la estética es preocupante no por gay (todos los “Gran Hermano” han destacado siempre en este aspecto), sino porque, por razones que se nos antojan incomprensibles, por lo visto los que van así por la vida se consideran a sí mismos muy masculinos; todos coinciden, como siempre, en abundar en el festín de la vulgaridad militante que siempre es todo Gran Hermano que se precie (y que dure), pero cada vez se les ve más el plumero: si aparece una con pinta de bruja, en efecto, lo es, sin disimular lo más mínimo cuando presenta reacciones propias de cuadro psiquiátrico; si aparece un animoso, es animoso en todo mientras no se demuestre lo contrario. A diferencia de la asombrosa complejidad de los individuos que conformaban Gran Hermano I y II, los protagonistas de esta edición parecen una amalgama de estereotipos, de clichés generados por el propio programa, ¿sabeh?
En fin, al menos hay cosas que nunca cambian en Gran Hermano: tres nominaciones, tres mujeres que estorban la apoteosis gay: Laura, Nuria y Aida. Laura es una de las “guapas”, Nuria una de las “muy simpáticas” (es decir, es fea), y Aida es el personaje insoportable de comienzos de cada Gran Hermano, que será expulsada sin remisión, pero con truco: como todos Ustedes saben, desde tiempos inmemoriales el primer expulsado de Gran Hermano conseguía réditos de su expulsión en visitas a platós de telebasura y entrevistas en revistas de papel couché, mitad por el interés inicial generado por el programa, mitad por la peculiar personalidad de la primera expulsada (siempre lo ha sido una mujer, como mandan los cánones de Gran Hermano), que justificaba tanto su nominación como su posterior expulsión. El truco está en que Aida quiere ser expulsada, en que claramente resulta insoportable ante sus compañeros sin venir a cuento, monta follones de la nada, se pone a chillar histérica pero sin que quede nada claro si es una histérica o se lo hace. Aida sabe muy bien, tras varios años de experiencia, que el público, por razones que se nos escapan, tiende a expulsar a los personajes más problemáticos, es decir, más divertidos, manteniendo, en cambio, a los más insulsos. Tan claras son las intenciones de Aida, personaje repulsivo donde los haya, que incluso se han dado cuenta de las mismas dentro de la Casa de Gran Hermano (no en vano, recuerden, “por encima de la media intelectual española”). Y así, al acabar la nominación, Denis, el Gayffen - SS al que ya hemos hecho referencia, ha ido directo, cual Panzer Divisionen yéndose a tomar un café a París, a por Aida, y la ha acusado justamente de eso, de provocar su expulsión para ganar dinero fuera de la Casa. Aunque tiene indudable mérito que Aida haya desarrollado ella solita esta nueva estrategia para el concurso (en lugar de buscar la victoria, intentar ser expulsada lo antes posible), el mensaje, queridos amigos que votan en Gran Hermano (si es que alguno de ellos lee esta página), es claro y taxativo: Ustedes quieren echar a Aida porque es “mala”, “no me resulta simpática”, etc., pero, ¡oh incautos! ¡eso es justamente lo que ella busca! ¡No le hagáis el juego a esa bruja! ¡Mantenedla en la Casa y que sufra la hostilidad de sus compañeros! Por no hablar de que, con esta revolucionaria política, el programa ganará enteros, ¿sabeh?

Por último, me queda contarles a Ustedes, a fin de que el día de mañana sean unos orgullosos ciudadanos enterados de las cosas importantes, de un divertido suceso hondamente escatológico acaecido en la Casa de Gran Hermano, que además justifica el altisonante título de esta crónica: “Limpien su mierda”: resulta que el concursante italiano, Nico (como ya les he indicado, una especie de icono gay muy perfeccionado, aunque con estos italianos nunca se sabe, todos los italianos que ejercen como tales en las más acreditadas discotecas y salas de fiesta luego suelen aparecer del brazo de la tía buena del local), es un histérico del orden y la limpieza, y el otro día, hastiado de la dejadez de sus compañeros, colocó en el marco de la puerta del retrete un cartel pintado en el que rezaba un sonoro “Limpien su mierda”; la cosa no tendría mucho misterio de no ser porque en principio yo diría que el material utilizado para la escritura era justamente eso, mierda, lo cual por un lado nos permite afirmar que Gran Hermano va por el buen camino, el que lleva a la telebasura de calidad, y por otro no deja de constituirse en una bella metáfora de reconvención a nuestros eminentes programadores televisivos, ¿sabeh?