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	<title>Mass Media</title>
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	<pubDate>Sun, 02 Dec 2007 12:36:37 +0000</pubDate>
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		<title>El Encantador de Perros</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Dec 2007 11:59:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>teleseries</category>

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La oscuridad adornada por el lacito de un Yorshire
La cita se la atribuyen indistintamente a Cecil B. de Mille o a Samuel Goldwyn, y decía algo así, porque también hay variaciones, interpretaciones y traducciones para todos los gustos, como que la película ha de empezar con un terremoto e ir subiendo hasta alcanzar el clímax. [...]]]></description>
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<h3 align="center">La oscuridad adornada por el lacito de un Yorshire</h3>
<p>La cita se la atribuyen indistintamente a Cecil B. de Mille o a Samuel Goldwyn, y decía algo así, porque también hay variaciones, interpretaciones y traducciones para todos los gustos, como que la película ha de empezar con un terremoto e ir subiendo hasta alcanzar el clímax. En esa sencilla frase contemplamos como había evolucionado el mundo audiovisual desde la trepidante “Salida de los obreros de la fábrica”, de los Hermanos Lumière, que tuvo una versión gore en España titulada “Salida de misa de doce del Pilar”, de Eduardo Gimeno Padre y Eduardo Gimeno Hijo, los Gimeno. La comparación entre ambas historias sirve para colocar a la Unidad de Destino en lo Universal (UDU) en su sitio exacto de los últimos tres o cuatro siglos, pero ese es otro asunto. El cainismo además hizo que casi seguro la de la misa no fuese la primera, sino que se tratase de una BMF (Burda Manipulación Franquista) y que la primerísima fuese “Riña en un café” de Fructuoso Gelabert, con lo que la UDU tendría el honor de dar el pistoletazo de salida al cine de acción y tener la responsabilidad plena de la posterior vocación de Chuck Norris. Pero ya decimos que ese es otro asunto.</p>
<p>Después de alguna guerra mundial, el cine sonoro, la irrupción de la tele y demás, el público no se conformaba ya con zarandajas y necesitaban de pan y circo, pero de pan de pueblo con miga de la  gorda que la metes en la salsa y tarda en empapar tres minutos y circo grande de cinco pistas. Tras el hartazgo de tanto clímax llegó el cine francés donde el terremoto quedaba fijado en la arruga de la frente de un tipo circunspecto que, en ese instante, preguntábase por la unilateralidad del enfoque en el tratamiento del interaccionismo en Popper/Don Limpio mientras una francesita le miraba anhelante con boca de piñón de tanto decir petite. Todo esto lo absorbió la tele, dando lugar a géneros dispares y de menos nivel. Con la llegada de internet y el tratamiento de la información que sublima la anécdota o convierte en primera plana aquello que elige por el propio valor de esa elección, cualquier cosa puede servir para exhibirla en pantalla, desde las miserias sentimentales de una aspirante a tonadillera hasta el intento de una pandilla de descerebrados de abrirse la cabeza contra un muro después de fabricar un artefacto con ruedas al que se suben en marcha cuesta abajo.</p>
<p>En este sin Dios donde todo vale para hacer un programa, también tiene sitio lo cotidiano, unas veces sacado de contexto y trasladado a una “urna de cristal” para su observación, como Gran Hermano o los espacios con psicólogos, niñeras o incluso los de testimonios. Otras veces es la cámara la que va a lo cotidiano al estilo documental. La cosa no da para mucho pero incluso aquí hay clases. El espectador antento y exigente se da cuenta de ello cuando de pronto se aferra a la butaca mientras observa con los ojos como platos las andanzas de un chucho con algo de pastor alemán al que no hay manera de educar para que no se suba al sofá. Asustado ante la perspectiva de que la enfermedad mental haya hecho presa definitivamente en su cerebro, el espectador atento y exigente espera al final para ver qué es eso que le hace salivar, y se encuentra con una musiquilla, unos consejos del protagonista y una voz en off que dice: El encantador de perros.</p>
<p>Ese es el primer efecto que produce esta serie documental que emite Cuatro los fines de semana: la  profunda introspección del alma. Y es que llegados a cierta edad, cuando una determinada persona humana se queda clavada en el sillón mirando la tele por los problemas de agresividad de un chihuahua, tiende a pensar primero en que disocia la realidad, y luego en lanzarse al vacío por la ventana de un sótano. Y digo esto porque me lo ha contado el amigo de un amigo de un amigo de un amigo, siendo yo el primer amigo de esa sucesión.</p>
<p>La mecánica de El Encantador de Perros es sencilla. Alguien tiene un problema cotidiano con su mascota, desde agresivisividad hasta que se orina en el salón, pasando porque tiene miedo a las baldosas brillantes o que no hay manera de sacarlo de la cama. Unos ladran sin motivo, otros giran como un trompo persiguiéndose la propia cola. Esto causa un gran desasosiego en sus dueños, que recurren al encantador, un mejicano llamado César Millán que coge rápidamente su todoterreno y se planta en la casa de quien necesita ayuda. Tras un saludo a los propietarios muestra indiferencia por el perro, explicando que no hay que saludarlos al principio porque están muy nerviosos y el contacto tiende a mantener ese estado. Una vez el perro se ha calmado lo acaricia y llega la clave del asunto: tranquilidad y sumisión. Hay que conseguir que los perros estén tranquilos y sumisos. Y así conseguir que el hombre sea el líder de la manada. A partir de ahí César Millán despliega una serie de técnicas que repite en cada episodio y no por ello son menos efectivas.</p>
<p>La mejor es el toque. El encantador da un toque leve y firme en el cuello de los perros que consigue al instante que dejen de hacer lo que estaban haciendo y empiecen a rendirse. Esto lo hace otra persona y el perro le arranca el brazo, pero este hipnotizador conoce el secreto del Kung-fú. Después, mediante paseos y más toques, a veces con la aportación de una mochila al pasear para que el perro se sienta útil, va dominando a la fiera, pongamos un Yorkshire encolerizado, que termina por amansarse de una forma que sólo creíamos posible con la ingesta de un cóctel de Clonazepan y Orfidal a través de un embudo. Al final triunfa el encantador y el perro deja de ser un perro para quedar convertido en un amasijo de carne con pelos con el mismo aspecto pero el carácter sosegado de su futuro cadáver.</p>
<p>Sin embargo, para conseguir que esta serie enganche como engancha, siendo tan repetitiva o más que <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbmassmedia/teleseries/59">El Equipo A</a> o McGyver, hay todo un mundo paralelo que forma el pilar de este documental, tratándose el asunto de los perros de un ejercicio de distracción. El Encantador de Perros narra la venganza social de un sosias del psicóptata protagonista del libro de Boris Vian “Escupiré sobre vuestra tumba”, pero sustituye el arrancamiento de pezones por el eufemismo literario de calmar caniches.</p>
<p>A nadie se le escapa que a César Millán no le gustan los perros. A cualquier persona normal se le pone cara de tonto si ve a una bolita de pelos con enormes ojos negros dando saltitos en la pernera del pantalón a modo de bienvenida y no puede reprimir al menos una carantoña y un torpe gesto con algún sonido extraño y ridículo pero cariñoso. Millán permanece impertérrito y cuando al fin saluda al perro, ya tranquilo, lo hace con una sonrisa impostada que no puede disimular el profundo asco que le causa. A veces parece que va a musitar entre sus blancos y sonrientes dientes alguna blasfemia o a lanzar un conjuro en lengua demoníaca.</p>
<p>También hay que estar atento a los dueños. Suelen ser de clase media-alta, incluso aquellos que se muestran con evidentes taras congénitas tienen un rancho como mínimo. De vez en cuando aparece una actriz de Hollywood siliconada, valga la redundancia. Muchas son propietarias que viven solas con algún hijo. Cuando sale una familia casi siempre hay pocos hijos y la pareja es el centro de atención. Siempre lleva ella la iniciativa y el marido responde al prototipo de pardillo, algunos incluso lloran cuando se dan cuenta de que han malcriado a su pequinés. Un enorme porcentaje de esas mujeres responde al prototipo de lo que en el mundo del porno se conoce como milf, siglas que quieren decir mature I love fucked, expresión que se puede traducir como féminas de cierta edad a las que invitaría a café en un momento dado.</p>
<p>Así empezamos a comprender al pérfido César Millán y su odio por los perros, a los que quiere transformar en no-perros. El mejicano procede de un ambiente humilde. Entró en Estados Unidos como inmigrante ilegal y trabajó en un salón de belleza canina y paseando perros para redondear su sueldo. Pueden imaginar lo que eso provoca en la mente de un viril mejicano, acostumbrado a cerrar sus heridas vertiendo tequila en ellas. De pronto, para ganarse la vida, ese macho tiene que cortarle las uñas a un schnauzer enano y peinar a un caprichoso griffon. Que quede claro que no tratamos de justificar lo que hace, pero hay que reconocer que vive en un ambiente hostil y degradante.</p>
<p>Después empieza a protagonizar la serie en National Geographic, y ahí surge su fama. En la superficie se trata de un documental inocente, pero en la trastienda se encuentra un infierno. El Encantador de Perros realiza una milimétricamente planeada venganza social. Se introduce en los hogares de clase media-alta americanos, allí donde se encierran los altos valores patrióticos y religiosos de esa nación. Una vez allí inocula su veneno. Entra con una energía testosterónica que en seguida lo convierte en el personaje que lleva la voz cantante. Esto lo oculta enseñando sus teorías sobre el líder de la manada, cuando él ha ocupado justo ese lugar en la hasta entonces pacífica casa donde unos americanos vivían con sus cosillas, pero felices. Se aprovecha de su cometido para conseguir esa posición sin problemas, puesto que es el maestro en ese momento y, por tanto, los miembros de la familia no están en guardia, todo lo contrario, están abiertos al saber del sensei que ha de guiarlos.</p>
<p>Si la familia está compuesta por una milf con hijo, se centra en la madre, a la que muestra su poder, mientras deja arrinconado al hijo sin prestarle más atención que la necesaria para darle unos consejos que lo ocupen y lo mantengan alejado. Esa milf, divorciada seguramente de un John alcohólico o un Harry medio gay, tiene necesidades. A partir de aquí se pueden imaginar.</p>
<p>En el caso de familia con marido pusilánime es todo más vil y fascinante. El retorcido mejicano quita del medio a los hijos con distracciones, como siempre, y después se encarga del marido. El esposo siempre queda denigrado, aunque de una forma tan sutil que no puede rebelarse, todo lo contrario, ha de admitir su inutilidad. Al final le encarga al cabeza  de familia las tareas más ridículas con el perro. Le falta darle un pellizco en el moflete después de eso. Así la mujer queda reforzada. Estaba asfixiada por la vida cotidiana, pero llega César y le hace ver que en ese mundo de ineptos ella es la única que vale. Y que merece una (censurado por el administrado de LPD) como Dios manda.Y que él tiene una bien grande.</p>
<p>Por un lado están las historias con los perros, una mera capa dulce que cubre lo que hay debajo: carne putrefacta. El mensaje de El Encantador de Perros es obvio: &#8220;Yo he salido de la basura, he venido a vuestro país, me habéis humillado, pero me voy a (censurado por el administrador de LPD) a vuestras mujeres, me voy a (censurado por el administrador de LPD) a vuestras hijas a la mínima que bajo sus blusas despunten sus (censurado por el administrador de LPD), y me voy a (censurado por el administrador de LPD) las vísceras de vuestros (censurado por el administrador de LPD) maridos de (censurado por el administrador de LPD),  hijos de (censurado por el administrador de LPD)&#8221;.</p>
<p>Ahora entendemos esa inquietante sonrisa de César Millán, con dientes blancos postizos, de dentista de Beverly Hills, y sus muecas de asco ante los perros a los que se supone ha de hacer felices. La procesión va por dentro y nos topamos con que la superficial belleza envuelve un regalo envenenado, el de un psicópata que decide perpetuar su estirpe en el vientre de las mujeres del lugar al que pretende dinamitar. Por eso admiramos a El Encantador de Perros más que nunca. Qué pedazo de (censurado por el administrador de LPD).</p>
<p> 
</p>
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		<title>Norte y Sur</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2007 20:54:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro</dc:creator>
		
		<category>teleseries</category>

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		<description><![CDATA[¡Todo el mundo al suelo!

El siglo diecinueve hablaba navarroaragonés. Fue una época en la que todo era lo que parecía y todo era a lo bestia. Los imperios eran imperios, las revoluciones eran revoluciones y los filósofos no tenían nada mejor que elucubrar que poner al mismísimo Dios mordiendo un bordillo para patearle con botas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Todo el mundo al suelo!</p>
<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/194/490181438_a6cb9bcf6e.jpg?v=0" /></p>
<p>El siglo diecinueve hablaba navarroaragonés. Fue una época en la que todo era lo que parecía y todo era a lo bestia. Los imperios eran imperios, las revoluciones eran revoluciones y los filósofos no tenían nada mejor que elucubrar que poner al mismísimo Dios mordiendo un bordillo para patearle con botas de punta de acero en la nuca y matarlo descalabrado penosamente. Además, las disputas personales se resolvían con duelos al amanecer. Decir &#8220;progre de mierda&#8221;, tan habitual hoy en los foros de Internet, suponía automáticamente ir eligiendo padrinos para batirse en un descampado sin desayunar. Discrepar no estaba al alcance de cualquiera ni se podía hacer de cualquier manera. Qué decir de los inventos. Nada de ataviar un walkman como un microondas y llamarlo iPod. Se inventaban cosas maravillosas nunca vistas. La luz eléctrica, por ejemplo, casi nada. Y los novelistas no se andaban con chiquitas. Honorato Balzac se dijo que iba a glosar todas las conductas humanas en todas las situaciones posibles y ahí está la Comedia Humana: diez mil páginas. También fue el siglo que vio nacer a Lenin, que tuvo a bien repartir todo lo existente entre toda la humanidad, aunque se la tuviera que llevar por delante en el intento. O de otros, como Wagner, probablemente el primer compositor musical en toda la Historia plenamente heterosexual. Era gente, digamos, de una pieza. Tal vez de una personalidad moldeada por oposición al siglo anterior, tan sutil y refinado con Barry Lydon y todo el copetín de pelucas, rapé y cosméticos masculinos.</p>
<p>En un contexto como éste se desarrolló la Guerra de Secesión o Guerra Civil americana. Un conflicto de marcado carácter español: todo él por una cuestión de orgullo, de cojones. La cosa, a grandes rasgos, fue tal que así: en el Sur los charnegos y los maquetos tenían un elemento común que les distinguía de los oriundos: eran de color negro. En el Norte, como no había negros, la juventud estaba indignadísima con eso de la esclavitud, de modo que se les fue calentando la cabeza hasta que las nuevas generaciones se fueron al Sur a montarla parda protestanto, lo que supuso que a algunos se les aplicara la Ley local para el discrepante: poner la nuca en la soga. En esto que llegó un presidente decidido a acabar con todo el asunto de una vez, Abraham Lincoln. Y se le advirtió desde la sureña Konfederatitzia de que si ganaba se pondría en marcha sin remisión el secesionista Plan Jefferson. De modo que ocurrieron ambas cosas, ganó Lincoln y se independizaron las Siete Provincias, Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas, que reivindicando como propios todos los territorios adyacentes deudores de su kultura -que oliera a mierda de vaca- se agenciaron Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte y declararon la guerra al Norte. Todo ello a lo loco y a lo bestia a más no poder, pegando tiros al aire y gritando <em>yuhuuu, yuhuuu.</em></p>
<p>La guerra fue cruenta, pero cruenta de cojones, como buena catástrofe decimonónica que se precie. A priori, el Norte era muy superior en todo y además dispuso un bloqueo por mar al enemigo que les dejó sin provisiones ni armas en poco tiempo. Pero el Sur tenía a Diego Armando, el general Lee, que hizo cada picia y cada escabechina sin más ayuda que sus huevos que se ganó el respeto de todos, hasta de los caballeros que tendrían que seguir con su vida sin brazos y sin piernas que iba dejando tras de sus ejércitos. Y así, erre que erre y dale que te pego, entre batalla espantosa y batalla escalofriante se llega al final de la guerra, que pierde el Sur. Y los esclavos negros de las plantaciones pasan a ser obreros manuales en oscuras fábricas abomimables o desempleados alcohólicos o delincuentes con una esperanza de vida de veinte años en el gueto: se fundan pues los Estados Unidos de América.</p>
<p>Al final, como de toda derrota que se precie, surge un icono pop: la bandera confederada que lucirán tanto los rockabillies como esos chicos con siete hijos a los dieciséis años que guarnecidos tras una melena y una barba ermitañas ejecutan solos de guitarra de veinte minutos en honor del parte meteorológico local, normalmente anticiclónico. Del mismo modo que la bandera del Sol Naciente fue abrazada por los heavies de todo el globo, incluidos los españoles como los Banzai de Salvador Domínguez. Y la esvástica ornamentó lustrosa las solapas de los punks británicos de 1977. La derrota luce, la derrota enrolla. Ganar guerras no sirve más que para inflar egos y estúpidos orgullos patrióticos. Perderlas espabila. Ahí están nuestros noventayochistas, el ecopacifismo alemán, los dibujos animados japoneses, la pornografía rusa: Pierda Usted una guerra y aporte algo a la humanidad, señora.</p>
<p>De todo esto, más o menos, versa Norte y Sur, emitida a finales de los ochenta por Televisión Española con dos rombos –ojito con los socialistas. Era una superproducción televisiva que salió por 25 millones de dólares, lo que ha costado la transferencia para uso público del Hospital Militar de Sevilla. La serie pretendía ser didáctica y  servir para explicar cómo fue el conflicto a los americanitos que haciendo uso de su santa libertad son educados en casa por sus padres en lugar de ir a la escuela, o como apoyo extraescolar a los que en el colegio no se enteran de nada. La versión de los hechos no da ningún problema, pues allí está ampliamente consensuada por todas las autoridades en el campo de la Historia. De modo que guionizar la trifulca no generó resquemores ni viejos odios. Caso contrario de lo que hubiera ocurrido aquí si a alguien se le ocurre hacer una serie sobre la Guerra Civil española, que ni encargándosela a David Lynch a fin de que no se entendiera nada ni por los cojones, se hubiera podido evitar la proliferación de libracos todos llenos de letras tomando partido a la contra de cualquier cosa que fuese lo que dijera la serie.</p>
<p>Por otra parte, la historia es una adaptación de la obra de un tal John Jakes, que plenamente consciente de lo que se traía entre manos estableció el asunto como mandan los cánones estéticos y la estructura narrativa de las grandes historias de amor y lujo, esto es, disponer los personajes siguiendo este patrón:</p>
<p>Un rico feliz buena persona<br />
Un rico feliz mala persona<br />
Un rico infeliz buena persona<br />
Un rico infeliz mala persona</p>
<p>Una rica guapa buena persona<br />
Una rica guapa mala persona<br />
Una rica fea buena persona<br />
Una rica fea mala persona</p>
<p>Un pobre o negro feliz buena persona<br />
Un pobre o negro feliz mala persona<br />
Un pobre o negro infeliz buena persona<br />
Un pobre o negro infeliz mala persona</p>
<p>Una pobre o negra feliz buena persona<br />
Una pobre o negra feliz mala persona<br />
Una pobre o negra infeliz buena persona<br />
Una pobre o negra infeliz mala persona</p>
<p>Aderezados con:</p>
<p>Un hijo bastardo resentido<br />
Un joven solitario nihilista y jugador<br />
El cura<br />
Un vagabundo borracho<br />
Y una joven viuda (por si alguien queda desparejado)</p>
<p>Estando muy claro para todos los lectores de Occidente qué es un rico en una historia de amor y lujo, hay que explicar qué es ser feliz o infeliz. La felicidad en este contexto se alcanza, básicamente, con el amor. Cuando hablamos de un personaje rico buena persona, por amor sería capaz de dejarlo todo, como Superman II. Él sería feliz. Sin embargo, si el personaje es rico y mala persona, el amor ya le da más igual, él quiere tierras, posesiones, o valerse del matrimonio con una dama para heredar o hacer algún negociete al estilo de Aristoteles Onassis. Luego estarían las guerras, a todo rico le gusta ganar su batalla. También entrarían los hijos, que siempre te puede salir uno tonto y quedarte muy preocupado. Pero mayormente los principales resortes que inclinan la balanza a un lado o a otro son el amor y los negocios. Es entonces, si el rico es feliz y buena persona, cuando aparece en pantalla siempre sonriendo con las cejas apuntando para abajo derrochando ingenuidad, estúpida alegría y chistes malos y engolados, sobre todo al final de cada capítulo cogiendo a un niño en brazos, para deleite de toda la familia unida. Mientras tanto, eso sí, un rico infeliz mala persona agitaría el puño en lo alto maldiciendo lo más sagrado jurando venganza mezquina o, por el contrario, más tranquilo, riendo maléficamente explicaría cómo va a deshuesar al rico feliz buena persona que le quita el sueño, metatarso por metatarso. Porque en este tipo de series todo funciona dentro de un esquema de simetría moral. Y más en Norte &amp; Sur, donde toda la estructura de buenos y malos tiene su par correspondiente en el otro lado.</p>
<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/203/490265484_bc9fd094c1.jpg?v=0" /></p>
<p><em>Obsérvese el rictus del maromo: estos dos ricos no son felices</em></p>
<p>Hasta tal extremo se sigue este tipo de doble narración, con tal empeño, que las batallas se convierten en una especie de encuentros cara a cara entre clones. A veces parecen una kdd cuando sale uno del metro, abriéndose paso a empujones entre la muchedumbre, y mira fijamente y sorprendido a ese ciberamor que a la luz del día tiene quince años y kilos más que en la foto. Lo que ocurre es que ellos se encuentran famélicos, barbudos y desnutridos y, cuernos, hijos ilegítimos y herencias mediante, por no hablar de la guerra, no han quedado para tocarse el pito y decirse cositas. Por otra parte, desde un punto de vista estrictamente bélico, hay que señalar que las guerras decimonónicas son las madres de todas las guerras. Porque antiguamente uno iba con su escudo, en el siglo XX se estudiaba más el parapeto y camuflaje que otra cosa y, a día de hoy, son niños de catorce años todos llenos de granos, pajeros a más no poder con su déficit de atención y bordeando el agrafismo los que en los cuarteles de la OTAN hacen la guerra desde play stations ad hoc. Pero en aquellos tiempos ni parapetos ni hostias. Todos cara a cara, frente a frente, a pegarse tiros y el bando del que más queden ha ganado. Como una trifulca a pedradas en el Bajo Aragón.</p>
<p><strong>Personajes</strong></p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/208/490218821_8cbb99870d.jpg?v=0" align="left" />Orry Main: “Southern man”</strong> Interpretado por Patrick Swayze (Dirty Dancing, Ghost…),  es la flor y nata de la serie. Se trata del típico personaje que en el fragor de la batalla parece un yonki en la Rosilla mirando al sol de las tres de la tarde; y si en plan cortesano besa a las damiselas, el típico actor porno gay al que cuando está comiendo pollas se le ponen los ojos en blanco. Si estos epítetos no le parecen bastante elocuentes, péguele a la coronilla un mullet de dos mil pares de cojones y la descripción se completa en clave de realismo soviético. Es Orry, así es él. Nuestro Orry. El Orry de Carolina del Sur. Recomendable para reunirse etílicamente con los amigos cuando hay largos periodos sin fútbol y agredirle verbalmente como si fuera el mismísimo Cañizares.</p>
<p>La vida de Orry es apasionante. Oficial recién salido de la academia, se queda cojo en la batalla de Churubusco contra los mexicanos. Pero él sólo, por sus pelotas, toma un puente a cuatro o cinco enemigos que dan dos pasos, saltan y caen muertos gritando guacamole-guacamole.</p>
<p>Orry es buena gente, lo que ocurre es que se empeña en ir al Norte de vinos y allí se meten con él por negrero. Él no lo entiende, ya que siempre ha tratado bien a sus esclavos y encima se quedó cojo en Churubuco por su país. Por todo ello el transcurrir preguerra de Orry es un continuo hacer pucheros cargado de orgullo: ¡posmevoy! (y cada ida y venida son varios días en tren). Afortunadamente, es llamado a filas como general confederado. Y digo afortunadamente porque antes de eso se pasa unos cuantos capítulos sumido en el desamor pillándose unas borracheras espantosas, que interpretadas por Patrik, más que un cojo en pedo, lo que parece es Forest Gump con los aspavientos de una súbita parada cardiorespiratoria.</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/231/490280987_a82d982454.jpg?v=0" align="left" />George Hazard: “Northern man”</strong> Interpretado por James Read (miseria y miseria televisiva) es el equivalente a Orry en el norte. Natural de Pensilvania, mientras que se escandaliza, como buen liberal, por la esclavitud en la que su amigo mantiene a sus sirvientes, en su fundición explotan las calderas en la cara de los operarios, pero no se hace prevención de riesgos laborales por un 0,00001 % de beneficio irrenunciable. En la batalla de Churubuco, el joven Orry, al que había conocido en la academia militar, le salva la vida. Lo que le da cierto plácet cuando potean en el Norte y la gente le pregunta qué coño hace con un negrero, a lo que George contesta indignado: ¡me salvó la vida!</p>
<p>A lo largo de la serie George no tiene mucho atractivo. Es tonto y bonachón. Un rico buena persona feliz al uso. Lo que pasa es que durante la guerra es hecho prisionero y a su costa le irrumpen a uno por la garganta las risas más grandes de toda la serie. Porque resulta que ahí, confinado entre hombres, es acusado de haber intentado sodomizar a otro prisionero, sí, como suena. Desnutrido y agonizante, el rostro de George es un poema cuando, además de la vida, cree encima perder la honra viril. Por suerte, Orry, que es general en el Sur, acude a la prisión a salvarle de los castigos extraordinarios a los que se le iba a someter por sodomita traicionero.</p>
<p>Y ahí la cosa no es menos hilarante. Llegados a ese punto de la serie, entre Orry y George se han salvado ya la vida unas cuarenta veces. Por eso, George, tras llegar a tiempo a su casa para celebrar la Navidad ¡toma liberación! medita sobre la amistad. Piensa en voz alta no estar seguro de si Orry le ha salvado por que le aprecia o porque él le había salvado la vida días antes en un pantano. Es una cosa este George&#8230; entre la insatisfacción nihilista patológica y ser un exquisito morroputa de la amistad que madre del amor.</p>
<p> </p>
<div><img src="http://farm1.static.flickr.com/193/490198346_2a3c53a003.jpg?v=0" /></div>
<p> </p>
<p align="center"><em>&#8220;Al mismísimo Dios pongo por testigo de que jamás, nunca, en la vida se me ocurriría bajo ningún concepto, ni aun en casos de extremísima necesidad acuciante, meterle la polla por el culo a otro hombre o varón, ni aunque de Guti o Fernando Torres se tratare&#8221;</em></p>
<p align="center"> </p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/220/490207320_898f5f938a.jpg?v=0" align="left" />Madeline LaMotte:</strong> <strong>“Negra e hija de puta” </strong>por Lesley Anne-Down (Dallas, Dinastía y Cuentos de la Cripta) Que nadie se asuste, Madeline, el pibón de la serie, es negra e hija de puta. Según sabemos en un momento dado, su abuela era negra y su madre puta. Ser mujer por estas latitudes era muy, muy duro. Y ser hija de puta un espanto, pero lo de la prostitución no es nada comparado con ser una cuarterona. Obsérvese si no de qué manera la ningunea su marido, al que Madeleine sorprende follándose una negra, le dice “me das asco” y el hombre la contesta con total tranquilidad “por mi puedes pudrirte zorra asquerosa” (sic)</p>
<p>Esta pobre despechada sólo puede ser, efectivamente, el amor secreto de Orry, al que muchas veces veremos borracho como una mona por esta razón. Aparte de ser negra e hija de puta, antes de consumar su amor con Orry, a Madeleine le da tiempo a desarrollar una adicción al láudano y presentarse en las fiestas de sociedad con unas castañas impresentables. En su descargo hay que decir que funda un hogar para niños huérfanos de la guerra, pero con el dinero de otro, que curiosamente muere apuñalado, y es que, no es por prejuicios, pero hacer negocios con negras hijas de puta drogadictas es lo que tiene.</p>
<p>El origen de este singular amor nace en un sendero. Ella se cae del carro y Orry, que pasaba por ahí camino de West Point, la ayuda a subir de nuevo. Saltan chispas en este momento de erotismo duro decimonónico. Deciden escribirse cartas. Entonces, cuando piensas que las palizas que le dan los demás reclutas a Orry en West Point te van a matar de risa, te cagas cuando resulta que Madeleine deja de contestarle las cartas y nuestro héroe hace otro amargo pucherito. Vuelve a las plantaciones y, toma, Madeline se está casando con otro. Cuando has ayudado a una mujer a subir a un carro, que luego te haga esta jugarreta estigmatiza de por vida. Pero volvemos a lo de siempre, no ayudes a una negra hija de puta drogadicta a subir a un carro y no te pasarán estas cosas ¿A quién no le ha dicho esto su madre una y mil veces?</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/198/490237215_202077d3d8.jpg?v=0" align="left" />Elkanah Bent:</strong> <strong>“Más malo que el sebo”</strong> por Philip Casnoff (Walter Texas Ranger, OZ, Ley y Orden). Bent es el típico bastardo cabrón que por no difundir quién es su padre, obtiene de éste, un congresista, favorcillos y tretas por los que progresa rápidamente en la academia militar y se sitúa al mando de Orry y George a los que, al verles la cara de pánfilos, envía a una muerte segura en Churubusco. Como no le sale la jugarreta, lleno de rencor y con el corazón negro, consagra su vida al mal.</p>
<p>Y aquí hay que hacer un aparte porque el mal en estas historias de amor y lujo no es tener mala hostia, ni un pronto que paqué, no, el mal es llevar a De Juana al Bulli a que se ponga a reventar y pagar con la Visa Oro de Alcaraz. Bah, qué digo, el mal en estos novelones sería que un colegiado observase perfectamente como Puyol le da un codazo en la cara a Raúl González Blanco dentro del área hasta el punto de decir ¡joder qué hostia! pero no pitase nada. No, me equivoco, el mal en Norte &amp; Sur está cortado por el mismo patrón que ese periodista con huevos de encararse a su Majestad el Rey de España, Juan Carlos I de Borbón, y preguntarle ¿Dónde ha estado Usted de viaje privado durante el parto de la Prinzesa? Aquí los malos hacen llorar a Millán Astray.</p>
<p>Y Bent, como tal, se dedica a esquilmar maduritas con las que se casa por interés, establecer redes de contrabando de alimentos básicos, incluso de armas, tan necesarias para el Sur, y rizando el rizo es golpista independentista dentro de los secesionistas. Para entendernos, un abertzale vizcaíno prearanismo. Zalacaín interpretado por Arzallus abuelo.</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/223/490216652_444944a190.jpg?v=0" align="left" />Virgilia Hazard: “Pasionaria”</strong> por Kirstie Alley (Mira quién habla, Cheers) Hermana de George. Inspirada tal vez en Ulrike Meinhof, Virgilia es progre. Pero progre, progre. Al principio cuando chafa por temas políticos todas las cenas, ágapes y efemérides cualesquiera que celebra su familia, habitualmente insultando al invitado Orry, pensaron que no era muy grave, que con un polvo se le quitaría. Pero resulta que el polvo se lo echa un negro, escapado de la plantación de Orry, y se fuga con él a practicar por el sur el deporte del terrorismo. Los vecinos de un pueblo, acongojados ante esta banda de cuatreros, en un tiroteo matan al negro, por lo que ella se ve sumida en una profunda depresión -vagar sin rumbo por las calles con cara de ida, etcétera. Después, tras robar a su familia, se mete a enfermera para, en el hospital, curar a los soldados del norte y torturar a escondidas a los del sur en su lecho de muerte. Y en esto que se encuentra con que un moribundo es Orry, general del Sur ni más ni menos, pero entonces ella, con tal de joder y llevar la contraria al mismísimo cosmos, le cura, le ayuda a escapar y, por si acaso se quedaba corta, asesina a la jefa de enfermeras y se mete a puta. Como no podría ser de otra forma en una serie norteamericana que pretende ser didáctica, al final muere en la horca, como Sadam. Con cara de gatito bueno, claro, arrepentida. A buenas horas.</p>
<p><strong>Constance Flynn:</strong> Sólo merece la pena hablar de ella porque su padre y mamporrero, Robert Mitchum, en Churubusco poco menos que le ordena a George que se la folle ahí delante de él. Al final se casan. Es rica feliz y buena persona, es decir, una mosquita muerta y un coñazo. Y da más la nota fuera de la serie que dentro, pues es la mujer en la vida real de James Read, el sujeto que interpreta a George. Y llevan veinte años casados. Lo que suman dos millones cuarenta mil sobremesas tomando café y hablando del tiempo y enfermedades varias con brunette &amp; blonde bondage matures a costa del bueno de James.</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/191/490220154_82bd03f347.jpg?v=0" align="left" />Ashton Main:  “Satanás metido a obispo en España”</strong> por Terri Garber (Dinastía y Santa Bárbara) Decíamos antes que la maldad en una historia de amor y lujo es mucha maldad. Pues bien, Ashton es más mala que la quina. Mala, mala, mala. Si decíamos que Bent hacía el mal al prójimo, Ashton comienza desde que era pequeñita puteando a más no poder a su propia familia. Su afición personal es tirarse a los prometidos de su hermana. Hasta que aparece Billy, al que parece que sí va a introducir dentro del perímetro del territorio marcado con su coño, pero que al final pasa el hombre. Entonces Ashton, dolida en su orgullo, se dirige rauda a la fiesta de graduación de los oficiales de West Point y se los tira prácticamente a todos en tandas de a diez, sin coñas. Y ya por fin satisfecha la calentura inicial, sigue follando y follando aquí y allá para persuadir a diferentes elementos sureños para que asesinen a Billy. Y mientras esto se desarrolla, se casa con un pobre cabrón y hace bueno su lema “Me siento incapaz de amar a un solo hombre. Si amas sólo a uno todos los demás se sentirán desilusionados y tristes (sic)”, es decir, su marido se convierte en el único ciudadano confederado que no consuma con ella. Como es costumbre en esta serie, al final se mete también a puta. En su caso para obtener fondos para la recontra causa, la de Bent, cosa que le da muy mal rollo porque ella está acostumbrada a hacerlo sólo cuando le apetece, que aunque sea mucho, no es siempre, por lo visto. Sumada esta circunstancia a que Orry, como cabeza de los Main, la repudia por ir difundiendo por el mercado y en la pelu que Madeleine es una negra e hija de puta, nada importa que no incida en del asunto con el láudano, Ashton termina sus días en el infierno sartriano, estar siempre con los tuyos, en su caso, atada a la pata de la cama en casa de su marido.</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/191/490222206_fc22b6e8c0.jpg?v=0" align="left" />Billy Hazard: “Norteño casado con sureña”</strong> por John Stockwell (Santa Bárbara, Dinastía) y Parker Stevenson (Vigilantes de la playa, Melrose Place, Falcon Crest y Hotel) ¿Dos actores? Sí, el papel de Billy está cortado por ese patrón televisivo tan ochenteno de cambiar a un actor en mitad de la serie para interpretar el mismo papel. Billy es hermano de George, y un mojigato norteño soso, ñoño, típico de las regiones burguesas muy industrializadas… digámoslo claro: un catalán. La movida es que en uno de estos viajes de intercambio de fiestas echadas a perder por la política, George se lo lleva y el mozo se enamora de la hermana de Orry, montándose todo lo anteriormente citado por parte de Ashton. Cuando estalla la guerra, todas las escenas de Billy vienen a ser lo mismo: ejque mi mujer es del sur y no todos los del sur son unos charnegos de mierda, que pego leche, que te reto a un duelo al alba, etcétera. Conforme avanza la contienda, llegan noticias de la gloriosa liberación de los esclavos negros en el sur (fincas quemadas, mujeres violadas, plantaciones saqueadas, hambre, crimen, muerte… y casi, casi, bodas de homosexuales) el tipo coge, deserta, recorre no sé cuántos mil kilómetros, cena con la familia, hace uso de su esposa, ayuda a unos negritos buenos a construir una acequia o no sé qué paleolítico modo de ganarse la vida y vuelve, con dos cojones, a purgar su falta poniéndose en primera línea de batalla, algo que, como he dicho, supone encontrarse cara a cara con medio plantel de la serie. Mirarse fijamente ¡oh, ah! Violines, redoble de tambor, que explote algo al lado y, hale, a seguir matando güeros cada uno por su lado. Una cosa un tanto forzada, pero la única al parecer para lograr inculcar al pueblo americano el concepto de &#8220;guerra entre hermanos&#8221;.</p>
<p><strong>Brett Main-Hazard: “Aquí están mis ovarios”</strong> por Genie Francis (Hotel, Lois &amp; Clark) es la mujer de Billy. Durante la serie experimenta, como su marido, otra formidable mutación, aunque su apariencia física no cambia, de pimpollo puteado por su hermana Ashton, pasa a casarse con Billy, quedarse en la plantación durante la guerra y, cuando se quedan sin negros, con dos ovarios se pone ella a trabajar la tierra. Lo que por poco mata a su madre del sofoco.</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/195/490249624_dfa02349bb.jpg?v=0" align="left" />Charles Main: “El llanero solterón”</strong> por Lewis Smith aka Alfredo Martín-Górriz (Melrose Place, Diagnóstico: asesinato) Otra mutación, de Charles Main a Charles Manson. Carlangas era un mozo del campo, alegre y jovial, pero huerfanito y pobre, como salido de la pluma de Mark Twain. Lo acoge la familia Main, que le cae mal porque en su bendita paranoia piensa que le tratan con condescendencia ¡a él! Que un día en el pantano se comió un sapo vivo delante de todos los niños del condado. Su rencor finalmente se disipa cuando, bajo la tutela de Orry, entra en West Point donde casualmente conoce a Billy, hermano de George y tal y cual. Destacar que durante la guerra se va envileciendo hasta convertirse en un asesino en serie. Incluso sus propios compañeros de armas confederados le llaman al orden más de una vez por si no se está pasando un poco. En el fondo, total, tampoco es para tanto, se limita a coger a los correos de la Unión meterles cuatro tiros y luego preguntarles cuál es su mensaje. O al revés. O a la vez. O sin preguntar. Charles también queda desparejado, y como en la década de los ochenta, pese a existir sexo entre familiares en muchas zonas de EE.UU, así como del agro español, los productores de la serie recelaron a la hora de liarlo con su tía, la madre de Orry, que es lo que sería más creible y realista, nos adoban una viuda en edad de merecer con la que consuma. Pero como la alegría dura poco en la casa del confederado, entre saqueos e historias, la viuda da a luz un precioso crío y muere. El niño se lo llevan unos familiares lejanos, lo que obliga a un Charles barbudo, anémico y de muy, muy mala hostia, a recorrer no sé cuántas millas a caballo para hacerse con él. Por sorpresa, la familia no pone objeciones en entregarle al crío según se topan con él por la calle. Pero la escena resulta chocante al espectador porque tal luce el aspecto de George tras la guerra que es como entregarle un recién nacido al Ángel Cristo de nuestros días para que lo cuide, alimente siguiendo la estrategia NAOS y dé una buena educación.</p>
<p><strong>Grady: “Españolito medio”</strong> por Georg Stanford Brown (SWAT, Raíces) Se trata simplemente de un moreno que construye, por sus propios medios, una acequia. Lo cual enamora a otra negra, más sensible a quién sepa pescar que a quien venga con muchos peces, y una vez libertos la familia Main les endosa un rollo de multipropiedad a falta de sellos, por la guerra, para venderles un fondo de inversión.</p>
<p><strong><img src="http://farm1.static.flickr.com/205/490252156_c7fd380562.jpg?v=0" align="left" />Justin LaMotta: “Zaplana”</strong> por David Carradine (Kung Fu, Kung Fu: the movie, Kung Fu: La leyenda continua) Justino es uno de los mejores malos que jamás haya dado la televisión. Un hijo de puta con pintas. Y un hijo de puta con unos huevos como cocos de negros y peludos. Desgraciadamente, por culpa del Barcelona – Real Madrid me perdí su muerte. Y para más pesar tampoco pude ver al principio cómo lía a Madeleine para que se case con él. El tema es que este hombre se folla a todas las negras de su plantación. Y resultaría obvio describir cuál es el trato que le da a los negros varones. Valga, eso sí, como ejemplo en general, que se le escapa un esclavo y dice ¡que traigan a su madre! y a latigazos con ella, le arranca las palabras a los demás negros: “pero, pero, pero ¡en la cara no! por el amor de Dios”. Bajo el mismo techo, la vida con Justin no es más agradable. A partir de un día en que Madeleine tiene la feliz idea ¡de hablar en público! la trata de dos formas, o bien la coge por la cabeza con todas sus fuerzas y la arroja a las escaleras como si fuese una pelota a un cuerpo adherida, o bien se quita el cinto, la pone fina y encierra en su habitación tres o cuatro días. En estas circunstancias, normal que Madeleine sólo encuentre socorro y comprensión en el pringadete de Orry, que entre lo cojo y lo borderline se había quedado para vestir santos. Pero Justino lo descubre y se hace con la droga más dura del lugar, láudano, para tenerla en casa quieta ¡coño! de una puta vez. Madeleine llora mucho y las negritas que la visten todas las mañanas durante tres o cuatro horas la miran con ojos vitriólicos. Un imberbe Sean Penn embetunado hubiera dado muy bien el pego en ese papel. Pero por si acaso, Justino asesina a la ayuda de cámara, algo tan doloroso a día de hoy, chicas, como si os tiran por la ventana epilady y se rompe en mil pedazos. Al final Orry decide salirse con la suya y esconde a Madeleine en su mansión, pero estalla la guerra y con mucho dolor, Orry ha de partir. Y en esto que no ha cabalgado medio condado y a Justino le ha faltado tiempo para quemar toda la plantación de algodón de los Main, madre de Orry incluida, y llevarse a Madeleine para su casa cogida de los pelos. Luego parece que Orry da media vuelta y ajusticia al pequeño saltamontes, pero como digo, no lo vi, el fútbol llenó mi vacío existencial esa tarde noche de sábado.</p>
<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/205/490283665_0c656a4647.jpg?v=0" /></p>
<p><em>&#8220;Me cago en dios te voy a dar yo a ti tanto de que pamela y de que pamela&#8221;</em></p>
<p><strong>Pupurrí:</strong> El resto de personajes bien merecen un repasito por encima. En primer lugar, la madre de Orry. No sólo prende fuego Justin a su plantación con ella dentro, las tropas confederados le roban toda la comida y tiene que ver cómo su hija faena el campo. El horror. En el momento más bajo, dice una frase que se presta a meditar sobre la miseria: “podrán habérmelo quitado todo, pero hay algo nunca me podrán arrebatar: mis recuerdos”. Te tienen que quedar muy pocas cosas para conformarte con tus recuerdos. Y su suerte no mejora en toda la serie. Resulta que con la liberación de los esclavos aumenta el paro considerablemente por la pérdida de sus empleos de los esclavos y los capataces de los mismos. En Norte &amp; Sur, por medio de una pirueta histórica como de broma, ambos gremios se hacen amigos y van por los caminos dando mal, es decir, como he dicho mil veces, prendiéndole fuego a las cosas. La banda de Forest Whitaker es la que va a saquear la mansión de los Main –en pie porque los soldados del Norte no se atreven a quemarla ya que la madre de Orry se planta en la puerta y dice que antes la queman a ella (como ya tenía la costumbre por lo de Justin&#8230;), y como venían cansados del frente, ponerse a quemar viejas no era plan para los burguesitos de Boston- pero sí para los parados del sur que la cosen a tiros. Caballeros de extrema derecha con los que he tenido el gusto de conversar, dicen con el ceño fruncido que el Kuk Kux Klan tiene su origen en partidas que organizaban los campesinos del Sur, que se encontraron desbordados por esta delincuencia de tanto negro suelto por ahí. Algo que por lo visto dignifica o explica eso de coger a un ciudadano de color en 1943, crucificarle boca abajo y prenderle fuego delante de sus hijos, como todo el mundo podrá deducir a la primera. Y por ahí también tenemos a Lincoln, caracterizado por los maquilladores de la Hora Chanante, que sólo sale para impartir doctrina capelliana: estamos en la guerra para ganar, nadie dijo que fuera a ser bonito, etcétera.</p>
<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/175/490263148_9250ce3df1.jpg?v=0" /> </p>
<p><em>&#8220;Hijo de puta, hay que decirlo más&#8221;</em><br />
 </p>
<p>Por otro lado, tampoco se puede dejar de nombrar a los familiares de George. Su hermano y santa esposa, que mientras el otro está en la guerra, prisionero, pasándolas putas, ellos se ponen a producir con la Fundición Hazzard cañones empleando metales de baja calidad, por lo que explotan en la cara del artillero. Cuando a George se le había pasado el disgusto de la acusación de sodomía ¡zas! se encuentra con ésta. Y también hay una negra, Semiramis, que es violada por un blanco y al final se casa con Grady por una mezcla de pena y escasez. Por último, darle las gracias al Canal Cosmopolitan por esta feliz reposición. Pedir que por favor pongan la tercera la parte, sobre la posguerra. Y ya sólo quedaría subrayar que Norte &amp; Sur fue una serie revolucionaria en todos los aspectos, no sólo por aspirar a tanto como superproducción, sino por recrear hermosas batallas de la Guerra de Secesión americana en la que cuatro de cada cinco extras llevan mullet y ojeras jamarosas. Optimización de recursos en tiempos pretéritos que podrán emularse, pero nunca volver tal y como fueron.<br />
 
</p>
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		<title>El &#8216;presuntismo&#8217; en los medios de comunicación</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Oct 2006 07:57:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>lecpi</category>

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La importancia de la reinserción temprana
(Lecciones de Periodismo Independiente XII)

No se precipite al juzgar a ese tipo tan pesado que tras colarse en su casa por la ventana y seccionarle la vena femoral con una navaja de recoger champiñones, insiste en insiste en clavarle la aguja de un compás en el oído interno. Quizá se [...]]]></description>
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<p align="center">La importancia de la reinserción temprana</p>
<p align="center">(Lecciones de Periodismo Independiente XII)</p>
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<p>No se precipite al juzgar a ese tipo tan pesado que tras colarse en su casa por la ventana y seccionarle la vena femoral con una navaja de recoger champiñones, insiste en insiste en clavarle la aguja de un compás en el oído interno. Quizá se esté apresurando y se sorprenda al percatarse de que tiene demasiados prejuicios. Lo mismo sucede con el caballero que le hizo un tratamiento dental con un puño americano, sin cubrirse, a plena luz del día y con testigos, tan sólo con el objeto de darse una vueltecita con su coche tras liberarlo del peso de usted en el asiento del conductor y sustituirlo por el suyo para compensar. Curiosamente, tarda en devolver el vehículo. Pero ahorre calificativos. Haya calma. Ambos son presuntos. No se altere. ¡¡Le digo que no se altere!!</p>
<p>Los trabajos voluntarios, las obras de caridad, el buen comportamiento, los nuevos usos penitenciarios o la reforma de las cárceles han supuesto la base para fomentar la reinserción de los presos durante las últimas décadas. Pero nada ha hecho tanto por devolverlos a la sociedad como el periodismo español. Con una medida, además, innovadora. La misma reinserción empieza mucho antes de que los inserten en una celda de 3 X 2, si llega el caso. La llamada socialización comienza justo después de que el sujeto termine su jornada laboral, bien se dedique al uxoricidio con ácido y hacha, al empalamiento de transeúntes o a la amistad por lo ajeno y a ser posible por lo ajeno almacenado en bancos.</p>
<p>Hace años, la utilización del ‘presunto’ se ceñía a las noticias de tribunales. De esta manera, a la hora de informar sobre un juicio, el periodista salvaguardaba la presunción de inocencia del acusado, identificado tradicionalmente en la prensa por las iniciales de su nombre y apellidos, aunque otros medios como la radio y televisión empezaron a ofrecer su identidad lo antes posible. En las noticias de sucesos también se utilizaba ‘presunto’ en ocasiones, dirigido siempre a los sospechosos, es decir, que alguien pillado in fraganti en plena calle tratando de graparle los párpados a su jefe no era ‘presunto’, término que iba siempre ligado a la duda, a las suposiciones sobre la autoría de un delito. Eran tiempos jurásicos donde todavía sobrevivían los sinónimos, antes de la caída del meteorito del simplismo. Presunto se combinaba con ‘sospechoso’, ‘supuesto’, ‘posible’, ‘al parecer’, etc.</p>
<p>Pero con la multiplicación de “reality shows” y programas de sucesos en televisión durante la década de 1990, una epidemia de “presuntismo” se extendió desde la pequeña pantalla hasta contagiar a todos los medios de comunicación. Esta plaga acabó primero con los sinónimos, convirtiéndose en la especie dominante. Después alcanzó a todo aquel que estuviese implicado en un delito. De esa manera, el sospechoso seguía siéndolo, pero también pasó a ser ‘presunto’ aquel a quien pillaban in fraganti o al confeso, cuando no cabía duda. Y así al que mata a su esposa en el bar y al lado de los parroquianos se le coloca ahora la etiqueta de presunto asesino, por ejemplo (ha de limitarse a la información sobre su juicio, que en España, y dada la velocidad de la  justicia, se producirá unos quinquenios más tarde). Pero la enfermedad continuó, y llegó –algo insólito- a la acción que cometía una determinada persona. Y así, tras la matanza de Texas, a veces se lee u oye “presunto asesinato”, o tras el asalto a la diligencia “presunto robo”. La acción, salvo en casos donde se dude sobre su comisión (por ejemplo una violación fingida para sacar dinero a un famoso), nunca es presunta porque, caballero, ahí está el cadáver. Y así asistimos a noticias donde el presunto asesino que fue capturado tras abatir a tiros a media sucursal bancaria llegó a cometer tres presuntos asesinatos, que hay uno en el presunto hospital en presunto estado muy grave, presuntamente hablando.</p>
<p>El abuso de ‘presunto’ lo está transformando casi en sinónimo de malhechor, ladrón, apandador o asesino. Pronto distinguiremos entre presuntos en serie, presuntillos de poca monta y presuntos de los que entran en el hogar forzando la cerradura y se llevan la tele y el vídeo. La señora a la que le quitan el bolso gritará: ¡detengan al presunto! El mismo Cristo morirá con el presunto bueno a un lado y el presunto malo al otro.</p>
<p>Una vez arrasados los sinónimos, una vez desligado el término de la garantía de la presunción de inocencia, una vez llueven ‘presuntos’ y ‘presuntamente’ por doquier y sin razón ninguna, ¿qué recomienda La Página Definitiva para recuperar algo de lógica en este aspecto? Pues está claro, el uso de ‘presunto presunto’. Con este nuevo modo de proceder volvemos a salvaguardar la presunción de inocencia y quitamos gravedad a los errores que cualquiera puede cometer en un mal día, potenciando, como indicábamos, la reinserción del preso desde el mismo momento en que comete el delito y, en última instancia, la necesaria igualdad en una democracia multicultural que puede ya intuir un futuro cercano donde no existan cárceles ni delincuentes. Para terminar ilustramos ese porvenir armonioso con un breve ejemplo de cómo se hace correctamente una noticia de sucesos:</p>
<p><em>“La policía detuvo ayer a Rafael Gómez García de la Fuente Asunción Torres de Lara, presunto presunto de María José Martínez Martínez Prieto Villatoro Yáñez, quien fue presuntamente presumida de un presunto tiro en la sién el pasado jueves mientras almorzaba con sus amigos en un restaurante. El presunto presunto fue capturado mientras trataba de presumir una gasolinera. El dependiente consiguió accionar la alarma, tras lo que acudieron varios coches patrulla. El presunto presunto se entregó sin resistencia. Rafael Gómez Gómez García de la Fuente Asunción Torres de Lara ya tenía antecedentes penales por presunción a mano armada y presunción de documentos. Antes de presuntamente presumir a  María José Martínez Martínez Prieto Villatoro Yáñez, estaba en busca y captura por presuntamente presumir mediante el método del presunto butrón varias joyerías y por una presunta presunción de presuntos estupefacientes”.</em>
</p>
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		<title>Se ha escrito un crimen</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Sep 2006 09:19:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Otis B. Driftwood</dc:creator>
		
		<category>teleseries</category>

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Por Otis B. Driftwood
Hace muchos años, un avispado programador de televisión decidió cubrirse de gloria con la premisa de que los domingos por la tarde lo que le gustaba ver a la gente era un buen asesinato. Y, si además, se le daba la oportunidad de descubrir al asesino jugando al &#8220;Cluedo&#8221; con la mesita [...]]]></description>
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<h3 align="center">Por <a href="http://driftwood.librodenotas.com/" target="_blank">Otis B. Driftwood</a></h3>
<p>Hace muchos años, un avispado programador de televisión decidió cubrirse de gloria con la premisa de que los domingos por la tarde lo que le gustaba ver a la gente era un buen asesinato. Y, si además, se le daba la oportunidad de descubrir al asesino jugando al &#8220;Cluedo&#8221; con la mesita de centro como tablero y el té con pastas a guisa de cartas, tanto mejor. Como &#8220;Colombo&#8221; ya andaba pasada de moda (y los joputas de los guionistas tenían la fea costumbre de revelarte al sórdido criminal antes incluso de los títulos iniciales) y Curro Jiménez, además de  ser un poco más basto, tenía la desventaja de que Sancho Gracia es capaz de cortarle la digestión al más pintado, hubo que recurrir una vez más al magro mercado norteamericano. Y, si podía tratarse de algo con ciertas ínfulas inglesas &#8220;wannabe&#8221;, el éxito estaba asegurado. En realidad, habiendo como había entonces sólo dos canales, el éxito habría estado asegurado aunque &#8220;Los hombres de Paco&#8221; se hubiera inventado veinte años antes y a su autor no le hubieran fusilado tras el episodio piloto. Pero no nos desviemos del tema del artículo, que uno se entusiasma.<br />
La serie triunfadora esas tardes de domingo se llamaba, se llama &#8220;<strong>Se ha escrito un crimen</strong>&#8221; (&#8221;Murder, She Wrote&#8221;), posiblemente el mayor y mejor ejemplo de cómo exprimir una idea hasta la extenuación, muchos años antes, incluso, de que nacieran los guionistas de &#8220;Aquí no hay quien viva&#8221;. Básicamente la trama en cada episodio venía con plantilla, a saber, una escritora de novelas de misterio, llamada Jessica Fletcher (Angela Lansbury), sospechosamente viuda desde hace años, y residente en una pequeña localidad de Nueva Inglaterra llamada Cabot Cove, es invitada a un sarao literario/congreso geriátrico/fiesta de cumpleaños-aniversario-jubilación de un amigo millonario de toda la vida, o simplemente pasaba por allí para ir a alguno de los anteriores. El lugar al que va suele ser, bien una gran ciudad, bien una gran mansión de un rico terrateniente. El círculo de personajes en el que se desenvuelve son, a pesar de su aparente clase o de su dinero, gente de la peor estofa que se han estado puteando unos a otros a lo largo de su existencia, y entre las que suele incluirse: a) El mencionado terrateniente, en su defecto su viuda rica; b) la hija/sobrina/nieta menor de éste, que invariablemente está buenísima y es la más puteada de todas; c) el amigo/socio/secretario del ricachón, o bien la amiga/cuñada/secretaria de su viuda; y d) un &#8220;mazas&#8221; playboy que le pone morritos a la hija/sobrina/nieta, pero que en realidad lo que busca es un muerdo que le permita engordar su magro billetero. Además de estos, nos encontramos por sistema: e) un sheriff completamente inútil e incompetente; f) un médico más cerca de la jubilación que de la graduación y g) el amigo/la amiga de la señora Fletcher, responsable de que dicha señora esté pululando por ahí.</p>
<p>En los primeros diez minutos del capítulo, apenas llega la señora Fletcher, nos vamos enterando de cómo se putean unos a otros, de que al rico terrateniente se le está poniendo una cara de fiambre que no la salta un galgo y de que todos, absolutamente todos, excepto el amigo/la amiga de la señora Fletcher tienen un motivo para &#8220;cargarse al viejo&#8221; (frase estándar que sonará en cada capítulo, pronunciada por uno o varios de los personajes con más pinta de malvados). Además, comprobamos la asombrosa ubicuidad de la señora Fletcher para oír todas y cada una de las conversaciones claves para el desarrollo de la historia, que siempre tendrán lugar en un radio de dos metros alrededor de ella.</p>
<p>Posteriormente, se produce la confirmación de que el de la cara de fiambre se convierte, efectivamente, en fiambre, en un crónico ejercicio de transustanciación que surge en todos los capítulos. A partir de ahí los acontecimientos se precipitan en sucesión: la chica buenorra descubre el cadáver y pega un grito capaz de despertar al troll del moco; la señora Fletcher llega justo después, pone cara de sorprendida y aparta el rostro con una mueca de disgusto. Luego llega el médico, confirma lo que todos saben desde hace un rato (los espectadores, prácticamente desde que comienza el capítulo) y sentencia: &#8220;está muerto&#8221;. Diez años de estudios pa esto, oigan. Llega el chérif, mete los dedos por todos lados tras advertir &#8220;que nadie toque nada&#8221;, echa a la señora Fletcher de escena con un &#8220;usted no debería estar aquí&#8221; (segunda frase estándar presente en todos los capítulos) y se lleva detenido al único personaje que no tiene motivos para el crimen, y que siempre resulta ser el amigo o la amiga de la señora Fletcher, que lo/la visitará posteriormente en el calabozo.</p>
<p>A continuación, la cotilla esta se pone a investigar por su cuenta, interrogando a todos los sospechosos y descubriendo algún que otro detalle que cabreará e intrigará al mismo tiempo al chérif, quien volverá a largarle aquello de &#8220;usted no debería estar aquí&#8221;, pero ya con la boquita pequeña, porque total, si sale bien la cosa se llevará él todo el mérito. Los últimos diez minutos del capítulo cumplen también un patrón de reflejo condicionado: el (segundo) interrogatorio ha resultado más infructuoso que el primero, aunque al menos ha permitido que saquen del trullo a la única persona que no habría cometido el crimen ni teniendo los genes de Atila. La antepenúltima escena nos muestra a la señora Fletcher tomando el té con el provecto médico o bien el incompetente defensor de la ley (o con ambos), momento en que alguno de ellos suelta una gilipollez que hace que la criminóloga aficionada vea la luz, eso sí, sin contar qué es lo que acaba de descubrir. Eso lo deja para la penúltima escena, en la que, en una suerte de estilo Poirot degenerado y kitsch, reúne a todos los sospechosos para salirnos, con una explicación aparentemente lógica, que el asesino es la buenorra que &#8220;tanto quería al viejo&#8221; (tercera frase estándar de cortaypega de los guionistas). Arrebato de indignación de la susodicha, para acabar llevada a rastras por los agentes mientras se disculpa con la viuda entre sollozos.</p>
<p>La última escena es la que más raya&#8230; a pesar de la reciente tragedia, del shock al descubrir que el asesino era una persona del círculo íntimo, y de la paranoia final, siempre que se despide la señora Fletcher para volver (suponemos) a su pueblo a descansar (¿de qué?), alguien suelta una chorradita pretendidamente graciosa y todos ríen a carcajadas, momento en que se acaba el capítulo para retomar una trama fotocopiada en el siguiente.</p>
<p>Como ven, es un desarrollo más o menos estándar con el que la serie se ha mantenido en respetables niveles de audiencia durante varios años, con ligeras variaciones entre capítulos: el sexo del asesino (hombre o mujer, en qué estaban pensando), el detalle iluminativo (diferente en cada capítulo, pero que casi siempre le pilla a la sra. Fletcher sentada frente al té) o el lugar donde se cometen los crímenes, que ocasionalmente ocurren en el mismo Cabot Cove, por lo que se ve uno de los pueblos con mayor índice de mortalidad de la costa Este, sólo superado por ciertos barrios de Manhattan.</p>
<p>La serie tenía ciertas ínfulas a lo Agatha Christie que se fueron difuminando a lo largo de su emisión, por lo que los guiones se hicieron cada vez más insulsos y repetidos hasta el punto de que llegaba a ser posible identificar al asesino antes incluso de que se produjera el crimen. Además, presentaba una importante diferencia con los relatos de la Dama del Crimen, y he aquí la gran duda filosófica que se presenta: en dichas novelas, el detective (Poirot, la señorita Marple, los Beresford) aparecía siempre después de cometerse el asesinato. Aquí, en cambio, la señora Fletcher aparece siempre antes del crimen en cuestión. Esto me lleva a inferir tres posibles conclusiones: 1) La señora Fletcher es gafe, y sus amigos gilipollas, por invitarla aun sabiendo que va oliendo a muerto por donde pasa (no en vano, mi madre la bautizó en su día como &#8220;la buitre&#8221;); 2) la señora Fletcher tiene la particularidad de desatar los reprimidos instintos asesinos del culpable, llevándole a cometer un crimen que antes sólo estaba en la imaginación de éste (y no me extraña, porque a veces puede ser irritante esta mujer); y 3) la señora Fletcher es, en realidad, una asesina en serie que ha vivido todos estos años a base de estrangulamientos con total impunidad, a veces incluso en las mismas narices del chérif de su pueblo (un tal Amos que no pasaría las pruebas físicas ni en el ejército español), que aprovechaba su extrema inteligencia para cargarle, con toda lógica, el muerto a la más buenorra del lugar (haciendo bueno el tópico sobre la envidia femenina) y que, para colmo, se hacía de oro escribiendo novelas sobre sus propios crímenes, y a la familia del muerto que les den dos duros.</p>
<p>Y es que, si nos descuidamos, bien pudiera ser que &#8220;Se ha escrito un crimen&#8221; tuviera más influencia de la señora Highsmith que de la señora Christie. Claro que Jessica Fletcher no es Tom Ripley&#8230; pero bien pudiera ser su abuela. Y, en cualquier caso, capaz sería de matarle a él también y cargarle el muerto a Hércules Poirot. Eso sin contar los millones en royalties.<br />
Menuda arpía, lo que yo les dije.
</p>
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		<title>Las tres joyas de la telebasura</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Sep 2006 22:18:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category>tvbasura</category>

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		<description><![CDATA[Caviar desde el otro lado del Atlántico
El concepto telebasura tiene, en nuestro país, un acendrado carácter peyorativo del que carece en otros lugares. Efectivamente, deberíamos hablar de telebasura como un todo, como una categoría que engloba una forma muy original de entender la televisión. Así tendríamos teleseries, telediarios, telenovelas y telebasura, por poner varios ejemplos.
Naturalmente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Caviar desde el otro lado del Atlántico</h3>
<p>El concepto telebasura tiene, en nuestro país, un acendrado carácter peyorativo del que carece en otros lugares. Efectivamente, deberíamos hablar de telebasura como un todo, como una categoría que engloba una forma muy original de entender la televisión. Así tendríamos teleseries, telediarios, telenovelas y telebasura, por poner varios ejemplos.</p>
<p>Naturalmente, al igual que en el resto de productos televisivos, la telebasura admite distintas calificaciones. No podemos caer en la tentación simplista de adjudicar al concepto &#8220;telebasura&#8221; una valoración única. No. Existen programas de telebasura malos, regulares, buenos y excelentes.</p>
<p>De estos últimos en nuestra televisión actual tenemos pocos ejemplos, sin embargo, allende nuestras fronteras se cuece actualmente una telebasura cuya calidad haría palidecer de envidia a los programadores de cualquier televisión autonómica. Esta página, en su constante afán de acercar a su selecto público los temas de más rabiosa actualidad mediática, tiene el honor de presentarles los tres programas probablemente más impresentables (es decir: la mejor telebasura) que se emiten actualmente en la televisión mundial.</p>
<p>THE WEAKEST LINK (El eslabón más débil): Nuestra heroína se llama Anne Robinson. Presenta este programa donde los concursantes han de responder a diversas preguntas para obtener premios en metálico. Hasta aquí todo normal. Casi parecería un remedo de nuestro glorioso Carlitos Sobera y su 50 x 15. Sin embargo, hay una novedad que es la que ha convertido al programa en lider de audiencia de su cadena (NBC) y en un auténtico fenómeno de masas en EE.UU: Cuando un concursante no sabe la respuesta, la Sra. Robinson lo expulsa del plató no sin antes humillarlo con los más variados insultos y referencias a su nulo cociente intelectual. A veces algún concursante le responde, lo que obliga a la presentadora a subir el tono en una vorágine que hace las delicias de su cautivada audiencia.</p>
<p>LAURA EN AMERICA: Presentado por Laura Bozzo y emitido por Televisa para toda Latinoamérica y EE.UU. Se trata de un programa dedicado a temas de indudable interés social como &#8220;Prefiero verte muerta antes que con ese hombre&#8221;, o &#8220;Le robé el marido a mi madre&#8221;. En él se riza el rizo de la transgresión al derecho a la intimidad, puesto que la persona que es &#8220;juzgada&#8221; en el programa, ha sido previamente seguida en sus actividades &#8220;delictivas&#8221; con cámaras ocultas, imágenes que emiten para mayor escarnio del sujeto. Pero es que además, Laurita es especialista en soliviantar los ánimos de los invitados a sus programas, ocasionando la mayoría de las veces encarnizadas discusiones que suelen terminar en una lluvia de bofetadas, lo que obliga a intervenir a los cuatro fornidos guardias de seguridad, fijos de plantilla en el programa.</p>
<p>EL SHOW DE CRISTINA: Presentado por Cristina Saralegui, versión mexicana de la gran Oprah Winfrey. Consciente de su importante cometido como servicio público, su programa trata también temas de indudable interés humano, como por ejemplo &#8220;Mi suegro me obliga a dormir con él&#8221;. Ha de luchar encarnizadamente por un lugar en la parrilla contra programas como el de Laura Bozzo, lo que le obliga a echar a la audiencia más carnaza que su feroz competidora. Su indudable sentido de la competitividad la lleva a provocar a sus invitados de tal forma que con frecuencia el plató se convierte en un ring de boxeo. La diferencia con el programa de Laura es que Cristina, más respetuosa con los deseos de su exquisita audiencia, no permite que haya un mínimo servicio de seguridad, con lo que sus invitados pueden dedicar más tiempo a partirse mutuamente la cara, ofreciendo una entrañable muestra de lo que debe ser la televisión sin censuras.</p>
<p>¿Cuánto tardará en cruzar el charco esta impresionante forma de entender la televisión?. Es algo que desconocemos (incluso nosotros). Pero lo que no cabe duda es que cuando lo haga, será un fenómeno que dará mucho, mucho que hablar.
</p>
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		<title>Documentales de La 2</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Sep 2006 22:17:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>tvbasura</category>

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		<description><![CDATA[Divulgación zoológica a la hora de la siesta
De todos los programas basura que perfuman en estos momentos a la televisión, sin duda el más hediondo es el género de divulgación zoológica de La 2, antaño conocido como documental de la segunda cadena. En este tipo de programas no sólo pululan criaturas reptadoras que invitan al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Divulgación zoológica a la hora de la siesta</h3>
<p>De todos los programas basura que perfuman en estos momentos a la televisión, sin duda el más hediondo es el género de divulgación zoológica de La 2, antaño conocido como documental de la segunda cadena. En este tipo de programas no sólo pululan criaturas reptadoras que invitan al vómito, promiscuos mamíferos de miembros descomunales o insectos coprófagos infinitamente repugnantes, sino que se trata de unos espacios sumamente hipócritas, para colmo vendidos como la esencia de la television divulgativa, como el espíritu del servicio público del ente ídem, como la antítesis de la cochambre catódica. Sin embargo son los mismos documentales que se emitían hace 7 u 8 años (como mínimo, otros necesitan de la prueba del carbono 14 para fecharlos). Ya entonces siempre trataban los mismos temas. Ya entonces, como ahora, su objetivo principal consistía en favorecer la cabezadita tras la comida o incluso fomentar un sueño profundo de pijama y orinal, de esos que concluyen en un duermevela morrocotudo del que se tarda un par de minutos en salir y durante el que no sabes ni quien eres (cuando lo descubres, tras situarte en unas coordenadas del espaciotiempo, por ejemplo, es por la tarde y es miércoles, blasfemas tras preguntarte ¿así que este soy yo?). Ya entonces había cuatro subgéneros principales, a saber:</p>
<p><strong>Depredadores de la sabana</strong>.- Este subgénero se basa en el estudio de las evoluciones de leones, leopardos, hienas, licaones y guepardos, pero sólo aparentemente, ya que la vida de todos ellos consiste en cazar ñúes, en realidad el gran protagonista de estos documentales que, de hecho, podrían llamarse documentales de ñúes. El ñu es un animal estúpido con cuernos, de tamaño medio, rumiante, que sirve de alimento a cualquier tipo de alimaña. Estos documentales suelen empezar con las manadas de miles de ñúes en el Serenguetti y muestran su emigración hacia el Massai Mara, lugar adonde suelen llegar un par de ellos o tres, los demás son devorados. Aquí hay que matizar. Nadie sabe realmente cuántos llegan al Massai Mara, porque nadie ha llegado a esas alturas del documental, se duermen antes, pero un cálculo basado en el sentido común da esa cifra como muy posible. El cenit del documental de ñúes llega en un lago donde todos se apiñan, se pisotean y se amontonan, siendo pasto de los cocodrilos, hasta ese momento adormilados y ensimismados en sus cuitas. Los reptiles no dan crédito a lo que ocurre y se dan un festín. Ningún español, según las estadísticas, ha pasado de ahí. La somnolencia que produce un ñu deglutido por un cocodrilo es sólo superable por el sopor provocado por una etapa llana del Tour de Francia.</p>
<p><strong>Tiburones</strong>.- El documental de tiburones comienza con unos mendas en un barco. Los mendas siempre son de aspecto nórdico y miembros de alguna prestigiosa universidad americana, a pesar de que sus greñas, el detritus que tienen en las uñas y sus rostros a medio camino entre la espantosa resaca y el desnortamiento total hagan pensar que provienen de alguna comuna hippie conservada en formol. Por supuesto, están en medio del océano llevando a cabo una importante misión, normalmente sobre el apareamiento de la sepia, y de pronto se encuentran casualmente rodeados de tiburones azules. Casualmente suponen que por ahí tiene que nadar el enorme tiburón blanco y, por supuesto casualmente, empiezan a lanzar al agua docenas de kilos de carne podrida y sanguinolenta que llevaban por si acaso. Siempre casualmente sacan una jaula descomunal que se supone debían llevar encima por si eran atacados por una coquina y se meten dentro tras lanzarla al mar, lo que da lugar a toda una segunda parte del documental donde el tiburón blanco muerde la jaula y los científicos insisten en mantener que los escualos son de suyo pacíficos y que es el hombre quien los obliga a transformarse en criaturas terribles, a pesar de que ninguno de ellos tiene cojones para salir de la jaula y que cuando llegan al barco están blancos como la nácar e incluso alguno no duda en relajar sus esfínteres (aduciendo, por supuesto, que se trata de una técnica para evitar una perniciosa descompresión). El documental termina con los científicos brindando agradecidos por haberse encontrado casualmente con los tiburones. Del apareamiento de la sepia nunca más se supo.</p>
<p><strong>Documentales con presentador senil</strong>.- Este tipo de documentales suele versar sobre animales más o menos pacíficos y manejables, como focas, pingüinos, diversos tipos de aves de colorines o insectos, de forma que el presentador puede hacer un constante acto de presencia muy cerca de las criaturas cuyas costumbres se propone dar a conocer. El presentador suele pertenece a una prestigiosa universidad, como en el caso anterior de los científicos estudiosos de tiburones, pero en esta ocasión británica. Normalmente se trata de un hombre entrado en años, por no decir inmerso en la ancianidad, y ataviado con traje de explorador con pantalones cortos, incluso cuando está en Groelandia. Es un espécimen humano parecido al jubilado extranjero que pasa sus últimos años en Fuengirola o Benidorm, es decir, blanquito, coloradito, con algo de joroba y de torpes movimientos. Suele aparecer en pantalla en el momento más inesperado para explicar lo que está haciendo el animal en ese momento, ante el estupor de la criatura. Normalmente, lo explica en inglés académico y muy bien pronunciado, mientras un traductor español dice todo lo contrario. La manifiesta senilidad de este tipo de presentadores, evidente por su mirada vidriosa y sonrisa absurda, suele alcanzar su cenit al ser picoteados, picados, mordidos y pateados por los inofensivos animales que protagonizan estas aventuras, y todo por acercárseles demasiado o tropezarse con algo en el momento más inoportuno, lo que da lugar a un epílogo del documental basado en tomas falsas que sirvan de mofa, befa y escarnio hacia el presentador, que ha de abandonar inmediatamente las Islas para irse a pasar sus últimos años a Fuengirola o Benidorm.</p>
<p><strong>Documentales de mascotas y animales de granja</strong>.- Este tipo de documentales trata de convencer al espectador de que la vida de las gallinas, gatos, perros, vacas o cabras puede resultar apasionante. El intento es vano, pues son, sin duda, los documentales más aburridos, capaces de adormecer al público en un tiempo que oscila entre los 45 segundos y los dos minutos. Son ideales para ponérselos a los niños.</p>
<p>Pero no sólo los animales protagonizan estos trabajos audiovisuales. Podemos destacar otros tipos de documentos que, aunque contienen una gran aparición de criaturillas, merecen una clasificación aparte. Los denominaremos &#8220;documentales con una cantidad de bichos inferior al 60 por ciento&#8221;. Son estos tres subgéneros:</p>
<p><strong>Documental de antropología tercermundista</strong>.- Consiste en sacar desnudas de cintura para arriba a todo tipo de indias, negras y mestizas pertenecientes a diversas tribus amazónicas, africanas o asiáticas, con la débil excusa de que la sociedad occidental puede aprender mucho de esas gentes que comen con las manos, defecan en los rincones, fornican en público, carecen de dientes y mueren antes de los 40 años llenos de costras, a consecuencia de no haberse duchado jamás. Son sólo la pornográfica cúspide de todo un género cochambroso.</p>
<p><strong>Documental de viajes con viajero jocoso</strong>.- Son documentales protagonizados por un joven presentador anglosajón de cualquier sexo, cuya forma de ser bufonesca sirve de columna vertebral para el desarrollo del trabajo. Se trata de folletos turísticos ampliados hasta el paroxismo, donde las gracietas sustituyen a la información, de tal manera que da igual el país donde el cómico presentador se encuentre, ya que es imposible diferenciar entre el dedicado a los San Fermines y el de los territorios desérticos de Australia, salvo por la aparición de algún beodo en segundo plano. El presentador, conforme avanza la serie, trata de superarse en su comicidad, por lo que cada tres o cuatro documentales es sustituido por otro nuevo, cuando el grado de patetismo es insoportable hasta para los productores.</p>
<p><strong>Documental de vértigo</strong>.- Asistimos al suicidio programado y en un país exótico de una expedición subvencionada por cualquier diputación provincial. Aborígenes y animales son aquí una mera parte del decorado. Lo importantes son los llamados a sí mismos &#8220;aventureros&#8221;, es decir, padres de familia hastiados de la vida que optan por la escalada o cualquier deporte de riesgo que acabe en &#8220;ing&#8221; para huir de su mujer y prole. Normalmente escogen una montaña de más de ocho mil metros para sus objetivos. Por supuesto, el treinta por ciento de la expedición no vuelve, otro cincuenta por ciento pierde algún miembro por congelación, un diez por ciento acaba con problemas mentales con la forma de iluminación religiosa galopante, y el último diez por ciento llega sano y salvo para vivir durante varios años de contar el despropósito. Como este tipo de suicidios está muy bien visto por las instituciones, se suele premiar a la expedición con alguna medalla, por lo que el diez por ciento que conserva una ligera lucidez consigue reclutar a nuevos pardillos y se repite el proceso.</p>
<p>Como se puede comprobar tras un análisis somero basado en la observación, la sobremesa, en tiempos pretéritos dedicada a la siesta reparadora, se ha transformado en un momento ideal para inducir a la población a un sueño cargado de mensajes subliminales, centrados todos ellos en la idea del &#8220;déjese devorar por nosotros para ser feliz&#8221;. El poder quiere ñúes, no ciudadanos pensantes. Sin duda, la consecuencia más perniciosa de este género es la producción de analistas que terminan sus escritos con una moraleja, creyéndose a salvo de toda influencia catódica.
</p>
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		<title>Teletienda</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Sep 2006 22:14:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>tvbasura</category>

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		<description><![CDATA[Un mundo espiritual por descubrir
Como los líquenes y el musgo a la tundra, las coníferas a la taiga, las solitarias y espinosas acacias a la sabana o los cactus al desierto, el disparate es a Teletienda; un programa demonizado, como se dice ahora, incomprendido y relegado a la hora de la siesta o a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Un mundo espiritual por descubrir</h3>
<p>Como los líquenes y el musgo a la tundra, las coníferas a la taiga, las solitarias y espinosas acacias a la sabana o los cactus al desierto, el disparate es a Teletienda; un programa demonizado, como se dice ahora, incomprendido y relegado a la hora de la siesta o a la madrugada, donde tiene que hacer la competencia a algunos de los programas más vistos por los españoles: los documentales y las películas en blanco y negro y versión original subtitulada (sólo el antiguo programa religioso &#8216;Testimonio&#8217; logró reunir a tanta gente tras la pantalla en su momento). Teletienda lo tiene todo: humor a raudales, bellas mujeres y musculados rapaces, emoción y todo un universo de aparatos, aparatejos, objetos, mecanismos y adminículos de extraña procedencia y aún más raras utilidades. Estos objetos proliferan y parecen reproducirse y multiplicarse con una pasmosa facilidad, lo que hace casi imposible el estudio detallado de cada uno de ellos, pues su periodo de vigencia apenas dura unas semanas, justo hasta que son sustituidos por otros parecidos pero (sí, es posible) más cómicos.</p>
<p>Y es que Teletienda es la degeneración de la alta comedia americana, llevada hasta el límite de tomarse en serio a sí misma debido a las leyes del mercado, lo que no quita calidad a su humor. Esta parodia de los tiempos fenicios (y sin valores) que vivimos (con una valiente apuesta por la crítica social y la exaltación de la ética) tiene una serie de rasgos, productos y humanoides recurrentes, que podemos considerar como hilo argumental de este programa anárquico y revolucionario, como el eje de algo en perpetuo cambio.</p>
<p>En primer lugar estudiaremos a los humanoides. Los hay de tres tipos, a saber:</p>
<p><strong>Los presentadores</strong>. Él y ella. Uno guapo y cachas, bella y escultural la otra. Suelen ser actores desahuciados que actúan de secundarios en los telefilms que emite Antena 3. Ambos carecen del borde del labio superior, por lo que mantienen una permanente sonrisa. Actúan siguiendo la lógica del &#8220;poli bueno, poli malo&#8221;, uno hace de convencido y la otra de incrédula, o al revés. Manejan un vocabulario que no excede de las cuarenta palabras, incluidas preposiciones.</p>
<p><strong>El experto</strong>. Convocado a petición de los anteriores, suele tener varias carreras y otros tantos másters en universidades de dificultosa pronunciación y aún más complicada localización. Asesora al espectador sobre los beneficios que ofrece cualquier producto, basándose en la repetición cansina de lo que han dicho los presentadores, antecediendo las mismas frases con un &#8220;efectivamente&#8221; de experto.</p>
<p><strong>La cobaya</strong>. Son actores que hacen de público y que fingen sorpresa cuando les sacan al escenario para desnudarlos, lesionarles los abdominales, quemarles el pelo o seccionarles alguna parte del cuerpo. Todos ellos han pasado por el Actor&#8217;s Studio.</p>
<p>Aunque ya hemos comentado que Teletienda se basa en la metamorfosis, también podemos observar una serie de adminículos que se repiten. Sirven para que el espectador se identifique con el programa. Son los siguientes, a saber también:</p>
<p><strong>El aparato de abdominales</strong>. El rasgo más destacado de este aparato -del que existen diferentes versiones- es el disimulo. Debe parecer cualquier cosa menos un objeto destinado a fortalecer esos músculos. Los hay que parecen aeroplanos o naves (para atraer al público infantil), otros son abstractos o surrealistas (para atraer a un público cultivado). Los presentadores de Teletienda siempre consiguen guardarlos debajo de la cama a pesar de su enorme tamaño.</p>
<p><strong>La crema reductora</strong>. Se trata de un producto quemagrasas y adelgazante. Con una aplicación se acaba con la celulitis. Con otra se obtiene el ansiado cuerpo de efebo o ninfa. La tercera aplicación, de la que nunca se ofrecen muestras, ha de ser peligrosa si tenemos en cuenta la efectividad de la crema, y podría llegar a convertir al consumidor en una liliputiense o el increíble hombre menguante.</p>
<p><strong>Los cuchillos que cortan clavos.</strong> Suponen una rara variación en Teletienda, ya que suele presentarlos un cocinero chino. El chino sirve de justificante, ya que se dedica a mostrar las virtudes de los cuchillos cortando clavos, tornillos, pedazos de madera o ladrillos. El mensaje es &#8220;los occidentales, mucho más civilizados, podemos utilizar este armamento para la cocina&#8221;, es decir, se juega con una comparación de culturas en el que supone el único acercamiento de Teletienda a la política, la parte seria, por tanto, de esta compleja comedia audiovisual.</p>
<p><strong>El disco recopilatorio de los años 80</strong>. Suele ser un estuche con 234 cedés llenos de canciones olvidadas capaces de provocar espasmos con espumarajos, así como vergüenza ajena acompañada de naúseas. El anuncio del estuche está acompañado por la emisión de vídeos cochambrosos. Estamos ante un producto salutífero con un doble efecto: corporal y mental. El corporal se basa en los efectos diuréticos y eméticos de determinado tipo de música. El mental se basa en un poderoso efecto antidepresivo, a modo de &#8220;gracias a Dios que nos libramos de aquella época, necesariamente ahora estoy mejor, y lo que me estoy riendo&#8230;&#8221;.</p>
<p><strong>El colgante de oro</strong>. Cuando un espectador adquiere un producto de Teletienda, le regalan tal colgante. También se puede comprar por sí solo, con lo que le regalarán otro colgante. Si el comprador no quiere el colgante, le regalarán cuatro. Si se resiste, dieciséis. Suele ser un elefante de la suerte con un baño de oro que no resiste un baño en la ducha.</p>
<p><strong>El estimulador eléctrico</strong>. Es una batería con terminales adherentes que se colocan en el torso y las nalgas, con el objeto de tonificar el cuerpo sin dar ni golpe. Existen diferentes versiones de esta fábrica de agujetas. Las mejores permiten colocar las mencionadas terminales en el rostro, fomentando así ese rictus post mortem tan buscado ahora mediante la cirugía. Esta alternativa al estiramiento de la piel y a la liposucción supone también un mensaje de amistad entre los pueblos en tiempos de la globalización, puesto que se trata de dar un uso benigno a la Old Sparky (Vieja Chispas), prototipo de estimulador eléctrico derivado hacia otros menesteres.</p>
<p><strong>El alisador de pelo y el rizador de pelo</strong>. Un nuevo mensaje de paz y amor, en este caso a los deficientes mentales, que también tienen su sitio en esta sociedad mundializada. Supone un guiño a la esquizofrenia. Pelo liso o rizado a días alternos en un planeta donde todos somos hermanos a pesar de las diferencias y las limitaciones físicas o psíquicas.</p>
<p><strong>Las gafas de sol que matizan el horizonte</strong>. Juro que las vi una madrugada, perfectamente lúcido y sin haber ingerido sustancia perniciosa alguna. Poca gente ha tenido esa suerte. Teletienda también genera leyendas urbanas.</p>
<p>Humor, economía solidaria, valores humanos, exaltación de la belleza&#8230; no se le puede pedir más a un programa. Teletienda reúne esas condiciones. Confiemos en que su calidad lleve a este espacio audiovisual hasta su emisión en horario de máxima audiencia, siendo rescatado de las catacumbas en las que malvive desde hace demasiado tiempo.
</p>
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		<title>El Holocausto</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Sep 2006 22:09:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Los eliminados de la Casa
01/10/2004: Eloísa
La verdad, este año no había tenido ocasión de ver las tres primeras semanas de Gran Hermano. Así a bote pronto pensé en suicidarme, pero luego concluí que a fin de cuentas podría hacer después un trabajo intensivo de reciclaje y le di otra oportunidad al Milagro de la Vida, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Los eliminados de la Casa</h3>
<p><strong>01/10/2004: Eloísa</strong></p>
<p>La verdad, este año no había tenido ocasión de ver las tres primeras semanas de Gran Hermano. Así a bote pronto pensé en suicidarme, pero luego concluí que a fin de cuentas podría hacer después un trabajo intensivo de reciclaje y le di otra oportunidad al Milagro de la Vida, ¿sabeh?</p>
<p>Así que me he plantado delante de la tele rodeado de incógnitas: ¿se habrían casado ya dos de los atávicos metrosexuales de Gran Hermano? ¿Oficiaría ZP en una boda por lo civil pero con un ansia infinita de paz?</p>
<p>Sin embargo, cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto los primeros momentos del Gran Hermano de hoy. Al principo he pensado que la sobredosis de sociología aplicada tras tantos meses de abstinencia me hacía ver alucinaciones, pero no: aquello parecía una representación a escala de la España del PP, la España de buenos trabajadores, optimistas y emprendedores, que no se dejan llevar por los cantos de sirena del nazionalismo de Maragall y que saben que lo primero es defender la Constitución, ese instrumento que los españoles (y, sobre todo, el Primero de los españoles) nos hemos dado y que funciona tan bien que oye, pá que cambial.lo, ¿sabeh?</p>
<p>En primer lugar, todos iban vestidos de militares, y no crean que por esnobismo, no, allí todo el mundo sentía el patriotismo a flor de piel, inexplicablemente no había banderas españolas, pero se veía que el coeficiente de españolidad de la Casa estaba a punto de explotar: todo el mundo pegando gritos, todo el mundo amenazándose con arrearse yoyah, y todo el mundo lanzando vivas a España cuando se presentaba la ocasión (o sea, siempre y en cualquier momento). ¡Si hasta contábamos con dos representantes de las Fuerzas Armadas, una de ellas una mujer!</p>
<p>Y en segundo lugar, entre el maremágnum de españoles se distinguía enhiesto al líder espiritual del grupo, un yanqui llamado Conrad que se pasea, siempre semidesnudo en declaración de metrosexualidad militante, por la Casa y que centra las atenciones y admiración de todos sus compañeros, un modelo a seguir para ellos, y por qué no decirlo, los deseos de las mujeres, Úteros de España, Creadoras de la Raza, que miraban arrobadas al yanqui y se arrastraban patéticamente ante él como diciendo: “estamos trabahando en ellou”, ¿sabeh?</p>
<p>En fin, que allí podía aparecer en cualquier momento El Más Listo de la Clase para llamar paletos a los concursantes de provincias, o Urdaci enviando un SMS &#8220;Cécé Oo de rositas?&#8221;, o incluso un comando de etarras vestidos de árabe que arriconaran a los españoles en el corral, iniciando éstos una Reconquista que duraría, así a ojo, unos 800 años (¡Imagínense! ¡800 años de Gran Hermano!).</p>
<p>Pero rápida y dolorosamente he salido de mi error. Cuando estaba a punto de levantarme del sofá y tararear la Marcha Real, de repente me he dado cuenta de que a) la legionaria era una histérica que se pasaba la vida pegando gritos verduleros, sí, pero también lloriqueando; y sobre todo b) El autodenominado “funcionario de Defensa”, un tal Frikki, es un transexual, señores, con un par (implantado), un hombre que habría obligado al Comité de Competición, en la época de Míchel, a cambiar el acta para decir algo así como “Valderrama fue tocado do Natura sólo dotó al Hombre y la cirugía a Frikki y similares”. Con estos antecedentes, lo tenía claro: un ciclo de películas de Almodóvar en prime time sólo podía tener lugar en la España del felipismo, ¿sabeh?</p>
<p>Y en efecto, así era: rápidamente han pasado al plató y allí ha aparecido un presentador sin corbata, que sólo podía ser Lorenzo Milá, y con gran profesionalidad, como siempre, nos ha puesto en antecedentes: resulta que este año los dos primeros expulsados han sido dos hombres, fenómeno verdaderamente inusitado en todas las Casas de Gran Hermano que se precien, y aún hay más: esta había tres nominadas, y las tres eran mujeres, y en ese sentido parecía una vuelta a la normalidad: la Generación Papichulo podía comenzar a hacer estragos. Pues no, señores, ante un menú compuesto de dos pelanduscas y una modelo de Rubens que tiene feeling por todo lo que se le pone por delante, la audiencia soberana se ha decantado por esta última. ¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Es que acaso ha habido una Alianza de Civilizaciones entre los maromos con coche tuneao y las histéricas del Politono? ¿Es que, por fin, se iba a aplicar en Gran Hermano la regla del “Cuanto Peor, Mejor”?</p>
<p>Aunque es preciso aclarar que la expulsada, que responde al pizpireto nombre de Eloísa, sin duda atesoraba un enorme potencial dentro de ella, como todos los representantes de la sociedad española que pueblan la Casa (bueno, uno es yanqui, otra es argentina –o algo así-, pero en la España del Nuevo Talante eso es casi mejor, porque “es como si fueras español&#8230; ¡Pero “diferente”! Y yo no me he relacionado con un solo “diferente” en mi vida, pero sé que son diferentes, y eso lo respeto”); Eloísa hacía “cuñaos” sin inmutarse, pegaba gritos en la más honda tradición hispánica, se ponía histérica y se echaba a llorar como cualquier representante de nuestras Fuerzas Armadas, intentaba violar a todos los maromos que se le ponían a tiro (ante el gesto de repelús de éstos, aferrados a sus principios de “Gimnasio, Arco Iris, Matrimonio y Adopción”) sin que Gran Hermano hiciera el más mínimo gesto por expulsarla ni las Asociaciones de Bienpensantes por exigir su salida de la Casa (recuerden la humillación, “como un perro”, que sufrió Cal.loh en su día por intentar que le hicieran un Cola Cao, ¿sabeh?), …</p>
<p>Además, hay que reconocer que Eloísa ha estado grande en todos los acontecimientos que han sucedido a su expulsión: primero, abrazándose a una tal Natacha diciéndole “no llores” mientras ésta se descojonaba a grandes carcajadas de Eloísa, incapaz de reprimir la felicidad que le embargaba. Después, con el perspicaz comentario a posteriori de la jugada, en plan periodista deportivo: ella seguía “teniendo mucho cariño a tós”, mientras tós, por su parte, la ponían a parir en los vídeos que Gran Hermano iba proporcionando. Pero, sobre todo, Eloísa ha demostrado un fino humor a su llegada al plató, cuando le ha soltado a Mercedes Milá el siguiente comentario antológico: “Pero qué guapa eres, Mercedes”, a lo que Milá, impecable profesional, ha respondido “lo mismo te digo”, sin apenas esbozar una sonrisilla. Y no se crean que la cosa ha acabado ahí, no, luego Eloísa ha dicho que su estancia en Gran Hermano “éh lo máh grande que me ha pasao en la vida”, y que ahora sólo espera “ser madre” (lo 2º “máh grande”), y cuando Mercedes Milá le ha preguntado por “esa cosa que haces con la lengua”, Eloísa, sin inmutarse, ha procedido a “hacerlo”, momento en el cual Mercedes Milá, de nuevo impecable profesional, “lo ha hecho” también como diciendo “no pasa nada”, generando un previsible estremecimiento en la venerable audiencia (el cine pornográfico, simbolizado hasta ahora por películas como “El conde Eyácula”, de Rocco Sifredi, ya no volverá a ser lo mismo, ¿sabeh?).</p>
<p>Sin embargo, a la vista del material no se echará de menos a Eloísa. Junto a ella se amontona una galería de personajes digna de figurar en el catálogo de cualquier bar español, capaces de cualquier cosa siempre y cuando se trate de profundizar en las contradicciones y líneas de fuerza del Ser español. Alguien diría que dichas líneas de fuerza, según lo desarrollado en anteriores Grandes Hermanos, se resumen en: a) vivir sin dar golpe; y b) hacer de la chabacanería un arte, y que en ese sentido ninguna edición, desde la primera, ha arrojado novedades, si acaso se ha limitado a ofrecer versiones degeneradas del modelo inicial. Pues no, señores, Gran Hermano da para bastante más. ¿Acaso no recuerdan Ustedes el Dilema por antonomasia, el Principio de Incertidumbre de Schrödinger a la española, la aporía proferida por el Gran Vate, Cal.loh? ¿qué hay de Canneh o Toltiyah? Porque, a fin de cuentas, todo se resume ahí: La Casa de Gran Hermano está llena de mujeres que no saben qué hacer para comer Canneh, desesperadas ante unos representantes masculinos a los que, en realidad, les va la Toltiyah. Pues bien, Frikki ha resuelto este Teorema de Cal.loh, de solución aparentemente imposible, para que el concursante de Gran Hermano encuentre su ubicación definitiva: ante la imposibilidad de comer Canneh, hacerse Canneh (como el Verbo, pero cambiando lo de “Verbo” por &#8220;Toltiyah&#8221;, Y además complicándolo, en lugar de &#8220;Y el Verbo se hizo Canneh&#8221;, ahora pasamos a &#8220;Y la Toltiyah se hizo Canneh para comer Toltiyah&#8221;) como única vía para ser aceptado en el, ahora más felipista que nunca, Clan de la Toltiyah. Y a partir de ahí, a casarse y a adoptar niños, ¿sabeh?</p>
<p>Pero no crean que la cosa termina en Frikki, que al fin y al cabo tarde o temprano, indefectiblemente, será defenestrado por los Papichulo. No, amigos, aquí hay Canneh y Toltiyah televisivas hasta decir basta. Miren a Bea (la legionaria), por ejemplo, una especie de clónica de la Aida del año pasado, quizás menos insoportable (aunque tengan en cuenta que este año la competencia por entrar en tertulias - basura es más fuerte que nunca, así que igual Bea es aún más insoportable que Aida, pero no destaca tanto por el auténtico Caviar que hay en la Casa), pero con el mérito de haberlo dado todo por la Patria, aunque fuera sólo un par de añitos. Una mujer que se pasa la vida gritando y soltando todo tipo de expresiones malsonantes que pueden estar escuchando nuestros hijos, con lo sensibles y desvalidos que son cuando no se hinchan a soltar yoyah a sus compañeros, robar en las tiendas, quemar coches u otros actos de vandalismo; una mujer que luego se echa a llorar como una magdalena porque “tu comentario me ha herido”, y que se indigna en particular cuando Eloísa (sí, la de “cuñao”) la acusa de ser “ordinaria”: “¿Ordinaria yo? ¡Eso te lo metes por el coño, hijaputa!”. Con perdón, ¿sabeh?</p>
<p>A decir verdad, es incluso complicado encontrar al concursante “perfil bajo” que suele llegar aferrándose al sillón hasta las últimas semanas del programa. De hecho, por lo visto hay gente que sospecha que los concursantes son actores porque “no puede ser verdad”. Esto sólo demuestra, una vez más, un absoluto desconocimiento de la idiosincrasia del pueblo español. ¿Acaso no hemos contado ya con nada menos que cinco experimentos sociológicos previos, con la activa participación de renombrados catedráticos de Universidad, como Gustavo Bueno, haciendo análisis de contenido, tabulando datos empíricos y desarrollando complicados sistemas sociales modelo a partir de la muestra? ¿Acaso alguien duda de la veracidad de los anteriores GH’s? ¡Pero si hasta hemos visto a Cal.loh, auténtica transmutación contemporánea del Cid Campeador, en la Casa de Gran Hermano, ¿sabeh?!<br />
<em>Guillermo López (Valencia)</em></p>
<p> </p>
<p><strong>17/09/04: ¡A MÍ LA LEGIÓN!</strong></p>
<p>La Legión Española, caracterizada por su arrojo ante el peligro y que tantas misiones arriesgadas ha llevado a cabo a lo largo de su historia, incomprensiblemente no había sido llamada aún a intervenir en el programa que mejor refleja la realidad social española. El programa GH tenía, pues, una deuda con un cuerpo militar enraizado como ningún otro en la Historia de España, que en esta sexta edición del experimento sociológico por antonomasia ha sido por fin saldada con la entrada en la casa de uno de sus más eximios representantes: Beatriz. No, no se trata del caballero legionario Remigio, que tras vivir con tres mil tíos cachas en estrecha relación descubre su verdadera sexualidad y enmienda la plana a la madre naturaleza, como hizo otro concursante, Nikki (nacido Nicolasa). Bea, por el contrario, es una mujer-mujer, que diría Ansar, y una legionaria con dos cojones. Millán Astray estaría orgulloso de ella, pues en rigor, Bea es como el fundador del cuerpo, pero con los dos ojos, todos los miembros y un par de tetas de impresión.</p>
<p>¿Qué hace un caballero legionario en la casa de Gran Hermano? Hostiar sin tasa a los vagos que en ella pululan, por rojos, pensarán Ustedes con toda la razón. Pues no amigos, vivimos tiempos civilizados, y además el severo código ético de la mayor de los Milá no permitiría este tipo de políticas activas de pacificación (no hay más que recordar el montaje hipócrita que acabó con el mejor concursante que jamás acudió a GH, nuestro añorado y nunca bien ponderado Cal-loh, ¿sabeh?). Así que la pobre Bea, en lugar de sacar el brazo a pasear, ha de contentarse con gritar como una especie de histérica hija de puta y amenazar al resto de los concursantes con ponerse a cagar en medio del salón, que viniendo de un legionario, en principio parece un ultimátum convincente.</p>
<p>Bea, además, honra otra de las tradiciones más sagradas de los legionarios: ir de putas con frecuencia. Naturalmente, ella no frecuenta las casas de lenocinio masculino, en primer lugar porque prácticamente no existen, y en segundo porque alguien como ella no lo necesita. El espíritu indómito del cuerpo legionario en lo que afecta a la zona inguinal, se ha cobrado ya una primera víctima sentimental: Su novio. El pobre Javi (Javi y Bea, ¡ostia, como en Verano Azul!), que así se llama el bóvido, supo anoche que su dama legionaria lleva a cabo simultáneamente frecuentes &#8220;operaciones especiales&#8221; con un tal Rubén (¿no es una lástima que no haya elegido a alguien llamado Pancho?). &#8220;Me he estado comiendo las babas de otro tío&#8221;, se lamentaba el pobre Javier; &#8220;ahora mismo le escupiría en la cara&#8221;, continuaba presa de la desesperación. En fin, las típicas peleas de enamorados.</p>
<p>Por otra parte, la primera expulsión de esta temporada ha recaído en uno de los pocos concursantes con un nombre admisible: Salva. Porque esta edición de GH será conocida (además de su aroma castrense y pansexual) por la de los nombres extemporáneos. Jani, su mamá Ida, Nikki, Litus (el amigo marica de Eloísa) y sobre todo &#8220;el Jonathan&#8221;, configuran un elenco de patronímicos que dejan en mantillas a otros despropósitos que conocimos en programas anteriores. Pero vayamos con nuestro primer expulsado.</p>
<p>A Salva lo han expulsado por chulo. Estamos en contra, obviamente, pues si recuerdan nuestra tesis sobre el programa, lo imperativo para que éste mantenga un mínimo interés es dejar en la casa a los sujetos más patéticos o los que evidencien un mayor desequilibrio psiquiátrico. En este contexto, Salva prometía grandes emociones dada su especial aversión a la Nicolasa, con quien ha protagonizado en estos primeros días algunas peleas de lo más jugoso. La convivencia de ambos, una vez desvelado el íntimo secreto de éste, hubiera deparado interesantes intercambios de opiniones que ahora, por culpa de la inepcia de los que votan (que también hay que tener ganas) jamás nos será dado ver.</p>
<p>¿Mercedes Milá?, pues bellísima, como siempre, qué les voy a contar. Sólo cabe esperar que utilice su evidente capacidad de persuasión para que su hermano Lorenzo haga de una vez la revolución pendiente en la información de TVE, y nos ofrezca en su telediario un resumen de la actualidad de Gran Hermano. Teniendo en cuenta que la sección &#8220;Real Madrid&#8221; de los telediarios no son más que el relato de la actualidad en la otra casa (la Blanca) y los problemillas sentimentales y estéticos de su abigarrado vestuario, no creo que nadie proteste demasiado.<br />
<em>Pablo</em>
</p>
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		<title>El Planeta de los Simios</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Sep 2006 22:07:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Noticias desde la Casa de Gran Hermano
17/11/2004: Gran Hermano, incardinado en el Sistema Social
Ustedes, de natural observadores, habrán notado estos días cierta relajación en la cobertura que ésta su página amiga hace todos los años del mayor experimento sociológico de la Historia. Pero no se trata de que los redactores nos hayamos dado a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Noticias desde la Casa de Gran Hermano</h3>
<p><strong>17/11/2004: Gran Hermano, incardinado en el Sistema Social</strong></p>
<p>Ustedes, de natural observadores, habrán notado estos días cierta relajación en la cobertura que ésta su página amiga hace todos los años del mayor experimento sociológico de la Historia. Pero no se trata de que los redactores nos hayamos dado a la vagancia y la molicie tan habitual en la clase periodística actual. Por el contrario, el fenómeno de Gran Hermano es de tal magnitud, que cada vez resulta más difícil acometer su estudio sin una previa labor de recogimiento espiritual, intelectual y, por supuesto, moral. Porque la revelación que el fenómeno de Gran Hermano ha supuesto para los estudiosos del medio social, trasciende incluso la hiperbórea provincia de las ideas para entrar de lleno en terrenos en los que cabe cuestionarse el fenómeno televisivo incluso desde presupuestos epistemológicos. ¿Qué es la televisión? He aquí la apasionante cuestión que los sabios intentan responder desde hace décadas; ¿Es un medio de comunicación, un instrumento para imponer una cosmovisión determinada o sencillamente una mierda como un camión? Somos humildes y no vamos a permitirnos dilucidar en unas pocas líneas semejante disyuntiva, pero lo que sí podemos afirmar es que Gran Hermano ha marcado (como dicen los cursis) un antes y un después en el fenómeno televisivo.</p>
<p>Vean ustedes, por ejemplo, el abigarrado festival de cambios de peinado con los que la bella presentadora del programa nos está regalando los sentidos en la presente edición. En las primeras ediciones de Gran Hermano, la réplica en el plató a las apasionantes tensiones sociales de la casa, se reducían a discretas modificaciones en el vestuario (siempre elegante, digámoslo ya) de la bella Mercedes, o, todo lo más, a ligeros matices en el tono de maquillaje que embellecía su rostro lozano. Eso era cuando en la casa hozaban once gilipuertas y un genio (nuestro Cal-loh), para que acabara ganando el personaje más necio, aún a costa de expulsar ignominiosa ¡incluso antidemocráticamente, coño! a un auténtico monstruo televisivo, un egregio filósofo capaz de codearse intelectualmente con titanes del pensamiento como el profesor Bueno, un ser, en fin, irrepetible como nuestro Cal-litoh, capaz de provocar incesantes revoluciones en el campo de la semiótica y la lingüística —“can-ne”, “toltiya”, etc.— mientras con una mano sujetaba un “peta” y con la otra azotaba a su proterva novieta a la que, hemos de decirlo, jamás agradeceremos su grandeza de espíritu (sin duda, se trataba de la única persona que, salvo nosotros, supo comprender que se encontraba ante un genio) pues fue la primera en oponerse, con toda firmeza, al linchamiento moral que hubo de padecer “el portento de Hospitalet”, ¿sabeh?.</p>
<p>En la presente edición, por el contrario, no contamos con los once botarates tradicionales y el imprescindible majadero que acaba llevándose la pasta. De hecho, si ustedes se han acercado en algún momento a la “actualidad de la casa”, convendrán con nosotros en que la estolidez está exquisitamente repartida entre sus habitantes. No hay genios. No hay violencia y el sexo brilla por su ausencia, más allá de las gansadas seudo-eróticas de la simpática participante atenazada por continuos episodios de “furor uterino”; Nada de esto puede extrañarnos habiendo entre los primates un “Jhonatan”, que además tiene los santos huevos de enamorarse de una “Cristal” (imaginen la cantidad de “Kevin Jesuses” y “Melodie Romualdas” que pueden salir de ahí). Sí, es cierto está Nikki el friki, pero su insania mental es tan evidente que comentar su caso fuera del necesario ámbito clínico resultaría de mal gusto hasta para nosotros (es lo que tiene ponerte una chorra de plexiglás; que desconcierta mucho, al menos hasta que uno le coge el tranquillo).</p>
<p>Cualquier otro programa, en esta tesitura, hubiera acabado desfalleciendo hasta llegar a un final ignominioso. Pero hablamos de Gran Hermano y, sobre todo, de la inimitable Mercedes Milá, cuya figura se alza ante nuestra humilde condición de televidentes cada vez a una altura superior. Ella, y sólo ella, es capaz de acaparar la atención del espectador, consciente de que las novedades que puede ofrecer “la casa” no bastan para alimentar la sed de sociología que las ediciones de antaño provocan en sus numerosos seguidores. Porque los participantes del evento, aún en su mayúscula estolidez, han sido capaces de interiorizar el axioma que vertebra el negocio televisivo vigente: “¿por qué hacer el imbécil o contar alguna verdad escabrosa gratis, cuando todo ello se puede rentabilizar, ¡y cómo! en los platós televisivos cuando uno abandone la casa?”. La lógica es inapelable: “si quieren saber mi nombre de mujer&#8230; que paguen”, afirmó el friki en un arranque de sinceridad, quintaesenciando de forma admirable cuanto tratamos de explicarles.</p>
<p>Ante esta rebelión silenciosa, Mercedes, nuestra Mercedes, ha dado un paso al frente y, en unión de la impagable “estilista” (antes peluquera), se muestra más dispuesta que nunca a que sigamos pegados a la pantalla los jueves por la noche. Para los auténticos paladeadores del beluga televisivo que aún quedamos, la emoción no está ya en saber si ha habido alguna herida inciso-contusa o algún polvete furtivo dentro de la casa, sino en intentar descubrir con qué peinado nos impresionará la Milá esa noche. Hace un par de semanas le pusieron un enorme tupé y una chupa de cuero, logrando un parecido asombroso con el primo tonto de John Travolta. La semana anterior apareció de “mariloli va de boda”, con sus tacones de aguja y todo, informal pero “arreglá”. Como verán, el desafío es apasionante y además, dado que el juego termina en cuanto aparece la Milá en la pantalla y la cámara enfoca un primer plano, no vean lo rápido que se va uno a la cama con los deberes cumplidos. Milá, Milá, te queremos, te idolatramos y no pararemos hasta que co-presentes el telediario de TVE para reñirle en directo a tu hermano cuando no lo haga bien. Sultana.</p>
<p><em>Pablo</em></p>
<p> </p>
<p><strong>7/10/2004: Nominaciones</strong></p>
<p>Como Ustedes saben, Gran Hermano es pionero y rompedor en muchas cosas. Una de ellas reside, justamente, en el asunto que aquí nos ocupa, las nominaciones. Verán, hace 2500 años los griegos desarrollaron un novedoso sistema, la Democracia, consistente en la convicción de que el Poder reside en el Pueblo, y conviene, para la buena marcha de las cosas, que sea directamente el Pueblo el que ejerza su Poder seleccionando a los más válidos para ejercer la función pública. Lamentablemente, la democracia en Grecia se circunscribía a una parte muy reducida de la población, dado que en ella no entraban ni las mujeres ni los esclavos, por razones en aquel momento obvias. Al mismo tiempo, y como ya explicara Aristóteles, el sistema democrático tenía un grave defecto: en última instancia, el Poder residía en la estúpida y mediocre plebe, que hacía uso del mismo para votar a sus demagogos preferidos y repartirse jugosos cargos públicos, en lugar de depositar prudentemente dicho Poder, y dichos cargos, en las manos de los mejores, por ejemplo, Aristóteles, ¿sabeh?</p>
<p>Así que los romanos perfeccionaron el sistema, manteniéndolo exactamente igual en cuanto a la marginación de mujeres y esclavos pero complementando el Poder ejercido por los tribunos en nombre de la puta plebe con la función moderadora y razonable de los cónsules, elegidos por los patricios (la aristocracia, vaya); bueno, en realidad el proceso fue al revés, pero el resultado, por desgracia, no se alejó mucho del de Grecia. La demagogia de los tribunos acabó por debilitar a los buenos patricios y depositó el Poder en manos de malvados dictadores como Julio César, que llegaron a lo más alto haciendo uso del más nefando populismo.</p>
<p>Unos cuantos siglos después se volvió a intentar una mejora del proceso, desarrollando un complejo sistema de poderes y contrapoderes en teoría pensado para evitar que el Poder de cualquiera de los representantes del Pueblo fuera absoluto, y en la práctica ideado para reducir los males derivados de la participación de la plebe al máximo: si nadie tenía demasiado poder, ningún mindundi elevado a los altares por la plebe podría destrozar excesivamente las cosas, ¿sabeh?</p>
<p>Gran Hermano es un paso más en la búsqueda de un sistema de representación más justo, más depurado, incluso más democrático, si es preciso (piensen que en Gran Hermano pueden votar las mujeres, algo insólito, e incluso es posible votar varias veces, primando así el interés por el proceso electoral), pero dejándole a la plebe lo justo para desandar el camino andado: es cierto que Ustedes, o aquellos de Ustedes, si es que hay alguno, que tienen un móvil de colorines, politono, papichulo, etc., moderno sustitutivo de la urna, pueden decidir quién se va de la Casa cada semana, pero no lo es menos que la propia Casa se ha encargado de hacer previamente una cuidadosa selección de los candidatos potenciales: en lugar de encomendar esa labor tan delicada a la propia plebe, se le ofrece un selecto menú compuesto por la élite intelectual española (recuerden, “diez puntos por encima de la media”, en sí ya muy alta), y sólo a partir de ese menú pueden Ustedes escoger quién se va cada dos semanas. La altura intelectual de los participantes garantiza que ninguno de ellos sea el amiguito secreto de Bin Laden, ni un señor que se pase 800 años peleando con los moros o enterrándolos en cal viva. Bien es cierto que puede producirse algún desliz, soltar alguna yoyah de vez en cuando, pero en tal caso Gran Hermano expulsará al concursante, como es sabido, “como un perro”, ¿sabeh?</p>
<p>Además, para garantizar el control del proceso, Gran Hermano lo ha previsto casi todo: no sólo tienen Ustedes restringido el sufragio, por decreto ley, a los concursantes, sino que son éstos los que deciden cuáles serán los candidatos a la expulsión. Puede que Usted odie a una concursante porque no grita lo suficientemente alto, o porque “es una persona horrible”, o porque está buena, pero no podrá hacer nada por evitar su presencia en la Casa si sus compañeros no le dan la oportunidad. Además, se otorga cada semana a un concursante el privilegio de salvar a uno de los nominados, con lo que el proceso democrático se complica aún más y puede augurar un perfeccionamiento del sistema de voto hasta llegar al modelo más acabado: aquel en el que, por pura desidia, el público decide no votar (“total, para qué, si está todo manipulao”, atávico grito de la Plebe denunciando la corrupción, y en realidad la perfección, inherente al Sistema).</p>
<p>Sin embargo, el modelo sigue teniendo un importante defecto estructural que en gran parte invalida su valor democrático: la mímesis entre el único objeto de los representantes políticos (perpetuarse en el poder) y de los concursantes de Gran Hermano (perpetuarse en la Casa) determina que el proceso esté viciado: los concursantes, merced a su superior inteligencia, tienden a nominar a aquéllos de entre sus compañeros que perciben como más válidos; pero además, el dilecto público, históricamente, se ha caracterizado por confirmar, votación tras votación, cuánta razón tuvieron los romanos en acabar con su metrosexual República: si los concursantes ya han nominado a los más válidos, el público tiende, indefectiblemente, a exterminar al que percibe como más válido, porque “se lo tiene muy creído”, “me cae mal” o “es un cabrón”. ¡Precisamente por eso habría que mantenerlo en la Casa, hombre!</p>
<p>Todo este rollo viene a cuento de que, como corresponde al Experimento Sociológico por antonomasia, conviene que seamos conscientes de la densidad interpretativa, los múltiples prismas, la complejidad, en fin, característicos de Gran Hermano. Y que no nos tomemos el voto a la ligera. Lo importante, recordémoslo, no es que se diviertan los concursantes, sino que se diviertan Ustedes. Y para eso lo mejor que podemos hacer es expulsar al más pringao e insulso de los nominados en cada ocasión. Incluso en sistemas tan perfectos como Gran Hermano, disponen Ustedes de un enorme poder, ¿sabeh?</p>
<p>Por tanto, de entre los nominados de esta semana, que responden al nombre de Cristal, Juanjo y Bea, no podemos sino recomendar el voto por la primera, que la chica no es que lo haga mal, pero no puede compararse con los otros dos, y además piensen Ustedes que si es expulsada dejaremos solo a una de las estrellas de esta edición, “El Jonathan”, modelo de intelectual diletante (lleva gafas, no les digo más), que se ha pasado el primer mes de concurso arrastrándose patéticamente tras la chica. Por otro lado, Cristal ha acabado siendo nominada merced a la fea acción de Sandra, que estaba nominada pero, aunque no quieran Ustedes creerlo, ¡se ha salvado a sí misma! ¿Habráse visto egoísmo? Imagínense qué pasará si Cristal acaba abandonando la Casa “por culpa de Sandra”. ¡El Jonathan se le tirará a degüello! Claro que también es divertido “El Jonathan” ahora, precisamente por cómo se arrastra, pero ¿acaso no estaremos perdiéndonos la posibilidad, por remota que sea, de una reedición de “Quién me pone la pierna encima”? ¿Acaso no merece la pena intentarlo? ¿sabeh?</p>
<p>Además, los otros dos nominados son canela fina. Por un lado, un tal Juanjo, modelo de pringaíllo que, mala imitación de “El Jonathan”, lleva semanas y semanas y semanas manteniendo “una hermosa amistad entre un hombre y una mujer” con Diana. Como pueden Ustedes imaginarse, y aunque todos hemos utilizado alguna vez este sucio truco, Juanjo está desesperado. Porque, y esto es lo peor, todo indica que la pobre Diana se está creyendo a pies juntillas aquello de que todo acaba en “una sana amistad”. Y, si ya es suficientemente duro tener que utilizar el recurso barato de “qué superamigos somos” para conseguir sexo (y hacerlo delante de toda España es humillante hasta límites inconcebibles), peor aún es no conseguirlo, porque entonces o bien a) aguanta a Diana con todas las consecuencias, jugando la carta “chico sensible” para evitar su expulsión; o b) incapaz de soportar la tensión sexual, acaba destruyendo esta “hermosa amistad” visto que no ha sido capaz, por muy hermosa que sea, de proporcionarle el deseado sexo, y entonces se dará la vuelta a la tortilla: Juanjo será “un monstruo insensible” que “me ha hecho mucho daño”, y ante la censura general abandonará la Casa ignominiosamente, y por si esto fuera poco, aún virgen, a sus años, ¿sabeh?</p>
<p>Y Bea, sin duda, es aún mejor. Recuerden, Bea, la mujer legionaria del Ejército epañó que acusaba a todo el mundo de ordinario mientras soltaba gritos histéricos a poco que alguien le hubiera mirao mal o, sencillamente, pasara por allí, profiriendo todo tipo de expresiones malsonantes impropias de una persona con tales dotes intelectuales (y humanas; recuerden que, al fin y al cabo, lo ha dado todo por la Patria). Bea es un personaje televisivo con muchísimo potencial, porque además, dado que viene de donde viene, a uno le parecen naturales tanto los chillidos como los lloriqueos en los que resume su existencia, lo cual, sin duda, le proporciona un alto valor añadido, ¿sabeh?</p>
<p>Por lo demás, el programa de hoy ha tenido su punto álgido en una profunda soflama, de gran carga moral, que ha soltado la inefable Mercedes Milá sin venir a cuento. Ha dicho algo así como que “los concursantes, cuando salen fuera, se dedican a ir a muchos programas de televisión y a hacer declaraciones, y eso hace mucho daño al programa”. Y luego, sin despeinarse, ha hecho profesión de fe en el formato de Gran Hermano y en su valor, indudable, como experimento sociológico. Es cierto que los concursantes, tan pronto salen de la Casa, se dedican a hablar de la Casa en todo programa de televisión que se les pone a tiro. Lo mismo hacen familiares y amigos de los concursantes, protagonistas de una especie de “Gran Hermano bis” quizás menos riguroso en el plano científico, y de conclusiones sociológicas, en consecuencia, menos claras, pero no por ello desdeñable: a fin de cuentas, en tanto familiares y amigos, ellos también están “por encima de la media intelectual española”, ¿sabeh?</p>
<p>Pero, a fin de cuentas, esta reconvención extemporánea de Mercedes Milá como que resulta un tanto sorprendente, dado que dichos programas “que se aprovechan de la estela de Gran Hermano” pertenecen, todos ellos, a la cadena donde se emite Gran Hermano, y por lo común a la misma productora. Quizás es el precio que hay que pagar para hacer un experimento sociológico tan privilegiado como este, aunque es cierto que a veces se producen fenómenos un tanto impropios. Como indicaba la propia Bea, respecto de una compañera de la Casa particularmente ordinaria, “Si Natasha quiere estar todo el día enseñando el culo y tocándose el potorro, que vaya a un programa desos. Aquí se viene a currar”; uno diría que aquí se viene, justamente y como fiel reflejo de lo mejor de la sociedad española, a lo contrario: a no dar un palo al agua y, si todo sale bien, a no darlo tampoco después de la salida de la Casa, pero la complejidad de Gran Hermano me confunde, ¿sabeh?</p>
<p>En fin, en condiciones normales, y haciendo gala de nuestra milimétrica precisión a la hora de decantarnos por personajes expulsados, apostaremos por Bea; aunque en este año detectamos preocupantes fenómenos (los dos primeros expulsados son hombres), y aunque no tenemos referentes claros (por ejemplo, Frikki no ha sido nominado; pensamos que, de serlo, su expulsión sería fulminante, aunque incluso aquí la España de ZP “nos confunde” y puede pasar cualquier cosa, incluso que mantengan a Frikki en la Casa como diciendo “mira lo tolerante que es el público español, y como no estés de acuerdo te doy de hostias, ¿sabeh?”), creemos que el axioma “a más interesante y jugoso –aunque aquí no, desde luego, en el aspecto físico-, más carne de expulsión” sigue teniendo suficiente fuerza como para garantizar la expulsión de Bea, aunque sólo sea para ver su reacción: “¡Cabrones, josputa! ¡Os voy a matar!”, seguido de los inevitables lloriqueos. Mientras no ocurra alguna hecatombe con alguno de los otros dos nominados, es decir, mientras Cristal no intensifique el puteo a “el Jonathan” o Juanjo no explote ante tanta sensión sexual, es posible que las mujeres que votan masivamente en Gran Hermano piensen que ambos son, respectivamente, “una chica sencilla” y “un chaval sensible que está enamorado”, y por tanto vayan a por Bea, por su carácter excesivamente sofisticado, ¿sabeh?</p>
<p><em>Guillermo López (Valencia)</em>
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		<title>Los Primates</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Sep 2006 22:05:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ángel</strong>: Angel, como la mayor parte de los concursantes de Gran Hermano desde su primera edición, es empresario. Sin embargo, las múltiples ocupaciones que un hombre de su posición ha de atender a cada momento, no le impiden encontrar un huequecito diario para dedicarlo a aquello que forma realmente el centro de su vida: e