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	<title>libros</title>
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	<pubDate>Sun, 16 Sep 2007 16:26:22 +0000</pubDate>
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		<title>La Ceremonia del Porno-Andrés Barba y Javier Montes</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Sep 2007 11:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Martín-Gorriz</dc:creator>
		
		<category>cine</category>

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Cómo convertirse en abanderado del orgullo X
 
En La Página Definitiva damos por sentado que cualquier escrito publicado se lee a trompicones. Con tanta letra y sin fotos estamos condenados bien a la “minimización” en un rinconcillo del escritorio hasta nuevo clic del ratón una vez termine la escena que está viendo, bien a quedar detrás [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<h3 align="center">Cómo convertirse en abanderado del orgullo X</h3>
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<p>En La Página Definitiva damos por sentado que cualquier escrito publicado se lee a trompicones. Con tanta letra y sin fotos estamos condenados bien a la “minimización” en un rinconcillo del escritorio hasta nuevo clic del ratón una vez termine la escena que está viendo, bien a quedar detrás de esa misma escena donde un fornido jardinero riega el rostro de la dueña del suntuoso chalé con productos imposibles de encontrar en una floristería, es más, hay dos fornidos jardineros, que debe de ser un terreno con mucha vegetación. De la misma forma que estos cuidadores de rosas agitan sus mangueras para llegar al cum shot, Andrés Barba y Javier Montes han sacudido sus cerebros hasta salpicar de materia gris La Ceremonia del Porno, XXXV Premio Anagrama de Ensayo, tan ensayo tan ensayo que al pesar del asunto tratado no provoca en ningún momento erección o humedad alguna. Eso es un intelectual y lo demás son tonterías. Entre apariciones en la pantalla al superponernos a otros portales –hola, lector- y súbitas “maximizaciones” –hola, lectora- esperamos no dejen de hacer lo que están haciendo mientras leen, aunque con interrupciones, esta crítica que les permitirá conocer de cerca una obra cuya lectura puede justificar su atención a lo que en breve le va a hacer un tercer fornido jardinero, y esta vez de raza negra, a la propietaria de la casa y a una amiga que acaba de llegar para tomar pastas.<br />
   <br />
La Ceremonia del Porno parte de una perversión, la de unir en un mismo procesador de textos a un novelista, Barba, y a un traductor y crítico de arte, Montes. De semejante cópula, si no anti natura sí al menos clasificable dentro de la categoría “extreme” o “monster”, ha salido una criatura no demasiado bella pero sí con atractivo interior.<br />
    <br />
Este libro elaborado al alimón, por no decir a dos manos y seguir haciendo chistecitos facilones,  contiene una prosa demasiado técnica. Desde el principio da la sensación de que los autores, para alejarse de la excitación que provoca el tema que han estudiado y evitar que las páginas a las que han dedicado tan sesudos análisis se lean con una sola mano, optan por un estilo aséptico y algo administrativo, frío y en ocasiones enrevesado como un <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpopular/manual21/35">prospecto de medicamentos</a>. Esto hace que algunas explicaciones resulten farragosas y algo aburridas, incluso reiterativas. Esta preferencia puede entenderse pero en muchas ocasiones entorpece la lectura. Siendo una tónica general de la obra tampoco llega hasta extremos graves, pero se echa de menos una mayor fluidez. Quizá todo esto no se deba a un propósito de los autores, sino a la dificultad de hacer un libro entre dos personas, ya que se percibe cierta irregularidad entre los episodios e incluso en el transcurso de los pasajes de un mismo episodio, que no alcanzan uniformidad en el ritmo. El ensayo contiene partes muy atractivas con otras donde el intento de pasar todo por el filtro de la erudición llega a la pedantería, como cuando interpretan las felaciones hasta la garganta como un intento de atravesar y fundirse con el otro que dejaría en filósofo aficionado al mismísimo Kant. No les adelantamos nada más, dejándole con la… eso en los labios (si es que es inevitable) para que deje de gastárselo todo en vicios y compre esta obra donde se analizan algunos de esos vicios. Conózcase a sí mismo, demonios, pero no como siempre.</p>
<p>No, la criatura no es guapa, pero sí simpática, se le ve inteligencia y tiene vidilla interior. Gracias a ella, como decimos, cuando sus progenitores o su pareja le sorprendan al entrar en casa frotándose desnudo y a modo de jinete con el reposabrazos del sofá mientras ve “Seguratas Revoltosas y el Sereno”, no tendrá que irse de casa avergonzado o balbucear una incoherente explicación, sino que podrá colocarse unas gafas de bibliotecario, un birrete,  y con gesto serio imprecar a quien ha osado interrumpirle, rogando no vuelva a entrometerse en un acto que exige una enorme entrega espiritual y por tanto mucha concentración. Posteriormente podrá dar la espalda al intruso y dirigirse con tranquilidad al cuarto de baño solicitando que a ver si esta vez hay un poquito de educación y le dejan terminar.<br />
    <br />
Barba y Montes hablan de ceremonia como compromiso con la excitación. Tratan al cine porno como aquel que requiere de más participación del espectador. Para empezar, es el espectador el que al poner porno está ya dispuesto a excitarse con lo que va a ver, con lo que no es un mero receptor de obscenidades. Luego ha de poner de su parte para “creerse” lo que allí sucede, desde que el butanero liga con la niñera en un minuto hasta que la lolita con cara de haber hecho ya mil degustaciones realiza, como indica el título, su primera cata de calipo tibio. Es el espectador el que dice: “estoy dispuesto, que empiece el show”, algo que sucede en pocas manifestaciones de ocio o culturales.<br />
    <br />
Otro de los puntos más importantes que tratan los autores se centra en el recurrente asunto del argumento, resumido en la frase hecha “trabajas menos que un guionista de películas porno”. Proponen que en muchas ocasiones esto es producto de la incomodidad del espectador ante lo que ha visto, ya que cree que ha hecho en realidad algo vergonzoso. Pero van más allá, prescinden de las consideraciones morales y lo plantean desde un análisis de la narrativa tradicional en comparación a la del porno. La narrativa tradicional encierra, entre otras cosas, a narradores omniescentes que conocen no se sabe cómo multitud de detalles o a personajes que nos hablan desde su interior. El lector o espectador hace lo que denominan “un acto de cesión” para comprometerse con un sistema inverosímil pero sin embargo muy eficaz para dar lugar a verdades que están muy por encima de las inconveniencias de dicho sistema, que al final resultan baladíes ante los buenos resultados. Barba y Montes indican que las personas que se declaran apáticas ante el tipo de argumentos de la pornografía lo son por la incapacidad de asumir no unos argumentos ridículos, sino unos argumentos distintos a los tradicionales pero que se ajustan a lo que quieren exponer.</p>
<p>Así, la veracidad que por ejemplo se otorga al narrador omniescente tradicional, aquí –como hemos visto al hablar de compromiso con la excitación- ha de aportarla el propio espectador. Hay veracidad mientras el espectador está excitado y “cede” para creerse que determinada retaguardia es asaltada por primera  vez por una emboscada aunque sea la quinta película en la que ve a esa actriz. El realismo de la narración tradicional (aunque sea una obra de ciencia ficción o de fantasía ha se ser realista en su contexto, creíble) se refleja en el porno en la excitación de los actores. De ahí que al desenlace habitual, el cum shot, también se le conozca como money shot, ya que es por lo que los actores cobran en realidad. La veracidad –mediante la excitación- la pone el espectador pero a cambio el sexo ha de ser real. La otra de las características de la narración tradicional, la coherencia, se manifiesta en el porno a través del simbolismo. Los actores, como indica el ensayo, representan estados, representan al placer. De esta manera contrarrestan las teorías pseudo-feministas que hablan de la “cosificación” de la actriz. La actriz no se convierte en cosa, sino que al igual que el actor pornográfico tienen una “máscara”, como en muchas obras de narrativa tradicional de tipo simbólico, desde el auto sacramental al teatro Nô japonés, al que ponen de ejemplo.</p>
<p>El tercer punto importante es la consideración del porno como un sistema que se alimenta a sí mismo. Todo está inventado. Desde las primeras películas porno existen todas las variantes que cualquier aficionado puede buscar por internet. Unas se abandonan por cansancio y quedan libres esos huecos, que son ocupados por otras prácticas. Cuando éstas se gastan, el porno vuelve a retomar las que quedaron en el cajón. Se trata de una especie de circuito cerrado en el que el “vehículo” porno va pasando por unos y otros lugares una y otra vez.</p>
<p>La Ceremonia del Porno trata sobre muchas otras cuestiones, desde la historia de la narrativa porno a las consecuencias de la aparición de internet o el cine porno amateur, donde los términos consumidor de porno y productor de porno se confunden. También aborda en un interesante capítulo final los límites entre pornografía y arte analizando el cuadro de Courbet “El Origen del Mundo”. O bien las relaciones entre pornografía, intimidad y tabú. Les adelantamos, lectores, que arte y porno se contradicen. Donde aparece uno no puede estar el otro. Y no destripamos más el contenido del libro, que está indicación sirva sólo para que no la empleen en caso de que les pillen in fraganti.</p>
<p>Lo importante es que ha de saber que no es usted un pervertido, sino un espectador comprometido que está observando una narración distinta a la tradicional, llena de símbolos y que encima se alimenta a sí misma. Ya puede salpicar la pantalla del ordenador sabiendo que es mucho más que un obseso, es un creador. “Yo soy aquel por el cual el porno existe”. Esa cita del libro se asemeja a la del poema de Borges: “El universo existe porque yo lo veo” (si es que el poema era así y era de Borges). ¿No es maravilloso? Ya no es usted un guarro, ya no es usted una cerda: son dioses. Así que déjense de gaitas y pongan el nombre que merece a esa carpeta que titularon “Catálogos y Partidas Salvadas” o “Jazz Fusión” por el más atinado “Películas Porno”.</p>
<p>    
</p>
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		<title>The God Delusion, de Richard Dawkins</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 18:02:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
		<category>libros</category>

		<category>ciencia</category>

		<category>ideologica</category>

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		<description><![CDATA[LPD no tiene por costumbre comentar libros no publicados en España y no escritos en cristiano. Pero mucho ojito, porque que no lo tenga por costumbre no significa que no lo hagamos de vez en cuando.Como tampoco consideramos que hacerlo sea un anatema. Somos así de poco respetuosos con nuestra audiencia. O, según se mire, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LPD no tiene por costumbre comentar libros no publicados en España y no escritos en cristiano. Pero mucho ojito, porque que no lo tenga por costumbre no significa que no lo hagamos de vez en cuando.Como tampoco consideramos que hacerlo sea un anatema. Somos así de poco respetuosos con nuestra audiencia. O, según se mire, de respetuosos. ¡Si nosotros podemos estar al día de lo que ocurre en la capital del Imperio y comprarnos cositas con Amazon, así como leer directamente en lenguas extrañas, seguro que nuestra docta audiencia también puede! </p>
<p>Pero, aun habiéndolo hecho en ocasiones (y siempre con obras que sabíamos que tarde o temprano serían traducidas) y teniendo en cuenta que no nos parece mal, la cosa no deja de tener un tufillo pedante. Lo que pasa es que LPD tiene una obligación moral para consigo misma y sus hacedores: que a creídos y académicamente pomposos, por difícil que sea, no nos gane nadie. Lo cual, dado cómo se han puesto las cosas, nos obliga desde ya, sin esperar a la traducción española, a comentar la última obra de Dawkins. Porque si llevábamos inquietos un par de meses, leyendo en artículos de opinión en diversos medios referencias más o menos veladas a la misma (que la globalización permita imprimir cualquier cosa producida por pelafustanes de Oxfbrige o Harvard en nuestros diarios, quitando espacio para las nobles producciones de menosprecio displicente del columnista con ínfulas de intelectual reciamente español provoca estas desgracias colaterales: que se te llenan de referencias al panorama intelectual de otras naciones, aunque a los editores de prensa, cegados por los beneficios de escala, les de igual), que ayer Muñoz Molina le dedicara el artículo central de opinión en &#8220;El País&#8221; al librito de marras pasa de castaño oscuro. Si un periódico generalista y dirigido a las masas puede permitirse centrarse de esta manera en obras presuntamente inaccesibles para el ciudadano español medio y no pasa nada, ¿cómo es posible que en LPD podamos tener algún escrúpulo? </p>
<p>El libro que publicó Dawkins en 2006 sobre la engañifa religiosa tiene el indisimulado objetivo de crear polémica y hacer caja. Previsiblemente obtendrá un notable éxito en esta última de sus intenciones, con lo que puede asegurarse que el autor ha triunfado con creces y cumplido sus objetivos. Respecto de las posibilidades de que la obra genere polémica uno es, en cambio, más discreto. Porque, a fin de cuentas, el lector español no puede evitar pensar que lo mismo que escribe Dawkins, en menos páginas y quizás con menos documentación antropológica, lo podría escribir Fernando Savater con más gracia. El Fernando Savater, claro, anterior al rapto sufrido a manos del Foro de Ermua y ETA. Bueno, en realidad, la cosa es que Savater, eso mismo, ya lo tiene escrito.</p>
<p>El libro de Dawkins hace un repaso a la pervivencia del mito religioso y a la comprensión y benevolencia con que es tratado en nuestras sociedades. A pesar del origen del autor (británico), es evidente que se trata de un best-seller que piensa en el mercado estadounidense. En Europa cualquier lector medio, alfabetizado, no puede dejar de pensar que asiste a un repaso interesante, informativo en ocasiones, sí, confirmativo las más, reafirmante, de los dogmas más que consolidados de la modernidad. Se trata de una obra poco polémica, porque no puede herir sensibilidades. ¡Incluso contiene un alegato en punto a la injusticia de retratar a curas y obispos como pederastas! De forma que cualquier europeo, en tanto que producto derivado de la Ilustración de las luces, encuentra poco contenido impactante en el libro.</p>
<p>Miedo da pensar qué ocurre en países que no vivieron la Revolución Francesa, como la nación de la libertad congregada ante Dios a la que va dirigida la obra, como para que de veras un texto tan pacífico y deudor de la modernidad decimonónica, tan correcto y poco osado, para que pueda ser (como está siendo), objeto de viva polémica. Pero se trata de una cuestión que nos alejaría de lo que nos ocupa (demostrar que LPD está más al día que cualquiera en cuanto a leer cosas todavía no editadas en España) y que además es muy triste, así que mejor dejarla.</p>
<p>Los puntos exóticos de Dawkins, sobre los que quizá sí vale la pena detenerse algo más, con ser marginales a las tesis centrales del libro, permiten algún comentario. Se trata de la interferencia cientifista en la que como biólogo no puede sino recrearse y de la denuncia que realiza sobre el estatuto privilegiado de las religiones en el debate público.</p>
<p>Respecto de la primera cuestión, es gracioso cómo para Dawkins (sin duda debido a su formación pero sobre todo como consecuencia de sus habituales éxitos editoriales en el mundo de la divulgación científica sobre esos temas) es imposible sustraerse a la tentación de analizar el sentimiento religioso como una característica decantada (si bien como producto secundario) por la evolución. Estas páginas sí son, para el no especializado en esos mundos, novedosas y más o menos curiosas. Con la doble ventaja de que permiten a Dawkins amortizar en otro libro el trabajo ya publicado en otros lugares. Todos contentos: nosotros aprendemos sobre las obsesiones del lobby de turno, sobre &#8220;genes&#8221; y &#8220;memes&#8221;, sobre cómo se legan a los descendientes, sobre cómo se van depurando por selección natural; el autor puede rentabilizar el trabajo que tiene muy trillado sobre el asunto, escribe páginas con facilidad sin lecturas adicionales que hacer; y el editor, tan contento, tienen cincuenta o cien páginas que engordan el volumen y el precio del libro. Otra cosa es que las exageraciones sobre el origen genético y el determinismo biológico puedan convencer a todo el mundo. O que puedan seguir haciéndolo dentro de un par de décadas, cuando se acabe (esperemos) la moda de confiar la explicación de cualquier fenómeno más a lo innato que a lo adquirido, por hablar en términos eurocentristas.</p>
<p>En cuanto a la segunda (resaltada, por cierto, con tino por Muñoz Molina en su &#8220;artículo de opinión-reseña&#8221; que, eso sí, es una modalidad de lo más cómoda y rentable), es cierto que tiene interés e importancia llamar la atención sobre el notable hecho de que la superchería religiosa cuente con la carta blanca que cuenta en nuestros días. La condena de Salman Rushdie, el asunto de las viñetas de Mahoma&#8230; demostraron que jugar la carta de la intolerancia religiosa y de la libertad de conciencia permite apagar o amortiguar las críticas a las actuaciones más aberrantes. Pareciera que la libertad de conciencia se confundiera con la imposibilidad de criticar magníficos y rutilantes ejemplos de majadería colectiva.</p>
<p>Especialmente atractiva es la reflexión que realiza Dawkins, con toda la razón del mundo, respecto a la tendencia que tenemos a ocultar la esencia religiosa de algunos conflictos. Llamamos &#8220;limpieza étnica&#8221; a las carnicerías que por motivos religiosos se montaron en Bosnia. O a las que actualmente hay en curso en Irak. Cuando se trata, pura y simplemente, de guerras de religión. Habría que señalarlo así y abandonar la desagradable tendencia de sobreproteger a las religiones y a las iglesias. Como su versión más occidental y democrática no se ve (ya) reflejada en esas carnicerías, todos aceptamos denominarlas de otra forma, decir que son cuestiones étnicas, para que no paguen justos por pecadores. Pero es que, oiga, si se trata de cuestiones que se producen al amparo de la fe, ¿acaso no es razonable pensar que quizá, sólo quizá, el respeto al culto que en esencia contiene exactamente el mismo germen de irracionalidad y confianza en la revelación, pueda estar en la génesis del problema, de los descarrilamientos? El fundamentalismo religioso es posible en tanto que la idea misma de la religiosidad lo es.</p>
<p>Ocurre, sin embargo, que la crítica a la religión y al sentimiento religioso en sí mismo está ahora mal vista. Probablemente es un avance que así sea y que hayamos pasado a ampliar con la protección a todas las religiones y no sólo a la propia. Porque lo que no es de recibo es pasar por alto reacciones como las típicamente españolas, ancladas todavía en el sentimiento de que religión verdadera sólo hay una y que con las demás se puede hacer todo lo que con la propia está vedado, de condena furibunda a cualquier límite a la libertad de expresión para criticar al islam a la vez que se pena hacer mofa de la iglesia católica y verdadera de Roma. No obstante lo cual, cuando se abandona de verdad la lógica de que el resto de religiones son propias de infieles y, en consecuencia, duro con ellas, sustituyéndola por la exigencia de un trato igual a todas las personas y a las fes que profesan, la consecuencia lógica es, dada la relativización de la fe y la religiosidad que de por sí, de manera inevitable, algo así inherentemente supone, llegar a la conclusión de que se ha de acabar con la idea, tan nefasta, de que los sentimientos religiosos son respetables.</p>
<p>Porque no es así. La religiosidad, por mucho que haya que reconocer a todos el derecho a hacer las tonterías que quieran (siempre y cuando no sean nocivas para los demás) y a pensar cualquier gilipollez que se les ocurra, no dejará por ello de ser un símbolo patente de atraso no sólo intelectual sino moral. Un reconocimiento patente y palmario de la incapacidad propia de afirmarse como ser humano capaz de corresponder a la dignidad que es inherente a cualquier ser con conciencia moral autónoma. Más allá de todo lo que supone respecto a la indigencia existencial de creer en hadas, dragones, gnomos, hobbits, dioses del cargo o deidades como el Dios cristiano, lo más triste del asunto es que refleja una estatura ética bajísima. Y justamente se trata de señalar lo alucinante que es que, todavía a estas alturas, pase la situación por ser, precisamente, la contraria.
</p>
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		<title>La Transición y su doble: el rock y Radio Futura, de Cristina Tango</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Nov 2006 11:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel de la Fuente</dc:creator>
		
		<category>libros</category>

		<category>musica</category>

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		<description><![CDATA[Decía recientemente Andrés Calamaro en una entrevista dentro de la campaña de promoción de su último disco, que él pertenece a una generación que aprendió a escuchar rock sin entender las letras. Y añadía que compartía el punto de vista de Enrique Bunbury, que opinaba que la gente soportaba más que un cantante dijera &#8220;I love [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Decía recientemente Andrés Calamaro en una entrevista dentro de la campaña de promoción de su último disco, que él pertenece a una generación que aprendió a escuchar rock sin entender las letras. Y añadía que compartía el punto de vista de Enrique Bunbury, que opinaba que la gente soportaba más que un cantante dijera &#8220;I love you&#8221; que &#8220;Te quiero&#8221;. Partiendo de esta reflexión podríamos llegar a muchos puntos de interés. Uno de ellos sería el <em>revival</em> nostálgico al que estamos asistiendo en la actualidad con el recuerdo de la Movida madrileña. Se organizan diversos eventos, como fiestas de aniversario con un barniz sensiblero para celebrar los aspectos más banales de un movimiento cultural poliédrico. No deja de llamar la atención que en estas revisiones se elija como icono de aquellos años a quien hoy habla de prensa rosa en el programa de Federico Jiménez Losantos. Una &#8220;casualidad&#8221; que nos indica muy claramente el sesgo elegido para la construcción de una Historia de la Movida, el de la banalidad y el vaciado de sentidos.</p>
<p>Mediante este proceso, se edifica una ilusión, un juego de lloros por el tiempo perdido: según la nueva versión oficial, la Movida fue lo más porque, para empezar, sucedió en Madrid. Y, siguiendo con la retahíla de símbolos, fue un momento de libertad, en que la juventud bohemia bailaba en las cafeterías y discotecas canciones con un cierto toque kitsch, al tiempo que la televisión ofrecía (en programas como <em>La bola de cristal</em>) un reflejo irrepetible de aquellos años. Al final, la Movida parece un movimiento inocente, irreflexivo y ejemplificado en las letras de las canciones de Alaska o Mecano.</p>
<p>El fenómeno fue, por supuesto, más complejo. No todo se redujo siempre a un hedonismo consumista ingenuo, y hubo grupos musicales que plantearon un espacio de reflexión para la emergencia de una identidad cultural tras un largo periodo de oscuridad. En este sentido sobresale Santiago Auserón y el grupo que, en los 80, peleó por la explicación de un proyecto musical que redefiniera las carencias de la educación popular de las generaciones previas. Así se desarrolló Radio Futura, como un intento de construir un sonido propio a partir de la confluencia de las fuentes de la música popular: el rock, claro está, pero sin olvidar las raíces africanas, el son cubano y todos aquellos elementos constitutivos de una cultura fronteriza que pone a España en relación con Latinoamérica para superar anteriores fronteras aislacionistas, para combatir los remanentes de una educación basada en la España imperial y autárquica que desprecia el mestizaje. Porque, aunque parezca mentira (y a los hechos actuales nos remitimos), existen discursos y agentes sociales empeñados en que aquella España no sea cosa enterrada definitivamente en el pasado.</p>
<p>El proyecto de Radio Futura es, así pues, revolucionario en su esencia, visionario en una época en que otros grupos preferían cantar las excelencias de colarse en una fiesta para beber mucha coca-cola y bailar al resplandor de las luces de colores. Y Cristina Tango, profesora en la Universidad de Ginebra y experta en cultura popular, ha sabido leer la importancia del grupo y su incidencia en el contexto de la Transición a la democracia y en el más específico de la Movida madrileña. Radio Futura contaba con el reconocimiento del público y de la crítica, y le faltaba el reconocimiento académico: faltaba un estudio riguroso y completo que abarcase toda la obra de Radio Futura. El mérito del libro de Cristina Tango no es, sin embargo, el de sumarse a la celebración, sino el de sentar unas nuevas bases críticas para entender la relevancia del grupo y aportar una metodología científica que supla las visiones parceladas que suele caracterizar el análisis realizado desde los medios de comunicación.</p>
<p>El libro se divide en tres partes: en una primera, se ofrece un contexto sobre el origen y desarrollo de la música rock durante el franquismo. Aquí destaca la capacidad de síntesis de un texto que explica, con unas pinceladas, los logros y carencias de los distintos grupos de rock españoles de los 50 y 60. No tenemos que olvidar, en este sentido, que el rock se introduce en España a través de las bases militares norteamericanas, lo que le da un curioso origen al nuevo sonido urbano. O, como expresa el propio Auserón, &#8220;de las matrices bélicas del capitalismo nace un tipo de poesía urbana&#8221; (pág. 139). Son años de dificultades para la expresión cultural, y la llegada de una música cantada en inglés hizo que la juventud percibiera algo revulsivo. En palabras de Tango:</p>
<p>&#8220;Lo revolucionario de la llegada del rock a España y su &#8216;recepción a medias&#8217; fue exactamente el hecho de ser percibido únicamente como un mensaje musical y sonoro, un mensaje portador de dinamismo y vitalidad en un idioma extranjero, un mensaje espontáneo, natural, auténtico y puro nacido de la lucha racial antisegregacionista, portador de anhelos de libertad, y anunciador de nuevas conciencias e identidades sociales, políticas y culturales&#8221; (pág. 40). </p>
<p>La segunda parte analiza el papel de Radio Futura en la creación de una nueva cultura, su influencia en la construcción de una nueva identidad, de un nuevo lenguaje. Auserón apuesta por las letras en español, pero buscando su adecuación a nuevos patrones rítmicos, de tal manera que sus canciones tengan una identidad propia y sean algo más que la traslación de los esquemas propios de la tradición anglosajona. Y descubre que no se trata de trasladar la cultura fronteriza del rock norteamericano a nuestro país, sino de encontrar las fronteras propias, que, en el terreno musical, se hallan en la comunicación con las tradiciones latinoamericanas. Un hallazgo surgido de la indagación de un camino diferente al marcado por la industria musical, de la apertura de nuevos flujos comunicativos (la noción de &#8220;contrabando&#8221; que emplea Jenaro Talens en el prólogo del libro). El rock latino se vería, así pues, beneficiado por una fijación en todo el continente americano, por una vuelta a las raíces previas al proceso de filtrado emprendido por el rock estadounidense.</p>
<p>Al final del libro se ofrece, en su tercera parte, una extensa entrevista con Santiago Auserón. Esta parte resulta especialmente interesante por dos motivos. En primer lugar porque, lejos de ser una entrevista para fans en que se narran las andanzas cronológicas del personaje, lo que se lee es un diálogo sobre las raíces y significados filosóficos de los textos de Radio Futura. Auserón muestra la conciencia de su trabajo como músico, su reflexión sobre la trayectoria que debía seguir Radio Futura en cada momento, y se le nota a gusto asistiendo, por fin, a una entrevista real, a un debate cara a cara para explicar aquellos años y la vigencia de Radio Futura. Pero, en segundo lugar, la entrevista resulta original en su organización como una parte integrada en el resto del libro. No es, por lo tanto, un apéndice, sino un capítulo que explica y responde a lo que hay en las páginas precedentes. Para ello, Cristina Tango optó por integrar la conversación con Auserón en el proceso de escritura de su libro: la entrevista está realizada cuando la autora ya tiene su planteamiento teórico plenamente armado, pero cuando el libro aún no está finalizado. De tal manera, no renuncia a que las aportaciones de Auserón sean unas aportaciones reales: de hecho, varios fragmentos de la entrevista están incluidos como referencias oportunas en los capítulos anteriores.</p>
<p>El proyecto de Auserón es el de la construcción de una identidad unida a una reflexión social. Radio Futura lucha desde el principio por romper el tabú que señalaban Bunbury y Calamaro y al que hacíamos referencia al principio: al cantar en español con una voz propia, al hacer que se entiendan las letras, el rock español superará la fase pre-dylan y entrará en la concienciación sobre su potencial movilizador. En esa guerra es en la que se está en la actualidad. Frente a la homogeneización política que busca la instauración de una historia oficial de la Transición y todos los movimientos sociales, políticos y culturales que la conformaron (como la Movida), hay que resucitar un aparato teórico para la generación de sentidos. Frente a la verdad oficial de la Transición, discurren discursos paralelos que discuten la versión oficial (de ahí el título del libro: <em>La Transición y su doble</em>). Frente a la banalidad de Alaska y Mecano, el trabajo riguroso de Radio Futura. Y frente a la banalización interpretativa de la crítica de las revistas musicales, ahí queda el trabajo de Cristina Tango. Para sentar unas bases y abrir nuevos caminos en la paupérrima bibliografía sobre rock en español. Porque el tabú del idioma se nota en diversos ámbitos, también en el universitario.
</p>
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		<title>La ilusión populista. De lo arcaico a lo mediático</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Oct 2006 10:37:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>ideologica</category>

		<category>mediatica</category>

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		<description><![CDATA[ Pierre-André Taguieff
El populismo en política ha adquirido históricamente formas diversas. Desde el modelo contrario , en apariencia, al sistema político tradicional (y, sobre todo, al modelo de partidos políticos predominantes) hasta la pulsión racista y/o nacionalista que reúne voluntades en torno al líder, el populismo se fundamenta en una serie de características que relataremos brevemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center"> Pierre-André Taguieff</h3>
<p>El populismo en política ha adquirido históricamente formas diversas. Desde el modelo contrario , en apariencia, al sistema político tradicional (y, sobre todo, al modelo de partidos políticos predominantes) hasta la pulsión racista y/o nacionalista que reúne voluntades en torno al líder, el populismo se fundamenta en una serie de características que relataremos brevemente a continuación, pero que pueden resumirse en la cercanía al “pueblo”, entendido como una entidad colectiva de sabiduría casi metafísica pero, al mismo tiempo, tradicionalmente ignorada, por parte de un líder providencial (más que de un partido político) que, a diferencia de los políticos tradicionales, se preocuparía por los intereses e inquietudes del pueblo, al que sería particularmente cercano. Tanto en la forma, esto es, en la interacción continua, mediada o no (a través de la televisión o en un mitin, por ejemplo), como en el fondo, es decir, sabiendo interpretar los deseos del pueblo y erigiéndose en portavoz de los mismos.</p>
<p>El populismo político, en resumen, supone siempre un desafío, aunque la mayor parte de las veces sea más aparente que real, al sistema político en su conjunto, por cuanto rechaza en diversos órdenes la política tradicional y la democracia representativa (aunque muchas veces acceda al poder mediante los mecanismos proporcionados por ésta) y por cuanto promete una serie de cambios sociales, políticos y económicos que supuestamente favorecerían los intereses del mítico “pueblo” desatendido por un sistema esclerotizado y dominado de las élites. En realidad, cabría definir el conjunto de la acción política, aunque esto suponga un cierto ejercicio de simplificación, en torno al doble eje populismo / elitismo (el libro de Irving Crespi “El proceso de opinión pública”, Barcelona , Ariel, 2000, profundiza en la explicación de este doble eje -así como en otras cuestiones fronterizas-, por si les interesa). El populismo renunciaría a la especialización y el conocimiento de los hechos proporcionados por las elites para apelar en su lugar a la voluntad popular, mientras que el elitismo tendería a administrar la complejidad social en la práctica a espaldas del gran público siempre que esto fuera posible, dada la insuficiente capacitación que se le atribuye a éste para tomar decisiones en la mayoría de asuntos públicos, en lo que constituiría uno de los mayores problemas de la efectividad de la democracia representativa: la incapacidad para profundizar en la misma en un contexto cada vez más complejo en el que la especialización tecnocrática lo invade todo (por ejemplo: ¿está el público realmente capacitado para tomar decisiones con conocimiento de causa en cuestiones de política económica, energética, etc.?). Cabría argüir que, en la práctica, la pulsión populista ha experimentado un doble proceso de acercamiento y alejamiento respecto de lo que constituye el sistema político tradicional:</p>
<ul>
<li>Acercamiento merced a la espectacularización de la política propiciada por la omnipresencia de los medios de comunicación social, en particular la televisión, en un contexto de sociedad de masas que requiere, de una parte, una mediación sistemática por parte de los medios entre los representantes y los representados que invalida parcialmente la forma tradicional de hacer política (piensen por ejemplo en el absurdo de los mítines políticos en estados, salas de conferencias y plazas de toros llenadas casi exclusivamente por afiliados al partido, cuyo propósito real es efectuar una gigantesca representación ante el público “real” que accede a una versión fragmentaria del mitin a través de los medios, sobre todo, de nuevo, la televisión; otro día hablaremos con mayor profundidad de esto). Correlato de dicha espectacularización y de la importancia central de la telepolítica es la personalización del quehacer político, mucho más centrado en el líder que en el partido, dado que es el líder, y no el partido, el que puede plasmarse y representarse (a sí mismo y con él, también al partido) con nitidez a través de los medios. Este fenómeno ha comportado que cada vez más rasgos del populismo tradicional hayan invadido las formas “tradicionales” de hacer política propia de los partidos ubicados en el centro del sistema (por ideología y, sobre todo, por su incidencia social, manifestada a través de sucesivos procesos electorales), al mismo tiempo en que la complejidad social obligaba a los políticos populistas, de grado o por la fuerza, a adoptar decisiones continuamente determinadas más por la tecnocracia de las elites que por la voluntad popular, por más que se pretendan producto de esta última. Por eso, asistimos cada vez más a la aparición de abundantes hibridaciones que en el momento actual prácticamente son patrimonio de cualquier partido político, una especie de ficción populista representada de continuo a través de los medios.</li>
<li>Y alejamiento, por otra parte, porque uno de los fundamentos del populismo, su rechazo a las reglas y convenciones de la política tradicional y su voluntad revolucionaria (de nuevo, de palabra o también de obra), tiende a ubicarlo en los extremos ideológicos del sistema político, tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda. Por eso los partidos populistas en países democráticos, como el Frente Nacional de Le Pen, el VPÖ de Haider, la “Revolución Bolivariana” de Chávez o el PRD de López Obrador, tienden a ir más hacia los extremos conforme mayor profesión de fe hacen en el populismo, incluso con independencia de que la ideología que cimenta a sus partidos políticos sea en sí más o menos extrema (lo es más, en los ejemplos que adjuntamos, en los tres primeros casos que en el último)</li>
</ul>
<p>El libro que aquí comentamos revisa estas y otras cuestiones relacionadas con el populismo. Escrito por Pierre-André Taguieff, prominente politólogo francés, combina inmejorablemente la dimensión teórica con su aplicación de diversos ejemplos prácticos que a continuación procede a categorizar. Y aunque la razón principal de publicar tal libro fue la presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas de 2002 (lo que tuvo por consecuencia un apoyo al actual presidente Jacques Chirac superior al 80%, pero también, y como lógica consecuencia directa, un nada despreciable apoyo de más de cinco millones de votantes, en torno al 18%, al extremismo de Jean-Marie Le Pen), cuestión que es profusamente analizada, ello sirve en cierta manera como excusa para analizar también todo lo anteriormente mencionado. Por desgracia, el libro no está publicado en español, razón añadida para hacerse eco de lo que en él se dice desde aquí (con aportaciones añadidas, justo es reconocerlo, de cosecha propia). Como conclusión, nos centraremos brevemente en una tipología expuesta en el libro particularmente esclarecedora, en la que Taguieff distingue dos formas básicas de populismo (que, de nuevo, pueden encontrarse, y de hecho se encuentran a menudo, asociadas en un mismo movimiento):</p>
<p>1) El populismo como movimiento-protesta, es decir, de rechazo a determinados aspectos de la política tradicional y la democracia representativa. Dos son las características fundamentales: en primer lugar, el antiintelectualismo, visto como rechazo a las elites que tradicionalmente han manejado el poder a espaldas del pueblo, y la defensa de la “sabiduría popular” como categoría de infalibilidad casi mítica. Y en segundo lugar, la hiperpersonalización del líder del movimiento como individuo especialmente dotado con las virtudes precisas para superar esa barrera percibida entre representantes y representados, por cuanto sabría interpretar perfectamente la voluntad del pueblo y, de hecho, a diferencia de las malignas elites generadoras de políticos “tradicionales”, también provendría del pueblo.</p>
<p>2)El populismo identitario, o nacional-populismo, o la fuerte asociación, por otra parte lógica, entre la apelación genérica de los dirigentes al “pueblo” y su constitución ideal como “nación” aquejada de todo tipo de peligros que podrían afectar a su genuina naturaleza, pensamiento expresado en el slogan del FN “Los franceses primero”, posteriormente copiado por casi todos los movimientos europeos de extrema derecha, entre ellos el español. En este caso, y tomando como ejemplo el Frente Nacional francés, Taguieff designa las siguientes características principales:</p>
<p>a)  La apelación política al “pueblo”, entendida como llamada personal del líder a sus fieles. El líder indiscutible del movimiento entendido como intérprete privilegiado de la voluntad popular, una especie de oculto “todo con el pueblo, pero sin el pueblo” (en este caso, las bases ideológicas y sociales).<br />
b) Como consecuencia de lo anterior, la llamada al “pueblo” en su conjunto, en principio sin distinción alguna por clase social, tendencias ideológicas o categorías culturales, algo lógico si tenemos en cuenta la idolatrización aparente que se hace (tanto en dictaduras como en democracias) del “buen pueblo” español, francés, alemán, etc., en cada caso concreto. La idea es presentar el movimiento populista como interclasista y motivado por intereses e ideales superiores que abarcarían al conjunto de la nación.<br />
c) Finalmente, en la misma línea, la llamada al pueblo “auténtico”, percibido como “sencillo”, “honesto”, “sano”, opuesto a la lucha de partidos y a los intereses de los partidos tradicionales, ajenos al pueblo. Se trata de una apelación notoriamente “antisistema” que intenta presentar al movimiento populista (y, al fin y al cabo, esta es la base de todo populismo) como un movimiento surgido “desde abajo”, producto de los auténticos intereses nacionales expresados por la sabiduría popular, y que de nuevo constituye un rechazo de las elites y los movimientos políticos tradicionales.<br />
d) La apelación a la ruptura purificadora o salvadora, entendida esta como un doble movimiento de ruptura y de cambio. De ruptura con el sistema político que permita, como paso previo, hacer un “auténtico cambio”, opuesto a los “cambios de matiz” o el maquillaje de “hacer que todo cambie para que todo siga igual” que sería el producto habitual de la acción política.<br />
e) Por último, la llamada a una unión del pueblo en torno al principio supremo de la unidad nacional, como precepto positivo pero, sobre todo, negativo, fuente de todo nacionalismo: esto es, afirmar la homogeneidad de la nación y el pueblo que la conforma en oposición a aquéllos que no forman parte de ella tal y como es definida, que pueden ser, según las circunstancias, los inmigrantes (o determinados contingentes de inmigrantes), los judíos, los homosexuales, etc.
</p>
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		<title>Adriano - Anthony Birley</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Sep 2006 23:13:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>simancas</category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo? ¿Ya han sacado una biografía de Adriano, el delantero del Inter? ¿Tanta calidad tiene? No, amigos, la cosa es mucho peor, no hablamos de Adriano Leite Ribeiro, sino de Publius Aelius Traianus Hadrianus, o Adriano para los amigos, emperador de Roma (117-138 dc).  La verdad es que a los lectores de LPD los tenemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cómo? ¿Ya han sacado una biografía de Adriano, el delantero del Inter? ¿Tanta calidad tiene? No, amigos, la cosa es mucho peor, no hablamos de Adriano Leite Ribeiro, sino de Publius Aelius Traianus Hadrianus, o Adriano para los amigos, emperador de Roma (117-138 dc).  La verdad es que a los lectores de LPD los tenemos malacostumbrados haciendo críticas destructivas, metiéndonos con todo el mundo, pontificando a placer sin dejar ni el más mínimo beneficio de la duda. Hasta ahora, la sección de Libros era prácticamente la única (y con sus excepciones) que más o menos se medio libraba de esta visión tan negativa y esencialista de las cosas.</p>
<p>Ya va siendo hora de que esto cambie, y para que no se diga allá va mi pequeña aportación, una reseña en la que lo primero que quiero poner claramente de manifiesto es que el libro reseñado es un infierno, fundamentalmente porque tiene todos y cada uno de los defectos del estilo “academicista”: narración lineal, profusión de citas, referencias y nomenclaturas innecesarias, incapacidad para relacionar la mera narración de los hechos con eventos anteriores o posteriores, nula visión de conjunto, &#8230; Uno esperaría que al acometer una obra histórica de cierta dimensión, como lo es la vida de uno de los emperadores más importantes del Imperio Romano, la cosa no consistiera en lo que consiste este libro, una monótona sucesión de datos, a los que se les otorga siempre la misma importancia aunque ésta sea muy dispar, y con continuos, e innecesarios, ejercicios de erudición en los que el autor nos atormenta explicándonos quién era el primo segundo, la suegra y el mozo de caballerizas de un potentado de Calasparra que una vez le dio fuego a Adriano, y cosas así, o cómo tal dato se sabe porque se ha encontrado una tesela en el desierto en la que hay una inscripción que podría medio interpretarse como favorable a tal dato (lo cual, pues hombre, si se explica una vez tampoco pasa nada, pero créanme, a partir de la tesela 153 perdí la paciencia, sobre todo porque el tío hace exactamente lo mismo con monedas conmemorativas, cartas, inscripciones en templos, &#8230; vaya, con todo). Así que les recomiendo encarecidamente que no se lean el libro, es un peñazo (es lo bueno que tienen las reseñas LPD; si quieren leerse el libro magnífico, pero si no, total, da lo mismo, con la reseña LPD es suficiente).</p>
<p>Adriano tuvo el placer de regir los destinos del Imperio Romano en la que sin duda fue la época más gloriosa de dicho Imperio: la época en la que los españoles, sí, sí, españoles que aún no habían sido sometidos a nefanda esclavitud por los moros, se hicieron con las riendas de Roma y gestionaron el Imperio, qué duda cabe, infinitamente mejor que sus antecesores (y sucesores). Piensen Ustedes que fue precisamente durante el mandato del emperador Trajano cuando el Imperio Romano adquirió su máxima extensión; que no sólo los emperadores, sino buena parte de los cargos públicos de importancia en Roma, eran regentados por españoles (y si, bueno, lo eran porque para algo sendos emperadores, Trajano y Adriano, se afanaron en colocar amigotes en cargos-chollo, pero&#8230; ¿es que acaso no haría Usted lo mismo? ¡Pues claro que lo haría, alma de cántaro, para algo es Usted español! Y si no lo es, y tenemos el placer de que un Usted natural de Hispanoamérica nos esté leyendo, sepa Usted que ya es tarde: tiempo ha inoculamos nuestra hispana simiente en sus genes, y ahora ya no hay nada que hacer: ¡a colocar amigotes, que, por otra parte, es lo que toda la Historia de Hispanoamérica determina! Claro, también podría ser Usted un auténtico nativo americano, pero me da la sensación de que, precisamente por las garantías que ofrece la genética española, tanto en nuestra labor de gestión de su tierra como a posteriori, si fuera Usted indio sus posibilidades de tener acceso a Internet se reducen prácticamente a cero).</p>
<p>Adriano fue un emperador de compleja personalidad, extraordinariamente inteligente, innovador en su manera de llevar las riendas del Imperio (el tío se recorrió todas las provincias del Imperio, en ocasiones -sobre todo en Grecia y Asia Menor- varias veces, venga a colocar amigotes por doquier), profundo admirador del primer emperador, Octavio Augusto, y de la Grecia Clásica. En nuestro resumen del libro que aquí reseñamos vamos a centrarnos, precisamente, en estos dos últimos factores, pues son los que ofrecen un panorama más amplio de su personalidad:</p>
<p><strong>Émulo de Augusto</strong>: Lo primero que hizo Adriano nada más acceder al poder fue renunciar a la mayor parte de las conquistas de Trajano. Este último no sólo se había hecho con la Dacia (la actual Rumanía), que los romanos mantendrían, al menos parcialmente, durante un siglo y medio (la única provincia romana al otro lado del Danubio), sino que murió de resultas de una infección en camino hacia Roma, después de una triunfal gira por Asia consistente en colocar a un rey títere en Armenia (durante siglos, romanos y persas se dieron de yoyah como peones negros hablando del GAL-16 por la preponderancia en ese reino dejado de la mano de Dios), conquistar Mesopotamia y llegar hasta el Golfo Pérsico. Pues bien, la primera medida que tomó Adriano fue renunciar a todas las conquistas de Trajano al este del Éufrates, volviendo en la práctica a la situación anterior, así como a parte de la nueva provincia de Dacia. A continuación se afanó en la construcción de una serie de fortificaciones a lo largo de los cursos del Rhin y el Danubio y aprovechó su visita a Britania para montar su famoso Muro, inspirador siglos después de la RDA, con el fin de contener las arremetidas de pictos y caledonios. Hizo todo lo que pudo para mantener la paz y, de hecho, no hubo guerras dignas de mención durante su reinado, salvo las derivadas de las dos rebeliones judías (primero de la diáspora, comenzada en época de Trajano, y después en Judea, en los últimos años de Adriano). Tuvo como objetivo principal establecer los límites del Imperio Romano, unos límites razonablemente fáciles de defender, renunciando a continuar la política de conquistas de su antecesor.</p>
<p>En verdad, es sencillo establecer aquí el símil con Augusto: tras una época de conquistas (César / Trajano) cuyo fin no parecía atisbarse, la llegada de un sucesor fundamentalmente pacifista termina con el expansionismo, dedicándose en su lugar a la política interior. En realidad, el símil no es tan perfecto como podría parecer, en primer lugar porque obviamente era mucho más necesario organizar un sistema imperial en un Imperio recién fundado (por Augusto) que en uno consolidado, como el que heredó Adriano. Pero, sobre todo, porque no es totalmente cierto que Augusto renunciara al expansionismo (aunque sí lo es que Augusto era mucho menos entusiasta que César respecto de dicha política expansionista), no en vano las legiones romanas, bajo Germánico, llegaron a instalar provisionalmente un a modo de frontera en el Elba, años después de la ignominiosa derrota romana en Teutoburg (9 dc), en la que los germanos exterminaron las legiones romanas talmente como si fueran un ejército de Haralds Schumachers entrándole salvajemente al francés Battiston en las semifinales del Mundial 82. Y si después se renunció al Elba fue no sólo por la inconsistencia de la posición romana, sino por cuestiones económicas.</p>
<p>A veces se ha puesto en tela de juicio la conveniencia de mantener, por parte del Imperio Romano, una línea fronteriza tan larga como la Rhin-Danubio. ¿Por qué no avanzar hacia el Elba, y así reducir kilómetros de frontera o, mejor aún, irse hasta la prácticamente recta frontera Vístula-Dniéper? Las cosas, naturalmente, no son tan sencillas. Más allá de que resultaba mucho más sencillo realizar el aprovisionamiento a través del Rhin que hacer lo propio con una eventual frontera en el Elba, lo cierto es que Roma no podía tener excesivo interés en Germania, tierra extraordinariamente pobre en recursos, plagada de bosques y de salvajes con los que parecía muy poco atractivo establecer honradas relaciones comerciales y así lucrarse a costa de los germanos. ¿Cómo lucrarse con los que no tienen nada? Aunque, desde luego, no era ese el caso de <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbhistoria/resto/121">Mesopotamia</a>, tal provincia, producto de las ansias de emular a Alejandro Magno por parte de Adriano (¿y quién, salvo un español, podría haberse atrevido a tanto, y además con éxito?), se encontraba igualmente en una posición geográfica difícilmente sostenible ante cualquier ataque exterior (y por eso, bueno, por eso y porque siempre ha pertenecido al Eje del Mal, la historia de Mesopotamia es una historia incesante de nómadas pesaos que la conquistan una y otra vez). Podríamos decir que, así como las conquistas de Trajano fueron una prueba de españolidad castiza, de “esto lo hago por mis cohoneh”, las renuncias de Adriano rivalizan en CE (Coeficiente de Españolidad) con lo anterior, y no porque fueran una prueba de inteligencia, que también, sino sobre todo porque poco hay más español que la envidia, el ansia por relativizar, minimizar y hacer desaparecer las realizaciones de los demás para así dar mayor lustre a las propias, en resumen, “por mih cohoneh que el caprichito der malage de Trajano me lo calgoh”.</p>
<p><strong>Admirador de Grecia</strong>: Adriano se pasó buena parte de su mandato viajando por las ciudades griegas de la misma Grecia y de Asia Menor, construyó un montón de templos, palacios y monumentos en plan helénico, fue iniciado en los misterios eleusinos (años antes, al emperador Nerón le dieron un buen corte de mangas cuando intentó hacer lo propio), incluso se dejó barba como queriendo decir cuán griego era. En cierto sentido, puede considerarse que Adriano quería resucitar un a modo de Imperio Griego, no como el de Alejandro, sino uno radicado más bien en la época de oro de la cultura griega, el siglo V a.c. ¡Si hasta tuvo a una especie de Hefestión en la figura de Antinoo, rollete metrosexual en estado puro que terminó de la forma más metrosexual posible (con Antinoo suicidándose en el Nilo y Adriano divinizándolo por sus santoh cohoneh, nunca mejor dicho).</p>
<p>De hecho, la obsesión de Adriano con Grecia fue la causa de la última rebelión de los judíos contra el Imperio Romano, la que tuvo lugar en Judea y durante cuatro años mantuvo en jaque a varias legiones romanas, que al final hicieron lo que de los romanos se espera: saquearon, violaron, esclavizaron, lo destruyeron todo y a continuación volvieron a reconstruirlo como más civilizado que antes. La razón última de la rebelión judía, decía, estriba en la extremada pasión helenística de Adriano, quien se empeñó en cascar una peazo estatua de Zeus en el Templo de Jerusalén, además de ponerlo todo perdido de gimnasios en Judea, y claro, aquello no podía acabar bien, que el <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbteologia/sagrada">Pueblo Elegido</a>, cuando le tocan Su Templo, tiene un mal parrús que mejor no encontrártelos por la calle.</p>
<p>Por último, no querría terminar esta revisión somera sin hacer mención al carácter de Adriano, que es, como prácticamente todo en él, síntoma claro de una españolidad aguda, casi diría que terminal (salvo su homosexualidad, esto no hay ni que decirlo, pero tengan en cuenta que eran otros tiempos y además Adriano, en realidad, nació y se educó en Roma, tierra de degenerados donde los haya). Me refiero, en concreto, a la insufrible chulería del personaje, que con independencia de que fuera muy listo, lo cierto es que se pasaba la vida demostrándoles a todos cuán listo era, hasta el punto de que su deporte favorito, más allá de la fundación de cientos de ciudades con su nombre o templos dedicados a él mismo, era rodearse de sabios no importa en qué materia para, a continuación, llevarles la contraria y demostrarles que él, Adriano, sabía más que el sabio en su propia especialidad. Lo cual, fuera o no cierto, tampoco tenía mucha importancia, porque huelga decir que “el Divino Emperador siempre tiene razón”. Lo dicho: un genio.
</p>
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		<title>Tomar la pastilla roja – Glenn Yeffeth (ed.)</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 23:03:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>ciencia</category>

		<category>cine</category>

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		<description><![CDATA[Ciencia, filosofía y religión en Matrix
La película Matrix, aparecida en 1999, supuso una auténtica revolución en el campo de la cinematografía e, incluso, en el ámbito social. Sus espectaculares efectos especiales, la sugerente historia elaborada por los hermanos Guachosqui, sus obvias relaciones con la estética del ciberpunk, así como sus supuestos vínculos con distintas escuelas filosóficas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">Ciencia, filosofía y religión en Matrix</h3>
<p>La película <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbcine/criticascine/7">Matrix</a>, aparecida en 1999, supuso una auténtica revolución en el campo de la cinematografía e, incluso, en el ámbito social. Sus espectaculares efectos especiales, la sugerente historia elaborada por los hermanos Guachosqui, sus obvias relaciones con la estética del <a href="http://www.ciberpunk.info/basicos/ciberpunk.html" target="_blank">ciberpunk</a>, así como sus supuestos vínculos con distintas escuelas filosóficas, confesiones religiosas, e incluso consideraciones de orden social o político, provocaron una hecatombe en el mercado cinematográfico (no sólo, ni principalmente, en el cine; Matrix supuso el nexo de evolución entre el VHS y el DVD, y de hecho es, de largo, la película más vendida de la historia en este último formato), así como en un montón de grupúsculos que querían, por explicarlo brevemente, aprovechar el éxito de la película para arrimar el ascua a su sardina.</p>
<p>Luego supimos, merced a la decepcionante <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbcine/criticascine/8">Matrix II</a> y, sobre todo, la nefanda Matrix III, que todo esto no eran más que sandeces, como de hecho ya desde un principio avisaron algunas personas más avezadas que, sin ir más lejos, el que esto escribe, obnubilado por la <em>pinícula</em> como el que más. Pero incluso el horrible recuerdo, los aullidos de terror o los sudores fríos que a uno le entran al recordar cualquier pasaje de la segunda y tercera partes (bueno, cualquiera salvo los momentos en los que el Arquitecto, en Matrix Reloaded, soltaba aquello de “Ergo&#8230;”, que a mí al menos me ponía cachondo, metafóricamente, claro) no son suficientes para emborronar del todo la excelente primera parte que sigue siendo Matrix. Y, puesto que en el libro, editado en 2003, la única película sometida a análisis es Matrix I, su interés, paradójicamente, continúa vigente (porque aún puede haber algo que analizar que revista el más mínimo interés, incluso sabiendo que las sugerencias que deslizaba Matrix I se convertían en un infierno en sus secuelas).</p>
<p>Y precisamente de eso, de arrimar el ascua a la particular sardina académica, empresarial o directamente mística de cada uno de sus autores, va este simpático libro. Es un compendio de ensayos en el que diversos autores, desde diferentes perspectivas, intentan analizar la película Matrix partiendo de un determinado prisma, esto es: qué tiene que ver Matrix con el cristianismo, el budismo, la posmodernidad, la ciencia ficción, la ciencia a secas, la política, &#8230; Así que prepárense para un discurso trufado, en muchos casos, de saltos mortales sin red, piruetas dialécticas y lo que haga falta para demostrar que Matrix es un manifiesto posmoderno, o una película sagrada budista, e incluso un virulento ataque a la Unión Soviética (¡).</p>
<p>Esta es, en realidad, la principal paradoja del libro: que cuanto más absurda es la teoría desplegada ante los lectores, más divertido resulta el capítulo. Y, al mismo tiempo, cuanto más razonable y desapasionado parece el análisis desde un determinado prisma -en cuyo caso, generalmente, los supuestos vínculos entre Matrix y dicho análisis sectorial se difuminan rápidamente-, más valor intrínseco, obviamente, posee, así que estamos ante un juego de suma positiva. Cabría sospechar, incluso, que los capítulos más serios están voluntariamente alternados con capítulos notoriamente <em>freak</em> e impresentables para no saturar demasiado al lector ni de lo uno ni de lo otro.</p>
<p>Para mi gusto el mejor artículo -de entre los “serios”- es, sin duda, el análisis sobre las relaciones entre el cristianismo y Matrix, plagado de citas y referencias eruditas a clásicos de los superventas, como por ejemplo la Carta de San Pablo a los Tesalonicenses o Levítico 20, 10-16. También son muy interesantes todos aquellos que tienen directamente que ver con la ciencia ficción. Pero tampoco me hagan mucho caso, porque aquí  a uno le pierde su educación en colegio de curas y sus obsesiones particulares en el campo de lo <em>freak</em>, y probablemente cada uno de Ustedes experimentará un proceso similar pero volcado en otros aspectos.</p>
<p>Naturalmente, no esperarán que en una página web como esta nos pongamos a estas alturas, pudiendo optar entre lo bueno y lo malo, en plan metrosexual, así que, por supuesto, sólo los capítulos obviamente peores merecerán comentario, y en concreto dos:</p>
<p>- En primer lugar, Matrix y el posmodernismo. La Posmodernidad es un confuso movimiento filosófico-ideológico que viene a defender que en el mundo moderno se ha perdido toda noción de la realidad. El público vive obnubilado en una simulación perpetua de la que es imposible escapar. Las ideologías no explican el mundo, sino que lo enmascaran, y el acercamiento a la realidad, realizado siempre desde una perspectiva inevitablemente subjetiva, es igualmente baldío en todos los casos, dado que, a fin de cuentas, todas las posturas están mediadas por nuestras limitaciones (dichas ideologías y, ya puestos, también el lenguaje) y resultan visiones parciales y castradas (permítanme que incluya una referencia a otra monstruo del pensamiento contemporáneo, el psicoanálisis). A partir de ahí, el camino hacia la vacuidad del <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dblibros/147">Relativismo</a> está expedito.</p>
<p>Cabría considerar, visto lo anterior, que resulta plausible identificar Matrix con el posmodernismo: a fin de cuentas en un caso hablamos de una película de Hollywood, y en el otro de un discurso vacuo e impostado carente totalmente de profundidad. Además, los males del mundo moderno detectados por esta última escuela de pensamiento (los medios de comunicación y la industria cultural, la industrialización, la ciencia, las ciudades y, en general, todo lo que huela a progreso) casan bastante bien con Matrix, donde recuerden que los malos son máquinas superinteligentes que, de hecho, han creado un mundo virtual de puta madre, infinitamente mejor que el infierno de Sión, “la última ciudad humana” (infierno físico, sin duda, pero también conceptual: recuerden el momento psicodélico, en Matrix Reloaded, de “las máquinas van a exterminarnos&#8230; ¡Vamos todos a bailaaaar!”).</p>
<p>El problema estriba en que el posmoderno encargado de dicho análisis, naturalmente, no se cree, o simula no creerse, lo absurdo de la condición posmoderna, y como al mismo tiempo está, recordémoslo, arrimando el ascua a su sardina particular, intenta hacer un imposible triple salto mortal: 1. La Posmodernidad es una cosa mu seria. 2. Matrix es un vívido reflejo del pensamiento posmoderno. Y 3. <em>Ergo</em> Matrix, como la Posmodernidad, es también una cosa mu seria. Y, claro, llegados a este punto, parece marear excesivamente la perdiz, incluso para la Posmodernidad, vender la cabra de que una película que a fin de cuentas es un vivo símbolo de muchos de los males que nos abocan a dicha Posmodernidad (una película de Hollywood que resulta ser, además, un exitazo de ventas prototípico de la cultura de consumo rápido, un discurso pretencioso y vacío, una glorificación de la violencia y la cultura de la velocidad a la par, &#8230;), en realidad está haciendo una crítica al Sistema “desde dentro”, genial argumento privativo de todos los intelectuales orgánicos que en el mundo han sido.</p>
<p>Precisamente por ello un significado representante de la Posmodernidad, el francés Jean Baudrillard, negó, con la vehemencia con la que sólo un francés sabe expresarse, que Matrix pudiera ser un manifiesto posmoderno, tachándolo, bien al contrario, de un síntoma claro de los males sociales y culturales percibidos por dicha posmodernidad. Es decir, que, como buen francés, y como hiciera el también francés Laurent Fignon con una cámara de Televisión Española en el Tour del 89, directamente escupió sobre Matrix y los hermanos Guachosqui (aunque no sé decirles si con la misma precisión con que lo hiciera Fignon, que el tío lo clavó, y desde por lo menos un metro, cuando lo vi casi que daban ganas de lavarse la cara, por si acaso).</p>
<p>- Y en segundo lugar el que es sin duda mi favorito, el titulado “La libertad humana y la pastilla roja”, a cargo del profesor de Economía Peter Boettke. Verán, al principio el autor se limita a hacer algunas consideraciones generales sobre la importancia de la libertad de decisión, la capacidad de elegir del ser humano, por encima de otras consideraciones, como forma de responder a la disyuntiva entre tomar la pastilla azul (es decir, quedarse en Matrix y conformarse con un mundo virtual, bastante <em>apañao</em>, eso sí) o tomar la pastilla roja (e ir “al desierto de lo real”, el puto mundo de los rebeldes). Es mejor tomar la pastilla roja, sostiene Boettke, porque esa es la opción que le permite al ser humano ser consciente de sus acciones, asumir sus responsabilidades y, en esencia, ser libre.</p>
<p>Hasta ahí, todo muy bien, claro, al fin y al cabo estamos hablando del que probablemente sea, después de la vida en sí, el bien supremo del ser humano: la Libertad (bueno, eso y la <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbactualidad/jornada">Liga</a>, tampoco vamos a ponernos en plan demasiado profundo-alternativo). Pero en ese momento Boettke se vuelve loco, hace una pirueta mucho más espectacular aún que cualquiera que podamos detectar en algún otro artículo del libro y se pasa varias páginas explicando lo mala que era la <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dblibros/104">U.R.S.S.</a> y, en general, los regímenes socialistas y el socialismo en su conjunto (que, digo yo, es un feo que en la edición española se omita mención alguna al felipismo, principal aportación patria a la malvada hidra rojo-separatista, al menos desde 1934).</p>
<p>Para ello, el autor aporta una serie de referencias bibliográficas escritas por el autor en las que el autor demuestra, por lo visto, todas estas cosas. Por el contrario, hay qué ver lo bueno que es el capitalismo y los bienes que nos ha proporcionado a todos (porque, no se engañen, mejor ser cola de ratón mileurista con el capitalismo que pata de ciempiés con el socialismo). Que, en este caso, tampoco nos vamos a engañar, uno tiende a estar de acuerdo con el autor, pero claro, ¿qué tiene todo esto que ver, exactamente, con Matrix, que es el objeto supuesto del artículo? ¡Pero si, además, la pastilla “buena” es roja, por Dios! Pero no se preocupen, por si quedara alguna duda, el autor termina su aportación haciendo lo que todo insigne representante de la Escuela haría: citando, sí, al mismísimo Hayek, el cual, de la misma manera que proporcionó a la Humanidad todas las respuestas que ésta podría necesitar para cualquier problema o contencioso, también lo hizo, naturalmente, con Matrix.</p>
<p>¿Se dan cuenta? ¡Es el discurso que llevamos años leyendo en artículos de Libertad Digital, de adláteres y peones negros, o de comentarios de los peones en los lugares más variopintos (en estos momentos doy gracias por haber limitado la opción de escribir comentarios a los artículos de actualidad de LPD)! ¡Y con todos los clásicos! ¡La U.R.S.S. Era “más peor”, asín que te callas! ¡Pero condena a Castro, amigo de los terroristas! ¡Condena a Castro, que no te he visto condenarle en los últimos tres párrafos!
</p>
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		<title>El Corán</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 20:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>universal</category>

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		<description><![CDATA[LITERATURA PÍA
Título: El Corán
Autor: Varios
Categoría: Teología/Poesía/Ficción
Siglo: VII
Comentario
El Corán es un libro dividido en 256 capítulos (si no me equivoco) en el que se cuentan distintos hechos de interés protagonizados por un personaje de múltiples caras (el Único, el Todopoderoso, el Misericordioso, en una palabra, Él o Alá), trufados con diversas cláusulas de contenido moral. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">LITERATURA PÍA</h3>
<p><strong>Título</strong>: El Corán</p>
<p><strong>Autor</strong>: Varios</p>
<p><strong>Categoría</strong>: Teología/Poesía/Ficción</p>
<p><strong>Siglo</strong>: VII</p>
<p><strong>Comentario</strong></p>
<p>El Corán es un libro dividido en 256 capítulos (si no me equivoco) en el que se cuentan distintos hechos de interés protagonizados por un personaje de múltiples caras (el Único, el Todopoderoso, el Misericordioso, en una palabra, Él o Alá), trufados con diversas cláusulas de contenido moral. El autor oficial del texto es Mahoma, profeta árabe del siglo VII, si bien parece ser que a Mahoma le dictó el texto el propio protagonista del Corán, a saber: el Único, el Todopoderoso, el Misericordioso, en una palabra, Él o Alá. </p>
<p>Sinceramente, esta obra nos parece un plagio lamentable e incompleto de la obra anterior: prácticamente se cuentan las mismas cosas, pero además el autor se deja en el tintero lo más interesante de la Biblia para sustituirlo por dogmas éticos ambiguos e incluso contradictorios. </p>
<p>Por otro lado, el estilo ágil y ameno de la Biblia es sustituido por un lenguaje pobre, monocorde y repetitivo que en ningún momento logra interesar al lector en el meollo de la trama. Esto puede tener la explicación de que Mahoma copió todo lo que le decían en una hoja de palmera (el Corán tiene más de 500 páginas; o Mahoma tenía la letra muy pequeña, o la hoja en cuestión era la leche de grande; al fin y al cabo, no hay nada imposible para el Único, el Todopoderoso, el Misericordioso, en una palabra, Él o Alá), así que quizás se equivocó posteriormente al transcribirlo a un soporte más digno y repitió una y otra vez la misma cosa. </p>
<p>La cultura árabiga, tan rica e interesante en otras épocas, está ahora en plena decadencia: el pueblo musulmán basa toda su sociedad en un solo libro, El Corán, en el que al parecer está todo. Cuando, hace unos años, hablaba con dos marroquís y les decía que su cultura me parecía muy poco interesante, me respondían que eso era mera propaganda occidental y que leyera el Corán: así entendería su cultura. </p>
<p>Pues bien, leí el Corán y ahora entiendo su cultura: leer el Corán fue bueno en un aspecto: me permitió comprobar que todo lo que yo pensaba de los países musulmanes era totalmente cierto, lo cual contribuyó a subir mi ego. Por lo demás, me aburrí bastante, porque tuve la sensación de que estaba leyendo cosas ya leídas anteriormente, no sólo porque plagiase la Biblia, sino porque el Único, el Todopoderoso, el Misericordioso, en una palabra, Él o Alá repetía una y otra vez lo mismo (y se lo aseguro, lo que repetía no era interesante). </p>
<p>Pese a todo, lean el Corán, amigos. Léanlo y dejen atrás para siempre sus problemas de insomnio (ahora entiendo porqué todos los ayatolás musulmanes van vestidos así: el turbante de almohada y los amplios ropajes para poder acostarse en cualquier sitio).
</p>
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		<title>La Biblia</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 20:02:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>universal</category>

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		<description><![CDATA[LITERATURA PÍA
 
Título:La Santa Biblia
Autor: Varios
Categoría: Teología/Ficción
Siglo: I-II
Comentario:
La Santa Biblia es un libro que tiene dos partes, fundamentalmente. 
El Antiguo Testamento abarca desde la creación mítica del mundo por parte de un señor que se hace llamar Yaveh hasta la caída del Pueblo Elegido (el pueblo de Israel) bajo la égida del Imperio Romano. Todos aquellos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 align="center">LITERATURA PÍA</h3>
<p> </p>
<p><strong>Título</strong>:La Santa Biblia</p>
<p><strong>Autor</strong>: Varios</p>
<p><strong>Categoría</strong>: Teología/Ficción</p>
<p><strong>Siglo</strong>: I-II</p>
<p><strong>Comentario</strong>:</p>
<p>La Santa Biblia es un libro que tiene dos partes, fundamentalmente. </p>
<p>El Antiguo Testamento abarca desde la creación mítica del mundo por parte de un señor que se hace llamar Yaveh hasta la caída del Pueblo Elegido (el pueblo de Israel) bajo la égida del Imperio Romano. Todos aquellos que se hayan molestado en seguir todos los avatares del pueblo de Israel desde un extremo al otro convendrán conmigo en que son enormemente divertidos e interesantes. El Antiguo Testamento ofrece acción, romanticismo, picardías sexuales, costumbrismo e incluso cierto mensaje moral. El estilo de la obra es ciertamente disperso, algo lógico si tenemos en cuenta que los personajes abarcan una tipología muy variada y pertenecen a varios planos existenciales, amén de extenderse la historia a lo largo de un periodo prolongado de tiempo. </p>
<p>Algún día inauguraremos en esta página una sección de Teología en la que podamos explayarnos más a gusto, pero no quisiera dejar pasar esta oportunidad para comentar algunos de los pasajes más destacados: </p>
<p>La destrucción de Sodoma y Gomorra: algunos jerifaltes del PP estarán preocupados por haber apoyado la Ley de Parejas de Hecho, viendo como se las gasta el Creador con según qué cosas.<br />
El sitio de Jerusalén por las tropas de Senaquerib, general filisteo (los filisteos son los &#8220;malos&#8221; principales del Antiguo Testamento): cuando la situación parecía desesperada para el Pueblo Elegido, Yaveh se apiada de ellos y envía a la caballería: en una sola noche, 100.000 filisteos son apiolados por la espada vengadora de los ángeles del Señor (esto sí que son daños colaterales).<br />
La paciencia del Santo Job: a Job Dios le gastó todo tipo de putadas, desde convertirlo en un cornudo hasta arruinarlo una y otra vez, pese a lo cual Job siguió impávido en su fe hacia el Señor, con lo que fue recompensado en la otra vida (suponemos, porque en esta no le pasaron más que desgracias). Algunos malintencionados aducen que Job era un poco cortito, pero nosotros creemos que en verdad era Santo.<br />
La sabiduría del Rey Salomón: Salomón vivió en pecado con varias mujeres, adoró a dioses &#8220;extranjeros&#8221; como Baal, se gastó toda la pasta de su reino en su famoso templo y, en general, sometió a su pueblo a toda clase de injusticias. Pero todo ello palidece frente a su famosa &#8220;solución salomónica&#8221;, a saber, amenazar con partir a un crío por la mitad para dilucidar quién era su madre (gracias a Salomón, todos nos sentimos más inteligentes).<br />
Podríamos seguir por mucho tiempo, pero estos ejemplos están aquí para decir bien a las claras dos cosas:<br />
El Pueblo Elegido estaba compuesta de una panda de desagradecidos y volubles individuos, que cada dos por tres metían a Yaveh en el baúl de los recuerdos.<br />
Por su parte, Yaveh le echaba un par de huevos.<br />
El Nuevo Testamento, por su parte, hace decaer en el lector el interés por la trama, no en su parte central, La Vida de Jesucristo (¿tenía hermanos o no? ¿por qué escogió al sinvergüenza de Judas? ¿quién pagó la Última cena? ¿qué pinta la &#8220;Virgen&#8221; María en todo esto? ¿de dónde sacaba esas parábolas tan majas?) que tiene su encanto pese a ofrecérsenos cuatro versiones distintas, sino en la parte final, las &#8220;cartas&#8221; de los Apóstoles (¿pero cómo podían predicar estos tíos si se pasaban la vida escribiendo?), bastante aburrida, algo lógico si tenemos en cuenta que aquí ya entró totalmente a saco la Iglesia en sí (salvaríamos de la quema, sin embargo, el Libro del Apocalipsis, que tiene su gracia y ocupa a muchas personas en la actualidad para dar una interpretación fidedigna del texto)<br />
En resumen: un libro altamente recomendable, en líneas generales, en el que se puede observar una clara evolución en su personaje principal, Yaveh, que pasa de inmisericorde justiciero a entrañable abuelete. Millones de personas no pueden equivocarse: léalo, se divertirá (si no quiere comprarlo, pase una noche en cualquier hotel americano o inglés y accederá a una copia gratuita del texto, si bien se trata de una versión actualizada). </p>
<p>(Hasta hace muy poco tiempo, la asignatura de Religión era obligatoria no sólo en los colegios privados como en el que yo estudié -confieso que he pecado-, sino también en la educación pública sostenida por los gobiernos del PSOE. Las quejas sobre la asignatura de Religión eran continuadas, algo lógico si tenemos en cuenta que la educación era sobre conceptos como &#8220;la castidad cristiana&#8221; y similares, dirigidos a un público que por muchos motivos era muy poco receptivo. Nosotros creemos que sustituir la asignatura de Religión por Historia Sagrada, sin dogmas ni intervención del Vaticano, o aún mejor, Historia de la Iglesia, sería mucho más útil para formar ciudadanos de pro).
</p>
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		<title>The Failure of the Founding Fathers - Bruce Ackerman</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Sep 2006 14:51:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
		<category>ideologica</category>

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		<description><![CDATA[Poner en marcha cualquier tinglado es siempre algo bastante complicado. En el mejor de los casos, no es nada fácil hacerlo de forma que funcione satisfactoriamente desde un principio. Un resultado digno requiere como mínimo de una buena dosis de suerte y de tener más o menos claro qué desea uno hacer, por supuesto, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Poner en marcha cualquier tinglado es siempre algo bastante complicado. En el mejor de los casos, no es nada fácil hacerlo de forma que funcione satisfactoriamente desde un principio. Un resultado digno requiere como mínimo de una buena dosis de suerte y de tener más o menos claro qué desea uno hacer, por supuesto, pero también ayuda dotarse de normas que disciplinen de la manera más eficaz posible la actividad, de forma que el entramado regulador previsto se convierta en un instrumento y promueva unas dinámicas que faciliten la consecución de los fines perseguidos.</p>
<p>Cuanto más compleja es la actividad que pretendemos llevar a cabo, cuanto más ambiciosa, cuanta más gente haya implicada, más difícil será acertar. Pero más importante será también, a la vez, realizar un esfuerzo sincero por lograr el mejor diseño posible. Algo que implica asumir, desde un primer momento, que por bien que nos salgan las cosas estaremos siempre lejos de haber conseguido un resultado óptimo. De otra forma, inevitablemente, nos invadirá la melancolía. Porque tarde o temprano constataremos que abundan fallas, desviaciones e incluso lo que podríamos entender como absolutas perversiones de la idea inicial. No conviene ni rasgarse las vestiduras por ello ni descalificar todo aquello que se salga del plan o diseño inicial. Las criaturas, una vez vivas, evolucionan un poco a su aire. Lo que no es necesariamente malo. Muchas veces el producto del uso y de la práctica es más fino y elegante que el de la especulación ilustrada. Y casi siempre los resultados de la experiencia, sobretodo si hemos logrado sintetizarlos y combinarlos con algunos de los elementos propios de la estructura inicial, superan ampliamente cualquier elaboración previa, por sabia y trabajada que sea. Cualquiera que se haya visto en la tesitura de iniciar una aventura del tipo que sea, de plantearse sus objetivos y de tratar de establecer las normas que mejor parecían, a priori, que podían ayudar a cumplirlos, sabe de la cura de humildad que supone la imposibilidad de controlar la vida la criatura en todos sus extremos.</p>
<p>Esta impepinable realidad, el hecho de que las cosas sí o sí evolucionan, se transforman y acaban siendo algo diferente a lo que en un principio hubiéramos siquiera podido intuir, afecta también a las propias normas, ya sean autoimpuestas (caso de que éstas sean verdaderas normas, en contra de lo que explicó en su día Ludwig Wittgenstein), ya las que afectarán a los demás y están llamadas a disciplinar conductas ajenas. Porque se transforman y cambian, a veces lentamente, otras sin que se tenga una exacta noción o percepción de que tal evolución está teniendo lugar. En otras ocasiones de forma clara y rápida. Y sin que haya siquiera una expresa voluntad de reforma. Simplemente, en ocasiones, las cosas vienen como vienen, la realidad arrambla con el diseño inicial y en el mejor de los casos lo que subsiste es una síntesis de los diferentes paradigmas subyacentes a cada uno de los esquemas. Tiene poco que ver con que algo así ocurra, las más de las veces, la bondad o corrección técnica del diseño. Y prácticamente no hay tarea humana ajena a esta dinámica, ni empresa individual o colectiva que no haya experimentado algo semejante. Importa poco si hablamos de poner en marcha una página web, un blog o sentar las bases de la convivencia en una nueva nación. Da igual que uno se haya hecho sólo ideas más o menos generales sobre el proyecto en cuestión o que por el contrario haya aspirado a predeterminar casi cualquiera de las posibilidades de desarrollo y evolución. Apenas incide en la aparición de estas dinámicas le factor de que hayan sido grandes hombres o un simple pringadillo el que se ocupara de montarlo todo. La cuestión es que, en casi todos los ámbitos de la acción humana, y si la comparamos sólo con las intenciones iniciales y la juzgamos a partir de si las cumplió o no, habrá pocas acciones de un mínimo de complejidad que no deban merecer la calificación de fallidas. Incluyendo, por supuesto, gran parte de las que consideramos comúnmente grandes obras.</p>
<p>Cuando Bruce Ackerman habla del &#8220;error de los Padres Fundadores&#8221; se refiere a la mutación constitucional que en apenas 15 años convirtió en papel mojado una parte importantísima, por no decir esencial, del diseño constitucional trabajosa y cuidadosamente elaborado por la Convención estadounidense y que vio la luz en Filadelfia en 1787. Una sarta de fallos y errores, como veremos, como otra cualquiera. Pero, como también es frecuente que ocurra, con efectos sorprendentemente saludables que se prolongan hasta hoy en día.</p>
<p>Allí donde la Constitución de los entonces nacientes Estados Unidos de América había previsto, en un alarde de conocimiento ilustrado y como resultado del riguroso y meritorio análisis de sus redactores (prohombres que compendiaban el conocimiento político y jurídico de la época como pocos, siendo su resultado más acabado y conocido la obra de Hamilton, Madison y Jay, El Federalista), un modelo de separación de poderes alejadísimo del asamblearismo, con un Presidente de funciones más gestoras que otra cosa, en un entorno que pretendía dificultar cuando no impedir las dinámicas de partidos y facciones, que se apoyaba y basaba en la elección de elites de notables para las diferentes funciones al margen de movimientos políticos populares; la realidad se encargó de conformar, en apenas 15 años, un sistema fuertemente presidencialista, con un componente bipartidista enorme y en el que la figura del Presidente pasará a tener un contenido político de primer nivel, siendo depositario de un mandato popular y convirtiéndose en cabeza visible y responsable de movimientos y dinámicas políticas que desde un primer momento se enfrentan, incluso, a los propios límites del estricto texto constitucional llamado a encuadrar y limitar la actuación del poder.</p>
<p>The Failure of the Founding Fathers: Jefferson, Marshall, and the Rise of Presidential Democracy relata las condiciones que dieron lugar a tan notable cambio y su catalización a partir de la disputada elección presidencial entre Adams (candidato a la reelección y sucesor de George Washington) y Jefferson, que a la postre sería investido como Presidente, el tercero, de los Estados Unidos de América. Lo hace de una forma sumamente informativa, algo que convierte la obra en enormemente interesante para todos aquellos que estén interesados cuestiones de historia constitucional o, tout court, en la historia general de los Estados Unidos. Pero adicionalmente ayuda a entender no pocas claves relacionadas con estos problemas relativos a la &#8220;fundación&#8221; de los que venimos hablando y, muy especialmente, ilustra algunos de los aspectos que no han de perderse de vista respecto a cuestiones de permanente actualidad tales cuales la rigidez de las Constituciones, la posibilidad de cambios o mutaciones en las mismas (esto es, aquellos cambios en la interpretación y el uso dado a un texto que no obstante esta variación en la interpretación del mismo se mantiene igual, a partir de la formulación clásica de Jellinek) y la flexibilidad o intransigencia con la que han de reaccionar los órganos encargados de velar por la supremacía constitucional ante estas situaciones, siempre en relación con la dinámica social y política subyacente que ha orientado ciertas actuaciones de legisladores o de gobiernos a bordear cuando no ir más allá de los límites constitucionalmente fijados.</p>
<p>En un contexto de enorme lucha partidista, que convertía en inútiles cuando no en perturbadoras no pocas de las previsiones de diseño institucional de la Constitución de 1787 (basado en la inexistencia de una política de esa naturaleza), la revolución &#8220;republicana&#8221; de los años 1800 y siguientes acabó por desarbolar la estructura de poder legada por la guerra de independencia contra los ingleses y liquidó el dominio &#8220;federalista&#8221; a partir del cual se había alumbrado el texto constitucional. Desde este momento, la historia de la política estadounidense dejará de ser una competición entre notables que se pretenden ajenos a cualquier lógica de partido, por mucho que conserve sus peculiaridades (si comparada con la del parlamentarismo continental, sobretodo como consecuencia de las diferencias derivadas del originario diseño del sistema electoral de los federalistas, que en sus líneas básicas sigue siendo hoy en día el mismo por mucho que haya variado totalmente la visión sobre cómo ha de ser y funcionar la democracia y el sistema representativo del país), para inscribirse en la lógica de la confrontación entre visiones diferentes de concebir y organizar la vida en común estructuradas en torno a dos polos políticos netamente diferenciados. Desde la lucha entre republicanos y federalistas, que se prolongará al menos un par de décadas desde 1790, a la confrontación entre republicanos y demócratas que nos es más conocida (ambos se consolidan, reclamándose herederos de la tradición republicana, a partir de unas líneas de fractura diferentes a las que dominaban el enfrentamiento entre federalistas y republicanos, y muy especialmente en torno a diferentes posturas en el incipiente debate sobre la esclavitud), la maduración del sistema en sus grandes líneas directrices no requirió de muchos años de práctica constitucional. Se conformó, con sorprendente rapidez, de una manera radicalmente diferente a la ideada por los fundadores y plasmada en la Constitución, convertida así en un ejercicio ilustrado que se reveló tan meritorio como incapaz de predecir el curso de los acontecimientos o de encauzarlos de la manera por ella querida.</p>
<p>Asimismo, este período histórico será el que verá el alumbramiento de algunos de los rasgos del sistema jurídico-constitucional americano más significativos. Así, el surgimiento (con la sentencia en el caso Marbury vs. Madison, en 1803, de la que es ponente e inspirador el ahora conocido como juez, entonces más identificado como eminente político federalista, Marshall) y lento afianzamiento del judicial review (la posibilidad de que los jueces inapliquen aquella producción legislativa que consideren contraria a la Constitución), por mucho que pudieran estar en el germen del propio texto constitucional, como algunas de las aportaciones a El Federalista apuntaban, sólo pueden explicarse, al igual que la misma consolidación del Tribunal Supremo Federal como la instancia del enorme relieve que actualmente conocemos, a partir de la utilización de la misma y de sus posibilidades de acción por parte de los federalistas en un momento en que habían sido virtualmente arrinconados en Gobierno, Congreso y Senado, pero en el que seguían controlando el Tribunal. Será sólo a partir de su influencia en las decisiones del mismo como podrán tratar de preservar el legado federalista en tanto que plasmado en la Constitución de 1787, muchos de cuyos principios se verán notablemente afectados por la agresiva y revisora acción de gobierno republicana, menos entusiasta de las políticas federales y más favorable al fortalecimiento de las estructuras propias, a todos los niveles, de cada uno de los distintos Estados. El masivo apoyo de la población a las tesis republicanas obliga al Tribunal Supremo a contemporizar, hasta cierto punto, en su defensa de los viejos principios. Junto a afirmaciones como la contenida en el caso Marbury vs. Madison, claramente ambiciosas, se cuentan numerosas retiradas estratégicas, la menos importante de las cuales no es, sin duda, el hecho de que el Tribunal y el juez Marshall no volvieran a hacer uso del judicial review (que queda así afianzado como principio pero sin demasiado recorrido práctico al no haber sido declarado más que una vez y en el seno de una batalla cruenta pero menor a cuenta de un nombramiento judicial de escasa trascendencia en comparación con otros supuestos sobre los que hubo de pronunciarse el máximo órgano judicial).</p>
<p>De esta forma, fruto de esta confrontación política y de la mutación constitucional subsiguiente, el Tribunal Supremo Federal se convertirá en el futuro, de pleno derecho, en revisor y garante de la constitucionalidad de las iniciativas, incluyendo las legislativas, de cada nueva Presidencia. Frente al mandato popular que ostenta esta última, arbitrará la corte un control a partir de los fundamentos del orden social que, eso sí, no tendrá más remedio que interpretar de manera flexible y evolutiva. Como tuvo que hacer ya desde sus orígenes el Tribunal presidido por Marshall, adaptando los principios fundadores a una nueva realidad y a unos nuevos usos respaldados ampliamente por el pueblo, pero funcionando como contrapeso, dentro del entramado de checks and balances del que se suele hablar al caracterizar el sistema norteamericano, que obliga a moderar las ambiciones de las mayorías recientes, a amoldar sus pretensiones a la tradición constitucional y que a su vez evoluciona y asume las mutaciones de contenido en cuanto a la Constitución, por muy indemne que siga el texto original, en aras a la necesaria adaptación a los tiempos que corren y al mandato democrático que ineluctablemente acabó, desde la mutación jeffersoniana, indisociablemente unido a la Presidencia en la tradición constitucional americana.</p>
<p>Como hemos podido comprobar, los errores fundacionales, las numerosas desviaciones, son poco relevantes a la hora de juzgar las bases normativas de la erección de un nuevo orden. El punto de llegada se ha demostrado mucho más importante (y de ahí el unánime juicio positivo que merece esta evolución) que cómo se ha llegado o cuánto nos hemos alejado del proyecto inicial. Es más sensato atender a que las cosas tengan sentido aquí y ahora que pretender disciplinar el futuro, por el que por otra parte, como decía aquél, tampoco vale la pena preocuparse demasiado dado que en cuanto nos despistemos un poco ya lo tendremos aquí. La cuestión más importante sigue siendo, aquí y ahora, montárnoslo lo mejor posible, de forma lo más justa, equilibrada, formativa y entretenida posible.
</p>
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		<title>The Real Frank Zappa Book -  El músico se resiste a morir</title>
		<link>http://www.lapaginadefinitiva.com/dblibros/164</link>
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		<pubDate>Thu, 31 Aug 2006 01:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel de la Fuente</dc:creator>
		
		<category>musica</category>

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		<description><![CDATA[La música rock ha generado en los últimos veinte años una bibliografía tan abundante como estéril. Suelen ser obras nacidas de las sensaciones subjetivas del periodista de turno, que pontifica sobre sus gustos sin ningún mínimo criterio serio. Expresiones como &#8220;un gran guitarrista&#8221;, &#8220;maravillosos riffs de guitarra&#8221;, &#8220;un auténtico batería&#8221;, son coletillas que se usan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La música rock ha generado en los últimos veinte años una bibliografía tan abundante como estéril. Suelen ser obras nacidas de las sensaciones subjetivas del periodista de turno, que pontifica sobre sus gustos sin ningún mínimo criterio serio. Expresiones como &#8220;un gran guitarrista&#8221;, &#8220;maravillosos riffs de guitarra&#8221;, &#8220;un auténtico batería&#8221;, son coletillas que se usan para describir a los músicos, es decir, la vacuidad definitoria total. Pero no es extraño: los periodistas de rock raramente han asistido a una sola clase de solfeo, ni saben leer una partitura sencilla, ni tan siquiera marcar los compases de una mínima pieza musical. Su defensa radica en que la música popular se lee por unos mecanismos diferentes a los de la música &#8220;culta&#8221;. Ese argumento puede ser defendible hasta cierto punto, pero tampoco hasta el extremo de que quien hable sobre eso no sepa nada de música, porque también el jazz es un género de música popular que pocas veces ha tolerado a genios legos. El problema de fondo en el rock es cuando un músico no sabe lo que hace tampoco. Pero ése es otro tema que no justificaría una labor crítica del rock carente de base en esa misma labor. El músico de rock estadounidense Frank Zappa ya advirtió este problema en los años 70 cuando firmó su conocida sentencia: &#8220;La mayor parte del periodismo sobre rock consiste en gente que no sabe escribir, que hace entrevistas a gente que no sabe hablar, para gente que no sabe leer&#8221;.</p>
<p>Frank Zappa nació en Baltimore, Maryland, en 1940, y murió en Los Ángeles en 1993. Provocación y transgresión fueron su conducta artística y vital, y una enciclopédica cultura musical y un talento y dedicación sin igual, su aval como músico. Zappa fue un auténtico pionero en varios frentes, de los que enumeramos sólo algunos:</p>
<p>- Zappa es, ante todo, pionero de la fusión. La tan cacareada fusión que parece un invento de Celia Cruz y Raimundo Amador. Zappa fue el primer músico rock que, ya en los años 60, empezó a investigar con la fusión de músicas de diversas procedencias y estilos. Grabó discos de rock, jazz, música clásica, blues, big band, electrónica&#8230; Esta investigación intentó culminarla con la creación de una orquesta formada por músicos de todo el mundo con un repertorio que abarcase desde lo clásico hasta la música africana. Esta especie de Bauhaus musical tendría su sede en Madrid. Zappa recibió alguna promesa del entonces alcalde Juan Barranco sobre este sentido. Pero claro, Zappa no conocía muy bien el carácter político de Barranco y el proyecto quedó en eso, en proyecto.</p>
<p>- Pionero en grabar un álbum doble de rock conceptual. Si bien el &#8220;Blonde on Blonde&#8221; de Dylan se grabó por las mismas fechas (1966-67), el &#8220;Freak Out!&#8221; de Zappa inauguró el concepto de álbum conceptual, varios meses antes de que los Beatles grabaran su &#8220;Sgt. Peppers&#8221;.</p>
<p>- Fue el primer músico rock en cuestionar el hippismo y la música de los Beatles. En plena eclosión hippie, Zappa grabó en 1968 su LP &#8220;We´re Only in It for the Money&#8221;. Era un ataque al &#8220;Sgt. Peppers&#8221; y a los Beatles, y se burlaba del movimiento hippie. Así, en la canción &#8220;Flower Punk&#8221;, canta: &#8220;Eh, gamberro, ¿dónde vas con esa flor en la mano? / Me voy a San Francisco a unirme a una banda psicodélica&#8221;. Y en &#8220;Who Needs the Peace Corps?&#8221;: &#8220;Soy hippie y viajero, soy un gitano a mi modo. Me quedaré una semana, cogeré ladillas, y luego cogeré un autobús para volver a mi casa. De hecho, sólo soy un farsante, pero no me lo tengas en cuenta, porque estoy colocado&#8221;. Zappa creía que el hippismo era un movimiento de farsa, compuesto por vagos hijos de papá, inútiles idealistas que se pasaban el día fumando y drogándose sin hacer nada por cambiar la situación.</p>
<p>Aparte de estos rasgos, Zappa fue un activista político hasta sus últimos días. Crítico con el sistema electoral norteamericano, solía acabar sus conciertos instando a la gente a votar (&#8221;Si la gente no vota, la democracia no funciona&#8221;, decía) y denunciaba que el alto porcentaje de abstención sólo favorecía al mantenimiento del statu quo de alternancia entre republicanos y demócratas. Crítico con la política de Reagan, con los telepredicadores, con la Asociación del Rifle, en definitiva, con cualquier manifestación derechista que atentase contra la libertad de expresión, llegó a comparecer en 1985 ante el Congreso para defender la libre creación en la música rock, ante la pretensión de varias mujeres de senadores (entre ellas estaba Tipper Gore) de censurar la música que contuviese palabras obscenas. De aquellas sesiones salió la decisión de catalogar los discos con la pegatina de &#8220;Parental Advisory: Explicit lyrics&#8221;. Incluso llegó a presentarse a las presidenciales de 1992, pero su estado de salud (moriría de cáncer de próstata) le impidió siquiera dar los primeros compases de la campaña.</p>
<p>Personaje celoso de su trabajo artístico (ganó un pleito a la Warner por los derechos de los discos), trabajador infatigable (sólo vivía para la música, llegando a realizar jornadas laborales de 18 horas), su ideología propugnaba el libre mercado total, la iniciativa individual partiendo de la igualdad de oportunidades y la potenciación de foros de participación ciudadana. Contrario a las drogas y el alcohol (llegó a expulsar de su grupo a músicos que se drogaban), de carácter familiar y hogareño, poco dado a confiar en amistades pero sí en atender siempre a sus fans, esta personalidad compleja se volcó en una expresión musical más compleja aún. Su trabajo tiene una vocación unitaria: Zappa consideraba que cada parte de su trabajo (cada LP, cada película, incluso cada entrevista que concedía) tenía su parte de significación en una obra global. Ningún disco que grabó, ningún verso que escribió se entiende desligado de su obra general. La obra de Zappa, su proyecto digamos &#8220;político&#8221; se entiende en la conexión entre todos sus elementos. Aparte de crear juegos de referencialidad en sus canciones (lo que llamó &#8220;continuidad conceptual&#8221;), lo importante llegaba hasta el significado último de cada elemento: Zappa llega en ciertas entrevistas a describir por qué utiliza ciertas palabras en unos versos y no otras. Esto unido a lo prolífico de su trabajo (cerca de un centenar de discos grabados) arrojan una idea de la importancia que tiene Zappa en la música popular.</p>
<p>Todo esto lo podemos encontrar en &#8220;The Real Frank Zappa Book&#8221;, un libro que escribió en 1988 y que es un compendio que reúne datos de su vida con sus opiniones sobre política. Según confesaba él mismo, la editorial quería una autobiografía, y él aprovechó la ocasión para escribir sus opiniones políticas. Así, el libro se divide en estas dos partes claramente diferenciadas. Aparte de hablar sobre temas como sus influencias musicales (Varèse, Stravinsky, Dvorak), su trabajo como director orquestal (que le llevó a colaborar con directores como Zubin Mehta o Pierre Boulez), toca temas como la política de impuestos o de defensa.</p>
<p>El libro no tiene desperdicio, ni como reflexión sobre la música rock, ni como programa político que analiza la realidad norteamericana y mundial. Zappa ofrece un estilo directo, contundente y claro para mostrar sus opiniones sobre los temas que le interesan. Pocas veces un músico de rock ha mostrado tanta lucidez y pocas veces un libro de estas características ha ofrecido tantas cosas interesantes.
</p>
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		<title>El malestar en la globalización - Joseph E. Stiglitz</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Aug 2006 01:55:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Joseph E. Stiglitz es un importante economista norteamericano galardonado en 2001 con el Premio Nobel de Economía, que en el variado arco ideológico que podemos encontrar en la sociedad norteamericana, el famoso &#8220;melting pot&#8221;, podríamos catalogar de &#8220;liberal&#8221; según la terminología estadounidense, es decir, un &#8220;rojo&#8221;, o de &#8220;centro derecha&#8221; si adoptamos la decadente perspectiva [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Joseph E. Stiglitz es un importante economista norteamericano galardonado en 2001 con el Premio Nobel de Economía, que en el variado arco ideológico que podemos encontrar en la sociedad norteamericana, el famoso &#8220;melting pot&#8221;, podríamos catalogar de &#8220;liberal&#8221; según la terminología estadounidense, es decir, un &#8220;rojo&#8221;, o de &#8220;centro derecha&#8221; si adoptamos la decadente perspectiva europea.</p>
<p>Como tal rojo, Stiglitz fue durante varios años asesor en asuntos económicos del presidente Bill Clinton, que como todos Ustedes saben fue precursor de la mejor idea de la izquierda en los últimos años, las coaliciones rojiverdes, aunando en este caso las dos características, rojo y verde, en una sola persona.</p>
<p>Con estas credenciales, Stiglitz acabó siendo vicepresidente del Banco Mundial, institución que se dedica a desarrollar proyectos de ayuda al Tercer Mundo mediante créditos asequibles y que, por estos misterios que tiene el complejo mundo de hoy en día, es uno de los principales enemigos del Movimiento Antiglobalización (claro que en su nombre reza la palabra &#8220;Banco&#8221;, y eso no deja de ser una provocación para según qué ideólogos de baja estofa). Tras su experiencia, y una vez conseguido el Nobel, Stiglitz se dedica a lo que todos los sabios que han sido galardonados con tal honor: dar conferencias y publicar ensayos superventas.</p>
<p>El bestseller de Stiglitz se comporta como tal desde el mismo título, pues si &#8220;El malestar en la globalización&#8221; podría sugerir que el autor se parará a explicarnos los principales problemas de corte económico que aquejan a la globalización tal y como está planteada para que pueda ser aceptada como beneficiosa por los desposeídos, en realidad todo el libro se trata de una suerte de vendetta de Stiglitz contra su enemigo público número uno durante los años en que desempeñó los citados cargos públicos: el Fondo Monetario Internacional.</p>
<p>Así, la idea central del libro es que &#8220;la culpa de todo la tiene el FMI&#8221;. Como si esta institución cumpliese el papel del PNV en la política española y fuera capaz de enviar toneladas de chapapote a nuestras costas, ser amiguitos de los violentos y gastar sin freno para evitar que el Gobierno pueda contener la inflación, todo al mismo tiempo, Stiglitz desarrolla a lo largo de todo el libro una crítica implacable de la institución, a la que acusa fundamentalmente de una cosa: el FMI se mueve por razones ideológicas en sus planes para &#8220;salvar&#8221; a los países en dificultades, defendiendo una ortodoxia ultraliberal (liberalizar y privatizar ante todo) contra viento y marea que, en la práctica, se revela en la mayor parte de las ocasiones como contraproducente.</p>
<p>Stiglitz ofrece abundantes ejemplos de los errores cometidos por el FMI en los últimos años, particularmente los dos casos más palmarios: la crisis asiática y el tratamiento posterior de los problemas económicos de Rusia cuando la crisis, en parte gracias a los errores del FMI, se extendió a este y otros países (como Brasil). Stiglitz no se recata en recordar que los países que no siguieron las políticas del FMI (como Malaisia) obtuvieron resultados mucho mejores que los que mantuvieron una estricta observancia de la ortodoxia (Tailandia).</p>
<p>Por supuesto, Stiglitz tiene razón en sus críticas. El FMI mantiene un discurso invariable, una especie de dogma de fe que llevará a los países con problemas a una idílica Tierra Prometida, pero como cualquier Pueblo Elegido, los países que no tienen más remedio que hacer caso al FMI acaban pasando por una dolorosa travesía del desierto durante 40 años para, al final, descubrir que adoraban a un becerro de oro y descubrir que, en realidad, están mucho peor que antes.</p>
<p>La pregunta es si para decirnos que el FMI es muy malo y no tiene ni la menor idea de lo que habla era preciso escribir un libro de título tan rimbombante. Sin duda, sí era preciso, al menos, venderlo, pero no mucho más, pues cualquier persona que lea la prensa de vez en cuando sabrá, sin lugar a dudas, que el FMI es muy malo y no sabe lo que hace. ¿Cómo, si no, se explica que detrás de cada &#8220;plan de salvamento&#8221; del FMI acabe apareciendo otro plan, y luego otro, para cada vez liberalizar más, privatizar más, y acabar ahondando los problemas del país?</p>
<p>En este libro, más interesante que el &#8220;qué&#8221;, por tanto, es el &#8220;cómo&#8221;, los motivos exactos por los cuales el FMI se equivoca una y otra vez. Tampoco es que Stiglitz descubra el Santo Grial contándolo, pero al menos describe muy bien los procesos económicos por los cuales el FMI destruía más que construía, que se resumen en el siguiente dogma revelador: es sintomático que ni siquiera los países más poderosos y con economías más sólidas del mundo sigan al pie de la letra las ideas del FMI, que se basan en el axioma de que el mercado es perfecto y cuanto menos Estado, mejor. Lamentablemente, los mercados, sobre todo cuando hablamos de países en condiciones precarias, distan bastante de ser perfectos, y la apertura a ultranza de un mercado debilitado por una crisis, al que el Estado le niega toda ayuda (pues el FMI, a diferencia de Stiglitz, tiene poco de keynesiano y no cree en aquello de &#8220;enterrar dinero en la playa para que lo encuentren los niños&#8221; o su correlato lógico, construir bombas nucleares para aterrorizar a los enemigos, es decir, que el Estado gaste para reactivar la economía), genera varios efectos perversos, como la enorme corrupción en las privatizaciones (llevada a cabo en Rusia por parte de Yeltsin y su famosa familia) o el ataque de los especuladores a monedas en estado de virtual desamparo.</p>
<p>Más interesante, sin duda, habría sido ahondar en una cuestión fundamental que explica la obvia asimetría en que se está desarrollando el proceso de globalización económica, que Stiglitz aborda sólo de pasada y que, en mi opinión, es la raíz del malestar: la globalización, hasta ahora, ha eliminado aranceles en los productos en los que el primer mundo es competitivo pero los mantiene en los únicos en los que los países subdesarrollados tienen algo que decir, esto es, materias primas y productos de primera necesidad generalmente asociados a la agricultura, revelación por la que espero que me concedan el Premio Nobel de Economía (o, por qué no decirlo, el de la Paz, que total pagan lo mismo y viste más) de 2003. Mientras la Unión Europea y Estados Unidos continúen con su proteccionismo a ultranza en estos sectores, subvencionando a manos llenas a los agricultores, por ejemplo, para que sigan manteniendo artificialmente una producción sin futuro en un mercado sin aranceles, la cuestión está clara: la globalización es el último invento para que nosotros sigamos vendiendo pero de comprar nada, oiga, a ver qué se han creído, ¿que somos unos filántropos impenitentes?
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		<title>La McDonalización de la sociedad - George Ritzer</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Aug 2006 01:54:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En este libro se da cuenta de un preocupante fenómeno que aqueja a las sociedades del consumo, acaudilladas por EE.UU., que el autor llama McDonalización, o asunción de las estrategias productivas de esta cadena de restaurantes de comida rápida por parte de una porción importante de la sociedad. Las formas de vida, el consumo, la alimentación, el ocio, la educación&#8230; Se producen cada vez en mayor medida de forma McDonalizada.</p>
<p>¿Y qué es, en esencia, la McDonalización? Un fenómeno caracterizado por cuatro características principales:</p>
<p>- En primer lugar, la eficacia. El sistema de los McDonald&#8217;s garantiza los mejores medios disponibles, en apariencia al menos, para satisfacer nuestro apetito de la forma más rápida y eficaz posible.</p>
<p>- En segundo lugar, McDonald&#8217;s se centra en ofrecernos un servicio en el que se nos da &#8220;más por menos&#8221;, o lo máximo posible por la menor cantidad de dinero. Se trata, según Ritzer, de asimilar cantidad con calidad: mucha comida equivale a muy buena comida. Además, ahondando también en su eficacia, McDonald&#8217;s garantiza que esta enorme cantidad de alimentos llega a nosotros en el menor tiempo posible, tanto en lo que se refiere a la recepción de los mismos como al consumo. Los restaurantes de comida rápida no lo son únicamente por la velocidad del servicio, sino también porque los productos adquiridos son de rápido consumo. McDonald&#8217;s es un símbolo de la cultura de la velocidad.</p>
<p>- En tercer lugar, McDonald&#8217;s nos ofrece aquello que es previsible, es decir, los alimentos consumidos son siempre los mismos, de sabor y cantidades idénticas, sin que importe lo más mínimo el lugar o el momento del consumo. El modelo McDonald&#8217;s reduce (o elimina) la incertidumbre.</p>
<p>- Por último, McDonald&#8217;s ejerce un férreo control sobre los individuos que forman parte de su mundo mcdonalizado, se trate de operarios o de clientes, y ese control se efectúa partiendo de la tecnología: la organización del espacio en función de la necesidad de que los clientes consuman lo antes posible y se marchen, la utilización de máquinas que garanticen que el servicio y el producto sean siempre los mismos, el adoctrinamiento de los trabajadores para que efectúen sus rutinas productivas siempre de la misma manera, &#8230; En McDonald&#8217;s, las pautas de funcionamiento están muy claras.</p>
<p>La McDonalización es un fenómeno que, cada vez en mayor medida, invade las sociedades desarrolladas: el mundo actual es un mundo previsible, en el que prima la eficacia y se establece un culto fanático a la velocidad y a lo que es rentable. Todo está McDonalizado: la policía, el gobierno, la televisión&#8230;Todo. Tomemos, por ejemplo, a esta Página como modelo de análisis: La Página Definitiva está cada vez más McDonalizada: en primer lugar, dada nuestra mentalidad prusiana, en LPD nos hemos propuesto ofrecer contenidos de forma eficaz, y por eso seguimos con la locura de establecer un ritmo de novedades diario; además, LPD ofrece la mayor cantidad de producto al menor precio posible (que nuestros textos sean buenos, como una hamburguesa McPollo, o decididamente insípidos, como una hamburguesa McPollo, dependerá, en todo caso, de si a Ustedes les gustan las hamburguesas McPollo o no, pero lo que es indudable es que nuestro precio es incluso más barato que el de una McPollo: LPD es gratis, y que lo siga siendo por muchos años. Además, LPD es enormemente previsible: abandonado el sistema de producción artesanal de los viejos tiempos, obligados a un ritmo de producción de contenidos netamente industrial, en LPD ofrecemos, día tras día, más de lo mismo; hemos conseguido crear unos &#8220;contenidos LPD&#8221; totalmente previsibles (que les gusten o no, ya saben, dependerá de si les gusta la McPollo o no, pero en cualquier caso LPD garantiza que nuestros contenidos saben como una McPollo, es decir, tienen siempre las mismas características); por último, en LPD seguimos unas pautas de funcionamiento rígidamente establecidas, cada vez en mayor medida; el diseño es siempre el mismo (que el diseño sea una porquería, al igual que los restaurantes McDonalds, ya es otro cantar), los empleados siguen un sistema de producción rígidamente establecido (los empleados a tiempo completo somos dos, lo cual parece acercarnos más a los comercios tradicionales, pero no se preocupen; ambos estamos muy McDonalizados), etc.</p>
<p>El libro de Ritzer, como pueden ver, constituye un ensayo de singular interés en tanto en cuanto sus directrices son fácilmente aplicables a múltiples ámbitos de la vida cotidiana; pero además Ritzer nos permite acercarnos un poco más al apasionante mundo de los McDonalds: ¿Sabía Usted que el payado Ronald McDonald es el personaje de ficción más conocido por los niños de América, después de Mickey Mouse? ¿Sabía Usted que desde 1968 existe una Universidad de la Hamburguesa, en la que McDonalds enseña a sus altos directivos cómo hacer hamburguesas, patatas fritas, McNuggets, &#8230; y que siempre tengan el mismo sabor? (Naturalmente, el título de Licenciado en Producción de Hamburguesas se consigue a los dos meses, en consonancia con la eficacia y amor por la velocidad de los McDonalds, pero eso no quiere decir que los cursos de preselección no sean enormemente duros; cualquiera no es capaz de hacer las McPollo de la forma deseada, es una labor destinada sólo a los más capaces).
</p>
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		<title>Comprender la globalización - Guillermo de la Dehesa</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Aug 2006 01:53:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>ste libro, escrito por uno de los gurús del pensamiento económico hispano (o lo más parecido a un interés por los asuntos económicos que alguna vez haya existido en nuestra recia y señorial España), y, sorprendentemente, bien escrito, pone sobre el tapete las cuestiones que en el futuro van a afectar de forma más acuciante a los futuros ciudadanos de un mundo globalizado; es, en este sentido, un libro interesante, por más que en ocasiones parezca demasiado afectado por el entusiasmo que a todo liberal (y De la Dehesa lo es sin duda alguna) provoca aquello de la globalización económica, a saber: vender, vender, vender sin freno, sin olvidar el preceptivo corte de mangas a los aduaneros del país en el que vendemos, porque a fin de cuentas haremos la declaración de Hacienda donde nos dé la gana.</p>
<p>De la Dehesa tiende a ver más ventajas que inconvenientes en el proceso de globalización, por más que no deja de observar múltiples problemas que aquejarán a la mayor parte de los habitantes del mundo, tanto desarrollado como subdesarrollado (naturalmente, estos últimos en mayor medida):</p>
<p>- La globalización reduce enormemente la soberanía de los estados nacionales, por cuanto se ven incapaces, en la mayor parte de los casos, a hacer frente a las acometidas de los movimientos de capital y las crisis financieras que estos movimientos de capital generan. Los Estados, al menos la mayor parte de los mismos, deberán ir acostumbrándose a renunciar a su soberanía económica (moneda, tipos de interés, modelo macroeconómico, etc.), so pena de que el mercado se enfade.</p>
<p>- La mano de obra no cualificada, por otro lado, más vale que se vaya buscando otro planeta, porque lo que es aquí, más allá de configurar &#8220;auténticas mantas andinas&#8221; y similares para los turistas, no va a encontrar trabajo. El futuro es para la mano de obra cualificada, especialmente en las nuevas tecnologías de la información, que, curiosamente, se concentra casi íntegramente en los países más desarrollados.</p>
<p>- Por otro lado, las formas culturales y sociales tienden a homogeneizarse cada vez más siguiendo un solo modelo global, con la pérdida de la riqueza que implica la diversidad de culturas y tradiciones (si les soy sincero, esto es para mi una buena noticia, aunque entiendo que muchos de Ustedes acaben teniendo nostalgia de entrañables tradiciones &#8220;que hay que respetar, porque son culturas distintas&#8221; como la ablación o el velo islámico, por ejemplo).</p>
<p>Entonces, ¿a quién beneficia la globalización? Pues a Estados Unidos, como siempre, que se encargará de imponer una moneda única (el dólar), una cultura única (el McDonald&#8217;s), un sistema político único (la democracia con un 5% de margen de error en el recuento), un idioma único (el inglés con cuatro palabras del español) y, en suma, un imperio único (el suyo, claro); para todos los demás, o casi todos (De la Dehesa le concede el beneficio de la duda a Europa) las cosas pueden ir a peor. Pero De la Dehesa es un liberal, y además creo que el muy ladino vive en EE.UU., así que no es de extrañar que a él todo esto le parezca perfecto (y a nosotros, desde el momento en que lancemos la versión inglesa de la Página, también nos lo parecerá).
</p>
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		<title>La era de las expectativas limitadas - Paul Krugman</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Aug 2006 01:53:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Boix</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Paul Krugman se convirtió a finales de los años 90 del siglo XX en un economista conocido para el gran público. Y no sólo en los Estados Unidos sino también en Europa. De otra forma, como es evidente, nadie de LPD (ni, por supuesto, tampoco yo mismo) habríamos oído nunca nada sobre él ni sabríamos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paul Krugman se convirtió a finales de los años 90 del siglo XX en un economista conocido para el gran público. Y no sólo en los Estados Unidos sino también en Europa. De otra forma, como es evidente, nadie de <em>LPD</em> (ni, por supuesto, tampoco yo mismo) habríamos oído nunca nada sobre él ni sabríamos de su existencia ajenos como somos al mundo de la economía y de su<em> star-system</em> académico. Con posterioridad, además, Krugman ha dejado de ser un economista dedicado a la divulgación, y ampliamente conocido y acreditado por ello, para convertirse en un intelectual (o lo que sea que a día de hoy equivalga a esta antigua denominación). Publica regularmente en <em>The New York Times</em>, con opiniones comprometidas social y políticamente, y lo hace, por supuesto, yendo más allá de cuestiones económicas por mucho que preste una especial atención a las mismas o a las implicaciones a este respecto de diversas cuestiones de actualidad. Así, por ejemplo, sus posiciones respecto de la <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbpolitica/libertadiraqui">Operación Humanitaria del Trío de las Azores</a> en Irak se convirtieron en 2003 en un interesante contrapunto a la versión dominante entonces en la opinión publicada estadounidense.</p>
<p>La obra que comentamos es otro de los <em>best-sellers</em> de Krugman que consideramos pueden ser interesantes para lectores sin excesivos conocimientos de economía, pero que han sido abducidos por las maravillas del capitalismo popular de nuestros días y, por la vía de ir invirtiendo unos ahorrillos en bolsa para sentirse propietarios de las antiguas empresas públicas colocadas en manos de esos gestores de bien de nuestros días y, de paso, hacer frente a las meléficas alzas del euríbor, aspiran a saber de qué va el asunto. Aunque sea para poder comprar y vender telefónicas o acciones del Santander teniendo la sensación de saber lo que hacen. Una primera fase al respecto es dedicarse a lecturas edificantes sobre <em>blackjack</em>, ruleta rusa y las bondades de la filatelia como producto de inversión. Pero los hay que, hartos de tragarse una pazguatada tras otra sobre análisis técnico, gráficos y demás maravillosas teorías astrológicas, acaban abandonando las consideraciones propias del mundo de la quiromancia, traicionan las lecturas sobre el particular, dejan que de ese negocio se encarguen las televisiones locales en horario de madrugada y pasan, en ese momento, a buscar explicaciones desde la Economía sobre cómo funcionan las cosas de verdad, para lo cual han de adentrarse en el proceloso y despiadado mundo real. Es menos elegante, mono y adictivo que los fuegos de artificio a los que uno se ha acostumbrado, peor más interesante. Observen, con todo, que no hablamos de Ciencia Económica, de momento, ni aspiramos a asegurar a quienes se inicien por esta senda que encontrarán algo que pueda presumirse válido con un cierto grado de confianza. Si quieren cosas fiables, dedíquense a las previsiones meteorológicas.</p>
<p>Krugman se ha especializado en producir estudios que sacian el hambre de este concreto comprador. Suministra alimento espiritual para el nicho de mercado &#8220;capitalistas con conciencia&#8221; con un arte y tronío equivalente al de Joaquín Sabina o los diseñadores de camisetas de Greenpeace. Con conciencia social, como decimos, y por una parte, hasta cierto punto. Pero, sobre todo, con conciencia de la necesidad de que subistan unas condiciones mínimas de igualdad y justicia, o al menos de posibilidades de que éstas se realicen o se aspire a alcanzarlas, para que el capitalismo pueda seguir funcionando. Porque, por supuesto, no encontraremos en Krugman una exposición radical o revoluncionada al respecto. Pero sí una interesante crítica, por así decirlo, desde dentro, provinente de la parte del entramado occidental donde encontramos habitualmente a los más firmes defensores de los pilares de nuestro sistema económico. Así, si en <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dblibros/157"><em>Vendiendo prosperidad</em></a> Krugman exponía ciertas ideas económicas básicas y cómo pueden llegar a convertirse en el Santo Grial de los políticos merced a su eficacia como reclamos publicitarios, en esta obra se adentra en una construida crítica sobre el modelo económico norteamericano y en consecuencia occidental. Aunque, como decíamos, una crítica dentro de un orden, esto es, siempre sin abandonar las coordenadas del capitalismo occidental convencional. De lo que se trata es de enmendarlo un poruito, pulirlo y abrillantarlo, no crean. Para que sea más justo y, sobretodo, porque sólo así se garantizará su supervivencia. No vaya a ser que Marx, al final, tuviera razón con eso de las contradicciones ínsitas e insuperables del engendro. No es de extrañar su éxito, por ello, en esta época de reconversión y viaje hacia la socialdemocracia y más allá que ha emprendido prácticamente toda la izquierda europea y su equivalente americano (o lo que sea, si es que existe algo así).</p>
<p>A juicio de Krugman las cosas no son tan bonitas como nos las pintan y vivimos una situación que debiera hacernos meditar, pues estamos dando por bueno un crecimiento más bien limitado, sin que se detecte una exigencia mayor por parte de ciudadanos, políticos, sindicatos&#8230; Esto es, m