De la Cierva, uno de nuestros autores malditos favoritos, y no solamente nuestro dado que sus libros siguen vendiéndose como rosquillas a pesar del boicot evidente al que le someten los grandes medios de comunicación (a excepción de LPD, que en esto también somos únicos), D. Ricardo de la Cierva, decíamos, ofrece a su marea de incondicionales una nueva obra. En este caso se trata de poner en solfa a la masonería, como habrán adivinado sin dificultad al leer el título. Todos ustedes sabrán, y si no se lo decimos nosotros, que los libros de Ricardo de la Cierva cumplen una doble función. Por un lado ilustran y entretienen al lector gracias a un notable ejercicio de erudición y buen estilo literario, y por otro sirven cumplidamente para los sanguinarios ajustes de cuentas del autor, que generalmente es la parte más divertida y sabrosa de la obra. En este caso, sin embargo, echamos de menos la acidez sarcástica habitual en D. Ricardo para machacar adversarios, puesto que las únicas referencias en este sentido (además del habitual puyazo a Aznar, en este caso por proclamar su admiración hacia la Institución Libre de Enseñanza y su veneración intelectual por Azaña, masonazo donde los haya), se refieren al padre jesuíta (y probable masón) Ferrer Benimelli, quien aboga en sus libros por un fraternal entendimiento entre la masonería y la Iglesia Católica (¡qué coño probable, este tío es un puto masón!), y a D. Javier Otaola, anterior Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica de España y autor de una obrita titulada “La Masonería hoy”, en la que califica a de la Cierva como autor antimasónico acusándole de mentir en sus libros sobre el tema (pobre, no sabe dónde se mete). De la Cierva no le tolera esa acusación, pero sobre todo repudia la horrible sintaxis del señor Otaola, algo mucho más grave si cabe. Como ven, un balance ciertamente escaso para lo que de la Cierva nos tiene acostumbrados. Quizá sea que D. Ricardo está perdiendo facultades con el paso de los años, pero lo cierto es que empezamos a echar de menos su habilidad para la mofa insultante que alcanzó cotas de glorioso virtuosismo en títulos como el inolvidable “Carrillo miente”, o su no menos divertido “Los años mentidos”, en los que pasa revista a lo más granado de la Gloriosa Transición (y disculpen las mayúsculas).

Centrándonos en el libro en sí, que de eso se trata, hemos de aclarar que no es la primera incursión del insigne historiador en el tenebroso mundo de las logias, dado que con anterioridad había publicado “El triple secreto de la masonería”. En esta ocasión, a lo ya sabido por sus anteriores aportaciones, suma los resultados de una concienzuda investigación por los océanos cibernéticos de la red de redes. Sí, quizá tengan ustedes razón al pensar que hay que ser un poco caradura para pergueñar un libro con retazos de otros anteriores sobre el mismo tema, pero coño, es que son casi setecientas páginas de tocho, y la masonería, a pesar de su innegable atractivo literario, no da para tanto.

En esta ocasión, de la Cierva da un repaso, en el más amplio sentido del término, a la historia de la masonería desde sus inicios hasta la actualidad. Han de saber ustedes que la masonería hunde sus raíces en la Edad Media donde nació como una fraternidad de ayuda mutua para los miembros de los gremios -especialmente los relacionados con la construcción- y que en sus orígenes estuvo impregnada de una innegable religiosidad, algo inevitable por otra parte en cualquier actividad humana de esa época.

Es con la ilustración, y sobre todo a partir de la Revolución Francesa (orígen de todos nuestros males si hemos de hacer caso al autor), cuando la masonería (también) pervierte su razón de ser para convertirse en una sociedad cuyos miembros se comprometen solemnemente a trabajar por la secularización de la sociedad y a luchar contra el poder terrenal de la Iglesia Católica (unos cabrones como ven).

El libro nos ilustra sobre los hechos masónicos más destacados a lo largo de la historia, deteniéndose en casos tan llamativos como el de los asesinatos de Jack el Destripador (desentrañado recientemente por un autor inglés) o el asesinato de Calvo Sotelo por una partida de masones unos días antes del comienzo de la guerra civil. Además, en el libro se cuenta con todo detalle el desarrollo de los rituales para la adquisición de los 33 grados de la escala masónica lo que servirá sin duda para saciar la curiosidad de todos aquellos interesados en la parte más folclórica del asunto.

Lo cierto es que hay que estar muy desocupado o no tener un ápice de sentido del ridículo para dejarse someter a este tipo de liturgias circenses. No les vamos a desvelar ningún ritual en concreto. Tan sólo les diremos que el hecho de que un grupo de señores, por lo general respetables, se dediquen a perpetrar esas majaderías ataviados con mandiles y demás parafernalia, sólo se puede entender en una época en la que no existía la televisión y la gente no podía disfrutar aún de Crónicas Marcianas.

La parte final del libro sirve a D. Ricardo para apuntar la existencia de lo que él llama la “masonería invisible”, mucho más secreta que el resto de órdenes masónicas, autodenominadas “discretas”, y que manejaría los hilos de la política mundial. La Trilateral o el Club de Bilderberg no serían más que la tapadera de esta siniestra hermandad, entre cuyos fines estarían la perpetuación de un gobierno mundial en la sombra, para lo cual ya se han empezado a dar los pasos necesarios a través de eso que se ha dado en llamar “globalización” (¿les suena?).

El libro es bastante entretenido, como todos los de D. Ricardo, y contiene informaciones jugosas. No les digo más que Clinton es un jodido masón comprobado, que la mayoría de presidentes norteamericanos (incluyendo a los dos Bush) proceden de una sospechosa asociación secreta denominada “Skull and Bones”, (términos masónicos donde los haya) o que Azaña, a pesar de que algunos historiadores lo sitúan en el grado 33 tan sólo llegó a iniciarse en el primer grado (por lo visto a D. Manuel, dotado de una habilidad innata para reírse del prójimo, no le hizo gracia deslizarse por el suelo en paños menores con una soga al cuello rodeado de capullos con mandil, y decidió que con ese episodio ya tenía masonería suficiente para el resto de su vida).

No podemos finalizar esta reseña sin destacar el capítulo que de la Cierva dedica a la logia Propaganda Due - la famosa “P2″-, que tanto tuvo que ver en la quiebra del Banco Ambrosiano con el descrédito que ese episodio supuso para el Vaticano. Hasta tal punto es concienzuda la aportación de datos, que el autor se permite endilgarnos 26 páginas exclusivamente con los nombres de los miembros de la logia en el momento de su desarticulación por la policía. Sí señores, veintiseis páginas con nombres de italianos a los que no conocen ni sus vecinos. ¿Hay alguien más que tenga pelotas para incluir algo así en un libro?.

De la Cierva, Ricardo. La Masonería Invisible, una investigación en internet sobre la masonería moderna. Fénix. Madrid 2002. 678 págs.