La Gloriosa Transición Española (en adelante GTE) contó con la participación, en algunos casos decisiva, de algunos personajes que sin embargo han pasado a la posteridad de forma escasamente relevante. Sí, amigos, aunque les cueste creerlo, antes del advenimiento de D. Felipe González Márquez a su destino monclovita ya existían en nuestro país algunos vestigios democráticos (sistema parlamentario, elecciones libres, una constitución, separación de poderes, etc.), gracias a lo cual, el Sr. González pudo iniciar su laboriosa tarea de dejar a España irreconocible incluso para la mismísima madre que la parió sin necesidad de perder su precioso tiempo en organizar la estructura mínima de un estado democrático moderno.

Además de este ninguneo a mayor gloria de Gzlez., el autor de este pequeño libro de memorias ha debido soportar el baldón infame que le impusieron los medios de comunicación en su momento (la imagen “oficial” de D. Leopoldo es la de un político gris, escasamente inteligente, sin sustancia y capaz de aburrir a las ovejas) que habrá de acompañarle hasta sus últimos días. Le ha ocurrido lo mismo que a D. Fernando Morán, uno de los políticos más inteligentes y mejor dotados de la historia reciente del socialismo español, a quien le fabricaron desde sus propias filas una imagen de tonto del pueblo, más injusta si cabe porque algunos de los que participaron en esa infamia no le llegaban (ni le llegan) al venerable profesor ni a la suela de los zapatos.

El presente libro nos descubre a un Calvo-Sotelo en las antípodas de la imagen que nos han vendido de él. La inteligencia y la ironía con la que está escrito no desmerece en absoluto a ninguna obra de las que ya se consideran clásicas en el análisis de esta convulsa época de nuestra reciente historia. Su habilidad para el retrato psicológico y su mala leche se revelan en todo su esplendor para ofrecernos unos retratos desternillantes de alguno de los co-protagonistas de la pequeña intrahistoria de la GTE, como es el caso de Herrero de Miñón (primer prototipo de tránsfuga “non stop”, en definición del autor), los cuales encuentran su lugar adecuado en la sección denominada, con toda propiedad, “Nominilla de tránsfugas”.

Después de la lectura de esta breve obra uno no tiene más remedio que reflexionar sobre las miserias de esta sociedad víctima de la imagen. No es posible explicar de otra forma que un iletrado como Suárez (de quien Fernández Ordoñez comentó un día, jubiloso, “¡ha roto a leer!”) haya pasado a la posteridad -al margen de sus indudables méritos políticos- como el paradigma de la inteligencia, y Calvo-Sotelo, cuya cultura camina a años luz del precitado, lo haga poco menos que como un zoquete ignorante.

Se trata de un libro que se lee de un tirón, que servirá para que el lector tenga otra visión de nuestra GTE, y que sobre todo contribuirá a reivindicar la figura de su autor como el político que tuvo que lidiar con las circunstancias más duras de esa época (inició su mandato dos días después de un golpe de estado), y además es capaz de reflejar en un libro todos esos acontecimientos de forma extremadamente amena y accesible incluso para el lector más profano.