Año de nuestro Señor de 935
García Sánchez I se casó con la hija de Galindo Aznar II, que se llamaba Toda (así, como suena), consiguiendo todo el condado de Aragón en calidad de dote. El todo Navarra asistió a la boda, asumiendo que con la unión de los bárbaros pirenaicos occidentales con los no menos bárbaros pirenaicos centrales el resultado sería un reino con un poder gigantesco, en otras palabras y como diría un comentarista argentino ante cualquier gol del Pelusa: Bárbaro.
La unión de Navarra y Aragón se mantuvo unos cuantos años y fue el comienzo de una serie de uniones y desuniones entre ambos reinos que jalonan las respectivas historias medievales. En este caso, las cosas no fueron demasiado bien al principio, pues una siniestra figura se interponía entre los navarro - aragoneses y la felicidad: esa figura era Almanzor, quien como ya hemos contado tenía la hermosa costumbre de hacer salidas de fin de semana, acompañado de su Ejército (que este sí, era Bárbaro en todos los sentidos de la palabra), con el fin de matar y saquear. De tal forma que el sucesor de García Sánchez I, Sancho Garcés II (observen la continuidad en los nombres, casi enfermiza), no tuvo más remedio que acceder a la boda de Almanzor con su hija Sancha para que el caudillo árabe dejase en paz sus tierras. Este prometió, en contrapartida, matar y saquear en Navarra y Aragón solamente una vez al mes, con lo que Sancho Garcés II se dio por satisfecho. Naturalmente, Almanzor no cumplió lo prometido, pero al menos se dejaba caer por el palacio de Sancho Garcés II después de su matanza semanal para saludar al suegro y engullir suculentos manjares a su costa, pero respetando los bienes de Sancho Garcés, el cual, como buen monarca medieval, se quedó tan contento, sin preocuparse por las vidas de sus súbditos.
Su sucesor nos hace volver al hermoso mundo de los apodos, y además por la puerta grande: se trata de García Sánchez II (994 - 1000), el Temblón. ¿Se dan Ustedes cuenta? Desde los tiempos de Bermudo I el Gotoso que no habíamos asistido al alumbramiento de un apodo tan original. En este caso, el motivo de su sobrenombre era el temblor nervioso que le entraba al rey antes de entrar en batalla y comprobar el lamentable estado de su ejército, que compartía educadamente el temblor con su rey. Según los croniscas, al menos García Sánchez se comportaba valientemente en batalla, lo cual no deja de ser un magro consuelo a la vista de las sucesivas derrotas contra Almanzor, quien esta vez ni siquiera se molestó en pedir a ninguna de las hijas del Temblón.
Pero a la muerte de García Sánchez II subió al trono de Navarra alguien que la llevaría a la cúspide del poder en la península ibérica, aquel en quien todos Ustedes están pensando (y no nos referimos a Almanzor): Sancho III “El Mayor”.
« « Capítulo LXXI: El Reino de Navarra | Capítulo LXXIII: Sancho III, el Primo de Zumosol » »

