Año de nuestro Señor de 966
Sancho I el Gordo terminó sus días de forma siniestra, pues murió envenenado. Al encontrar a su papá muerto entre los restos de un venado asado, su hijo Ramiro III (966 - 985) rompió a llorar. ¿No eran los asesinatos de este tipo una cosa del glorioso pasado visigótico? La grandeza de Sancho, y accesoriamente el hecho de que para mantener su grandeza se atizara prácticamente todos los alimentos disponibles en el reino, mantuvo a los nobles en una posición levantisca que se oficializó a su muerte.
Porque el hijo de Sancho sólo tenía cinco años a la muerte de su padre y se encargó de la regencia su tía Elvira, una monjita cuya belleza, como ocurre con todas las Hermanas que deciden casarse con el Señor, sólo rivalizaba con su bondad. Es decir, que la pobre mujer no se enteraba de nada y aunque rezó abundantemente al Señor para pedirle Su protección, Él decidió de forma inapelable que un reino español no podía estar regentado por una monjita y un niñato y permitió que los nobles pasaran de todo y se dedicaran a hacer patria en sus posesiones.
Por eso cuando Ramiro III llega al trono a su mayoría de edad, los nobles no le hacen ni pastelero caso, y vista la incapacidad de Ramiro para hacer frente a las tropas de Almanzor, lo destronan, nuevamente en plan visigótico, y eligen a Bermudo II (985 - 999), que no consiguió absolutamente nada de provecho contra Almanzor pero al menos tenía un mote simpático que además era una buena excusa para no presentarse en batalla: “El Gotoso”.
Le sucede Alfonso V (999 - 1029), que como todos los reyes cristianos de la época se aprovechó del caos de Al - Andalus para conquistar territorios en el Sur. La verdad, hay que decir que este señor no acaba de convencer, pues aunque tenía condiciones e incluso algunos dicen que manejando la espada era un auténtico virtuoso (más o menos como algunos futbolistas, Alfonso V “tenía un guante en la mano izquierda”, aunque esto pueda parecer una tautología), un pequeño detalle hace que lo juzguemos negativamente: ¿dónde se ha visto un rey que se precie en la Alta Edad Media, sin apodo? ¿Adónde vas, Alfonso V, pobre de ti?
Alfonso terminó sus días sitiando Viseo (Portugal), donde murió tras ser alcanzado por una saeta. Le sucedió Bermudo III (1029 - 1037), de quien ya hemos hablado en el capítulo anterior. Este rey se pasó la vida atizándose con Sancho III el Mayor, de tal forma que buscando la alianza de los condes de Castilla intentó casar a su hermana Sancha con García Sánchez, pero el asesinato de este último paró el proyecto, Sancho III el Mayor se hizo con Castilla y su hijo, Fernando I, acabó con Bermudo III en la batalla de Tamara, uniendo Castilla y León bajo su mando.
Hagamos un alto en el camino para recapitular: en el transcurso de unos setenta años hemos visto pasar a unos cuantos reyes leoneses, plenos de ilusiones, plenos de esperanzas, pero incapaces de hacer frente a Almanzor, primero, y de sacar réditos suficientes de la desintegración de Al - Andalus, después. Tan pronto como Al - Andalus desaparece, los reyes cristianos comienzan a atizarse para repartirse el pastel, y es Sancho III el Mayor el que vence de largo. Pero, ¿quién es este pesado que tanto comienza a aparecer en nuestra Histeria? ¿Era tan duro como aparentaba? ¿Intentaba crear una Euskal Herria independiente cuando, de hecho, Euskal Herria ya era independiente y lo que no existía era la España opresora? Preguntas que se nos acumulan sobre la mesa y a las que daremos respuesta dentro de algunos capítulos, porque por el momento, como Ustedes comprenderán, habrá que hablar un poco de los orígenes de sus reinos, Aragón y Navarra.
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