Año de nuestro Señor de 672

El sucesor de Recesvinto, en el año 672, es Wamba, que no tiene nada que ver con las zapatillas, y que pese a su ridículo nombre (por otro lado, habitual en los monarcas visigodos) constituye el último intento de preservar el Estado visigodo. Nada más llegar al trono, Wamba sofoca una rebelión de los nobles que no había aniquilado Chindasvinto, e impone una serie de medidas de carácter impositivo para intentar que pierdan poder. Vano intento: al parecer, los 200.000 visigodos que llegaron a España debieron ser nombrados nobles, porque si no, yo no me explico el aguante de estos tíos.

Pese a las dificultades dinásticas, a Wamba le da tiempo a rechazar un intento de invasión árabe; en el año 675, la escuadra visigoda rechaza a los musulmanes, que por entonces debían utilizar, a la luz de su aplastante derrota, los mismos medios de transporte para cruzar el estrecho que ahora. La victoria contra los árabes constituye, sin duda, una de las victorias más épicas de nuestra gloriosa Armada, así que cuádrense (la otra victoria es Lepanto, también contra los árabes, y pare usted de contar). Pero poco después de esta gran victoria, a Wamba le traiciona uno de sus allegados, su sobrino Ervigio, que le administra un narcótico en la bebida y posteriormente, aprovechando el profundo sueño de Wamba…. No puedo decirlo, es demasiado horrible: ¡Le corta el pelo!

Incapaz de soportar una afrenta semejante, Wamba se retira a un convento y su traicionero sobrino, dotado sin duda de una frondosa cabellera, se hace con los mandos de la tribu, porque una tribu prehistórica es a estas alturas la monarquía visigótica. Ervigio reina siete años, enfrentado a los judíos, que intentaban apostatar del catolicismo. A su muerte lo sustituye Egica, casado con una hija de Wamba, que lo primero que hace al acceder al trono es repudiar a su mujer (debía estar medio calva, suponemos), y lo segundo, asociar a su hijo Witiza al trono. Nos acercamos (por suerte) al final, porque los nobles, melenudos ellos, no aceptan que la monarquía sea hereditaria, y van a acabar creando una auténtica guerra civil. Pero eso ya lo veremos en el capítulo siguiente, “Don Rodrigo”.