Año de nuestro Señor de 586

Leovigildo la palma en el año 586, presentando una hoja de objetivos cumplidos a su hijo, Recaredo. Este último personaje es también enormemente admirado en la historiografía nacional-católica; a pesar de cometer el terrible pecado de no tener un nombre terminado en -ildo, Recaredo, fue un gran rey, como lo oyen. ¿Por qué? Para empezar, su primera decisión en la corte es proferir las siguientes palabras: “Adiós, Sisberto”, dirigidas al asesino de su integrista hermano Hermenegildo (por cierto, Santo). Los avezados nobles cogen al interfecto y se lo cargan ahí mismo a espadazos (la justicia goda era mucho más diligente que la que tenemos ahora; ni jurisprudencia, ni recursos, ni leches).

Por si esto no fuera suficiente,la segunda decisión de Recaredo es destruir toda la obra y el trabajo de papá y convertir el Estado visigodo, por decreto - ley, en un Estado católico. En el III Concilio de Toledo, las Cortes visigóticas (es decir, los nobles y el clero; ¿o qué se pensaban?) deciden por unanimidad convertir el catolicismo en religión oficial de España. Es esta una medida de singular trascendencia, fundamentalmente porque no fue derogada hasta hace pocos años, lo que nos habla del respeto a la ley (o a según qué leyes, claro) de los que nos han gobernado desde tiempos inmemoriales.

Por lo demás, no nos consta que Recaredo hiciera absolutamente nada, excepto vengarse del asesino de su hermano (loable, aunque un poco drástico y ventajista al mismo tiempo: ¿por qué no se vengó de papá?) y convertir lo oficioso en oficial (loable, claro; vean las hondas raíces del nacional - catolicismo). ¿Pero acaso esto no es suficiente? Además, habida cuenta de que los cronistas son unánimes en afirmar que Recaredo fue “magnánimo, bondadoso, amable, valiente”, no podemos sino regocijarnos de haber tenido un rey tan excelente. Claro, los que tan bien hablan de Recaredo son sacerdotes católicos, pero esto en realidad es garantía de hasta qué punto es verdad lo que comentan, porque ¿quién puede ofrecer una formación moral más sólida que la Iglesia de cualquier época? Vean si no se lo creen a uno de los más egregios: “San Isidoro”.