Año de nuestro Señor de 484

 A Eurico lo sustituye su hijo Alarico, en un ejemplo claro de las bases de la “democracia orgánica”. Alarico era un arriano recalcitrante (ya hablaremos de ello, aquí o en nuestra sección de Teología), y persiguió continuamente a los católicos. Como ven, Alarico surtió, al igual que la República muchos años más tarde, a la Iglesia de mártires hispánicos. Alarico muere en la batalla de Vouillé (507) contra el rey franco Clodoveo, que era católico y santo (claro). Su hijo Amalarico es nombrado rey a los nueve años, y con trece muere en otra batalla, otra vez contra los francos (Clodoveo en verdad era Santo), en la que los visigodos pierden la capital, Narbona, y se trasladan a Barcelona.

Siguen varios años de decadencia hasta que el general Teudis se hace con el cotarro y conquista Ceuta a los bizantinos, que la reconquistan pocos años más tarde, ayudados por los nativos, que ya entonces sabían que Ceuta pertenecía a Marruecos (que no existía, pero ese es un detalle sin importancia). Teudis muere asesinado en el 548, y es sustituido por Teudiselo, que a punto está de batir el récord fijado por Sigerico, pues la palma asesinado un mes más tarde. Agila aguanta cinco años en el trono, antes de ser asesinado (esto de ser rey en la época visigótica venía a ser como hacer política “españolista” en el País Vasco; por lo visto, tan demócratas eran unos como los otros). Agila era bastante incompetente, como demuestra el hecho de que permitió instalarse a los bizantinos en el sur de la Península.

Atanagildo es elegido sucesor en el trono, y sorprendente murió en la cama, así que debía ser todo un dictador. Trasladó la capital de Barcelona a Toledo, iniciando en fecha muy temprana, como ven, la larga serie de agravios pendientes que tienen los catalanes con el centralismo ibérico. Por lo demás, Atanagildo también demuestra tenerlo todo “atado y bien atado” para su sucesión, pues a su muerte aparecieron tres partidos: los continuistas, representados por Liuva, que cede el poder su hermano Leovigildo, el reformista, que somete a los rupturistas vascones, que ya por entonces habían tomado conciencia de su superioridad respecto a los invasores visigóticos. Leovigildo hizo muchas más cosas en su reinado, todas ellas buenas, pero antes de referirnos a él resulta inevitable mencionar dos elementos que condicionaron en buena medida su buen gobierno; la primera de ellas, la aparición de “Los bizantinos”.