Año de nuestro señor de 406
Después de la muerte de Teodosio, una nueva época de nepotismo y corrupción se instaló en Roma, naturalmente encabezada por emperadores extranjeros que hicieron oídos sordos a las sabias recetas españolas contra la crisis. Y de esta manera, la descomposición completa del Imperio Romano de Occidente fue un hecho (el de Oriente se descompuso a lo largo de diez siglos más); los pueblos germánicos cruzaron el Rhin empujados por los hunos y otros salvajes asiáticos, y a la vista de los resultados se volvieron tan salvajes como estos. La invasión germánica conformó lo que ha sido conocida como Época Oscura de la historia europea, en la que la cultura, el arte y la civilización occidentales fueron aplastadas por la barbarie (es curioso que cada vez que los alemanes intentan dominar el mundo, el resultado sea una Época Oscura).
Suevos, Alanos y Vándalos eran pueblos eslavos (o germánicos, o lo que sea; todo era un barullo de progres) que entraron en nuestra Península a principios del siglo V (406) para traernos la visión humana de los germanos sobre la vida, materializada en saqueos continuos en las ciudades, destrucción gratuita y expolios sin freno; para ser sinceros, hay que reconocer que nosotros, los iberos, no dimos una respuesta propia de nuestro pueblo a tales afrentas; siglos de contacto con la civilización romana nos habían amariconado bastante, así que el Emperador romano (o lo que quedaba de él) decidió otorgar a otro pueblo germánico, los visigodos, la administración de Hispania a cambio de garantizar el orden y expulsar a los bárbaros (a eso se llama apagar un incendio con gasolina). Sorprendentemente, la medida, en un principio, fue enormemente positiva: los visigodos expulsaron a los vándalos al Norte de África (donde estos, llegados en oleadas de pateras, fundaron un reino), exterminaron a los alanos de la faz de la tierra y arrinconaron a los suevos en Galicia, como paso previo para emigrar. Es decir, exterminio, exilio forzoso y, por encima de todo, Ornung (orden): prueba de que los alemanes no han cambiado con el paso del tiempo.
Como resultado de todo ello, los visigodos, un pueblo de salvajes, se quedó con todo el cotarro en la rica Hispania, ante la pasividad de nuestros ancestros. Pero todo eso comenzaremos a explicarlo en nuestro próximo capítulo: “La llegada de los visigodos”.
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