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	<title>Historia</title>
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	<pubDate>Mon, 29 Oct 2007 17:31:35 +0000</pubDate>
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		<title>Capítulo CXIV: Martín &#8220;El Humano&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Oct 2007 17:31:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Pedro IV el Ceremonioso tuvo dos hijos, entre los que, siguiendo la absurda costumbre medieval que tantas veces hemos glosado ya, dividió sus reinos. El mayor, Juan, se quedó el reino de Aragón, y el menor, Martín, el de Sicilia (que, de hecho, ya comenzó a gestionar en vida de Pedro IV). Así que tendría [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pedro IV el Ceremonioso tuvo dos hijos, entre los que, siguiendo la absurda costumbre medieval que tantas veces hemos glosado ya, dividió sus reinos. El mayor, Juan, se quedó el reino de Aragón, y el menor, Martín, el de Sicilia (que, de hecho, ya comenzó a gestionar en vida de Pedro IV). Así que tendría que ser, una vez más, la sabia naturaleza la que desfaciera los entuertos humanos, por la única vía que conoce: matando.</p>
<p>Juan I tuvo un reinado bastante corto (1387-1396). Y menos mal que así fue, porque al tío se le conoce con los sobrenombres, a cual más mariconsón, de “El Cazador” o, agárrense, “El Amador de la gentileza”, lo cual no sé si significa que es que se iba mucho de putas o que declamaba poesía que daba gusto verlo. La verdad es que probablemente sería lo primero, y a lo anterior podríamos unir el sobrenombre de “El Vago”.</p>
<p>Verán Ustedes, el tío se casó dos veces (lo cual en sí tampoco es para tanto, y menos en aquella época, en la que no hacía falta divorcio porque, total, se morían). La primera con la hija del conde de Armagnac. La segunda, con una sobrina del rey de Francia, Violante de Bar, en 1380. Este segundo matrimonio lo lleva a cabo contra la opinión de Pedro el Ceremonioso y, sobre todo, de la entonces reina, Sibila de Fortià, así que Juan las pasa canutas hasta 1387, año en el que por fin sucede al Ceremonioso. Lo primero que hace es encarcelar a la reina y otorgarle todas sus prebendas y riquezas a su esposa (y nueva reina) Violante. Lo segundo, gastarse, según explican los historiadores, todo el presupuesto público en francachelas que monta con su mujer y sus amigotes. Cuando se acaba el dinero, comienza a pedir dinero a diestro y siniestro a las Cortes. Como los representantes de los distintos reinos se niegan a aflojar la mosca, Juan intenta eliminar sus privilegios y gobernar en plan caudillo.</p>
<p>Pero, naturalmente, esto sirve de poco si los que supuestamente padecen tu reinado del terror siguen sin soltarte el dinero. Así que, desesperado, Juan I adopta una de las decisiones más imaginativas de nuestra Histeria: se inventa –literalmente- una invasión del reino a cargo del Conde de Armagnac (sí, su ex suegro) para que las Cortes le den el dinero necesario para rechazarla. Lo gracioso del caso es que el prestamista habitual de Juan I es quien financia también la expedición de Armagnac (en plan “venga, suéltale al chaval lo necesario para que monte un ejército apañao y aparente, no sea que alguien no se lo crea”). Este es un recurso actualmente muy manido, pero entonces tenía cierto mérito: “Armagnac amenaza con emplear sus armas de destrucción masiva; ¡sabemos que las tiene, y tenemos pruebas! El cabrón de Armagnac incluso se ha hecho con un Santo Grial en Níger con el que repartirá unas yoyah que no veas. ¡Puede enviar un ejército de Francia a nuestro reino en menos de 45 minutos!”</p>
<p>Lo mejor del caso es que ni así consigue Juan I que las Cortes le financien en lo más mínimo su expedición defensiva (pese a lo cual, oh casualidad, rechaza sin problemas al “invasor”). Pero la resistencia de las Cortes para conceder empréstitos especiales no puede impedir que los diez años de gestión imprudente y manirrota, unidos a las excesivas, para un Reino tan pequeño y poco poblado, “exigencias imperiales” a que el Ceremonioso había sometido a la Corona de Aragón, dejen la hacienda pública en la bancarrota y a la Corona de Aragón en su conjunto en un proceso de acelerada decadencia.</p>
<p>La muerte de Juan I tampoco mejoró excesivamente las cosas. Su hermano, “Martín el Humano” (1396-1410), intenta racionalizar mínimamente la Administración y evita dejarse llevar por los mismos vicios de la Carne que perdieron a su hermano. Pero los sustituye por vicios mucho peores: por una parte, la cultura. Como denota su, al mismo tiempo ,minimalista, redundante y pretencioso sobrenombre, el tío se dedica a conceder subvenciones a un montón de artistas conceptuales de la época (no les digo más) que agujerean aún más las cuentas públicas. Y, por otra parte, los delirios de grandeza. A pesar de que en los años finales de su reinado el gusto por las empresas militares prácticamente desaparece y se disfruta de algunos años de paz, los años previos son pródigos en iniciativas en este apartado.</p>
<p>Algunas de ellas necesarias, como la pacificación de Sicilia (que llevaba a esas alturas veinte años de levantamiento de la nobleza autóctona contra los aragoneses –sabían lo que se les venía encima) o la reconquista de Cerdeña a los genoveses. Otras, notoriamente absurdas: Martín el Humano se erige en defensor del Papa Luna, Benedicto XIII, al que salva de un asedio francés en Avignon y se lo trae consigo a Peñíscola, convirtiéndose en su protector (que ya me dirán Ustedes de qué sirve tener un Papa si a éste sólo lo reconoces tú). Y, sobre todo, al hombre se le ocurre la brillante idea de montar dos cruzadas contra el Norte de África, que fracasan en su empeño al poco de salir del puerto de Barcelona, merced a sendas tormentas.</p>
<p>Sin embargo, aunque el balance es, como ven, muy negativo, Martín el Humano es recordado, sobre todo, porque a su muerte, sin descendencia y sin que se hubiera molestado en nombrar a un sucesor, hubo un cambio de dinastía en la Corona de Aragón. Cambio que acabaría facilitando sobremanera la unión de Aragón con Castilla y, en suma, la reunión de esa unidad de destino en lo universal que llamamos España: “El Compromiso de Caspe”.
</p>
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		<title>Capítulo CXIII: Pedro IV &#8220;El Ceremonioso&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Oct 2006 15:18:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
		<category>histeria_dc</category>

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		<description><![CDATA[El largo reinado de Pedro IV (1336-1387) tuvo que enfrentarse a todo tipo de vicisitudes, internas y externas, debidas tanto a motivaciones reciamente españolas (repartir yoyah) como a aportaciones extranjeras (la Peste Negra) que debilitaron enormemente el reino. Pese a lo cual, Pedro consiguió salir bastante airoso, e incluso aumentó considerablemente los territorios de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El largo reinado de Pedro IV (1336-1387) tuvo que enfrentarse a todo tipo de vicisitudes, internas y externas, debidas tanto a motivaciones reciamente españolas (repartir <em>yoyah</em>) como a aportaciones extranjeras (la Peste Negra) que debilitaron enormemente el reino. Pese a lo cual, Pedro consiguió salir bastante airoso, e incluso aumentó considerablemente los territorios de la Corona. Y, además, lo hizo con un donaire y una alegría dignos de encomio, montando todo tipo de <em>performances</em> protocolarias, para los asuntos más diversos, que le hicieron merecedor de tal título (“El Ceremonioso”).</p>
<p>¿Que había que declarar una guerra? Pedro se investía de los símbolos del mando (el manto, la corona real, el cetro, el peazo espada y/o garrote, según los casos) y en un plis plas montaba una pocholada de show en Palacio explicando cómo los enemigos de la civilización occidental, es decir, la masonería y el judaísmo, seguían intrigando incesantemente contra la parte de España que le había tocado en suerte, y que su moral y sus profundas convicciones religiosas le abocaban a usar la espada como única vía posible de resolución de conflictos y consumación de la paz. Acto seguido, todos los presentes en la sala rivalizaban en soltar discursos con aún más retoricismo vacuo, haciendo rendidos elogios a la nobleza del rey, su pureza de espíritu, su prestancia y masculinidad que resumían en un solo hombre, mitad monje, mitad soldado, todas las virtudes espirituales y viriles que definen a un español de pro. Luego la Corte en pleno rezaba un Te Deum, se arrodillaba frente al monarca y ejercitaba un complejo ritual de reverencias, escorzos, ademanes y cabriolas para expresar su honda devoción. Finalmente, todos se investían de sus ropas y demás aditamentos de armas y se disponían a soltar <em>yoyah</em> por doquier, que es de lo que se trataba. Y no se crean Ustedes que para cuestiones más del día a día las cosas eran sustancialmente más sencillas; si alguien brindaba por el Rey, lo hacía con todas las consecuencias; si alguien tenía que ir al baño, había de contar con un par de horas de margen para elaborar el rito peticionario correspondiente; y todo así. De hecho, Pedro IV es el orgulloso autor de una obra legal de tan bello título como “Ordenacions fetes per Le Molt Alt Senyor en Pere Terz [III Conde de Barcelona, IV Rey de Aragón] Rey D&#8217;Aragó sobre lo regiment de tots los oficials de la sua Cort”, reglamento en el que se describían pormenorizadamente todas las obligaciones, actividades y modelos de comportamiento de cada uno de los integrantes de la Corte, desde el más elevado noble hasta los cocineros y criados. Imagínense qué maravilla, esto es como el mito del Movimiento Perpetuo: ¡regular el ceremonial mediante textos ceremoniales! ¡La de documentos que firmaría! ¡Lo pondría todo perdido de pólizas!</p>
<p>El balance de la gestión de Pedro es contradictorio, porque aunque le salió casi todo bien, llegó al éxito con enormes dificultades, que revertirían negativamente en la salud del Reino. En la política exterior puede calificarse de éxito completo, puesto que venció total o parcialmente en todos los conflictos que mantuvo (que fueron, en tanto español, muchos y variados) y supo rodearse de los aliados adecuados en cada ocasión, aunque luego algunos (Enrique II de Trastámara) le traicionarian en plan mezquino cuando llegaba la hora de repartir las prebendas. En la parte inicial de su reinado, Pedro IV ayudó a Alfonso IX el Justiciero a tomar Algeciras, así como en el infructuoso sitio de Gibraltar. También se afanó en buscar el vasallaje de su cuñado el rey de Mallorca, Jaime III. Este, que estaba harto de los rollos ceremoniales de Pedro en las comidas familiares y del cariñoso apodo con el que era recibido (“vaya, ya está aquí el cuñado gorrón de la familia”) pero que, sobre todo, no podía soportar ni un minuto más las exigencias del ritual de vasallaje a Pedro (imagínense qué pedazo de humillación, y sobre todo qué humillación más larga, montaría Pedro IV a los efectos), se negó a otorgarle vasallaje, con lo cual Pedro, ante tal afrenta, y tal oportunidad de aumentar sus dominios a costa del pariente pobre, indignado le declaró la guerra.</p>
<p>El reino de Jaime (compuesto de las islas Baleares y el Rosellón) era extraordinariamente difícil de defender, en un bonito preludio, a pequeña escala, de lo que resultaría el Imperio español del siglo XVII, y además contaba con insuficientes recursos para enfrentarse a su insufrible cuñado. Así que, tras sucesivas victorias de Pedro IV, éste desembarca en Mallorca y en la batalla de Llucmajor (1349) desposee a Jaime III de todos sus territorios, haciéndose con el Rosellón y con las Baleares, que a partir de ese momento, y hasta la llegada de los alemanes en sucesivas oleadas a lo largo del siglo XX que finalizarían con la momentánea aparición de la Ecotasa, pasarían a formar parte de la Corona de Aragón y, por ende, de España.</p>
<p>Durante estos años, Pedro sufre dos problemas coetáneos que contribuyen a devastar su reino: el primero es la rebelión de los nobles de Aragón y Valencia, con un motivo tan español que casi me dan ganas de escribir un capítulo de la Histeria sólo sobre esto: Pedro había nombrado heredera del trono a su hija Constanza, y claro, como pueden Ustedes imaginarse, ¡cómo va a heredar el trono una mujer! Así que los nobles se ponen a coser boinas rojas y a fabricar escapularios como posesos y le mandan a Pedro IV una carta chulopiscinas denominada “el Privilegio de la Unión” en la que, en efecto, le exigen al rey que les dé un montón de privilegios y prebendas, dada su noble condición (de los nobles, claro). Pedro, arrinconado, no tiene más remedio que sancionar (firmar) el Privilegio en las Cortes de Zaragoza (1347), pero poco después, una vez conseguido el apoyo de Cataluña, el único de los tres reinos que no le había montado follones nobiliarios, monta, de nuevo en dichas Cortes, un espectáculo ceremonioso digno de verse: en mitad de la Corte, coge un puñal, agarra el Privilegio de la Unión y, con saña, lo rasga con un puñal. En ese momento, llevado de su fervor, Pedro se corta la mano con el puñal, lo cual le permite soltar una frase que pasaría a la historia y que completaría el ciclo lógico del ritual: “¡Privilegio que tanta sangre ha costado, no se debe romper sino derramando sangre!”, bello preludio de las <em>yoyah</em> que se disponía a asestar a los cabrones de la Unión (en realidad, probablemente la cosa fuera más del tipo “¡Ay, la hostia, que me he cortao con el puto puñal!&#8221;, pero claro, la frase oficial mola más).</p>
<p>Y damos fe de que el tío, lo que se dice derramar sangre, la derramó a mansalva. Venció a los nobles en repetidas contiendas, se los cargó prácticamente a todos y, por encima de otras consideraciones, montó en Valencia una representación ceremoniosa de chuparse los dedos: para eliminar a los nobles valencianos, en lugar del siempre vulgar método del cadalso o el espadazo, a Pedro IV se le ocurrió una brillante idea que, además, contaba en la Corona de Aragón con sólidos precedentes legales asentados por <a href="http://www.lapaginadefinitiva.com/dbhistoria/histeria_dc/91">Ramiro II el Monje</a>: cogió las campanas que utilizaban los nobles de la Unión como método de convocatoria, las mandó fundir y a continuación dio a beber a los nobles un brebaje al lado del cual incluso el más infame de los whiskies de garrafón palidecería: campana líquida. Que digo yo que aquí Pedro IV se pasó tres pueblos, porque, más allá de que la ingestión de un líquido ardiente de esta guisa fuera letal para el sistema digestivo de los nobles (y damos fe de que, en efecto, lo fue), se me antoja una barbaridad dar de beber metales pesados a la gente, con lo tóxicos que son. ¿Y si las campanas tenían plomo, eh? ¡Que puedes provocarles un cáncer, alma de cántaro, y aún peor, dejarlos estériles!</p>
<p>El segundo problema con el que se encontró Pedro fue la llegada de la Peste Negra en 1348, que golpeó en Aragón con particular dureza (no estamos en condiciones de decir si a causa de la ligereza con que en Aragón se llevaba todo lo relacionado con la higiene o si, además de a lo anterior, era debido a su carácter de reino comercial y cultura de intercambio, lo cual, naturalmente, generaba aún más brotes de peste) y que diezmó duramente la población, convirtiendo el conjunto del reino en un erial.</p>
<p>Para acabarlo de arreglar, poco después Pedro IV entra en conflicto con Génova por la posesión de Cerdeña, isla que nunca aportaría nada digno de verse a la Corona de Aragón (ni, en verdad, a nadie) y que no dejaría de ser fuente de problemas. Pedro se alía con Venecia y comienza a repartir <em>yoyah</em>, en mar y en tierra, a los genoveses y a los propios nativos de la isla, que, vaya Usted a saber por qué, no estaban de acuerdo con la gestión aragonesa (cualquiera diría que su isla es una porquería producto de nuestra gestión; ¡ya era una porquería mucho antes!). El momento cumbre del conflicto es 1354, en el que Pedro recupera L&#8217;Alguer de manos de los genoveses, lo devasta absolutamente todo y a continuación lo repuebla con catalanes. Este hecho resulta de excepcional importancia histórica y sus consecuencias siguen observándose hoy día, dado que gracias a esta repoblación generaciones y generaciones de licenciados en Filología Catalana han podido disfrutar del singular placer de hacer su viaje de fin de carrera a L&#8217;Alguer, con el objeto de escuchar a unas cuantas abuelas de 90 años parlotear el catalán más puro que se ha escuchado nunca (¡y en Italia, nada menos!), no en vano las señoras (dígase con rendida admiración) “nunca se han movido más de treinta metros a la redonda del pueblo y, claro, así su catalán ha preservado toda su pureza”. Podríamos decir que, en verdad, la bonanza económica de L&#8217;Alguer se asienta en el turismo sistemático de los licenciados en Filología Catalana, lo cual explica que siempre queden señoras de 90 años (aunque haya que traerlas de L&#8217;Empordà, si es preciso) dispuestas a hablar en catalán puro, purísimo, a los turistas rendidos de admiración (para qué irse a Cuba o a Praga de viaje, no me vaya Usted a comparar); y también explica, dicho sea de paso, que la bonanza de L&#8217;Alguer sea casi inexistente.</p>
<p>Producto de la guerra con Génova, y por si devastar Cerdeña no fuera suficiente, Pedro IV también entra en guerra con Pedro I el Cruel de Castilla (uno de los mejores reyes perturbados -o sea, de los más perturbados- que nunca ha tenido España). El conflicto comienza por unas naves genovesas apresadas por los aragoneses en Sanlúcar de Barrameda. Pedro I El Cruel exige que dejen libres a los genoveses o que, mucho mejor, le dejen quedarse con la parte del león del botín a él, no en vano las naves están en su territorio y, en consecuencia, son suyas. Pedro IV le dice que ni hablar, que las naves las ha apresado él, que necesita un montón de dinero para la organización del próximo show que quiere montar en la Corte, y que si tiene huevos que venga a buscarlas.</p>
<p>Así que Pedro El Cruel, tan español como el que más, se embarca en una flota y persigue a los aragoneses, y como no logra alcanzarlos se agarra un cabreo monumental y declara la guerra a Aragón. Ambos reyes se intercambian cartas desafiantes, hablando profusamente de la enormidad y grandeza de sus genitales y de cuántos pueden echar sin sacarla, hasta que Pedro IV desafía a Pedro I el Cruel a un combate singular, El Cruel (machote en tanto Cruel y en tanto español), naturalmente, acepta, pero no se ponen de acuerdo en cuanto al lugar del desafío, dado que cada rey quería imponer el suyo. Huelga decir que esto, que en un desafío entre extranjeros podría sonar a la típica excusa de “en realidad, me da miedo el desafío”, en el caso que nos ocupa era una razón totalmente justificable: ¡cómo va un español a humillarse y a aceptar las condiciones del otro en lo más mínimo! ¡Aquí las condiciones las pongo yo, por esas!</p>
<p>A partir de ese momento, Pedro El Cruel se dispone a demostrarle a su homónimo que, si bien éste puede darle lecciones en lo concerniente al refinamiento de las actividades y actos de la Corte, en lo que se refiere a repartir <em>yoyah</em> con manifiesta crueldad el maestro es él. Así que invade, en repetidas ocasiones a lo largo de su reinado, los territorios de Aragón y Valencia, destruyéndolo todo, conquistando plazas fuertes (entre ellas la metrópoli de Teruel) y aniquilando a los escasos pobladores que había dejado con vida la peste. Naturalmente, el Ceremonioso se alía con Enrique el Trastámara, hijo bastardo de Alfonso IX el Justiciero, y con Francia para hacerle la guerra a Pedro el Cruel (a cambio de la sexta parte de los territorios que logre conquistar Enrique). Por supuesto, cuando Enrique, en 1369, consigue asesinar a Pedro el Cruel y hacerse con el trono se olvida de todas sus promesas, hasta que en 1375 por fin se firma la paz con Aragón, sin ganancias territoriales por ninguna de las dos partes.</p>
<p>En sus últimos años, el gran rey consiguió hacerse también con Sicilia, por una vez sin que mediaran excesivas <em>yoyah</em> de por medio, mediante el matrimonio de su segundo hijo, Martín el Humano, con la heredera del reino (imagínense a los sicilianos, acostumbrados al gobierno autóctono, corrupto y mafioso donde los haya, aterrorizados ante lo único que podía superar los niveles de incompetencia, favoritismo y corrupción que ellos mismos se otorgaban: ¡la vuelta de los españoles!).</p>
<p>Sin embargo, aunque Pedro IV consiguió ampliar considerablemente su territorio, y salió airoso (total o parciamente) de todos los desafíos a los que se enfrentó), lo cierto es que a su muerte el reino era mucho más débil que a su llegada, sobre todo a causa de la peste, pero también de las guerras y del excesivo expansionismo, dados los recursos (menguantes) del reino. Por eso los siguientes reyes desmentirían su herencia española dedicándose a algo tan pernicioso como la cultura: “Martín el Humano”.
</p>
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		<title>Capítulo VI: La Época Oscura</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:42:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El Mundo Antiguo, tal y como lo conocemos (y lo conocemos más bien poco), era un mundo, como esperamos que haya quedado claro, bien apañado: tenían ríos, tenían agricultura, y tenían barcos para comerciar. Aparecían sus discrepancias de cuando en cuando, claro está, pero la cosa no solía llegar a mayores. El derrumbe de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Mundo Antiguo, tal y como lo conocemos (y lo conocemos más bien poco), era un mundo, como esperamos que haya quedado claro, bien apañado: tenían ríos, tenían agricultura, y tenían barcos para comerciar. Aparecían sus discrepancias de cuando en cuando, claro está, pero la cosa no solía llegar a mayores. El derrumbe de los imperios se debía más a razones de política interna que a la violenta embestida nómada que se los acababa llevando por delante; ésta era más la gota que colmaba el vaso que el factor principal de su caída. Y, además, tan pronto como tomaban posición de sus nuevas tierras, los nómadas solían adaptarse rápidamente a la idiosincrasia de los pueblos conquistados, incluso bailaban el equivalente a un fandango si era menester, y mantenían, a lo sumo mejorándola, la infraestructura administrativa básica que habían heredado. Eso había ocurrido en repetidas ocasiones en Mesopotamia, más o menos eso es lo que se supone que pasó en Creta, y en esencia en eso consistía el paso de un Imperio a otro en Egipto. La gente pagaba sus impuestos, trabajaba sus 30 ó 40 años en la construcción del monumental zigurat o pirámide que se le antojase al caciquillo de cada momento, dedicaba sus ratos libres a cultivar los campos irrigados por los grandes ríos y a lo sumo se entretenía profundizando en el folklore local y los usos y costumbres de la sociedad que los vertebraba como orgullosos integrantes de la misma.</p>
<p>Sin embargo, el Mundo Antiguo sufrió un cataclismo de grandes proporciones en torno al año 1200 a.c. que destruyó todas las civilizaciones conocidas en torno a la cuenca mediterránea, salvo Egipto (a la que dejó, en cualquier caso, tocada del ala para siempre), y generó una Época Oscura que ríase Usted de los visigodos en España, prolongada en el caso de Grecia hasta más o menos el siglo VIII a.c. ¿Qué había ocurrido? ¿se secaron los ríos? ¿Se produjeron terremotos? ¿el primer hijo fue niña? Deberíamos diferenciar, al objeto de clarificar mínimamente las cosas, entre dos acontecimientos más o menos coetáneos y quizás interrelacionados: la invasión de Grecia por parte de los dorios y la llegada al Oriente Próximo de los Pueblos del Mar, ya mencionada en anteriores capítulos.</p>
<p>Habíamos dejado la historia de Grecia con los micénicos sintiéndose fuertes y poderosos, bien asentados sobre el terreno y, de hecho, emprendiendo un ataque preventivo contra la ciudad comercial de Troya, estratégicamente ubicada a las puertas del estrecho de los Dardanelos. En ese mismo momento, o quizás unos años después, los dorios, tribu también helénica que se había asentado en el norte de Grecia, irrumpen a través de las distintas ciudades micénicas y, en apariencia, cosechan victoria tras victoria, hasta conquistar la península del Peloponeso y ubicar allí su reino. Si recuerdan el capítulo anterior (y lo normal sería que se acordaran, sólo han pasado unos cinco meses entre aquél y el que ahora publicamos), se hacía referencia en él a la existencia de tres grandes dialectos en los que podríamos dividir la lengua griega, asociados a su vez a tres pueblos o familias de pueblos griegos: los dorios, los jonios y los eolios. Pues bien, obligados por la presión de los dorios, los eolios, asentados al norte de la península del Peloponeso, se ven obligados a desplazarse hacia el sur, quedándose con las regiones que después (o igual antes, a mí qué me cuentan) se denominarían Tesalia y Beocia; los jonios, por su parte, quedan arrinconados en el Ática (Atenas) y en la isla de Eubea, muy próxima a Atenas. Creo que es posible que a alguno de Ustedes le haya quedado algo claro, así que me permito una nueva intertextualización para enfollonar el asunto aún más:</p>
<p align="center"><img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/grecia4.jpg" /></p>
<p align="center">Mapa 1: Grecia tras las invasiones dóricas. Intertextualizado de <a href="http://icarito.latercera.cl/infografia/hist_univ/greciaroma03/invasiones_grecia.htm" target="_blank">aquí</a>: los Dorios se quedan con el Peloponeso, los Eolios con la parte norte (Tesalia y Beocia) y los Jonios con el Ática y la isla de Eubea. No hagan ni puto caso a toda la parte norte que queda de colorines supuestamente jonios.</p>
<p> </p>
<p>Pero la cosa no queda ahí: los dorios, además, conquistan Creta (asolada teóricamente en menos de un siglo por dos invasiones –la micénica y la dórica- y por una oleada de terremotos que se llevaron por delante los fastuosos palacios de Knossos –brillante explicación arqueológica para explicar el derrumbe de &#8220;la mayor talasocracia del mundo&#8221; -sí, he hecho lo posible para decir otra vez “talasocracia”-, de cuya auténtica motivación, en realidad, me da a mí que no se sabe prácticamente nada), Rodas y la parte sur de la costa de Asia Menor, donde fundan o conquistan ciudades que serán dominadas por los griegos durante siglos, como Halicarnaso. Los eolios también se hacen a la mar y acaban en la parte norte de la costa de Asia Menor (en la zona donde se ubicaba Troya, para entendernos, justo enfrente de la isla de Lesbos, los muy viciosillos). Y los jonios, finalmente, aparecen en la parte central de la costa, fundando ciudades como Mileto, Éfeso o Focea. En resumen, podemos ver el asunto plasmado en este bonito mapa, lleno de colorines (el marrón corresponde a las migraciones dorias, el verde a los jonios, y el azul a los eolios):</p>
<p align="center"><img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/grecia3.jpg" /></p>
<p align="center">Mapa 2: Migraciones de dorios, jonios y eolios. Fuente: <a href="http://www.mnsu.edu/emuseum/prehistory/aegean/theculturesofgreece/dorians.html" target="_blank">aquí</a></p>
<p> </p>
<p>Contado así, puede que Ustedes saquen la impresión de que la cosa fue un poco en plan “dios mío, que viene el cuñado gorrón, saca los billetes para Asia Menor” ante la invasión de los dorios, y que los pueblos migrados se fueron, fundaron nuevas ciudades en un par de años y pelillos a la mar. Pero a la vista de los resultados (recuerden: la Época Oscura), parece indudable que los dorios repartieron <em>yoyah</em> hasta decir basta, y que Grecia se asemejó por momentos a un amistoso Sevilla – Nápoles con Bilardo en los dos banquillos. Por otro lado, como tantas y tantas veces será común en esta Historia, el proceso de asentamiento en Asia Menor se prolongó durante varios siglos, y ni siquiera está claro, aunque es razonable suponerlo así, que el motivo de estas emigraciones fuera la invasión.</p>
<p>Dicha invasión, elucubrando en plan contertulio radiofónico, pudo deberse a la insoportable presión que sufrieron los dorios por parte de los pueblos ilirios (de Iliria de toda la vida, actual costa de Yugoslavia; huy perdón, de Eslovenia – Croacia – Montenegro), o a que les dio por ahí, vayan Ustedes a saber. Sin embargo, lo aparente más incomprensible de todo el asunto es, en realidad, lo que tiene más fácil explicación: dado que los dorios eran una tribu pobre y esaboría del norte de Grecia, mucho más atrasada que sus cotemporáneos micénicos, ¿cómo es posible que pudieran acabar con la civilización micénica con tanta facilidad? La respuesta es fácil: los dorios contaban con Hierro. Lo cual no quiere decir que los dorios tuvieran entre sus filas a un defensa central y centrocampista de contención de excepcionales condiciones que se hinchara a soltar codazos en las batallas mientras el árbitro no le sacaba ni amarilla, sino que los dorios “empleaban armas de hierro en un mundo de bronce” (frase con la que presento mi candidatura a los Premios Hefestión 2005).</p>
<p>El hierro era conocido en la Antigüedad, pero en estado natural sólo existía en muy pequeñas cantidades, y no se sabía cómo extraer mineral de hierro ni cómo trabajarlo (la fusión del hierro requiere de temperaturas mucho más altas que la del bronce). Pero hete aquí que pocos años antes de la invasión doria se descubre el secreto de la forja del hierro. En teoría el descubrimiento tiene lugar en el Imperio Hitita, radicado en Asia Menor, aunque en realidad esta teoría, para cualquier persona con dos dedos de frente, y para la cual los miles y miles de yacimientos arqueológicos que la avalan son mariconadas, no hay por dónde cogerla: los hititas descubren el hierro y, en lugar de hacer lo que haría cualquier persona de bien (guardarse el secreto y repartir estopa hasta quedarse a gusto), ¿dejan que se les escape y se extienda entre sus enemigos? Tengo en demasiada consideración a la inteligencia del buen pueblo hitita como para achacarles tal destarifo.</p>
<p>Sea como fuere, el caso es que sí parece avalado por los hechos que los dorios poseían hierro, y los desgraciados micénicos que se les ponían enfrente veían cómo sus ridículas armas de bronce se doblaban y quebraban cual señor de cincuenta años sin viagra. En pocos años los dorios destruyen la civilización micénica, y en su lugar implantan un modelo de civilización que habría firmado el mismísimo Fernando Hierro: se pierden casi todos los avances alcanzados en los siglos anteriores, entre ellos la escritura; la gente se agrupa en tribus minúsculas que sólo muy trabajosamente volverán a reunirse en ciudades dignas de tal nombre: se vuelve, en resumen, a la Edad de Piedra, o por decirlo con el título de este capítulo, se cae en una profundísima Época Oscura de la que Grecia tarda prácticamente cuatro siglos en salir, en torno al siglo VIII, momento en el que comienza el expansionismo mediterráneo que relataremos en el capítulo siguiente.</p>
<p>Pero no crean que el salvífico barniz civilizatorio se limitó a implantarse en Grecia. Más o menos al mismo tiempo que la invasión doria, o un poco después, aparecen unos misteriosos “Pueblos del Mar” que primero destruyen el Imperio Hitita, poco después convierten en polvo las ciudades de Canaán, y finalmente son derrotados por la mínima por el faraón egipcio Ramsés III, cuyo imperio queda hecho unos zorros de una vez y para siempre. La gran pregunta en este caso es: ¿quiénes eran los Pueblos del Mar? ¿de dónde salieron y qué fue de ellos? Porque el follón que causaron, como pueden ver Ustedes en este mapa abarrotado de flechas y nombres hasta ponerlo todo perdido, fue considerable:</p>
<p align="center"><img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/grecia5.jpg" /></p>
<p align="center">Mapa 3. Pueblos del Mar. Fuente: la de siempre, o sea, <em>El Mundo. Gran Atlas de Historia</em> vol. 2, Barcelona, Ebrisa, 1985. P. 67.</p>
<p> </p>
<p>Lo más razonable (o sea, lo que pienso yo) es que la aparición de los Pueblos del Mar fuera consecuencia de la invasión dórica, que obviamente provocó un colapso generalizado de la civilización micénica no sólo en el continente, sino en las islas griegas. Y dado que la primera civilización aparecida en Grecia, la desarrollada en la isla de Creta, era una potente talasocracia (lo he vuelto a hacer), ¿de dónde sino de Grecia podrían venir unos pueblos que llegan en barco y que, además, tienen tal capacidad destructiva? Sí, claro, podrían venir de España, yo también lo he pensado (aunque no lo hago muy a menudo, siempre que pienso algo, piense sobre lo que piense, pienso primero y ante todo en España, coño), pero no es descartable que también haya en la historia, muy de cuando en cuando, algunos acontecimientos en los que España no juegue un papel central.</p>
<p>Los Pueblos del Mar importan al Oriente Próximo el último invento griego, la Época Oscura, y lo extienden también por unos cuantos siglos. Son un factor fundamental para comprender acontecimientos tan cruciales en nuestro actual modelo de civilización como los albores del Pueblo Elegido, asentado en Canaán en un momento en el que ninguno de los imperios tradicionales reúne las mínimas condiciones para dejar claro quién manda. Y cuando, siglos después, los griegos recuperen las enseñanzas de los Antiguos en su período clásico, pero esta vez sean también depositarios de la sabiduría del buen pueblo dorio, acabarán conquistándolo todo, a base de <em>yoyah</em>, como siempre, pero también expandiendo por casi todo el mundo conocido el modelo civilizatorio “más mejor” que se había visto hasta entonces. El espectáculo comienza con el “Expansionismo mediterráneo”.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Capítulo V: La civilización micénica</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:37:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A diferencia de los ejemplos de civilizaciones orientales examinados en los primeros capítulos, Mesopotamia, Egipto y China, la civilización griega, primera digna de ese nombre, se formó en torno a una tierra que no sólo no disponía de ríos caudalosos sino que, en verdad, apenas tenía recursos alimentarios para su población prehistórica: es la griega una tierra seca, montañosa, plagada de rocas calcáreas en las que ocasionalmente crece algún olivo, sin apenas planicies suficientemente fértiles en las que pudiera desarrollarse la agricultura, como puede verse claramente en la Afoto 1:</p>
<p align="center"><img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/grecia1.jpg" /></p>
<p align="center">
Afoto 1: Mapa físico de Grecia. Fuente: adaptado de <a href="http://www.lopedevega.es/users/juanjoromero/eso/3eso/mapa_mudo_fisico_espana.pdf" target="_blank">aquí</a>. ¿Cómo dice? ¿Que esto no es Grecia? ¡Si sabrá Usted cómo era Grecia hace 5.000 años! Bueno, para que no se me enfaden, allá va la Afoto 2, Grecia en la actualidad, tras diversos movimientos tectónicos antiespañoles:</p>
<p align="center"> <img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/grecia2.jpg" /></p>
<p> </p>
<p align="center">Afoto 2:Mapa físico de Grecia en la actualidad. Fuente: <a href="http://155.210.60.15/HAnt/atlas/grfisico.html" target="_blank">aquí</a>.</p>
<p>Pero pese a esas carencias, fue en Grecia donde se crearon los fundamentos de la única civilización digna de ese nombre, la occidental, que siglos más tarde, tras la necesaria revisión efectuada por el cristianismo (extraordinariamente fiel al original griego, contrariamente a lo que comúnmente se considera, en particular en lo que se refiere al capítulo de la orientación sexual), alcanzó sus máximas realizaciones, aún no superadas hoy, en la España de Felipe II (salvo, justo es reconocerlo, en lo que se refiere a la mencionada orientación sexual). Ahora en Grecia sólo hay hooligans de equipos de fútbol malísimos, pero hace 2.500 años existía una civilización impresionante en todos los órdenes de la vida, sobresaliente sobre todo en su ideal de lo bello, la sutileza de su pensamiento, y lo expeditivo de su acción militar, todos ellos combinados con una sistemática y espectacular metrosexualidad, lo cual nos hace pensar en Grecia como en un inmenso vestuario del Real Madrid.</p>
<p>La Historia de Grecia comienza un hermoso día de finales del III milenio a.c. En aquella época habitaba Grecia el pueblo de los pelasgos. La traducción tradicional de pelasgos es la de “pueblos del mar”, lo cual vendría a servir para denominar a un pueblo marítimo dedicado fundamentalmente a la pesca y al comercio, sin duda emparentado con la civilización de Creta, generalmente más avanzada, de la que los pelasgos serían clientes y, en la práctica, subsidiarios. También parece lógico que un pueblo que habitara una tierra tan pobre como Grecia no tendría más remedio que dedicarse a estas actividades, dada la escasa fertilidad del terreno. Pero traducir pelasgos por “pueblos del mar” también podría hacer referencia a su origen (se especula con que pudiera tratarse de un pueblo de Asia Menor), lo cual resultaría contradictorio con la idea clásica de que los pelasgos habrían sido los primeros pobladores de Grecia (lo mismito que los vascos, habitantes de Euskal Herria incluso desde antes que se produjera el Big Bang).</p>
<p>A nuestro juicio, esta indefinición deriva directamente de la incorrecta traducción de la voz “pelasgos”, en realidad proveniente de la antiquísima palabra griega “pringaos”, que podríamos traducir al español, más o menos, como “ZP’s”. Los ZP’s, o pelasgos, hablaban un lenguaje de raíz no indoeuropea no descifrado, pero que, con el liberalismo que nos caracteriza, denominaremos “Talante”. La existencia de los ZP’s en la tierra continental griega fue eminentemente paupérrima. En una mierda de tierra, siendo pasto de las burlas de egipcios y sumerios, ufanos en sus ricas tierras, riéndose diariamente de la ridícula estructura gramatical y absurda fonética del Talante, los pelasgos no pasaban de ser colonias comerciales de la potente civilización cretense.</p>
<p>Esta situación sufrió un vuelco importante con la llegada de las tribus griegas. Pueblo indoeuropeo proveniente, según todos los indicios, de las tierras al norte del Mar Negro, los griegos llegaron a Grecia buscando, en realidad, la mítica tierra de España, de la que todo el Mundo Antiguo oía hablar continuamente, una tierra de sol y tías buenas, cuyos ríos eran de leche y miel y donde la Jornada de Liga era diaria. Las pruebas arqueológicas (recuerden la tauromaquia cretense) demuestran esta sistemática admiración de los Antiguos hacia España, y no sólo eso, sino que podemos argüir que, en su camino en busca de España, los griegos preguntaron a un pastor, que les contestó “sigan tó recto, tres travesías a la derecha, doblen a la izquierda y, cuando lleguen a una península cuyos habitantes rechacen indignados que aquello sea España, allí es”.</p>
<p>Al poco tiempo, los griegos llegaron a una Península donde hacía un sol de justicia, todos los ríos estaban secos (recuerden que los Antiguos eran muy dados a exagerar y a hacer poesía barata, vean si no se lo creen El Libro) y la gente se pasaba el día durmiendo la siesta, lo cual podía ser parte de un ritual de los lugareños, pensaron los griegos, para alcanzar la perfecta comunión con la Naturaleza mientras escuchaban los avatares de la liga a través de un transistor. Sin embargo, sus habitantes no respondían al canon de virilidad español y, sobre todo, las mujeres tenían bigote (lo cual, a su vez, ayudaría a explicar las discrepancias respecto del canon). Finalmente, decidieron hacer caso a las inexactas instrucciones del pastor, y preguntaron si aquello era España. Dado que la respuesta de los nativos fue “no, esto no es España, ya nos gustaría, sino Grecia”, y aunque no parecían excesivamente indignados, habida cuenta de que no deja de resultar lógico que a los griegos les pareciera oportuno vivir en Grecia, acabaron allí.</p>
<p>Sea esta, la más plausible de todas, la explicación de las invasiones griegas, o alguna otra, lo cierto es que el II Milenio a.c. comienza con un proceso migratorio sistemático de multitud de pueblos nómadas, en particular desde las estepas de Asia Central, que trastocaron considerablemente el escenario sociopolítico previo. Dos factores pudieron influir en semejante Efecto Llamada: la invención de la rueda y la doma del caballo, factores ambos que obviamente facilitaban los desplazamientos. Aunque tampoco me hagan mucho caso: en tiempos tan remotos no sólo no están claras las fechas de las sucesivas invasiones, sino ni siquiera su procedencia. Todos sabemos, por ejemplo, que la Guerra Civil Española comenzó en 1934, pero al fin y al cabo dicha guerra es muy reciente, si la comparamos con la época de la que estamos pontificando.</p>
<p>Los griegos, denominados &#8220;aqueos&#8221; en las inscripciones antiguas y en la Ilíada, se encontraron frente a frente con los ZP’s, o pelasgos, que llevaban ya 1000 años dedicados a la vida contemplativa. Pronto comenzaron los aqueos a mirar a los ZP’s con abierta hostilidad, deseosos de hacerse con sus riquezas, pero éstos ni se inmutaban. Bien al contrario, estaban contentos de poder establecer los siempre necesarios cauces de diálogo con el Diferente, que contribuirían a enriquecer la cultura de ambos pueblos. Pero por desgracia, por toda respuesta los aqueos sacaron sus espadas de bronce y comenzaron a repartir yoyah a diestro y siniestro. Sin embargo, ni así los pelasgos se inmutaban, y siempre intentaban ponerse en la posición del Otro, comprenderlo, interorizarlo, darle un fuerte abrazo que eliminara todo resquemor y desconfianza. Nunca definieron los pelasgos su difícil relación con los aqueos en términos de invasión, bien al contrario. Si alguna vez mataban a un aqueo, era siempre por accidente, y en todo caso intentaban dejar bien claro que para ellos la muerte de un aqueo no constituía una victoria, a lo sumo “el comienzo de un nuevo Espacio de Diálogo constructivo”.</p>
<p>Hasta los mismísimos huevos de los ZP’s, los aqueos exterminaron a todos los que pudieron y a los demás los emplearon como esclavos; aunque esta visión tan drástica de la Historia, propia de los tiempos primitivos de los que apenas sabemos nada, consistente en “y finalmente A eliminó a B de la faz de la Tierra”, más bien puede corresponder a que, sencillamente, vencedor y vencido se fusionaron en un único pueblo (lo que avalaría la estrategia dialogante de los pelasgos), bien entendido que, por supuesto, mandaba el vencedor, esto es, los aqueos.</p>
<p>Conviene precisar que no está nada claro tampoco que fueran sólo los aqueos los que conquistaran Grecia; en realidad, existe una confusión entre distintos pueblos de raigambre griega y distintos dialectos del griego: simplificando la cuestión, podríamos encontrar tres grandes pueblos-dialectos griegos, el eólico (que, se supone también, hablarían los aqueos), el jónico y el dórico, pero no podemos asegurar (o al menos yo no tengo ni idea de la cuestión) que estos dialectos y pueblos estuvieran claramente diferenciados desde un principio o que, por el contrario, la fragmentación se produjera posteriormente, en plan “derechos históricos” (primero la lengua y luego lo demás). En cualquier caso, ya hablaremos de los pueblos jonios, eolios y dorios en el siguiente capítulo, aquí haremos referencia a los “aqueos” para denominar genéricamente a los primeros invasores griegos.</p>
<p>Aunque los aqueos se apresuraron a esclavizar a los pelasgos y a hacerse cargo del cotarro, algo ganaron los ZP’s en su afán integrador: el gusto por la belleza, el refinamiento, la metrosexualidad, en suma, característicos de la civilización cretense acabaron influyendo en los aqueos, que se convirtieron, a su vez, en colonias de facto de la talasocracia cretense, con la que no podían competir. Lamentablemente, por efecto de la peculiar orografía griega, plagada de montañas que escondían profundos valles (único terreno en el que podía cultivarse algo), el afán integrador pelásgico no pudo darse también en el plano político, pues resultaba prácticamente imposible mantener un mínimo de unidad en un territorio tan accidentado y fragmentado, con lo que a la invasión aquea le sucedió rápidamente el afloramiento de un sinnúmero de ciudades-Estado, cada una de las cuales tendía a dominar un ridículo valle rodeado de montañas, y que rápidamente inauguraron una de las constantes de la Historia griega: las guerras fratricidas que, por lo común, no llevaban a ningún lado. Esto explica que, frente a la ausencia de murallas de Creta, las ciudades griegas del continente tuvieran que construir gigantescas fortificaciones para defenderse de sus enemigos y mantener sus riquezas a buen recaudo cuando salían en ocasionales expediciones de castigo frente a las murallas de otras ciudades, y también ayuda a comprender la eficacia militar de los griegos en épocas posteriores.</p>
<p>En torno al año 1.500 a.c., la ciudad de Micenas, ubicada en la esquina nororiental de la península del Peloponeso, había llegado a dominar de facto a las demás ciudades-Estado griegas. Es también por esta época por la que se desarrolla la escritura (denominada, en uno de los nombres más asépticos jamás creados por los filólogos, “Lineal B”), y en la que comienza la decadencia de Creta. Ambos factores, el esplendor de Micenas y la decadencia de Creta, nos permiten hablar de una civilización Micénica, que acaba por conquistar la misma Creta y heredar de ella, aunque con el característico belicismo cultivado durante generaciones por los griegos, su afán comercial y expansionista fundamentado en el poderío marítimo. Es a partir de esta época de esplendor micénico cuando se fundan los mitos griegos, como la expedición de Jasón y los argonautas en busca del vellocino de oro (que puede narrar, en realidad, la extensión del comercio griego hasta las llanuras del norte del Mar Negro, muy ricas en cereales), la propia historia de Teseo y el Minotauro comentada en el capítulo anterior y la guerra de Troya que nos cuenta la Ilíada.</p>
<p>Es precisamente a raíz de este impulso expansionista micénico como surge el conflicto con la ciudad de Troya, que mantenía una posición de gran interés estratégico en la parte asiática de la entrada del estrecho de los Dardanelos. Troya, modelo de ciudad-Estado comercial, habría basado su fuerza en la imposición de aranceles comerciales a todo aquél que quisiera atravesar los Estrechos. Los griegos micénicos, partidarios de un comercio considerablemente más viril que el cretense que los había precedido, decidieron quitarse de en medio la mosca cojonera de Troya por la vía de exterminarla, y a tal efecto enviaron un peazo Ejército-coalición griega que, tras grandes dificultades, logró acabar con la díscola ciudad. Pero justo en esa época, o poco después, se produce una nueva invasión de Grecia por parte de otro pueblo griego, los dorios, que sumirían a Grecia, y en realidad, indirectamente, a casi todo el mundo conocido, en un caos de tal magnitud que merece que le dediquemos el siguiente capítulo y que, además, le pongamos el título favorito de todo pseudohistoriador de LPD que se precie: “La Época Oscura”.<br />
 
</p>
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		<title>Capítulo IV: Creta</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ante el patetismo generalizado de las supuestas civilizaciones evaluadas hasta la fecha, sin duda dirán Ustedes: “no quiero pertenecer a un mundo con fundamentos tan lamentables”. Pero no se preocupen. Ustedes no pertenecen a ese mundo, sino a otro mucho más interesante, que comenzamos a relatar a partir de ahora. Aunque todos tenemos claro que los albores de la civilización se produjeron en España, al parecer los envidiosos historiadores extranjeros, en el clásico ejercicio de “quiero y no puedo”, tienden a afirmar que la primera civilización europea digna de tal nombre surgió en la isla de Creta, hacia el 3.000 a.c., y se desarrolló plenamente a lo largo del siguiente milenio, al final del cual se instaura en Creta una monarquía fuerte con centro en la ciudad de Knossos, capital de la isla.</p>
<p>No está claro el origen de tal civilización, aunque la historiografía tiende a apostar o bien por una invasión – colonización desde el Norte de Europa, quizás por una colonización egipcia (argumento notable si tenemos en cuenta que los egipcios no tenían flota, y nunca se les conoció interés alguno por colonizar nada), o bien, más probable, por una invasión desde Asia Menor. Hay que decir que con esta triple hipótesis los historiadores demuestran su ingente capacidad perceptiva. Cójase una isla, la de Creta, ubicada más o menos a “medio camino” entre Europa, Asia y África y dígase que su civilización proviene de Europa, de Asia o de África. Magnífico. Todo aclarado.</p>
<p>Nosotros, con la masculinidad que nos es característica, vamos a elucubrar un origen en apariencia mucho más aventurado, pero en realidad más factible, si tenemos en cuenta las múltiples pruebas históricas, sociológicas, lingüísticas e incluso metafísicas que la avalan, y diremos que en realidad la civilización cretense surge a raíz de una invasión española, proveniente en concreto de Palencia. Total, especular es gratis, y ya puestos, hágase al menos con tronío.</p>
<p>A diferencia de los casos atendidos en los capítulos anteriores, la civilización cretense no se fundamentaba en la agricultura, sino en el comercio. Como es lógico, Creta contaba con una importante flota, a través de la cual comerciaba con la Grecia continental, con los egipcios, los babilonios, todo tipo de tribus bárbaras e incluso con España, ocasión aprovechada por algunos cretenses para volver a visitar la tierra madre, dejar un dinerillo para los gastos de la familia y, eventualmente, montar algún bar con el que jubilarse. Dicho comercio se basaba en objetos de orfebrería, ropas ricamente tejidas y decoradas y todo tipo cerámicas. Es decir, Creta imponía la pauta de la moda en el mundo antiguo: si no vestías y decorabas tu casa al modo cretense, estabas totalmente out, y tus vecinos y amigos se reían de ti y te hacían el vacío.</p>
<p>El legado cultural de Creta arroja también otras manifestaciones artísticas, sobre todo pinturas y esculturas, así como espectaculares palacios (sobre todo en la ciudad de Knossos, capital de la isla) de hasta cinco plantas. Las pinturas solían representar, ante todo, dos tipos de situaciones: a) tías buenas mostrando los pechos al respetable; y b) maromos efectuando impresionantes fazañas acrobáticas con enormes toros, es de suponer que para impresionar a las tías buenas. Los palacios, por su parte, tenían la particularidad de no tener grandes murallas pensadas para contener a los enemigos, pues para eso ya estaba la flota, que como pueden Ustedes imaginarse no servía sólo para comerciar, sino también para soltar yoyah, ofensiva y defensivamente, manteniendo durante siglos la talasocracia cretense.</p>
<p>Es obvio que estos datos avalan la tesis hispánica de los orígenes de la civilización cretense, no sólo por el liberalismo sexual de sus mujeres y el cariz “echao palante” de sus hombres en situaciones absurdas, sino sobre todo por la temprana fascinación por el mayor arte de todos, la tauromaquia, indudablemente importado de España. En efecto, la Fiesta Nacional en Creta eran también las corridas de toros, si bien aquí el Arte no concluía al viril modo español (apiolando al bravo), sino que se dejaba vivir al animal (tengan Ustedes en cuenta que indudablemente los toros serían importados de España, y pueden imaginarse lo caras que serían las entradas al espectáculo si cada vez había que traer en barco seis toros para un solo uso).</p>
<p>Además, si hacemos caso a los orígenes míticos de Creta, se supone que el rey Minos, hijo del dios Zeus y de Europa, supuesto fundador de la dinastía de grandes monarcas cretenses y unificador de la isla (natural, como los propios Zeus y Europa, de Palencia, aunque algunos dicen que en realidad su familia era originaria de Motilla del Palancar, y emigró primero a Palencia y luego a Creta por la suavidad del clima y el dinamismo económico que las definía a ambas), era también un gran admirador de la tauromaquia al modo cretense, que desarrollaría en su grado más extremo. La mujer de Minos, Pasifae, se enamoró perdidamente de un toro por obra y gracia del dios griego del mar, Poseidón, al que Minos había ofendido, pero no en plan “mira mi peazo flota, ridículo diosecillo”, sino negándose a sacrificarle un toro que Poseidón le había regalado (pues, como pueden ver, Poseidón practicaba demasiado a rajatabla el dicho de “regálale a los demás lo que quisieras que te regalaran a ti”).</p>
<p>Haciendo gala de la relajación de costumbres propia de Creta, Pasifae, que por lo visto era una bruja, yació con el toro, de resultas de lo cual tuvo un hijo que era mitad hombre, mitad toro (o “mitad español, mitad aún más español”). Ante la pérdida de su honor, a Minos se le ocurrió una solución tan intrincada que sólo podía ser típicamente española: repudió a su mujer, quien le echó un maleficio para que sólo pudiera yacer con escorpiones y serpientes (aunque no está claro si esto era un verdadero maleficio, dada la ya mentada liberalidad sexual propia de Creta), y mandó construir un laberinto al arquitecto Dédalo para meter dentro de él al bisho, denominado “Minotauro”. A continuación, y como cornudo totalmente pasado de rosca, Minos ordenó a la tributaria Atenas que cada año enviase siete jóvenes y siete doncellas para alimentar al Minotauro, lo cual continuaría en este estado de cosas hasta que el héroe ateniense Teseo logró acabar con el Minotauro.</p>
<p>Detrás de esta leyenda puede intuirse más o menos lo siguiente: gracias a su comercio y a su flota, Creta pudo desarrollar un amplio abanico de relaciones comerciales por todo el Mediterráneo Oriental, en el que ostentaba claramente la hegemonía en plan Imperio del Monopolio, incluso manteniendo diversas colonias en otras islas y algunos Estados tributarios, sobre todo en Grecia continental y en las islas del Egeo. No está claro en qué condiciones se produce el declinar de la civilización cretense. Hacia el 1.700 a.c., un terremoto había destruido varias ciudades cretenses y, lo que es más importante, la mayor parte de los palacios reales, aunque el Imperio se recuperó prontamente del desastre, construyendo aún más palacios (piensen en el gigantesco potencial enriquecedor, en una cultura tan similar a la española, de tanto terreno sin edificar), y aún mejores. De hecho, la “Edad de Oro” cretense, cuando más comerció, más construyó, más corridas de toros celebró y más expolió a los griegos continentales, se ubica en el período que va desde 1.700 a.c. y el 1.400 a.c. Más o menos en esas fechas Creta sucumbe a una invasión de la Grecia continental, y su preponderancia en el Mediterráneo es sustituida por otra, de tipo más militar que comercial, con centro en la ciudad de Micenas.</p>
<p> 
</p>
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		<title>Capítulo III: China</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:33:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[No voy a engañarles: no tengo ni puñetera idea de China, su cultura, sus costumbres, ni mucho menos su historia, pero todos Ustedes muy probablemente tampoco la tengan, así que lo que sigue, y lo que nos queda al respecto del “Imperio del Centro”, probablemente esté plagado de errores e inexactitudes. Pero dichas taras son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No voy a engañarles: no tengo ni puñetera idea de China, su cultura, sus costumbres, ni mucho menos su historia, pero todos Ustedes muy probablemente tampoco la tengan, así que lo que sigue, y lo que nos queda al respecto del “Imperio del Centro”, probablemente esté plagado de errores e inexactitudes. Pero dichas taras son en realidad virtudes si adoptamos la perspectiva de que: a) el servicio público LPD adquiere sus mayores cotas de conciencia cívica en ocasiones así, en las que se lanza al vacío de lo desconocido desde la legitimidad que le otorga su ignorancia; b) una microhistoria de China plagada de errores, papanatismo occidental y abrumadoras equivocaciones producto de la enorme barrera cultural que separa a los chinos de Occidente cumple perfectamente con los objetivos que nos marcábamos en las F.A.Q. de esta Historia del Resto del Mundo; y, finalmente, c) por poco que sepan Ustedes de China gracias a estas líneas, dentro de unos años, cuando su empleo penda de un hilo, o aún mejor, cuando un subdesarrollado soldado chino decida quién irá y quién no a los campos de reeducación, una oportuna alusión a la atávica grandeza del Celeste Imperio (manipulando en lo preciso las ya de por sí suficientemente manipuladas indicaciones aquí expuestas) puede resultarles de gran utilidad.</p>
<p>Como ya hemos visto en la revisión del desarrollo de la incivilización en Egipto y Mesopotamia, esas patéticas culturas, esas ridículas congregaciones pretendidademente civilizadas, se forjaron a partir de las dádivas proporcionadas por ríos caudalosos, alrededor de los cuales era relativamente sencillo conseguir frutos alimenticios suficientes como para olvidarse del nomadeo. China, en este sentido, no será una excepción, puesto que los primeros asentamientos propios de una sociedad sedentaria fundamentada en la agricultura (es decir, el Neolítico) surgirán (sobre el 4.000 a.c.) en torno a la cuenca del río Huang Ho (o Río Amarillo). Sólo la superior civilización griega será capaz de eliminar el dichoso río de la ecuación, sustituyéndolo por comercio y <em>yoyah</em>, y únicamente la majestuosa civilización española será capaz de rizar el rizo, creando no una, no, sino 17 civilizaciones libremente asociadas ligadas a otros tantos ríos totalmente secos, y haciéndolo, además, sin recurrir al comercio ni a hefestionadas de esa clase, puesto que se basaban en exclusiva en el reparto intensivo de <em>yoyah</em>.</p>
<p>Sin embargo, la civilización china, más allá del consabido río, reviste dos indudables méritos que la diferencian de las descritas hasta el momento, que son:</p>
<p>- La revolución neolítica surgió en Oriente Medio y a partir de allí, aunque lentamente, fue expandiéndose de forma más o menos continuada. Mesopotamia, Canaán y Egipto son territorialmente contiguas, y tiene cierta lógica que las civilizaciones posteriores surgieran en los márgenes de esa zona (Persia y Grecia, fundamentalmente). Sin embargo, la civilización china aparece como un polo aislado, y aislado permanecerá, ignorado por las demás, por muchísimo tiempo, no en vano estaba separada por miles de kilómetros, la enorme cadena montañosa del Himalaya y, sobre todo, hordas y hordas y hordas de bárbaros que pululaban en la “tierra de nadie”. Naturalmente, esto no quiere decir que no existiera contacto alguno a través de las migraciones y más tarde del comercio (y de hecho pueden detectarse curiosas concomitancias entre los primeros asentamientos chinos del Neolítico y los correspondientes de Mesopotamia y Egipto), pero éste no se formalizó hasta muchos siglos después gracias a la estabilidad de los Imperios de Roma y la dinastía china de los Han, ya con posterioridad al nacimiento de Cristo.<br />
- A diferencia de las otras civilizaciones analizadas hasta la fecha, modelo emblemático de lo que podría llamarse, echando mano de un término prestado a la dialéctica hegeliana, “civilizaciones de perdedores”, la civilización china continuó existiendo de forma prácticamente ininterrumpida hasta la llegada del comunismo en el siglo XX, y en realidad puede considerarse que el comunismo siguió manteniendo la mayor parte de las líneas de fuerza de dicho modelo civilizatorio (cultura campesina, Estado centralizado y fuertemente burocratizado, autoritarismo, … vaya, el comunismo pero con campesinos, para entendernos), y ni siquiera la Revolución Cultural (que venía a ser como la “movida” madrileña de los 80 y tenía los mismos objetivos, sólo que si en la “movida” morían los artistas innovadores aquí lo hacían los conservadores retrógrados, y si en la “movida” la muerte era provocada por sobredosis de heroína, en la Revolución Cultural era el Estado quien se encargaba de dicha labor artística suprema) pudo acabar con las sólidas bases de esta civilización. Tan sólo la llegada de los mongoles, los Cal.loh del siglo XIII, logró poner en peligro la existencia de China, pero como ha ocurrido tantas veces en la historia (incluso en España, no les digo más) al final los invasores acabaron amoldándose a la cultura invadida, no destruyéndola.</p>
<p>Estas dos características fundamentales, el aislamiento y la continuidad, explican gran parte de la organización, estructura y realizaciones de la civilización china: un Imperio imponente pero normalmente retraído en sí mismo, con escasas o nulas ambiciones expansionistas, altamente despreciativo respecto de los pueblos que lo circundaban, inmovilista. Y un Imperio, al mismo tiempo, muy bien organizado por una administración centralizada modelo “Madrid” que intentaba mandar a las provincias, con continuas dificultades, movimientos disgregadores y levantamientos en cuanto levantaba algo la mano.</p>
<p>No disponemos apenas de datos que expliquen los orígenes de la civilización china, pero parece ser que el nacimiento de un Estado digno de tal nombre tuvo lugar en torno al 1.600 a.c., en la susodicha cuenca del río Amarillo, con la llegada de la Edad del Bronce, prácticamente coetánea de la aparición de la Dinastía Shang. Anteriormente existen referencias a una dinastía anterior, la Hsia, pero la fiabilidad de su existencia es similar a la de la Selección Española cuando llega a cuartos de final, así que no se la tomen muy en serio.</p>
<p>Para entendernos, para estrenar mi flamante escaner y para hacer uso del derecho de cita en una obra sientífica y akadémica como la que nos okupa, me voy a permitir el lujillo de ponerles una Afoto ilustrativa:</p>
<p align="center"><img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/china2.jpg" /></p>
<p align="center">Afoto 1. La China de los Shang, 1.600 – 1.100 a.c., así a ojo. Fuente: <em>El Mundo. Gran Atlas de Historia</em> vol. 2, Barcelona, Ebrisa, 1985. P. 62.</p>
<p>El ridículo circulito morado corresponde a la zona en la que puede hablarse de un Imperio Shang, y el naranja, a su supuesta influencia cultural. La verdad, no suena muy impresionante el asunto. Téngase en cuenta que un Imperio así te lo monta el general Galindo no con seis, sino con la ayuda de dos españoles, en un par de meses. En realidad, no puede hablarse de un Imperio en puridad, dado que la ligazón entre el supuesto Imperio y la zona que lo circundaba se basaba en el etéreo criterio de la Libre Asociación (que los señores feudales hacían lo que les venía en gana, vamos). Aquello era un cachondeo de Imperio, que provocaba las risas de todo aquel que se paraba a mirarlo un momento, incluso de los egipcios, lo cual tuvo el efecto doble de, por un lado, contribuir al retraimiento de la civilización china y, por otro, que la Dinastía Shang acabara siendo abruptamente destituida por razón de los Zhou (o Chou, si son Ustedes de provincias). Por la razón de la fuerza, naturalmente.</p>
<p>Los Zhou eran una de las familias feudales que más habían logrado medrar a la sombra de la incompetencia Shang, entre otros factores porque al ubicarse en el extremo occidental del Imperio Shang habían podido hacerse fácilmente con tierras adicionales requisadas a los pueblos primitivos circundantes (en lugar de perder el tiempo en estériles luchas con otros señoríos feudales). Pero con unos orígenes como estos (soltar yoyah en medio de un sinnúmero de señores feudales independientes) era complicado augurarle éxito a la dinastía, dado que, si los Zhou habían derrocado a la anterior, ¿por qué no iban a intentarlo también otros?</p>
<p>Para evitar nefandos intentos de sublevación, los Zhou adoptaron una medida más vieja que el mundo: repartir prebendas entre los familiares y amiguetes. En efecto, los Zhou, en lugar de mantener el caótico sistema feudal precedente, lo sustituyeron por un revolucionario sistema feudal basado en asegurar que la mayor parte del pastel estuviera siempre en manos más o menos fiables, de manera que una hipotética rebelión fuera impensable. Pero, claro, como todo el mundo sabe, en situaciones como la descrita (“hola, soy el Emperador Zhou y tengo tierras que adjudicar, ¿sabría Usted de alguien a quien pudieran interesarle?”) te surgen familiares y amigos incluso defendiendo el socialismo científico en una convención de liberales españoles, así que los pobres emperadores Zhou no daban abasto: los familiares siempre querían más y más, y los amiguetes del Emperador no veían la hora de despilfarrar y corromperse en la gestión de sus nuevas provincias. Por este motivo, los Zhou tuvieron que llevar a cabo un impulso expansivo que les permitiera ampliar su Imperio para a continuación repartirlo, expansión que les llevaría a integrar en su Imperio el valle del río Yangtze (río Azul), tal y como se ve en la Afoto 2:</p>
<p align="center"> <img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/china3.jpg" /></p>
<p> </p>
<p align="center">Afoto 2. La China de los Zhou, 1.100 – 900 a.c. Fuente: <em>El Mundo. Gran Atlas de Historia</em> vol. 2, Barcelona, Ebrisa, 1985. P. 62.</p>
<p>Pero, naturalmente, el sistema administrativo de los Zhou acabó colapsando por efecto de las envidias mutuas, querellas internas y ansias de poder de familiares y amigos, de manera que a partir más o menos del siglo VIII a.c. y a lo largo de más de 400 años, el Imperio entraría en un período de progresiva disgregación, y el Emperador Zhou quedó cada vez más arrinconado en un puesto testimonial, sin poder efectivo. Así, son otras familias, como la de los Ch’i y los Chin en el VII a.c. y los Ch’u en el VI a.c., las que ostentarían momentáneamente la preponderancia, pero siempre por un período transitorio, no en vano todas ellas tenían nombres carentes de la presencia y el glamour que seguían siendo característicos de los Zhou. Finalmente, el Imperio caería en un estado de auténtico colapso, momento siempre oportuno para que aparecieran los típicos místicos y vendedores de crecepelos, en este caso Lao Tsé y Confucio (siglo V. a.c.), autores ambos de sendas doctrinas fundamentadas en el inmovilismo y la carencia de cualquier ambición, justificadas por la necesidad de que las clases superiores, nobles y funcionarios de la Corte, siguieran siéndolo por la vía de acaparar poder y tierras, o lo que se vino en llamar –traduzco del chino, aunque les aviso de que en realidad mi formación se circunscribe más bien al dialecto cantonés- “Dios y leyes viejas”.</p>
<p>China, en resumen, se había convertido en un putiferio donde cada uno iba por su lado e imperaba, en el contexto de un caos absoluto, la ley del mas fuerte. Por fortuna, a la descomposición de facto del Imperio Zhou siguió un período de progresiva reagrupación en torno a los llamados Reinos Combatientes (siglos V a III a.c.), donde seguía imperando la ley del más fuerte pero ya no iba cada uno por su lado, porque si lo intentaba, recibía instantáneamente una somanta de yoyah de cualquiera de los siete reyezuelos que pugnaban por la supremacía (colocar ellos, y sólo ellos, a sus amiguetes). En este período se construyen diversos sistemas defensivos en cada uno de los reinos combatientes destinados a defenderse de los rivales, que más adelante serían el germen de la Gran Muralla China, y es también en este contexto, caracterizado por las continuas guerras y escaramuzas, en el que Sun Tzu elabora su “Arte de la guerra” para solaz posterior de ejecutivos, financieros y demás gentes que por fin pueden decir que han leído un libro.</p>
<p>Es de nuevo un reino occidental el que acaba imponiendo orden, en este caso la tribu fronteriza de los Ch’in, que a lo largo de 100 años, haciendo uso de las sabias enseñanzas de Sun Tzu (traducidas a los efectos en que los Ch’in, en realidad y aunque China recibe el nombre del de su tribu, más que chinos eran una tribu bárbara, tan bárbara que los mongoles parecían auténticos Hefestiones a su lado), no sólo consigue anexionar el territorio de los otros Reinos Combatientes, sino que acaba expandiéndose hacia el Sur, tal y como puede verse en la Afoto 3</p>
<p align="center"> <img src="http://www.lapaginadefinitiva.com/historia/resto/china4.jpg" /></p>
<p align="center">
Afoto 3. Formación del Imperio Ch’in, 328 – 206 a.c. Fuente: <em>El Mundo. Gran Atlas de Historia</em> vol. 2, Barcelona, Ebrisa, 1985. P. 80. No se crean, manejo infinidad de fuentes, aunque casi todas son traducciones japonesas algo deficientes, pero no me negarán que no es fácil encontrar esta pocholada de mapas en muchos sitios.</p>
<p>El período de expansión culmina con la entronización del Primer Emperador Ch’in, que, aunque por ser vox populi probablemente no haga falta ni mencionarlo, respondía al nombre de Shih Huang-ti. Con su llegada, y como pueden Ustedes imaginarse, todos los familiares, amigos y conocidos de Shih Huang-ti se frotaron las manos, ansiosos por ver qué les tocaba en el reparto de beneficios. Sin embargo, Shih Huang-ti era un hombre singular, y al grito de “a este Imperio Medio no lo va a conocer ni el mariconsón que lo adoptó”, se dispuso a acabar, de una vez por todas, con el problema atávico de la decadencia del poder imperial:</p>
<p>- En primer lugar, Huang-ti creó por primera vez el sistema fuertemente centralizado al que hemos hecho referencia al principio. El Imperio ya no se dividió anárquicamente en asignaciones a señores feudales, sino en 36 prefecturas, subdivididas a su vez en más de 1.300 distritos. La gestión del territorio correspondía a funcionarios, no a nobles, nombrados por el Emperador, y sus cargos no eran hereditarios. Todo el territorio, por último, estaba fuertemente sometido al poder central. Esta racionalización administrativa tuvo su correlato en la unificación del lenguaje a través de la escritura, común a todas las prefecturas con independencia de la forma dialectal de cada una de ellas. Al parecer, cada vez que algún súbdito se quejaba se le espetaba el equivalente chino de “en cristiano, coño”, y todos contentos. Por otra parte, la soberana putada de obligar a los funcionarios imperiales a aprender la escritura ideográfica nos indica bien a las claras el grado de excelencia requerido para trabajar en la Administración, y no se crean, aquí no podían tumbarse a la bartola una vez aprobadas las oposiciones.<br />
- Al mismo tiempo, se procedió a un reparto de las tierras, cuya propiedad se había concentrado cada vez en menos manos, de manera que el sistema feudal fuera definitivamente sustituido por un modelo de pequeños propietarios.<br />
- Además, Huang-ti abandonó la clásica introspección de China lanzándose a una abrumadora carrera de conquistas posterior a su nombramiento como emperador, e incorporando al Imperio territorios de población no china (sobre todo mediante adquisiciones en el sur). Al mismo tiempo, también desarrollaría enormes proyectos de obras públicas, pero, a diferencia de las absurdas pirámides egipcias, Huang-ti se centró en mejorar las fortificaciones del Norte (en lo que acabaría siendo la Gran Muralla siglos después) y en desarrollar un gigantesco canal que comunicara el Yangtsé con Cantón, con propósitos de nuevo, naturalmente, militares (aprovisionar rápidamente a las tropas del sur).<br />
- Finalmente, y para sustentar todo el tinglado, Huang-ti fundamentó el poder del Emperador, como también harían los egipcios, en la divinidad, haciéndose nombrar Dios (Huang-ti, como espero que ya hayan apreciado, tenía unos genitales de tan enorme tamaño que parecían talmente venidos de Cercedilla).</p>
<p>Naturalmente, estas medidas no fueron del agrado de todos, y en concreto no puede decirse que la nobleza y los seguidores del credo confucianista las acogieran con los brazos abiertos. En consecuencia, expusieron en repetidas ocasiones, con gran energía y decisión, sus quejas, aunque cabe decir que tras la subsiguiente decapitación de todos aquellos que protestaban dichas quejas tendían a ser siempre sobreseídas. Sin embargo, los militantes antihuangtistas no se quedaron ahí, ni mucho menos: poniendo en riesgo su propia vida, denunciaban en todos los foros públicos la insoportable dictadura personalista de Huang-ti, la debilidad estructural del Huangtismo y la necesidad de superar este negro período de la historia china para proceder a la reconciliación de todos los chinos. Algunos en ocasiones llegaban incluso a asistir a manifestaciones de protesta en las que corrían delante de las siniestras fuerzas de seguridad de Huang-ti, y se rumorea que varios de ellos dieron con sus huesos, varios días seguidos, en la cárcel.</p>
<p>Al final, tan intensa y contundente fue la labor de crítica a la dictadura de Huang-ti que el pobre hombre se murió del disgusto, naturalmente, en la cama. Pero la heroica labor de estos mártires de la libertad no cayó en saco roto, puesto que al poco de muerto el Emperador (206 a.c.) un levantamiento acabó con su débil hijo y acabó entronizando, tras un interregno de largos años, a la dinastía Han, durante la cual el Imperio Chino alcanzó enormes realizaciones y, sobre todo, en el seno de la cual prosperaron los más significados antihuangtistas, sus hijos, los hijos de sus hijos, los hijos de los hijos de sus hijos, etc., en puestos-chollo otorgados por los nuevos emperadores ante el argumento impepinable de “yo, que me he chupado años y años en la cárcel y he sufrido torturas en mi incesante lucha por la libertad, represaliado por el huangtismo”. Sin embargo, y allí radica la importancia de Huang-ti, sus realizaciones superaron el paso del tiempo y la impecable crítica ideológica que sus adversarios le aplicaron sin cesar (sobre todo, después de su muerte), y allí radica su importancia: la idea de una administración centralizada como contrapeso a la disgregación regional, el reparto de la tierra, la homogeneización y simplificación (dentro de un orden) de la escritura, … continuaron formando parte de la civilización china en las dinastías que le sucedieron. Pero eso, si me disculpan, lo veremos en breve, dentro de unos 50 capítulos.<br />
 
</p>
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		<title>Capítulo II: Egipto</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:28:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Más o menos al mismo tiempo que se asentaban las bases de la civilización en Mesopotamia, una civilización de similares características comenzó a formarse en torno al río Nilo –el más largo del mundo, tanto que a veces me pregunto si no será español-. Las otrora fértiles tierras del Sahara habían dado paso a un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Más o menos al mismo tiempo que se asentaban las bases de la civilización en Mesopotamia, una civilización de similares características comenzó a formarse en torno al río Nilo –el más largo del mundo, tanto que a veces me pregunto si no será español-. Las otrora fértiles tierras del Sahara habían dado paso a un desierto que avanzaba en todas direcciones a gran velocidad, obligando a la población a concentrarse alrededor de los márgenes del Nilo, la única zona en la que podían alcanzar un nivel de subsistencia aceptable. Este río, que nace en el lago Victoria, más o menos en el ecuador, atraviesa las montañas de Kenia y el desierto del Sahara, hasta llegar al mar Mediterráneo, donde forma un gigantesco delta. A lo largo de su recorrido el Nilo forma varias cataratas, pero a partir más o menos de la presa de Asuán (en la parte sur de Egipto), donde se ubica la Primera Catarata, el río ya no experimenta ningún desnivel digno de mención y es fácilmente navegable en ambas direcciones. Más o menos desde esta primera catarata hasta el inicio del delta se encuentra la zona conocida como Alto Egipto, y el delta en sí, hasta el mar Mediterráneo, constituye el Bajo Egipto. El motivo de que el Bajo Egipto se encuentre encima del Alto no se debe, como quizás podríamos pensar en un primer momento, a la incompetencia de los egipcios a la hora de denominar su tierra, sino sencillamente a que es el curso del Nilo el criterio para denominar a ambos.</p>
<p>Pero el río Nilo no sólo ofrecía tierras de gran fertilidad en torno a sus orillas, como también ocurriría en el Tigris y el Éufrates, sino que periódicamente, hacia el mes de Julio, experimentaba enormes crecidas que anegaban durante varios meses las tierras circundantes con un apestoso fango, el limo, extraordinariamente fértil. Tan sólo había que esperar la crecida del río, esperar las semillas, tumbarse a la bartola y a vivir: mientras los sumerios tuvieron que buscarse la vida desarrollando una extensa red de canales cada vez más complicada, los egipcios tenían de sobra con su Nilo, fuente y base única de su civilización. En efecto, los egipcios fueron, desde un principio, los “niños bien” de la Antigüedad:</p>
<p>- El Nilo les proporcionaba alimento fecundo, suficiente para alimentar a Faraón, a su familia, a los sacerdotes, a los funcionarios de la Administración egipcia, e incluso al resto de la población, aunque sólo fuera para garantizar que el buen pueblo egipcio podría trabajar en los proyectos faraónicos un día más. Además, los excedentes alimentarios podían exportarse con el fin de generar píngües beneficios que posteriormente se reinvertían sabiamente en las tumbas y palacios, por este orden, de los faraones (véase la Historia de José).<br />
- Además, el Nilo constituía un elemento de vertebración del territorio que ríase Usted de la Selección Española; las comunicaciones se efectuaban fácilmente a través del río, desde la Primera Catarata hasta la desembocadura, de forma mucho más rápida y mucho mas segura que por la alternativa terrestre. Y además, claro, mucho más barata. Los egipcios nunca tuvieron que preocuparse demasiado por desarrollar infraestructuras de comunicaciones en el país, el Nilo se encargaba de ello.<br />
- Por último, las tierras que rodeaban al Nilo eran en su práctica totalidad, como ya hemos dicho, un asqueroso desierto, salvo en el Sur, donde tanto las cataratas como las montañas de Kenia dificultaban las comunicaciones. Esto significaba que defender Egipto de eventuales invasiones extranjeras resultaba extraordinariamente fácil, pues antes de llegar al Nilo los invasores deberían cruzar kilómetros y kilómetros de desierto, lo cual, dado que, como hemos quedado, Egipto no tenía un sistema de comunicaciones digno de tal nombre más allá del propio Nilo, era una labor harto difícil.</p>
<p>A diferencia de la mayor parte de pueblos de la Antigüedad, que tras penosos milenios de vagar por la Tierra como patéticos nómadas intentaban asentarse en un territorio para vivir honradamente del fruto de su trabajo (momento en el cual eran arrasados por hordas de malvados nómadas sedientos de sangre en operaciones de rapiña), los egipcios no tuvieron ni que plantearse formar un Ejército durante muchos siglos; tampoco tenían que preocuparse de trabajar la tierra, dado que el Nilo hacía la mayor parte de la labor por ellos, así pues, ¿qué hacían?</p>
<p>La respuesta es, como la civilización egipcia, lamentable. Dado que no había apenas preocupaciones que perturbaran la vida terrenal, los egipcios dedicaron 3000 años de civilización a desarrollar el sistema teológico más ridículo de entre todos los que se hayan creado jamás en la Tierra. Organizaron su sociedad como una teocracia piramidal, llamada así porque el objetivo era dedicar el esfuerzo colectivo de la población para la construcción de pirámides, en cuyo seno alojaban al Faraón y todas sus riquezas cuando éste moría. Por otra parte, la principal función del Faraón en vida era supervisar la construcción de su pirámide y recopilar suficientes tesoros para la otra vida, algo sencillo de conseguir en un país que podía dedicarse en exclusiva a la construcción de pirámides, y cuya riqueza le venía dada por los excedentes agrícolas que generaba el Nilo. Más o menos a los diez años de la muerte del Faraón los ladrones de tumbas ya habían birlado absolutamente todo lo que de valor podía quedar en la pirámide, robo generalmente acompañado de mofa, befa y escarnio para con la momia de Faraón, con lo que la Pirámide en sí se convertía, en un plazo sorprendentemente rápido de tiempo, en una construcción sin objeto real ni valor alguno. Así pues, el modelo de economía de Egipto se constituyó como uno de los más originales de la Antigüedad, no en vano se fundamentaba en el Ladrillo, al igual que en España.</p>
<p>Las pirámides permitían, además, mantener ocupada a una población que de otro modo se daría a la molicie y dejaría pasar su triste existencia sumida en la desidia, y es más, dado que en el Mundo Antiguo ni siquiera había televisión, fornicando sin parar, teniendo hijos e hijos e hijos en una cantidad tal que ni el Pueblo Elegido, hasta el punto de poner en peligro el excedente alimentario que permitía construir las pirámides. Con la construcción de pirámides, Faraón ofrecía un salario (a veces real, a veces en forma de yoyah) a su población y contribuía a la larga a evitar fenómenos malthusianos de crecimiento geométrico de la población, merced a una revolucionaria (para la época) política keynesiana de inversión masiva del Estado en infraestructuras de exterminio que sólo sería superada, milenios después, por la Alemania nazi, que comprendiendo las limitaciones del modelo egipcio, limitado a exterminar a su propia población, desarrolló una política expansionista destinada a exterminar tanto a la población propia como a la ajena, y además, con un modelo de eliminación de individuos mucho más tecnificado, masivo y deslocalizado en múltiples núcleos productivos autónomos, no dependientes de la pirámide-caprichito del Faraón.</p>
<p>La histeria por la construcción de tumbas para Faraón se complementaba con una rígida jerarquía eclesiástica de sumos sacerdotes que “se transmitían el saber de padres a hijos”. Son muchos los descubrimientos que la Humanidad debe a estos hombres de ciencia; por desgracia, su secretismo ha determinado que no sobreviva ninguno. Los sacerdotes fundamentaban su poder en la Tradición y la preservación estricta de la misma, lo que implicaría, además, que Egipto viviera siempre en un estado de auténtica autarquía científica y social, generando un sistema esclerotizado y en perpetua decadencia, en suma, no occidental. Los egipcios, siendo la civilización más avanzada gracias a las condiciones privilegiadas del territorio, fueron totalmente incapaces, a pesar de ello, de generar algo de auténtico valor para la Humanidad. Por eso, en realidad, los egipcios son recordados, más que por sus inventos o por su elevada civilización, por la ausencia de innovaciones y lo absurdo, incomprensible y, en suma, diferente, de su Imperio: no inventaron la rueda, ni la forja del bronce o del hierro, ni el alfabeto, ni la escritura, y cuando consiguieron desarrollar por fin esta última, merced a un impulso nacionalista ante el empuje de los sumerios, fue para crear un ridículo sistema de escritura jeroglífica que no entendía absolutamente nadie, aunque eso sí, quedaba muy aparente y conjuntamente con las pirámides les permitió desarrollar un sector turístico pujante que además era su única fuente de saber, pareciéndose sumamente, de nuevo, al caso de España.</p>
<p>Pero en lo que Egipto se asemeja más a España es, precisamente, en su ahondamiento en un sistema de perpetua decadencia, que en el caso de Egipto duró 3000 años, prácticamente desde la unificación del Alto y Bajo Egipto, obra del Faraón Menes (3100 a.c.), fundador de la Primera Dinastía. A los cuatro días de la unificación, como quien dice, comienza el Imperio Antiguo egipcio (2680 – 2180 a.c.), y es en los comienzos de este Imperio cuando se construyen las grandes pirámides. Pues bien, desde entonces, y a lo largo de los Imperios Medio (2052-1790 a.c.) y Nuevo (1570-1192 a.c.), Egipto tuvo un peso específico en el mundo cada vez más pequeño, su población estaba cada vez más adocenada, y sus pirámides se parecían cada vez más al hogar de Beckham. Apenas sabemos los motivos del final del Imperio Antiguo, más allá de la muerte de su último Faraón, Pepi II, pero sí podemos argüir que el final del Imperio Medio pudo deberse, al menos en parte, a la invasión de los hicsos, cuya conquista (1720 a.c.) se produjo setenta años después, según la cronología, del final de dicho Imperio. Los hicsos eran un grupo de nómadas provenientes de Canaán que lograron cruzar el desierto merced al uso de una revolucionaria tecnología: los caballos, ante los cuales los egipcios no pudieron hacer nada y, preludio de una larga serie de rendiciones que harían que Egipto fuera conocida como “la Francia del Mundo Antiguo”, se sometieron bajo el siniestro yugo de los hicsos, que por otra parte rápidamente se amoldaron a los usos y costumbres egipcias.</p>
<p>Es preciso destacar en este aspecto que, contrariamente a lo que dice la Biblia, parece poco probable que el Pueblo Elegido estuviera en Egipto en la época de los hicsos, dado que su llegada a Israel data del año 1200 a.c., más o menos, lo cual significaría que los israelitas se habrían pegado casi 400 años de Éxodo por la península del Sinaí. Más probable parece que por “Pueblo Elegido” la Biblia entienda a nómadas provenientes de Canaán que se instalaron en Egipto siguiendo la estela de los hicsos, y fueron expulsados tras la formación del Imperio Nuevo (y haciéndole el favor a Faraón, además, de exterminar a todos los primogénitos mediante intervención divina, lo que le ahorró a este la necesidad de construir proyectos absurdos durante un buen período de tiempo). Esa tribu de nómadas, instalada precariamente en la tierra de Canaán, u otra tribu de similar filiación, habría culminado la conquista y formación de Israel 400 años después. Aunque no me hagan mucho caso, dado que hablamos de la Biblia.</p>
<p>Un factor que pudo favorecer la formación de Israel en esa época fue la destrucción del Imperio Nuevo, muy debilitado por la súbita aparición de los “Pueblos del Mar”, de los que ya hablamos en el análisis de la película Troya. Los Pueblos del Mar fueron denominados así por los egipcios porque, ¡oh sorpresa!, eran al parecer una amalgama de varios pueblos, y vinieron a Egipto a través del Mediterráneo, no por tierra. Dado que Egipto nunca se había preocupado de desarrollar el arte de la navegación (ni en desarrollar apenas nada, la verdad), no tenían nada parecido a una flota que pudiera cerrar el paso a estos pueblos, cuyo origen no está muy claro, pero al parecer, podrían ser los pueblos aqueos de la Grecia continental y de la isla de Creta, expulsados por los invasores dorios, que tras su huida atacaron el Imperio hitita y posteriormente el egipcio. Estos invasores griegos serían finalmente rechazados por el faraón Ramsés II, y es posible que acabaran ubicándose en la zona sur de Canaán, esto es, que se convirtieran en los malvados filisteos de la Biblia, que si recuerdan el texto sagrado eran unos josputa que siempre estaban puteando al Pueblo Elegido. Pese a la victoria, la decrepitud moral de la sociedad egipcia había llegado a tal punto que al poco de morir Ramsés II el Imperio Nuevo se descompuso, acabando para siempre, de facto, con la pujanza de Egipto.</p>
<p>Porque una vez terminado el Imperio Nuevo, Egipto, país de gays por antonomasia, ni siquiera tuvo fuerzas para resistir las sucesivas invasiones de pueblos, provenientes casi siempre del Este, que se hacían con las pocas riquezas que habían dejado Faraón y los ladrones de tumbas. Así, Egipto fue conquistado por los asirios (671 a.c.), los persas (525 a.c.), los griegos (332 a.c.) y, finalmente, los romanos (30 a.c.). Por el contrario, ni en sus momentos de mayor apogeo pudo Egipto desarrollar una política expansionista de terror y expoliación para con sus vecinos como corresponde a cualquier Imperio digno de ese nombre, circunscribiéndose siempre al río Nilo con ocasiones incursiones más allá de la Península de Sinaí (que les permitiría, en época de Ramsés II, dominar Canaán y Siria, pero por un corto periodo de tiempo).</p>
<p>Es, pues, una caída constante de 1500 años de patetismo endogámico seguidos de 1500 años de mariquita sumisión. A cada nueva oleada de conquistadores, el Faraón o su representante se rendía a los terroristas y a continuación sugería hacer una “alianza de civilizaciones” entre Egipto y sus nuevos dueños, lo cual era acogido con sarcasmo por estos últimos, pero acababan aceptando de facto la alianza por la vía de volverse unos vagos inútiles merced a la perniciosa influencia de la civilización conquistada, lo cual a su vez provocaba sucesivas invasiones de otros pueblos. Sólo las civilizaciones dignas de este nombre, Grecia y Roma, se sustrajeron a este influjo. Así, Grecia impuso su cultura sobre el patetismo egipcio y Roma se hinchó a soltar yoyah para después imponer, por segunda vez, la cultura griega.</p>
<p>Ya con anterioridad a la llegada de Alejandro, los griegos habían fundado varias ciudades comerciales en Egipto, la más importante de las cuales fue Cirene. La cultura griega, en consecuencia, no era desconocida por los egipcios. Cuando llega Alejandro a Egipto, el país se le somete con una metrosexualidad que ni que fuera un país de ZPs, sin luchar y contentos de ser dominados por un invasor aún más benévolo, más moderado y, por qué negarlo, más metrosexual que los persas. A partir de ahí, tras la muerte de Alejandro y con la división de su Imperio en tres partes, comienza la historia del Egipto ptolemaico (XXI Dinastía, fundada por el general de Alejandro Ptolomeo, y cuyos gobernantes siempre se llamaban Ptolomeo, en plan Dinastía &#8220;de otra Galaxia&#8221;), relativamente poco importante en términos militares pero brillantísimo en cuestión de cultura (ambas cosas se explican por el hecho de que la élite dominante era griega, pero el pueblo al que recurrir para soltar <em>yoyah</em> seguía siendo egipcio). Al Egipto ptolemaico pertenecen las realizaciones del gran Faro, el Museo y sobre todo la Biblioteca de Alejandría, destruida casi totalmente por hordas de cristianos histéricos en el 415. Es en el Egipto ptolemaico donde el sacerdote egipcio Manetón, obligado por los griegos, escribe una cronología de las 30 dinastías egipcias, principal fuente sobre los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo, y es también bajo la Dinastía Ptolemaica donde trabajan Euclides o Erastótenes, y donde la alquimia experimenta un importante desarrollo. Pero toda esta Historia ya la desarrollaremos en su momento.</p>
<p>Con la llegada de Octavio y su victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra, Egipto, que ya llevaba casi un siglo sometido de facto a los romanos, se convertiría oficialmente en provincia romana, y así seguiría hasta su conquista por los árabes (642), que se encargarían de completar el trabajo de destrucción de la biblioteca de Alejandría. A partir de ahí comienza la Gran Oscuridad que todo país sometido al Islam experimenta inevitablemente, con la única excepción de España, que fue también el único país cuyos ciudadanos, merced al descomunal volumen y peso de sus genitales, fueron capaces de expulsar a los moros, que la habían conquistado en el siglo VIII, y por eso ahora han puesto unas bombas en el Metro (o al menos eso pone en la redacción que ha escrito mi sobrino de cinco años, pero no se preocupen; le he soltado un par de <em>yoyah</em> en castigo por poner en duda la autoría de ETA).<br />
 
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		<title>Capítulo I: Mesopotamia *</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:27:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Entendemos por “Mesopotamia” la región vertebrada por el curso de los ríos Tigris y Éufrates. Aunque ahora el territorio se nos antoja bastante poco proclive al desarrollo de una civilización que merezca la pena (tanto que se hace necesario impulsar dicho desarrollo con revolucionarias políticas de origen externo), las condiciones del mismo resultaron ideales en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entendemos por “Mesopotamia” la región vertebrada por el curso de los ríos Tigris y Éufrates. Aunque ahora el territorio se nos antoja bastante poco proclive al desarrollo de una civilización que merezca la pena (tanto que se hace necesario impulsar dicho desarrollo con revolucionarias políticas de origen externo), las condiciones del mismo resultaron ideales en los incultos tiempos del Mundo Antiguo, cuando la gente se conformaba con más bien poco y se caracterizaba ante todo por su cortedad de miras. En aquella época la gente moría que daba gusto, y vivía a salto de mata expoliando el entorno. Los primeros pobladores de la Tierra llevaban una miserable existencia nómada, y su supervivencia dependía exclusivamente de la proclividad de la Madre Naturaleza, que les proporcionaba alimentos a través de la caza y la pesca.</p>
<p>Desgraciadamente, cualquier cambio climático de cierta importancia, un aumento excesivo de la población o un uso abusivo de los alimentos existentes en el entorno provocaba el colapso de este tipo de sociedades subdesarrolladas, que aún hoy persisten en ciertos lugares, fundamentalmente con objeto de justificar subvenciones a fondo perdido para investigadores universitarios, intelectuales pergeñadores de soporíferos documentales e ideólogos subyugados por el mito del buen salvaje.</p>
<p>Por fortuna, en torno al año 8.000 a.c., los modos de vida y el ordenamiento de las sociedades prehistóricas comenzaron a cambiar. Y fue precisamente en Mesopotamia donde se produjo este cambio. Ahora en Mesopotamia sólo hay petróleo, terroristas suicidas y soldados que se hacen fotos con terroristas (o, si no terroristas, sin duda sí suicidas involuntarios) en el momento y en el lugar equivocados, pero entonces las cosas estaban mucho mejor; de hecho, se considera comúnmente que fue en Mesopotamia donde el Señor ubicó el primitivo Paraíso Terrenal (ciertas interpretaciones de la Biblia sugieren que en un primer momento el Señor sopesó la posibilidad de situar el Edén en España, dadas las inmejorables condiciones del territorio; sin embargo, tras duras negociaciones el Señor optó por abandonar la idea, dado el precio abusivo del suelo, las inaceptables condiciones que pretendían los promotores inmobiliarios y el chalaneo de los políticos locales).</p>
<p>Ciertas poblaciones nómadas comenzaron a asentarse alrededor del curso de los ríos Tigris y Éufrates, y decidieron invertir el orden natural de las cosas: en lugar de vivir de las subvenciones de la Naturaleza, se encargarían ellos mismos de subvertir el orden establecido planificando, a partir de unas tierras extraordinariamente fértiles, la generación de alimentos. Cuando esta revolucionaria política dio sus frutos y la población comenzó a aumentar, los agricultores neolíticos tampoco se arredraron. Puesto que la abundancia provenía de la fertilidad del terreno, y esta última dependía a su vez de la cercanía a los ríos, los primitivos pobladores de Mesopotamia, los Sumerios, idearon un espectacular PHN que llenó el territorio de canales de irrigación que permitieran aumentar las tierras de cultivo. Al mismo tiempo, fruto del aprendizaje de técnicas de explotación agrícola cada vez más avanzadas, así como de la invención de todo tipo de aperos que ayudasen en las labores del campo, se aumentó la frecuencia de las cosechas así como la abundancia de las mismas.</p>
<p>De esta manera, fue posible no sólo aumentar la población, sino posibilitar la concentración de la misma en grandes núcleos poblacionales, las ciudades, convenientemente abastecidas por un sistema de explotación del terreno que era la envidia de los nómadas circundantes. Ciudades – Estado independientes pero vinculadas por el comercio y por eventuales asociaciones entre ellas (generalmente impuestas por la ciudad más pujante en cada momento histórico), lo que a su vez hizo aflorar la necesidad de desarrollar una red de comunicaciones, extraordinariamente incentivada por la invención de la rueda.</p>
<p>Asegurada la subsistencia, los sumerios pudieron dedicarse a asuntos menos perentorios pero no por ello carentes de interés, como por ejemplo la invención de la escritura (3.000 a.c.), registro de los acontecimientos coetáneos pero también de los pasados, esto es, invención de la Historia como disciplina, o el desarrollo de diversas religiones asociadas a las ciudades que permitieran tranquilizar los espíritus y ocupar las mentes con extraordinarios proyectos urbanísticos: los zigurats, edificios de varios pisos cuya función no está totalmente clara, aunque parece que normalmente dedicados a la realización de sacrificios humanos para contentar a los dioses (hay quien dice que los zigurats eran escondrijos de las armas de destrucción masiva de que disponían los sumerios, teoría avalada por la fortaleza de tales edificios pero desmentida por la centralidad de los mismos. También apuntan algunos investigadores que la función primordial de los zigurats fuera constituirse en símbolo y motivo principal de sucesivos planes urbanísticos desarrollados por las distintas ciudades sumerias, enmascarados bajo la fachada de eventos de carácter cultural que tendrían el propósito de establecer lazos de hermandad entre los pueblos, y cuya principal manifestación sería, a su vez, la realización de sacrificios humanos de carácter masivo).</p>
<p>El alto grado de desarrollo de las ciudades sumerias convirtió a Mesopotamia en el centro del mundo civilizado (por no decir “el mundo civilizado” a secas) durante milenios, pero con ello también provocó la hostilidad de los nómadas muertos de hambre que la rodeaban. Por ello, los sumerios no tuvieron más remedio que defender su civilización por la fuerza cuando fuera necesario, y con el hándicap añadido, además de la molicie inherente a la opulencia, de no disponer apenas de minerales para la fabricación de armas (con lo que resultaba preciso importarlos en gran medida de las minas propiedad de los mismos nómadas que pretendían la eventual conquista del territorio), una situación paradójica e insostenible a largo plazo, de manera que los sumerios sufrieron sucesivas invasiones que de forma más o menos prolongada dominarían el territorio mesopotámico total o parcialmente, entre ellas las de los acadios (en torno al 2.500 a.c.),los amorreos (en torno al 2.000 a.c.) y los asirios (1.275 a.c.). Los primeros impusieron su lengua, los segundos sus leyes (Código de Hammurabi, en torno al 1.750 a.c., que superó la anacrónica Ley del Talión para sustituirla por una ley más adecuada a los tiempos modernos en la que los castigos superaban con mucho a las faltas), y los asirios, finalmente, su visión combativa de la existencia (que eran unos animales que no veas, vamos). Sin embargo, todos ellos supieron apreciar la superioridad de la cultura conquistada, y por tanto no la destruyeron, sino que se apropiaron de ella y la adaptaron a sus intereses (como más tarde harían los romanos con respecto a Grecia).</p>
<p>Beneficiándose de las exorbitantes riquezas de Mesopotamia, de los avances tecnológicos en determinados campos del saber (la ya mentada invención de la rueda, la domesticación del caballo y la forja del mineral de hierro), pero también de una virilidad muy superior a la de los primitivos habitantes del territorio, los asirios se pusieron a repartir chapapote en cantidades industriales, constituyendo sucesivos imperios que en determinados momentos llegarían a abarcar no sólo Mesopotamia, sino Siria, Israel, parte del actual Irán e incluso Egipto. De Salmanasar I (1.275 a.c.) a Asurnasirpal II (883 a.c.) los asirios sufren diversas vicisitudes y continuas rebeliones de las poblaciones sometidas que en determinados momentos ponen en peligro su Imperio, pero que también posibilitan una respuesta avanzada y una evolución en la razón de ser de este Imperio. Así, si Salmanasar era un pedazo de bestia que soltaba yoyah a todo el que le miraba mal, Asursanirpal II, casi quinientos años después, mantiene estos mismos parámetros pero, consciente del mayor grado de complejidad del mundo que le rodea, los desarrolla hasta niveles nunca vistos: Asursanirpal, a diferencia de sus predecesores, no consideraba la guerra como un conflicto dirimido por los ejércitos rivales, sino que, partidario de la “guerra total”, amplió los confines de la misma a la población civil. Si en el pasado las guerras de conquista respetaban las vidas de los habitantes de las ciudades, Asursanirpal no sólo conquistaba, sino que se lanzaba a continuación a una orgía de sacrificios y torturas hasta entonces sin parangón. Ciudad por la que pasaba Asursanirpal, ciudad por la que no quedaba (literalmente) títere sin cabeza.</p>
<p>A raíz de esta revolucionaria política, los asirios establecieron un dominio mucho más firme sobre las poblaciones conquistadas. Pero también era una política sin marcha atrás: si los medrosos pueblos dominados atisbaban cualquier indicio de metrosexualidad en sus invasores, la rebelión, suprimida hasta entonces por el régimen de terror, sería inmediata. Y así ocurrió. Bastó que apareciera en Asiria un rey sin dotes de mando, perniciosamente entregado a la cultura y poco afín al noble arte de la guerra, Asurbanipal I, para que todo el sarao se desmontara: los babilonios no sólo se independizaron de Asiria, sino que, enardecidos, destruyeron Nínive, la capital del Imperio Asirio, de la que no dejaron piedra sobre piedra, y acabaron por exterminar a los asirios de la faz de la tierra.</p>
<p>Pero, como demuestra la Historia hasta fechas bien recientes, los habitantes de Mesopotamia no son capaces de conducirse con criterio sin un guía que les indique el camino, y así poco después de destruir el Imperio Asirio y de crear un efímero Imperio Caldeo (cuyo principal exponente fue Nabucodonosor II -605 a.c.-, conocido fundamentalmente por las privaciones y el exilio que le causó al Pueblo Elegido y por su afán emulador de los reyes asirios en la extravagancia del nombre) fueron a su vez dominados por los persas (Ciro II, 539 a.c.), el Imperio más metrosexual de todos los que en el mundo han sido, del que ya hablaremos en su momento.<br />
* La verdad, no creo que esta aclaración sea necesaria, pero por si entre Ustedes hay alguno particularmente susceptible tendré que decirlo: cuando en las FAQ afirmaba aquello de “no actualizar un solo capítulo de la Historia del Resto del Mundo sin actualizar un número al menos equivalente de capítulos de la Histeria de España” me refería, obviamente, “a lo largo del Ciclo”.
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		<title>Capítulo 0: F.A.Q. ¿Para qué una Historia del Resto del Mundo?</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 17:26:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[1. ¿Para qué una Historia del resto del mundo? Es posible que Usted no lo sepa, pero el Mundo no se compone únicamente de España. Sí, es cierto, cualquier observador imparcial concluirá rápidamente que España no sólo es lo mejor del mundo, sino probablemente la única parte del mundo que merece la pena. Pero en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1. ¿Para qué una Historia del resto del mundo?</strong> Es posible que Usted no lo sepa, pero el Mundo no se compone únicamente de España. Sí, es cierto, cualquier observador imparcial concluirá rápidamente que España no sólo es lo mejor del mundo, sino probablemente la única parte del mundo que merece la pena. Pero en cualquier caso es propio de nuestra grandeza, como españoles, reconocer que ahí fuera hay gente que, con sus dificultades e insuficiencias, con la ancestral tara de su nacimiento, ha intentado contribuir como buenamente ha podido a los distintos avatares históricos que han configurado la historia de nuestro mundo. Y aunque no podemos menos que observar que lo han hecho siempre en función de lo que se cocinaba en España, faro intelectual y político del planeta, la fastidiosa situación en que nos encontramos, rodeados de envidiosos extranjeros que osan no ser españoles, así como las consecuencias que para nuestro país tiene esta insólita situación, nos obliga a ofrecer una respuesta rápida y contundente a nuestros lectores, de la que este proyecto es muestra. Finalmente, hay que señalar que el efecto coordinado de sucesivos Planes Generales de Educación en nuestro país ha sido contundente en sucesivas generaciones: no existe, hoy por hoy, ni un solo español que, remitiéndose a lo aprendido en sus años escolares, tenga la más mínima idea de lo que ocurrió en el mundo a partir de la fascinante Edad Media, o incluso de la caída del Imperio Romeano, por la sencilla razón de que el Plan de Estudios solía terminar en algún lugar entre esas dos épocas. Ignoramos si en algún momento lograremos cruzar el Rubicón y llegar al Renacimiento, pero garantizamos de origen una cosa: con la Historia del Resto del Mundo, al menos, primará lo importante, y Usted sabrá lo que tenga que saber sobre el mundo: No más prehistoria. Egipcios y Sumerios son accidentes históricos menores sin la menor importancia para Usted.</p>
<p><strong>2. ¿De cuántos capítulos versará?</strong> El número de capítulos de la Historia del Resto del Mundo no está predeterminado. La Historia se configura día a día, en función de los acontecimientos históricos, el tiempo libre de los redactores de LPD y sus ingresos económicos. Auguramos un número de capítulos en cualquier caso superior a 100 e inferior a 10.000.</p>
<p><strong>3. ¿Historia del mundo o Historia de Occidente?</strong> Fundamentalmente lo segundo. En realidad, no nos engañemos, la Historia del Mundo, o al menos la Historia que realmente importa, es la Historia de Occidente y las distintas maniobras que los demás, envidiosos de que España formase parte de Occidente, han llevado a cabo para disputarle la supremacía, con el éxito por todos conocido. La Historia la escriben los vencedores, y nosotros haremos honor al dicho. Por eso las eventuales referencias a los auténticos desgraciados que no forman parte de Occidente serán sucintas, esporádicas y partiendo de un compromiso claro: mírenlos qué pena dan, no es que no sean españoles, es que ni siquiera forman parte de Occidente.</p>
<p><strong>4. ¿Habrá excepciones a la regla?</strong> Aunque nuestro compromiso, como hemos indicado anteriormente, es taxativo, nuestras profundas convicciones democráticas, nuestra flexibilidad y vocación dialogante con otras culturas, por absurdas y/o subdesarrolladas que puedan parecernos, nos llevará a prestar particular atención a tres civilizaciones que escaparán parcialmente al severo juicio común a los no-occidentales: por un lado el mundo musulmán, por su condición de enemigo histórico de Occidente pero sobre todo por el indudable privilegio que alumbró a esta civilización a lo largo de ochocientos años, durante los cuales España formó parte de su civilización, o mejor dicho, su civilización adquirió el carácter de tal por el beneficioso influjo de España (es preciso aclarar, a neoconservadores gobernadores de Florida o presidentes de EE.UU. fundamentalmente, que esta decisión se ha tomado con total autonomía de eventuales amenazas terroristas en caso de no encontrar acomodo al Islam en este proyecto). Por otro lado, China. A diferencia de las demás civilizaciones, pálido reflejo impotente de la gloria Occidental, China se ha significado históricamente por un grado de civilización muy superior al de Occidente hasta, por lo menos, el Renacimiento, y probablemente más allá. China, por su grandeza, nos recuerda por momentos, si bien sólo en algunos aspectos, a España. Por ese motivo China recibirá un tratamiento especial en esta Historia, haciéndose acreedora, al menos, al 0’1% del número total de capítulos. Y por último, las civilizaciones precolombinas. No es que creamos que dichas civilizaciones tengan algo de interés (de hecho, no lo tienen), pero nuevamente la salvífica influencia española, que en sucesivas oleadas garantizó la exterminación de dichas civilizaciones y su sustitución por otra civilización infinitamente más avanzada, no en vano era española, requiere de un grado especial de atención por nuestra parte que intentaremos coordinar en la medida de lo posible con la propia Histeria de España.</p>
<p><strong>5. ¿Afectará la Historia del Resto del Mundo a las actualizaciones de la Histeria de España?</strong> En absoluto. Podría pensarse que un proyecto de estas características interferirá inevitablemente en el devenir de las actualizaciones de la Histeria de España. Naturalmente, es lícito que así opinen Ustedes (sin perjuicio de que, en tal caso, desde la autoridad moral que me confieren mi cabeza, bien alta, y mis manos, limpias como una patena, serán Ustedes unos miserables, pancarteros, insolventes, traidores); pero para conjurar ese peligro adquiero desde ahora el compromiso público de no actualizar un solo capítulo de la Historia del Resto del Mundo sin actualizar un número al menos equivalente de capítulos de la Histeria de España. Lo primero es lo primero (España lo único importante. Aclaro, para salvaguardar la integridad de la promesa de posibles denuncias de incumplimiento por parte de Libertad Digital, que las F.A.Q., por tener un carácter introductorio y genérico, no forman parte de la Historia del Resto del Mundo propiamente dicha).</p>
<p><strong>6. Sólo leo libros de Pío Moa, Javier Tusell, Fernando García de Cortázar o César Vidal. ¿Qué puedo hacer?</strong> No se preocupe. La Historia del Resto del Mundo abarca un ámbito radicalmente diferenciado del propio de estos eximios historiadores. Sin embargo, cierto es que resulta difícil entender cualquier aspecto propio del Resto del Mundo sin un sólido conocimiento de las características fundacionales y evolución de España y su circunstancia, algo que dichos historiadores garantizan (la ignorancia más absoluta, no lo del “sólido conocimiento”). Así que, recomendación previa a la iniciación en la Historia del Resto del Mundo, háganse un favor a Ustedes mismos y aprendan lo imprescindible sobre España echando un vistazo a nuestra Histeria.</p>
<p><strong>7. ¿Es recomendable colaborar económicamente con la Historia del Resto del Mundo?</strong> Situándonos en un plano moral, sin duda. Pragmáticamente, como siempre, la firme creencia de LPD en la Sociedad del Conocimiento pondrá a su disposición todos y cada uno de los capítulos de la Historia del Resto del Mundo (aunque luego no se extrañe de recibir un SMS en el móvil “¿Usted de rositas? ¿Lo llaman óbolo y la cuenta corriente de Usted para otro lado mirando?”, etc.)
</p>
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		<title>Capítulo CXII: Alfonso IV &#8220;El Benigno&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 11:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Año de nuestro Señor de 1327
Jaime II lo había dejado todo “atado y bien atado”: el Reino era próspero y estaba unido, el Papa terminaba sus homilías haciendo grandes alharacas de su amistad con el Gran Almirante de la Iglesia y los comerciantes italianos estaban acojonados ante el empuje aragonés, que no es que fueran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Año de nuestro Señor de 1327</strong></p>
<p>Jaime II lo había dejado todo “atado y bien atado”: el Reino era próspero y estaba unido, el Papa terminaba sus homilías haciendo grandes alharacas de su amistad con el Gran Almirante de la Iglesia y los comerciantes italianos estaban acojonados ante el empuje aragonés, que no es que fueran por ahí engañando astutamente a la gente en los intercambios comerciales, sino que iban, se hinchaban a repartir yoyah, obligaban a los nativos a aceptar la mercancía a precios abusivos y luego les engañaban astutamente para que el beneficio fuera aún mayor. Así que Jaime II, “El Justo”, tenía motivos para estar satisfecho.</p>
<p>Por desgracia, el primogénito de Jaime, de igual nombre que el padre, renunció a sus derechos dinásticos para, con gran devoción y dignidad, ingresar en un monasterio (en lo que seguía los pasos de su antepasado Ramiro II el Monje). Así que Jaime no tuvo más remedio que nombrar heredero a su segundo hijo, el calavera de Alfonsito, conocido en todos los burdeles de la zona como “El Benigno”, porque pagaba bien y se conformaba con un misionero. Aunque otros historiadores dicen que el apodo le venía porque era muy bueno, Ustedes verán qué versión prefieren.</p>
<p>Lo cierto es que el chaval, aún en vida del padre, hizo méritos dirigiendo la conquista de Cerdeña, pero ya en esa primera expedición podía advertirse una preocupante falta de mano izquierda en la gestión del conflicto. Recuerden, 12.000 muertos, y además ni siquiera hubo ocasión de reírse un poco del Papa, ni un mísero cargo “Gran Pichabrava de la Iglesia” que llevarse a la boca. Y además, al poco de morir Jaime, Alfonso IV (1327-1336) tiene que enfrentarse a una rebelión en Cerdeña instigada por los genoveses y causada, fundamentalmente, por lo que en las fuentes consultadas se considera, crípticamente, “mala gestión de los administradores catalanes nombrados por el Rey”.</p>
<p>Téngase en cuenta que estamos hablando de Cerdeña, así que imagínense lo que sería esa mala gestión como para que cundiera el descontento: te compraban terreno rústico y al día siguiente no es que fuera recalificado como urbanizable, es que los alemanes ya habían desembarcado en la isla y a los chalets sólo les faltaba el estucado; el precio del soborno incluso constaba en todos los certificados expedidos por la Administración, y además te atendían tarde y de mala manera si no sobornabas al funcionario dos veces; las plazas de oposición salían en el B.O.E. con el nombre y apellidos que tenía que acreditar el candidato como requisito, y así todo. Todo esto, en principio, no constituye ninguna novedad, y de hecho puede considerarse parte del legado de Jaime II. El problema es que Alfonso colocó a sus amigotes sin molestarse en repartir algunas migajas entre los notables del lugar, y ya se sabe lo que pasa en estos casos.</p>
<p>En este estado de cosas, Génova vio su oportunidad, con la envidia hacia la supremacía hispánica que siempre ha caracterizado a los italianos, y juró solemnemente ante la población sarda, acreditando una vez más dicha envidia, que nunca alcanzaría en su gestión las cotas de corrupción e indignidad a las que había llegado Cerdeña durante el alfonsismo (lo cual, forzoso es decirlo, correspondía plenamente a la realidad). Con la isla en rebeldía, Alfonso IV tiene que meterse en una larga y, sobre todo, costosa guerra, que duró hasta 1336, año en el que se firmó una paz inestable (no en vano estamos hablando, recuerden, de españoles e italianos). Y aunque Aragón logra mantener la isla en su poder, lo hace a costa de la ruina y de la amenaza de hambruna (al interrumpir la flota genovesa el tráfico de cereales hacia la Corona de Aragón).</p>
<p>Pero, por si esto fuera poco, la gestión interna de Alfonso fue si cabe más nefasta. El hombre, rijosillo de natural, tuvo hasta nueve hijos de sus dos mujeres, y a la segunda de ellas, Leonor de Castilla, le faltó tiempo para intrigar en favor de sus hijos y contra el heredero, el futuro Pedro IV. Como Alfonso era muy bueno, el hombre cedió ante las súplicas de Leonor, otorgando a los hijos de ésta enormes dominios en tierras fronterizas con Castilla, particularmente en el Reino de Valencia. Todo se dirigía claramente hacia el desmembramiento de la Corona de Aragón, pero en ese momento el buen pueblo catalano-aragonés-valenciano dijo basta. Una cosa era que cada uno de los tres territorios odiase con todas sus fuerzas a los demás, y otra muy diferente permitir el secesionismo a manos de “Madrid”. Así que, al grito de “antes roja que rota”, en referencia a los ríos de sangre que iban a correr como parte de los actos previstos en las manifestaciones unionistas, el pueblo y buena parte de los nobles se amotinaron, y fueron a exponer educadamente sus súplicas al Benigno.</p>
<p>En concreto fue el valenciano Guillén de Vinatea quien se plantificó delante de los reyes haciéndoles saber que de secesión nada, ante lo cual el Benigno, alentado por su mujer, le dijo algo que no pasó a la historia pero que vendría a ser algo así como “haga como yo: no se meta en política”. Pero Guillén, echándole un par de huevos, le contestó que como no se atuviera a razones el pueblo entraría en el palacio y degollaría a todo el que estuviera dentro salvo a los reyes. Literalmente. ¿O qué se pensaban Ustedes? Cuando un español dice que otro español “le ha echado un par de huevos” no es retórica.</p>
<p>Ante tales argumentos, y a pesar de las protestas de la Reina, Alfonso IV consultó a sus consejeros, presentes en Palacio y extraordinariamente proclives a la posibilidad de tener en cuenta la opinión del pueblo. Siempre Benigno, Alfonso IV finalmente dijo algo así como “Mi Reina, mi pueblo no es como el tuyo, tiene más libertades y está acostumbrado a hablar a su Rey de igual a igual”, con lo que quedó como un estadista –sólo le faltó decir “vamos todos por la senda de la Constitución, y yo el primero”- y evitó en la práctica que el pueblo, expresando con vehemencia su disconformidad ante las decisiones del Monarca, los degollara a ellos también.</p>
<p>Poco después muere Alfonso “el Benigno”, muy llorado por su bondad por parte de todos aquellos súbditos que no estaban arruinados, muriéndose de hambre o, lo que es aún peor, desprovistos de sus raíces. Leonor de Castilla escapa al reino del mismo nombre y, como buena mujer española, sigue intrigando mientras hace calceta y reza el rosario en presencia de Alfonso XI el Justiciero, que pueden imaginarse que, con ese nombre, le crearía problemas al sucesor de Alfonso IV, su hijo Pedro, cuyo reinado sería un compendio de todo lo que define a esa gran obra común que llamamos España: “Pedro IV ‘El Ceremonioso’ “.<br />
 
</p>
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		<title>Capítulo CXI: Jaime II &#8220;El Justo&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Sep 2006 11:06:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo López</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Año de nuestro Señor de 1291
Jaime II estaba destinado, en virtud de los pactos de su hermano con el Papado, a abandonar el trono de Sicilia, cuestión que en principio no acabó de ser bien acogida por el monarca y por sus súbditos, ilusionados de ser gobernados por un español. Pero hete aquí que cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Año de nuestro Señor de 1291</strong></p>
<p>Jaime II estaba destinado, en virtud de los pactos de su hermano con el Papado, a abandonar el trono de Sicilia, cuestión que en principio no acabó de ser bien acogida por el monarca y por sus súbditos, ilusionados de ser gobernados por un español. Pero hete aquí que cuando Jaime había acabado de afilar sus espadas para atizarse con Alfonso III el Liberal, con Francia, con Carlos de Anjou, con el Papado y con quien hiciera falta, rizando el rizo, no sólo no pierde el reino sino que accede también al trono aragonés, y por largos años (1291-1327).</p>
<p>Auténtico monstruo de la política, Jaime II desarrolló todo su reinado en torno a dos grandes líneas de actuación complementarias y perfectamente incardinadas en lo español: se pegó casi cuarenta años soltando yoyah en el exterior, y otros tantos repartiendo chapapote en el interior, de manera que el buen pueblo catalano-aragonés-valenciano acabó denominándole “el Justo”, por su demostrado afán justiciero y por lo que ajusticiaba el tío. Aquello era el paraíso de los verdugos, todos los años convocaban oposiciones y ni siquiera hacía falta haber pasado unos años por la situación de interino para acceder al funcionariado, si te gustaba matar el rey te ponía un sueldazo y a matar se ha dicho.</p>
<p>Complemento de la política de matanzas, Jaime II fortaleció a las ciudades frente al predominio de la nobleza, que vio como parte de sus privilegios, recién conseguidos con el sarao de la Unión, eran recortados en pro de unas Cortes ciudadanas con amplias competencias, que por supuesto también se subían a las barbas del rey si tenían oportunidad (aunque no a las de Jaime II “el Justo”, habida cuenta de que, al fin y al cabo, al rey no le costaba lo más mínimo convocar oposiciones extraordinarias y cambiar la composición de las Cortes por defunción masiva de los parlamentarios pretéritos, si éstos le tocaban los cataplines), pero al menos actuaban con autonomía respecto de los nobles, y tendían a asociarse más bien con la Corona. Con esto, y una vez más, España sentó las bases de lo que luego sería el Renacimiento, caracterizado por el germen del capitalismo basado en las ciudades comerciales que superaban el anacrónico sistema feudal, fundamentado en la posesión de tierras por parte de la nobleza.</p>
<p>En el frente exterior, lo primero que hizo Jaime una vez se vio gobernando este magno Imperio comercial fue repetir la jugada de su hermano, esto es, dividir de nuevo el reino por la vía de colocar a su hermano Fadrique (el tercer hijo de Pedro III el Grande, ya ven qué peazo familia “pata negra”) como rey de Sicilia. Pero a continuación, y visto que, una vez más, el Papado no aceptaba el pequeño pasteleo de que Sicilia continuase en manos de la Casa de Aragón, Jaime II firma un acuerdo con Francia y el Papado en virtud del cual, una vez más, se otorga Sicilia al pesao de Carlos de Anjou y a cambio el rey de Francia renuncia a sus derechos sobre la Corona de Aragón (ya ven Ustedes qué cho