‘No es país para viejos’ es una película estupenda. Dicho lo cual, con el poder que me da esta página y a modo de Juan Carlos I que lo recibió todo concentrado en uno solo y lo repartió en migajas entre el populacho, convido al lector a que, cuando alguien le comente que no parece una película propia de los Coen o que se trata de un film aburrido, le diga a la cara sin miedo ninguno a equivocarse: tú lo que eres es un hijo de la grandísima puta.
 
Los Coen dan asco. Hay que empezar por ahí. Una cosa no quita la otra. Sus películas suelen molar tanto que casi todo Dios se gusta diciendo: soy fan de los Coen. Si fuesen naturales de Tayikistán y su cine sólo pudiera verse entre las brumas de intenso hedor a sobaco de una filmoteca, uno disfrutaría de buen cine y encima se sentiría especial. Pero aquí la popularidad de un buen producto nos exime de la posibilidad de ser la polla al consumirlo. Un putadón que no se compensa ni aprendiéndose las canciones de ‘El sabor de la sandía’.

El caso es que ‘No es país para viejos’ está de putifa. Y como tal, hay que analizarla con el patrón con el que se define lo más sagrado: el tintorro.

Fase visual: Capa baja, ribete atejado

Se trata de una película de suspense con la apariencia de las mejores historias del oeste. Unos caballeros se persiguen para ajustar cuentas. De hecho, podrían ser el bueno, el feo y el malo; son el buen hombre con bigote veterano de guerra que habla poco pero cuando lo hace es con sarcasmo, el anciano desorientado y confundido desde que no se le levanta, y el cabrón con pintas, al cual, por cierto, interpreta con gran éxito Javier Bardem. Seguramente gane el Oscar si aún persiste la costumbre de dárselo a quienes hacen papeles de enfermos o disfuncionales. En este caso, nuestro hijo pródigo sólo abre la boca en dos ocasiones y es para soltar monosílabos con voz gutural y cazallosa. A mi me fascinó mucho más la interpretación de Brolin –si bien en la delantera del Parma con Asprilla ya me tenía cautivado- pero es mi visión personal. En cualquier caso, si hay un lugar en el mundo donde no se valora en absoluto a los inútiles ese es Estados Unidos. El éxito de Bardem no puede ser casual.

Por lo demás, a la meticulosa, detallista y gratamente caprichosa fotografía, hay que añadir un ritmo lento e inquietante sobrecogedor y una banda sonora excepcional: la letra oficial del himno de España cantada a capella por Los tres tenores. Tres ingredientes fascinantes. El primero, la fotografía, porque merece la pena ver la película un par de veces para que nuestro cerebro la succione en su totalidad; el segundo, la narración suave, despacito, con buena letra, pero sin pausa y, el tercero, el silencio. Debe ser duro, en este sentido, verla en el cine con todos los ruidos que hay en este tipo de locales, a saber, móviles, carraspeos, Juanis –sí, por supuesto, naturales de las localidades que une el Metrosur de la CAM- haciendo comentarios en voz alta y ronche continuo de frutos secos y guarrerías varias. Yo, en mi casa, en dvd a las cuatro de la mañana disfruté del silencio que atesora la película como cuando de preadolescente vi Alien por primera vez, aunque sí tenga BSO. El rollo maligno de Bardem es parecido al del terrorífico extraterrestre: omnipotente y blanquecino, a la par que poco dado a las chirigotas gaditanas.

Fase olfativa: Mucha madera, tabaco y balsámicos

El aroma de ‘No es país para viejos’ no nos es extraño. Hiede a España. Carretera comarcal castellano manchega veinte de julio a las quince catorce horas. Ese es el rollo. La acción transcurre en El Paso (Texas) y en otras zonas del sur de EEUU. Es curioso cómo se presenta siempre en el cine este lugar. Me vienen a la mente películas dispares, pero todas transmitiendo la misma sensación de asco, hastío, aburrimiento y mierda seca de vaca muerta. La Frontera (1982), con Jack Nicholson, fue un fracaso pero hay escenas de soledad y cansancio vital muy logradas. Todo ello con excepcional banda sonora de Ry Cooder y su temazo ‘Skin game’ sonando en los putiferios clandestinos mexicanos. También recuerdo ‘Paris, Texas’ (1984), de nuevo con Ry Cooder dando mal, esta vez con la que luego fue sintonía de Documentos TV. Qué decir de esta obra de Wim Wenders con guión de Sam Shepard. Es la mortificación en vida sureña por excelencia. Así como la obra de Sheppard, donde sus ‘Cuentos de motel’ nos pintan un panorama del sur que ríete tú de atravesar Despeñaperros en alpargatas y sin botijo. Del mismo modo que ‘Don´t come knockin’ o la muy reciente ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ que al verla tiene uno la sensación en el paladar de que está tragando arenilla.

Así que ya tenemos una película que transcurre despacio en un lugar donde no pasa el tiempo. Buena mezcla. Pero hay una vuelta de tuerca más.

Fase gustativa: Café, cueros, carnes animales, ligera nota de fresa y licores

Porque resulta que ‘No country for old man’ trata de un tipo al que los tiempos le han dado una patada en el culo y le han sacado de la circulación. Los monólogos que se marca Tommy Lee Jones, el sheriff, en este sentido, son un tanto difusos y no invitan ni a tratar de averiguar qué está filosofando exactamente, pero hay diálogos morrocotudos, como el que tiene con un compañero que se pregunta: “Tanta libertad… adónde nos ha llevado”. Y el sheriff contesta: “Todo se acaba cuando se deja de decir señor y señora a los demás (aprox.)”.

Al final, queda bastante claro que esta entrega de los Coen añade a su colección de personajes un tipo a medio camino entre la policía de ‘Fargo’ –patidifusa ante los acontecimientos, frente a la codicia, egoísmo- y ‘El hombre que nunca estuvo allí’ dado que este sheriff tiende a dar con la clave del meollo dos décimas más tarde de lo necesario para llegar a tiempo. Es ‘El sheriff que nunca apareció a la hora’.

La pena es que la escena clave de todo el asunto queda un tanto deshilachada. Caben demasiadas interpretaciones. Hay una moneda en el suelo (que algunos de los que se han aburrido ni han visto) de la que se pueden deducir bastantes cosas. Igual se trata de arte puro, del puro, puro. En cualquier caso, merece mucho la pierna. Aunque, a partir de ahora, toda película fronteriza que no trate sobre lo alegres y dichosas que son las gentes de la zona así como de lo preciosa y bucólica que es la vida en un lugar tan hermoso, será tachada de hez por mi persona.

A recordar: la persecución con perro por el río.