30/10/2008: La Reina ha hablado

La Reina Sofía, esa especie de paragüero que le pusimos a S.M. Campechano I hace ya más de cuarenta años, ha entrado de sopetón en la arena pública. Con la legitimidad moral que le da ante los españoles que llevemos casi esos cuarenta años sufragando la manutención de su impresentable hermano, el ex rey golpista Constantino de Grecia, y su inacabable familia, la Reina ha propalado sus opiniones sobre diversos asuntos de actualidad, que la ubican en un escenario moderno y contemporáneo, a caballo entre los siglos XIX y XX.

En una entrevista – libro con Pilar Urbano (periodista perteneciente al Opus Dei con la que la reina se siente particularmente cómoda), Sofía ha decidido, por fin y tras muchos años de aguantar en educado silencio la decadencia moral de la sociedad española, sentar cátedra sobre varios asuntos de actualidad. En concreto, Sofía ha dicho que bueno, que los gays si les da el vicio que vivan juntos, pero que de llamarlo “matrimonio” ni hablar, que eso es una cosa muy seria, como la que hizo ella con S.M. para que éste regularizara su situación y así pudiera ejercer su campechanía galante a gusto.

Tal opinión ha generado la previsible reacción del colectivo homosexual, tan intolerante y totalitario como siempre. ¡Como si la Reina no pudiera opinar, humildemente, desde su puesto de florero! ¿Qué pasa, que aquí vivir del erario público a propósito de una función centrada en exclusiva en la representación de España (nada mejor que una griega que no sabe hablar español correctamente, a estas alturas, para representar a España; ¿hay algo más español que eso?) nos invalida para meternos con el espíritu y la forma de las leyes?

Por supuesto que no. Al igual que contraria al matrimonio homosexual, la Reina también se posiciona en contra del aborto, algo mucho más comprensible dado que el aborto dificulta sobremanera la correcta ejecución de su oficio (tener hijos), y propone enseñar religión en las escuelas porque “es muy importante para conocer el origen de la vida” (¡ya va siendo hora de que el Creacionismo se instaure definitivamente en España!). Y, por último (al menos, de lo que ha destacado la prensa), y por encima de todo, querría señalar una opinión a mi juicio mucho más espectacular que las anteriores: según la Reina es malo que los medios de comunicación y las instituciones le den tanta relevancia a la violencia doméstica, porque esto provocaría un “efecto llamada”.

Por lo visto, aquí la gente pone la tele y es ver un anuncio de algún ministerio o una noticia en el telediario y apalizar a su mujer, porque así somos los humanos, naturalmente buenos hasta que la funesta técnica, bajo la forma de aparatos que permiten ofrecernos una apariencia de realidad transmitida desde Dios sabe dónde, nos hace ponernos a maltratar ¡Y con la de cortes publicitarios que hacen, que parece que están pensados para propinar una paliza a la parienta, si es que van provocando!

No como en los años cuarenta, cuando el problema no existía porque no salía en los medios (y porque, de todas formas, tampoco había medios interesados en sacar algo así). ¡Ahora es que parece que ha habido violencia doméstica siempre, y no desde que los maricones campan a sus anchas y las mujeres van por ahí trabajando y descuidando sus obligaciones familiares!

Pues no, amigos. Antes la gente tenía decoro y sabía subdividirse las funciones: el marido trabajaba (y, en el caso de Campechano I, salvaba a España), mientras la mujer cuidaba del hogar y educaba a los hijos, y todo iba, como es sabido, mucho mejor que ahora. ¿Que alguna vez al hombre se le iba la mano? ¡Qué le vamos a hacer, cuando hay mucho sentimiento estas cosas pasan, “va en el sueldo” del matrimonio, caray! En cambio, ahora parece que todo se nos ha puesto perdido de inmigrantes, que maltratan a sus esposas para salir en la tele, y de maricones que se casan para poder maltratarse mutuamente con luz y taquígrafos. Así es España (o lo que queda de ella), y alguien tenía que decirlo. ¿A qué espera la Conferencia Episcopal para montar una manifestación?


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24/10/2008: Qué cumbre ni qué niño muerto

Ahora que se celebra el segundo centenario de la guerra de la independencia española no está de más recordar el carácter de la Unidad de Destino en lo Universal (UDU) y como se ha forjado a sangre y fuego para dejar al margen de su devenir a cualquier otro país o imperio. Mucho esfuerzo ha costado expulsar al que osara menearse para abrazar la marcha triunfal hacia el Todo que algún día del futuro habrá de coronar a España como lo que siempre fue, ha sido y será: un continuo espacio-temporal de carácter divino, completamente autónomo y heterónomo a la vez, creador y creado a sí mismo.

Por una serie de cuestiones físicas y químicas, la UDU ha tenido que compartir su camino con otra serie de acompañantes en un planeta hecho para que su rotación y traslación, amén de gravitaciones de aquí te espero, mantenga el trozo de terreno necesario alrededor de España como para que ésta se conserve fresca y lozana, al igual que un preciado alimento requiere de una capa protectora para que su degustación deleite al comensal. En no pocas ocasiones algunas de estas regiones han tratado de compartir un fragmento del sueño que  representa la Piel de Toro, mediante interrupciones en su Vía, siendo convenientemente expulsados, a veces sin prisa, pues la UDU es compasiva, otras con más apremio debido a las vicisitudes del momento. En cualquier caso, todos estos territorios han podido seguir con su actividad, pues la UDU aprieta pero no ahoga, y una vez fuera o convenientemente esquilmados, España, como la anémona, se introduce de nuevo en su Mismidad, pues se trata de una divinidad retráctil, la garra de Dios.

La mónada rojigualda funciona entonces como un átomo, con sus partículas moviéndose constantenmente y chocando entre sí. Este enfrentamiento entre aquellas positivas y las negativas marca desde siempre el mecanismo de autoalimentación. Unas han de imponerse a las otras, siempre las mismas, las positivas, dejando arrasadas a las negativas. A este fenómeno atómico se le denomina cainismo. También hay partículas neutras, que reciben choques de todos lados.

La imposibilidad, por razones que hemos apuntado arriba, de evitar la interacción con terrenos circundantes, levantando por ejemplo muros colosales, introduciendo otros en el suelo hasta que sobrepasen el centro de la Tierra y salgan por las antípodas, y cortando así el planeta sobrante, flotando ya, como sería deseable, la UDU en el espacio sideral con un cable que uniese sus islas y llevándose consigo a Portugal y Andorra al éter sólo por joder, hace que se puedan generar intercambios con naciones secundarias o terciarias, -esto es, todas las que no son España según su cercanía- que propician reacciones poco deseables para el buen funcionamiento de la Patria.

Aquí hay que distinguir otro fenómeno atómico tan importante como el cainismo, y es la oposición entre dos cabezas que tiran del carro de la UDU. Por un lado están las necesarias, aquellas cabezas eternas, como reyes y dictadores, que empujan a España desde delante, sin que jamás se desvíe de la rectitud. Por otro lado están las cabezas contingentes, como los líderes democráticos, que empujan desde detrás y sí están sujetos a desviación, como se puede comprobar fácilmente con los carros de la compra del hipermercado. Ambas figuras son necesarias, pues una divinidad no se puede mover con sólo una, necesita toda esa fuerza cósmica.

Las cabezas contingentes, útiles pero más débiles, suelen influirse en demasía por el entorno, hasta el punto de querer compartir el Verbo ibérico con los terrenos circundantes, produciendo más relaciones de las que serían deseables con regiones que como hemos visto apenas sirven de caparazón. Una triste muestra reciente la tuvimos cuando Aznar, con los pies sobre la mesa al mejor estilo cortijero, quiso subir a la UDU al tren de la historia, sin saber que ese tren ya lo pilotaba por detrás, junto a su Majestad Juan Carlos por delante. Pagó caro, cómo no, ese error de timonel novato.

Ahora Zapatero, también lleno de un equivocado fervor patriótico, de la soberbia de la bandera, quiere que España suba de nuevo al tren de la historia. La cantinela de que la UDU perdió ese tren por no participar en las dos guerras mundiales se ha solidificado más que cualquier refrán del refranero. Ni Aznar ni Zapatero, cabezas contingentes, han comprendido que para que la garra de Dios funcione ha de contar con la destrucción de sus partículas entre sí, pero nunca de la injerencia de otros, de la interaccion con otros.

Sin más utilidad que el golpe en el pecho, que la exposición del poder, de la soberbia del patriotismo en naciones que lo son por la victoria de las armas (como todas), cumbres como las del G 8 constituyen un paseo de la propaganda al servicio de la izada de la bandera ante los demás. Y como cualquier exhibición de patriotismo exacerbado se producen por oposición. “Estamos aquí, somos nosotros, vosotros quedáis fuera”. La generalidad de temas que tratan y la ausencia real de medidas no importan, se trata de desplegar la cola de pavo real.

Si Aznar, como corresponde con su carácter y su partido, trató de subirse al carro de la historia con maneras de terrateniente, pues sólo le faltó poner una cabeza de ciervo en la pared, Zapatero lo hace con maneras de suave socialista, con su buen rollo de escolar. “Quiero ir mami, pero no me dejan, que quiero ir. Y si no voy la culpa es de ese, de Peloto”. Ambas actitudes sin embargo, la del derechoso con los pies encima de la mesa a punto de llamar  al limpiabotas con un silbido  y las del alumno aplicado y apocado que suplica que le dejen jugar, se corresponden con el mismo complejo patriótico, con la mezcla de orgullo y soberbia que vertebran el espíritu de las naciones, con el objeto de participar del Nosotros y dejar la liga del Vosotros.

Ah, la España que no se subió al carro de la historia por un motivo tan triste como no participar en las dos guerras mundiales. Estas cabezas contingentes de la UDU no entienden que no necesitamos muertes exteriores cuando el combustible español se alimenta de la sangre propia. Basta ya de patriotismos baratos y costruyamos de nuevo nuestro destino universal con una buena contienda interior, decidiendo los bandos a pares o nones.


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12/10/2008: Rajoy, arrodíllate ante el altar sagrado de la Patria

¿Que el desfile de los Ejércitos sudamericanos, extremeños, andaluces y gallegos de España es un coñazo? ¿Y lo dice un tío al que le encanta el ciclismo? No puede ser verdad, pero lo es. Se trata de la cagada del siglo. El año pasado te montas un vídeo con rojigualda como si fueras el Monarca, quizá cogiendo del suelo el papel de Padre de los españoles de bien, para vender que el Día de la Hispanidad el aire es más limpio, el sol más brillante y las erecciones duras como el granito, y ahora te cazan mofándote del asunto en perfecto castellano. Pobre hombre.

Hasta aquí bien. Esto hay que decirlo. Ahora vamos a apuntar el Kalashnikov hacia el resto de hipócritas e hijos de puta que pueblan generosamente nuestro país, que hoy celebra su onomástica y todos sin excepción sentimos un orgullo inabarcable.

Para no dar bandazos con el arma. Los del propio PP. Si esta pillada sorprende a un líder de la presunta izquierda, valga como ejemplo el presidente del Gobierno, hoy antes de izar de la bandera se empala a Zapatero en el mástil.

Claro que ¿quién es el PP, qué ideas tiene esta gente? Nos llevamos las manos a la cabeza por el ‘coñazo’, pero luego estamos titulando entre risillas que UPN va a votar los presupuestos ‘de la crisis’. La crisis, por cierto, es algo que no existía, en palabras del presidente del Gobierno y su ministro de Economía, pero en el contexto internacional es ni más ni menos que ¡la mayor de toda la historia! y en el particular de nuestro país aunque sólo sea el número de parados diario pone en evidencia que nos estaban llamado tontolhabines.

Y no será por falta de mierda. También este fin de semana Gallardón ha prohibido los hombres anuncio en Madrid. Al regidor le hace daño a la vista la situación miserable de estas personas (600 pavos al mes, las hay más miserables y pagadas por la Administración y todo) y como una especie de emperador romano tumbado en el diván dice vagamente entre uva y uva: ag, que los quiten de ahí. Ya se lo comentaba Susanita a Mafalda hablando sobre la horrible visión de un mendigo: alguien debería hacer algo, bastaría con que los escondieran.

Como a los sindicalistas. Al consejero de Sanidad de Madrid le parece que protestan por dinero. Aquí no hay hipocresía. Es sinceridad brutal. Es ni más ni menos que el concepto que tiene este tipo del Estado y la democracia. Ellos protestan por pasta, igual que tú estás ahí por pasta. Expresarse, se expresa como una inocente criatura. Es un antisistema. Habría que ilegalizarle como a Batasuna e invitarle a cenar con Savater y Rosa Díez.

En fin, que si esta tontería de Rajoy fuese la cosa más hipócrita del mundo ¡qué mundo más bonito! Anda y que no habremos dicho cualquiera de nosotros una y mil veces ‘qué coñazo, tengo que hacer no sé qué con mi vieja’ y si nos viera la buena mujer por un agujerito se pondría a llorar, pero nosotros sabemos que estamos hablando al pedo. Que son formas de expresarse en la lengua que, dicen, tiene más tacos del mundo. Es lírica, nada más. Los Chunguitos también habrán dicho alguna vez que su padre es un ‘coñazo’, pero luego compusieron ‘la medalla de mi papa’ que quien no llore con eso no es hombre y si es hombre no es español.

Quién en su sano juicio va a pensar que Rajoy le va a decir a Arenas ‘estoy muy emocionado, deseando de ver el desfile mañana porque me llega muy jondo todo este numerito’. Son personas adultas y con cultura que respetan a la Patria y su cumpleaños, pero que si tienen que estar todo el día haciendo el paripé, pues se cansan.

Es muy injusto que se vilipendie a Rajoy por esta gilipollez. Mariano, si necesitas que alguien te abrace esta noche y te dé besitos en el cuello, aquí tienes mi e-mail. Lo haremos ¡por España!


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11/10/2008: El fin del mundo

Viendo la que está cayendo habrá que convenir que esta crisis, además de incomprensible en muchos aspectos, no deja de resultar sorprendente. Uno creía que los criterios por los que se guiaba la actividad humana en todos los órdenes (el egoísmo irresponsable y la maximización del propio beneficio a expensas de los demás) se veían sustituidos, desde la misma base, por la mágica intervención del mercado, con la capacidad demiúrgica que le caracteriza para reordenar cualquier tipo de actividad con el férreo criterio de maximizar el bien común. Y luego, si surgen algunos problemillas de endeudamiento, ya aparecerá el Estado para evitar males mayores.

Por supuesto, no es cuestión de hacer el discursito, tan propalado estos días entre columnistas modelo “pero mira qué progre soy”, de “qué malas son las empresas” por sistema. También las empresas pagan impuestos, son un instrumento fundamental de la creación de riqueza, están gestionadas por ciudadanos, casi todos trabajan en ellas, … En fin, perdonen por la colección de obviedades. Pero sí es cuestión, en cambio, de hacer un breve recordatorio sobre lo que ha pasado y está pasando estos días la próxima vez, que cabe intuir será dentro de algunos años, en que algún gurú fundamentalista nos venga otra vez con la perfección natural de la “mano invisible” frente a la funesta acción del Estado.

En estos momentos, la labor de la mano en cuestión se parece mucho a la de un montón de groupies tirando sujetadores al escenario mientras chillan histéricas, en un clásico movimiento “bola de nieve” que genera multitud de profecías autocumplidas, sólo que si antes la cosa iba por el cauce de “ví a dejarme todos mis ahorros en esta urbanización de adosados para segundas viviendas en Navalmoral de la Mata, que va a subir seguro”, ahora el criterio es “esto es el fin de la civilización tal y como lo conocemos, así que ví a vender todo lo que tengo para comprar oro, meterlo debajo de un colchón y ponerme encima del colchón con un trabuco”.

En cualquier caso, a estas alturas poco es lo que se puede decir de la autenticidad de las motivaciones de la actual crisis económica que prácticamente acabamos de inaugurar. Es más interesante, sin duda, elucubrar sobre sus posibles efectos a medio y largo plazo. Cuando uno asiste a los acontecimientos que perduran después en la Historia en el momento en que se producen no puede ser totalmente consciente de hasta dónde llegará su alcance. E, indudablemente, una caída de las bolsas de más de un 20%  en una semana, las quiebras de instituciones financieras y la situación comprometida del sector, la intervención estatal, etc., son cuestiones que no ocurren todos los días.

¿Es esta una crisis cuyas consecuencias, a pesar de su espectacularidad en términos bursátiles, serán relativamente livianas, modelo crack del 87, o llegarán mucho más lejos? Cabe temer que estemos más bien en el segundo caso, y que nos enfrentamos a una crisis de larga duración; al definitivo “cambio de ciclo”, en suma, que ya venía apuntándose desde hacía años, pero profundizando y prolongando las vacas flacas mucho más allá de lo que estaba previsto. Y particularmente, por desgracia, en países como España, cuya economía ya estaba renqueante por la crisis del ladrillo y por la ausencia de alternativas mínimamente desarrolladas.

Si a eso unimos los efectos (últimamente mitigados) del aumento del precio del petróleo cabrá reconocer que al final Zapatero tenía razón con lo de la “leve desaceleración”: comparado con esto, lo de antes era una mariconada. La solución, al menos en España, a juzgar por la absoluta inacción, en términos reales, con que se mueve el Gobierno desde hace meses, será también el clásico español “virgencita, que me quede como estoy”, con miles de pisos construidos en el páramo.


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