¡Yo no hago la mili! Una exclamación desgañitada recorría los pasillos del colegio de monjas. Atribuladas religiosas se sorprendían. La autoridad estaba presta a intervenir ante el acceso de locura del recluta. ¡Yo no hago la mili! Esta escena pre-constitucional se daba el pasado día de Nuestro Señor 9 de marzo de 2008: elecciones generales. El recluta era el vocal 1º de una mesa cercana que se negaba a hacer sus labores democráticas. Le habían tocado en un democrático sorteo del que se desconocen tanto el material del que están hechos los bombos como las manos inocentes que recogen la bolita. ¡Yo no hago la mili! La escena de ambientación franquista en blanco y negro quedaba ligada con el presente gracias a una modernísima actitud alta definición de púber de la E.S.O. ante sus consentidores papás. Ese vocal 1º, a partir de ahora un símbolo para todos nosotros, un ídolo, quería que le diesen la paga de 60 euros y que le firmasen el justificante para no trabajar 5 horas al día siguiente e irse a su casa. Finalmente, y ante la amenaza de una futura comparecencia ante el juez, accedió a quedarse el resto del día en su puesto pero de brazos cruzados, sin hacer nada, en señal de protesta. No queda sino aplaudir. Con verdaderos patriotas que aúnan tradición e innovación España sería otra. No sería Una, no sería Grande, no sería Libre. Pero sería Otra.
Nosecuánto 1, Nosequé 23, letra B. Ese fue el destino de un servidor de la patria, también seleccionado Vocal 1º como decía una escueta misiva con un dato aterrador: había que estar a las 8 de la mañana de cuerpo presente en el lugar señalado. Ante esto se producen varias actitudes en cadena bien estudiadas en psiquiatría:
a) Cagarse en su nación.
b) Incredulidad, lo que supone leer la carta 21 veces.
c) Trucos baratos: “Bueno, ¿y si hago como si no la hubiera visto?”
d) Expreso andalusí-baturro Córdoba-Zaragoza: “Yo no voy. Que no. Que no voy. Que me busquen. Pero que no voy”.
e) Carrusel de alternativas: “¿Un certificado médico? ¿alguien conoce a un médico corrupto?, ¿y si mi jefa me pone en una cuartilla que tengo que trabajar?”.
f) Expreso baturro-andalusí Zaragoza-Córdoba: “Que n-o v-o-y. No puedo decirlo más claro”.
g) Congoja ante un destino amenazante poblado de multas y guardias civiles con mostachos de posguerra que van a buscarte a casa y te sacan en pijama para llevarte a la urna. Juicios. Cárcel. Cae la pastilla de jabón en las duchas de la prisión provincial y Bubba te llena de cariño.
h) Cesión ante el autoengaño: “Bueno, así no salgo este sábado y lo mismo puedo empezar una temporada de limpieza del hígado”, “quizá la interventora del PP sea un pijita preciosa y perfumada que no pueda resistirse a mis encantos y me lo demuestre en el cuarto de baño hipnotizada por la pasión”.
Rendido ya ante el miserable autoengaño me personé a la hora acordada impresionándome en mi paseo hacia el colegio electoral la existencia de la mañana en los domingos. En el lugar una confusión de mesas que se arrastran, urnas que se colocan, papeles que se sacan. Todo ello protagonizado por homínidos de la especie “vecinos”, subespecie “del barrio de toda la vida”. Ni rastro de la autoridad salvo una pareja de municipales somnolientos. No hay control, sino prisa. Dos palabras vienen a la mente: “Primaveras” y “pardillo”. Rencorosos vocales y presidentes anteriores ocultan esta información a los futuros vocales y presidentes por pura inquina ibérica. Yo, español del siglo XXI, os he advertido: si os toca no pasa nada porque no vayáis. Hasta ahora un miedo cerval procedente de épocas de autoritarismo hace pensar en persecuciones de grises por las calles hasta que te cogen de los pelos. Hay que acabar con esa contaminación nacional-católica, con ese silencio cómplice. Acabo de ofreceros el germen de una revolución.
El colegio electoral es una vuelta al colegio, valga la redundancia. Y éste era de monjas. Durante horas y horas se tachan nombres de una lista, se escriben a boli en otra, se cuentan papeletas, se rellenan a mano informes que han de repetirse porque las copias que hace el calco no resultan suficientes para las que hay que aportar al final en varios sobres que van a la subdelegación del gobierno…La Fiesta de la Democracia, al igual que otras fiestas tradicionales como la Semana Santa, la Navidad o las ferias, se ajusta a un guión preestablecido con muy pocas variantes. Ha de votar una mujer de más de cien años. La tuvimos. Ha de venir un señor mayor que tras depositar sus papeletas quiere votar por su esposa, que se ha quedado agonizando en el hogar. Lo tuvimos. Jóvenes padres cogen en volandas a sus pequeños y sonrientes niños para que metan ellos la papeleta. Los tuvimos. Votantes de cualquier generación llegan con la papeleta para el Congreso y Andalucía pero no la del senado, y arguyen “es que no me la mandaron”. Los tuvimos a todos. A las monjas que votan en fila india. También a la señora moribunda en silla de ruedas y al ciego que este año pide votar en braille, una novedad en el circo. Tuvimos un producto personalizador que nos llenó de ese sentimiento combinado juancarlista: orgullosatisfacción. Una señora mayor llegó de lejos exclamando “¡Qué miedo, miedo me da!” Conforme se acercaba señalaba con la barbilla mediante un rápido movimiento de cabeza al interventor socialista, que se encontraba en ese instante, las doce del mediodía, adormilado en su silla de centinela de los comicios y ni se dio cuenta. “¡Me da miedo! ¡Me voy ya porque me da miedo! Puffff, qué miedo.” Y salió de allí con un trote cochinero bastante ágil.
Después de las ocho de la tarde empieza el recuento y el proceso de rellenar los informes comentados antes. El recuento de las elecciones de Andalucía y las del Congreso de los Diputados sigue una mecánica aparentemente sencilla. Abrir los sobres, irlos clasificando en montones según los partidos y contarlos. No se espera una cosa, que las cuentas no cuadren. De hecho no cuadran. Es más, es imposible. Ciudadanos de bien aturdidos por el sueño, con doce horas de trabajo a cuestas y las nalgas dormidas tienen la responsabilidad de que las matemáticas hagan honor a su fama de ciencias exactas. No se cuenta con una ley aritmética no escrita, la Ley de Dios es Cristo y el Copón Bendito. Al principio respiramos aliviados. Servidor de la patria había tenido una laguna mental, una ausencia de la realidad de unos cinco minutos, y había numerado a los votantes mal: 258, 257, 258, 258, 259… Este mismo error había sido cometido también al final y por mímesis telépata por la otra vocal. Corregida la lista, seguían sin cuadrar los números. Sobraba un voto. La solución surgió de la boca del interventor socialista, que se negaba a contar “porque me equivoco” y que saliendo de su letargo y quitándose uno de los cascos donde estaba oyendo la radio indiconos: “Pues se le quita a una formación política”. Al unísono, las interventoras de PP e IU contestaron en alianza jamás vista: “Pues se lo quitamos a la tuya”. Al final, mirando como en la Balsa de la Medusa debieron mirar todos al primero que preguntó “¿Y qué hacemos para comer algo?”, miramos a nuestra víctima, un voto en blanco cuya eliminación solucionaba todo. Solucionado. Deglutido. En las andaluzas pasó lo mismo y añadimos cinco blancos. Las del senado, mucho más complicadas por las listas libres y la posibilidad de votar a uno, dos o tres senadores, cuadró inexplicablemente a la primera. Al día siguiente recordé que tan sólo una persona, a la sazón mi pae, no votó al senado, algo que ninguno recordó. O sea, que en realidad tampoco cuadraban.
Hablando al día siguiente con amigos y conocidos que habían estado como apoderados o transmitiendo datos y ayudando con los recuentos, supe que nuestro pecado era venial. En otras mesas de otros colegios, ya en torno a la medianoche con los ánimos bajos e infladas otras partes, vocales y presidentes añadían o quitaban votos nulos y en blanco por docenas, 30 por aquí, 40 por allá. La práctica es habitual.
Según fuentes de toda solvencia de las que invitan a cañas, los vocales y presidentes de algunas mesas contaban los votos del senado a la vieja usanza de la Piadosa y Secular Hermandad de Nuestra Señora Vivan las Caenas y la Vía Sacra de Nuestro Padre Muera la Inteligencia, como si fuesen listas cerradas, o sea, sin separar, pues en honor a Pero Grullo hay que separar las papeletas que votan a senadorables (senadoreíbols) de diversos partidos o tan sólo uno o dos de un partido. Las contaban como si fuesen PP, Psoe, IU o cualesquiera, en bloque, con tres votos para esa formación. El resultado era que sobraban docenas de votos, que a su vez se cuadraban eliminando otras tantas docenas de votos en blanco o nulos. Manifestome un apoderado: “Yo me di cuenta, pero no dije nada porque no estoy ahí para eso, y eran ya las una”.
¿Alguien dijo que los votos en blanco y nulos no servían para nada? Son los votos de los familiares, novias y amigos de los vocales y presidentes, que quieren que cuadren las cuentas rápido y vuelvan pronto a cenar. Son, españoles, los votos del amor. Y los votos en blanco y nulos que se inventan los interesados los del amor correspondido. Y en el amor ya saben que todo vale. Así que para qué profesionalizar una tarea que se realiza con esta verdadera comunión espiritual. Viajen hacia un lado y otro, como besos, los votos en blanco. Entrelácense en íntimo abrazo con los nulos allá en el horizonte, mientras la aurora tiende su manto y canta el ruiseñor.
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El segundo fin de semana de marzo de 2008 pasará a la historia como una de las expresiones más puras de nuestra joven democracia. No lo decimos por las elecciones generales que, al fin y al cabo, no dejan de ser la constatación de que nuestro país está inmerso en las inercias políticas internacionales, sino por esa rémora de raigambre franquista que obstaculiza gravemente la modernización de España: el Festival de la Canción de Eurovisión. Más de 50 años hemos tenido que esperar para ver cómo se democratizaba por fin una de esas instituciones propagandísticas de la dictadura que confirmaban el tópico desfasado e interesado del “Spain is different”. Ya sólo nos queda democratizar el fútbol, los toros y la copla para que España sea un país tenido por serio de una vez por todas.
El Festival de Eurovisión nació en un contexto muy claro. En primer lugar, en un contexto de vocación de unidad europea. Unos cuantos países pensaron que la música era la solución y que, haciendo un programita conjunto, no se potenciaría la chabacanería folklórica de cada país, sino que se establecerían nexos de unión entre los distintos pueblos del Viejo Continente. Una proto-Alianza de Civilizaciones, para entendernos. En segundo lugar, ante la prehistoria tecnológica del momento (sin internet, sin TDT, sin televisión por cable, a saber cómo lo resistieron), la creación de un programa televisivo conjunto habría de abrir las mentes de cada comunidad y descubrir lo que hacía muy bien ya por entonces la televisión norteamericana: mostrarnos las peculiaridades de nuestros vecinos del otro lado del continente. Y, en tercer lugar, se eligió el formato musical más en boga en aquel momento, la canción ligera, que, al centrarse en canciones de amor, pocas ínfulas revolucionarias llevarían a los espectadores, de tal manera que no habría problema en ver cuán unidos estábamos ya los europeos, dado que todos los países podíamos ser iguales en al menos una cosa: hacer el idiota cantando idioteces.
El franquismo rápidamente vio el filón y se puso manos a la obra. La receta era perfecta. Por un lado, se cogían a cantantes inocuos que cantasen tonadillas sin sentido. Ahí quedan odas como el “La, la, la” o el “Vivo cantando”, que reflejaban a la perfección las mayores preocupaciones de los españoles que llevaban años soportando una dictadura infame. Por otro lado, se institucionalizó una “voz”, porque lo que se trataba era de crear un aparato propagandístico similar al NO-DO. Así, se escogió a José Luis Uribarri, el Matías Prats del festival, que, además, se especializó en el Festival de Eurovisión. Para que luego digan. Los hay que se especializan en detectar a qué factoría embotelladora pertenece una botella de Coca Cola. Los hay que se especializan en abrir nueces con el culo. Y los hay que hacen (¡suspiro!) como José Luis Uribarri.
La máquina publicitaria funcionó a la perfección y, vista en retrospectiva, tenía su lógica. Lo que ya parece más disparatado es que esa máquina se haya mantenido tal cual, sin retocar nada, desde la instauración de nuestra democracia hasta el pasado fin de semana, el segundo fin de semana de marzo de 2008. Porque lo que hemos tenido que sufrir en estos treinta años es un sinsentido de prolongación de un festival carente de cualquier tipo de validez mientras todos los contextos (el político, el cultural y el tecnológico) han ido cambiando a pasos agigantados. En estos años, se ha consolidado la Unión Europea (con nada menos que una unificación de la moneda), han surgido innumerables movimientos musicales y culturales y se han desarrollado las nuevas tecnologías haciendo inútil el mantenimiento de un programa de emisión simultánea como herramienta política. Pues no, señores, ahí ha seguido el Festival, reivindicando, en nuestro caso una españolidad bien clara: la de Remedios Amaya, Paloma San Basilio y Operación Triunfo. Y todo eso, ¿con qué voz? Tachán tachán: con la voz del franquismo, la de José Luis Uribarri, por si quedaba alguna duda al respecto de qué iba el asunto.
Uribarri es como esas figuras del franquismo, que siempre dicen que se retiran, pero que siempre están por ahí, dando su opinión, mandando, y los demás escuchando y asintiendo. Uribarri se ha establecido en su rincón de poder (el Festival de Eurovisión, ahí es nada) y dicta sentencia sobre quién le gusta y quién no. Y a Uribarri le gustó mucho Operación Triunfo. Y toda la España rancia apoyó a ese grupito de jovencillos voluntariosos capitaneados por una ingenua andaluza cuya máxima aspiración en la vida era montarse una tienda de pollos asados. Se elevó al estrellato a un grupo de freaks (en el peor sentido del término) para que Europa se enterara de una vez por todas de cómo se había modernizado España. La canción del grupito (”Europe’s living a celebration”) no triunfó en el Festival, pero sí que se encargaron de que se escuchara mucho los medios de comunicación patrios, siempre tan preocupados por nuestras señas de identidad.
Todo ese tinglado se desmontó este pasado fin de semana, el glorioso segundo fin de semana de marzo de 2008. Es lo que tiene la democracia: cuando dejas votar a la gente, la gente se expresa. Y los españoles por fin nos hemos liberado de los grilletes de la disciplina franquista, y hemos entonado con alegría el nuevo himno de la libertad. ¿El resultado? Que irá al Festival Rodolfo Chikilicuatre, un personaje encarnado por el actor David Fernández, el humorista que aparece en el programa de televisión Buenafuente, emitido por la Sexta. Un canal que sale realmente triunfador este fin de semana, en que ha hecho doblete ganando sus dos candidatos, Rodolfo Chikilicuatre y José Luis Rodríguez Zapatero. La grandeza de este triunfo es que, por fin, los españoles hemos podido expresar lo que opinamos de Eurovisión: que es un pitorreo y que merece la burla más abierta. Por eso ha triunfado un personaje paródico, que se mofa de eso cantando una canción con una coreografía disparatada.
Los medios de comunicación se han llevado las manos a la cabeza. Así, mientras el sábado fue la jornada de reflexión de las elecciones generales, el domingo fue la jornada de digestión de las votaciones de Eurovisión. Algunos digirieron esto tan mal como la victoria de Zapatero en 2004. Ni que hubiera salido un presentador de televisión a decir que nos iba a representar en Eurovisión Al-Qaeda. Pues que quede claro: Rodolfo Chikilicuatre, por mucho que digan los medios, no es un friki. Es un personaje. Es una parodia. Pero no es un friki. Frikis eran los de Operación Triunfo, porque ésa es la condición sine qua non del frikismo: tomarse en serio a sí mismo. Pero aquí estamos ante el caso contrario. Y por eso le ha votado todo el mundo, a través de internet, usando por fin las nuevas tecnologías para arremeter contra un festival desfasado y que de glamouroso no tiene nada. Por mucho que se empeñen los medios de comunicación. Por mucho que se empeñe Uribarri.
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LPD, con la satisfacción, a la espera de realizar el recuento oficial, de haber anunciado hace más de mes y medio el exacto resultado del partido ganador de las elecciones (repitiendo la hazaña de 2004, cuando este medio fue el único en dar ganador a ZP, pero concretándola si cabe más y dando la razón a quienes piensan que las encuestas electorales que todos pagan a precio de oro tienen la misma fiabilidad que nuestras previsiones hechas en una servilleta de bar), ha de comunicar, también, que sus previsiones respecto de los asuntos candentes clave que iba a dejar el 9-M están cumpliéndose milimétricamente. Veamos:
1. Quién gobernará España hasta 2012. Pues Rodríguez Zapatero, claro. Bueno, sí, vale, esto no tiene mucho mérito ni la cosa es muy sorprendente, pero había que ponerlo para que no se dijera que tifábamos por el PSOE (que, además, no es el caso). Aun así, no está de más constatarlo. Porque ZP se presentaba para volver a ganar y todo el esfuerzo del PP y de Rajoy, todas sus ilusiones, desde 2004, han sido demostrar que ZP fue “presidente por accidente”. No lo han conseguido y, con todos los peros, la cosa ha de ser resaltada de incio.
2. Si Mariano Rajoy Brey pretenderá suceder a Mariano Rajoy Brey a la cabeza del Partido Popular. O si, por el contrario Gallardón y Aguirre se enzarzarán en una agria disputa con el cadáver de cuerpo presente. Si Mariano Rajoy se irá solito o tendremos que esperar a que lo liquiden. Quién será el tapado, la solución de compromiso para dejar con un palmo de narices tanto a Gallardón como a Aguirre. Si Aznar querrá volver o preferirá seguir con sus negocietes. Si, en este segundo y más probable caso, le apetecerá poner a su mujer de lideresa popular. Bueno, pues ya está montada la bronca sucesoria. A la vista de la cara de la esposa de Mariano Rajoy (a no ser que en realidad ella estuviera muy triste no porque su Mariano se va a casita sino precisamente porque lo vio afianzado y la mujer se llevó una decepción de tomo y lomo, secretamente apoyando una debacle popular para recuperar así a su marido), es evidente que los resultados son un mazazo para Rajoy. Es lo que pasa cuando eres el candidato, y es algo muy humano: que todo el mundo lo ve venir menos tú. Mención especial en este “todo el mundo” para Esperanza Aguirre, que ha capitanea el ala de PP decidida a convertirlo en una especie de partido regionalista de Madrid y sus áreas de influencia y que no se dignó ayer a compartir en el balcón la derrota, dedicada a brindar con champagne, estando el cava prohibido, por los resultados logrados en la capital. Aun así, lo cierto es que los resultados consolidarían el poder interno de Rajoy si éste quisiera aspirar a mantenerlo. Vamos, que la estrategia de oposición de Rajoy, Acebes y Zaplana ha sido un éxito, logrando algo muy meritorio: mantener e incluso incrementar apoyos de un partido que perdió traumáticamente el poder en 2004. Esto es algo que valorar y permitiría a Rajoy luchar por mantener el mando… si quiere. La cuestión es que quiera. Y la segunda cuestión es que, claro, una cosa es poder luchar y otra poder ganar. Porque lo que es dar la batalla, pues sí, pero ganarla ya es más que dudoso. Máxime cuando va a tardar bien poco en recibir el abrazo del oso de aquellos en cuyo regazo ha pasado la legislatura, empezando por FJL. Tenemos a Esperanza como clara candidata. Rajoy como posible aspirante. Y la posibilidad de que ahora le pueda pasar factura a la “lideresa” por sus constantes desplantes, buscando una tercera vía (hay quien habla ya abiertamente de Camps) que se pretenda “de consenso” para frenar a Aguirre. Por último, queda la cuestión de si Aznar tiene un candidato y de si un día de estos se cortará el pelo.
3. Si Rodríguez Zapatero, limitándose a poner cara de víctima por eso de que el PP es muy malo, logrará sólo con eso conseguir mayoría absoluta. Cómo de cerca o de lejos de la mayoría absoluta se quedará de la mayoría absoluta. ZP se queda sin la mayoría absoluta. Sube 5 escaños, los mismos que el PP, lo que le permite conservar la distancia. No así, sin embargo, en número de votos, donde el PP se acerca. Los resultados, teniendo en cuenta las facilidades con las que ha contado ZP en la legislatura (caudal de simpatía e ilusión, hecatombe electoral de 2004 en el PP, absoluto repudio de las posiciones del PP por parte de todo el resto de partidos políticos y, además, una actuación política del PP muy arriesgada que nunca sabremos si le ha dado réditos por adecuada en sí misma -en cuyo caso el PSOE habría hecho muy bien en subirse al carro de la misma al final, como hizo desde 2006- o por el aval que ha supuesto para la misma el tácito respaldo del PSOE a sus grandes líneas al final de la legislatura), son moderadamente decepcionantes. En cualquier caso, se queda suficientemente lejos de gobernar en solitario como de perder diputados o distancia con el PP, lo que permite asegurar que ZP, más o menos, ha obtenido un aprobadillo raspado.
4. Si el malvado Rodríguez Zapatero le hará una putada a Bono o si, por el contrario, eso de que los ciudadanos nos lo tendremos que tragar va en serio. En este sentido, la apuesta chunga de ZP por presentarse envuelto en la bandera “Españaza con una sonrisa” le ha devuelto en Castilla La Mancha una buena bofetada. La gente, sí, parece preferir el original a la copia. Y PP Bono ha hecho el ridículo por Toledo. Mientras que Ciudad Real, donde Manolo Marín ganó en 2004, pasa a ser del PP, recompensando la impresentable falta de gratitud de ZP a un político cabal, decente, inteligente y válido. En cualquier caso, ZP sólo puede colocar al derrotado Bono de Presidente del Congreso, bien con el apoyo del PP, bien con el apoyo de algún partido nacionalista. Éstos ya prometieron, todos ellos, desde CiU a ERC, pasando por el PNV, que bajo ningún concepto votarían por Bono. Vamos a ver si, a las primeras de cambio, ZP vuelve a metérsela doblada a alguno de ellos, a quién y a cambio de qué.
5. Cuánto tiempo tardarán los aspirantes a delifines zapateriles en posicionarse. Esto lo iremos viendo a lo largo de la legislatura. El batacazo de Fernández de la Vega en Valencia permitirá muchas lecturas, sobre todo si ZP le encomienda algún “marrón valenciano” más. Igualmente, habrá que ver cómo de insoportablemente trepa se muestra Bono a lo largo de estos cuatro años.
6. Qué barones populares pueden presentar resultados gloriosos en sus circunscripciones para afianzar sus aspiraciones sucesorias. Pues casi todos. España sigue demostrando su tradicional querencia, ya magnificada en las pasadas elecciones autonómicas y municipales, a recompensar a quienes mandan y el neo-foralismo del PP de la Comunidad Valenciana permite a Camps presentar unos resultados espectaculares (gana al PSOE 19 a 14), más incluso que los de Esperanza Aguirre, aunque el porcentaje de votos que el PP saca en Madrid sea incluso mejor. De todos modos, dado el escaso peso político, poblacional y económico del resto de “baronías” populares (algo que permite, también, valorar hasta qué punto el PP está perdiendo fuerza, excepción hecha de la Comunidad Valenciana, en la España no castellana, tampoco es que haya más líderes regionales fuertes. La pugna por el liderato en el PP es una cosa que se dirimirá en Madrid, con las cositas de Génova, y a partir de consideraciones madrileño-madrileñistas. Con el exótico condimento de Camps, pero poco más.
7. Si Rodríguez Zapatero, pasado el 9-M, actúa como le pide el Partido Popular y demuestra una siniestra faz para con Navarra, entregándosela a la ETA, esto es, al PSN en coalición con Nafarroa Bai. Los resultados en Navarra avalan dos cosas: que la mayoría de UPN ha desaparecido y que el votante del PSN, ante el temor a que el PP volviera a gobernar, no ha tenido en demasiado grave que le dejaran con el culo al aire en su autonomía. A la vista de lo cual ZP puede optar por ir a saco o no. Si es prudente y hace lo que todos le aconsejarán en su línea de actuación de los últimos tiempos, lamentablemente, los ciudadanos navarros tendrán que seguir asistiendo a los resultados del masivo engaño de que el partido que hizo campaña prometiendo ser la fuerza del cambio de gobierno en Navarra sea el que lo está apuntalando.
8. Si Coalición Canaria pierde el grupo parlamentario, incluso aunque se quede con 2 diputados. Obviamente, parece imposible que, en esta ocasión, los apaños chungos de PP y PSOE permitan a CC tener grupo parlamentario. Hemos aguantado estoicamente 4 años de tongo parlamentario, pero ahora la cosa sería inconcebible. Aunque a saber, que cosas más espectaculares se han visto.
9. Si Coalición Canaria, con sus dos diputados (o uno) o los que sean, toma nota de que la afición y sus electores, que tanto la engordaron cuando pactaba con quienes mandaba en Madrid, no ve con buenos ojos pactar con el perdedor, y escribe una nueva y hermosa página de su historial posibilista, cambiando de nuevo de socio en el archipiélago. Éste va a ser uno de los terrenos de juego más divertidos de la legislatura. ¿Pensará CC que tiene más que ganar presentándose, como ha hecho siempre, como la “conseguidora” oficial ante Madrid o valorará que las redes clientelares, si se capitanea el gobierno regional dan más de sí? Adicionalmente, la estrategia de CC de ir de la mano del PP, dada la tendencia bipolar creciente de la política española, es suicida. En fin, veremos.
10. Cuántos votos, diputados y porcentaje de voto valía el “efecto Aznar” para ERC. Bueno, pues esto ya lo sabemos. Unos 400.000 votos, 5 diputadosy un 60% del voto de ERC. Aznar ha sido el mejor dopante que ha tenido nunca el independentismo catalán. Y seguro que lo están echando, y mucho, de menos.
11. Cuántos votos, diputados y porcentaje de voto valía el “efecto Aznar” para el BNG. Encomiable aguante del BNG, prácticamente única fuerza que, además del PP y del PSOE, mejora en términos reales sus resultados. A la vista de los resultados tanto del PSG como del BNG, parece que la fórmula gallega se afianza. Idéntica valoración, por cierto, merecen los resultados de Baleares. Por no hablar de los de Cataluña. El PSOE, a la vista de estos datos, tendrá que pensarse muy bien si su estrategia actual es la ganadora en Navarra. Y, dado el espaldarazo recibido en el País Vasco, qué hacer de cara a las elecciones autonómicas allí.
12. Cuántos votos, diputados y porcentaje de voto vale el “efecto Ley de Partidos” para el PNV. Y, en concreto, quién se lleva el diputado en cuestión por Guipúzcoa: EA, Aralar o el PNV gracias a un masivo voto nulo. Espectacular dato de abstención en todo el País Vasco y especialmente en Guipúzcoa.
13. Si perder la Generalitat hace tanto daño a CiU como puede intuirse. Y como decían las encuestas. Aunque CiU baja en respaldo popular, lo cierto es que el desplome de Iniciativa le ha permitido no sólo salvar los muebles sino arañar un diputado. El resultado demuestra que, en momentos de bipolarización, CiU y PNV son los partidos que mejor responden, dado que son los únicos que han conseguido desplazar en su mismo espacio político al PP a una posición marginal, por lo que los efectos del voto útil no les penalizan.
14. Quién liderará el partido regional de Madrid que, con dos diputados previsibles, se llama todavía Izquierda Unida. Reflexionar sobre si tiene sentido que no sea de la capital. Pues en eso estamos. Llamazares ya ha dimitido y la lucha por sucederle va a ser fiera. Aunque ando especialmente triste con este asunto, en lo personal, tampoco puedo evitar mi pasmo porque casi nadie viera lo que se avecinaba (esto es, los dos diputados: yo mismo, a mes y medio de las elecciones, en plan voluntarista, ya les daba sólo 4 cuando las encuestas decían tonterías sobre su previsible alza pero, a la vista del panorama de voto útil que se reflejaba, por ejemplo, con enorme claridad en la encuesta de LPD, pensar en que pasaran de dos diputados empezaba a ser una quimera).
En IU, además, van a tener que ponerse a pensar en qué quieren ser. Y van a acabar a hostias. A la vista de lo que ha pasado por este mismo motivo en Valencia, el panorama no puede ser menos halagüeño.
Por otro lado, hay una triste enseñanza de estas elecciones: mientras no cambie la ley electoral, si IU no llega a acuerdos electorales con el PSOE en unas 40 provincias para que sus votos sirvan de algo (aun a costa de ceder al PSOE el 70-80% de los diputados adicionales posibles que gracias a ellos se puedan sacar), los electores acaban suplantando, por su cuenta, a estas acuerdos. Y, lo que es peor, también actúan en esta misma línea en las diez circunscripciones de tamaño suficiente como para que un partido como Iu pudiera obtener representación.
15. Qué pasará con el chiringuito de Rosa Díez y, más en concreto, si hay posibilidades de que larguen a la candidata y empiecen a construir una cosa con gente seria, comprometida y no contaminada. Pues, desgraciadamente, y panalizada también por la ley electoral, el proyecto de UPyD ha quedado, de entre las tres opciones posibles (no sacar representación, salvar el asiento y un sueldo para Rosita Díez o lograr una representación más amplia), reducido a ser todavía más si cabe una plataforma personalista, totalmente centrada en los anhelos y ambiciones de Díez. Previsiblemente, ley electoral mediante, esto será la puntilla para que el proyecto sea más una experiencia non-nata, una bella aspiración que pudo ser y no fue, que algo más sólido y con recorrido.
16. Empezar a entender qué es lo que separa ideológicamente, exactamente, a Ciutadans de UPyD. Este gran arcano de la democracia seguirá siendo un enigma, pero previsiblemente el proyecto de fagocitación de Ciutadans a cargo de UPyD, a la vista de los resultados electorales, será en breve una realidad.
17. Si UPyD mejorará los resultados por Madrid del GIL. Gil sacó un 1′05% por Madrid en 2000. Rosa Díez ha superado ampliamente esos resultados.
18. Si Mario Conde se unirá a UPyD para las siguientes elecciones. De momento, esta incógnita no se resolverá.
19. Cómo de gorda será la crisis económica que se avecina, que ya ha empezado a manifestarse. Si durará un añito, o dos, o toda la legislatura. O diez, como dicen la Bolsa y el Financial Times. Sin duda, ésta será la clave de la legislatura. Las previsiones a día de hoy están entre quienes avizoran una crisis gorda y quienes, en cambio, creen que será muy gorda. Como el panorama en Estados Unidos no ayuda, es más, acojona, y España y su modelo piramidal-ladrillista inspira mucha, muchísima desconfianza, a estas alturas se puede decir que los temas estrella de la política nacional dentro de dos años es fácil que no se parezcan en nada a los de la legislatura pasada. Eso sí, visto a día de hoy, ZP acertó de pleno apurando al máximo la convocatoria de elecciones, de modo que puede aspirar, si al final la cosa no es una depresión económica que dure tres o cuatro años, a que en 2012 lo peor haya pasado. Y ojo, claro, a la inmigración. La decidida apuesta del PP, como ha quedado claro en campaña electoral e incluso en los SMS oficiales de última hora llamando a la analfabeta movilización para que el dinero de los españoles no vaya a ayudar a los “emigrantes”, por utilizar los evidentes problemas sociales que pueden generarse a cuenta de la convivencia con los inmigrantes menos favorecidos en cuanto empieza a sentirse la crisis permiten avizorar un debate que, aunque probablemente es importante afrontar, promete ser muy poco edificante.
20. Cómo se las va a apañar El País para ir reconvirtiéndose poco a poco al zapaterismo crítico desde sus orígenes abiertamente ratisto-rajoyistas. Está hoy exultante Público. Y La Sexta ayer por la noche tampoco parecía descontenta. Empieza la legislatura de la reconversión de PRISA, obligado por primera vez en 20 años a reinventarse.
Colofón: lo que no se veía venir. Hay, por último, algo que LPD no vio venir. Ni nadie. Y es que los resultados electorales de ayer han consagrado un cambio de gran importancia en el País Vasco, con el Partido Socialistas ganando en las tres provincias, en las tres capitales y quitando al PNV 6 senadores, por si fuera poco. Aunque es obvio que los comportamientos en elecciones generales y autonómicas difieren mucho, los resultados son un muy serio aviso para el PNV. A pesar de haber mantenido 6 de sus 7 diputados, a buen seguro la preocupación es hoy mucha en la sede del PNV, no tanto por sus resultados como por la extraordinaria actuación del PSE.
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Se acabó la legislatura. Como empezó. Con muertos en atentados terroristas (uno hoy) y con una tremenda bulla ciudadana y política con el cadáver de cuerpo presente.
Hay un sentimiento compartido por casi todos, inevitable consecuencia de la piedad que nos une a nuestros semejantes, que impide dejar de lado el inmenso pesar que supone saber que alguien ha sido asesinado, que su mujer y su hija le han visto morir sin poder hacer nada más que llorar, y que todo pasa sin que tenga demasiado sentido más allá de la desgracia de esta lotería macabra que certifica un fracaso de todos.
Hay unos valores y unos anhelos que compartimos todos, desde las ganas de vivir en paz y tranquilos, dedicados a nuestros pequeños placeres y a solventar como buenamente podemos los problemas cotidianos, a poder aspirar a tener cierta tranquilidad que asegure nuestra subsistencia en la vejez, rodeados de quienes nos han acompañado a la largo de nuestras vidas. Junto a estos bienes están unos valores mínimos, porque la convivencia se construye a partir de un pacto tácito que nos obliga a colaborar en mejorar las condiciones de vida y seguridad de los demás, a cambio de que a su vez los demás se preocupen mínimamente de nosotros. Entre todos tenemos la obligación de colaborar para que esta sociedad sea mejor para quienes aquí estamos. Es así y, en el fondo, todos somos conscientes de ello. Por eso resulta, simplemente (sin que haga falta buscar otros adjetivos más elaborados), tan triste constatar que hemos fracasado con una persona que, sencillamente, quiso ser valiente y colaborar activamente en esa tarea que a todos nos obliga, se empeñó en ser valiente, y digno, por entender que no necesitaba otra protección que el ejercicio de decente convivencia del que todos somos responsables. Días como estos a todos nos dejan hechos polvo, porque son un inmenso, y dolorosísimo, fracaso colectivo.
Desde este sentimiento se puede afirmar sin dudar que en España llevamos un tiempo haciéndolo fatal. Porque cuando se torna imposible poder reflexionar en silencio sobre la desgracia y el crimen en estos términos es que pasa algo verdaderamente anómalo.
No porque discutamos sobre terrorismo, dado que es probablemente sano que se haga, que se discuta y se enfrenten públicamente las diferentes ideas y visiones respecto a cómo resolver el drama que hasta la fecha no hemos logrado liquidar del todo. ¿O acaso es un asunto poco importante, del que no tendría sentido hablar?
Tampoco me parece, por ello, demasiado grave que la oposición no siga al Gobierno en estas cuestiones. Puedo estar más o menos de acuerdo con la elección que ha hecho la oposición, pero no me parece indecente ni triste que opte por seguir una línea propia. Del mismo modo, no tengo, espero, por qué compartir la manera en que el Gobierno afronta, en todos sus puntos, la lucha contra el terrorismo, sin que por ello me parezca que el Gobierno traiciona a los muertos.
Lo que es asqueroso, lo que resulta difícil de digerir, es constatar cómo de secundario es el sentimiento de fracaso colectivo y de tristeza frente a un muerto. O frente a más. Y ésa es la tónica, cada día más clara; ésa es la prueba de que lo estamos haciendo mal.
Algo va mal cuando la oposición, como empezó a ocurrir en España en 1994, echa en cara al Gobierno la responsabilidad por las muertes a manos de una banda terrorista. Como si hubiera gobiernos capaces de asegurar que no haya atentados. Algo repugna en que los muertos sean empleados como arma arrojadiza, sin el más mínimo pudor, en la lucha partidista. Como si no se notara, como si no fuera obsceno. Frente a presidentes del Gobierno que alardean de tener menos muertos que otros, movidos por no se sabe qué resortes defensivos y sentimientos de victimización, se nos aparecen líderes y lideresas de la oposición que con el cadáver de cuerpo presente empiezan a despacharse a gusto, con una ausencia total de escrúpulos, una tan absoluta inexistencia de tristeza, por muy fingida que se pretenda, que asusta. En torno a ellos, algunos medios de comunicación especializados en hacer gala de un partidismo a prueba de duelos ya empiezan a tratar de dar lecciones. Y merece una mención especial, creo, Alcaraz, el de la AVT (tampoco está de más recordar hoy el nombre) que se ha pasado la última semana anunciando un acuerdo ETA-Gobierno que garantizaría a unos y a otros la consecución de sus objetivos y que anda hoy embarcado en una espeluznante huida hacia adelante.
Puestos a despojarnos de la tristeza tan rápido, puestos a dejarnos llevar por una fría capacidad para la reacción racional, podríamos analizar qué dice este atentado de las intenciones de ETA, pero sobre todo de su exacta capacidad en estos momentos. Y, a partir de las conclusiones que se podrían extraer, definir qué estrategia sería la mejor para darle la puntilla. Pero no parece que sea la reacción dominante en quienes no están dominados por el pesar y han pasado rápidamente a la reconstrucción racional del evento, a velocidad de vértigo.
Darse una vuelta por Internet es, ahora mismo, bastante deprimente. Y, más allá de las peleas en la capilla ardiente protagonizadas por los de siempre, más allá de algunas declaraciones, más allá de todas estas cosas, llama mucho la atención cuánta continuidad hay entre la actitud que exhiben ciudadanos y sus representantes. Pero, por encima de todo, sorprende y escandaliza comprobar cómo de secundaria ha pasado a ser la pena, casi reducida a una ritual expresión, protocolaria, más formal que significativa, que ahuyentar cuanto antes. Para poder dedicarse, a continuación, a cosas, al parecer, más productivas.
24 Comentarios
Aunque hay muchas cosas en juego, y muy importantes, que empezarán a ventilarse el próximo 9 de marzo, a la afición hoy le importa más bien poco qué será de la lucha entre Bono y Fernández de la Vega por situarse para el post-zapaterismo y hacer honores para recibir el dedazo, mientras ZP se hace el loco y piensa en reinar 20 años. Porque ayer hubo debate y, por una vez, la cosa no fue totalmente soporífera.
Parece ser, según comentan algunos, que Mariano Rajoy dio un baño a Rodríguez Zapatero y, como señaló encantado de haberse conocido Acebes, eso constituye ya un claro 2-0 en debates ganados por el PP. Mientras tanto, están en Génova explicando que el terreno de juego estaba en malas condiciones y que al árbitro lo habían comprado los rivales. Olga Viza, ya se sabe, es una de esas “chicas de Manuel Campo Vidal” que tenían bien clara su misión: joder al PP.
Mientras dejamos a la gente de Génova debatirse entre sus contradicciones internas, y a la espera de si deciden centrar su discurso en reclamarse ganadores o en denunciar el tongo, podemos dejar constancia de algunas interesantes conclusiones que deja el debate de ayer.
- Hay que prohibir que los políticos vayan a los debates con gráficos.
- Algún asesor explicó a Rajoy que, si salía lo de la guerra de Irak, la cuestión era fácil de vadear: repetir tres o cuatro veces “Usted apoyó la guerra de Irak” para que la ciudadanía tenga claro dónde estuvo cada uno en ese trance, mientras recordaba que el PP siempre “respetó la legalidad internacional”. Ante el pasmo de la audiencia y el deleite de Rodríguez Zapatero, Rajoy se aplicó con denuedo a poner en práctica esta estrategia que sólo puede reportarle votos en algún frenopático.
- Como afortunado comprador de una vivienda en 2004, tras pasarme cuatro años con una cuenta vivienda en la esperanza de que “este año sí que se pincha la burbuja” y retrasando mi independencia año tras año para poder ahorrar algo más y así tratar de (ingenuamente) hacer frente a la constante subida de los precios de la vivienda, disfruté especialmente al descubrir, gracias a la radical explicación de Mariano Rajoy, que el precio de la vivienda bajó entre 1996 y 2004, año en que la cosa tocó suelo, para luego subir disparados los precios a partir de la llegada del Gobierno de ZP.
- Mariano Rajoy quiere actuar contra la crisis económica reduciendo el gasto público y bajando los impuestos directos, especialmente a las rentas más bajas y a las más altas.
- Rodríguez Zapatero quiere actuar contra la crisis económica incrementando la inversión pública.
- PP y PSOE tienen claro que la inmigración es una putada, más que nada porque es un marrón gestionarla dado que ambos partidos intuyen que la población, en general, no se la mira bien del todo pero, por otra parte, a ver quién es el macho que acierta a lograr ir contra la marea migratoria. El PP parece dispuesto a ir añadiendo presión en torno al asunto. El PSOE, de momento, opta por poner al mal tiempo buena cara. Ya veremos cuánto dura, porque de momento las Olimpiadas de Expulsión de Irregulares ya tienen fecha para su próxima edición: 2012.
- La única exposición sobre la necesaria solución a los males estructurales de la economía española fue de Rodríguez Zapatero, con su voluntarista apuesta por lograr que España deje de orar en el altar del ladrillo con monoteísta fe y empiece a pensar en otros ídolos: nuevas tecnologías, energías alternativas, I+D. Mariano Rajoy, según explicó, considera que los grandes problemas económicos del país tienen su origen en la lamentable pasividad del Gobierno estos años, simbolizada en que la telefonía móvil no se ha liberalizado más en estos cuatro años.
- Mariano Rajoy y sus gráficos imaginativos (con una columa que quiere decir “500″ que es veinte veces menor que la que significa “650″ y cosas así, hasta el punto de que uno se quedó con las ganas de ver a Mariano Rajoy escenificando cuánto miden 20 cm, para hacernos una idea), que una vez empleados eran arrojados al suelo por el candidato, tuvieron una cosa chula: poder ver cómo quedó el suelo de sucio, lleno de papelajos, después del debate. No explicó Rajoy si ese comportamiento forma parte de las costumbres españolas que los inmigrantes tendrán que aprender.
- Ambos candidatos sufrieron de primeros planos que, en diversos momentos del debate, revelaron distintos acontecimientos salivares que, la verdad, tampoco era preciso que los espectadores disfrutáramos con tanto detalle.
- ¿Es normal que estos tipos no se saluden, se dirijan la palabra o se miren siquiera cuando acaba el debate?

